COVALEDA Y OTRAS HIERBAS – Pedro Sanz Lallana – II

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¿Por qué nos llaman: «BRETOS»?

Don Miguel Moreno, cronista oficial de Soria, tiene escrito: «Los de Covaleda son gentes altaneras y libres, de corazón abierto como el pinar (…) entre los que abunda el rubio extraño a Soria, porque dicen que vienen de los Bretos, unos que diz que bajaron de Albión...»

Don Nicolás Rabal en su Historia de Soria, dice a propósito de Covaleda: «Sabido es que sus actuales moradores deben su origen a una colonia bretona, y aún hoy día se les conoce bajo la denominación de Bretos. No se nota gran cosa en los hombres su extraño origen, pero no así en las mujeres que, con las del inmediato pueblo de Duruelo, forman un tipo especial y único en la provincia».

Esta descripción responde muy al gusto romántico de aproximar la belleza de las mujeres autóctonas con las nórdicas: baste recordar alguna Rima de Bécquer. Los hombres, no; no le convencieron sus rostros cetrinos y sus ojos castaños que tiran más hacia lo ibero. En realidad, no deja de ser todo ello más que una mera especulación literaria.

Don José García, un periodista soriano de mediados del XIX en su crónica: Una visita a las lagunas de Urbión describe con pluma cargada de adjetivos y florituras la raza de los covaledanos abundando en esta línea romántica.

«Poseídos de indefinible sentimiento, de dulce y grata tristeza, entramos en las cercanías de Covaleda…  Los vallados de madera, dividiendo el terreno en formas geométricas, la multitud de vacas que con sus sonoros cencerrillos llenaban las verdes praderas de animación y alegría, las caprichosas ondulaciones que el terreno hacía… Algunas mujeres, sencillamente vestidas, con airosos zagalejos y graciosos pañizuelos que el diestro lápiz del inolvidable Bécquer —tal vez se refiere a Valeriano, hermano del poeta y seguramente amigo del autor, que era pintor y vivió alguna temporada en Soria— ha sabido dotar con tanta poesía (…), conducían sobre sus espaldas enormes cargas de tabla o de teas que sujetaban a la frente con anchas vendas, mientras sus manos entrelazaban con pasmosa rapidez los innumerables puntos de las azules calcetas…»

 Sorprendente armonía entre belleza y trabajo duro que dice mucho en favor de las bravas mujeres de mi pueblo que cumplen con el conocido refrán:

 Quien casa en Covaleda,
mujer y mula lleva.

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