Los Pinos Zamplones

En el Año 2008, la Fundación Caja Madrid publicó un libro titulado “Los árboles: Leyendas vivas” y en su tomo II no podían faltar nuestros abuelos del bosque en un capítulo titulado “Los Pinos Zamplones”

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Los Pinos Zamplones

Los pinos Zamplones se encuentran en la parte más alta de los montes de Covaleda. Son un conjunto de pinos silvestres grandes, hermosos a nuestros ojos por las formas retorcidas y singulares que poseen, pero probablemente faltos de valor para los ojos de aquellos que años atrás venían a cortarlos por la calidad y aprovechamiento de su madera.

En esta zona del monte, más expuesta a los rigores del invierno y con menos profundidad de suelo, los árboles desarrollan menos altura y su porte es menos esbelto y alargado.

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Abundan los ejemplares achaparrados, más gruesos, ramosos y con copas más abiertas; en definitiva, más “zamplones”, como se les ha denominado. La mayor lejanía del pueblo y su aspecto poco atractivo hizo que se dejara de lado el aprovechamiento de estos árboles, pues en los montes de Covaleda siempre ha habido suficiente madera de calidad para cortar.

Covaleda, como toda la zona de pinares de Urbión, ha vivido y vive aún hoy de la madera. Pero si echamos un vistazo al pasado, veremos que la historia de estas tierras no ha sido fácil y que el mantenimiento de sus bosques no es, de ninguna manera, fruto de la casualidad.

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El pasado de los montes de Covaleda está directamente relacionado con las llamadas Comunidades de Villa y Tierra, que constituyeron una forma de gobierno única y peculiar, desconocida hasta entonces en la península Ibérica. Gracias a este tipo de estructura, perfectamente organizada y generosa, basada en un aprovechamiento comunal, se han podido conservar hasta nuestros días montes como los que se encuentran en esta sierra de Urbión. Estas comunidades formaban una relación de dependencia mutua, ya que en aquella época era necesario agruparse y asociarse para poder sobrevivir. En una tierra con un clima tan adverso, la propiedad comunitaria ayudó a arraigar a los vecinos en las aldeas y posibilitó su supervivencia.

De los montes proveían la leña para combustible, la madera para elaborar los aperos agrícolas, las finas hierbas para el ganado lanar y el pasto para alimentar a mulas y bueyes de trabajo y transporte.

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Las cortas no se improvisaban y respondían a criterios muy definidos. Una vez decididos el sistema y la zona a cortar, el pinar se dividía en cuadrillas y a cada cabeza de familia se le adscribía una. Cuando la cuadrilla terminaba la labor quedaba absolutamente prohibida la tala de nuevos árboles, y quienes incumplían la norma perdían la vecindad y todos los beneficios inherentes a ella durante un año.

La Ordenación forestal de los montes, realizada desde finales del siglo XIX, ha seguido garantizando el aprovechamiento comunal sostenible hasta nuestros días y, gracias a ello, los vecinos de Covaleda, y de otras zonas de Urbión, siguen recibiendo las llamadas “suertes de pinos”, que complementan considerablemente la economía de las familias que habitan estos pueblos.

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