LA INSTALACIÓN DE UNA SIERRA DE VAPOR EN COVALEDA – IV

EL NOTICIERO DE SORIA – Num. 2126 – 12-02-1908

LA SIERRA DE VAPOR DE COVALEDA

Nuestro apreciable colega Tierra Soriana se ocupa en su número de ayer de este asunto, y lo hace en términos que nos sirven de gran satisfacción puesto que coinciden con nuestras ideas, o indudablemente con las ideas de todas aquellas personas que desinteresadamente solo anhelan el bien público y el desarrollo y conservación de nuestra riqueza forestal en defensa de la cual se celebran Asambleas magnas y luego si hay caciquismos, no se les da de mano con saludable rigor.

Por nuestra parte, dirigimos hoy a quien corresponda la siguiente pregunta: ¿En qué trámites se halla la resolución oficial de este asunto?

Porque ya va siendo tiempo de que se resuelva y se sepa como se opina en el Cuerpo de Montes y en la Dirección general de Agricultura, que entendemos no se han de apartar un ápice dignamente de la Ley y la Justicia.

Por hoy no se sabe nada en concreto, mas no debe hacerse esperar la resolución más procedente.

A continuación publicamos la carta que don Marcelo Diez dirige a nuestro amigo y colaborador don J. José García y la contestación de éste:

Covaleda, camino de Salduero, sierra bajera? 1913

Covaleda, camino de Salduero, sierra bajera? 1913

Sr. D. Juan José García.

Muy señor mío y de mi distinguida consideración: He leído sus comentarios contestando al comunicado que tuvo el señor Rioja la consideración de publicarme en el número 2122 de su popular periódico y después de agradecer a usted el favor con que juzga mi torpe escrito y celebrar sus afirmaciones a defender siempre la justicia po puro amor (cosa no muy frecuente en estos tiempos) que hacen de usted dentro de nuestra provincia uno de sus más distinguidos y simpáticos prohombres, ha de tolerarme que sin pretender discutir con usted alegue algunas consideraciones que a mi juicio pueden aclarar los conceptos, y quien sabe, acaso hagan ver a usted la justicia en la causa que tan de buena fe como entusiasmo combate y sea en lo sucesivo su defensor.

Será, solo pensar lo expuesto una presunción demasiado optimista, pero sabiendo que usted ama a la justicia y creyendo yo sinceramente que está de mi parte, infundada mi esperanza, porque el que usted o yo por reconocer que estamos equivocados rectifiquemos nuestra pasada conducta no ha de ser motivo, mas que para que demos una vez más, prueba evidente del desinterés que en el asunto nos guía, aunque comprendo que este desinterés sea menor en usted que en mi que al fin he empleado y comprometido mi dinero creyendo sin ningún género de dudas, que podía hacerlo legalmente.

Dice usted que la finca particular donde afirmo tener derecho para establecer la industria de que tratamos está dentro del monte público por tanto, para establecerla he debido proceder según determina el párrafo 1º del artículo 38 tantas veces alegado de la Reforma penal de Montes de 8 de Mayo de 1884.

Afirmo yo que la finca está fuera del monte público y que por lo tanto estoy dentro de lo que dispone el párrafo 2º del citado artículo. ¿Quién de los dos está en lo cierto? Trató usted en su escrito de demostrar lo que afirma y aduce las definiciones de linde y límite para concluir diciendo que la fábrica de Marcelo Diez está limitada circunscrita dentro del monte de Covaleda, no lindando con dicho monte de Covaleda.

Aunque por mi torpeza en entender no haya acabado de asimilarme lo que usted sin duda alguna ha dicho con mucha claridad he querido comprender que la finalidad de su argumentación es demostrar que la finca de mi propiedad está dentro del monto, porque a mayor o menor diferencia en cualquiera dirección está el monte público de Covaleda.

Yo entiendo que una cosa está dentro de otra cuando la primera está comprendida dentro de todos los límites de la segunda y que cuando una cosa no está comprendida en el espacio que limita con otra está forma no puede decirse que está dentro de ella si por ejemplo trazamos tres circunferencias concéntricas, y suponemos que el espacio entre cada una de ellas es una finca distinta, tendremos tres fincas, sin que podamos afirmar que la del menor radio está dentro de los límites de la tercera, porque los lindes de esta serían las que señalasen la circunferencia de mayor radio, y si el espacio que hay entre estas dos circunferencias hubiera una heredad particular entonces en cuando únicamente podría entenderse y aun violentando algo el sentido de la palabra, dentro de ella.

El monte de Covaleda no es el término de Covaleda, y si este tiene unos límites, el monte tiene los suyos dentro del término. Es el monte de Covaleda una de tantas fincas que hay dentro del término y como ella tiene sus límites, pero fuera de esos límites, fuera del monte y solo en el término está mi finca lindado, no precisamente con el monte, sino con otras particulares, como están todas las que poseen los demás vecinos que han podido y pueden hacer dentro de ellas lo que las leyes no les han impedido nunca y si amparado siempre. ¿Es que el monte de Covaleda es todo su término? Entonces ¿Cuándo se cursaron los expedientes pidiendo autorización para edificar elo horno de pan cocer? Las denuncias puestas por los encargados de la custodia del monte de maderas encontradas en esta finca fueron por extracción o por daños? Siempre lo fueron por extracción, luego fueron detenidas fuera del monte; los que hicieron hornos no solicitaron e hicieron bien ¿por qué? Porque siempre y por todos incluyendo a los técnicos encargados de la custodia de los montes han entendido y entienden seguramente que estas fincas están fuera del monte como es la verdad.

Si prosperase la teoría alegada por usted ¿sería posible señalar en España un punto que a mayor o menos distancia no estuviera limitando en el sentido que usted emplea la palabra circunscrito dentro de un perímetro de montes públicos? Seguramente que no y habríamos de concluir que en España no puede ocultársele y de todo resulta que una finca únicamente está dentro de otras cuando la primera está dentro del espacio que limitan todos sus lindes he dicho lindes porque no solo se han de tener en cuenta los que separan un monte de un pueblo del término de otro, sino también los que lo separan de las fincas particulares del propio pueblo.

Siento haber fatigado a usted mucho si se ha tomado la molestia de seguir mi argumento pero me torpeza no da más sin embargo no voy a terminar sin decir a usted que poner obstáculos a la instalación de la sierra puede ser muy cómodo para que los encargados de la vigilancia descansen, pero no es procurar el mayor beneficio a los pueblos ni a los montes obligarles a renunciar a los adelantos que aconseja la economía y la ciencia para su mejor explotación.

No volveré a ocuparme en el periódico de este asunto; los que tienen competencia jurídica han de resolverlo pronto y yo espero tranquilo una resolución que no podrá menos que reconocer los legítimos derechos de la propiedad privada, tanto del que suscribe, como de todos los terratenientes de Covaleda, que los verían mermadas contra todo lo que se podía esperar si viniese a resolver que en Covaleda no hay propiedad particular y que todo es del Estado.

Doy tanto a usted como al Sr. Rioja las gracias más expresivas por la consideración que me han dispensado tomando en cuenta más razones y queda de usted afirme, S.S.Q.B.S.M.

MARCELO DIEZ

sierra del maestro 1956

-.-.-.-.-

Sr. D. Marcelo Diez; Muy Señor mío y de mi distinguida consideración; No solamente sin fatiga ninguna, sino con mucho gusto he leído su atenta carta que procuraré contestar lo más brevemente que me sea posible, empezando por protestar sinceramente de su excesiva benevolencia para conmigo, porque mi amor a los ideales y a la justicia no me da derecho a ser prohombre dentro ni fuera de nuestra provincia. Precisamente yo, imitando a Mesonero Romanos, quisiera que en mi tumba se colocara el siguiente epitafio: “Aquí yace un hombre que no fue nada, absolutamente nada.”

He hecho grandes esfuerzos de imaginación para convencerme de que en efecto, la razón está de parte de usted en el asunto de la Sierra mecánica de Covaleda, pero he de confesar que el lío perimétrico de las tres circunferencias concéntricas ha embarullado de tal manera mis ideas, que el cálculo ha resultado un verdadero lío.

El hecho real y positivo que usted parece no querer reconocer, es que el monte de Covaleda y el término de Covaleda son una misma cosa, por que ese pueblo no tiene hojas o pagos de sembradura; en el Distrito forestal y la Ordenación de montes consideran y califican como monte todo el término porque así lo ha dispuesto también la Naturaleza, que en vez de hacer brotar cardos y mielgas sobre el terreno, lo ha querido cubrir en su totalidad de especies arbóreas. No hay por lo tanto límites del monte dentro del término y el argumento de los hornos de pan cocer es por de más inocente, porque le ley se refiere a industrias que utilicen materias forestales y los hornos de pan y los hogares para condimentar los alimentos y para calentar las viviendas no son industrias y a ningún legislador se le ha podido ocurrir ubicarlos como tal.

No menos inocente es la deducción de que para hallarse la finca de usted enclavada dentro del monte de Covaleda, resultaría que no habría en España finca ninguna que no estuviera dentro de algún monte; y aceptando este nuevo sistema logístico, me atrevo a proponer a usted la solución del siguiente problema: Dada la altura de un edificio y la orientación de su fachada principal, averiguar la edad de la esposa del propietario.

Como en último caso ni usted ni yo hemos de resolver el asunto, que es de exclusiva competencia de autoridades superiores, esta discusión no puede tener en la prensa otro resultado que el de distraer la atención de los lectores con nuestras opiniones particulares; siempre más desinteresada la mía, como usted no puede menos que reconocer. Debe usted creer que yo personalmente solo para usted toda clase de prosperidades en todos sus negocios e industrias; y que al tomar parte en este asunto lo he hecho, como repetidamente he afirmado, en defensa de la riqueza forestal que no se fomenta multiplicando los medios de destrucción. Se trata de un problema análogo al de la pesca de arrastre en los puertos, con la circunstancia agravante de que la pesca en el mar es de dominio público, y los pinos de Covaleda son del exclusivo dominio de los vecinos del pueblo, sin que tampoco el Estado tenga en el término propiedad ninguna, sino es la soberanía natural que ejerce en todo el territorio de la Nación.

Queda de V. con toda consideración y B.S.M. su afectísimo S.S.

J. JOSÉ GARCÍA

 

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