HISTORIA DE SORIA – VVAA

HISTORIA DE SORIA
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Más fiestas de toros, rituales, son «la barrosa», en Abejar; la vaquilla de Fuencaliente; y «comer la vaca», en Olvega; así como las fiestas de la caridad, llamadas de San Roque, o de San Blas, en Navaleno y en San Leonardo, respectivamente, pero que también tienen sus complementarias en Duruelo de la Sierra, Covaleda, El Royo, Sotillo del Rincón, Valdeavellano y otros, en donde hay un origen, a toda costa taúrico, cristianizado luego en la Baja Edad Media o en los siglos primeros -una especie de comunión pagana- de la Edad Moderna. De todas estas fiestas es número singular la distribución de un manjar, carne de toro o vacuno joven, cocido en el campo en grandes calderas, y cuyo alimento es bien conocido por el nombre de «la caldereta».

Cuestión diferente son los bailes, entre los que destaca la jota, en cuatro especialidades: castellana, serrana, de clara influencia aragonesa, y típica, en expreso, de dos localidades sorianas, El Royo y Covaleda.

BAILES TIPICOS DE COVALEDA 27-4-2013 (9)

Del refranero de Covaleda, son frecuentes: «El que casa en Covaleda, mujer y burra lleva». «Seta colorá mízcalo habrá». «Engordar para morir es mal vivir». «De las sopas de la niñez hay recuerdos en la vejez». «El hijo de la gata ratones mata».

De Duruelo, junto a Covaleda: «Cuando reverdean las hayas de Zamplón, ya llenan los bueyes el barrigón». «Para San Miguel de nunca más ver». «De un burro una coz y, si te descuidas, dos». «Antes le falta la madre al hijo, que la nieve al granizo».

Durante este momento se dejará sentir en esta zona también la influencia tecnológica del foco metalúrgico del Noroeste, que adquiere gran incremento en contacto con el Sudoeste y otros focos metalúrgicos atlánticos, que se manifestará en los depósitos o escondrijos de hachas o palstaves del Bronce Final III, como el de Covaleda (Ortego, 1957; Fernández M. y Balbín, 1971), en el que se hallaron tres de talón con una y dos anillas, otra plana con resaltes laterales y un regatón de lanza; hachas de talón también se han hallado en Beratón (Castillo, 1927; Ortego, 1957; Fernández M. y Balbín, 1971) y San Pedro Manrique (Ortego, 1962). Taracena (1941, p. 91) también da noticia del hallazgo por el Marqués de Cerralbo de un pequeño depósito de hachas de cobre en Layna.

Una más plana con apéndices laterales apareció entre los materiales celtibéricos de la Cuestra del Moro, en Langa de Duero.

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Taracena (1941 a, p. 15), además de los dos elementos que él consideró célticos, los castros del norte y las necrópolis del sur, también señala otro elemento preceltibérico que pone en relación con lo ibérico mediterráneo, que él observó en algunas construcciones de aparejo denominado «ciclópeo» o megalítico, localizadas en distintos puntos de la provincia: los edificios rectangulares del Paso de los Arrieros y el Pozo de San Millán, en Covaleda (1941 a, p. 57); una cabaña circular (1941 c y d) precedida de corredor, cerca de Urbión, bajo el Balcón de Pilatos (Vinuesa), de 2,60 metros de diámetro, realizada con bloques de piedra a canto seco que tienen unas dimensiones aproximadas de 1,15 metros de largo, por 0,55 de ancho y 0,32 metros de grosor; se cubriría con falsa cúpula, por aproximación de hiladas, y serviría como habitación veraniega dedicada al pastoreo del gana do; la sitúa entre los siglos VI-III a. C., aunque solamente se recogieron cerámicas celtibéricas; una torre prismática en Santa María de Huerta (1941 a, p. 148), localizada en el lugar en que el Marqués de Cerralbo situó un «castro ciclópeo»; y, por último, un lienzo de este tipo constructivo localizado en Numancia (1941 a, p. 70).

El tipo de iglesia columnaria cuenta con una nutrida y selecta representación en tierras sorianas: Berlanga, Soria, Deza, Retortillo, Ciria, Yanguas, San Pedro Manrique, Alcubilla del Marqués, Abejar y Covaleda componen la nómina de lugares con edificios de este tipo, aunque los templos de las dos últimas localidades citadas sobrepasan con mucho los límites de la centuria. Este grupo de iglesias, puede relacionarse con las del foco burgalés-riojano, donde, al igual que en nuestra provincia, trabajaron activamente los maestros de cantería vizcaínos y montañeses.

Covaleda, altar de la iglesia, 1913, fiesta de San Lorenzo.

Covaleda, altar de la iglesia, 1913, fiesta de San Lorenzo.

Los templos de Berlanga, Soria y, en menor medida, el de Deza, deben figurar entre los más logrados y representativos de esta corriente arquitectónica en todo el ámbito nacional. Excepcional interés reviste el primero de los consignados, tanto por su grandiosidad y magnificencia, como por su precoz cronología, pues, como se sabe, fue construido entre 1526-30. En nuestro concepto, la colegiata de Berlanga es, no sólo el edificio de mayor empaque entre todos los nacionales de este tipo, sino también el más temprano -cronológicamente hablando- de la serie. Y es que, por entonces, concurrieron todas las circunstancias favorables para la realización de una obra de tan altos vuelos: un gran señor -el fundador- a la europea, a la altura de aquellos grandes mecenas que tanto se prodigaron en el s. XVI; una fortuna, superior a la línea media de las grandes fortunas de entonces; un clima artístico propicio y unas mentes capaces de llevar a cabo lo que el señor había soñado. Digamos asimismo, y para concluir, que la parroquial de Abejar –reconstruida en 1627- y la de Covaleda -erigida entre 1698 y 1706- testifican el arraigo y la larga pervivencia que este tipo de iglesias tuvo en territorio soriano.

La toponimia soriana aparece reflejada en cuatro obras famosas del siglo XIV: en el Libro de la Montería, del rey ALFONSO XI -que estuvo en Agreda y en Soria-, con referencias (libro II, cap. X) a varios montes de esta provincia (Verrún, Ebrillos, Berrocal, Covaleda, Duruelo y San Leonardo); en el Libro de Cetrería, del Canciller de Castilla, Pero LOPEZ DE AYALA, donde se glosa la riqueza venatoria de nuestra tierra; en el Libro de Buen Amor, del Arcipreste de HITA, uno de cuyos versos, el 1222, alude así a la importancia ganadera de esta provincia, fundadora de la Mesta: «rehalas de Castilla, con pastores de Soria»…

Y, en fin, en el Libro de la Caza, del Infante Don JUAN MANUEL: este mismo autor, en El Conde Lucanor o Libro de Patronio8 recoge la leyenda del caballero don Pero Núñez de Fuentearmegil, «El Leal», que huyó de Soria con el Rey-Niño, Alfonso VIII, para protegerle de las discordias entre los Castros y los Laras, que se lo disputaban.

Covaleda, fuene y pilón, 1913

Covaleda, fuente y pilón, 1913

Pero no fue sólo la ciudad la que colaboró en la guerra contra el reino nazarita. Además de las tropas que en ella se hallaron hubo también una aportación económica para costear los gastos: Agreda, Olvega y los pueblos de su tierra, además de concurrir con sus mesnadas, colaboraron económicamente, para lo que tuvieron que arrendar sus dehesas a ricos ganaderos. Algunos carreteros sorianos de Duruelo, Covaleda, Salduero, Molinos, San Leo nardo, Casarejos, Vadillo y Navaleno transportaron los pertrechos militares, y los Reyes, en agradecimiento, les concedieron varios privilegios como el de «poder soltar a pacer y descansar sus ganados por qualesquier pastos no haciéndolo en los panes y vinos» y que no les cobrasen portazgos cuando se hallaban en el servicio real. Los judíos de Osma, en 1488, habían contribuido con 485 maravedís por cada castellano, y la Reina, el año siguiente, otorgó poder a Fernando de Herrera, receptor de bienes confiscados por hérejía en el obispado de Osma, para que pudiesen venderlos en pública almoneda y dedicar lo ganado a esta guerra o la Inquisición. En 1491, los reyes Católicos dieron, a Don Alonso Carrillo de Acuña la villa de Caracena, con sus aldeas y el pueblo de Ines, en pago a la mitad de los vasallos y rentas que se le concedieron en compensación de los 16 cuentos de maravedís con que había servido a Sus Altezas para la guerra de Granada, con la condición de que fuera mayorazgo y no pudiera vender sus bienes.

Con el tiempo y la extensión de las propiedades de la Iglesia en tierras realengas, la situación de sus habitantes también fue empeorando: en 1626 y en la jurisdición de Soria, «la mayor parte de las tierras que se labran en los lugares de la jurisdición son de personas de la Ciudad y de Conventos, Capellanías e Iglesias, y pagan renta a los dueños de ellas de forma que la quincena parte de la propiedad de dichas tierras no es de quien las labra».

En estas circunstancias, las Hermandades nacidas para el aprovechamiento de la propiedad comunal tuvieron más defensa: la Hermandad de Pinares o Concejos del Pinar, que integraba las aldeas de Duruelo, Covaleda y otras cinco de la merindad burgalesa de Santo Domingo de Silos, explotaba el monte y la madera como «cooperativa interconcejil». La Hermandad de Camero Nuevo o Hermandad de la Pineda, que agrupaba diversas aldeas de la zona (Ortigosa, Torrecilla, Castañares, etc.) aprovechaban en común los excelentes pastos para ganado lanar que poseían. La Junta de las Tres Casas era otra asociación que agrupaba la ciudad de Osma y las villas de San Esteban y Gormaz con sus alfoces y su tierra. Su centro administrativo estaba en La Olmeda y según datos del siglo XVI, contaba con 1.500 vecinos distribuidos en cuarenta aldeas que explotaban comunalmente sus términos, montes y pastos, y a partir del siglo XVI, reglamentaron el cultivo creciente del viñedo.

CABAÑA REAL DE CARRETEROS, TRAJINEROS, CABAÑILES Y SUS DERRAMAS

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El transporte terrestre en la España medieval estuvo en todo momento, en manos de empresarios privados, y entre sus dos modalidades, tuvo más importancia la arriería que las carreterías de bueyes. Pero además, hubo también carreterías de mulas.

Soria no fue tierra de arrieros,. salvo el núcleo de Yanguas. Los residuos de antiguas carreterías de bueyes o mulas hacen su presencia hasta la década de los años 1940-1950, sin dedicación al transporte público, exclusivamente con una finalidad privada. La excepción podría estar en las carreterías de mulas del contorno de la Rinconada’, pero de un solo carro o galera, porteando madera desde la tierra de pinares a Aragón, para regresar con vino o aceite.

Estos carreteros, a los que habría que añadir algunos, muy pocos, de Soria2 prolongan sus actividades hasta los años 50, debido a la escasez de camiones, como consecuencia de la guerra del 36.

Las recuas de mulas se mantienen hasta los años 50 y ss. pero tan sólo para transportar granos desde los pueblos hasta los mercados de Plaza Mayor, compuestos, a lo sumo, por dos o tres mulas como máximo. También recurren a este medio de transporte los recoveros, que siguen practicando el trueque por pueblos y mercados, alejados de las vías de comunicación 4.357 Las carreterías, pertenecientes a empresarios privados, realizan, no obstante, servicios públicos. Y esta finalidad hace que la Corona pacte con los carreteros y sean los Reyes Católicos, en 1497, los primeros en otorgar privilegios a la Real Cabaña de Carreteros del Reino, que prolonga como tal sus actividades hasta el año 1836.

Una vez más, la estructura económica de Soria, los montes y tierras comunales, los paros estacionales en que se ven sometidas las comarcas de pinares, junto con un talante proclive a un género de vida transhumante y a una

vocación empresarial, hará posible la creación de la Hermandad de Carreterías de bueyes más potente de España5 .

Esta Hermandad, Asociación o Gremio, enteramente Soriana-Burgalesa, englobada a los pueblos de Duruelo de la Sierra, Covaleda, Molinos de Salduero, Navaleno, Casarejos, Arganza, Vadillo y derramas: Cabrejas del Pinar, Abejar, Herreros y Villaverde, Palacios de la Sierra, Vilviestre del Pinar, Quintanar de la Sierra, Canicosa de I¿~ Sierra, Regumiel de la Sierra, Hontoria del Pinar, Navás del Pinar y Aldea del Pinar, aproximadamente 670 kilómetros cuadrados. Es muy posible que, a la predisposición estructural que hemos señalado, fuera la revolución de la lana el motor impulsor de esa singular Hermandad o Gremio.

Si bien la Cabaña Real de Carreteros engloba a todos los propietarios de carretas, la Corona sólo realiza contratos con aquellas carreterías que pertenecen a una Hermandad, y son a estas Hermandades a las que, como contrapartida a los servicios públicos que realizan, a las que se les otorgan privilegios, encaminados siempre, en todo momento, a hacer posible su trabajo, el transporte de mercancías, sin el cual no hubiera sido posible el desarrollo de la economía nacional. Por razones de utilidad pública, abastecimiento de ciudades, guerras, construcciones de monasterios, etc., la Corona podía requisar por el tiempo que fuese necesario tanto las carretas como su personal, previo pago de lo pactado a las Hermandades.

La Hermandad Soria-Burgos de carretas fue la primera en orden a su constitución de rango nacional, gozando ya de privilegios aún antes de su institucionalización por los Reyes Católicos.

La organización de esta Hermandad pone de relieve la capacidad administrativa de los «serranos» y por su planificación, dirección y la holgura para la toma de decisiones, nada tiene que envidiar a las modernas organizaciones de las Agencias de transporte de ámbito nacional.

CARRETEROS

Braulio de Miguel Ureta e Isidro Altelarrea. Primeras personas en subir con una yunta de bueyes a los Picos de Urbión (22-08-1929)

Para tener una idea del esfuerzo organizativo de esta Hermandad es suficiente con saber que la misma engloba a 1.024 propietarios, con 5.078 carretas y 15.238 bueyes6 , lo que supone un total de unas 200 carreterías’.

Hay un hecho fundamental, la atomización de la propiedad.

En toda la Hermandad solamente 22 propietarios lo son de una o más. Existen, evidentemente, grandes propietarios. En los Molinos de Salduero, el segundo en importancia en España (el primero es Almodóvar del Pinar, en Cuenca), entre cuatro propietarios reunen 572 bueyes, lo que hace suponer a José Tudela que, entre los cuatro, tenían aproximadamente cinco cuadrillas de carretas. Quizá sea éste el máximo poder de concentración que conocemos. Son pocos, por lo tanto, los que pueden «fletar» una carretería con sus propios medios, reuniendo en una sola persona al transportista y al mercader.

En este caso, se trataría de una empresa de tipo capitalista, ya que el riesgo lo va a asumir una sola persona frente a la Hermandad, que es la que, a su vez, ha contratado el porte. Cuando la carretería está integrada por varios propietarios, éstos van a pérdidas y ganancias, a la cuenta de resultados que corre a cargo del mayoral, experto en contabilidad; de aquí que en el Catastro de Ensenada aparezcan propietarios como aparceros. En esta modalidad de contrato de «fletamiento», el riesgo ya no lo asume una sola persona, sino varias, se trata de un riesgo compartido.

El inmovilizado total de la Hermandad Soria-Burgos fue de 13.203.955 reales, en el siglo XVIII, y teniendo en cuenta el número de propietarios, es decir, 1.024, la inversión de cada uno sería de 12.894 reales, y como los beneficios totales fueron de 2.166.600 reales, la rentabilidad del dinero invertido venía a ser de un 15%, aproximadamente.

Todo esto hace suponer que el nivel de vida de los carreteros fue superior durante los siglos XVI, XVII y XVIII respecto a los individuos de las zonas agrícolas. Este nivel de vida (el número normal de carretas es de 7 a 8 por propietario) comienza a declinar durante el siglo XIX, sobre todo a partir de 1813, con el Decreto de acotamientos.

El año 1836 es el de la supresión de privilegios, la caída vertiginosa de la carretería, que prolonga su existencia, no obstante, hasta el año 1860.

La madera, la sal, la lana, son las mercancías que hacen posible la existencia de esta singular Hermandad. La desaparición de la misma supone la emigración masiva de los habitantes, sobre todo a las Américas, y, como recuerdo de su espléndido pasado -el urbanismo de Molinos-, perfecto, equilibrado y señorial, tal y como ha llegado hasta nosotros.

Queda para nuestra aceptación o no la crítica de Loperráez de las costumbres de los carreteros, invitándoles al cultivo de sus tierras y al abandono de su vida trajinante, por ser aquella más edificante que ésta. ¿Qué tiene de particular que después de dilatados viajes, al regreso a sus pueblos’, organizaran bailes y jolgorios en las grandes y espaciosas cocinas pinariegas?

Pensamos en la hermosa cocina de San Leonardo 8 , en todo caso como un anticipo de los «clubs» que hoy jalonan las rutas nacionales, donde los sucesores de aquellos carreteros, se distienden, hablan y beben. En todo caso, hemos sustituido unos medios de transporte por otros, pero la estructura permanece ahí, haciendo posible idénticas, paralelas, formas de vida.

Loperráez critica también el escaso consumo de ropa y, en cierta medida, la austeridad de sus costumbres y preferir la trajinería a la vida sedentaria de los labradores.

Loperráez se muestra, una vez más, partidario de las agrupaciones gremiales de la Baja Edad Media, y siempre so metidos a la Iglesia9 . Afortunadamente, los pinariegos no labraron sus campos; mantuvieron sus montes intactos, y cuando tuvieron que emigrar lo hicieron, creando la figura del Indiano. Hoy es la única zona no regresiva de la provincia, y donde existe el mayor número de Cooperativas, dedicadas a la fabricación de muebles, como hicieron sus antepasados.

El hospital de Santiago, de Yanguas, fue fundado, en la primera mitad del siglo XVIII, por don Gaspar Sáenz- Rico, natural de la villa, que fue comerciante en Veracruz.

Otros, se hallaban en Caracena, Santui –documentado en 1579-, Fuentecambrón, Recuerda, Almazul, Gómara, Torlengua…

El Catastro del Marqués de la Ensenada, entre otros, cita: los de Adradas, Agreda, Alentisque, Almajano, Almarza, Barahona, Borobia, Calatañazor, Cañamaque, Cardejón, Chércoles, Cidones, Covaleda, Deza, Duruelo, Fuentelmonje, Iruecha, Judes, Medinaceli, Mezquetillas, Molinos y Salduero, Monteagudo, Morón, Muro de Agreda, Nepas, Nolay, Olvega, Retortillo, San Esteban, San Pedro Manrique, Santa María de Huerta, Serón, Villasayas, Yanguas…

sierra nueva - sepia

Otro buen poeta y académico de la Española, el asturiano José GARCIA NIETO (n. 1914), que vivió sus años infantiles en las altas tierras de los Pinares de Soria, nos ha dejado, primero, en Elegía en Covaleda (Madrid, 1959), uno de sus mejores poemas de acento más hondo y humano y, luego, aparecidos en Geografía y amor (Madrid, 1961) -obra galardonada con el Premio Nacional de Literatura- y en otras publicaciones, nuevos poemas -casi siempre sonetos-; muy sueltos y entrañablemente inspirados algunos por sus recuerdos de niñez en la geografía soriana.

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Rincón de pueblo serrano 298 x 395 mm. Aguafuerte. Biblioteca Nacional, Madrid, núm. inv. 14459. Es uno de los ejemplos más claros de la seguridad técnica de Ricardo Baroja grabador, quien de forma estilizada transmite con toda su fuerza y elementos un característico rincón de pueblo serrano con el peculiar trazado de las casas pinariegas y sus tipos.

Como antes se dijo, el gran novelista Pío BAROJA (1872-1956) ha dejado una rápida y sobria pincelada de Soria, de Garray y de Numancia, que ha sido recogida más tarde en La obra de Pablo Yarza y otras cosas: supone un valioso documento de diciembre de 1900, fecha en la que escasean los testimonios literarios de escritores de calidad. Pero no queda ahí la visión de Soria en la obra barojiana. Es preciso repasar las páginas finales de El mayorazgo de Labraz para encontrar, quizá de manera un tanto inesperada para el lector, una evocación de la Laguna Negra; y, asimismo, en otra novela suya, El escuadrón del Brigante, donde recoge los recuerdos de Aviraneta y por la que desfilan el cura Merino y varios tipos de interés a comienzos de la guerra de Independencia, con alusiones, primero, a la geografía burgalesa y soriana -Hontoria, Neila, la cueva del Abejón, en la cumbre del pinar de San Leonardo; Villaciervos, el Burgo, Calatañazor, Covaleda, Salduero, y con descripciones, al final, de algunos de estos puntos, de Urbión y de la Laguna Negra… Recuerdos que, según alguna autorizada opinión, pudieran ser, en algún caso, evocación del mal recibimiento de que el autor fue objeto -por esos parajes- en cierta ocasión.

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Nacido en Covaleda (1872), farmaceútico y académico de la Real de Farmacia, Angel TERREL colaboró en la Prensa local y dejó algunas monografías inéditas como Flora de Covaleda y cumbres de Urbión, Flora de Cameros y Flora de la Provincia de Soria. Publicó un libro curioso y misceláneo, De Covaleda y para Covaleda (Soria, 1912).

DATOS SUELTOS

1551.- Sentencia por la que se reconoce que el monte pinar de Covaleda fue comprado por sus vecinos y les corresponde de derecho.

1919.- Se constituye en Covaleda el primer Sindicato Forestal de España, de carácter católico (10 octubre).

Los primeros documentos que se conocen de Covaleda datan de 1385.

Fichero de la serie «Memoriales y expedientes», legajos 114-188, siglo XV-1527. Por Magdalena Vinent Genes, Carlos Alvarez García y Eduardo Gómez Llera.

Agreda, Alcoba de la Torre, Almazán, Arcos, Berlanga, Ciria, Covaleda, Matalebreras, Monteagudo (Conde), Montuenga, Morón, Noviercas, Osma, Salduero, San Leonardo, Soria, Vinuesa, Yanguas.

Inventario 65, fols. 51-57: Consumo y perpetuación de oficios. Siglos XVI-XVII.

Agreda, Almarza, Arcos?, Arguijo, Beratón, Berlanga, Binuesa (sic), Bliecos, El Burgo de Osma, Caracena, Centenera, Covaleda, Cortos, Huerta, Langa, Molinos, Montuenga, Noviercas, Olvega, Osma, Poveda?, Pozal de Muro, Renieblas, Rioseco, San Leonardo, San Pedro, Saquillo?, San Juan (sexmo), Soria, Tardajos, Toledillo, Torre de Soria, Torrubia, Trévago, Valdelagua, Valdeavellano, Vinuesa.

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EXPEDIENTES DE HACIENDA

Inventario n. ° 4. Inventario de Expedientes de Hacienda que se hallan en el Archivo General de Simancas, por Tomás González, año 1821.

Desmembraciones y ventas de jurisdicción; averiguación de rentas y vecindarios; amojonamiento y averiguación de términos y pastos; pleitos por lugares; pleitos por rentas; perpetuación de tierras baldías. Siglos XV-XVII.

Abejar, Agreda, Alcoba de la Torre, Alcozar, La Aldehuela, Almaluez, Almazán, Almazul, Andaluz, Arenillas?, Beratón, Berlanga, Berzosa, El Burgo de Osma, Cabreras del Pinar, Cabrejas?, Calatañazor, Caracena, Castilruiz, Cortos, Covaleda, Cuevas de Calatañazor, Deza, Duruelo, Espejón, Fuentearmengil, Fuentepinilla, Gómara, Ines, Langa, Matalebreras, Medinaceli, Miñana, Momblona, Morón?, La Muedra, Muriel de la Fuente, Muriel Viejo, Noviercas, Olmillos, Olvega, Osma, La Póveda, Quiñonería, San Leonardo, Santa María de Huerta, Soria, Talveila, Torralba, Trévago, Ucero, Villasayas, Vinuesa, Vozmediano, Yanguas, Zayas de Torre.

Inventario n. ° 31. Inventario de los legajos de Cédulas de confirmación (1705-1819).

Inventario 24, legajos 435-476. Abejar, Agreda, Almarza, Barahona, El Burgo (sic), Cabrejas del Pinar, Ciria, Covaleda, Olvega, Osma, Peñalcázar, San Leonardo (marquesa), Soria.

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