EL NOTICIERO DE SORIA (Agosto 1891) – II

Además de esto tiene Vinuesa una bonita iglesia, un par de manantiales de aguas medicinales, no explotados, sin duda, por la falta de vías de comunicación y unas fiestas tradicionales, con sabor histórico y aspecto pintoresco, que procuraré describir, si Dios me lo permite, en otra publicación de mas larga vida que la de un periódico para que se conserven como cuadro admirable, lleno de color y de vida, de las costumbres del país pues tal ha de resultar mi proyectado articulo, por mucho que quiera perder la realidad al pasar por mi imperitisima pluma.

¡Ah! se me olvidaba citar otra cosa muy digna de aprecio que hay en la pintoresca villa., unas muchachas bonitas, en fin, como serán ellas, que apenas si hay hijo de Vinuesa que no vuelva á su pueblo á buscar compañera para su vida entre las alegres piñorras de negros y rasgados ojos y labios tan encarnados como la sabrosa y agreste fresa que nace en el vecino pinar.

Covaleda 1913 (15)

Estando en Vinuesa y ansiando visitar lo mas pintoresco de le provincia, debe el viajero tornar el camino que conduce á la Virgen del castillo para venir á parar al valle de Valdeavellano.

Para ir A la Virgen del Castillo se sube una montaña de no mucha elevación, desde cuya cima se ven las casas de Vinuesa rodeadas del verdor del pinar y de la cristalina corriente del Duero y el Revinuesa que allí se juntan formando un ángulo recto.

A la izquierda se destacan, también entre pinos, las ruinas de la antigua ferrería, y mas allá, la casita del pueblo de Lamuedra, el primero, por aquel sitio, de la zona pinariega.

Se atraviesa después un espeso monte que cruzan algunos alegres arroyuelos juguetones y murmuradores como chiquillos en día de asueto y se llega al santuario edificado sobre las ruinas de antigua fortaleza, vigilante avanzada del pinar y estratégica defensa del valle del Royo en otros tiempos, hoy modesta y pintoresca ermita a la que van en alegre romería los aldeanos del país á celebrar la fiesta de la Virgen del Castillo.

Desde la altura que ocupa la Virgen del Castillo, se describe un precioso panorama.

A la derecha el monte que conduce á Vinuesa del que sale el tintineo de las esquilillas del ganado y algún lejano ladrido de vigilante perro; al pié de la altura, el Royo, su caserío, sus cerradas, las heras en las que la dorada mies refleja en cien rayos de oro los ardorosos del sol de agosto; mas allá Derroñadas, como fiel súbdito del dueño de aquel valle; en el fondo Hinojosa,  cuyas casas dominan sobresaliendo entre ellas por su obscuro tinte, las ruinas de la que fue señorial mansión de los Mendozas; las aldeitas de Vilviestre y Langosto salpicando con sus casuchas la vega poblada de mieses, hortalizas, sembrados de patatas, ese refugio del pobre, de toda la riqueza, en una palabra, de aquellos pueblos, y mas hacia la izquierda perdiéndose casi entre dos montañas que parecen querer juntarse por un estremecimiento geológico una mancha de un tinte verde oscuro, la entrada del valle de Valdeavellano.

Se baja la cuesta y siguiendo el camino hacia la izquierda se ve una casita blanca, de agradable aspecto cuyas paredes lame el río Razón; es el Molino de los ojos.

Desde allí el camino es aun mas pintoresco; viendo siempre la elevada cumbre del pico de Cebollera, buscando siempre la orilla del río, que presta al viajero singular frescura, dejando á la izquierda unas cuantas majadas que encierran por la noche el ganado, la verdadera riqueza del país.

Hacia la mitad del camino se encuentra un sitio de encantador aspecto, de los mas pintorescos y deliciosos que puedan imaginarse. Llámase aquel sitio la fuenteclara porque en ella brota un arroyuelo de tan puras y cristalinas aguas que a través de ellas pueden contarse los gramos de la finísima arena que constituye su lecho. Parece aquel un punto de citas de ondinas y de silfos pues sentado en sus orillas se imagina uno que de un momento á otro van á acudir á entonar tiernas canciones en extraña lengua, los geniecillos del bosque suspirando de amor por las escondidas ninfas del arroyuelo.

No sin pena se deja aquel sitio que tanta y tan dulce poesía encierra para seguir el camino hacia el valle que por aquel sitio domina Molinos de Razón.

Una vez en Molinos y llegando al atrio de la iglesia, se ofrece á la vista del viajero el encantador panorama que ofrece el valle de Valdeavellano.

Allí se ven apenas separados unos de otros, como queriendo disputarse aquel delicioso terreno, una porción de pueblecitos con sus casitas blancas salpicando el tono verde del paisaje, rodeados de árboles que dan recreo á la vista y aire puro y sano á los pulmones. En la vega, que fertilizan el Razón y el Razoncillo pastan numerosos ganados que constituyendo la riqueza del valle forman también el renombre de la provincia pues del valle de Valdeavellano es la famosísima mantequilla de Soria.

Al descubrir desde la antigua dependencia de los frailes de S. Millán, hoy convertida en iglesia de Molinos de Razón, Sotillo, Villar, Azapieda, Castilfrio, Rollamienta y la Capital del valle, Valdevellano de Tera, envueltos en Vegetación exuberante, cruzados por arroyuelos, encerrados entre las sierras Calcaña y Cebollera y dominando todo el paisaje por el elevado pico de este nombre, acuden á la memoria recuerdos de los vallecitos lindisimos de las provincias vascas, descripciones de los hermosos panoramas de la Suiza tan decantados, tan visitados, tan admirados mientras apenas conocido y medio oculto entre los pliegues del terreno está aquel lindísimo, pintoresco y poético valle de Valdeavellano.

Pásale al valle algo de lo que á los pinares les sucede, la falta de vías de comunicación le ha hecho vivir casi desconocido de los encantos de las bellezas del paisaje.

El ferrocarril en construcción y la carretera próxima á construirse abren nuevos horizontes á aquel bello país en el que han de encontrar un precioso nido de verano numerosas familias, que lleguen de las comarcas del sur arrojadas de allí por los ardorosos rayos de un sol de fuego.

De Molinos de Razón á Valdeavellano la distancia es corta y una vez en el pueblo se puede admirar las lindas cosas encierra el pueblecito su admirable situación y la abundantisima agua que allí se ve.

Viendo aquellas fuentes, arrojando sin cesar chorros de agua fresca y cristalina que salen del caño con la misma abundancia que la sangre de las venas de un fletórico recordaba con las anémicas fuentes de Soria, si la triste situación de nuestra pobre Ciudad en la que casi, casi, se tasa el agua que sus habitantes han de emplear en los distintos husos de la vida.

A D Ramón Benito de Aceña y D. Francisco Benito Delgado debe, Valdeavellano, aquella tranquila bienandanza que disfruta, pues uno y otro poniendo su influencia y su bolsa al servicio de sus paisanos, se desviven en proporcionales cuanto el pueblo pueda necesitar.

La escuela de Valdeavellano merece también mención especia por lo espaciosa y bien acondicionada así como por su inmejorable material de enseñanza.

En Valdeavellano se respira una atmósfera de relativa holgura, de desahogo y de trabajo, sino de riqueza y de derroche. Es la gente del valle tan laboriosa como inteligente y en sus excursiones á Andalucía, con ganado unas veces, trabajos agrícolas otras, ganan lo bastante para sostener á su familia.

Los que por aquí se quedan tampoco pierden el tiempo pues la cría de ganado y la fabricación de quesos y mantecas les dan tanto que hacer y entretenimiento como habilidad y nombradia.

La vida en la preciosa villa durante la estación veraniega es sumamente agradable pues á los del Valle ocúrreles algo muy parecido que á los del pinar les sucede, que no olvidan su país y en lugar de buscar temperatura agradable y descanse para el espiritu fatigado en aquellos puntos que la moda con su dedo señala, acuden á buscarlo al escondido vallecito en el que un día se meciera su cuna.

Aun le falta algo a aquella comarca y ese algo está a punto de conseguirlo. Una carretera que haga más fácil su acceso y que al mismo tiempo que lo una con el resto de la provincia, le de a conocer de muchas, muchas personas que en el han de pasar el verano cuando no haya necesidad de llegar a Valdeavellano por caminos de herradura, montado en robusta mula y resucitando las ya olvidadas sílletas.

Covaleda 1913 (13)

No terminaré de hablar de este país, de que tan gratos recuerdos conservo, sin hacer constar un testimonio de mi gratitud a los Sres. Aceña y Benito por las atenciones que de ellos recibí en mi visita al valle.

El diputado por Soria tiene en su cómoda casa de Valdeavellano establecidos sus cuarteles veraniegos y en ella recibe y presta espléndida y cariñosa hospitalidad á los que tienen la buena idea de hacerle una visita, idea de la que de seguro, no se han de; arrepentir.

Allí suele estarse D. Ramón gozando de las delicias de una vida tranquila hasta que el frío o las ocupaciones le arrojan a su cuarto del hotel de Rusia de Madrid o á su casa de Sevilla.

Tuve ocasión de hablar con el Sr. Aceña de las cuestiones que hoy mas interesan a la provincia, especialmente de su continua pesadilla, las vías de comunicación.

Aceña es el autor de la ley que subvencionó con 40 millones el ferrocarril de Torralba y después de conseguida la subvención trabajó sin descanso para encontrar empresa constructora. Después de esto no tiene nada de extraño que quiera al ferrocarril de TorraIba como á un hijo y que anhele, con verdadera impaciencia, que la línea se abra al servicio público.

Hícele yo presentes los recelos de los sorianos al llegar la noticia de que el Norte, nuestro antiguo enemigo., se había hecho dueño del ya casi terminado ferrocarril, nuestro temor de que la línea no se prolongue matando de este modo el porvenir de Soria y el me contestó que la prolongación se imponía, que si no á Francia iría el ferrocarril á Castejón pero que de todos modos el Norte no había de sostener un ferrocarril que fuera lesivo para otros intereses, los que irían unidos á los nuestros en la cuestión de dar salida a la línea de Torralba.

Algo le dije también de las promesas de Guadalmina tan pronto desvanecidas por desgracia, y cree el diputado por este distrito que la venta al Norte se ha hecho contra la voluntad del Marqués el cual pierde con ella dinero y hasta importancia. Después se ha dicho por Soria que Guadalmina ha entrado á formar parte del Consejo de Administración del ferrocarril del Norte. En este caso parece que el representante (¡!) de Agreda quiere recobrar lo perdido.

Hablamos también de la carretera cuyo replanteo se estaba en aquellos días terminando y él se ocupó de ella con verdadero entusiasmo, diciendo que era utilísima y de gran importancia, pues aparte de lo que al valle favorece, es la primera sección del camino que ha de terminar en Molinos primero, en el valle de Regumiel después. Su construcción decía Aceña, dará ocupación y pan á muchos braceros en los crueles días del invierno, en los que tan difícil es al pobre ganar el pan para su familia. El confía en que podrá anunciarse la subasta para Noviembre, quedando por consiguiente terminada la contracción en un brevísimo plazo.

A mi paso por el pinar, yo había oído las lamentaciones de los habitantes de aquellos pueblos importantes, casi todos, en relación á los demás de la provincia. Todos se quejan amargamente de que la región que más produce la que constituye la más importante riqueza del país se vea privada de una carretera que dé salida á los abundantes productos de aquellos poblados bosques, que acortara distancias entre Seria y Burgos, que facilite el establecimiento y desarrollo de industrias nuevas las unas, perfeccionadas las otras que fueran otras cuantas fuentes de riqueza para el país. La carretera está terminada por lo que á Burgos se refiere hasta el confín de la provincia y es una verdadera vergüenza para los sorianos que lo que nuestra provincia toca esté todavía sin construir.

El Sr. Aceña me aseguró, al oírme repetir cuanto en el pinar había oído, que trabajaría, como venia trabajando, para que las legítimas aspiraciones de los pinariegos quedaran satisfechas y que confiaba en que no bien terminada la primera sección de la carretera de Zarranzano á Molinos se subastaría el segundo. Respecto á la de Cidones al valle de Regumiel, la consideraba así mismo de gran importancia y no pensaba dejar de ir mano el asunto basta con conseguir un resaltado práctico y favorable para los sorianos.

¡Ah! el día en que la blanca cinta que entre sus pliegues y revueltas va encerrando pueblos, el día en que una carretera cruce las pintorescas y alegres aldeas del pinar sustituyendo á los pobres caminos de herradura que hoy medio existen pues están á medias borrados por la espesura del bosque y la falta de respeto de la yerba que crece lozana en terrenos que no le pertenecen, ese día aquella hermosa región de nuestra provincia será inextinguible venero de riqueza, riqueza que no solo descansará en las mismas que encierran en su seno aquellas montañas, de los árboles que cubren aquel suelo, con los manantiales que con su cristalina corriente de aguas sulfurosas las unas, ferruginosas las otras lo cruzan, sino también en aquel inimitable paisaje, en aquellas naturales bellezas hoy casi desconocidas y que más adelante, o yo mucho me equivoco o han de ser visitadas por mucha gente que a cambio de los dones que allí brinda la naturaleza han de dejar en manos de los pinariegos buena parte de su bolsa.

Poco tuve que cansarme para convencer al Diputado por Soria de la necesidad de estos caminos pues tan convencido estaba de ella como yo mismo y por su construcción ha de trabajar, según me dijo y yo creo, con todas sus fuerzas.

Después hablamos algo de política general y mucho de la politiquilla, que es como yo llamo á la política de nuestro pueblo.

Tentaciones me dan de dejar correr un poco la pluma pero impídemelo la índole del Noticiero que huye de la política como acosado ciervo de la hambrienta jauría Déjolo, pues para mejor ocasión, si es que para hablar de ciertas pequeñeces hay alguna buena.

Visitamos también, a nuestro paso por Valedavellano, la hermosa y cómoda casa de D. Francisco Benito Delhado y en ella fuimos acogidos cariñosamente por su dueño, su simpática esposa y sus distinguidas hijas. Es aquel el punto de reunión de la colonia veraniega y en el espacioso salón charlan las señoras, politiquean los hombres y baila la gente joven.

Covaleda, plaza mayor, 7/8/1913

La víspera de nuestra llegada, día de la fiesta del pueblo se bailó en aquel salón un cotillón ni más ni menos que si se estuviera en la terraza de Biarritz ó en el gran Casino de San Sebastian. Es decir algo mejor que aquellos, pues en uno y otro faltan el cariño y afable trato de los Sres. de Benito que se desviven por complacer a sus huespedes.

Desde Valdeavellano, cruzando todo al valle, dejando á un lado Sotillo, Castilfrio y el Villar, y atravesando Rollamienta, se va á dar a Tera, primero, y á Zarranzano después.

Al pasar por Tera se entrevé, a la orilla del río y entre á robles seculares la casa de Campo de los Marqueses del Vadillo, que no olvidan la tierra de que proceden y vienen á pasar en ella los ardores del verano.

Una vez en Zarranzano el coche que viene de Almarza se encarga de lo demás, en poco más de dos horas se viene a parar á la plaza de Teatinos, después de haber atravesado el vecino pueblo de Garray, de tantos recuerdos históricos y de haber dejado á la izquierda el pelado cerro en eI que se destaca la ermita de los Mártires á media falda y allá en la cima, cuatro pedruscos base que hace más de veinte años está esperando una columna: un monumento, algo que diga aquí estuvo tan gran pueblo; modelo de virtudes cívicas, de amor á la Independencia, un pueblo cuyo nombre causaba terror en aquellas invencibles legiones; romanas y admiración en el Senado de la gran Roma.

El amor patrio de los españoles no ha tenido tiempo de llegar á tanto y en aquel cerro no hay ni una inscripción, ni una lápida que obligue al viajero a descubrir su cabeza ante el nombre de NUMANCIA.

Termino con esto, especie de desahogo de mi alma, rasgo de patriotería que dirán algunos, la desaliñada descripción de mi visita a Urbión, al pinar y al valle de Valdeavellano, descripción hecha al correr de la pluma tratando de trasladar al papel las imágenes que tan agradablemente impresionaron no solo la retina, sino también el alma, cuando la vista se extendía por aquel paisaje agreste, poético, encantador lleno de verdor y lozanía.

No es esta crónica de viaje, descripción acertada de lo que aquel país encierra, fáltome para ello imaginación y pericia, pero si con lo que he dicho de aquella región contribuyo á que sea mas conocida, mas visitada y tan admirada como merece, me daré por muy satisfecho y por bien empleadas las cuartillas que emborroné hablando de aquella tierra y de sus hospitalarios, más aún, obsequioaísimos habitantes.

De todos modos el recuerdo del pinar y de sus habitantes, no se borrará tan fácilmente de mi ánimo, en el que guardo en preferente lugar y en el rinconcillo de los recuerdos gratos el de mi expedición por los pinares y el valle de Valdeavellano

SOAGRAND.

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