LOS HORNOS DE PEZ

LOS HORNOS DE PEZ

Incendio en los Hornos de Pez de Covaleda junto al Puente de Soria ocurrido en Julio de 1960

Incendio en los Hornos de Pez de Covaleda junto al Puente de Soria ocurrido en Julio de 1960

Tanto como la actividad maderera, ganadera y la carretería, también fue importante la pezguera. Extraer de las entrañas de la tierra las raíces de los pinos puede parecernos ahora una locura, pero en las épocas de la Marina no había otra forma de obtener el alquitrán para impermeabilizar la madera de los barcos. Además, la pez del pino albar era de primerísima calidad.

En Covaleda fue característica la elaboración de la pez hacia el año 1948 y duró más o menos hasta el año 1965. Quedando como testigos de esta actividad alguno de estos hornos en sus bosques.

Las consecuencias para la regeneración de nuestro monte fueron importantísimas, pues al excavar cientos de miles de toconas de pinos se facilitaba el arraigo de la piña y el nacimiento de nuevos árboles.

La pez se obtiene por cocción de la tea, extraída mayormente de “toconas” viejas con azadas de pica y limpiadas con hachas. La operación era tremendamente laboriosa y extenuante porque había que ir sacando todas las raíces de la tierra y sobre todo el hijato central y después tener suerte. Lo normal era sacar entre una o dos arrobas por tocona (15-25 Kilos).

Lo normal era que para una hornada de mil kilos se precisasen extraer entre cincuenta a cien toconas.

Incendio en los Hornos de Pez de Covaleda junto al Puente de Soria ocurrido en Julio de 1960

Incendio en los Hornos de Pez de Covaleda junto al Puente de Soria ocurrido en Julio de 1960

Hornos de pez o brea. Los pegueros

Un antiguo oficio era el de peguero, quien en un horno o peguera sacaba la pez o brea, producto negro y viscoso cociendo los sarros y tocones de pino. Apreciado para impermeabilizar las botas de vino, con éste producto además se calafateaban los barcos y se marcaba a las ovejas, además de servir para curar las enfermedades de la piel del ganado. La pez se podía destilar después con el fin de obtener esencia de trementina, colofonia o aguarrás.

La época para transformar en pez los restos de resina era el invierno, una vez terminada la temporada de la resinación. La materia prima para obtener la pez eran los sarros y los tocones junto a otras partes del pino, que se llevaban hasta la peguera u horno, pequeña construcción de adobe reforzada con piedras, aprovechando desniveles, al lado de tierras arcillosas y arroyos, debido a que se necesitaba mucha agua para embarrarlos.

El horno constaba de tres pozos, aunque también los había de dos, hechos de piedra rejuntada. Estaban en pequeños o “testeros”, aprovechando desniveles, al lado de tierras arcillosas y arroyos, porque se necesitaba mucha agua para embarrarlos.

Al hacer el primer recalentón del horno, el barro se cuece y se queda firmemente pegado a las paredes, como un termo. En el horno propiamente dicho (que era el más grande y más alto porque tenía que entrar un hombre dentro), se ponían las teas cortadas en astillas de unos 15 cm por 5, y apiladas derechas para que escurriera la pez.

Abajo las aguantaba una solera formada por tres tablas, justo encima del encañe de losas por donde discurría el líquido. Arriba se completaba con el “tasco”, que era una tea menuda del desperdicio. Se tapaba la boca del horno con unas losas pasaderas, algunas hojalatas para hacer la chimenea y se prendía. Jugando con el tiro de la chimenea se aumentaba o disminuía la temperatura de destilación. La tea iba esponjándose y “llorando”, vertiendo el alquitrán que caía a la “triyuela” alquitranera. Esta triyuela estaba completamente tapada con un vallerte de barro y encima céspedes para evitar la entrada del aire y sobre todo del agua, que hacía el mismo efecto que en el aceite hirviendo.

Al tercer día se metía un palo para calibrar la pez obtenida y según la muesca que lo manchaba se sabía la suerte que había habido y se deducía el tamaño de “la artesa” o molde para hacer “los tercios” con el producto solidificado.

Pero antes había que pasar el alquitrán con un cazo largo a otro pozo llamado “triyuela cocedera”, donde se prendía y se daba vueltas con un palo largo llamado “horguinero” y se removía para que no hiciese bombas.

Esta operación era muy dura y peligrosa. Llegaba a coger tal fomento que, a veces, la boca cocedera vomitaba el líquido negruzco y profusión de pavesas al aire, de colores tenebrosos.

Posteriormente, con otro palo provisto como de una candileja, se cogía un poco de muestra y se arrojaba al agua formando una especie de “hostia”. Se comprobaba el destello que hacía en el agua y se masticaba. Si se pegaba en los dientes, se volvía a remover y cocer hasta que quedaba como un chicle, que los niños solíamos masticar.

Se pinchaba esta triyuela por el caño del fondo y la pez líquida caía a la artesa, donde previamente se había formado un lecho de “sarro” o cinarro sobre la que deslizaba y solidificaba. Este lugar del horno estaba situado en la parte más baja y tenía un techado, para que no cayese agua.

Una vez sólido, se formaban “los tercios” que solían ser de unos sesenta-ochenta kilos. Para ello se colocaba un “palanco” que levantaba un poco la pez de una punta y luego con el hacho se daban unos cortes en los laterales y el centro hasta que arpaba y caía el tercio. Lo normal era poner un tercio a cada costado del burro atados con sogas, pero también tenemos noticias de ser transportados a espaldas de los hombres.

El transporte de la tea también se hacía con burros, pero esto no estaba al alcance de todas las economías por lo que también era habitual con un “costal o talega” a la espalda, agarrado con un “brazil” de tela fuerte, a la cabeza.

Lo normal era además que cada pezguero tuviera un chozito donde iba almacenando su tea y un picadero hasta que le tocaba el turno que se renovaba cada tres días. Para entonces tenía que tener preparada lo menos cien arrobas de tea, unos mil kilos, por lo menos un mes de trabajo. Sin perder tiempo, limpiaba las últimas ascuas de la hornada anterior y con un calor superior a los setenta grados, iniciaba un agotador apilado de teas que duraba medio día.

No sólo no se podía perder tiempo porque los turnos eran ajustados; sobre todo, había que evitar que se enfriase el horno. Si la tea era de buena calidad, podía obtener hasta una cuarta parte de pez y si andaba bien de precio, podía ganar hasta el doble que un obrero en una fábrica. Pero lo normal es que para librarse de la especulación, aguantase los tercios en casa hasta que “la libreta” de los comercios o “la regla de muescas” con que el panadero controlaba el pan tenía demasiados apuntes. A veces, cuando vendían la pez, ya la tenían comida.

La pez se usaba para botas y pellejos de vino pero, según cuentan los boteros, luego había que cocerla con cebollas y limones durante casi un día y guardarla en barriles con aceite de oliva para quitarle un sabor ácido, pero los productos sintéticos derivados del petróleo la han sustituido por su comodidad.

Incendio en los Hornos de Pez de Covaleda junto al Puente de Soria ocurrido en Julio de 1960

Incendio en los Hornos de Pez de Covaleda junto al Puente de Soria ocurrido en Julio de 1960

 

CLASIFICACIÓN DE LAS TEAS POR SU CALIDAD

1.- La Casillosa. Proviene de pinos huecos. Entre veta y veta tiene bastante resina enteada. Abundante en Mataca y en El Parador.

2.- La Betiminuda o Beta Fina. Es amarillenta, sobre todo la del Pinarcito de Neila.

3.- La Jarriosa. Es propia no sólo de la tocona sino también del tronco y la copa del pino.

4.- La Pedorreña. Saltadiza al cortarla y de menor calidad que las anteriores.

5.- La Almodragueña. Se desarrolla en las copas de los pinos junto con el Almuédrago.

6.- La de Catas. Es sorprendente porque la tocona se mantiene siempre verde y había que catarla para llegar a la tea.

7.- La Costruda. En general en ramas y copas de pinos viejos. Se localiza porque al exterior brotan gotas de resina que se llamaban moscas.

8.- La Raya. Proviniente de las deformaciones de la madera, no era muy apreciada.

9.- La Betagorda. Se diferencia de la bitiminuda porque entre vetas tenía madera que no era buena para el alquitrán.

10.- La de Pino Negral. En la tocona es de clase muy fina parecida a la casillosa, pero el alquitrán es de peor calidad.

 

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