Recordando las Fiestas de San Lorenzo: La Jota y el Traje Regional

Uno de los momentos de mayor concentración de personas en la Plaza Mayor, sin duda, es el baile de la Jota y la Rueda de Covaleda, tradición que se perdió y que hace unos años fue recuperada por Nieves Jimeno, Cristina Mediavilla y Maribel Rioja con gran acierto.


Las nuevas generaciones año tras año se suman a este baile por lo que creemos está asegurada su continuidad.


También aprovecho para mostrar una buena colección de fotografías, alguna de ellas muy antigua, para saber como vestían nuestros antepasados en estos días festivos.

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Recordando las Fiestas de San Lorenzo: Los actos religiosos

Los actos religiosos, aunque han perdido fuerza, siguen siendo seguidos por muchas personas y nos han dejado bonitas estampas de las Fiestas de San Lorenzo, sobre todo con la procesión que se celebra el día 10 a la que asisten todas las autoridades locales y provinciales.

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Recordando las Fiestas de San Lorenzo: Las Peñas

No se entenderían unas Fiestas de San Lorenzo sin el colorido y animación de las Peñas, muchas son las agrupaciones de jóvenes y no tan jóvenes que se han creado a lo largo de la historia de San Lorenzo y son el símbolo de la unión y el trabajo por sacar adelante unas celebraciones en las que la alegría y el buen humor no faltan.


Se podría decir que son las auténticas protagonistas de las Fiestas de San Lorenzo.

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Recordando las Fiestas de San Lorenzo: Los programas de fiestas

Los programas de fiestas son esa publicación que ansiosos esperábamos las vísperas de las fiestas de San Lorenzo y que con cierto nerviosismo ojeábamos para informarnos de los actos que se iban a celebrar a lo largo de los distintos días de las Fiestas.


El más antiguo de los que disponemos data de 1944 y estamos orgullosos de tener casi todos, esperemos que algún día podamos completar la colección.

Aquí os dejo las portadas.

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Recordando las Fiestas de San Lorenzo: La Plaza

En este primer vídeo de la serie, quiero rendir homenaje a La Plaza Mayor, ya que es donde sucede la mayoría de las cosas que ocurren durante la celebración de las Fiestas de San Lorenzo, en ella tienen su origen con el pregón y su final con el último baile de San Lorenzo a la vuelta de la caldereta con las antorchas.

Es el punto de encuentro y de celebración donde se aglutinan más sentimientos, se celebran bailes, se colocan atracciones, ferias y tenderetes, donde discurre la vida festiva de San Lorenzo.

Muchas cosas se ve que han cambiado en la plaza desde las primeras fotografías que conservamos: El templete, el balcón que había entre lo que hoy es El Vicma y El Tropical, el edifico del Ayuntamiento, el resto de edificios (salvo el Vicma), los adornos de la plaza, etc… pero el espíritu de alegría y celebración es siempre el mismo.

La banda sonora corresponde al concierto de “San Lorenzadas” perfectamente ejecutado por nuestra querida Banda de Música de Covaleda.

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LA GRAN CONQUISTA – Corto épico

LA GRAN CONQUISTA – Corto épico

Dirección Iván Hermes.
España 2011
Cortometraje épico.
Encuentro de Alejandro Magno, cerca de Tapsaco, el año 331 A.C con el filósofo Diógenes que ha renunciado a todo lo material.

Parte de este corto fue grabado en Covaleda, a ver si reconocéis el paraje.

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PINOS DE COVALEDA NAVEGANDO POR EL MUNDO.- EL BARCO ATYLA

Marea Errota, el barco que nació en un puerto de montaña

Por Lola Gómez Redondo y Rodrigo de la Serna

En 1980 Esteban Vicente Jiménez, junto a un grupo de jóvenes en su mayoría sorianos, gestionaban el antiguo refugio del Puerto de Piqueras con el fin de recaudar fondos para construir una goleta, con ese barco soñaban después dar la vuelta al mundo haciendo la ruta de Juan Sebastián Elcano. Fue allí, en el Puerto de Piqueras, donde se fabricó de forma simbólica un ‘motón’, una especie de polea que sirve para cambiar la dirección de un cabo en los barcos.

Ese fue el comienzo de la construcción del Marea Errota, una goleta clásica que se encuentra actualmente en el Puerto de Laredo.

Esteban Vicente vivía prácticamente encerrado en su habitación trabajando en el diseño del proyecto al que llamó ‘Taurus’, un diseño basado en la goleta francesa de nombre L’Etoile. Él, además, se encargó de dirigir la construcción, trabajo llevado a cabo por numerosos voluntarios siguiendo las clásicas y artesanales técnicas de los carpinteros de ribera de Lekeitio (Bizkaia). Allí se terminó de construir la embarcación tres años después.

La botadura del Marea Errota (Molino de mareas) fue el 15 de mayo de 1984 y fue toda una fiesta en un pueblo cuyo astillero no echaba a la mar un barco hacía años.

He aquí el trabajo de construcción de la Goleta Cantabria Infinita (antigua Marea Errota). El trabajo del soriano Esteban Vicente, (en la foto) queda patente, al ver la embarcación navegando los mares del Cantábrico (donde se encuentra actualmente). Pero para que el navío llegase a este punto, hubo un proceso de diseño, fabricación y construcción. Este proceso se llevó a cabo en Soria, con árboles de la provincia. Es en Soria, donde se fabricaron todas las piezas, para luego ser ensambladas en los astilleros de Lekeito (País Vasco). Muchos años de trabajo, esfuerzo y penurias hicieron falta para que, a día de hoy, podamos disfrutar de su belleza. Toda la documentación gráfica del proceso de construcción, queda recogida en esta renovada edición del antiguo manuscrito, ahora accesible a todos los públicos.

Rodrigo de la Serna

Artículo aparecido en Desde Soria el día 28 de Mayo de 2016

En la ría de Nervión, en el Museo Marítimo de Bilbao, descansa una historia que merece un libro y una película, pero a la que de momento le voy a dedicar solo esta entrada, un poco más larga de lo habitual.

En algún momento de los años 70, el soriano Esteban Vicente Jiménez decidió que necesitaba un barco para conjugar varias de sus aficiones como eran viajar, la escalada, el piragüismo… y el acarreo de todos los materiales que ello conlleva.

Primero pensó comprarlo y después decidió construirlo. Eso es fácil. Lo difícil es que, al final, lo consiguió. Cortó grandes cantidades de madera de pino de los montes de Soria y las fue trasladando a Lekeitio (Vizcaya). Allí, con otras maderas y con otras manos, terminó de construirse el barco, que fue botado en 1984. Su peso es de 130 toneladas por el exceso de madera, intencionado, que utilizó el constructor para un barco que podría no haber pasado de 100.

Por votación entre los vecinos del pueblo, fue bautizado como Marea Errota, en honor de un molino situado junto a los astilleros donde se realizaron los trabajos.

En el tramo final de las obras, se firmó un contrato con Petronor para dar la vuelta al mundo en este barco de vela de 24 metros de eslora (31 contando el bauprés) y que había nacido en las montañas sorianas.

Poco antes del comienzo del viaje, falleció el dueño de Petronor y se canceló la aventura con todos los contratos de los tripulantes firmados. Como una solución rápida, el Marea Errota se trasladó un verano a Baleares para dar viajes turísticos.

Terminada la época estival, Esteban Vicente decidió viajar hasta el Caribe, donde siempre hay buena temperatura. Compraron otras mercancías para hacer también algo de negocio allá. En una parada en Tánger, el barco fue víctima de un saqueo que lo dejó totalmente vacío, incluso de víveres y agua.

El Marea Errota reemprendió el camino pasando por Canarias, para intentar conseguir desde allí algo de dinero de las familias y seguir hacia América. En Lanzarote, donde fondearon, empezaron a trabajar bien y cancelaron la experiencia americana.

El barco estuvo en la volcánica isla afortunada casi 20 años, la gran mayoría de ellos muy buenos. Al final, sin embargo, el aumento de la competencia leal y desleal y el descenso del turismo derivaron en que el Marea Errota empezara a ser menos rentable.

Esteban Vicente movió relaciones y consiguió firmar un contrato con el Gobierno de Cantabria, que utilizó el barco para promocionar la Comunidad Autónoma, aportando dinero, pero sin intentar rentabilizarlo. Al cabo de casi ocho años, tras dos legislaturas, terminó el contrato que obligaba, entre otras cosas, a llamar al velero Cantabria Infinita.

Cambio de capitán

Desde que nació en 1989, Rodrigo de la Serna ha pasado los veranos junto a su tío Esteban y junto al Marea Errota. Hoy, 28 de mayo de 2016, he viajado hasta Bilbao para conocer al mismo tiempo al barco y a su actual capitán. Madrileño de raíces sorianas (de hecho, estudió parte de la Educación Secundaria en Soria capital, donde conoció a Alfonso Garzón, director de operaciones del barco), Rodrigo es un hombre de mar.

Ello le empujó a enfocar su carrera académica hacia ese título que posee actualmente de capitán de barco, limitado todavía a barcos de hasta 24 metros de eslora y que naveguen a menos de 150 millas de la costa. Por amistades, cursó estos estudios en la República Checa. Aunque la empresa sigue siendo propiedad de su tío Esteban, el encargado de manejarla es ahora mismo él.

Terminada la aventura con el Gobierno de Cantabria, surgió la oportunidad de hacer una serie de trabajos con la marca de whisky Cutty Sark, unas fiestas que llevaron al barco de nuevo a tierras baleares. Esteban todavía dio la vuelta a la península junto a su sobrino, aunque luego regresó a Potes sin participar de este nuevo contrato.

Rodrigo asumió el mando de la empresa hace cuatro años, cuando tenía 23. Había que rebautizar el barco. Decidieron no recuperar el nombre de Marea Errota, en busca de una denominación más sencilla y global. Después de dar muchas vueltas, encontraron la respuesta en casa: Atila era el nombre de varios perros de Esteban, así que decidieron que el barco se llamara así en homenaje a su promotor. Desafortunadamente, ya había un barco con ese nombre, así que decidieron ponerle una ‘y griega’ y así nació el Atyla y, con él, el Atyla Training Ship.

Rodrigo ha heredado la intención primigenia de su tío de convertir el Atyla en un barco escuela. Según el programa de actividades de este verano, la intención es partir la semana que viene en una primera etapa que terminará cerca de Burdeos, después de tres jornadas de navegación.

Si bien para actividades turísticas en cubierta la capacidad del barco es de aproximadamente un centenar de personas, para estas experiencias de varios días en el mar el límite plazas es de 25. Los participantes, con el inglés como idioma común, aprenden el sistema de funcionamiento de un barco de vela mientras interiorizan otros valores como el trabajo en equipo, la capacidad de liderazgo o la jerarquía.

En su página web es posible consultar estas rutas que hace el Atyla, de momento sin abandonar el continente europeo. El año pasado, por ejemplo, navegaron durante más de cuatro meses por el Viejo Continente. Después de todo ese tiempo, el motor apenas sumaba dos semanas de uso, ya que la inmensa mayoría de las horas de navegación se consiguen gracias a las velas.

El plan previsto es empezar esta vuelta por Europa la semana que viene. Sin embargo, la legislación española, que apenas contempla la realidad de barcos de vela que se utilizan como una escuela, no ha dejado de colocarles trabas. Tanto es así que en breve el Atyla cambiará su bandera española por una mucho más exótica, la de Vanuatu, aconsejado por otros barcos de similares características que ya han seguido ese camino y que ahora se dedican, por ejemplo, a traer ron de América a Europa, el Tres Hombres.

Unos meses en Alemania

En 2015, después de 30 años de uso, dejó de funcionar el motor original. Sucedió en Alemania, cerca de Hamburgo, y allí se quedó Rodrigo, cuyo domicilio es el Atyla. Por esa razón, el barco no llegó a Bilbao hasta el marzo, varios meses después de lo previsto.

Es el segundo invierno que pasa en la ría, aunque este haya sido muy corto. El Atyla tiene un acuerdo con el Museo Marítimo de Bilbao. La entrada a este último da derecho a visitar el barco, que también puede conocerse de manera independiente por apenas dos euros. Allí, el visitante podrá tocar con sus manos palabras que probablemente haya leído en los viejos libros de aventuras marinas: foques, petifoques, cabrestante, botavaras, obenques, escandalosa, bauprés, trinquete, jarcias, cabos, babor, estribor…

Estos días, además, comprobarán los últimos e intensivos trabajos previos a zarpar, que no parecen muy diferentes a los que pudieran hacerse en los siglos anteriores, aquellos que inspiraron la construcción del Marea Errota a un joven soriano nacido en 1953.

Web del barco Atyla

Facebook del barco Atyla

Atyla es una goleta de dos palos construida en madera en 1984. Desde 2014 navega por todo el mundo visitando concentraciones y regatas de barcos clásicos. En 2016 se inició el registro de la Fundación Atyla, una organización sin ánimo de lucro que actualmente opera el barco o organiza viajes de aventura y coaching para gente de diferentes países, edades y clases sociales.

Construcción

La goleta fue diseñada en 1980 por Esteban Vicente Jiménez2​ siguiendo el estilo de las goletas que se construían a principios del siglo XIX2​ y bajo la aprobación el doctor ingeniero naval donostiarra Francisco Lasa Etxarri. Esteban también se encargó de dirigir la construcción del barco, que fue llevada a cabo con la ayuda de un numeroso grupo de amigos y voluntarios. Su intención era circunnavegar la tierra siguiendo la ruta de Magallanes-Elcano y que luego la goleta sirviese de barco escuela.3​

La primera parte de la construcción se llevó a cabo en Vinuesa, donde se tallaron la mayoría de piezas de la embarcación -Baos, cubiertas, mobiliario, tambuchos, casetas, balaustres, aparejos, etc-. Se realizaron en madera de fresno, elondo, roble, y sobre todo de pino albar, muy abundante en la zona. También los mástiles se realizaron con madera de Vinuesa: el pueblo donó dos enormes pinos de 175 años de edad para mostrar su apoyo a semejante proyecto de uno sus vecinos.4​

El resto de piezas del exterior, así como el casco, se realizaron en Iroko. Años más tarde, en 1986, también se remplazarían los mástiles originales por unos de esta madera, cuya durabilidad en exteriores es mucho mayor.5​

Se necesitaron 6 enormes camiones para transportar todas las piezas de madera hasta el municipio vizcaíno de Lequeitio en 1982, en cuyo astillero a orillas del Lea se realizaría el ensamblaje final. Algunas piezas eran tan grandes y pesadas que no podían ser transportadas por tierra y tuvieron que ser llevadas en barco remontando la desembocadura de la ría hasta el astillero de ribera de Eguiguren y Atxurra, construido en 1917 y en ese momento ya casi sin actividad, pero todavía hoy en pie.6​

El proyecto comenzó a tener más y más eco en prensa. La idea de construir a mano un velero de 30 metros de largo para navegar alrededor del mundo era tan impresionante que Esteban recibió la Mención Honorífica de los Premios Rolex a la Iniciativa7​ en 1984.8​

Botadura de la goleta Atyla en 1984 (Entonces con el nombre Itxaso-Petronor)

La botadura de la goleta tuvo lugar el 15 de mayo de 1984 con el nombre de Itsaso-Petronor contaba entonces con el patrocinio de la empresa petrolera homónima. La maquinaria y electrónica del barco fueron instaladas durante las siguientes semanas en la ría de Bilbao en los desaparecidos Astilleros Celaya de Erandio, junto al puente de Rontegi, que fueron famosos por los enormes buques escuela que se allí se construían hasta su cierre a finales de los años 80.

Origen del nombre Marea Errota y otros nombres

La construcción del Atyla en el astillero de Lequeitio empezó en 1982, sólo 2 años después de que fuera derruido justo en la orilla opuesta un antiguo molino de marea que databa de 1555. Los molinos de marea, o de mareas, se usaban desde la edad media en toda la costa atlántica de Europa, utilizando la energía mareomotriz para moler trigo. En euskera, el término ‘molino de marea’ se traduce como ‘marea errotak’. De ahí proviene del nombre original de la goleta Atyla: Marea Errota. El barco se llamó así desde 1984 hasta 2005. Todavía hoy la empresa que Esteban creó para gestionar el barco conserva este mismo nombre.

En otros momentos de su historia el barco portó los nombres Taurus (Durante la construcción), Itsaso-Petronor (mientras duró el acuerdo de patrocinio con la empresa con este nombre) y Cantabria Infinita (Entre 2005 y 2012).

Historia y viajes

Su destino inicial era llevar a cabo la vuelta al mundo siguiendo la ruta de Juan Sebastián Elcano, contando, para ello, con el apoyo de Petronor que, sin embargo, abandonó el proyecto a los pocos meses de la botadura y antes de que se iniciara el viaje.

Pasados dos años, y con el nombre de Marea Errota, el plan era realizar una larga ruta hasta el Caribe, donde la goleta se utilizaría para navegaciones a vela con fines turísticos. Sin embargo, los planes se truncarían de nuevo al principio del viaje, de camino a las Islas Canarias para cruzar el Atlántico, cuando una gran tormenta obligó a la tripulación a refugiarse en la ciudad marroquí de Tánger. Durante la imprevista parada el barco fue saqueado y espoliado ante la impotencia de la tripulación.

Sin provisiones ni equipamiento, la goleta se dirigió a la isla de Lanzarote. Amarrados allí durante varios meses mientras se recuperaban del robo y buscaban un plan que por fin saliera bien, la tripulación empezó a darse cuenta de la cantidad de gente que se interesaba por el barco, y del potencial que tenía el creciente turismo de la zona y decidieron quedarse en el puerto de Playa Blanca, donde estuvieron 19 años realizando pequeñas excursiones de navegación a vela para turistas. El barco llegó a ser uno de los referentes del turismo de la isla.

En 2005 el gobierno de Cantabria contrató la goleta para convertirla en el velero imagen de la región. Fue trasladada a Santander, donde por 6 años, con el nombre Cantabria Infinita, fue utilizada para todo tipo de actividades: Desde la formación de navegantes hasta excursiones turísticas, e incluso para salidas organizadas por la consejería de medioambiente en las que se llevaba a grupos de escolares a conocer la fauna del mar cantábrico.

Una vez terminado el contrato con el gobierno de Cantabria, Rodrigo de la Serna decidió hacerse cargo del barco para mantenerlo navegando. Tras cambiar el bauprés, y el pico y la botavara de la vela trinquete, en junio de 2013 Rodrigo y Esteban trasladan la goleta hasta el Mediterráneo.

La goleta se trasladó al Puerto de Badalona, para realizar labores de mantenimiento de cara a su participación en las regatas de clásicos, organizadas por la STI, para el 2014. Con sede en Ibiza, Atyla sirvió de imagen para un gran evento de la marca Cutty Sark,13​14​ y al final del verano participó en la regata de barcos clásicos del Mediterráneo 2013,15​ organizada por la asociación Sail Training International. En ese momento Rodrigo decidió dedicar el velero a la formación de navegantes de todas las edades.

Barco escuela internacional

Desde 2014, la goleta se utiliza como barco escuela internacional, ya que navega por toda Europa y el idioma a bordo es preferentemente el inglés. Las etapas de navegación se definen en torno a eventos y regatas de barcos clásicos y de sail training. La ruta de 2014 consistía en circunnavegar el continente europeo casi por completo y por partida doble,16​ lo que significa 20 000 km, la mitad de la circunferencia de la tierra.

La ruta comenzó 11 de abril cuando la goleta partió del puerto de Badalona para participar en la regata de barcos clásicos del Mar Negro 2014 organizada por Sail Training International.17​ Durante esta regata la goleta celebró el 30 aniversario de su botadura y el 25 cumpleaños de Rodrigo, el capitán más joven de la regata.18​ Y al finalizar fueron galardonados con el Frienship Trophy19​20​ el premio más importante en este tipo de regatas.

Terminada esta tenía poco más de un mes para atravesar el mediterráneo y llegar hasta Harlingen (Países Bajos) para participar en The Tall Ships Races 2014. Esta concentración de buques escuela los llevó hasta Noruega y Dinamarca. La siguiente cita fue la regata de buques escuela entre Falmouth y Londres.22​ La temporada tiene previsto acabar en octubre, tras la participación de una concentración más de barcos clásicos en Tolón (sur de Francia) llamada “Tolón 1778 – Puerto de la independencia americana”

En 2016 Rodrigo de la Serna inició el registro de una organización sin ánimo de lucro con objeto social, la Fundación Barco Escuela Atyla24​, con el objetivo de que esta organización sea la que opere el velero. En la actualidad la fundación organiza viajes de aventura y coaching a bordo del barco y dedica las donaciones que recibe a un fondo de becas para personas con falta de recursos.

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EL TANNHÄUSER Y LA BANDA DE COVALEDA (UNA SONRISA PARA TIEMPO DE CORONAVIRUS)

EL TANNHÄUSER Y LA BANDA DE COVALEDA (UNA SONRISA PARA TIEMPO DE CORONAVIRUS)

Yo era monaguillo, y cuando llegaba el día de San Lorenzo, había para mí un momento en la misa mayor que aguardaba cada año con una delectación casi morbosa, tanto que tuve serios escrúpulos de conciencia de que incurría en pecado, porque me acometía una excitación rara en el momento de la consagración que me distraía de mis obligaciones de monago, justo cuando don Serapio atacaba con la banda de música el Tannhäuser marcando fortísimos los bajos para que el contrapunto de los clarinetes saliera flotando por las bóvedas de la iglesia y me transportara lejos del altar, mucho más allá del Pico Urbión. Algunas veces tocaba el himno nacional, pero no era lo mismo.

Ni remotamente podía imaginar que el Tannhäuser fuera obra de un romántico alemán llamado Wagner —según me dijo Paco, gran maestro del clarinete que tocaba en la banda— y que formaba parte de una famosa ópera donde se contaba la leyenda de un caballero llamado Tannhäuser castigado por rechazar los favores de la diosa Venus y preferir los amores de Elisabeth, una simple mortal bellísima y sensual, y otros detalles que ahora no recuerdo, porque a los diez años uno tenía otras preocupaciones más importantes en que ocuparse y no, precisamente, de los amores de un minnesinger alemán.

La banda de música de Covaleda era la institución local por mí más admirada. La banda de música, digo, con su director a la cabeza, don Serapio, era la encargada de marcar el grado de solemnidad de las festividades del pueblo: a mayor solemnidad, mejor repertorio musical y bellos pasacalles, de manera que el día más importante del calendario, la fiesta patronal, exigía forzosamente el Tannhäuser en la misa mayor —o el himno nacional, según— al alzar la hostia, en pleno milagro de la transubstanciación, cuando las personas y banderas se humillaban respetuosas ante la solemnidad del momento; para mí, incipiente pecador, el milagro verdadero no era el del altar, sino el de la música: la forma maravillosa de atacar el comienzo con la levedad de una brisa, alargando los trombones las notas para hacerlas engrosar como si de una ola gigante se tratara apoyada en los bajos, que estallaba a los pies del altar y salpicaba como una espuma con los trinos de los clarinetes elevándose por las columnas barrocas del retablo hasta alcanzar las bóvedas de crucería y retornar en cascadas de semicorcheas por los aledaños del coro hasta caer dormidas entre los azulones y violetas de las altas vidrieras reflejadas en el suelo —¡caray, me ha dado el repeluzno romántico!—. Y yo, allá abajo, revestido de monaguillo, esperando la llegada del escalofrío, sintiendo en la nuca el perfume del milagro…

El largo acorde final me devolvía a la realidad pasada la consagración, y el Tannhäuser recién interpretado quedaba en mi recuerdo como un arrebato místico que se repetiría al año siguiente.

Pasados unos días, le pregunté a don Nicolás:
—Don Nicolás, ¿eso que me pasa es pecado?
Torció el gesto y me apuntó con un dedo acusador:
—No, no es pegado, pero mejor harías en estar recogido durante la consagración en lugar de distraerte con la música.
—Es que no lo puedo evitar…
—Pues inténtalo, que no es tan difícil —me dijo, áspero—. Ego te absolvo a peccatis tuis, etcétera. Anda, vete, reza un padrenuestro y no peques más.
Arrodillado frente al altar mayor, tuve la clara conciencia de que el Tannhäuser tocado por la banda de mi pueblo era mucho más grande que una oración, y mucho más hermoso que un pecado ¿venial? Padre nuestro que estás en los cielos…

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COVALEDA Y OTRAS HIERBAS – Pedro Sanz Lallana – XII

Paseo virtual por la TIERRA DE PINARES (Segunda Parte)

La Hermandad de Carreteros Serranos ya existía antes de que los Reyes Católicos favorecieran por Cédula Real la creación de la Cabaña Real y les concedieran algunos privilegios muy importantes. Esta Cabaña abarcaba una comunidad de pueblos que iban desde Quintanar, en la provincia de Burgos, hasta Villaverde del Monte en Soria, siendo Molinos el centro geográfico de la sociedad. Su objetivo era el de ocuparse del transporte público por cuenta de la Corona, de forma que podían moverse por el reino según les exigieran las necesidades de transporte de víveres o intendencia, fundamentalmente madera, lana y sal, llegando a asistir al ejército real en la conquista de Granada, y en la posterior distribución de los nuevos productos que venían de las Américas recién descubiertas.

Se organizaban en grupos de 30 carretas, llevando bueyes de repuesto a razón de tres o cuatro por dueño y carreta. Esto significaba que debían desplazarse un grupo notable de personas y animales, a los que acompañaban las mujeres e hijos en muchos casos.

En el pueblo de Molinos del siglo XVIII se llegaron a contabilizar hasta 872 carretas, con un total de 2.617 bueyes, lo que nos lleva a pensar en el enorme movimiento de personas y dinero que tuvo que haber en este pueblo, calculando los negocios que nacieron, por fuerza, al albur de la carretería como por ejemplo las carpinterías, fraguas, tiendas de comestibles, tabernas, mesones, sastres, posadas, boticas, médicos, escribanos, casas de préstamos y ahorro…, por citar sólo algunas.

La Cabaña Real llegó a sumar unas 6.000 carretas con un total de 18.000 bueyes que recorrían toda España. Uno de los contratos más suculentos que firmaron los de Covaleda fue, por ejemplo, el acarreo en exclusiva de toda la piedra necesaria para construir el Palacio Real de Madrid en 1739. Y antes, el transporte de la piedra y madera para levantar el monasterio de El Escorial en tiempos de Felipe II. ¿Vendrá de aquí —me pregunto— la advocación de San Lorenzo como patrón de Covaleda que coincide con ser el del Escorial, días de fiesta y descanso forzoso, habida cuenta de que ya teníamos a San Quirico y Santa Julita como patronos desde tiempos de Fernán González?, seguramente.

Con el paso del tiempo las normas de la carretería fueron olvidándose; no se respetaron las ordenanzas y apareció la competencia desleal, lo que trajo una inflación galopante para la organización que la llevó a la ruina; y aunque en 1841 se quiso poner remedio fijando nuevas Ordenanzas para la Carretería en Canicosa de la Sierra, la Hermandad ya estaba herida de muerte, especialmente con la llegada de otros medios de transporte más eficaces y rápidos como era el ferrocarril. Y, lógicamente, desapareció.

De este trasiego de gentes que iban y venían con sus carretas y sus bueyes, la vara de fresno —con su aguijón en la punta— al brazo, ha quedado esta coplilla que lo resume muy bien:

¡Ven torillo, ven chaparro!
Ya se marchan las carretas de la sierra,
ha llegado el mes de marzo.
Ya se marchan las carretas.
Ya se van el pueblo abajo
y la vara, compañera en el camino,
siempre al brazo.
¡Ven torillo, ven chaparro!

COSTUMBRES:

Además de la gastronomía típica de la zona de pinares —especialmente el ajo arriero—, las jotas, ruedas, bailes y trajes que todos ustedes conocen, hay algunos elementos de los que pocas veces se habla y también forman parte de lo serrano. Me refiero a las casas pinariegas, las casonas de los carreteros pudientes.

La zona de pinares era bastante uniforme en cuanto a construcción: las casas estaban hechas para soportar el frío y la nieve, como suele ocurrir en nuestra tierra; antes he aludido a los palacios de Vinuesa y Molinos; ahora me refiero a las casas de los que se dedicaban a la carretería y que solían tener tres cosas en común: el zaguán o portalón, la cuadra y la cocina con chimenea de campana.

La riqueza del carretero se mostraba en la magnificencia de su casa, a la que no solían faltar anagramas, inscripciones, etc., en los dinteles de la puerta. Las casas del común solían ser bastante más sencillas, frecuentemente de madera o con paredes de adobe.

La cocina de campana está pensada para caldear el recinto de una forma muy rudimentaria, casi sin aislamientos y con poco aprovechamiento del calor. Era donde se hacía la vida de hogar, se colgaba la matanza y oreaban los chorizos. A veces tenían un horno adosado para aprovechar las ascuas del fuego. Al amor de la lumbre se comía, vivía y los mayores contaban leyendas de lobos y romances de pastores a los pequeños en los largos inviernos creando así una tradición oral ya perdida.

Otra dependencia fundamental en la casa era la cuadra, que ocupaba casi toda la planta baja y se abría a un corral trasero. El hecho de que los animales pernoctaran bajo el mismo techo que las personas, era una forma de calefacción central que caldeaba las alcobas situadas justo en la planta superior. El zaguán estaba abierto por un portalón con arco de medio punto, que era el lugar donde se descargaban las mercancías los días de lluvia o nieve, y en el verano se tomaba la fresca o se jugaba a las cartas.

El solado o pajar es el lugar donde se almacena la hierba seca recogida hacia finales de junio, por San Pedro. Era un buen aislante contra el frío, aunque entrañaba un verdadero peligro en caso de incendio, como ocurrió en Covaleda en 1923, que ardieron 93 casas —algo más del 90% del municipio—por culpa de la tía Perijula, una pobre mujer que fue a buscar la botella de anís escondida entre la paja con una tea encendida, y… ya se pueden imaginar el resto.

La parte externa de la casa suele estar construida con piedra arenisca de sillería en las esquinas y de mampostería en la zona baja. La parte media lleva ladrillos o piedra con argamasa y un entramado de maderas para darle mayor consistencia. Los dinteles de las casonas solariegas, también llamadas “vizcaínas” —pueden verse algunos bellos ejemplares en Canicosa y Quintanar— por el parecido que guardan con las casas del Señorío de Vizcaya, suelen llevar blasones familiares, escudos o cosas parecidas. Los suelos del zaguán suelen estar empedrados, aunque en tiempos más recientes se usó la pacina: arcilla deshecha y compactada que hacía un suelo limpio e impermeable.

Cueva despensa-secadero del Tío Melitón. Foto de N. de Diego

LEYENDAS:

En la tierra de pinares han persistido algunas leyendas orales, aunque muchas se han perdido, desgraciadamente; y todas ellas aluden a hechos violentos, venganzas o encuentros con personajes atrabiliarios, pasando a ser romances de ciego o literatura de cordel como se les llamaba en el siglo XVIII.

Hay una, universalmente famosa, que es la que escribió don Antonio Machado a propósito de una visita que hizo a estos parajes: La tierra de Alvargonzález, que él ubica entre Covaleda y Vinuesa, centrando el parricidio cometido en los aledaños de la Laguna Negra. Dice el poeta que se la contó un carretero cuando iba en la diligencia de Soria a Cidones y que luego completó poniendo los detalles del paisaje que le ofrecía el valle del Duero y, sobre todo, al ver los cantiles de la Laguna. En esa leyenda escribió don Antonio unos versos con los que pretende resumir la mala catadura que para él tenían las gentes de esta tierra. Dice: 

            Mucha sangre de Caín
            lleva la gente labriega…

Hay una leyenda en Covaleda referida a un hombre violento que encontró la muerte «a mano airada», como he titulado una novelita que he escrito sobre la vida y fechorías del Tío Melitón: Un hombre violento hecho de navaja y morral. Esta leyenda se la oí a mi padre y me he permitido ponerla por escrito para que no se pierda; está prologada por Sánchez Dragó que sabe mucho de facinerosos y va por su segunda edición.

Existe, también, el famoso crimen de Duruelo (1910), que enseguida fue puesto en coplas de ciego, en las que se cuenta la muerte y violación de una vaquera de 18 años, hecho que tuvo gran resonancia en la prensa provincial, así como el asesinato de un recaudador de impuestos acaecido en tierras durolenses.

Como resumen de este paseo por tierra de pinares, les voy a leer una carta escrita en 1796 por un tal Bernardo Josef, cura párroco de Covaleda, dirigida al geógrafo Tomás López, en la que le solicitaba un informe de lo que acontecía por mi pueblo; de esta forma ustedes podrán hacerse una idea de cómo era un pueblo serrano a finales del siglo XVIII.

La carta dice así:

                        Covaleda, y 24 de Junio de 1796

Muy Sr mío:

En cumplimiento a la favorecida (carta) de v. m., aunque tarde por mis varias ocupaciones, debo exponer al contesto de la Suya lo que he podido adquirir, y es lo siguiente:

Este Pueblo es un lugar que se compone de doscientos vecinos poco más o menos; de oficio de Carretería y Arrieros, de los que fabrican aros y gamellas[1] finas de toda especie.

Es tierra de Realengo. Su Capital y Vicaría es la Ciudad de Soria, a cuya intendencia también está sujeto, dista de ella siete leguas[2] hacia el Oriente.

Es Curato, tiene una Parroquia y un Cura del Obispado de Osma, de cuya matriz dista nueve leguas hacia el Mediodía; los Patronos son San Quirico, y Sta Julita.

Tiene cuatro ermitas fuera del Pueblo, aunque en poca distancia; Al Oriente, la de la Virgen del Campo, yglesia en la antigüedad de los Monges Benitos de Oña[3] en el Arzobispado de Burgos, de quienes fue este Pueblo y su Territorio, y después lo vendieron con todos los privilegios, acciones y derechos a los vecinos de él; al Norte la de Sn Miguel, al Poniente la de las Angustias; y más allá la de San Mathias.

Dicen si en lo antiguo se intitulaba este pueblo Covalegre. Lo cierto es que de la Gran Bretaña vinieron a poblar este Lugar y los confinantes (por eso se les llama Bretos).

Tiene de Término este Pueblo en todo su alrededor como unas ocho leguas; de Oriente a Poniente, como dos leguas y media, y por mejor decir tres leguas; del Norte al Medio Día casi otro tanto.

Tiene la cercanía del Río Duero de medio cuarto de legua; tiene en este término dos puentes de piedra la una al Poniente (Santo Domingo), y la otra al Oriente (Puente Soria); de distancia la una a la otra de una legua corta; pasa este Río por Salduero, Molinos, cerca de Vinuesa, la Muedra y finalmente por la ciudad de Soria, al Poniente de dicha Ciudad. Tiene este pueblo muy próximos a él tres arroyos que se desgajan por la parte del Norte de la Sierra que llaman Urbión (…)

En la parte superior de esta sierra, que es a distancia de dos leguas de este pueblo hay tres lagunas bastante grandes; la una se llama la Laguna Negra en término de Soria, y dista de este término como un tiro de bala, la otra se llama la Laguna Helada. En término de este lugar, y la más alta, la Laguna de Urbión distante de este término un tiro de bala; distan entre sí estas lagunas como media legua, estando en medio la Laguna Helada a distancia proporcionada; nunca se secan; y para dar vuelta a la Negra se necesita una hora; de la de Urbión dicen los naturales que sale o dimana el Río Duero, sin embargo el Río nacer a la parte Solana de la Sierra y la Laguna estar a la parte de Umbría, debajo del mismo pico de Urbión en lo más eminente de la Sierra bien que hay una llanura grande, teniendo algún desahogo por la parte de Umbría. La Laguna Negra es de mucha magnitud y a su lado hay otro pozo mucho mas pequeño; hasta a donde llega su profundidad se ignora, por cuanto una Carga de Calzadera no le dio termino, como se ha experimentado; las aguas de ellas son buenas y saludables; la de Urbión no la he bebido; pero de las otras dos sí; siendo muy delgadas y dulces.

Esta Sierra (…) es lo más elevado de Castilla la Vieja, y aun de toda la España; (…) no siendo tan fácil de ascender a la de Urbión, pues para subirla desde el Pueblo, que casi está a la falda, se tardan mas de dos horas y media, aunque sean tres horas, y por la parte de allá mira a los Cameros Altos y a las Sierras de Valvanera, y los lugares más próximos se llaman las Viniegras, y habrá de distancia como dos leguas y media al Medio Día de la Umbría de la Sierra.

Todo su término a los cuatro ayres está por la mayor parte poblado de pinos grandes y pequeños; habiendo también entre ellos robles, hayas, acebos, avellanos y espinos.

Aunque es muy antiguo este Pueblo, en su fundación primera solo consta haber sido granja de los Monges Benitos de Oña; ignorase sus fundadores, sus armas; y sólo que de la gran Bretaña vinieron a poblar estos términos muy montuosos y ásperos, a cuyos sitios intitulan los Pelendones. Su terreno produce hierba por cuanto en él no se han inclinado sus moradores a cultivar la Sierra, por invertirsen en el trafico de Carretería, Arriería, gamellería y arería. Y así sus fábricas consisten en labrar tablas de toda especie, aros y gamellas finas, las que conducen a varias partes del Reyno; y de estos se mantienen; y para serrar las tablas tienen en este Pueblo cuatro sierras de agua; la una del Común y las otras tres de particulares.

En este Pueblo sólo hay un Maestro de primeras letras. Su Gobierno depende de la Ciudad de Soria; sin mas Jurisdicción que poder multar o castigar en 3 días de cárcel, y en la cantidad de 30 reales, y en los excesos criminales sólo pueden prender y dar cuenta al Sr Corregidor de la Ciudad de Soria, a quien compete todo Juicio; a demás hay un Procurador Síndico general, dos Regidores y un Alcalde de la Hermandad, que tiene jurisdicción en el término, y no en el Pueblo.

Sus comunes enfermedades suelen ser dolores de costado[4], tabardillo[5] y algunas tercianas[6] o cuartanas[7], pero por lo regular son pocas las que acaecen; y así se conserva la gente con bastante salud, de que resulta haber muchos viejos y viejas; siendo por lo común el número de muertos anual como unos 16 de adultos y párvulos; y de nacidos, como unos 35 sobre poco más o menos, un año con otro.

Y es cuanto en la presente materia puedo enformar a v.m. Si puedo y encuentro alguno que dibuje el Mapa del término, procuraré satisfacer a v. m. porque aunque yo lo pondría, iría muy basto y quisiera me lo dibujara un feligrés que sabe hacerlo y ahora se halla en el trafico de carretería; perdone v. m. la tardanza, y mande lo que fuese de su agrado a éste su más seguro servidor que S.M.B.

                                         Bernardo Josef Hernández.


[1] Gamellas: tiene doble significado; artesas rectangulares que servían para adobar la matanza, hacer el pan y, en último caso, dar de comer a los animales, y los arcos que van a los extremos de los yugos para uncir las yuntas. Ambos son válidos en este caso.

[2] Legua: 5’5 kms. la legua castellana.

[3] Oña: Población perteneciente Burgos. La razón de que las iglesias de Covaleda y Duruelo aparezcan como dependientes de este monasterio y no de San Millán, como era lo lógico, se debe a que el rey Alfonso VII (siglo XII) les concedió a aquellos monjes los diezmos y primicias de estos pueblos en atención a que su paje de lanza llamado don Ferrando, natural de estas tierras, tomó el hábito en dicho monasterio. Por esto cambiaron de dependencia monacal aunque quedara muy lejana.

[4] Reúma

[5] Tabardillo: tifus exantemático que producía manchas en la piel. Se transmitía por el piojo verde. Popularmente se llamaba así a la insolación.

[6] Tercianas: fiebres intermitentes que se producían cada tres días. Fiebres de Malta.

[7] Cuartanas: fiebres de origen palúdico que se reproducen cada cuatro días.

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COVALEDA Y OTRAS HIERBAS – Pedro Sanz Lallana – XI

Paseo virtual por la TIERRA DE PINARES (Primera Parte)

(Extracto de la conferencia dada en la Casa de Soria de Barcelona, enero de 2001)

Tierra de Pinares, expresión que para cualquier soriano resulta fácil identificar como ese bello rincón del cuadrante noroccidental de nuestra provincia que aparece en todas las Geografías señalando el nacimiento del Duero, y en los partes meteorológicos suele quedar oculto tras unos gruesos copos de nieve marcando temperaturas imposibles en invierno.

Tierra limítrofe con Burgos y La Rioja que tiene como portada el precioso pueblo de Molinos y, a medida que se remonta el cauce del Duero, nos va regalando la vista con el paisaje siempre verde de Salduero, Covaleda y Duruelo, decorado que se prolonga por tierras burgalesas. Pueblos del alto Duero, fríos, limpios, «pinariegos», como nos apodaba mi abuelo Hilarión cuando íbamos a Almenar, en los Campos de Gómara.

Tierra de Pinares, denominación de origen que guarda cierta unidad de costumbres entre sus concejos por ser tierras inhóspitas en la remota prehistoria debido a la fragosidad del monte, buenas para cazadores y pastores, que se mantuvieron al margen de los avatares de invasiones foráneas, moras o cristianas.

El hecho de que el pinar se extienda sin solución de continuidad por la falda de la Sierra de la Demanda hace que esta hermandad de costumbres se dilate por pueblos vecinos como Regumiel, Canicosa o Quintanar de la Sierra. Con todos ellos hay una cierta confraternidad debido a tener similares tradiciones, oficios parejos, idénticas formas de vida y buenas relaciones de vecindad que se estrechan frecuentemente con lazos familiares, como es mi caso que tengo la mitad de cepa serrana (Canicosa-Duruelo-Covaleda) y el resto de los Campos de Almenar, famosos por sus leyendas y por ser el feudo de la Virgen de La Llana cuyo apellido materno presumo.

Como cimera de estas bellas tierras está el Urbión, «dos aguas buenas» dice su nombre en euskera aludiendo a las dos vertientes que miran a tierras riojanas y sorianas, y que sirvió de frontera del antiguo reino de Navarra en tiempos de Sancho el Mayor tras la muerte del último conde castellano, don García Sánchez en el año 1029, hasta el nombramiento de su hijo Fernando I como nuevo rey de Castilla en 1037, además de las repoblaciones por gentes venidas del norte en tiempos de Alfonso VI que han dejado topónimos tan significativos como Zurraquín (monte blanco), onsar (pastizal), paúl (padul: lugar pantanoso), chabarril, etc.

Parece ser que el primitivo nombre de Urbión era el de Monte Duracoaludiendo a las tribus iberasque vivían en sus contornos, y el río que nacía a sus pies era el Doro, que luego se llamó Duero. Paisaje adornado con lagunas de tipo alpino, siendo la más literaria de todas ellas ésa que he visitado más de una vez: la Laguna Negra, de la que la leyenda, mi abuelo Pedro —que era pastor—y don Antonio Machado decían no tener fondo y estar habitada por unos animales monstruosos capaces de devorar a un carnero en segundos si cayera en ella… Tierras de las que don Nicolás Rabal, historiador soriano de finales del siglo XIX, decía:

En esta tierra de pinares hay muchos sitios donde la Naturaleza se presenta con su belleza rústica en todo su esplendor; hay espesos montes que, explotados con arte y conservados con esmero, constituyen la riqueza de esta región. Viven del recuerdo de su pasado: magnificencia de sus iglesias y grandeza en sus edificios particulares, revelando que en época no muy lejana alcanzaron una prosperidad de la que no gozan hoy, cuando tuvieron la ganadería trashumante y la carretería que explotaban casi exclusivamente. En el siglo XVII con la emigración a las Américas se abandonaron muchos pueblos de España y decayó la industria notándose un abatimiento general en el país. No obstante, en nuestra provincia no se notó tanto la caída porque con la llegada de los Borbones, Felipe V (año 1700), aumentó la demanda de lanas finas como la que se obtenía de los numerosos rebaños de la tierra de pinares, y los franceses venían en persona a buscarla a nuestras lonjas pagando esta materia prima a peso de oro.

Lo que afirma el historiador es absolutamente cierto: precisamente la carretería y el trasiego de ovejas o mestas fueron los dos pilares de la economía de esta zona en tiempos pasados hasta la llegada de Napoleón que lo destruyó todo. Hagamos un breve asomo a la historia para ver qué nos dice sobre la evolución y el desarrollo de estos pueblos.

ASPECTOS HISTÓRICOS:

Un historiador romano llamado Plinio publicó en el año 77 su Historia Natural, y en ella señala que los Montes Duracos (Sierra de Urbión) separaban los pelendones del sur de los berones del norte. También dice que el río Dorio (Duero) nace en ellos, que es uno de los más grandes de Hispania y que pasa por la famosa ciudad de Numancia.

A mí se me ocurre pensar que el nombre de bretos —como se nos denomina en la zona— se debe a la llegada de unos caballeros de la Bretaña francesa a las órdenes de Bertrand Duguesclín, el mercenario que ayudó a Enrique II, el bastardo, para matar a su hermano don Pedro I «el Cruel» recibiendo en recompensa la ciudad de Soria, a pesar de ser tierra de realengo[1]. A estas tropas bretonas dicen que el rey don Enrique —oportunamente llamado «el de las mercedes»— les entregaron tierras en la zona de Covaleda como pago por los servicios prestados, y que a sus descendientes llamaron bretos en recuerdo de aquellos soldados bretones trasmutados en pastores. No deja de ser una mera especulación legendaria aparecida en fechas posteriores al siglo XV.

Sea como fuere, todos coinciden en señalar que estas tribus celtibéricas se dedicaban a la caza y al pastoreo, y que con la llegada de los romanos no les quedó más remedio que romanizarse o replegarse hacia las zonas más agrestes e impenetrables de la sierra, como debían de ser entonces los pinares de Covaleda, Duruelo, etc.

Los romanos, desde luego, pasaron por Vinuesa trazando una calzada que iba hacia Cameros por el puerto de Santa Inés. Pero los árabes se aproximaron tímidamente porque preferían el campo abierto para guerrear antes que pelear entre pinares. Lo más cerca que estuvieron de esta tierra los moros fue por Osma, Calatañazor, Hacinas o Carazo, que es donde se vieron las caras con el conde castellano Fernán González, aunque Cañizosa (Canicosa) fue arrasada por Almanzor al filo del año 1000 provocando una espantada de los pocos pobladores que había por la zona de pinares hacia los montes, huida que ha dejado restos en forma de tumbas antropomórficas como se pueden observar en Cuyacabras (Quintanar), Revenga, Duruelo, Covaleda…

Los topónimos son una buena fuente de información para la historia a pesar de variar con el paso del tiempo. Por ejemplo: Salguero, que quiere decir lugar de sauces,ha derivado en Salduero, que resulta mucho más evocador para sus habitantes. Coballeda aparece ya citada en el siglo X, nombre que ha evolucionado del probable celta: Carballeda[2](lugar de carballos, robles, árboles endémicos del monte primitivo), pasando por “caubaieda” y “coualleda” presentes en textos medievales. De Duraco, nombre originario del monte, proviene Dorio, que ha dado Duero y Duruelo por afinidad.

Las huellas del paso de la historia por estas tierras son evidentes: en Covaleda hay restos de murallas ciclópeas junto al río Duero en el llamado Paso de los Arrieros, una colección de hachas de la época del Bronce (de hace unos 4.000 años) encontradas en la zona del Becedo,y un puente medieval: el de Santo Domingo junto con el esbelto Puente Soria; en Vinuesa existe un puente romano sobre el río Duero junto con restos de la calzada que unía la capital Uxama con la antigua Visontium, ciudad romana que cita Ptolomeo y que Menéndez Pidal señala como lugar repoblado por gentes venidas de la Venusia romana, patria del poeta Horacio[3], Tierra —según dicen las crónicas del rey Alfonso Onceno— a la que solía venir a cazar por ser muy rica en puerco y en osos, es decir, en caza mayor.

De le época visigótica no quedan restos en la zona salvo unas hermosas ventanas en herradura de la antigua iglesia de Duruelo que ocupa hoy la del Santo Cristo (siglo XVII).

El resurgir de los pueblos de pinares se entronca con el nacimiento de Castilla. En las Crónicas del Conde Fernán González —el legendario fundador del Reino castellano y del monasterio de San Pedro de Arlanza, que tenía su casa-palacio en Canales de la Sierra— se dice que huestes de Covaleda ayudaron a luchar contra los moros por tierras del Alfoz de Lara —Salas de los Infantes—, concretamente en la batalla que tuvo lugar el día 16 de junio del año 929, festividad de San Quirico —San Quirce— y Santa Julita, en la que derrotaron a los sarracenos[4]. En agradecimiento por la ayuda prestada, donó el conde castellano bienes para que construyeran una iglesia en Covaleda con la advocación de estos santos nombrándolos patronos perpetuos de la parroquia, como así es hasta hoy.

Esta primera iglesia, seguramente románica de la que sólo quedan unos enterramientos antropomórficos en el atrio y la hermosa pila bautismal (siglo XIV), fue derruida para levantar la actual, más grande, con trazas góticas, el conocido gótico-barroco soriano de los siglos XVI y XVII, del que son buen ejemplo las iglesias de Vinuesa, Abejar y Molinos.

En el atrio se conservan varias tumbas antropomórficas excavadas en la roca siguiendo una costumbre de enterramiento medieval (siglos IX-XII), muy común entre los pueblos de pinares, como ya he dicho, tumbas siempre orientadas hacia oriente, pues se esperaba que viniera Cristo por este lado el día del Juicio Final y la resurrección de los muertos.

Lo curioso del caso es que en pleno monte de Covaleda, en un paraje llamado el Onsar de Pedro García, más popularmente conocido como el Pozo de San Millán, también aparecen este tipo de tumbas, lo que nos sugiere que junto al Duero hubo algún cenobio o poblamiento muy modesto en fechas similares a las citadas del que no queda ni rastro, tal vez porque sus construcciones eran de madera, y que el cenobio se encontrara bajo el dominio del monasterio riojano de San Millán de la Cogolla[5]; tumbas muy parecidas a las que tengo vistas en San Baudilio de Berlanga —del año 1100, aproximadamente— y en Olérdola, Barcelona.

Un hecho fundamental para estas tierras fue que el Rey Alfonso X en 1260 concediera una Carta Puebla a las gentes della Coualleda, para los que vivieren e murieren e descendentes, que pueden usar e romper e tronchar árboles e pacer con sus ganados e beber las aguas e caçar e pescar a término todo e lebremente; es decir: que el rey concedió el privilegio excepcional de la posesión comunal del monte y su aprovechamiento forestal, “libremente”, lo que hoy se conoce como suerte de pinos que cada año administra y reparte el ayuntamiento entre los vecinos, derecho que todavía se conserva y es extensivo a, prácticamente, todos los pueblos de pinares; este derecho fue ratificado por don Juan I de Castilla en el año 1285 —rey que favoreció mucho a Soria—, y vuelto a confirmar por Felipe II en 1562, según consta en una Ejecutoria de la Real Chancillería de Valladolid. Por esto, los aprovechamientos forestales que recibe cada vecino es un privilegio muy antiguo, depreciado hoy por las circunstancias del valor de la madera, pero que en épocas no tan lejanas servía para dar de comer a una familia durante todo un año. El hecho de que la posesión sea comunal, hace que nuestro amor y respeto por el monte sean extremos; protegerlo es una norma sagrada que se nos inculca desde niños y que se transmite de padres a hijos. Tal vez por eso es raro que haya incendios en nuestros pinares, a no ser por causas naturales.

Que era un lugar de atractivo cinegético queda patente en el Libro de la montería del rey Alfonso XI, Libro IV en el que dice textualmente: La garganta de Covalleda es buen monte de oso et de puerco en verano. Et son las vocerías la una desde la Covertera, por encima de la cumbre de la Sierra fasta cañada Bermeja; (…) la otra en Cabañares et otras dos en Matalobos. En resumen: el cronista describe en extenso y con nombres propios los montes que abarcan los concejos de Duruelo, Covaleda y Vinuesa.

Se sabe que un puñado de covaledanos junto con otras gentes de la zona de pinares, tal vez empujados por los inviernos especialmente crudos de la sierra o por los favores del rey Alfonso VI, repoblaron las ciudades de Soria y Ávila en el siglo XI llevando sus yuntas, familias, ganados e, incluso, la Virgen bajo cuya advocación levantaron ermitas con el nombre de Nª Sª de Covaleda: Vinieron gran compaña de buenos omes de Coballeda, de cinco Villas[6] e de Lara; e los de Coballeda e de Lara venían delante…, escribe Carlos Martel en las Chrónicas de Gonzalo de Ayora. Esto del trasiego de gentes y desplazamiento a otros lugares con carretas y enseres dio lugar a que apareciera un oficio que fue muy lucrativo entre los hombres de la tierra de pinares: la carretería, que alcanzará gran desarrollo entre los siglos XVII y XVIII para desaparecer en el XIX tras la invasión napoleónica y las guerras carlistas.

A Vinuesa se le ha llamado «La Corte de los Pinares», primero porque fue lugar de veraneo del rey don Juan I de Castilla, que gustaba de la caza, y segundo por reunir varios palacios entre sus viviendas que luego fueron quemados o arruinados en 1808, como ocurrió con el de los Carrillo (todopoderoso alcalde de la Mesta) o la Casa Concejo. En 1776 adquirió el título de villa y levantó el rollo o picota que todavía conserva, con las exenciones fiscales que suponía el título y el poder administrar justicia. Con el desarrollo de la Mesta, Vinuesa conoció momentos de gran esplendor porque llegó a ser centro de almacenaje y elaboración de la lana; tenía lavaderos y tintorerías propios; fabricaba papel, paños de rayadillo, bayetas y tejidos que se exportaban a toda España.

Se preguntarán: ¿qué es eso de la Mesta? que han oído citar tantas veces. Se lo voy a resumir en dos palabras: el término «mesta» quería decir en realidad «prado comunal». Luego se utilizó para señalar «reunión de pastores» u «oteros», por ser el lugar donde se reunían.

Originariamente, algunos pastores sorianos se agruparon para defender sus intereses frente a la competencia de los labradores en cuestión de pastos y roturación de las tierras; esta actividad se hizo extensiva poco a poco a otras «mestas» o grupos de pastores de diferentes provincias, que organizaron una trashumancia de ganado entre ellos siguiendo las sogas —pasillos de 90 m. de ancho para el tránsito del ganado— y cordeles —45 m. de ancho— que se habían trazado para facilitar el paso, así como atribuirse la propiedad de los «mostrencos», es decir: los animales sin dueño que se encontraban por el camino.

Será Alfonso X el Sabio, en 1273, quien conceda el privilegio de paso al «Concejo de la Mesta de los Pastores del Mío Reino» para que transiten con sus rebaños por las Cañadas Reales sin tener que pagar peajes —excepto en las tierras de realengo— y con derecho a pastos. La Cañada Soriana, que era la de mayor peso económico, unía a Yanguas[7] con el valle de Alcudia en Ciudad Real; de ella, un ramal y varios cordeles pasaban por Vinuesa y Covaleda recogiendo, a su vez, los de Quintanar, Neila y Canales de la Sierra.

La lana que se obtenía de nuestras ovejas merinas era llevada a Portugalete, y desde allí embarcada en dirección a los puertos de Ostende, Malinas, etc. —la llamada Liga Hanseática—, que luego se comercializaba por toda Europa transformada en paños. La riqueza derivada de la Mesta influyó grandemente en estos pueblos serranos, sobre todo porque nuestra lana era la más apreciada por los vecinos europeos[8]. Y para evitar la competencia, tenían prohibido el vender carneros a los extranjeros, a no ser que estuvieran castrados. Las ovejas merinas fueron introducidas desde el norte de África hacia 1250 por unos comerciantes de ganado genoveses que vivían en Sevilla y las adaptaron perfectamente a los montes de Soria.

Todo fue relativamente bien, con sus más y su menos, hasta que en 1808 llegaron los franceses trayendo la ruina a toda la comarca. Porque lo que no saquearon, lo quemaron; además, aprovecharon para exportar gran cantidad de merinas al país vecino y con ello hicieron que cayera en picado la demanda de lana dando un golpe mortal y definitivo a lo que quedaba de la antigua Mesta; muchas gentes tuvieron que emigrar a América dejando como fruto de esta emigración las casonas de indianos que levantaron al regresar a sus pueblos, como podemos admirar en Vinuesa, Canicosa o Molinos o contemplar sus reproducciones en el Pueblo Español de Barcelona: La casa de los Ramos, por ejemplo, y la mal llamada Casa del francés, por ser de Francia su antiguo propietario.

De la relación entre los pueblos de pinares, bien sabida es la legendaria rivalidad que hubo entre Covaleda y Vinuesa, cicatrizada en una fiesta popular llamada La pinochada[9], que sufrí en mis propias carnes cuando un año se me ocurrió asomar la nariz por la plaza de Vinuesa justo el día de la procesión de la Virgen del Pino, el 15 de agosto.

Hay muchas versiones de esta leyenda pero, si me permiten, les voy a decir la que contaba mi abuelo:

Parece ser que todo se debe a la aparición milagrosa de una estatua de la Virgen en un paraje del monte cuyos límites estaban en litigio entre ambos pueblos. Cada uno, llevado de un súbito fervor, pensó hacerse con la propiedad del milagro y trasladar la Virgen a su respectiva iglesia, lo cual era imposible a no ser que la dividieran en dos. La cosa tenía visos de acabar en tragedia, por lo que decidieron que fuera la voluntad divina quien zanjara la cuestión y pidieron a la Virgen que indicara cuál era su pueblo elegido, obligándose éste, en justa compensación, a ceder la propiedad del monte al perdedor. La estatua fue colocada en una zona neutral y esperaron acontecimientos hasta el día siguiente en que —¡oh, sorpresa!— la Virgen apareció mirando hacia Vinuesa… ¿Fue un milagro?, ¿hubo trampa?, nunca se sabrá la verdad; lo cierto es que la alegría de los visontinos no tuvo límites, y en unas improvisadas angarillas se llevaron la estatua al pueblo entre clamores y letanías. Los de Covaleda, en cambio, se tuvieron que resignar con tomar la propiedad del monte como estaba pactado.

Pasado un tiempo, un buen día un pastor descubrió con estupor que los mojones recientemente plantados según el acuerdo de la Virgen del Pino habían sido removidos en favor de Vinuesa y esta vez no se trataba de otro milagro, sino de la mano alevosa de unos carreteros avispados que querían saltarse el acuerdo a la torera, por lo que dio la voz de alarma, llegaron covaledanos armados con escopetas y se armó una trifulca que acabó a tiros poniendo en fuga a los visontinos. Pero las bravas mujeres de Vinuesa no se resignaron con la derrota, por lo que, tomando la iniciativa, salieron en tropel para enfrentarse a los de Covaleda sin más armas que unas ramas de pino en las manos; mis paisanos, sorprendidos por el inesperado contraataque mujeril, tocaron retirada y pidieron tregua. Al final se impuso la cordura y dejaron las cosas tal como la Virgen las había previsto, es decir: que Ella se quedaba en Vinuesa, y el monte pasaba a propiedad de Covaleda, lo que a todo el mundo pareció muy puesto en razón y acató religiosamente. Y hubo paz. Eso no quita que yo sufriera, muchos años después, los ramazos de un par de bravas piñorras visontinas que, al saber que era de Covaleda, me proporcionaron con gran entusiasmo y en recuerdo, digo yo, de nuestros antepasados.

Otro pueblo que vivió años de gran riqueza fue Molinos ―ahora de Duero, antes de Salguero― debido a la Cabaña Real de Carreteros. No hay más que pasear por sus calles para ver las casas solariegas y de indianos que luce, así como su iglesia, que es la más importante del contorno, y la Real Posada de la Mesta, edificio singular.


[1] Realengo o regalía, se refiere a los derechos que sobre objetos o tierras tiene el rey, tales como los yermos, las minas, salinas, pueblos y ciudades privativos de la corona.

[2] Existen varias Carballedas en la geografía española ubicadas en las zonas astur-leonesa y gallega, dominio de las tribus celtas.

[3] Menéndez Pidal, Orígenes del español, señala que Vinuesa proviene de la Venusia romana, patria de Horacio (65-08 a. J. C.) autor de las famosas Odas.

[4] Existen las ruinas de una ermita del siglo X en Hontoria de la Cantera, cerca de Covarrubias, dedicada a San Quirce, levantada por Fernán González, seguramente como recuerdo de esta batalla.

[5] Don Gonzalo Núñez y su mujer doña Goto, señores del Alfoz de Lara, familia entroncada con la nobleza castellana de la corte de Alfonso VI (siglo XI), eran dueños y señores de toda la sierra y sus pueblos, entre ellos Covaleda y Duruelo; pueblos que, junto con Hortigüela, fueron donados en octubre de 1095 a San Millán de la Cogolla según consta en los Cartularios de este monasterio. En dicha donación incluyen la iglesia deshabitada de San Millán de Velilla existente entre ambos pueblos, seguramente ubicada en el paraje conocido como Pozo de San Millán. Quedan restos de tumbas antropomórficas de este antiguo eremitorio covaledano que coinciden en el tiempo con la donación al monasterio emilianense.

[6] Las Cinco Villas eran: Montenegro, Viniegra de Abajo, Brieba, Ventrosa y Mansilla, que formaron una mancomunidad.

[7] En el Cap. X del Quijote (1ª Parte) se lee: Del peligro en que se vio con una turba de yangüeses. Aunque el episodio realmente lo relata en el Cap. XV: Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó con don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses. En la edición príncipe Cervantes los llama «gallegos», y sólo se conocen dos poblaciones con el nombre de Yangüas: una la soriana y otra en Segovia, fruto de la repoblación hecha por aquéllos. En la 2ª edición de 1605, alguien debió advertir a Cervantes de su error y suprime lo de «gallegos» para dejarlo en «yangüeses» a secas, como sinónimo de pastores o arrieros. El nombre le debía de sonar por la trashumancia que hacían los sorianos por tierras manchegas que él conocía muy bien.

[8] Cito el Prólogo del Diccionario de habla soriana en el que Emilio Ruiz alude al tipo de lana que se recogía en la Soria del 1571 y dice así: del esquileo de este presente año, tenemos buena lana, blanca, fina, merina, estremeña, sin roña ni cardillo, ni fieltro, ni percamino (sin trozos de piel), ni aniño (aragonesismo: pajas), ni bastarda y quitada la yerba (…) esquilada en día claro, enjuto y no moxado, sol alto, salido, pesada arroba a arroba con pesas selladas…

[9]  Nombre local: Pinochá.

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