EL DUERO COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN POÉTICA – I

 EL DUERO COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN POÉTICA

Nicolás MIÑAMBRES SÁNCHEZ

IES LEGIO VII –LEÓN ­

I. “NUESTRAS VIDAS SON LOS RÍOS”…

1.- ANTONIO MACHADO COMO PREÁMBULO

El segundo poema de Campos de Castilla (1907-1917) (el número XCVIII del libro) está dedicado al Duero. Lleva por título “A orillas del Duero”. Se trata de un poema de dudoso valor poético, elaborado a base de pareados, que no es la mejor estrofa poética. Con todo, quiero detenerme en uno de esos pareados del poema:

El Duero cruza el corazón de roble De Iberia y de Castilla.

¡Oh tierra triste y noble, La de los altos llanos y yermos y roquedas, De campos si arados, regatos ni arboledas; Decrépitas ciudades, caminos sin mesones, Y atónitos palurdos sin danzas ni canciones Que aún van, abandonando el mortecino hogar, Como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar. Castilla miserable, ayer dominadora, Envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora. ¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada Recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada? …………………………………………………………… Castilla miserable, ayer dominadora, Envuelta en sus harapos, desprecia cuanto ignora.

De ahí que resulte premonitoria la pregunta retórica de Antonio Machado cuando finaliza su poema CII con la interrogación con que iniciaba mis palabras. ¿Acaso, como tú y por siempre Duero, irá corriendo hacia la mar Castilla? Esa visión del Duero y de Castilla queda sublimada en diversos momentos de la vida del poeta. Son momentos decisivos emocionalmente en la vida del poeta. En el poema CXIII, “Campos de Soria”, cuando Antonio Machado inicia su viaje a París, escribe, no con sentido crítico, sino emocionado:

Álamos de las márgenes del Duero, conmigo vais, mi corazón os lleva.

El poema siguiente es el celebérrimo “A un olmo seco”, una estampa entre psicológica y paisajística, en la que Antonio Machado deja plasmada su vivencia: ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! se convierte en el destinatario prosopopéyico al que el poeta dirige sus versos desgarrados, mientras pasea en una silla de ruedas a su esposa Leonor Cuevas, casi moribunda. No falta el elemento fluvial como elemento destructor de ese pobre árbol: antes que el río hasta la mar te empuje // por valles y barrancas. Por ello el poeta, agnóstico, pide un milagro de la naturaleza, no de Dios, sino a la primavera:

Mi corazón espera // también, hacia la luz y hacia la vida, //otro milagro de la primavera.

Aquel “olmo del Duero” persistirá como símbolo de un amor apasionado que el poeta no puede olvidar. Muerta Leonor, Antonio Machado escribirá versos desolados, de honda tristeza, que tienen el Duero como referencia implícita, referida a aquellas tierras, Por donde traza el Duero // su curva de ballesta / en torno a Soria//, entre plomizos cerros…El recuerdo surge en Antonio Machado desde la desolación; pensaba encontrase con un cierto sosiego en sus campos de Andalucía, pero no será así: Voy caminando solo, // triste, cansado, pensativo y viejo. Tal vez el poema “A José María Palacio” sea la mejor representación poética del recuerdo de unos paisajes descritos, en apariencia, desde una perspectiva geográfica, En la estepa del alto Duero.DSC_0139

Disponemos de poemas que reflejan la síntesis que supone el recuerdo de Antonio Machado y la imagen del Duero. Lo hace de forma magistral Ángela Figuera1 en su poema “Antonio Machado”. El primer cuerpo del poema refleja la mística llegada de la poetisa para leer los versos del poeta, comprobando el milagro el río: Me fui con tu libro allí, // y luego no hacía falta: // todos tus versos, Antonio, // el Duero me los cantaba. // Siempre los canta. En el segundo, la contemplación del río obra el milagro, haciendo posible la presencia de Antonio Machado: En el sereno ambiente, un son lejano // de trémulas esquilas…Quedamente // tu Sombra vino y se sentó a mi lado. 

Podrían rastrearse múltiples restos poéticos alusivos al “Alto Duero”, donde el río nace, pero a su recorrido le esperan espacios diversos hacia el mar, cruzando tierras y sueños. Y, sobre todo, recibiendo la fuerza de otros brazos fluviales a lo largo de su recorrido. Sirvan estas citas como pórtico de las observaciones que a continuación se ofrecen.

Las presentes reflexiones deben tener en cuenta el magnífico trabajo de Antonio Garrosa y Joaquín Díaz sobre el Duero2. Los autores llevan a cabo un detallado rastreo geográfico y diacrónico en lo literario. Es inevitable que las interferencias poéticas aparezcan a lo largo de estas páginas, pero eso no quiere decir que siempre sea el mismo tratamiento que reciben. Como en el caso de los autores citados, estas líneas tendrán como objetivo el río Duero, pero no olvidarán que otros ríos, como el Órbigo o el Tormes, por ejemplo, tienen estrecha relación fluvial con él. Eso explica su presencia poética. También es necesaria la referencia a la obra de Julio Llamazares Cuaderno del Duero3 .

Aunque desborda las pretensiones de este trabajo (que habrá de ceñirse a la inspiración poética que las aguas del Duero han supuesto para los poetas) me parece oportuno recordar una reciente publicación, Ensenadas del Duero ilustrado4, número coordinado, como los veinte anteriores, por Manuel Arandilla, director de la Biblioteca Pública de Aranda de DueroDSC_0102

2.-POLISEMIA LITERARIA DEL RÍO

Estaría fuera de lugar repetir la riquísima trayectoria simbólica que el río ha tenido a lo largo de la historia. Desde los griegos hasta Antonio Machado, pasando por el Arcipreste de Hita o Jorge Manrique, la simbología se ha ido enriqueciendo con curiosas connotaciones.

1 Ángela FIGUERA, Soria pura (1949) 2 Antonio GARROSA RESINA-Joaquín DIAZ GONZALEZ, “La cultura”, en Padre Duero, VVAA. Estanilao de Luis Calabuig, Coordinador. León, EDILESA, 2000. 3 Cuaderno del Duero parece una obra ajena al objetivo de estas páginas, pero conviene hacer ciertas apreciaciones. La condición poética de Julio LLAMAZARES ha quedado palpable en sus libros de poesía, pero también en un libro como El río del olvido (Barcelona, Seix Barral, 1990). En él se transforman en bellas formas literarias experiencias personales. Esa misma transformación se observa en Cuaderno del Duero (León, EDILESA, 1999).4 Ensenadas del Duero ilustrado, Biblioteca Estudio e investigación. Fundador Manuel ARANDILLA. Ayuntamiento de Aranda, 2005. 444 pp. La obra incluye doce trabajos que, con gran rigor, estudian diversos aspectos de las tierras de Aranda de Duero en el siglo XVIII.

Ricardo Senabre ha completado estas significaciones del río que es la vida en un excelente trabajo, “Paréntesis: historia abreviada de una imagen”5.

La referencia a estas tierras de Castilla y León exige la insistencia en el recuerdo de don Miguel de Unamuno, tan filósofo místico en relación con estos paisajes, y especialmente los ríos. Se trata de un sentimientos de plenitud que Unamuno vive, incluso recuperándolos como recuerdo o vivencia a través de formas y planteamientos diversos. En muchas de ellas es evidente el sentido del panteísmo, como ocurre en el poema “Renacer durmiendo en el campo”6. El pie literario del poema no deja dudas respecto a su localización: “En el tren, de Plasencia a Salamanca, 29 de marzo de 1910”. El sentido panteísta que siente Unamuno se atisba  en el comienzo de los versos. El cielo, convertido en mar, se confunde con la tierra: Era al caer la tarde // en la ribera verde donde el río // pierde su brío juvenil y para // a reposar un poco; de cara al cielo // sumergía mi vista en el océano // en que mi loco anhelo se tortura // con vano esfuerzo, // y la verdura en torno respondía // con su silencio a la mudez celeste // que descendía del campo. El sentido del panteísmo apuntado se consuma en la estrofa final: Y allí, en la oscura comunión del cielo // con la tierra, inquietose la tortura // de mi anhelo de ser uno y el mismo, // y en el abismo de la noche quieta, // en tierra enraizado, // dormí la vida, // y en aquella dormida me bañaron // con curso lento // mágicas aguas de renacimiento. No es el único pasaje; en el poemilla 1531, fechado en Becedas, el 20 de agosto de 1930 escribe: Noche de orilla del río, // chopo ceñido de estrellas, // santo silencio que sellas // la quietud del albedrío. // Resbalar por las edades // por el recuerdo infinito // sin llegar jamás al hito // de las sumas soledades. // Paz desnudada de guerra, // agua que duermes fluyendo // cielo que velas teniendo // lecho de amor en la tierra.

Todo ello sin olvidar autores de Castilla y León, como podrían ser Miguel Delibes, que ofrece variados contenidos humanos. Será unas veces el sentido de la denuncia social, presentado en Las ratas y en otras el sentido del paraíso de la infancia en el que se descubren los secretos de la vida, como ocurre en El camino. Pero el río será también el escenario geográfico en el que se consuman aficiones del escritor, como se observa en Mis amigas las truchas. La leonesa Elena Santiago utiliza el río Órbigo como escenario psicológico de los protagonistas infantiles de Ácidos días. Aguas abajo, el mismo río le servirá a Antonio Colinas, como veremos, de espacio estético y literario. No está ausente de esta preocupación fluvial Julio Llamazares, en títulos como El río del olvido, con el río Curueño como pretexto itinerante fluvial, o Cuaderno del Duero.

Tampoco debe quedar ausente un río como el Tormes (tanto en lo fluvial, como brazo del Duero) como en lo literario. Si hablamos de autores contemporáneos, el nombre de Luciano González Egido alcanza relevancia especial: en La piel del tiempo7, utiliza las aguas del Tormes como alegoría del futuro de la ciudad. Una de las últimas aportaciones literarias en torno a la visión del río Duero es la que ofrece Manuel de Lope en su segunda parte de Iberia-La imagen múltiple8, en la que se refleja una semblanza fluvial en las páginas 415-418 y una referencia que poética del Duero como símbolo del paisaje de Soria.

No sería raro pensar cómo el malogrado poeta salmantino Aníbal Núñez sintetizó la imagen del río, tal vez el Tormes, en el bellísimo y desolado poema de amor imposible en “Oración”:

Ve desde tu balcón a ese muchacho // que por la tarde baja a las islas del río // a buscar los caballos que pastan la alta hierba. // Míralo bien si quieres // saber de mi temor:

5 El estudio aparece incluido en su obra Metáfora y novela, Cátedra Miguel Delibes, Universidad de Valladolid, Junta de Castilla y León, Fundación Siglo, 2005. 6 Todas las citas corresponden a la edición hecha por Alianza Editorial ( Madrid, 1987), con prólogo de Ana SUÁREZ MIRAMÓN. 7 Luciano GONZÁLEZ EGIDO, La piel del tiempo, Tusquets Editores, Barcelona, 2002. 8 Manuel DE LOPE, IBERIA, volumen II, La imagen múltiple, Barcelona, Debate, 2005. 546 pp.DSC_0100

en su quebrada // voz me he reconocido // como el muro pudiera saber de su dureza // por el chasquido de la porcelana. // Estoy cansado, tú, incansable: // quiero verme en la orilla si no es posible como // quien habla de centellas con sensible sonrisa, // contemplador del agua, las bestias y los hombres…// sin este corazón que vuelve turbio al menos // cauce que va a beber // o cae en una urna de diamante durísimo // si quiere conocer cómo la tarde es tierna.

“Tríptico del Tormes” representa el sentimiento de Aníbal Núñez ante el río de su ciudad y de su vida. Parecido sentido de oración panteísta se refleja en los versos de José Luis Puerto del poema “Hablan las aguas del río ”, incluido en el libro Estelas9: En marcha, pues, nos vamos al ocaso, // a los mares y océanos a dar noticia tuya. // Nuestro rumor te alaba, // Señor, como las hojas de los chopos // a la orilla del cauce // cuando el aire se adentra entre sus ramas // y las hojas entonan sus vegetales cánticos, // pues llega hasta nosotras // tu majestad, en piedra cincelada, // de la que somos signo.

Un análisis elemental de la polisemia del río debe centrarnos en dos campos diferentes: el río como causa de muerte y el río como fuente de vida. Su primera vinculación es universal y vivida por cualquier ser humano. El río como fuente de muerte puede que resulte más lejana y, sobre todo, menos conocida en documentos literarios. De ahí que pueda resultar interesante aportar algunos documentos históricos relacionados con el dramatismo fluvial.

Aparte de los desmanes fluviales provocados por el Duero a su paso por tierras de Zamora, resultan muy curiosos los documentos históricos que hablan de las crecidas del Tormes. Las bellas y ediciones en facsímil de documentos referidos a estos desastres fluviales del pasado obligan a recordarlas. Desastres lejanos, muy lejanos de aquella lírica visión del poeta cuando escribía: ¡Ay río de Sevilla, // quien te pasara, /, sin que las zapatillas // se me mojaran.

No se mojaron en ciertos momentos de la historia pasada las zapatillas, pero sí se empaparon las albarcas de los pobres labriegos salmantinos, como se observa en ciertos documentos.

3.- MOTIVOS DE INSPIRACIÓN POÉTICA EN TORNO AL DUERO

3.1. El río como elemento destructor

Además de elemento vivificador, tesoro de la vida, del tiempo y de la historia, el río entraña connotaciones negativas. La fuerza destructora de la Naturaleza tiene en las aguas fluviales un símbolo dramático por lo próximo de su empuje y lo imposible de su control. Curiosamente, las crónicas históricas de las desgracias se han transformado en ocasiones, como podremos comprobar, en piezas de indiscutible categoría literaria.

Abundan los documentos que recogen estos efectos devastadores del Duero a lo largo de la historia. Pero no es ajeno a ellos el Tormes, afluente del Duero y río de larga tradición literaria. Me referiré a ciertos acontecimientos de los que han quedado documentos históricos llamativos. Los admirables trabajos de Jacobo Sanz Hermida y Víctor Infantes  nos permiten acercarnos a ellos10.

En la relación de catástrofes que recoge Jacobo Sanz Hermida abundan sucesos de toda condición, sin olvidar las célebres heladas que convertían las aguas del Tormes en una superficie de hielo tan resistente que permitirá cruzar por ella a personas y animales. Era el

9 José Luis PUERTO, Estelas, Alicante, Editoria l Aguaclara, 1995. 10 Jacobo SANZ HERMIDA, La Avenida de Santa Bárbara (1498) y otras famosas crecidas del Tormes. Historia y Literatura. Salamanca, Europa Artes Gráficas, S. A., 1997. 148 pp. Edición no venal. Jacobo SANZ HERMIDA y Víctor INFANTES son los autores  de la edición facsímil de la obra de Sebastián DE GRANADILLA Coplas que tratan de los sucesos de los años de 1598 y 1599 (Salamanca, 1607). Salamanca, Europa Artes Gráficas S. A.,1998, 64 pp.

momento en que se hablaba de que el “río se había candado”, lo que obligaba a recubrir de paja la superficie helada para permitir el paso incluso de los carros tirados por bueyes. Crecidas famosas fueron las denominadas de Los Santos, la de 1479 (que destruyó el convento de los Padres Carmelitas), la de l482 y, especialmente, la de San Policarpo, que tuvo lugar en 1606. Jacobo Sanz Hermida aporta datos muy interesantes de la célebre crecida de La Avenida de Santa Bárbara a través de la lectura la Égloga trobada de Juan del Enzina, representada la noche de Navidad, curiosamente en este mismo año de 1498. Son los años en que Juan del Enzina está muy vinculado a la Casa de Alba, en cuyo palacio de Alba de Tormes se llevó a cabo la representación.

El segundo documento estudiado por Jacobo Sanz Hermida corresponde al poeta valenciano Antonio Jiménez, que escribe en 1500 De tormis inundatione. El estudiante valenciano, compone un poema de 843 versos que en muchos casos alcanzan bastante expresividad poética.8508740999_40c62c1522_c

Otra de las obras de Jacobo Sanz Hermida es la edición y estudio de un  pliego suelto, en el que se incluyen las Coplas de Sebastián de Granadilla, “pintor, vezino de Salamanca”. En sus páginas se recoge el documento sobre la crecida del Tormes que aparece en una obra clásica del poeta vallisoletano Francisco Hurtado11. Los versos van dirigidos a Neptuno, de cuyo enojo surgen las lágrimas que inundan las tierras de Valladolid, Zamora y Salamanca: “Neptuno tan enojoso, // di por qué tanto te ensañas // que no tendrás que llover //según el agua derramas? // Procura ya de reírte // y muestra alegre la cara, // porque una vez que lloraste // llorando a todos dexavas . Conténtate con lo hecho, / /no tomes ya más vengança, // que no le cubrirá pelo // a quien le cayó la mancha

3.2.- Otros significados de la polisemia fluvial

Ha quedado sugerido cómo las significaciones poéticas son tan numerosas como las corrientes que alimentan el caudal de cualquier río. Como éstas, las miradas de los poetas son siempre diferentes, sujetas al lugar en el que nacen y condicionadas por el momento psicológico que recorren. Cómo no recordar el poema de Dámaso Alonso “A un río le llamaban Carlos”. O la misteriosa significación del verso lorquiano, ¡Qué ríos puestos de pie // vislumbra su fantasía! //Pero sigue con sus flores, // mientras que de pie, en la brisa, // la luz juega el ajedrez // alto de la celosía.

Unamuno se acercó al Duero con reconocida pasión. Su poema “Durium-Duero-Douro” presenta en la edición de sus poesías tres versiones, lo cual da idea de la pulcritud y cuidado con que perfilaba el poema, que comienza con una enumeratio fluvial: Arlanzón, Carrión Pisuerga, // Tormes, Águeda, mi Duero. // Lígrimos, lánguidos, íntimos, // espejando claros cielos, // abrevando pardos campos, //susurrando romanceros. Estos versos sirven de comienzo a un poema que acaba transformado casi en una guía geográfica. Sin embargo, el final son unos bellos versos: Árbol de fuertes raíces // aferrado al patrio suelo, // beben tus hojas las aguas, // la eternidad del empeño12 . No es el único momento poético de enumeración fluvial, como se observa en el poema 270 (fechado en julio de 1928): Ebro, Miño, Duero, Tajo, // Guadiana y Guadalquivir, // ríos de España, ¡qué trabajo // irse a la mar a morir!

No siempre el acierto culmina la actividad poética en torno a los aspectos fluviales. No estuvo muy afortunado Jaime Delgado en “Los ríos de Segovia”. Es fácil pensar que la enumeración de más de una docena de ríos, en versos de acuñación no muy afortunada, no es el mejor tema poético. Ni siquiera la segunda parte del poema, dedicado al Eresma, levanta el

11 Relación verdadera de los daños que hizo la creciente del río Pisuerga en la ciudad de Valladolid. Con dos romances del suceso de Salamanca y Çamora (Salamanca, Pedro Lasso, c.1597)12 Desde Valladolid hasta Oporto (pasando por Zamora, a la que atribuye apasionadas referencias históricas) el río es un pretexto literario un poco artificioso.

vuelo lírico: Pero decir Eresma moja // como una nube de nostalgia, // y se ilumina y humedece // la honda raíz de nuestra alma. 

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