CANTOS DE ESPERANZA POEMAS Y SÍNTOMAS de Julio Martín Llorente – IX

POEMAS

39. SABER Y NO SABER
A veces tú me dices,
que te diga lo que sé,
y como ves, yo solo callo,
y nada puedo responder.

   No interpretes,
no me juzgues,
si no sabes y no sé,
saber es de ignorantes,
y de sabios no saber.

Poeta: Julio Martín (1976)

 

40. NO SOY DE NADIE
 No soy de ti,
no soy de mí,
no soy de nadie…

   ¡Si algo fuera,
lo sería TODO!

   Sería la VEREDAD.
Sería la JUSTICIA.
Sería la LIBERTAD.

   La añorada libertad,
que todos piden desde rejas.

Poeta: Julio Martín (1976)

 

41. OH, CUERPO
 ¡Oh, cuerpo!
¿Por qué sientes?
¿De qué alimentas tu espíritu
y querellas?

   ¿No ves que fines,
se vuelven vanos,
y tus intentos de lucha,
son espera?

   Vives ilusionado,
del mañana y de promesas,
sintiéndote orgulloso,
de tu optimismo y grandeza.

   ¡Oh, cuerpo!

   ¡Oh, espera!

   Oh ilusiones del mañana,
que esperáis pacientemente,
a que amanezca.

Poeta: Julio Martín (1976)

 

42. CANTO DE OBJETIVIDAD
No quiero pensar,
lo que ayer no fui,
y pude haber sido.

   Me niego a juzgar,
lo que seré mañana,
pero que todavía no soy.

   Sólo quiero vivir,
¡Aquí y ahora!
única realidad,
que atestigua lo que soy.

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

43. MI YO, ES COMPLEMENTO DEL TU
 De toda la carroña,
que me ofrece la Vida,
quizás la menos carroña,
¡Eres tú!

   De todos los espantos,
que me ofrece la Vida,
quizás el menos espanto,
¡Eres tú!

   De todos los desaboríos,
que me ofrece la Vida,
quizás el menos desaborío,
¡Eres tú!

   ¡Cómo podría olvidarte,
si mi yo es complemento del tú!

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

44. AMOR SOLO ES AMAR
El amor es una semilla,
que nace y crece en corazones enamorados,
sin tener que soportar las inclemencias,
del tiempo, ni sus posibles cambios.

   Lo que sí debe saber,
es que debe renunciar,
a todo tipo de capricho o engaño,
germinando poco a poco,
día a día, año a año.

   El, no es solo fruto perfecto,
a veces, enredo y fracaso,
ya que las desviaciones humanas,
son peores, que temporales malos.

   El amor se endurece,
con las infidelidades y contratiempos.
El amor se multiplica,
con la verdad, que se hace Vida.

   El amor sólo se extingue,
por abandono y cobardía.

   ¡Sí amamos, no engañemos!

   ¡Si amamos, no finjamos!

   ¡Amor solo es amar!

   ¡Y amar, seguir amando!

Poeta: Julio Martín. (1976)

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CANTOS DE ESPERANZA POEMAS Y SÍNTOMAS de Julio Martín Llorente – VIII

36. CANTO AL HOMBRE ESCLAVO
No todos los hombres,
aun poseyendo
las mismas armas,
alcanzarán la Libertad.

   Son muchos,
los que viven la carroña,
y ahí se quedarán.

   Son muchos,
los que pisan el fango,
y de ahí no pasarán.

   Y no es la libertad,
quien falla en ellos,
sino ellos que prefieren,
la infelicidad.

   La libertad es un Canto,
para todos, y todos
sin excepción ninguna,
estamos llamados,
a alcanzar la LIBERTAD…

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

37. CANTO A TODOS
A todos se no ha dado,
las mismas armas:
Nuestras manos.

   A todos se nos ha dado,
el mismo motor:
Nuestro cuerpo.

   A todos se nos ha dado,
la misma sabiduría;
Nuestra mente.

   Si todos somos iguales,
y corremos la misma suerte.

   ¿Por qué existen unos pocos,
que se empeñan en afirmar,
de que somos diferentes.

Poeta: Julio Martín, (1976)

 

38. CANTO AL PRINCIPIO Y FÍN
El hombre no ha
elegido el nacer,
y sin embargo nace,
dentro de una sociedad,
corrupta y mísera.

   El hombre no ha
elegido su religión,
y sin embargo crece
dentro de una religión,
confusa y decadente.

   El hombre no ha
elegido el morir,
y sin embargo muere,
dentro de las leyes,
dictaminadas por la Vida.

   Nacer.
Religión.
Morir…
No son cosas de guasa,
sino principio y fín…

Poeta: Julio Martín. (1976)

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CANTOS DE ESPERANZA POEMAS Y SÍNTOMAS de Julio Martín Llorente – VII

31. CANTO AL SOL
Era temprano todavía,
cuando el sol seguía durmiendo,
y en su sueño divisaba,
un puntito muy pequeño.

   Sorprendido preguntaba:
¿Quién será ese bicho feo,
tan lleno de animales,
con envidias y recelos?

   No hubo aún despertado,
cuando una voz rompió el silencio,
y mostrándose hacedor,
al sol le fue diciendo:

   Es la TIERRA, amigo mío,
donde puse amor sin precio,
y olvidado por los hombres,
que no aman sino su ego…

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

32. CANTO A ROSA
 Tienes nombre de una Flor,
a la que todos denominamos:
ROSA.
Más tu camino no es de rosa,
sino abrupto, desolador y difícil.

   Tienes sonrisa de niña,
por la que todos te decimos:
ROSITA.
¿MÁS?,

   Tú no eres ya una niña,
sino mujer, que lucha, trabaja y critica.

   Tienes corazón sensible,
por lo que todos te llamamos:
HUMANA.

   ¿Más?,

   Tu sí que eres humana,
y además, persona viva.

   ¡Que no lucha por ser perfecta!
¡Que sí lucha para llenar sonrisas!
Que luchas para poder seguir viviendo,
y gritar con Voz muy fuerte,
¡La Vida, sí que vale la pena vivir!

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

33. CANTO A JAVIER
 Qué difícil es callar,
y guardar silencio a veces,
para así escuchar mejor,
el corazón de los vivientes.

 Es muy fácil expresar,
todo aquello que una siente,
más difícil es saber,
por qué sufre tu oponente.

   No son palabras,
lo que necesita su cuerpo amigo.
No son sorpresas,
lo que desea sudorosa frente.

   Es silencio, comprensión, cariño,
corazón amigo, que siempre prevalece.

   No olvides,
que las palabras son de cera,
y la cera se derrite.

   No olvides,
que las palabras son aire,
y el aire se enrarece.

   Busca roca, verdad, vida…
Silencio de Hermano,
Que ama y que no muere…

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

34. CANTO AL HOMBRE ILUSO
Yo soy un hombre que vive,
que sabe de hoy, pero que
desconoce el mañana,
y nada más lejos está der mí,
que ser predecesor,
de ese futuro que me abraza.

   Más, existe el hombre iluso,
que, engañando, él se engaña,
y afirma a toda costa:
Sabiendo hoy, sabré mañana.

   Cuán lejos de la realidad,
se encuentra, quién así,
prejuzgas y habla:
Yo sé lo que serás tú,
como tu vida, y tu morada,
tu camino y tu sendero,
y ese amor que ora y calla.

   El hombre es el ayer,
es el hoy, y será el mañana,
pero de ese futuro incierto,
no sabemos ni PALABRA…

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

35. CANTO A NADIE ES MÁS QUE NADIE
   Nadie es innecesario
en la Vida,
ya que todos tenemos
un camino por hacer.

   Nadie es innecesario
en la Vida,
ya que lo que uno no hace,
otro lo puede hacer,

   Nadie es más que nadie
en la Vida,
Sino que todos somos,
Y así se ha de saber.

Poeta: Julio Martín. (1976)

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CANTOS DE ESPERANZA POEMAS Y SÍNTOMAS de Julio Martín Llorente – VI

26. CANTO AL CANTOR
   Escuchad al Cantor,
porque el trae verdades
eternas…

   En el lagar de su Vida,
ha ido cosechando,
las enseñanzas más perfectas.

   No os importe,
que os llamen retrógrados,
o que sois perezosos,
para emprender vuestra meta.

   Recibidle y rectificad,
vuestra actitud,
porque el mañana
no está lejos,
¡Sino cerca!

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

27. CANTO AL PÁJARO
   El hombre, puede
oprimir al hombre:

   ¿Más?

   ¿Quién puede hacer callar,
el canto del pájaro
eterno e inviolable?

   El,
no conoce cadenas.
El,
no conoce prisiones…

   Vive,
y con ello le basta,
desconociendo:
¡Leyes y obligaciones!

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

28. CANTO A MI AMO
 Quisiera ser hombre libre,
sin casa, sin fronteras,
sin amo, ni pasiones,
y teniendo por cobijo,
las estrellas.

   ¡Mi casa, sería el mundo!

   ¡La tierra, limitaría mi frontera!

   A Dios tendría por amo,
ese amo, que no oprime,
sino espera…

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

29. CANTO AL PORRAZO
   No es miedo lo que
yo tengo, de vivir
la llamada Vida.

   No es llanto lo que
me aflige, cuando escucho
la palabra Muerte,

   Es algo que se me evade,
y que debo seguir
buscando.

   Sin renunciar a la
fatiga, al confusionismo
y al Porrazo…

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

30. CANTO AL NACER
 El hombre nace llorando,
al igual que el pájaro,
nace rompiendo el huevo,
y he aquí, el primer
peligro de la Vida.

   ¡El peligro de Nacer!

   La flor nace silenciosa,
al igual que la piedra,
nace majestuosa, e inmóvil,
y he aquí, la gran
maravilla de la Vida.

   ¡La maravilla de Ser!

   Tanto el nacer, de una
forma, o de otra, es algo
que ni tú, ni yo,
llegamos a comprender.

   Es una interrogante,
por la que todos pasamos,
pero que no por ello,
dejamos de CREER…

Poeta: Julio Martín. (1976)

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CANTOS DE ESPERANZA POEMAS Y SÍNTOMAS de Julio Martín Llorente – V

21. CANTO A MI VENTANA
Qué veloces son los días,
cómo cambian de mañana,
menos yo que solo miro,
por una misma ventana.

   Una ventana pequeña,
que sabe de mis añoranzas,
de mis deseos no cumplidos,
por no poder traspasarla.

   A veces, me pregunto,
si mi suerte no está echada,
y para vivir solo preciso,
de mi cuerpo y mi ventana….

Poeta: Julio Martín (1976)

 

22. CANTO DE ESPERANZA
¡Creo, y creyendo soy feliz!
¡Amo, y amando soy feliz?
¡Muero, y muerto soy feliz!

   Porque, la muerte, no es muerte,
Sino el paso a la otra Vida,
Que espera a todo hombre y mujer,
Que lucha por conseguirla.

   Y si al final de todo esto,
todo es calumnia y mentira,
en mi mente habrá una frase,
¡No me arrepiento de mi Vida!

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

23. CANTO AL HOMBRE
 Hombres conducen a pasos,
pasos conducen a vidas,
cuando el Amor se acaba…
¿Quién conducirá mi Vida?

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

24. CANTO AL CAMINAR
Hombre camina…
No descanses, camina…
No fracases, camina…
No seas perezoso, camina…
¡Hombre, siempre CAMINA!

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

25. CANTO A LA CARTA
Un papel escrito,
un sobre cerrado,
un corazón plasmado,
que habla, llora y ríe…

Poeta: Julio Martín. (1976)

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CANTOS DE ESPERANZA POEMAS Y SÍNTOMAS de Julio Martín Llorente – IV

16. CANTO A LA VIDA
Camino,
caminas, caminan.
¡Todos caminamos
en la Vida!

   Tropiezo,
tropiezas, tropiezan.
¡Todos tropezamos
en la Vida!

   Amo,
amas, aman.
¡Todos amamos
en la Vida!

   Lloro,
lloras, lloran.
¡Todos lloramos
en la Vida!

   Muero,
mueres, mueren.
¡Todos morimos
en la Vida!

   CAMINO,
TROPIEZO,
AMO,
LLORO,
Y MUERO EN LA VIDA.

Poeta: Julio Martín (1976)

 

17. CANTO A UN RECUERDO
   Mi día, tu día,
mis versos, tus versos,
ambos han sido escritos,
para simbolizar nuestro Amor,
que nació hace ya tiempo…

   Y ahora al recordar,
ese día y esos versos,
vemos que no han cambiado,
aunque en nosotros,
algo ya esté muerto…

   ¡No cambian los días!
¡No cambian los versos!
¡Cambian las personas!
¡Con su egoísmo y su desprecio!

Poeta: Julio Martín (1976)

 

18. CANTO A UN NIÑO
   El niño que hace unos años,
tuvo pan para comer,
hoy pasa hambre y miseria,
y nadie lo quiere ver.

   Mora solo en una casa,
y si padres tuvo una vez,
se marcharon de su lado,
para nunca más volver.

   Este niño enamorado,
de los que cuidaban de él,
ve cercana ya su muerte,
y se pregunta sin saber.

   No nací junto a unos Padres,
que me dieron calor y fe,
por qué muero solo en mi casa,
y sin un beso florecer….

Poeta: Julio Martín (1976)

 

19. CANTO AL MES DE ENERO
Enero que mueres,
triste y silencioso,
para dar paso a Febrero,
que resulta el mes más corto.

   Tus calles están cubiertas,
de amenazas y de gozo,
de nieve blanca que espera,
ser tu amiga para todo.

   Se la pisa, se la oprime,
se la hace muñecos con ojos,
resbalarizos de cristal fino,
que son la alegría de todos.

   Enero que mueres,
triste y silencioso,
para dar paso a Febrero,
que resulta el mes más corto…

Poeta: Julio Martín. (1976)

 

20. CANTO A LA CORDURA
 Duda, confusión, miedo,
¿Dónde estoy?
¿De dónde vengo?

   Cuándo seré libre,
para poder volar mi cielo,
correr mis campos,
caminar senderos,
beber las aguas limpias,
que dan vida a mi cuerpo.

   Miedo, confusión, duda,
¿Qué tememos?
¿Quién murmura?
La nada atestigua muerte,
y de la muerte nadie se esfuma.
¿Será verdad?
¿O quizás locura?

   No olvidemos este dicho,
que amenaza la cordura…

Poeta: Julio Martín (1976)

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CANTOS DE ESPERANZA POEMAS Y SÍNTOMAS de Julio Martín Llorente – III

11. CANTO A LA LIBERTAD
   Nadie borrará
mi pensamiento,
porque nació
para morir en Libertad.

   Si los hombres
gritan cadenas,
no encadenan,
sino oprimen la Verdad.

   Esa verdad
que nunca muere,
y que de hombre
a hombre pasa.

   Porque somos
portadores,
de un pasado
y una raza.

   Esta herencia
bienhechora,
que huele
a sudor y a lágrimas.

   Seguirá haciendo
camino, sobre
fusiles, dolor
y lágrimas…

Poeta: Julio Martín (1976)

 

12. CANTO A LA VERDAD
   Qué importa,
que al camino pongan cadenas,
si el camino,
no deja de ser camino.

   Qué importa,
que a la separación la llamen olvido,
si la separación,
no deja de ser distancia.

   Qué importa,
que al cantor le llamen protesta,
si su canción,
no deja de ser Pueblo.

   Que importa,
la muerte en la montaña,
si la muerte,
no deja de ser Vida.

   Qué importa,
lo que no importa,
si lo que importa,
no importa…

Poeta: Julio Martín (1976)

 

13. CANTO A ESPAÑA
 Mi corazón de poeta,
de música, de sabio,
de niega a seguir,
anquilosado en el pasado.

   Desea olvidar que hubo
una guerra, en la que
dos Españas pelearon.

   Porque España sólo
hay una, aunque existan
muchos bandos,
y si un español muere,
no muere, sino tu hermano.

   Por eso ruego a vosotros,
que escucháis, mi voz, mi canto,
que gritemos todos juntos:
Españas solo hay una,
aunque existan muchos bandos…

Poeta: Julio Martín (1976)

 

14. CANTO AL POETA
   La tarde va declinando,
y se escuchan canciones
de olvido…

   Al rato, llega la noche,
que, con sombra ennegrecida,
quisiera borrar los versos,
que el poeta, escribiera un día.

   Más la noche sola no puede,
borrar las verdades escritas,
y guardadas en corazones,
de paisanos con heridas,

   Por fin, el día alborea,
pasada la noche maldita,
y de nuevo las canciones,
resuenan con alegría,

   Ventanas y puertas se abren,
cuando entrado ya está el día,
para poder seguir escuchando,
lo que el poeta, escribiera un día…

Poeta: Julio Martín (1976)

 

15. CANTO AL VINO
 La mente se hace libre,
y los ojos parpadean,
cuando se siente el vino agrio,
subir por la cabeza.

   A un vaso, otro le sigue,
y así, dos y cincuenta,
porque el vino no renuncia,
ser bebido en bota seca.

   Le gusta hacerse catar,
con suavidad y ligereza,
y ya pasado largo rato,
ser bebido en la botella.

   Qué brujería o hechizo,
guarda la madre tierra,
que a todos sus hijos bautiza,
con el vino de su cosecha…

Poeta: Julio Martín (1976)

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CANTOS DE ESPERANZA POEMAS Y SÍNTOMAS de Julio Martín Llorente – II

6. CANTO A UNA NIÑA
   Pinares risueños,
jóvenes enamorados,
árboles sellados,
de innumerables besos.

   Cogidos de la mano,
como pájaro en vuelo,
luchando por llegar más alto,
en nuestro diáfano Cielo.

   Mañanas de ensueño,
tardes de ilusión,
miles de ocasiones,
de cantar el mismo verso.

   Una y otra vez,
ciento y miles veces,
de mis labios salieron,
palabras de amor sincero.

   Araña de la tarde,
que trabajas con esmero,
para que la lluvia golpee,
y rompa todo esfuerzo.

   Qué placer has de sentir,
cuando luchas contra el viento,
que arrastra enfurecido,
lo que a su paso va saliendo.

   Silbido de canción,
golpear de catarata,
canción del corazón,
palabras de amor, palabras…

Poeta: Julio Martín (1976)

 

7. CANTO A UN INSTANTE
   Noche fría,
como la tarde de invierno,
como la oscura noche,
que circunda mi cuerpo.

   Sentado con mirada fija,
no sé lo que pienso,
estoy luchando sin saber,
que poco a poco, voy muriendo.

   Mi sueño me ciega,
veía, ya no veo,
mi cuerpo durmiente,
añora algún recuerdo.

   Rayo de luz,
fugaz como el viento,
rasgueo de guitarra,
caminando hacia lo lejos…

Poeta: Julio Martín (1976)

 

8. CANTO A LA MUERTE
 Cuando la vida no es vida,
porque amenaza la muerte,
cuando la nada suspira,
silenciosa y valiente.

   Qué agonía morir en Vida,
sin amigos y sin gentes,
sin pueblo y sin campanas,
sin un beso floreciente.

   La tierra, oprime a la tierra,
la muerte, llama a la muerte,
la libertad, grita Vida,
la vida, pueblo VALIENTE…

Poeta: Julio Martín (1976)

 

9. CANTO A CASTILLA
 Castilla, tierra de hombres.
Castilla, tierra de España.
Castilla, la generosa.
Castilla, la siempre amada…

   La sangre fluye en tus campos,
se oyen gritos de esperanza,
de pueblos que lucharon,
defendiendo tus murallas.

   Con la frente descubierta,
y las manos apretadas,
combatiste a campo abierto,
sin volver nunca la espalda,

   Los ecos suenan lejanos,
los dichos aún son palabras,
sin juez y sin testigos,
y sin cárceles donde apresarlas…

Poeta: Julio Martín (1976)

 

10. CANTO A DIEZ CUARTETOS
 Qué hermoso atardecer,
desde mi cama tendido,
por paisaje unos árboles,
por compañeros cinco amigos.

   Unas hojas quejumbrosas,
piensan que yo no existo,
yo siento que ellas viven,
y si ellas viven, yo vivo.

   Amigos vienen a verme,
y en ellos me regocijo,
yo siento que ellos viven,
y si ellos viven, yo vivo,

   Las horas se vuelven días,
que pasan, vuelan y lloran,
pero yo sigo prisionero,
sin cadenas y sin gloria.

   No maldigo esta quietud,
tampoco maldigo mi sino,
yo siento que este vive,
y si este vive, yo vivo.

   Quejidos se vuelven ecos,
de corazones fallidos,
yo siento que ellos viven,
y si ellos viven, yo vivo.

Teléfonos y timbres suenan,
se oyen pasos de continuo,
camillas de telas blancas,
cadáveres se han convertido.

   Mi garganta se hace guitarra,
y mi canción suena a himno,
yo siento que este vive,
y si este vive, yo vivo.

   La noche me hace soñar,
y en mi sueño veo a Cristo,
yo siento que este vive,
y si este vive, yo vivo.

   Todo esto lo sueño,
todo esto lo vivo,
así de sencilla es mi Vida,
sólo una palabra: CRISTO…

Poeta: Julio Martín (1976)

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CANTOS DE ESPERANZA POEMAS Y SÍNTOMAS de Julio Martín Llorente – I

En los próximos días vamos a publicar el segundo libro de poemas escrito por nuestro paisano de Covaleda Julio Martín Llorente escrito en el año 1976 y titulado CANTOS DE ESPERANZA, POEMAS Y SÍNTOMAS.

Esperamos y deseamos que sea de todo vuestro agrado.

Muchas Gracias Julio por querer compartir con nosotros, tus paisanos, este libro.

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CANTOS

1. CANTO AL AMOR
Como la noche silenciosa,
¡Así es el Amor!

Como la luz del día,
¡Así es el Amor!

Como la fuerte roca,
¡Así es el Amor!

Como el murmullo del agua,
¡Así es el Amor!

Como el canto de un pájaro,
¡Así es el Amor!

Como el llanto de un niño,
¡Así es el Amor!

Alguien preguntó un día,
¿Qué es el Amor?

Ahora yo respondo,
¡TODAS LAS COSAS SON AMOR!

Poeta: Julio Martín (1976)

2. CANTO AL AIRE
Azota el aire mi cuerpo,
y parece que sintiera su mano,
que aprieta la diestra mía,
y nos unimos en fuerte abrazo…

Dueño eres de los mares,
corres valles y montañas,
dejando huellas perennes,
por los sitios donde pasas…

Jinete sobre caballo pareces,
a veces quieto, otras en marcha,
silbando canciones profundas,
que se sienten en el Alma…

Fugaz, veloz, rápido,
como la vida soñada,
como el volador pajarillo,
que lucha sin esperanzas…

Poeta: Julio Martín (1976)

3. CANTO A LA NATURALEZA
Qué perfecta armonía,
guardas tú, NATURALEZA.
como el hombre con poder viril,
se aparta, más y más de tus fronteras.

          ¿Qué pretende?
          ¿Qué sueña?
          ¿Acaso intenta buscar,
          aquello que nunca encuentra?

          ¿Por qué se complica la Vida,
viviendo solamente su cuenta,
si somos hijos del mismo Padre,
que nos dejó morar en la Tierra?

          Todo se ha olvidado,
ya nada se respeta,
la iniquidad mora en el mundo,
el mundo es una mierda?

          No hay amor, amor donado,
no hay dolor, dolor de ofrenda,
somos autómatas arrastrados,
hacia el abismo, y la miseria.

          Nuestras almas doloridas,
no sienten, ni sueñan,
no viven sus leyes innatas,
sino su sino de vileza…

Poeta: Julio Martín (1976)

4. CANTO A LA NADA
   Como pasan los días,
y con ellos la alegría.

   Cómo pasa la infancia,
y con ella la inocencia.

   Y llega la prematura vejez,
con paso torpe y mortuorio.

   Ante este espejo de la Vida,
nos damos cuenta de que somos:
Nada, nacidos de la Nada,
polvo, convertidos en polvo,
cenizas volando por el aire,
en busca de un lugar don posarse…

   ¿Servirán de simiente al campesino?
o servirán de polvo al caminante,
no sabemos lo que somos, ni donde vamos,
sabemos que vivimos, y perecemos…

Poeta: Julio Martín (1976)

5. CANTO A LA ROCA
   Vosotras sois mis compañeras,
piedras inertes, soñolientas,
que escucháis eternamente,
las sinfonías más perfectas.

   Nunca maldecís vuestra quietud,
vuestra mudez es fuerza,
por eso me confieso a vosotras,
porque no delataréis mis promesas.

   Los años me vuelven diferente,
a vosotras, ni aún eso os afecta,
por eso ruego que juzguéis,
mis actos, mis hechos, mi tierra…

Poeta: Julio Martín (1976)

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BRETOS por Pedro Sanz Lallana

BRETOS

PEDRO SANZ

Como decía Caro Baroja, nada hay que guste más a los pueblos que emparentarse con ancestros mitológicos, con antepasados de renombre histórico o con leyendas que expliquen sus orígenes más o menos inciertos, y esto es lo que sucede en Covaleda (Soria), que tradicionalmente se ha llamado «Bretos» a sus moradores y siempre nos hemos preguntado por qué.
Breto es, sin duda, un nombre que alude a gente venida de fuera, probablemente de la Bretaña francesa, y tiene que haber alguna justificación histórica para que este gentilicio aparezca citado en algunos textos referidos a este pueblo. Y para buscar dicha justificación, vamos a remontarnos al siglo XIV, concretamente al reinado de Alfonso XI, «Onceno» como se lee en los anales y crónicas de la época.

Este rey de Castilla y León, ALFONSO «ONCENO», nació el 13 de agosto de 1311 y tuvo la desgracia de perder a su padre, Fernando IV, a la temprana edad de dos años, siendo protegido por los señores de Lara, don Manrique y don Nuño de los nobles depredadores que buscaban el beneficio del trono y desposeer al infante de su corona. Murieron ambos en el cerco de Granada y fue su abuela, doña María de Molina, quien se encargó de su custodia y de mantener una férrea regencia hasta la mayoría de edad de Alfonso, en 1325.

Fue apodado «el Justiciero» porque desde su juventud se propuso hacer justicia con aquellos señores que avasallaban a los débiles y urdían planes contra la corona; no es de extrañar que el rey mandara cortar algunas cabezas de los nobles levantiscos para afianzar su poder y dar estabilidad al reino. En consecuencia, fue temido por unos y respetado por todos.
Con respecto a Covaleda y su entorno, he de decir que en el Libro de la Montería se citan los lugares donde este rey y sus nobles venían a cazar: La garganta de Covalleda es buen monte de oso et de puerco en verano, dice textualmente, porque era muy aficionado a este ejercicio; la Crónica del rey Alfonso añade: “Para yr matar al oso sienpre ovo gran sabor”.

Y es que el ejercicio cinegético era considerado entre los nobles como el ideal para mantenerse en forma y prepararse para la guerra.
Este buen rey casó con doña Constanza, matrimonio que fue anulado por su infertilidad, y volvió a casarse con doña María de Portugal, matrimonio de conveniencia, mujer a la que nunca amó aunque tuvo dos hijos: don Fernando, que murió joven, y don Pedro, que heredaría el trono con el nombre de Pedro I «el Justo» —apelación ordenada por Isabel la Católica para contrarrestar el que sus enemigos le habían aplicado: «Cruel»—, digno sucesor de su padre, que supo mantener el reino a salvo de sus depredadores hasta ser asesinado por Enrique II, su hermano bastardo, lo que hizo que la nobleza castellana viera en él un taimado usurpador y un alevoso traidor.

El rey Alfonso batalló contra moros ganando numerosas plazas andaluzas, particularmente Gibraltar, y fue en Sevilla donde encontró a la bella Leonor de Guzmán de la que quedó perdidamente enamorado.

Leonor le proporcionó el afecto y acogimiento que no encontraba en su legítima mujer —la pobre optó por marcharse a Portugal al lado de su padre— y una numerosa prole de diez hijos: don Pedro de Aguilar, Sancho Alfonso de Castilla llamado «el Mudo», alférez del rey. Enrique II de Castilla, «el de las Mercedes», fundador de la Casa de Trastámara, el traidor. Fadrique Alfonso de Castilla, maestre de la Orden de Santiago, Fernando Alfonso de Castilla, Tello de Castilla, Juan Alfonso de Castilla, Juana Alfonso de Castilla, Sancho de Castilla, Pedro Alfonso de Castilla, algunos de los cuales murieron a manos de Pedro I por enfrentarse a su autoridad.

El hecho de tener una amante como doña Leonor, hizo que Alfonso rompiera todas las reglas de convivencia tradicionales, buscando más el afecto personal que los pactos de conveniencia o las recriminaciones del Papa.

Covaleda en esta época —mediados del siglo XIV— era una aldea codiciada por su riqueza cinegética, por sus montes, sus abundantes pastos y excelente ubicación en la Sierra de Urbión.

El temprano comercio de la lana en las ferias de Medina, Villalón, Burgos, Segovia…, hizo que estos pueblos serranos crecieran notablemente, sobre todo cuando los señores de la Mesta promovieron este comercio con Flandes, lo que favoreció el establecimiento de colonias castellanas en la ciudad flamenca de Brujas, siendo Burgos la capital que centralizaba el acarreo de la lana hacia los puertos del Cantábrico mediante el Consulado del Mar. En 1336, el conde Luis de Nevers concedió privilegios a estas colonias de castellanos por el beneficio enorme que le proporcionaba la lana, favoreciendo indirectamente una red comercial en la que intervenían carreteros —la famosa Hermandad de Carreteros Burgos-Soria—, mercaderes, marinos cántabros y vascos, y pastores serranos como elementos fundamentales en este comercio internacional.

Fue una época excepcional en la que la ganadería creció exponencialmente, los pueblos aumentaron de población, siendo el único dato negativo la aparición de la peste negra traída por unos barcos genoveses atestados de ratas y pulgas que se extendió como una plaga por toda Europa diezmando la población, siendo el rey Alfonso XI una de sus víctimas cuando cercaba por segunda vez la plaza de Gibraltar.

Su hijo, PEDRO I, hereda el trono a los 16 años y pronto intenta organizar el reino impartiendo leyes que buscaban someter a los nobles para favorecer a los artesanos y campesinos, lo que le llevó a crearse enemigos poderosos, particularmente sus hermanastros, los hijos de Leonor de Guzmán, a alguno de los cuales mando matar por no acatar las leyes.

Su belicosidad le llevó a tener desafortunados encuentros con el rey Pedro IV de Aragón, aliado de Enrique, que le prometió dar posesiones en Castilla si le apoyaba en sus pretensiones de arrebatar el trono a su hermano. También se enemistó con el rey de Francia porque no cumplió con el compromiso de dotar con 300.000 florines de oro como arras a su sobrina, doña Blanca de Borbón, con la que casó de mala gana en Valladolid, en 1353, motivo por el que Pedro I la abandonó yendo a buscar el cálido regazo de una amante, doña María de Padilla, tal como hiciera su padre.

Por estos años, Francia e Inglaterra andaban enzarzados en la famosa Guerra de los Cien Años, y el rey don Pedro, al verse enemigo del rey francés, pidió ayuda al de Inglaterra que le mandó huestes al mando del Príncipe Negro, excelente estratega que logró una clamorosa victoria en Nájera contra las tropas francesas que apoyaban a Enrique, al mando de las cuales venía un general bretón, Beltrán Duguesclín, famoso mercenario curtido en la lucha contra los ingleses.

El rey había prometido al Príncipe Negro el señorío de Vizcaya en pago por su ayuda contra las pretensiones de Enrique, pero no cumplió la promesa y los ingleses se retiraron.

Tratando de remediar los reveses bélicos que venía sufriendo, logró un pacto con el rey de Navarra en Soria, 1363, que le sirvió para reafirmar sus posesiones norteñas.
Por tierras sorianas solía andar de cacería cuando las circunstancias se lo permitían porque, al igual que su padre, era gran cazador, pues como dice don Pedro de Ayala en su Crónica: «El rey era gran caçador de aves».

Su hermanastro Enrique había pactado ayuda para derrotar a Pedro I con el rey de Aragón y el de Francia, que le envió a Beltrán Duguesclín, futuro Duque de Soria, capitán de ciertas huestes mercenarias, que se vino a Castilla con la promesa de recibir 200.000 florines de oro si abandonaba las tierras francesas porque, seguramente, su rey le temía.

Este BELTRÁN DUGUESCLÍN, general de las tropas de Normandía vino a España al mando de las Compañías Blancas, un ejército variopinto de mercenarios que fueron derrotados en Nájera por el Príncipe Negro, descalabrando al ejército del bastardo que no esperaba un revés tan contundente; para colmo, el Príncipe cogió preso al bretón y se lo llevó de vuelta a Francia con el consiguiente disgusto del rey francés, que pagó un exagerado rescate para que se volviera a Castilla.

Liberado el bretón, vino al lado de Enrique, reorganizó de nuevo sus tropas y trató de tomar Toledo viendo que el rey había dejado la plaza desguarnecida. Cuando Pedro I quiso defenderla con fuerzas escasas y mal organizadas, tuvo que huir buscando refugio en el castillo de Montiel (Ciudad Real), que fue sitiado por las tropas de Enrique para apresarlo y rendirlo.

Viendo que su situación era insostenible, el rey trató de sobornar a Duguesclín para que le facilitara la huida, y así fue acordado entre el bretón y un fiel caballero castellano, Men Rodríguez de Sarabia; pero en lugar de dejarle huir, Duguesclín lo traicionó llevándolo a la tienda de su hermano, que le recibió con una daga en la mano al grito de: «¿Dónde está ese judío hideputa que se nombra rey de Castilla?» A lo que el rey verdadero le respondió: «¡El hideputa seréis vos, que yo soy hijo legítimo del buen rey Alfonso!»

Se hirieron con las dagas y don Pedro, más corpulento, tomó cierta ventaja sobre el traidor, pero Duguesclín sujetó al rey para que Enrique lo acuchillara sin compasión. Esta traición le valió al bretón que Enrique le concediera «la merced» del Ducado de Soria —mayo de 1370, uno de los ducados más antiguos del reino— con sus tierras y beneficios, además de las villas de Almazán, Serón, Deza y Molina.

Covaleda era tierra de realengo por aquellas fechas, es decir: tierra de los dominios del rey, aunque en siglos anteriores había sido de abadengo por haber pertenecido al monasterio de San Millán de la Cogolla primero y al de San Salvador de Oña, después. Las gentes de Covaleda, no sin gran esfuerzo, habían comprado el territorio «con sus dineros propios», como dice una Carta ejecutoria a favor del concejo en la Chancillería de Valladolid, y sus montes pasaron a ser propiedad del pueblo, que gozaban de privilegio real ya desde 1327.

Covaleda, dentro de la Universidad de la Villa y Tierra de Soria, pertenecía al sexmo de Frentes, y jurisdiccionalmente dependía de la capital, por lo que, el nuevo Duque de Soria, M. Beltrán Duguesclín, era su señor natural.

Pero el bretón no disfrutó mucho de la paz soriana, porque en el año 1375 decidió vender su ducado a la corona y marcharse a su tierra, lo que le reportó una bonita suma de 240.000 doblas de oro, volviéndose rico a sus posesiones bretonas gracias al tesoro de aquella Castilla depauperada del rey Enrique «el de las Mercedes».

Respecto a los hombres que le acompañaban, lo que probablemente sucedió es que alguno de sus mesnaderos, como mercenarios que eran, habían recibido tierras sorianas en pago por los servicios prestados, y como Covaleda ofrecía buenos montes de caza, buenos pastos para la ganadería y otras ventajas, los más oportunistas prefirieron quedarse en estas tierras para disfrutar de sus beneficios, y estos bretones afincados en nuestro pueblo seguramente arraigaron con mejor o peor fortuna entre su gentes dando origen a que se nos aplicara el gentilicio «Bretos», haciendo constar que entre los habitantes nativos de Covaleda había unos viejos soldados rubios convertidos en cazadores y ganaderos venidos desde las lejanas tierras de la Bretaña francesa dispuestos a echar aquí sus raíces.

Así debió ser, aunque nada conste por escrito, pero lo cierto es que desde entonces se nos llama «Bretos», nombre que llevamos con orgullo.

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