LA INSTALACIÓN DE UNA SIERRA DE VAPOR EN COVALEDA – III

TIERRA SORIANA – Num. 139 – 11-02-1908
SECUNDANDO UNA PROTESTA

LA SIERRA MECÁNICA DE COVALEDA

Hemos sido testigos mudos de la defensa que tanto el propietario de la nueva sierra de vapor de Covaleda como Noticiero de Soria y D. Juan José García, han hecho de sus respectivos puntos de vista. Si habilidad demostraba el mencionado propietario, no le iban a la zaga el colega y nuestro paisano señor García.

Nosotros, que prometimos intervenir en este asunto tan pronto como se presentó la denuncia en el Excelentísimo Ayuntamiento, hemos permanecido en situación expectante; pero hoy que llegan hasta nosotros las lamentaciones del pueblo de Covaleda y que, si no se ha dado al olvido el asunto, permanece en statu quo, de que es preciso que salga, haremos algunas consideraciones acerca de la sierra de vapor que, sin dar cumplimiento a los requisitos legales, se ha establecido en Covaleda, siendo amenaza constante para los intereses de esta comarca pinariega.

Respecto a la legalidad que ha presidido a la instalación de la indicada sierra, podemos considerarla dudosa o nula sin necesidad de acudir a logomaquias ni interpretaciones caprichosas de la letra de la ley. Sostiene el propietario que está enclavada en una finca de su absoluta propiedad y que, por consiguiente, sin necesidad de llenar los trámites que previene el artículo 38 de la Reforma Penal de Montes de 8 de mayo de 1884, podía establecer toda clase de industrias, siendo responsable, ¡claro!, de los daños que se causen en los montes públicos por efectos de las mismas.

Y para reforzar sus afirmaciones acude en auxilio del mencionado artículo 38 que reconoce ese derecho a los particulares dueños de las fincas lindantes con montes, que quieran establecer en ellas cualquier industria.

Pero como es en las fincas lindantes con montes, en las que se pueden establecer esas industrias, la fábrica del señor Diez que está dentro del monte, y no lindando con él, está fuera de la ley por no haber precedido a su establecimiento el expediente en el que se hayan oído los distintos pareceres que el artículo 38 considera necesarios. De que la fábrica está dentro del monte y no lindando con él, no cabe duda. No solamente está dentro del monte la fábrica, sino el pueblo mismo. Y para comprobación de nuestro aserto, sin echar mano de logomaquias más o menos sutiles, nos basta recordar que, en la resolución de un recurso de alzada interpuesto por un señor Berzosa, que se publicó en la Gaceta de 4 de septiembre de 1893, se declaraba que un pueblo próximo a San Leonardo estaba dentro del monte. Y no ha de ser de distinta condición el pueblo de Covaleda y la fábrica del señor Diez que, real y efectivamente, lo están.

Fuera de duda está que la instalación de la fábrica de serrar maderas, es ilegal. Pero el señor Diez, que si no lo es haría un excelente abogado, para el caso de que se le desestime la eximente de haber obrado en uso de un perfecto derecho, echa mano de una atenuante; el bien público. Es muy cómodo decir que el pueblo de Covaleda saldrá beneficiado con la nueva sierra, puesto que, a más bajo precio, puede elaborar sus maderas; pero así es cómodo como incierto.

Precisa conocer la organización social de los pueblos pinariegos, entre ellos Covaleda al que nos circunscribimos, para dar contestación a la afirmación precedente que, con todos los respetos, podemos calificar de gratuita.

Al vecindario de Covaleda se le concede una suerte de árboles que –dice el señor Diez y estamos de acuerdo- han de aprovechar del modo más económico posible. Pero deja de consignar el señor Diez que actualmente existen nueve fábricas o artefactos movidos por agua para hacer aquel trabajo; y si, en términos generales, no representa perjuicio para el que ha de utilizarlas, el que haya una fábrica más, no sucede lo mismo en el caso concreto de que lo que hayan de servirse de las fábricas tengan participación en las ya existentes; porque, establecida la competencia, forzosamente habrá de sucumbir la pequeña industria y con ella el medio de vida de gran parte de la población pinariega. ¡Que el progreso, a las veces mal entendido, acostumbra jugarnos malas partidas!.

Es lo cierto que, establecida la sierra de vapor en Covaleda, contra lo que preceptúa el artículo 38 de la reforma penal de Montes, han comenzado a notarse los efectos del caciquismo en Covaleda y no lo es menos que, a pesar de ser la misión del señor Diez proporcionar facilidades y economías a los vecinos de aquella localidad –según se nos dice- no se pierde el tiempo en la fábrica, acaparando el mayor número posible de pinos.

Habrá de estar legalmente establecida la industria y todavía encontraríamos aspectos censurables; pero no lo está, pese a todas las interpretaciones caprichosas, y necesariamente hemos de combatirla, porque representa desigualdad irritante, privilegio injusto que, en tanto se han denegado permisos para establecer maquinarias análogas a la población pinariega, se consiente que saltando por sobre la ley con la complacencia de autoridades y la muda aquiescencia de quienes están obligados a velar por los intereses de la provincia, funcione una sierra de vapor dentro del monte de Covaleda.

La ley si ha de merecer respeto, es necesario que la tenga de aquellos que están encargados de velar por su cumplimiento.

Los vecinos de Covaleda protestan de la intromisión ilegal y deben ser atendidas sus quejas. La influencia política, los cacicazgos, el favor oficial deben tener un valladar inasequible: la Ley.

Dejamos para otra ocasión las peregrinas teorías del señor Diez acerca del desarrollo y conservación de los montes. Efectivamente; está penado el aserrar madera fraudulentas y los guardas pueden vigilarlas.

Pero, a las veces, se eluden la penas y la vigilancia no es suficiente. ¿Cómo sino, podrán producirse los siniestros que actualmente se registran?

¿Para estos siniestros, preguntamos, no podrían servir de yesca que los iniciara las sierras en general que, si han de ser económicas, deben trabajar en todo tiempo?

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