EL NOTICIERO DE SORIA (Agosto 1891) – I

De Soria a Urbión

(IMPRESIONES DE VIAJE)

Hay mucha gente en nuestro país a la que le gusta admirar la naturaleza, que siente dulcísima impresión en el alma ante las bellezas de un paisaje lleno de verdor y de frescura, cruzado por cristalinos arroyuelos, y embalsamado por el aroma de las plantas, pero todas estas personas se dedican a buscar ese dulce y hermoso solaz del espíritu mas allá de los Pirineos, allá en Turandón, Cauterets ó Niza, a lo sumo te atreven a recorrer las provincias Vascas, pero ni remotamente se acuerdan de que en el mismo corazón de Castilla., hay paisajes de deliciosos, poéticos, bellísimos que con ventaja compiten con los mas hermosos de aquende y allende el Pirineo.

A los que tal ignoran les aconsejarla yo un paseo a través del pinar, una ascensión a Urbión, una pequeña excursión al lindo valle de Valdeavellano y después de que vieran lo que nuestra provincia encierra, apuesto cualquier cosa a que se habían de salir de ella con ánimo de volver a vivir entre una naturaleza virgen y en un clima delicioso durante la estación veraniega.

Para dirigirse de Soria A Urbión se abandona la carretera que termina en Burgos, en Cidones, Herreros o Abejar, yo aconsejaría que fuese en alguno de los dos primeros puntos y una vez en cualquiera de ellos se dirige el curioso, por caminos carretiles o sendas de herradura al precioso pueblo de Molinos de Duero, después de haber atravesado por el vado o por el puente el río Ebrillos, fácil de vadear por cualquier sitio en la estación veraniega. Molinos, es un lindo pueblecito de escaso vecindario, de casas de piedra de sillería, material muy usado en las construcciones de los pueblos del Pinar, que se agrupan alrededor de una sierra de agua cuyo sencillísimo artefacto mueven las aguas cristalinas del naciente Duero.

Molinos comparte con Salduero, su próximo vecino, una garganta por la que el Duero se desliza y que cierran a uno y otro lado, espesos bosques de pinos que confunden allá en lo alto, el verdor perenne de sus elevadas cumbres con el azul purísimo del cielo.

De Molinos a Salduero, la distancia es muy corta y el viajero camina por la orilla del río divisando ya desde la salida del uno la torre de la iglesia del otro.

Salduero tiene un aspecto aun más agradable que Molinos, llégase a él por un puente de tablas, que allí vive tranquilo sin miedo a las crecidas del río y en aquel huequecillo del pinar se encuentran casas bien construidas y que tienen comodidades desusadas en los pobres pueblos de nuestra provincia.

Covaleda, camino de Saldureo 1913

Covaleda, camino de Saldureo 1913

Verdad es que muchos hijos dle Salduero han gastado años enteros de juventud y de vida en el suelo Americano cambiando, por puñados de oro, esfuerzos de actividad sin limites y de incesante trabajo.

Luego, todos ellos se han acordado del hermoso pueblecillo donde nacieron y el pueblo ha prosperado a medida que se han ido enriqueciendo sus hijos.

Hay en Salduero una buena escuela, bien dotada y al frente de la que está un profesor inteligente, cuyo nombre siento no recordar, y una biblioteca popular que cuenta con más de 500 volúmenes. Hay además personas de amable y hospitalario carácter que reciben gozosas y acogen con cariño al afortunado viajero que pisa aquel alegre suelo que parece que sonríe al creador con el murmullo alegre de sus arroyos y con los efluvios aromáticos de sus pinares. Salduero es también la cuna del inspirado pintor, honra de nuestra provincia, Maximino Peña, y allí en una modesta casita, guardan sus ancianos padres los primeros dibujos del artista, bocetos de sus cuadros, rayos de la aurora que anunciaba la gloria que hoy rodea el nombre de Maximino Peña .

Mi afición al arte y mi cariño al artista me hicieron pasar largo rato contemplando aquellas primeras obras de Peña, que, como verdaderos timbres nobiliarios, ocupan la mejor habitación de la casa en que nació su autor.

De Salduero a Covaleda el camino precioso: vanos serian mis esfuerzos por tratar de pintar aquellas bellezas; pinos seculares, arroyos cristalinos de fresquísimas aguas, escarpadas rocas, deliciosos bosques que brindan fresco y embalsamado ambiente y allá, en el fondo, el Duero que se desliza tranquilo, moviendo a su paso un buen número de sierras de agua que ofrecen a la vista del viajero encantador aspecto.

Cuando en una pequeña elevación del terreno se divisa el caserío de Covaleda, siente uno verdadera pena de que haya terminado aquél delicioso terreno el más agreste, el más hermoso y el más pintoresco de nuestra provincia.

Covaleda no es tan lindo como Salduero, es algo más pueblo pero algo menos agradable. Esto no quiere decir que Covaleda, que compite con Vinuesa acerca de la jefatura del pinar, no tenga, también su parte digna de aprecio. Además en ella puede encontrar el arqueólogo enterramientos antiquísimos, que yo no pude visitar, que los naturales atribuyen a los moros, pero que según los datos que he adquirido encerraron un día los inanimados restos de algún súbdito de Augusto.

En Covaleda acaban de construir un cementerio civil y aun cuando esto no tenga, en realidad, nada de particular pues se reduce a cumplir el mandato legal, no deja de llamar la atención pues es Covaleda de los poquísimos pueblos que han acatado esa disposición de la ley.

El bosque de pinos que se interrumpe algunos metros antes de llagar a Covaleda, vuelve a reanudarse en el espacio que separa este pueblo de  Duruelo.

El camino vuelve á serpentear entre una zona de verdor, cubierto por !as ramas de los arboles y cortado de trecho en trecho por arroyos que van a engrosar el caudal de agua, bastante escaso en aquel punto, que lleva el Duero.

A un lado y otro del camino, al pie de los árboles, hay abundantes pastos que sirven de alimento a la célebre ganadería del pinar. Y digo célebre porque, aparte de su bravura, es bien conocida en la provincia por los productos que deja á aquellos buenos pinariegos que con un poco de monte y un par de vacas viven en una relativa holgura.

A la mitad del camino que separa Covaleda de Duruelo, hay una gran plazoleta, en la que se dividen los dos términos jurisdiccionales. Parece que la naturaleza ha querido dejar aquel claro, desprovisto en absoluto de árboles, para que los dos pueblos diriman sus diferencias, y así suelen hacerlo pues Covaleda y Duruelo suelen andar casi siempre o la greña por quítame allá esas pajas ó hablando con mas verdad, por quítame allá esas vacas que se comen los pastos que á las mías pertenecen.

Duruelo es el pueblo más alto de la zona pinariega y el último de nuestra provincia pues su término linda con los de pueblos que pertenecen a Burgos y Logroño. Para subir a Urbión y visitar las lagunas debe tomarse a Duruelo como punto de partida porque la ascensión resulte mas corta y menos molesta.

Duruelo tiene un aspecto parecido al de los otros pueblos del pinar; casi se puede decir que el Duero le rodea y que se halla encajonado entre elevadísimas montañas en cuyas cimas arden por la noche hogueras que los guardas, que sirven de vigía para si se advirtiese algún incendio, hacen para combatir el frío. Desde las calles del pueblo al dirigir la vista á aquellas montañas coronadas por un punto luminoso, en medio del silencio de la noche solo turbado por los sonidos de las esquilas del ganado, el murmullo de las aguas del río que se deslizan suavemente desde la montaña, el ladrido lejano de algún perro, fiel guardador del aprisco, toma todo aquello un tinte de misterioso y poético encanto que llena la mente de dulces y melancólicos pensamientos.

Covaleda, laguna de Urbión, 1913

En Duruelo lo que más vale, aparte de alguna cosa particular, es el frontón construido hace algunos años y que es, sin duda alguna, uno de los mejores de la provincia.

Después de pasar en Duruelo la noche, se levanta uno tempranito y a emprender la subida hasta Urbión, á respirar una atmósfera de oxígeno y a beber leche recién ordeñada, pues desde Duruelo á la laguna de Urbión, se tropiezan muchos rebaños, que aprovechan aquellos buenísimos pastos y cuya existencia denuncian los inarticulados y guturales gritos de los pastores ó los cencerrillos de las cabras y los carneros.

En la ascensión a la laguna, la naturaleza se presenta en todo su salvaje esplendor se atraviesa primero un bosque espesísimo, en el que llega hasta los pulmones un aire puro solo cargado con las emanaciones de los pinos.

Allí debían ir esos desventurados enclenques y enfermizos, que delatan en su semblante pálido los estragos de la anemia y en sus grandes ojeras que ponen á diario en contacto su sangre empobrecida con la viciada atmosfera de las grandes ciudades, para vivir años en un minuto, para saturarse de oxígeno en aquel ambiente embalsamado, para beber en aquellas riquísimas y frescas aguas y volver convertidos en verdaderos hombres los que antes parecían muñecos de porcelana.

Lo encantador del camino hace olvidar lo trabajoso de la ascensión que, por otra parte, puede hacerse a caballo hasta las inmediaciones de la laguna de Urbión.

Después de pasado un claro del bosque, que los naturales llaman el hoyo, y trasponer las primeras cumbres que desde allí se divisan, el pinar termina, la vegetación va disminuyendo y por último no se presentan a la vista mas que peladas rocas, única cosa que puede vivir en aquellas altitudes en las que se siente fresco rayano en frío, hasta en los calurosos días de Agosto. Por fin se domina la cumbre de la sierra y allí se presenta un panorama soberbio a los admirados ojos del viajero, por un lado las sierras de la Demanda, los terrenos de Burgos y de Logroño, al otro lado el Guadarrama, confundiendo sus crestas con el cielo, debajo la tersa superficie de la laguna y dominándolo todo la deforme cima del pico de Urbión, semejante a la cabeza enorme de un monstruo de granito.

Desde ahí hay que bajar hasta la laguna por una rápida pendiente y una vez en la orilla, después de recorrida aquella extensión de agua verdosa en la que van a esconderse como avergonzados de su pequeñez, unos cuantos arroyuelos, hay que volverá subir, por veredas de cabras, por pendientes dificilísimas de vencer hasta la cima del pico.

Antes de llegará ella, se hunden los pies en la nieve, esto haciendo la excursión en Agosto, que hay depositada en gran cantidad en el Norte de la montaña.

Dominánse por fin el pico y allí, en el enorme pedrisco que separa Soria de Logroño y Duruelo de Covaleda, se de la difícil ascensión y se extiende la vista por el descansa vastísimo horizonte que desde allí se domina.

Alcánzanse á ver en lontananza las torres de Soria y entre aquellas cimas elevadísimas que desde allí se descubren aparece en lontananza nuestro centinela Pico-frentes, como un pigmeo que por especial favor asiste á aquel congreso de gigantes.

Al pie del pico, como pueblecillos de juguete se ven Viniegra, Neila, Vinuesa, Santa Inés y que se yo cuantos mas y cruzando el paisaje por el Norte se ven apenas esfumados en el horizonte elevadísimos picos que nosotros acaso con excesiva credulidad hacia las palabras del práctico, tomamos como pertenecientes á los Pirineos.

Desde el alto se domina una vasta extensión de bosques pobladísimos, de elevados picos entre los que serpentea como un hilo de plata, el Duero cuyas primeres aguas brotan de unos peñascos a la falda del pico.

AIlá, en terreno de la jurisdicción de Duruelo, está la primera fuente del Duero junto á una piedra en la que se conservan grabadas las palabras División hidrográfica de Valladolid.

Después el pequeño caudal de agua que allí nace se va aumentando, aumentando, hasta formar uno de los ríos mayores de la Península.

La laguna helada está a espaldas del pico en terreno accidentado aunque no tanto como el que ocupa la de Urbión.

Es muy extensa, y recibe el nombre de helada porque en su superficie flotan en toda época del año témpanos de hielo.

Desde allí, siempre bajando se tropieza con la laguna negra, la mas pequeña pero la mas bonita de las tres.

Es la laguna negra una superficie no muy extensa de agua de un color verdoso, rodeada por elevadísimas y escarpadas rocas. Parece así como una enorme esmeralda encerrada en una caja de granito.

Contribuye á hacer mas agradable el aspecto de la última laguna, el verdor del pinar que en sus márgenes comienza y que se extiende hasta cerrar el horizonte por todos lados.

Desde la laguna negra, se puede regresar á Covaleda y se puede tambien seguir una senda que va lamiendo el río Revinuesa para llegar á Vinuesa. El camino hasta este último pueblo ofrece admirables golpes de vista siguiendo como se sigue, la margen del río por el corazón del pinar cuyo verde interrumpen las casitas de Santa Inés, semejantes á una bandada de palomas que allí descansan después de un rápido vuelo.

Se dejan atrás los arrastradores de Covaleda, paso tan atrevido como agreste, el caserío de Quintanar, una sierra de agua que mueve el Revinuesa y se llegan á ver las primeras casas del pintoresco y encantados pueblo de Vinuesa.

Covaleda, 1913, Laguna Negra

Covaleda, 1913, Laguna Negra

Vinuesa antigua villa con jurisdicción, como demuestran el rollo de piedra que se levanta en la plaza y los restos de una horca, es un pueblo rico en esta provincia de pueblos pobres.

Pero no es rico por lo que de la pobre agricultura esquilmada a apuro de tributos y gabelas, sino porque Vinuesa ha encontrado una verdadera mina de oro que explota con voluntad firme y empeño decidido.

En otro tiempo, entre Viuuesa y La Muedra, hubo una fábrica que explotó el hierro que aquellos montes encierran en su seno pero la explotación cesó, no por falta de las primeras materias seguramente, y entonces los hijos de aquel país se dedicaron á buscar con empeño otra mina aun mas productiva.

Asegura la gente que la encontraron en America, allá en la República Mejicana, en la que hay respetadas y opulentas casas de comercio fundadas y sostenidas por hijos de Vinuesa, pero yo tengo para mi; que las tales riquezas estaban ocultas en el cerebro y en las venas de los vinueseños que fueren á America ansiosos, de trabajar, llenos de actividad, de inteligencia, de verdadero talento comercial que les ha proporcionado muy buenos miles de duros á cambio de unos cuantos años de juventud sacrificados en el altar del trabajo.

El secreto de la nueva mina, cundió pronto y hoy rara es la familia que no tiene uno, dos ó mas individuos al otro lado del Atlántico haciendo una fortuna que le ayudan á comerse sus parientes de España. Una cosa he observado en mi visita á Vinuesa; no hay ninguno de aquellos emigrados voluntarios, que á través de los mares, no lleve fija en su mente la idea del pueblo en que nació, idea que no se borra nunca de ella, ni entre tos enredosos negocios mercantiles, ni entre las caricias de la fortuna.

Por la patria querida suspiran en sus días de trabajo, y el recuerdo del vallecito del pinar, les sirve de lenitivo para sus penas, de dulce consuelo para los días de fatiga de sueño dorado para volver a él a estrechar entre los cariñosos brazos á los ancianos padres y edificar una casa cómoda, hermosa, alegre en el mismo sitio que ocupaba la covacha donde nacieron.

De esto resulta que hay en la antigua villa edificios de moderna construcción. cómodos, elegantes, en medio de sencillez campesina.

Al lado de ellos se levanta el antiguo palacio del Marqués de la Vilueña, las ruinas de otro, de algún mérito arquitectónico y cuyos antiguos poseedores no he logrado saber, y algún otro caserón antiguo albergue otros días de aristocráticos dueños y hoy escuela de niños donde se aprenden las primeras nociones que se han de utilizar en el comercio o nido dichoso de un pobre plebeyo que pasea los salones donde antes resonaron las espuelas del señor feudal gracias a lo que ganó, allá en remotos climas, con el sudor de su frente.

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