REAL CABAÑA DE CARRETEROS – Real Cédula de 23 de Mayo de 1815

REAL CABAÑA DE CARRETEROS SORIA-BURGOS

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Real Cédula de 23 de Mayo de 1815.

DON: FERNANDO VIl Por la Gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Menoría, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaen; Señor de Vizcaya y de Molina. A todos los Corregidores, Asistente, Gobernadores, Alcaldes Mayores y ordinarios de la Hermandad, Cuadrilleros, Guardas y Celadores del campo, y demás Jueces, Ministros y personas de todas las Ciudades, Villas y Lugares de estos nuestros Reynos y Señoríos, y a todos y cada uno de vos en vuestros distritos y jurisdicciones a quien tocare o tacar pueda el cumplimiento y ejecución de lo contenido en esta nuestra Carta, salud y gracia, SABED: Que en ocho de Enero del año pasado de mil ochocientos seis hizo presente al nuestro Consejo el Procurador general de la Real Cabaña de Carreteros del Reyno, sus derramas, cabañiles y tragineros, que dicha Cabaña y sus individuos gozaban diferentes privilegios, con cuya inserción se habían expedido varias Reales provisiones; cartas y sobrecartas del nuestro Consejo para su puntual ejecución, observancia y cumplimiento por todas las Justicias, mandadas imprimir para que cada individuo llevase un ejemplar para su resguardo, y evitar las disputas y molestias que suelen acontecerles, cuyos ejemplares se habían acabado; por lo que había extendido y ordenado la sencilla colección de todos los privilegios, y era la que presentaba, poniendo solamente lo dispositivo; pero guardando el debido arreglo y exactitud a dichas Reales provisiones y sobrecartas, añadiendo otros privilegios no contenidos ni insertos en ellas como concedidos posteriormente, según todo resultaba de las mencionadas Reales provisiones y documentos que acompañaban, y de otros que solicitó se uniesen, y a que se defirió; y pidió que el nuestro Consejo se sirviese mandar que con inserción de la referida colección se librase la Real provisión, carta o sobrecarta correspondiente para su debida observancia y ejecución por todas las Justicias del Reyno, acordando asimismo que se imprimiese, y sus ejemplares se autorizasen por el infrascrito nuestro Secretario; a fin de que por el Procurador general se entregasen y repartiesen a los indivíduos, y tuviesen y se les diese tanta fe y crédito como a la original. Remitido a informe de D. Josef María Puig de Samper, Ministro de nuestro Consejo y Cámara, Juez Protector y conservador de la expresada Real Cabaña, para que en su inteligencia, y cotejando dicha colección si estaba conforme con los privilegios oeriginales informase sobre todo lo que constase, se le ofreciese y pareciese, lo executó así manifestando había reconocido con la debida atención los privilegios, prerrogativas y fueros que se habían recopilado a nombre y representación de dicha Real Cabaña de Carreteros; y los había cotejado con las leyes del Reyno, autos acordados de nuestros Consejo, cédulas y Reales provisiones executorias ganadas en su razón por la misma Real Cabaña en varias épocas; y hallándose conformes con dicha Recopilación, y muy necesario al mismo tiempo el que se imprimiese esta para gobierno de los individuos de la Cabaña, y su resguardo o protección, conforme a las intenciones de N.R.P. y del nuestro Consejo, entendia que siendo servido podría aprobar dicha colección, y permitir que se imprimiese en la forma más conveniente para que en todo tiempo se pudiese usar de ella al fin y efecto que se proponía la Cabaña por medio de su Procurador general. Enterado de todo el nuestro Consejo, y de lo que expusieron nuestros tres Fiscales, por auto de catorce de Mayo del citado año de mil ochocientos seis, mandó se librase, como se hizo en veinte del mismo, la Real provision que solicitaba dicha Real Cabaña de Carreteros, con inserción de la expresada colección, para que todos y cada uno de vos en vuestros respectivos distritos y jurisdicciones guardaseis y cumplieseis las leyes del Reyno, Reales provisiones executorias, y demás providencias dadas a favor de la mencionada Real Cabaña de Carreteros, sus derramas, cabañiles y tragineros, y que al traslado impreso de la referida Real provisión, firmado del infrascrito nuestro Secretario Escribano de Cámara más antiguo y del Gobierno del nuestro Consejo se le diese la misma fe y crédito que a su original. En este estado, y con Real órden de diez y seis de Febrero de este año, se remitió al nuestro Consejo, para que hiciese el uso que estimase, la representación hecha a la Regencia en veinte y siete de Marzo de mil ochocientos catorce por la expresada Cabaña de Carreteros del Reyno y sus derramas agregadas, solicitando por las razones que expuso se declarase por decreto de las tituladas Cortes de ocho de Junio de mil ochocientos trece relativo al fomento de la agricultura y ganadería, no estaba prohibido a las carreterías el libre aprovechamiento de los pastos comunes y baldíos de los pueblos por donde transiten. Posteriormente ha vuelto a ocurrir al nuestro Consejo la mencionada Real Cabaña de Carreteros por medio de sus Comisarios y Procurador general, exponiendo que las ocurrencias bien notorias que sobrevinieron desde la expedición de la mencionada provisión de veinte de Mayo de mil ochocientos seis, y del desorden general que con ellas padecieron todos los establecimientos, hicieron decaer en mucha parte sus privilegios, y la Cabaña llegó a un estado deplorable y lastimoso, ya por los perjuicios que habían experimentado sus individuos durante el Gobierno intruso por las continuas exacciones y atropellos en sus ganados, y ya por la mala inteligencia que los pueblos dieron al decreto de las Cortes de ocho de Junio de mil ochocientos trece, a cuya sombra cerraron todos sus términos, privaron a los ganados de la carretería del aprovechamiento de los pastos comunes y baldíos, y les causaron otros muchos perjuicios; que este honrado cuerpo, que estaba entendiendo en el día por medio de sus Comisarios y Procurador general en los ajustes y contratas con nuestra Real Hacienda para las conducciones de sales y otros artículos, no podía menos de elevar a nuestra justificación que las Justicias no se prestaban al cumplimiento debido de las leyes, órdenes y provisiones dadas a su favor, creyendo sin duda que con las novedades y alteraciones experimentadas en los anteriores Gobiernos intruso y constitucional, habían quedado sin efecto, y de aquí resultaban a sus individuos unos perjuicios de la mayor gravedad y consecuencia, así en sus personas como en sus ganados y carreterías, sufriendo continuas disputas con las Justicias, Guardas y Celadores de los campos, detenciones de sus ganados, exacciones de prendas, y otras incomodidades que son consiguientes a la inobservancia de sus privilegios; a que se añadía la dificultad de poder transitar por varias partes a causa de no haber dexado sitios donde hacer sus sueltas, ya porque unos lo han roturado y sembrado, y ya porque en otros les quieren hacer pagar cantidades indebidas; de forma que no podía reponerse en estado de hacer su servicio si el nuestro Consejo con su acostumbrada justificación no hacía llevar a puro y debido efecto las leyes, executorias y provisiones que tenía a su favor, y mandó guardar y cumplir por su citada Real provisión de veinte de Mayo de mil ochocientos seis en que se insertó la colección de todas ellas; y para que así se verificase en beneficio de la causa pública y del Estado en cuyo obsequio y servicio ha empleado siempre la Real Cabaña sus penosas fatigas, y por lo que ha merecido en todos los tiempos la protección del Gobierno, pidió nos sirviésemos mandar expedir Real provisión para que las Justicias del Reyno, asó ordinarias como Alcaldes de la Hermandad, sus Cuadrilleros, Guardas y Celadores de campo cumpliesen y guardasen en todo y por todo las referidas leyes, executorias y provisiones comprendidas en la colección inserta en la referida de veinte de mayo de mil ochocientos seis, y que se imprimiese y circulase en la forma ordinaria, para que dichas Justicias no pudiesen alegar ignorancia, y que los individuos pudiesen llevarla consigo como llevaban la anterior de veinte de Mayo, y con su presentación evitar las extorsiones que sufren en sus tránsitos; a fin de acordar lo conveniente en el asunto mandó el nuestro Consejo se pasase esta instancia con los antecedentes al referido Ministro de el Juez Protector y Conservador de la Real Cabaña para que informase lo que se le ofreciese y pareciese, lo que executó con fecha veinte y cinco de Marzo último, diciendo entre otras cosas que las leyes promulgadas de quatro siglos a esta parte insertas en los Cuerpos legales y que literalmente mencionaba la citada provisión de veinte de Mayo de mil ochocientos seis, tenían tal fuerza en la naturaleza y esencia de la materia de que trataba la Cabaña, que a no haberlas nunca mas que en el presente siglo hubiera convenido el establecerlas, porque el Cuerpo de Carreteros, esta honrada hermandad de traficantes en la conducción de alimentos, carguios y enseres de servicio público y particular de Reyno es tan necesaria en el Estado, como lo acredita la larga experiencia en los bienes que han resultado a nuestra Real Hacienda, al Comercio, a los vasallos de N.R.P. y a su defensa en las guerras interiores y exteriores del siglo presente y de los pasados, que han traído también a los individuos de la Cabaña una ruina y aniquilamiento bien conocido y bien notorio: que los privilegios de que la Cabaña disfruta no deberían denominarse así, porque parece que denotan concesiones de gracia y de merced, y no son otra cosa que puras preferencias en pastos y utilidades que los individuos pagan en modo común, porque sin ellas, ni el Cuerpo existiría, ni el servicio público podría verificarse; y que esta preferencia estaba fundada en un principio de todo derecho, que enseña que la utilidad común vence a la particular sin ofensa de la justicia; por la qual, y demás que expuso, fue de dictamen que el nuestro Consejo siendo servido podría mandar se pusiesen en entera y pronta observancia las prerrogativas y privilegios de la Cabaña Real de Carreteros en el mismo modo y forma que lo estaban, con arreglo a las leyes del Reyno, en el año de mil ochocientos ocho, y se contiene en la citada Real provisión de veinte de Mayo de mil ochocientos seis, y que a este fin se expidiese otra como auxiliadora de aquella, para que intimada quando necesario fuese a las Justicias, Ayuntamientos, vecinos, propietarios, arrendatarios intrusos y demás personas a quienes toca o tocar pueda en cualquiera razón, se removiesen todos los estorbos y novedades causadas con ocasión de las pasadas turbaciones. Y visto todo por los del nuestro Consejo con lo expuesto por el nuestro Fiscal, conformándose con el dictamen del referido Juez Protector, por auto de diez y ocho de Abril próximo acordaron que por lo proveído en el de catorce de Mayo del año pasado de mil ochocientos seis, y provisión librada en su virtud en veinte del mismo, se expidiese la auxiliadora que solicitaba la Real Cabaña de Carreteros, la que se imprimiese y circulase en la forma ordinaria, y se entregasen ejemplares autorizados al Procurador general para que pudiesen los individuos unirla a la anterior para su debido cumplimiento y observancia como en la misma se previene, y para que tenga efecto se libra la presente. Por la cual os mandamos a todos y a cada uno de vos en vuestros respectivos distritos y jurisdicciones guardéis y cumpláis, y hagáis guardar y cumplir y ejecutar en todo y por todo las leyes del Reyno, Reales provisiones executorias, y demás providencias dadas a favor de la expresada Real Cabaña de Carreteros contenidas en la colección que se insertó en la expedida en veinte de Mayo de mil ochocientos seis, sin contravenirlas, permitir ni dar lugar a que se contravengan en manera alguna: que así es nuestra voluntad; y que al traslado impreso de nuestra carta, firmada de D. Bartolomé Muñoz de Torres, nuestro Secretario, Escribano de Cámara más antiguo y de Gobierno del nuestro Consejo, se le de la misma fe y crédito que a su original. Dada en Madrid a veinte y tres de Mayo de mil ochocientos quince. = El Duque del Infantado. = D. Antonio Alvarez de Contreras. = D. Miguel Alfonso ViIlagomez = D. Tadeo Gomez. = D. Josef Antonio de Larrumbide. = Yo D. Bartolomé Muñoz, Seeretario del REY nuestro Señor, y su Escribano de Cámara, la hice escribir por su mandado con acuerdo de los de su Consejo. = Registrada. Aquilino Escudero. = Teniente de Canciller mayor. Aquilino Escudero.

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