COVALEDA Y OTRAS HIERBAS – Pedro Sanz Lallana – XII

Paseo virtual por la TIERRA DE PINARES (Segunda Parte)

La Hermandad de Carreteros Serranos ya existía antes de que los Reyes Católicos favorecieran por Cédula Real la creación de la Cabaña Real y les concedieran algunos privilegios muy importantes. Esta Cabaña abarcaba una comunidad de pueblos que iban desde Quintanar, en la provincia de Burgos, hasta Villaverde del Monte en Soria, siendo Molinos el centro geográfico de la sociedad. Su objetivo era el de ocuparse del transporte público por cuenta de la Corona, de forma que podían moverse por el reino según les exigieran las necesidades de transporte de víveres o intendencia, fundamentalmente madera, lana y sal, llegando a asistir al ejército real en la conquista de Granada, y en la posterior distribución de los nuevos productos que venían de las Américas recién descubiertas.

Se organizaban en grupos de 30 carretas, llevando bueyes de repuesto a razón de tres o cuatro por dueño y carreta. Esto significaba que debían desplazarse un grupo notable de personas y animales, a los que acompañaban las mujeres e hijos en muchos casos.

En el pueblo de Molinos del siglo XVIII se llegaron a contabilizar hasta 872 carretas, con un total de 2.617 bueyes, lo que nos lleva a pensar en el enorme movimiento de personas y dinero que tuvo que haber en este pueblo, calculando los negocios que nacieron, por fuerza, al albur de la carretería como por ejemplo las carpinterías, fraguas, tiendas de comestibles, tabernas, mesones, sastres, posadas, boticas, médicos, escribanos, casas de préstamos y ahorro…, por citar sólo algunas.

La Cabaña Real llegó a sumar unas 6.000 carretas con un total de 18.000 bueyes que recorrían toda España. Uno de los contratos más suculentos que firmaron los de Covaleda fue, por ejemplo, el acarreo en exclusiva de toda la piedra necesaria para construir el Palacio Real de Madrid en 1739. Y antes, el transporte de la piedra y madera para levantar el monasterio de El Escorial en tiempos de Felipe II. ¿Vendrá de aquí —me pregunto— la advocación de San Lorenzo como patrón de Covaleda que coincide con ser el del Escorial, días de fiesta y descanso forzoso, habida cuenta de que ya teníamos a San Quirico y Santa Julita como patronos desde tiempos de Fernán González?, seguramente.

Con el paso del tiempo las normas de la carretería fueron olvidándose; no se respetaron las ordenanzas y apareció la competencia desleal, lo que trajo una inflación galopante para la organización que la llevó a la ruina; y aunque en 1841 se quiso poner remedio fijando nuevas Ordenanzas para la Carretería en Canicosa de la Sierra, la Hermandad ya estaba herida de muerte, especialmente con la llegada de otros medios de transporte más eficaces y rápidos como era el ferrocarril. Y, lógicamente, desapareció.

De este trasiego de gentes que iban y venían con sus carretas y sus bueyes, la vara de fresno —con su aguijón en la punta— al brazo, ha quedado esta coplilla que lo resume muy bien:

¡Ven torillo, ven chaparro!
Ya se marchan las carretas de la sierra,
ha llegado el mes de marzo.
Ya se marchan las carretas.
Ya se van el pueblo abajo
y la vara, compañera en el camino,
siempre al brazo.
¡Ven torillo, ven chaparro!

COSTUMBRES:

Además de la gastronomía típica de la zona de pinares —especialmente el ajo arriero—, las jotas, ruedas, bailes y trajes que todos ustedes conocen, hay algunos elementos de los que pocas veces se habla y también forman parte de lo serrano. Me refiero a las casas pinariegas, las casonas de los carreteros pudientes.

La zona de pinares era bastante uniforme en cuanto a construcción: las casas estaban hechas para soportar el frío y la nieve, como suele ocurrir en nuestra tierra; antes he aludido a los palacios de Vinuesa y Molinos; ahora me refiero a las casas de los que se dedicaban a la carretería y que solían tener tres cosas en común: el zaguán o portalón, la cuadra y la cocina con chimenea de campana.

La riqueza del carretero se mostraba en la magnificencia de su casa, a la que no solían faltar anagramas, inscripciones, etc., en los dinteles de la puerta. Las casas del común solían ser bastante más sencillas, frecuentemente de madera o con paredes de adobe.

La cocina de campana está pensada para caldear el recinto de una forma muy rudimentaria, casi sin aislamientos y con poco aprovechamiento del calor. Era donde se hacía la vida de hogar, se colgaba la matanza y oreaban los chorizos. A veces tenían un horno adosado para aprovechar las ascuas del fuego. Al amor de la lumbre se comía, vivía y los mayores contaban leyendas de lobos y romances de pastores a los pequeños en los largos inviernos creando así una tradición oral ya perdida.

Otra dependencia fundamental en la casa era la cuadra, que ocupaba casi toda la planta baja y se abría a un corral trasero. El hecho de que los animales pernoctaran bajo el mismo techo que las personas, era una forma de calefacción central que caldeaba las alcobas situadas justo en la planta superior. El zaguán estaba abierto por un portalón con arco de medio punto, que era el lugar donde se descargaban las mercancías los días de lluvia o nieve, y en el verano se tomaba la fresca o se jugaba a las cartas.

El solado o pajar es el lugar donde se almacena la hierba seca recogida hacia finales de junio, por San Pedro. Era un buen aislante contra el frío, aunque entrañaba un verdadero peligro en caso de incendio, como ocurrió en Covaleda en 1923, que ardieron 93 casas —algo más del 90% del municipio—por culpa de la tía Perijula, una pobre mujer que fue a buscar la botella de anís escondida entre la paja con una tea encendida, y… ya se pueden imaginar el resto.

La parte externa de la casa suele estar construida con piedra arenisca de sillería en las esquinas y de mampostería en la zona baja. La parte media lleva ladrillos o piedra con argamasa y un entramado de maderas para darle mayor consistencia. Los dinteles de las casonas solariegas, también llamadas “vizcaínas” —pueden verse algunos bellos ejemplares en Canicosa y Quintanar— por el parecido que guardan con las casas del Señorío de Vizcaya, suelen llevar blasones familiares, escudos o cosas parecidas. Los suelos del zaguán suelen estar empedrados, aunque en tiempos más recientes se usó la pacina: arcilla deshecha y compactada que hacía un suelo limpio e impermeable.

Cueva despensa-secadero del Tío Melitón. Foto de N. de Diego

LEYENDAS:

En la tierra de pinares han persistido algunas leyendas orales, aunque muchas se han perdido, desgraciadamente; y todas ellas aluden a hechos violentos, venganzas o encuentros con personajes atrabiliarios, pasando a ser romances de ciego o literatura de cordel como se les llamaba en el siglo XVIII.

Hay una, universalmente famosa, que es la que escribió don Antonio Machado a propósito de una visita que hizo a estos parajes: La tierra de Alvargonzález, que él ubica entre Covaleda y Vinuesa, centrando el parricidio cometido en los aledaños de la Laguna Negra. Dice el poeta que se la contó un carretero cuando iba en la diligencia de Soria a Cidones y que luego completó poniendo los detalles del paisaje que le ofrecía el valle del Duero y, sobre todo, al ver los cantiles de la Laguna. En esa leyenda escribió don Antonio unos versos con los que pretende resumir la mala catadura que para él tenían las gentes de esta tierra. Dice: 

            Mucha sangre de Caín
            lleva la gente labriega…

Hay una leyenda en Covaleda referida a un hombre violento que encontró la muerte «a mano airada», como he titulado una novelita que he escrito sobre la vida y fechorías del Tío Melitón: Un hombre violento hecho de navaja y morral. Esta leyenda se la oí a mi padre y me he permitido ponerla por escrito para que no se pierda; está prologada por Sánchez Dragó que sabe mucho de facinerosos y va por su segunda edición.

Existe, también, el famoso crimen de Duruelo (1910), que enseguida fue puesto en coplas de ciego, en las que se cuenta la muerte y violación de una vaquera de 18 años, hecho que tuvo gran resonancia en la prensa provincial, así como el asesinato de un recaudador de impuestos acaecido en tierras durolenses.

Como resumen de este paseo por tierra de pinares, les voy a leer una carta escrita en 1796 por un tal Bernardo Josef, cura párroco de Covaleda, dirigida al geógrafo Tomás López, en la que le solicitaba un informe de lo que acontecía por mi pueblo; de esta forma ustedes podrán hacerse una idea de cómo era un pueblo serrano a finales del siglo XVIII.

La carta dice así:

                        Covaleda, y 24 de Junio de 1796

Muy Sr mío:

En cumplimiento a la favorecida (carta) de v. m., aunque tarde por mis varias ocupaciones, debo exponer al contesto de la Suya lo que he podido adquirir, y es lo siguiente:

Este Pueblo es un lugar que se compone de doscientos vecinos poco más o menos; de oficio de Carretería y Arrieros, de los que fabrican aros y gamellas[1] finas de toda especie.

Es tierra de Realengo. Su Capital y Vicaría es la Ciudad de Soria, a cuya intendencia también está sujeto, dista de ella siete leguas[2] hacia el Oriente.

Es Curato, tiene una Parroquia y un Cura del Obispado de Osma, de cuya matriz dista nueve leguas hacia el Mediodía; los Patronos son San Quirico, y Sta Julita.

Tiene cuatro ermitas fuera del Pueblo, aunque en poca distancia; Al Oriente, la de la Virgen del Campo, yglesia en la antigüedad de los Monges Benitos de Oña[3] en el Arzobispado de Burgos, de quienes fue este Pueblo y su Territorio, y después lo vendieron con todos los privilegios, acciones y derechos a los vecinos de él; al Norte la de Sn Miguel, al Poniente la de las Angustias; y más allá la de San Mathias.

Dicen si en lo antiguo se intitulaba este pueblo Covalegre. Lo cierto es que de la Gran Bretaña vinieron a poblar este Lugar y los confinantes (por eso se les llama Bretos).

Tiene de Término este Pueblo en todo su alrededor como unas ocho leguas; de Oriente a Poniente, como dos leguas y media, y por mejor decir tres leguas; del Norte al Medio Día casi otro tanto.

Tiene la cercanía del Río Duero de medio cuarto de legua; tiene en este término dos puentes de piedra la una al Poniente (Santo Domingo), y la otra al Oriente (Puente Soria); de distancia la una a la otra de una legua corta; pasa este Río por Salduero, Molinos, cerca de Vinuesa, la Muedra y finalmente por la ciudad de Soria, al Poniente de dicha Ciudad. Tiene este pueblo muy próximos a él tres arroyos que se desgajan por la parte del Norte de la Sierra que llaman Urbión (…)

En la parte superior de esta sierra, que es a distancia de dos leguas de este pueblo hay tres lagunas bastante grandes; la una se llama la Laguna Negra en término de Soria, y dista de este término como un tiro de bala, la otra se llama la Laguna Helada. En término de este lugar, y la más alta, la Laguna de Urbión distante de este término un tiro de bala; distan entre sí estas lagunas como media legua, estando en medio la Laguna Helada a distancia proporcionada; nunca se secan; y para dar vuelta a la Negra se necesita una hora; de la de Urbión dicen los naturales que sale o dimana el Río Duero, sin embargo el Río nacer a la parte Solana de la Sierra y la Laguna estar a la parte de Umbría, debajo del mismo pico de Urbión en lo más eminente de la Sierra bien que hay una llanura grande, teniendo algún desahogo por la parte de Umbría. La Laguna Negra es de mucha magnitud y a su lado hay otro pozo mucho mas pequeño; hasta a donde llega su profundidad se ignora, por cuanto una Carga de Calzadera no le dio termino, como se ha experimentado; las aguas de ellas son buenas y saludables; la de Urbión no la he bebido; pero de las otras dos sí; siendo muy delgadas y dulces.

Esta Sierra (…) es lo más elevado de Castilla la Vieja, y aun de toda la España; (…) no siendo tan fácil de ascender a la de Urbión, pues para subirla desde el Pueblo, que casi está a la falda, se tardan mas de dos horas y media, aunque sean tres horas, y por la parte de allá mira a los Cameros Altos y a las Sierras de Valvanera, y los lugares más próximos se llaman las Viniegras, y habrá de distancia como dos leguas y media al Medio Día de la Umbría de la Sierra.

Todo su término a los cuatro ayres está por la mayor parte poblado de pinos grandes y pequeños; habiendo también entre ellos robles, hayas, acebos, avellanos y espinos.

Aunque es muy antiguo este Pueblo, en su fundación primera solo consta haber sido granja de los Monges Benitos de Oña; ignorase sus fundadores, sus armas; y sólo que de la gran Bretaña vinieron a poblar estos términos muy montuosos y ásperos, a cuyos sitios intitulan los Pelendones. Su terreno produce hierba por cuanto en él no se han inclinado sus moradores a cultivar la Sierra, por invertirsen en el trafico de Carretería, Arriería, gamellería y arería. Y así sus fábricas consisten en labrar tablas de toda especie, aros y gamellas finas, las que conducen a varias partes del Reyno; y de estos se mantienen; y para serrar las tablas tienen en este Pueblo cuatro sierras de agua; la una del Común y las otras tres de particulares.

En este Pueblo sólo hay un Maestro de primeras letras. Su Gobierno depende de la Ciudad de Soria; sin mas Jurisdicción que poder multar o castigar en 3 días de cárcel, y en la cantidad de 30 reales, y en los excesos criminales sólo pueden prender y dar cuenta al Sr Corregidor de la Ciudad de Soria, a quien compete todo Juicio; a demás hay un Procurador Síndico general, dos Regidores y un Alcalde de la Hermandad, que tiene jurisdicción en el término, y no en el Pueblo.

Sus comunes enfermedades suelen ser dolores de costado[4], tabardillo[5] y algunas tercianas[6] o cuartanas[7], pero por lo regular son pocas las que acaecen; y así se conserva la gente con bastante salud, de que resulta haber muchos viejos y viejas; siendo por lo común el número de muertos anual como unos 16 de adultos y párvulos; y de nacidos, como unos 35 sobre poco más o menos, un año con otro.

Y es cuanto en la presente materia puedo enformar a v.m. Si puedo y encuentro alguno que dibuje el Mapa del término, procuraré satisfacer a v. m. porque aunque yo lo pondría, iría muy basto y quisiera me lo dibujara un feligrés que sabe hacerlo y ahora se halla en el trafico de carretería; perdone v. m. la tardanza, y mande lo que fuese de su agrado a éste su más seguro servidor que S.M.B.

                                         Bernardo Josef Hernández.


[1] Gamellas: tiene doble significado; artesas rectangulares que servían para adobar la matanza, hacer el pan y, en último caso, dar de comer a los animales, y los arcos que van a los extremos de los yugos para uncir las yuntas. Ambos son válidos en este caso.

[2] Legua: 5’5 kms. la legua castellana.

[3] Oña: Población perteneciente Burgos. La razón de que las iglesias de Covaleda y Duruelo aparezcan como dependientes de este monasterio y no de San Millán, como era lo lógico, se debe a que el rey Alfonso VII (siglo XII) les concedió a aquellos monjes los diezmos y primicias de estos pueblos en atención a que su paje de lanza llamado don Ferrando, natural de estas tierras, tomó el hábito en dicho monasterio. Por esto cambiaron de dependencia monacal aunque quedara muy lejana.

[4] Reúma

[5] Tabardillo: tifus exantemático que producía manchas en la piel. Se transmitía por el piojo verde. Popularmente se llamaba así a la insolación.

[6] Tercianas: fiebres intermitentes que se producían cada tres días. Fiebres de Malta.

[7] Cuartanas: fiebres de origen palúdico que se reproducen cada cuatro días.

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