RECUERDO DE SORIA 1892 – EL PINARIEGO

RECUERDO DE SORIA 1892
TIPOS DE MI TIERRA
EL PINARIEGO

En las estribaciones de la Demanda
en los tranquilos valles, que con sus aguas
Amantes besan,
El Ebrillos, el Duero
Y el Revinuesa.

Vive tan escondida, cuanto ignorada;
tan poco conocida, cuanto olvidada,
ruda y sencilla,
la de los pinariegos
pobre familia.

Allí, entre matorrales y ásperas breñas,
se asientan unas cuantas pobres aldeas,
medio veladas
por inmensa cortina
de pinos y hayas.

En ellas nacen, crecen, viven y mueren,
aquellos, cuanto altivos, míseros seres,
que no conocen
más que los del trabajo
tranquilos goces.

Cuando por el Oriente despunta el alba,
y sus efluvios pálidos apenas bañan
las altas cimas
de las inaccesibles
sierras vecinas,

Abandonan su pobre lecho sin pena
y marchan presurosos a su faena
los moradores
de aquellas ignoradas
estribaciones.

Y siguiendo senderos que serpentean,
de los ásperos montes, por las laderas,
Llegan al cabo,
del pinar, a los sitios
más intrincados.

Allí, donde se admira la omnipotencia
de Dios, sin más testigos que su conciencia,
lánzase activos
al penoso trabajo
de cortar pinos.

Y cuando por el monte retumba fiero
del hacha el estridente golpe certero,
y se conmueve
en su asiento el añoso
tronco que hieren.

Crecen del pinariego las esperanzas;
más y más agitado late y se ensancha
su noble pecho,
y redobla animoso
golpes y esfuerzos.

Y cuando al dar el último tajo, vacila,
cruje, y hacia la tierra la frente inclina
aquel coloso,
que a los cielos erguíase
majestuoso.

Apóyase en el hacha que le ha servido
para verle a sus plantas al fin vencido;
y se envanece,
y con su triunfo, altivo,
se enorgullece.

Ni el calor le acobarda, ni teme al frío;
y lo mismo en invierno que en el estío,
que llueva o nieve,
los corpulentos pinos
a sus pies tiende.

¡Y cuantas veces, cuantas ¡ay! Se confunden
las lágrimas benéficas, que de las nubes
raudas descienden,
con el sudor que inunda
su noble frente!

Así que el sol ocultase, tras de las cimas
de las inaccesibles sierras vecinas
torna a sus lares,
de impaciente le aguarda
su esposa amante.

Allí, mientras consume mísera cena,
a la rojiza llama de humosa tea,
se habla de paso
del trabajo del día
que ha terminado.

Y se forman proyectos para mañana,
proyectos que interrumpen de la campana,
tristes los ecos;
demandando oraciones
para los muertos.

Así en la falda viven de aquella sierra,
felices siendo en medio de su miseria,
los moradores
de aquellas ignoradas
estribaciones.

BONIFACIO SANZ.

Hombres pelando un tronco con ayuda del hacha de dos bocas, empleada para cortar y pelar. Una vez cortado el pino, el desramado y el desbastado de los nudos se hacían con el «peto» del hacha de dos bocas, y después se pelaba o desroñaba la corteza del pino con el corte opuesto del hacha, utilizando la «pala». Pinares de la Sierra del Guadarrama. El Espinar, Segovia.

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