Estudio sobre las medidas a desarrollar para evitar la despoblación de las zonas de montaña.

Comisión Especial del Senado de Estudio sobre las medidas a desarrollar para evitar la despoblación de las zonas de montaña.

Intervención de D. Pedro Agustín Medrano Ceña. 27 de abril de 2015.

Señor presidente de la Comisión, señores senadores, buenas tardes a todos. Les agradezco sinceramente la invitación para comparecer hoy aquí y poderles explicar la línea de trabajo que desde la Asociación Forestal de Soria venimos desarrollando en estos últimos años, en la que tenemos depositada nuestro corazón y nuestras ilusiones de futuro para con nuestra tierra, y especialmente por si pudiera ser de utilidad para el fin último que a todos los que estamos aquí nos une, que no es otro que volver a dotar de vida a nuestras zonas de montaña. Igualmente les felicito por el acierto en constituir esta Comisión.

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  1. Presentación

Me llamo Pedro Agustín Medrano Ceña, tengo 45 años, soy ingeniero de montes, vivo en un pequeño pueblo de montaña de la provincia de Soria y tengo un hijo y una hija que acuden a una escuela rural.

Desde hace casi 20 años desempeño mi labor profesional en la Asociación Forestal de Soria. Desde allí, junto con mis compañeros de trabajo, y arropados por una directiva valiente y por el cariño de miles de personas, venimos desarrollando una iniciativa innovadora, a caballo entre lo forestal, lo histórico, lo etnográfico, lo cultural y lo emocional, que alguien consideró que podría ser de su interés, y que desde nuestro parecer está marcando un nuevo modelo de actuación en el desarrollo de las zonas de montaña.

El trabajo que me ha traído aquí, estrictamente hablando, se centra en la recuperación y puesta en valor de los montes de socios.

Ciertamente es un día triste para hablar de la montaña, con la tragedia de Nepal tan reciente, pero seguiré adelante con mi intervención, la cual estructuraré en cuatro bloques:

  • El primero, de explicación de lo que son los montes de socios.
  • El segundo, referente al trabajo que en estos años hemos venido desarrollando para su recuperación.
  • El tercero, encaminado a elaborar unas conclusiones a partir de dicha experiencia.
  • Y el cuarto, a modo de sugerencias o propuestas de trabajo hacia sus señorías.

Y me auxiliaré de una pequeña presentación gráfica que ayude a fijar las ideas.

Comenzaré con estas pinceladas iniciales, orientadas a explicarles los que son los montes de socios.

  1. Los montes de socios y su peso específico en las zonas de montaña

Tal vez la denominación de “montes de socios” no les resulte familiar, ciertamente es un término de nueva acuñación, que precisamente tiene previsto recoger la vigente reforma de la Ley de Montes.

Pero sin embargo seguro que a sus señorías denominaciones como las de sociedades de baldíos, de vecinos, montes del común, montes en suertes, en varas, etc., sí que les resultan conocidas. Todas ellas son regímenes especiales de tenencia de la tierra, por las que ésta no pertenece en exclusividad a una única persona física o jurídica, sino que pertenece a un colectivo, formados en muchas ocasiones por varios centenares de personas que comparten estos patrimonios en régimen de pro indiviso.

Es una propiedad privada, pero colectiva.

El origen de estas formas de propiedad se remonta fundamentalmente a las políticas desamortizadoras de mediados y finales del siglo XIX por las que el Estado expropió para posteriormente poner en venta los bienes de las consideradas manos “muertas”.

En nuestras zonas de montaña, la desamortización que más repercusión tuvo fue la civil, resultante de la expropiación de gran parte de los patrimonios municipales.

Poniéndose en juego la base de la subsistencia de la comunidad (pastos, caza, leñas, madera, etc.) a los habitantes de los pueblos no les quedó otra alternativa que reorganizarse y pujar en esos remates de manera conjunta, al objeto de recomprar lo que había sido de ellos. Cada uno en función de sus posibilidades, en muchos casos buscando el dinero donde no existía, nuestros antepasados adquirieron para sí estos terrenos hipotecando durante generaciones sus modestas economías familiares.

La superficie ocupada por los montes de socios en España posiblemente supere el 1.500.000 hectáreas, fundamentalmente localizadas en las zonas de montaña.

Tan sólo en la provincia de Soria, la superficie ocupada este tipo de montes es de al menos 150.000 hectáreas, una superficie como casi toda la provincia de Guipúzcoa junta. El peso no es menor en otras zonas de España como Guadalajara, donde se subastaron 150.000 hectáreas, o como en Asturias, donde el peso de lo vendido por lo menos alcanzó las 100.000 hectáreas.

La problemática asociada a este tipo de montes era su imposibilidad de su gestión, derivada de su condición de pro indiviso.

Permítanme que despliegue este extenso documento que nosotros denominamos sábana, y que correspondiente a la comunidad titular del monte de socios al que yo pertenezco. En sus más de 7 metros de longitud aparece recogida toda la sucesión generacional recuperada, desde los compradores iniciales del monte en el año 1905 hasta hoy, y por columnas se muestran sus hijos, sus nietos, sus biznietos y sus tataranietos, hasta llegar hasta nuestros tiempos actuales, en una recopilación que afecta a varios centenares de personas.

Los montes de socios se rigen por las disposiciones contenidas en el Código Civil, por las que se exige la acreditación documental de las transmisiones y por las que se establece un sistema de mayorías de al menos el 50% de las cuotas en las tomas de decisiones ordinarias, y que incluso llega a ser del 100% para la adopción de determinados acuerdos.

Como podrán comprender, una exigencia imposible de cumplir habida cuenta de la sucesión generacional acontecida tras los más de 100 años transcurridos tras su compra y del grado de dispersión geográfica actual del grupo de condueños, situación que ha conducido a este tipo de montes a su casi total abandono.

Que nuestras montañas cuenten con esa ingente cantidad de superficie sin producir, que la provincia de Soria, disponga en su interior de casi una provincia de Guipúzcoa sin generar actividad, es un lujo que nuestra sociedad no se puede permitir.

trabajando en el pinar 1972

  1. La solución de las Juntas Gestoras. Un modelo novedoso de relación en las zonas de montaña.

Para dar solución a esta situación y permitir la administración de estos patrimonios forestales, la Asociación Forestal de Soria promovió una modificación normativa que finalmente tomó cuerpo en la Disposición Adicional 10ª de la Ley 43/2003, en la que se contempla la creación de las Juntas Gestoras.

La constitución de una Junta Gestora permite que personas como nosotros, descendientes de los antiguos compradores, podamos recuperar la capacidad de gestión de este tipo de montes, simplificando de sobre manera las exigencias impuestas por el Código Civil.

La publicación de la disposición adicional 10ª ha supuesto un auténtico punto de inflexión en la situación de abandono y olvido reinante. Hoy contamos en España con 51 Juntas Gestoras formalmente constituidas, localizadas en 6 provincias y en 4 CCAA diferentes, y lo que es más positivo, con una dinámica de solicitudes que sigue creciendo de forma exponencial. En la actualidad somos más de 15.000 las personas directamente implicadas con la gestión de la tierra recibida de nuestros mayores a través de esta figura.

Las comunidades locales han sabido responder a la oportunidad otorgada por la Disposición Adicional 10ª y han comenzado con empeño el trabajo de reconstrucción de sus respectivos paisajes, tratando de borrar la huella de tantos años de abandono con labores como limpiezas del monte, podas, desbroces de pastizales, reconstrucción de colmenares, repoblaciones forestales, plantaciones truferas, creación de zonas recreativas, recuperación de huertos, acciones educativas como campamentos  infantiles, etc. Multitud de actividades encaminadas a que sus respectivos paisajes vuelvan a estar vivos.

La manera más habitual de comenzar es efectuar una planificación rigurosa de los diferentes recursos del monte y de su potencialidad productiva, siempre bajo la premisa de la conservación y de la recuperación de su diversidad natural, buscando que de nuevo en el monte haya espacio para todos.

Se busca recuperar la experiencia de tantos años de gestión respetuosa para adaptarla a las oportunidades de los tiempos actuales, integrando la necesaria producción de materias primas con la creciente demanda de servicios, tratando de convertir de nuevo el monte en un espacio de convivencia y de multifuncionalidad..

El camino a seguir consiste en hacer, en avanzar conservando, en generar riqueza y empleo hasta volver a construir un verdadero paisaje. Producir y reinvertir.

Que lo que salga de la tierra, vuelva a la tierra.

Les decía al comenzar, que la propuesta desarrollada es ciertamente innovadora. Y lo es por los siguientes motivos:

  1. En primer lugar porque es una iniciativa verdaderamente nacida desde abajo, una demostración palpable de la capacidad que la sociedad civil tiene para autogobernarse. Una constatación práctica de la teoría defendida por la Nobel de Economía Elinor Ostrom en cuanto a la eficiencia de la propia comunidad para el gobierno de los bienes comunes.
  2. En segundo lugar, es también innovadora porque abre la posibilidad de desarrollo de un territorio de montaña no sólo a la población que vive allí, sino también a la que se tuvo que ir, pero que aún se siente vinculada con el pueblo y sigue conservando sus derechos de propiedad, generando por tanto un nuevo concepto de comunidad local, que directamente se nutre de las relaciones campo ciudad.

Y este hecho es tremendamente positivo:

  • Y lo es, porque extiende las posibilidades de desarrollo de las zonas de montaña a gente con maneras diferentes de ver la vida, obligándoles a tener que debatir y llegar a acuerdos para la adopción de decisiones. Algo así como la adaptación al siglo XXI del antiguo concepto del concejo.
  • también es positivo porque permite superar situaciones de resignación o de conformismo, a veces demasiado habituales en los pueblos donde ya quedan pocas personas y se instalan mentalidades del tipo “con los que estamos aquí nos sobramos” o “cuantos menos seamos a más tocamos”;
  • y es también especialmente positivo, porque permite que personas de la sociedad urbana conozcan de primera mano la realidad y el día a día del medio rural, contribuyendo a generar lazos y sinergias entre lo rural y lo urbano, completamente necesarias para que nuestros pueblos dejen de ser una realidad inexistente para nuestra sociedad.
  1. Y en tercer lugar, la iniciativa también es innovadora porque se nutre de conceptos como el valor de lo pequeño, de lo diverso, y porque su verdadera fortaleza no es el apostar en exclusividad por un solo uso del territorio, ni el acaparamiento de recursos a favor de una gran empresa o multinacional, sino defender un modelo multifuncional, desarrollado desde dentro y basado en los principios de una economía circular y de alcance, que potencie las fortalezas de los pueblos de montaña. Una modernidad basada en las enseñanzas del pasado.
  2. Unas conclusiones.

Podría ocupar todo el tiempo asignado a mi intervención contándoles multitud de ejemplos exitosos de puesta en valor de montes de socios, interesantes de conocer e ilustrativos de los diferentes paisajes y de las diferentes culturas de nuestras montañas, pero sin embargo considero más operativo realizar una pequeña reflexión o valoración sobre la línea de trabajo desarrollada y sobre los aspectos que podrían ser extrapolables a las políticas que se apliquen en los territorios de montaña:

1ª conclusión. Para comenzar, creo que compartirán conmigo que la recuperación de este tipo de paisajes es importante para nuestro país. Como ha expuesto algún otro interviniente en esta Comisión, es interesante que como sociedad sepamos si queremos o no abordar esta recuperación. Y en este sentido, nuestra experiencia identifica tres elementos positivos que de por sí justifican la idoneidad de esta estrategia revitalizadora: el beneficio ecológico, el beneficio económico y el beneficio social.

2ª conclusión. Se trata saber si esto de verdad le importa a nuestra sociedad, que es la que finalmente vota. Pues permítanme que les responda. El día 27 de noviembre del año 2011 el periódico El PAIS tuvo a bien recoger en un reportaje el trabajo que veníamos desarrollando. Tras su publicación, nuestra web y nuestro teléfono se colapsaron, así que nos dio por saber qué había pasado. Seguimos tres noticias publicadas en ese mismo periódico ese mismo lunes. La nuestra, una relacionada con los mercados y una relacionada con un Real Madrid Barcelona y las consiguientes discusiones entre Mouriño y Guardiola. Pues transcurridos tres días, la noticia del fútbol había tenido 16.000 entradas en lo que es la versión digital del periódico; la noticia de los mercados 39.000; y la noticia de nuestro trabajo 80.000 entradas.

Señorías, esto realmente importa. Somos un país que ha crecido y que se ha desarrollado con una historia complicada, con el sacrificio de muchas personas honradas que se vieron obligadas a dejar sus pueblos y emigrar, pero que nunca pudieron olvidar la tierra que les vio nacer y todavía la sienten en su corazón.

La 3ª conclusión la quiero destinar a destacar el acierto en la estrategia de recuperación empleada, que no ha sido otra que la de plantear la recuperación del carácter  multifuncional de este tipo de paisajes forestales. Los montes de socios, como territorios de montaña que son, han sido modelados por una permanente interacción entre el hombre y la naturaleza. Para volver a dotarlos de vida se debe reconstruir esa relación de interdependencia que en su momento existió entre el conjunto de actividades, por la que todo era aprovechado y todo era complementario. Plantear la recuperación de espacios tan complejos en base al desarrollo de una sola actividad es un desacierto que solamente conducirá a la simplificación del paisaje, a la generación de desequilibrios internos y a la insostenibilidad del mismo.

Plantear la recuperación de las zonas de montaña deberá realizarse con una metodología parecida a la de la recuperación de los montes de socios, con estrategias comunes, pero donde la escala de trabajo sea cada uno de los paisajes que la conforman, ya que cada paisaje es un ente dotado de personalidad diferenciada o porqué no decirlo, de vida propia, ya que está configurado por unos elementos humanos y naturales combinados de forma diferente, y que por tanto requerirá de sus ajustes específicos, hasta poder alcanzar de nuevo su estado de sostenibilidad.

Este posiblemente sea el elemento diferencial entre una estrategia de trabajo exitosa y las tradicionalmente aplicadas en nuestros territorios, basadas en políticas de carácter sectorial o en políticas de ordenación del territorio realizadas a escalas inadecuadas.

Señorías, si de verdad queremos garantizar la persistencia de los habitantes de las zonas de montaña, trabajemos por garantizar la persistencia de sus paisajes, entendiéndolos y manteniéndolos en su globalidad y en su complejidad.

La sostenibilidad de las zonas de montaña solamente se alcanzará consiguiendo la sostenibilidad de sus paisajes, velando por una adecuado equilibrio entre el sector primario, el secundario y el sector servicios, y nunca cayendo en la fácil tentación de replicar en ellas modelos urbanos que sólo pretendan convertirla en un lugar de segunda residencia

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4ª conclusión. El valor otorgado a la gobernanza.

Como podrán imaginar ustedes, recuperar esa multifuncionalidad inherente a nuestros paisajes no se podrá alcanzar si no se consigue redefinir la norma que armonice todas y cada una de las actividades interrelacionadas.

Esta norma, este Estatuto existió en todos y cada uno de nuestros pueblos. Como en el caso de los montes de socios, para definir el futuro de nuestras zonas de montaña deberemos partir del contenido de los pactos y normas internas con las que las comunidades locales se dotaron para conseguir que estos espacios se conservaran y mejoraran.

La ordenanza reguladora del comunal (empleo la palabra comunal en su sentido amplio y no exclusivamente en los términos recogidos en la Ley reguladora de las Bases del Régimen Local) estableció la manera de usar y gestionar cada uno de nuestros paisajes de montaña, al estilo de lo que hoy debería indicar un buen plan de gestión, marcando los tiempos, los modos y las formas con los que interactuar con los recursos naturales. Pero no sólo eso, también recogía los comportamientos y formas de actuación que los vecinos debían desarrollar en casos de necesidad.

En algunos lugares, la emigración y la despoblación favorecieron que las ordenanzas dejaran de respetarse, y que muchos terrenos comunitarios pasaran a convertirse en fincas destinadas al uso privativo de los últimos vecinos o de terceros, simplificándose los paisajes de conformidad a los intereses de estos últimos usuarios, en muchos casos al dictado de las diferentes políticas agrarias comunitarias.

En otros lugares, han sido los propios ayuntamientos los primeros interesados en que los terrenos comunales pierdan su consideración, prefiriendo su calificación como patrimoniales.

Tanto una como otra son estrategias cortoplacistas, que conllevan un elevado coste de oportunidad y la pérdida de un importante patrimonio cultural y natural, en cualquier caso incompatibles con la verdadera sostenibilidad de los paisajes de montaña.

La 5ª conclusión es una consecuencia lógica de las dos reflexiones anteriormente expuestas, y es la referente a la necesidad de actuar con políticas integrales propias y no con actuaciones de tipo sectorial. La montaña no conoce dónde está la barrera que distingue lo forestal de lo agrícola o de lo ganadero, ni la que separa estos sectores más primarios frente a la actividad transformadora o al sector servicios. La montaña es agroecología y solo podrá recuperarse si se entiende y se reconoce la base de su funcionamiento, que es una economía familiar basada en la realización de diferentes tipos de actividad.

Para reconocer este elemento diferencial de una sociedad organizada en unos principios diferentes, se hace preciso definir formalmente lo que es una zona de montaña, no sé si a través de nuevas legislaciones, o simplemente aplicando las ya existentes. Sea como fuere, necesitamos una marco diferencial para nuestras zonas de montaña, una estrategia que nos diferencie del resto del medio rural, que marque nuestros elementos comunes y que a partir de ahí nos impulse provocándonos a potenciar la idiosincrasia de cada uno de nuestros paisajes.

La 6ª conclusión es la referente al principio de mínima intervención administrativa, que ha sido otra de las claves del éxito del trabajo de recuperación de los montes de socios, reservándose la administración una intervención mínima, tan sólo la verdaderamente necesaria, y trasladando a la sociedad civil el verdadero protagonismo en el trabajo de reconstrucción.

Ciertamente es un reto, pero si lo que queremos es recuperar la vinculación de la gente con su tierra, tenemos que hacer a la gente partícipe y responsable en la toma de decisiones sobre los temas que les afectan.

No se puede plantear una estrategia de recuperación poblacional en la que la administración pretenda sustituir a la iniciativa de sus administrados. Eso sólo conduce a una mayor desvinculación.

Como forestal que soy no me cansaré de decir que la desvinculación es la principal amenaza que acecha a nuestros bosques y es una de las causas por las que se originan los incendios forestales. No es sin embargo una cuestión que afecte en exclusividad a este sector. Es una cuestión que acecha y que está presente en todos los momentos de la vida de los pueblos. Desde cuando se produce un cierre de una escuela rural, a cuando se retira de un pueblo el ciclo de la ESO y los niños tienen que abandonar antes sus casas, o a cuando se le priva a un comedor escolar de la posibilidad de comprar y cocinar la comida producida en el propio pueblo y esta es traída desde la capital dos veces en semana lista para ser calentada en un horno.

La desvinculación también afecta a la pequeña empresa local, como es el caso de los aserraderos o las pequeñas empresas de servicios de los pueblos, cuando no se les reconoce el valor añadido que generan en la localidad y en su entorno y se les conduce a procesos de contratación en los que el precio es el único criterio de selección, en muchos casos a través de contratas públicas preparadas para que comparezcan grandes empresas que se llevan todo el valor añadido fuera del lugar donde se produce.

Y ahí es donde tiene que aparecer la intervención de la administración, detectando estas disfunciones y facilitando su corrección, no favoreciéndolas.

Señorías, esto no quiere decir que no necesitemos de la ayuda de nadie. Los ciudadanos solos, nunca podremos desarrollar esta titánica tarea de volver a dotar de vida a nuestras montañas. En este reto deberemos desempeñar un papel fundamental, asumiendo los derechos y responsabilidades que se nos asignen, pero precisamos del impulso y del apoyo de quien tiene la posibilidad de elaborar las normas, de quien tiene la capacidad para hacerlas cumplir, y de quien tiene la posibilidad inversora. Deberemos ir juntos, en modelos colaborativos público – privados, y con una perfecta definición de los roles a desarrollar. Sólo así seremos capaces de avanzar.

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7ª conclusión. Dejo para el último lugar una de las cuestiones más importantes, que es la referente a la educación y a la importancia que se le debe otorgar a la formación en las zonas de montaña.

Podremos ponernos a trabajar y ser capaces de cambiar el rumbo de nuestros territorios de montaña, pero si mantenemos el esquema educativo vigente, seguiremos preparando a nuestros hijos para que se marchen hacia las ciudades. Y es que continuamos aplicando en nuestros pueblos un modelo educativo “urbano”, que está pensado para abordar los retos de una sociedad urbana, pero no los de una sociedad rural.

La familia rural ha cambiado. Antes en todas las casas se transmitía el conocimiento asociado a los saberes campesinos. Hoy no es así, ya que cada vez menos familias del medio rural viven de trabajar la tierra. ¿Quién será entonces quien les enseñe, cuándo?

Sin duda alguna, las zonas de montaña precisan de un modelo educativo diferenciado, propio, que recoja todas las enseñanzas necesarias para que nuestros hijos puedan enfrentarse a la sociedad globalizada del siglo XXI, pero que también sirva para fortalecer sus raíces y enseñarles a relacionarse con su entorno. No se trata de reclutarles de una manera forzosa en lo agrario. Se trata de ofrecerles la formación necesaria para asegurar su libertad de elección. Proporcionémosles raíces, que ellos encontrarán sus alas.

Y en una sociedad cambiante, donde los patrones de trabajo están renovándose continuamente, la educación en el medio rural necesita abordar otra de sus grandes debilidades, como es el conformismo; debemos fortalecer desde la escuela el espíritu emprendedor, en sus dos vertientes, en la económica y en la social, porque en la montaña todo es más difícil, y hay que ser mucho más valiente para abordar cualquier iniciativa, así como para superar el estigma del fracaso.

Corrigendo esto, estaremos contribuyendo a mejorar la sociedad del futuro, pero la realidad es que en este momento, en nuestras montañas son muy pocas las personas en edad laboral capacitadas para desarrollar una actividad campesina con garantías de éxito.

Y es una carencia que sufrimos día a día, y que al igual que en el caso de los montes de socios, puede llegar a limitar las posibilidades de desarrollo de los procesos de recuperación que se diseñen. Necesitamos centros de formación agrarios, o paquetes formativos al estilo de Empleaverde, ágiles y flexibles, que nos recuerden los oficios y saberes del campo. No para volver a pasear la manta de cuadros al hombro, sino para saber cómo usar la tierra hoy, cómo convertir la gestión en herramienta de conservación, como convertir los recursos naturales en productos y cómo insertarlos en los mercados globales del siglo XXI.

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  1. Retos. ¿Por dónde empezamos?

Señorías, urge actuar. Estamos en un momento crítico, tal vez seamos la última generación con conciencia rural.

Tenemos un verdadero problema estructural. Nuestros pueblos se están muriendo. La gente que atesora los conocimientos se nos va. Es nuestro momento y nuestra responsabilidad generacional. Nuestros padres nos proporcionaron una formación para algo.

Dejémonos de estrategias, de libros blancos, de observatorios o de planes marco.

Hagamos cosas de verdad. Actuemos como tantas veces se ha hecho en el campo, con ensayos.

Como en los años 50, cuando nuestro país decidió actuar y combatir el minifundismo agrario apostando por la concentración parcelaria. Empezaron con un ensayo; no esperaron a disponer de la Ley perfecta, ni de la estrategia definitiva. Eso ya vendría después.

Les propongo a sus señorías que comencemos con un proceso parecido. Diseñemos un Plan piloto, que comience con unos territorios representativos de diferentes zonas de nuestras montañas.

  • Conozcamos a fondo cada uno de los paisajes campesinos elegidos.

Descubramos lo que D. Jaime Izquierdo denomina los planes de manejo vernáculos.

  • Adaptemos estos planes a los tiempos actuales, convirtiéndolos en verdaderas herramientas de conservación. Definamos qué procesos se deben mantener y cuáles puede ser conveniente redefinir.
  • Identifiquemos las unidades de trabajo asociadas a cada uno de los paisajes.

Valoremos la cuenta de explotación asociada al conjunto de actividades propuestas.

  • Conozcamos cuánto empleo pueden llegar a proporcionar. Nadie aspira a que un paisaje que antes mantenía a 60 familias, hoy vuelva a ser ocupado por 60 nuevos moradores. Pero si en ese paisaje, hoy nos caben 4-5 personas trabajando todo el año, tenemos que buscarlas. En la provincia de Soria hay 400 montes de socios. Si ocupamos cada uno de ellos con 4-5 personas, ¿saben ustedes lo que esto significaría?
  • Formemos e ilusionemos a personas que crean en este proyecto. Para este viaje necesitaremos de verdaderos aliados.

Y démosle su tiempo. Esto es una labor compleja que precisará de correcciones y de adaptaciones hasta obtener los primeros resultados.

  • Y transcurrido ese tiempo valoremos la experiencia. Cuál ha sido coste y su beneficio. En qué medida ha beneficiado a la conservación. En qué paisajes el proceso ha sido exitoso y dónde no ha sido posible de desarrollar. En qué lugares ha requerido inversión y en cuáles otros sólo ha requerido un impulso.

Sepamos cuáles han sido sus puntos críticos.

  • Y a partir de ahí podremos generalizar la actuación hacia otros territorios de montaña con paisajes análogos. Porque si aprendemos a rescatar un paisaje campesino, sabremos cómo rescatar otros. Y posiblemente entonces será cuando tengamos que legislar y adoptar la decisión política verdaderamente acertada.

En definitiva, un plan piloto que cambie la manera de abordar el desarrollo rural. Un plan cuya estrategia de trabajo sean los paisajes, no sólo las personas. Porque posiblemente no se trate de seguir aportando dinero con el mismo planteamiento de siempre, sin pararnos a pensar si la actividad que estamos financiando a través de la PAC es sostenible, sin valorar si lo que estamos haciendo es efectivo o sólo contribuye a acentuar la despoblación que queremos combatir.

Porque para que nuestras zonas de montaña sean sostenibles no sólo tienen que vivir el agricultor o el ganadero, también tiene que existir un artesano, o un comerciante, o un hostelero; y la única manera de permitir todo eso es apostando por la globalidad del paisaje. Porque solamente garantizando la viabilidad de los paisajes y de sus comunidades vinculadas podremos asegurarnos la continuidad de las personas.

Y mientras desarrollamos esta experiencia podemos incidir en otra serie de elementos correctores o compensadores de enorme eficacia, como son los incentivos económicos y la fiscalidad, herramientas tremendamente efectivas desde las que poder compensar los sobrecostes que conlleva la vida diaria en las zonas de montaña y con la que hacer más atractiva la instalación de nuevos moradores.

Muchas gracias.

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