RECUERDO DE SORIA 1897 – LAS LAGUNAS DE URBIÓN

RECUERDO DE SORIA 1897 – LAS LAGUNAS DE URBIÓN

Somos, por regla general, los españoles más dados a curiosear y darnos cuenta de lo que fuera de nuestro país existe, que a conocer y estudiar las cosas propias.

Y esto, que si bien se concibe y explica refiriéndose a esas determinadas esferas donde el capital y la inteligencia aunados logran crear artificiosas maravillas dignas de ser preconizadas, apenas si tiene disculpa cuando solamente se trata de las grandiosas manifestaciones de la naturaleza, que en España, como en país ninguno, se ostentan solitarias, sin lograr una apasionada mirada del artista, ni el codicioso y fecundo examen de la científica industria moderna.

Únicamente en el contagio de tan proverbial monomanía puede hallar su disculpa el que, habiendo visto correr los años de la primera juventud al pie casi de los gigantescos Picos de Urbión y sus sombrías lagunas, se haya extasiado por las valladas de Nay y Juranon; contemplado atónito las cascadas de Discoo y Gros-Flebre, y escalado la Gorge du Flourat y el Pico D’Ossau, sin sospechar siquiera que en su olvidada comarca nativa podía haber admirado mayores o cuando menos idénticas, magnificencias de la Naturaleza.

Muy pocos ciertamente podrán confirmar tan verídico aserto; tan contados son los que han visitado las agrestes regiones donde el solitario Pico de Urbión esconde entre nubes su cabeza y brotan sus lagunas misteriosas, que un error, sancionado por los geógrafos nacionales, señala como origen y nacimiento del río Duero.

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Fantástica habría de parecer la descripción detallada de estas desconocidas regiones, enclavadas en el corazón de una de las provincias castellanas, más desdeñada y silenciosa, y que, virgen aun de toda explotación inteligente, ostenta en sus dilatadas selvas y sus quebradas montañas, a la vez que maravillas de arte, valiosas muestras de los gérmenes de riqueza que encierra, y que sus moradores míseros no alcanzan a beneficiar por las condiciones sociales en que vegetan. Mas no siendo ese intento el que nos guía al escribir este artículo, casi exclusivamente encaminado a dar ligerísima idea de las lagunas de Urbión en general y más particularmente de la que se le viene señalando con una paternidad que no creemos le corresponde, cerraremos los ojos, ahuyentando artísticos recuerdos y encaminando directo al pensamiento al propósito convenido.

Cuatro son las sorprendentes lagunas que brotan y aparecen en la pintoresca sierra llamada de Urbión, complemento solo de las montañas de Oca y la Demanda.

La llamada del Pico, la primera y mayor que merece ser notada, lame la base del peón gigantesco por la parte del Noroeste, y radica en el término de Viniegra de Abajo, de la provincia de Logroño.

Apenas si podrá dar exacta idea el grabado que acompaña, del extraño y sombrío espectáculo que se ofrece al animoso tourista que, escalando las alturas de Urbión por entre inmensas selvas matizadas de artísticos prodigios, dirige la atónita mirada en torno suyo.

Colocado a más de dos mil metros sobre el nivel del mar, y abarcando la circunferencia entera que aprisiona las provincias de Burgos y de Soria y de Aragón hasta el Moncayo, mira luego a sus pies en pequeña inclinación al N.E. una verdosa taza casi circular, de grandioso diámetro, cuyos bordes interiores, jamás bañados por los rayos del sol, festonan enormes témpanos de hielo tal vez antediluviano, y que parecen como un basamento de los vertiginosos peñascales y las verticales rocas que exteriormente lo coronan.

El vértigo y la atracción del abismo hacen pronto apartar la mirada de la fantástica hoya, cuyas aguas forman únicamente el río Najerilla, unido después al Ebro, entre Baños y Montalvo; detalle que apuntamos, una vez que por si solo señala la diferencia entre el curso de esta agua caminando hacia Tortosa, y las del Duero que se dirigen a Oporto.

Descúbrese el nacimiento de este último río en la parte meridional del Pico, casi en su misma base, pero a más de cien metros de altura de la Laguna, y en vertiente opuesta.

Por razón de altura, obsérvase claramente que las fuentes del Duero no pueden proceder de filtraciones de aquella.

Por otra parte, la distancia que separa a unas y otras es de más de dos kilómetros, y entre ellas se interpone la elevadísima cordillera que divide las aguas del Mediterráneo de las del Océano.

Es en la parte meridional del Pico, como dejamos dicho, donde se descubre el nacimiento del Duero, en tres fuentes regulares, próximas entre si, desde cuyo punto, en su tránsito hasta el pueblo de Duruelo, se les reúnen infinidad de manantiales, que aumentan en tan breve espacio su caudal de tal manera, que basta para hacer funcionar las famosas sierras de agua del citado pueblo.

Únesele aquí el río Triguera, primer tributario del Duero, y escondido casi entre la tupida maleza del valle de los Pelendones y los arrogantes pinos de la sierra Umbría, se muestra luego en cauce anchuroso y despejado, en un alegre y precioso lugarcito que, sin duda para mejor justificar la ostentación que el río hace allí de sus aguas, está bautizado con el nombre de Salduero.

Está la laguna llamada Negra, que también ha supuesto por el geógrafo Verdejo Páez, por Avendaño y algún otro, como origen del Duero, y a la que ha revestido la fantasía del vulgo de sombrías leyendas, a unos nueve kilómetros de las verdaderas fuentes del río, y tampoco se encuentra en la falda que se le designa.

De su belleza, así como da la laguna Helada, que nace en una cúspide de la misma altura que el Pico de Urbión, y que en mágica cascada se extiende por las estribaciones del prodigioso Pico de Zurraquin, no nos es dado ocuparnos aquí detenidamente.

Y lo mismo omitiremos la descripción de la laguna llamada Larga, cuya vertiginosa carrera por aquellos despeñaderos deja suspenso el ánimo, tan predispuesto para la contemplación de lo maravilloso desde que se penetra en esta desconocida comarca pinariega, que nuestros pintores, nuestros poetas y nuestros emprendedores capitalistas no perderían nada con visitar con detenimiento.

ANTONIO PEREZ RIOJA

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