LA COMARCA PINARIEGA SORIA-BURGOS – III

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El carácter forestal de la economía.

Desde principios de este siglo, el pinar se convirtió en columna vertebral de la economía de los pueblos pinariegos. La subida de los precios de la madera, impulsada por situaciones coyunturales nacionales e internacionales, hizo de la explotación forestal una fuente substanciosa de ingresos hasta la década de los setenta. La construcción del ferrocarril Santander-Mediterráneo en 1929 contribuyó a unas mayores posibilidades de comercialización. El descenso relativo experimentado en su valor en fechas recientes no se ha traducido en una paralela pérdida de interés por el monte, pues también proporciona otras ganancias en forma de salarios por trabajos de silvicultura, aportando pastos para la ganadería, siendo soporte para la apicultura, y, últimamente, con la superposición a los aprovechamientos tradicionales de otros nuevos, como la recolección de setas y el inicio, en algunos encinares, de la producción de trufas. Constituye, además, la base para un conjunto de pequeñas industrias cuya materia prima es la madera, al tiempo que se ha comenzado a dirigir la atención a la remuneración económica de que se puede hacer acreedor, tras una adecuada promoción, el rico patrimonio natural y paisajístico.

La abundante producción de hongos y setas de estos montes ha pasado a ser desde los años ochenta fuente no desdeñable de ingresos económicos. Desde los centros de recogida, en Navaleno y Abejar, “hongos” (Boletus edulis) y níscalos (Lactarius deliciosus) y, en menor medida, otra docena de especies se dirigen hacia diferentes lugares de España, a varios países europeos y a Estados Unidos. A los recolectores autóctonos se han incorporado últimamente numerosos buscadores foráneos. Preocupa su afluencia excesiva no sólo por la merma que les origina en las ganancias obtenidas por la venta y transformación de estos frutos silvestres, lo que para bastantes familias constituye la base fundamental de sus rentas anuales, sino sobre todo por el temor al deterioro que tan masiva presencia de personas ajenas puede causar en el monte y en la preservación de la riqueza micológica.

El pinar interviene también en la vida económica como origen de beneficios a través de los puestos de trabajo que posibilita en las serrerías y por los salarios percibidos por tareas de silvicultura. El 15 por 100 del valor que alcanzan los productos de la madera y de la leña en las subastas se ha venido reservando para incrementar el fondo destinado al pago de labores de conservación de las masas arbóreas. Dados los cambios experimentados en el tipo de contratación, antes directamente efectuada por ICONA, hoy realizada a través de empresas privadas, que se sirven de trabajadores forasteros, se deberá potenciar desde los municipios la constitución de sociedades de origen local orientadas a la prestación de este tipo de servicios.

También en el pasado los bosques eran fuente de rentas a través de las diversas utilidades que proporcionaban. Aportaban artículos para su venta directa, madera y vigas, productos elaborados, que comprendían menaje doméstico y aperos agrícolas, así como teas y pez para calafatear los barcos que se armaban en los astilleros del Cantábrico. Ofrecían, además, la materia prima necesaria para la construcción de carretas, tarea en las que estaban especializados algunos lugares -Rabanera del Pinar, Palacios de la Sierra, Pinilla de los Barruecos, La Gallega-, con lo que se hacía posible la que durante siglos fue la actividad principal de varias de estas poblaciones, el transporte a larga distancia de productos voluminosos y pesados. Se basaba en una poderosa organización profesional, la Real Cabaña de Carreteros, integrada por los transportistas de Canicosa de la Sierra, Casarejos, Covaleda, Duruelo, Hontoria del Pinar y sus aldeas de Navas del Pinar y La Aldea del Pinar, Molinos de Duero, Navaleno, Palacios de la Sierra, Quintanar de la Sierra, Regumiel de la Sierra, San Leonardo, Vadillo y Vilviestre del Pinar, que llegaron a reunir cerca de 6.500 carretas y más de 17.000 bueyes a su servicio. Favorecida por los monarcas en atención a la consideración de su carácter estratégico y por su gran valor como soporte para la economía, la carretería recibió el estímulo de numerosas exenciones y privilegios. La abolición de sus prerrogativas, en 1834, juntamente con la sucesiva implantación y expansión de otros sistemas de transporte, marcó el comienzo de una etapa de paulatino deterioro de la actividad carreteril y, con ello, de pérdida de vitalidad económica y demográfica en la comarca.

Aunque algunas de las ocupaciones y producciones enumeradas han desaparecido por completo, la explotación del pinar mantiene un valor fundamental y contribuye de manera significativa a las rentas de sus habitantes, hoy no tanto a través de la venta de los pinos como por los citados trabajos de silvicultura y de una primera transformación en las numerosas serrerías. Por ello la comarca se sigue definiendo principalmente por su carácter forestal, que implica, además, unas formas peculiares de reparto de los beneficios del monte entre los miembros de las comunidades rurales.

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La propiedad comunal y los “pinos de privilegio” como base del aprovechamiento forestal.

En la base de la organización de la producción forestal de la Tierra Pinariega aparece un esquema de la propiedad territorial dominado por el neto predominio de las tierras de titularidad concejil, sobre todo de carácter comunal. Los predios pertenecientes a los ayuntamientos ocupan el 80 por 100 de la superficie total. En algunos municipios los porcentajes son muy superiores. Una parte significativa de esas propiedades corresponde a sociedades integradas por varios pueblos. Algunas tienen carácter interprovincial. También se enclava en la comarca el Pinar Grande -12.010 has.-, poseído en comunidad por la ciudad de Soria y los pueblos de su tierra, lo mismo que los montes El Verdugal y Santa Inés-8.177 has-, situados en el confín oriental.

Una parte considerable de las propiedades municipales se encuentra cubierta de robustas masas arboladas. El 73 por 100 de la superficie corresponde a espacio forestal, y el 61 por 100 es monte maderable. Predomina el pino silvestre (P. sylvestris) -en fase de expansión natural a costa de antiguos sembradíos, eriales y pastizales-, al que se suma en la parte meridional el pino negral (P. pinaster), y hay asimismo una pequeña participación de pino pudio (P. laricio), adaptado a los suelos calizos. A su lado, el enebro traslada a expresión visual, con su cromatismo de oscuro plomo verdoso y sus formas desgarradas en el aire impregnado con sus aromas fuertes, las variedades del roquedo. De madera antaño muy apreciada para la construcción, por su consistencia y resistencia y por su larga duración derivada de su cualidad de ser difícilmente atacable por los xilófagos, y utilizada también para mobiliario y para la marina, se encuentra ahora, tras cientos de años de fuerte castigo, en etapa de tan esplendorosa progresión que constituye un hermoso y lujurioso canto de la fuerza de la naturaleza, que, libre de perezas, se apresta con diligencia a rebrotar ante la más pequeña señal de tregua percibida en la presión humana. Lo más característico es, no obstante, tanto por la amplitud de su cobertera, dominadora del espacio y definidora del paisaje, como por su interés económico, la gran masa de coníferas, que desde antiguo se tradujo fielmente por la percepción popular a representación verbal con el nombre de Tierra Pinariega.

Todos los años se acuerda la corta de un determinado número de árboles, que se agrupan en tantos lotes como vecinos con derecho a disfrute hay en cada pueblo. La costumbre de hacer repartos vecinales, gozne en torno al que se organiza el aprovechamiento forestal, se remonta a tiempos inmemoriales. Un serio contratiempo se produjo a partir de la promulgación por Fernando VI, en 1748, de la Ordenanza Real para la conservación de montes y nuevos plantíos. Concebida para fomento de los bosques de España, suscitó reacciones de protesta entre los vecindarios de los municipios pinariegos, que se veían privados de sus formas tradicionales de vida.

De las dificultades iniciales derivaron, no obstante, consecuencias duraderamente favorables, pues los reyes concedieron exenciones y privilegios para que los pueblos carreteros burgaleses y sorianos pudieran seguir con los disfrutes tradicionales de sus bosques. Carlos IV concedió en 1792 a Canicosa de la Sierra, Palacios de la Sierra, Quintanar de la Sierra, Regumiel de la Sierra y Vilviestre del Pinar el Real Privilegio de que en cada uno de ellos se pudieran cortar anualmente 2.500 pinos -los “pinos de privilegio”- para reparto vecinal. Otros pueblos sorianos-San Leonardo, Arganza, Casarejos, Navaleno y Vadillo- habían obtenido autorizaciones similares algunos años antes, en 1760.

El reconocimiento de lo que hasta entonces habían sido aprovechamientos habituales, mantenido hasta nuestros días, afianzó la relación con el monte, el amor alárbol, el celo por salvaguardar en toda su integridad el patrimonio forestal recibido de sus mayores. Este sentimiento generalizado de identificación con el bosque, que es coherente con los beneficios que desde hace varias generaciones les ha proporcionado a través de los repartos comunales, constituye la nota más destacada de las señas de identidad de las poblaciones de la Tierra Pinariega, que se han dirigido nuevamente a la Corona, en 1992, con ocasión de la celebración del 2o centenario de la concesión carolina, solicitando del Rey de España su apoyo para la adopción de nuevas disposiciones, adaptadas a las circunstancias presentes, en pro de la potenciación del monte como soporte para el desarrollo de la vida de las comunidades rurales con orientación forestal. También demandan de la Unión Europea la concesión de incentivos para el medro de esta actividad y la promulgación de un cuerpo legislativo tendente a la definición de una política forestal comunitaria.

Junto a algunas cortas, excepcionales, de robles y hayas, y de algunos pies de J. thurifera -muy escasos, pues es especie protegida-, la explotación forestal se centra de manera primordial en los pinares. Los aprovechamientos son de dos tipos, ordinarios y extraordinarios.

A los ordinarios, constituidos por pinos verdes, corresponden los antiguos “pinos de privilegio”, en aquellos pueblos que tienen este derecho, así como otros que se pueden asignar a los municipios tanto por adjudicación directa como por subasta. El proceso de reparto se inicia con la identificación por los agentes forestales de los árboles que van a ser cortados mediante una marca y por la asignación de un número, operaciones que se completan con la realización de los cálculos precisos para determinar su cubicación. Seguidamente una comisión municipal procederá a agruparlos en tantos lotes como vecinos hay con derecho a reparto, procurando la mayor homogeneidad posible en relación con su volumen de madera. Por último, se adjudican mediante sorteo-de ahí que se les dé el nombre de “suerte”- a los beneficiarios, cada uno de los cuales dispone plenamente de la parte que le ha correspondido para su utilización y venta, que se hace bien de forma particular o bien asociándose con otros. En los municipios con orientación forestal iniciada más tardíamente se venden en bloque por las comisiones municipales encargadas de su administración, procediéndose después al reparto de su importe entre los vecinos.

Destaca el afán conservacionista de que hacen gala los vecindarios de la Tierra Pinariega. Fieles a la tradición de sus antepasados, siguen concibiendo sus extensas y bien pobladas forestas no sólo como una fuente directa de rentas inmediatas, sino también, con mentalidad de ahorro y de manera muy especial, como precioso legado que hay que conservar para que sus hijos lo reciban sin detrimentos. La preservación hasta hoy de su denso patrimonio natural y paisajístico se vislumbra ahora como posible fuente de recursos turísticos y de beneficios ligados al ocio de las poblaciones urbanas si se llega a diseñar un sistema de gestión adecuada, que mantenga la compatibilidad tanto con los tradicionales aprovechamientos madereros como con los usos ganaderos.

El volumen de extracciones ascendió en la campaña del año 1994 a 207.638 m3 de madera y 41.060 estéreos de leña. De ellos corresponden 146.062 m3 a los pinares sorianos y 61.576 m3 a los burgaleses. Aunque se producen las lógicas variaciones de un año a otro, no son muy significativas, pues los aprovechamientos están previamente determinados de acuerdo con una serie de planes establecidos a largo plazo, con turnos superiores a cien años, desglosables en otros decenales, y éstos, a su vez, divisibles en anuales.

La cantidad de madera obtenida ha aumentado en fechas recientes en relación con lo que suponían las cortas tradicionales. Ha sido posible por un cambio en el modo de gestión y en el sistema de explotación, sin que ello suponga deterioro para los bosques, que, más robustos y organizados en función de sus períodos de máximo crecimiento, han mejorado su capacidad de producción. Nos encontramos ante un sistema de aprovechamiento de la naturaleza bien fundamentado, que, tras la aportación continuada durante siglos de un gran volumen de recursos renovables, se afirman como plasmación de la meta de una forma bien lograda de desarrollo sostenible.

Los aprovechamientos ordinarios se complementan con los extraordinarios, formados por pinos que han de ser talados o arrancados por razones circunstanciales y por consiguiente no previstas en los planes generales. Frente a la regularidad de los primeros, cuyo volumen aproximado de extracciones se puede prever con antelación de años, las cortas de carácter extraordinario presentan una gran variedad interanual, al venir determinadas, en parte, por causas inesperadas, con una especial incidencia de las climáticas. Comprenden pinos secos, desarraigados, tronzados por el viento o por la nieve, atacados por parásitos, aunque también hay pinos verdes, como los procedentes de cortas por apertura de caminos, tendidos eléctricos o por otro tipo de acondicionamientos que se hacen en el monte, así como los eliminados por clareos. Sucede esto especialmente en aquellos lugares en los que tras la corta a matarrasa, dejandoárboles-padres, se prepara el suelo para una repoblación en tiempo breve mediante un laboreo superficial de la tierra. El nacimiento y crecimiento, que se realiza con gran rapidez de forma natural, produce una red muy tupida de pinochos, llegándose a densidades de 30.000 pies por hectárea. El elevado coste de los trabajos de entresaca y el mínimo valor del producto suscitan dudas acerca de la viabilidad futura de esta práctica silvícola. Tanto los árboles verdes como los pinos secos o desarraigados se enajenan mediante subasta.

Hasta mediados de los años ochenta hubo otras utilidades, como la resinación de las masas de pino negral y pudio que se extienden sobre todo por la parte meridional de la comarca, aprovechando, el primero, las aptitudes de ciertos suelos calizos, y ocupando, ambos, sectores situados a menor altitud o en los que el pino silvestre no cuenta con las condiciones más idóneas para su desarrollo.

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