EL GOTICO EN SORIA – JOSE-MARIA MARTINEZ FRIAS

JOSE-MARIA MARTINEZ FRIAS
EL GOTICO EN SORIA
ARQUITECTURA Y ESCULTURA MONUMENTAL
1980

Digamos por último que la pervivencia del gótico como sistema constructivo se revela asimismo en algunos pueblos de la provincia, en los que, durante los s. XVII y XVIII, se siguen construyendo todavía edificios con bóvedas de crucería.

La parroquial de Abejar, reconstruida casi en su totalidad en el s. XVII, la ermita de El Royo, obra asimismo de esa centuria, y la parroquial de Covaleda, levantada entre 1698 -1706, son manifestaciones tardías de la vitalidad de este sistema constructivo.

Iglesia San Quirico y Santa Julita

Detalle de la torre campanario de la Iglesia a principios del siglo XX

El tipo de iglesia columnaria tiene una destacada representación dentro de la provincia. Diez son los edificios que responden a esta traza, entre los que, por la suntuosidad y gallardía de su arquitectura, merecen destacarse la colegiata de Berlanga, la concatedral de Soria y la parroquial de Deza.

Este tipo de templo surge precozmente en nuestra provincia a comienzos del segundo cuarto del s. XVI, con la colegiata de Berlanga, edificada por Juan de Rasines, de 1526 a 1530, pero persistirá largo tiempo, pues se sigue repitiendo hasta comienzos del s. XVIII, como, por ejemplo, en la iglesia de Covaleda, que, erigida entre 1698 y 1706, viene a ser el último edificio construido en territorio soriano en el que la tradición gótica persevera.

Las iglesias aquí reunidas presentan plantas rectangulares, con tres naves de la misma altura, con excepción de la iglesia de San Miguel, en San Pedro Manrique, que tiene sólo dos. Este tipo de planta, heredado de la tradición gótica alemana y llegado a España en el s. XV, alcanzaría, como es sabido, una gran difusión en nuestra Península durante el s. XVI. Las ventajas que ofrecía eran notorias, pues configuraba un espacio interior unitario y amplio, con aspecto de gran salón, sin obstáculos visuales, a no ser los soportes que establecían la separación de las naves. Por lo que a los modelos de Soria se refiere, hemos de decir que unos -como suele ser norma en este tipo de planta- muestran cabeceras poligonales, p.ej., los de Berlanga, Soria, Deza, Retortillo y Ciria, mientras que otros, como en el caso de Yanguas (iglesia de Sta. María), San Pedro Manrique (iglesia de San Miguel), Alcubilla del Marqués, Abejar y Covaleda, las tienen cuadradas o rectangulares. Digna de resaltar es la original disposición de la capilla mayor de Berlanga, concebida en forma de trébol -en solución análoga a la de la capilla de Mosén Rubí de Bracamonte, de Avila- y con plena autonomía espacial. Un criterio estético similar se seguiría poco después en la cabecera de la iglesia conventual de la Vid (Burgos).

No obstante, podemos afirmar que acaso fuera la colegiata de Berlanga (1526-30) uno de los primeros templos, sino el primero, en el que se emplearon estas monumentales columnas clásicas, propias de las iglesias columnarias, pues aunque, por ejemplo, sabemos que la iglesia de Albalate de Zorita (Guadalajara) -una de las más tempranas de la serie- se comenzó un año antes que aquélla, o sea, en 1525, no pudo, en cambio, concluirse hasta 1542 43, y que la de San Andrés, en Eibar, que, según Arrázola 44 , es uno de los primeros templos de Guipúzcoa en los que se emplea estos pilares cilíndricos, nos ofrece una cronología posterior (1532-1547).

Covaleda, altar de la iglesia, 1913, fiesta de San Lorenzo.

Covaleda, altar de la iglesia, 1913, fiesta de San Lorenzo.

En la parroquial de Covaleda, en lugar de soportes cilíndricos se alzan pilares de núcleo cuadrangular, a los que se adosan pilastras toscanas rehundidas.

Las responsiones de las naves laterales suelen ser semicolumnas, que, en Berlangá, Soria, Ciria y San Pedro Manrique, presentan la misma tipología que los pilares columnarios. Otras veces, son repisas de trazado renacentista las encargadas de realizar esta función, como en Retortillo y Yanguas, y otras, finalmente, pilastras toscanas cajeadas, como en las parroquiales de Abejar y Covaleda.

En las bóvedas no se dan tipologías uniformes. Falta, no obstante, como en la casi totalidad de las iglesias columnarias, la bóveda de crucería simple.

Las tracerías son muy variadas y van desde el tipo más sencillo de bóveda de terceletes, como en San Pedro Manrique, hasta las más complicadas, con combados de múltiples diseños y gran riqueza decorativa. Conviene resaltar, por lo que a este último tipo de cubierta se refiere, que el primer ejemplo conocido en la provincia de bóveda con combados lo encontramos, no en las iglesias que nos ocupan, sino en la ermita de Paredes Albas, de Berlanga, de la que ya consta su existencia en 1513, y los ejemplos más tardíos en uno de los tramos de la nave central de la parroquial de Almarza (1703) y en la iglesia de Covaleda (1698-1706).

COVALEDA.- Iglesia P de San Quirico y Santa Julita

Planta de la Iglesia parroquial de San Quirico y Santa Julita

En las bóvedas de combados de estas iglesias columnarias, los citados arcos suelen dibujar, unas veces, arcos conopiales, en torno al polo, como en Berlanga y algunas de Soria y Abejar. Diseños similares se observan, entre otros templos, en Roa, Rentería y Caravaca. Otras veces, los combados adoptan formas circulares, como en algunas bóvedas de Yanguas y Covaleda, patrón del que también se hace uso, por ejemplo, en la iglesia de Zumárraga. Abundan asimismo las bóvedas en las que se combinan los dos esquemas precitados -arcos conopiales y círculos-, como en la capilla mayor y crucero de Berlanga, Soria, Retortillo y Ciria. Es éste un patrón clásico en la arquitectura española que, como es sabido, la familia Gil prodigó en casi todas sus obras y que se repite muy a menudo en el manuscrito de Simón García. En Fuente el Saz (Madrid), Espinosa de los Monteros (Burgos), Yepes (Toledo) y Vergara (Guipúzcoa), por citar algunas iglesias columnarias, se da también ese mismo patrón. Son asimismo frecuentes las bóvedas en las que los combados se ajustan a formas poligonales, como en Soria, Deza, Retortillo y Covaleda. Bóvedas similares a las citadas las hallamos, por ejemplo, en Castrogeriz y Lerma.

Los datos documentales patentizan la ascendencia vizcaína o montañesa de la mayor parte de los maestros de cantería que regentaron las obras de esta serie de templos. Entre éstos cabe citar a los siguientes: Juan de Rasines, director de la obra de la colegiata de Berlanga, Juan Martínez de Mutio –natural de Rioja-, probable autor de las trazas de la concatedral de Soria; San Juan de Obieta y los hermanos Pérez de Villabiad, maestros también de la citada fábrica. Juan del Pozo, autor de las trazas de la parroquial de Deza, en la que nos consta que también trabajaron los maestros Riaga, Pedro de Olando, Juan y Francisco Zumista, Francisco y Juan Marrón, Juan de Aguirre, García Gómez, Pedro de Naveda, Juan de la Muela, Juan de Zorrilla, Juan Calderón, Juan Núñez, Juan de los Puñales, Juan del Pino, Pedro del Pozo, Albarado, Rodrigo de la Tixera y Diego de la Vega. Por último, hemos de citar a Lucas de la Vega y Baltasar de Pontones, autores de las trazas de las iglesias de Abejar y Covaleda, respectivamente.

iglesia-y-procesion-semana-santa

Las iglesias columnarias sorianas encajan bien dentro del concepto de los templos de este tipo del foco burgalés-riojano, donde tan importante papel jugaron los maestros de cantería vizcaínos y montañeses. Tocante a su cronología, podemos fijar el siguiente esquema: colegiata de Berlanga, construida, en sus partes fundamentales, entre 1526-1530. Concatedral de Soria, levantada entre 1548-1577. Parroquial de Deza, iniciada poco antes de 1554 y concluida hacia 1578. Entre el segundo y tercer tercio del s. XVI hay que situar los templos de Rertortillo, Yanguas (Sta. María), San Pedro Manrique (San Miguel), Ciria y Alcubilla. Y, finalmente, la parroquial de Abejar, reconstruida en 1627, y la de Covaleda, erigida entre 1698 y 1706.

Iglesias columnarias

La sobriedad viene a ser la nota dominante en estos templos, pues, a fin de resaltar exclusivamente lo tectónico, se soslayan las preocupaciones de índole decorativa. El lenguaje de las formas es, en lo fundamental, renacentista, si bien en las bóvedas se emplean todavía estructuras góticas. Las iglesias de Berlanga, Soria, Deza, Ciria y Retortillo, como suele ser norma en este tipo de construcciones, presentan cabeceras ochavadas. En otros casos, en cambio, las cabeceras son cuadradas o rectangulares -iglesias de Santa María, de Yanguas, San Miguel, de San Pedro Manrique y parroquiales de Abejar, Alcubilla del Marqués y Covaleda.

Los espacios se cubren con bóvedas, generalmente, de combados. En Berlanga aparece ya uno de los tipos de tracería más al uso en la arquitectura española del siglo XVI: nervios diagonales, terceletes, ligaduras y combados, que dibujan una cruz de lados conopiales y un círculo en torno al polo, diseño que también vemos insistentemente repetido en la concatedral de Soria y en las parroquiales de Deza y Retortillo. Las naves, como suele ser norma, están separadas por pilares cilíndricos, coronados por capiteles corridos, por encima de los cuales se embeben los nervios de las bóvedas. En la iglesia de Covaleda, en cambio, son pilares cruciformes los encargados de realizar esta función.

Los exteriores, sobrios y desornamentados, apenas si presentan otra animación que las portadas y los contrafuertes de los muros. Tocante a la cronología, digamos que la colegiata de Berlanga, construida, en sus partes fundamentales, entre 1526 y 1530, viene a ser el ejemplar más temprano del grupo, y la parroquial de Covaleda, erigida entre 1698 y 1706, el más tardío.

COVALEDA

IGLESIA DE SAN QUIRICO Y SANTA JULITA

Covaleda es uno de los pueblos pinariegos con mayor prosperidad dentro de la provincia de Soria, aunque escasean las referencias históricas sobre el mismo.

Su parroquial, erigida entre los años 1698 a 1706 y consagrada a San Quirico y Santa Julita, constituye uno de los exponentes más tardíos en tierras sorianas de la vitalidad del gótico como sistema constructivo. Se trata de un edificio bien proporcionado, de tres naves, con cabecera rectangular. Las naves, de desigual anchura y altura, están divididas en dos tramos, aunque la nave principal se prolonga en un tercer tramo, también rectangular, como la cabecera, evocando, así, la configuración del templo una planta de cruz griega, que presenta ciertas analogías con la de la parroquial del cercano pueblo de Molinos del Duero.

12-09

Las naves se separan por pilares de núcleo cuadrangular, a los que se adosan pilastras toscanas, de cajeados frentes renacientes, que se alzan sobre basamentos cuadrados. Los tramos que determinan se articulan a través de arcos de medio punto, levemente rebajados, de sección rectangular y con el intradós cajeado. Ménsulas angulares, incrustadas entre las pilastras y concebidas a manera de capitel, constituyen los apeos de las bóvedas. Las responsiones que reciben los arcos transversales de las naves colaterales son simples pilastras, similares a las anteriores. Dichas responsiones quedan enlazadas a la altura de las ventanas, a través de una línea de impostas, a guisa de trozo de entablamento, de perfil renaciente, encargada de mantener la euritmia de las proporciones y organizar el alzado en doble piso. Esta imposta se quiebra, a manera de pequeño alfiz, en los extremos de los testeros de las naves colaterales. Todo este espacio se cubre con bóvedas de crucería estrellada. La capilla mayor posee bóveda de terceletes, de cinco claves. La plementería es de rasilla, fingiendo con el enlucido sillares bien labrados v cuidadosamente juntados.

pila bautismal

Pila Bautismal

En los trazados de las crucerías de los tramos de la nave central predominan las formas reticuladas; en los dos tramos contiguos a la cabecera, los combados trazan una circunferencia y un octógono de lados cóncavos. En la bóveda del último tramo, han desaparecido los combados circulares, respetándose únicamente los que dibujan un esquema octogonal. Las naves colaterales, en sus cubiertas, repiten dos a dos el mismo diseño. Por un lado, sencillas bóvedas de terceletes, de cinco claves, y por otro, este mismo esquema, pero enriquecido con la presencia de combados, dispuestos en círculo en torno a la clave principal.

Todas las claves del templo contienen labores de escaso resalte, con el siguiente programa iconográfico: en la capilla mayor, motivos florales con botón central, que, a lo largo del templo, constituyen el factor ornamental dominante; una cruz patada y una estrella de seis puntas. En los restantes tramos de la nave principal, así como en los de las naves colaterales, observamos los consabidos motivos vegetales, estrellas, anclas, el sol y la luna, las llaves de Pedro, cruces en aspa, flores de lis, coronas etc. Son temas, pues, a los que no les acomoda una significación simbólica, sino meramente ornamental. Los nervios, constituidos por una moldura en gola y una escocia entre filetes, acuden a ménsulas, de las que ya hicimos mención. A los pies, aunque ya como obra del presente siglo, se sitúa el coro, encajado en el último tramo de la nave central, a la que se abre a través de un arco de medio punto, de sección rectangular.

El cuerpo bajo de la torre, acomodado para las funciones de baptisterio, comunica con la nave por un sencillo arco apuntado, doblado y de sección rectangular, sostenido por pilastras. A la sacristía, adosada a la cabecera, en el lado de la Epístola, se accede por una puerta adintelada; constituye una estancia de planta cuadrangular, sin ningún carácter. La escasa iluminación que el templo recibe se consigue mediante ventanas que responden a una nueva orientación estilística, muy lejana ya de la tradición gótica del quinientos. Son vanos rectangulares, con mayor derrame hacia el interior, que evocan patrones contrarreformistas.

Por el exterior, se observa un aparejo bien escuadrado y rejuntado, a base de grandes sillares rectangulares. La división interna de los tramos se hace perceptible a través de estribos, que en los ángulos y paramentos vienen a contrarrestar el empuje de las bóvedas. Estos contrafuertes presentan un carácter prismático y llegan lisos hasta la cornisa. En el último tramo de la nave principal, figuran sendos accesos al templo. Constituyen la única animación de los muros, a los que se ha concebido con excesiva lisura. La portada del lado del Evangelio, hoy impracticable, es de sencillo diseño: arco de medio punto, con la rosca cajeada, que descansa en jambas a través de una imposta de renaciente molduración. La puerta está encuadrada por dos pilastras toscanas, que sostienen un sencillo entablamento sobre el que se dispone un fontrón,  coronado por una cruz y con bolas como acróteras, clara ingerencia herreniana. La entrada principal, abierta en el lado de la Epístola, queda ahora cobijada por una dependencia postiza. Consta de dos cuerpos; en el inferior, se abre el arco de ingreso, con la rosca cajeada, encuadrado por dos pares de pilastrillas toscanas, de escaso resalte, que descansan sobre alto basamento, y un entablamento liso; las enjutas se decoran con placas triangulares. El cuerpo superior muestra un frontón partido, con las consabidas bolas, y una hornacina en el centro, Concretamente de 1958, tal como consta en el arco con el que se abre a la nave.

Cubierta por una venera que acoge una escultura de la Virgen. Ambas portadas se han ejecutado, pues, conforme a un criterio compositivo claramente postherreriano, haciendo exclusivamente uso de elementos tectónicos.

La torre se dispone a los pies del templo, adosada al último tramo de la nave central. Es de planta cuadrada y comprende zócalo y tres cuerpos. El inferior, como ya vimos, realiza las funciones de baptisterio; el cuerpo de campanas está perforado por dos ventanales de arco de medio punto, en el frente occidental, y por uno en los restantes frentes. Sirviendo de acceso al pretil de la iglesia, y como resto de una fábrica anterior, se conserva todavía una puerta de arco conopial, con dos baquetones, que a su vez actúan como columnitas en las jambas, provistas de finos capiteles y basas áticas, según la conocida versión del gótico final. La moldura cóncava que separa estos baquetones tiene decoración pometada, según la tradición hispanoflamenca. En la clave del arco, creemos ver restos, totalmente erosionados, de las armas de un blasón. Esta puerta debe corresponder a los últimos años del s. XV o a comienzos del siguiente.

Hemos podido documentar la parroquial de Covaleda gracias a la existencia del Libro de su Fábrica[1] conservado en el Archivo municipal Hasta ahora, se ha venado considerando como obra del s. XVI[2]. Efectivamente, el análisis estilístico del edificio arroja una serie de datos que se avienen bien con los últimos años de esta centuria o con los iniciales de la siguiente. No obstante, a tenor de las noticias que dicho libro proporciona, hemos de situar la erección de la iglesia entre los años 1697 y 1704[3]. El maestro de la obra fue Baltasar de Pontones. Poco sabemos sobre su personalidad; solamente se hace referencia a su procedencia, pues se le cita como vecino de Hermosa, en la montaña[4].

A él debemos también la bóveda del último tramo de la parroquial de Almarza.

A lo largo del mentado libro, Pontones aparece durante todos los años como director de las obras. Aunque varias veces se hacen constar partidas destinadas a pagar a los canteros y vizcaínos que intervinieron en los trabajos, nominalmente, sólo se cita al maestro Juan de Zeravizca, a quien se abonan ciertas sumas por el trabajo realizado en la iglesia durante los años 1700 y 1701[5] y al maestro Juan Diez, que recibió 5.134 maravedíes por venir a inspeccionar la marcha de las obras en el año 1704.

14031626585_fe9257e3a5_z

Pila Bautismal

Sólo algunas de las partidas reseñadas en el libro suelen especificar a qué tipo de trabajos corresponden. Así, en 1699, se pagan 221 reales a 34 obreros (seis reales y medio a cada uno) por «apuntalar la yglesia y hazer la sacrístia».

A lo largo de los años 1699 y 1705, hay partidas que hacen referencia al acarreo de la piedra y arena, compra de la madera, de la teja, de los clavos y del hierro para las ventanas. El pago, a veces, se hacía en especies :(carne, vino, cebada, trigo, pescado, pan, garbanzos, alubias…). La iglesia se retejó en 1706.

El coste total de la obra ascendió a 99.839 reales y 20 maravedíes, aunque, como se hace constar, en esta cantidad «no entran los acarreos de piedra ni madera ni acarreos de arena ni otras cosas». Que el Libro de Fábrica consultado es el de la actual parroquial de Covaleda queda corroborado con la siguiente referencia a su advocación: «mas en hazer a Sant Quiles y Santa Julita, patronos de esta iglesia, quatro mil quinientos y sesenta y quatro maravedíes».

La parroquial de Covaleda, como consecuencia de los escasos años invertidos en su erección, ofrece una unidad arquitectónica y estilística fácilmente perceptible tanto en su interior como en el exterior. No podemos afirmar que sea una iglesia arcaizante; sus proporciones y su concepción espacial son renacientes, pero, en cambio, el sistema de abovedamiento se ajusta todavía a estructuras góticas, convirtiéndose así dicha parroquial en un ilustrativo ejemplo de la pervivencia del estilo gótico.

COVALEDA

ERMITA DE NTRA. SRA. DEL CAMPO

De las cuatro ermitas que, según el Diccionario manuscrito de Tomás López, poseía Covaleda a fines del s. XVIII, sólo ha llegado hasta nosotros, aunque en

estado ruinoso, la advocada de Ntra. Sra. del Campo. El citado manuscrito se refiere a ella en los siguientes términos: «Al oriente, esta la ermita de la Virgen del Campo, iglesia en la antigüedad de los Monjes Benitos de Oña, en el Arzobispado de Burgos, de quienes fue este pueblo y territorio y después la vendieron con todos los privilegios y acciones a los vecinos de el».

ermita1971

Consta el edificio de una pequeña nave, ya totalmente destechada, que culmina en una capilla mayor, de planta cuadrangular. Esta dependencia, que ahora posee una moderna armadura de carpintería, conserva todavía los arranques de los nervios llamados a formar la crucería de su primitiva bóveda. Estos arranques se embeben en columnas acodilladas de fuste liso y base moldurada, sobre un pequeño pedestal. Asimismo permanecen todavía en pie las jambas del primitivo arco triunfal, recorridas por gruesos baquetones, a modo de columnitas, cuyas basas, diseñadas según la conocida versión del gótico final, nos determinan a situar la capilla dentro del primer cuarto del s. xvi. El exterior muestra aparejo de sillería, bien trabajada y rejuntada. Con objeto de contrarrestar los empujes de la primitiva bóveda, recorren los muros de la cabecera cuatro contrafuertes, entre los que, por sus robustas dimensiones, destacan los dos angulares del testero. Perfora la costanera de la Epístola una ventana sin carácter, rectangular y con derrame hacia el exterior. La puerta, abierta al mediodía, en la nave, se resuelve en simple arco de medio punto y ofrece escaso interés. A los pies, se encarama la espadaña, obra barroca.

Carecemos de referencias documentales antiguas sobre esta ermita, pues el único Libro de Cuentas que, sobre ella, se conserva en el Archivo Parroquial, data de 1735. Los escasos elementos arquitectónicos conservados en la capilla

mayor, van bien con los primeros años del s. xvi. Debe ser obra coetánea de la puerta de arco conopial que sirve de acceso al pretil de la iglesia parroquial de este mismo lugar.

7307, p. 95.

[1] Este libro presenta una paginación incompleta y poco precisa, por lo que en todas las citas se hará referencia a una paginación establecida según criterio propio, resultando así un total de 107 páginas.

[2] Así la data, por ejemplo, Santiago Alcolea en «Soria y su provincia», año 1964, pág. 76.

[3] «Memoria y Razon de lo que estaba dando a Baltasar de Pontones, maestro de la obra de la yglesia que aquí se allara, lo que se da en cada mayordomo y se comenzo la obra el año de mil y seiscientos y nobenta y siete, siendo alcaldes Juan Miguel y Joseph Herrero, y procurador Ilifonso Santos, escribano de fechos Francisco Poyosanz y mayordomo Juan Ximenez», «Libro de la Fabryca de la yglesia de este lugar de Covalleda», p. 1.

[4] «Yo Baltasar de Pontones, maestro de cantería, vezino de hermosa, en la montaña… », p. 87. Hermosa, cerca de Santoña, puede considerarse Trasmiera.

[5] «Yten se le pago a Juan de Zeravizca, vizcaíno, maestro del travaxo que a hecho en la yglesia sesenta y ocho mil ochocientos y diez maravedies», p. 94. «Yten se le pago a Juan de Zeravizca, vizcaino, de lo que a travaxado en la iglesia en este año zinquenta y quatro mil nuebezientos y treinta y ocho maravedíes», p. 96.

Galería | Esta entrada fue publicada en DOCUMENTOS, FOTOS, LIBROS, Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s