Reseña histórica de la provincia de Soria Año 1821

El presente artículo lo encontré en un foro sobre la historia de Castilla y me pareció muy interesante ya que nos ayuda a entender el como y el porqué de la actual división provincial de la provincia de Soria. Explica detalladamente como la provincia de Soria perdió gran parte de su territorio en la división provincial efectuada en el año 1833 y como comenzó el desangre y la desmembración de la provincia de Soria en aquella división provincial. Esto me hace pensar, más bien llevo tiempo que lo pienso, que no han de pasar muchos años para que en una nueva división territorial de España, Soria (y otras provincias) desaparezcan como tales, y si no, al tiempo. Están empezando por los municipios con la agrupación de estos y el siguiente paso será el de las provincias. En muchos aspectos (médicos, deportivos, institucionales…) ya dependemos de las provincias que nos rodean, las gentes de nuestros pueblos ya se desplazan mucho más a las capitales de estas provincias que a Soria capital y esto es un muy mal augurio. Esperemos que no llegue a suceder pero mucho me temo que el futuro de la provincia de Soria, con la despoblación galopante y la dependencia de las que nos rodean, ya está escrito.

Reseña histórica de la provincia de Soria Año 1821

El marco territorial y administrativo de las tierras sorianas (siglos XVI-XIX)

El mapa de la provincia de Soria en el siglo XVI guardaba ya una gran semejanza con el de finales del XVIII y principios del XIX, siendo en el año 1833 cuando (con motivo de la división provincial diseñada por al andaluz Javier de Burgos) comenzó a ser diferente. Es, por tanto, ese marco territorial el que nos interesa, ya que (en verdad) es el que corresponde a aquel momento histórico y no el actual.

La extensión total de la provincia de Soria era entonces de 14.163,40 kilómetros cuadrados, siendo en este sentido, comparativamente, la segunda provincia de Castilla la Vieja; a continuación de Burgos y siendo ostensiblemente menores las provincias de Ávila, Palencia, Segovia y Valladolid. En 1833, su extensión quedó reducida a 10.400,80 kilómetros cuadrados: la nueva situación suponía la pérdida de 2.432,20 km, que se integraban en Guadalajara (1.308,40 km, segregados del partido de Medinaceli; 112,80 km del partido de Cobeta y 148,80 km del partido de Atienza). La pérdida total ascendía a 3.762,60 km.

Hasta el año 1833 y desde muy lejos (en el censo de población de la Corona de Castilla, en el siglo XVI, ya se reflejaba esta situación), la actual provincia de Logroño formaba parte de las provincias de Burgos y Soria, tal como se expresa en el mapa adjunto.

Por el Sur, el partido de Medinaceli y los de Atienza y Cobeta penetraban profundamente en el interior de la actual provincia de Guadalajara. Singular y compleja era la provincia de Soria en aquellos tiempos, ya que encontraba su definición natural en los ríos Ebro y Tajo, al Norte y al Sur, respectivamente; siendo diversos y singularizados sus territorios, que podríamos agrupar de muy variadas formas, siendo una de ellas la siguiente:

1) Territorios riojanos: partidos de Calahorra y Alfaro, Aguilar, Enciso, Munilla, Cornago, Jubera, San Román y Villanueva de Cameros.

2) Tierras altas de Soria: partidos de Yanguas, San Pedro Manrique y Magaña.

3) Tierras del interior de la Meseta soriana: “Tierra de Soria” y partidos de Almazán, Berlanga, Caracena, San Esteban de Gormaz, Gormaz, Ucero, Fuentepinilla, Calatañazor, Osma, Solpeña.

4) Territorios colindantes con Aragón: partidos de Ágreda, Serón, Monteagudo de las Vicarías y villas sueltas como Borobia, Ciria, Deza y Cihuela.

5) Territorios sureños: partidos de Medinaceli, Atienza y Cobeta.

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Todos y cada uno de estos territorios se comportaban como distintas tierras, y esto sin pérdida de su secular sentido unitario y de pertenencia a una misma provincia. Eclesialmente, también se acusaba esta diversificación territorial, incluyéndose sus tierras en las diócesis de Osma, Calahorra, Sigüenza, Tarazona y Burgos; siendo la más importante la primera, que acogía a la Soria meseteña del interior, la más típicamente soriana.

Cabría hablar, en orden a la administración territorial interna, de tres modelos organizativos que se corresponderían,a saber, con las Comunidades de Villa y Tierra, las Villas eximidas y las Villas riojanas de la Merindad de Logroño. Vamos a examinar estos tres tipos de organismos territoriales:

Encajarían en el primer modelo todos los partidos o “tierras sorianas” (con excepción de los de La Rioja) a los que acabamos de aludir, permaneciendo los lugares de la Tierra estrechamente vinculados a la Villa cabecera, resaltando particularmente el carácter de la unidad económica, al explotar y participar colectivamente en los aprovechamientos de montes, pastos, bosques, aguas… Que por ello se llamaban “bienes comunales”. Funcionaban las Comunidades de Villa y Tierra con una gran independencia, constituyéndose a la manera de células organizativas autónomas.

El término de “Villas eximidas” hace referencia a antiguos lugares que han conseguido su ascensión a la categoría de Villa, desvinculándose del partido del que formaban parte, comprando y pagando su exención a cualquier precio. Conviene resaltar la importancia que (en todos los órdenes) solían ejercer sobre otras localidades de su entorno, ya que, como puede suponerse, el hecho de su exención guardaba relación con el de su autosuficiencia, al contar con mayor población y recursos. Pero el mantener esa exención les costaba muy caro, razón que explica el hecho de que la mayoría sean Villas de señorío, ya que inevitablemente se hacía necesaria la intervención a su favor de algún poderoso, del cual terminaban por depender. Aparecen dispersas por los diferentes partidos, en los que (a pesar de todo) estaban sus raíces y su razón de ser y existir.

En cuanto a los territorios riojanos, hay que decir que, aun hallándose integrados en partidos o Tierras, recuerdan muy poco a las Comunidades de Villa y Tierra, no existiendo la estrecha vinculación de la Villa cabecera con la Tierra, siendo (por otra parte) muy pocas las localidades que mantienen la categoría de “lugar” y muy numerosas las que han ascendido a la de “Villa”, presentándose en pie de igualdad unas y otras, sin que necesariamente la Villa que encabeza el partido tenga que ser la más potente de todas.

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Numerosas fuentes nos permiten conocer la existencia en la provincia soriana de cuatro ciudades:

Alfaro, Calahorra, Osma y la propia Soria. Ésta última siempre mantuvo la capitalidad, y por ello su condición de principal centro administrativo, lo que no implicaba que fuera la más populosa. Lo era Calahorra (que se hallaba en continua lucha con Alfaro, aunque por motivos diferentes). La tres permanecían realengas, no siendo ese el caso de la ciudad de Osma, que lo era de señorío, siendo el Duque de Uceda el “señor” de la misma. A partir del 1802, Logroño encabezará el partido de su nombre, adscrito a la provincia de Soria, siendo a partir de aquí cinco ciudades en lugar de cuatro.

La categoría de Villa se reservaba preferentemente para la localidad cabecera de los respectivos partidos: Almazán, Burgo de Osma, Medinaceli, Gormaz, Berlanga, Ucero… Estas se consideraban las auténticas Villas, recelando de las Villas eximidas, que (aupándose sobre los lugares) trataban de ponerse en pie de igualdad con ellas. El rollo o picota que aparece en sus plazas o sitios preferentes era el símbolo que las acreditaba como tales. Cuenta la provincia de Soria con algunos especialmente bellos: quizás el de Berlanga de Duero lo sea especialmente, pero también lo son el de Calatañazor, Moñux, Vinuesa, Barca… Y otros muchos, testigos de la autonomía municipal que sus respectivos municipios disfrutaron en el Medievo y aun después. Todos son de piedra, excepto el de Rello, que es de metal.

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Mapa año 1696

El número de Villas fue creciendo y creciendo, ascendiendo en 1787 a 118 (21 de realengo, 87 de señorío secular, 9 de abadengo y 1 de señorío eclesiástico). El número de lugares de cada partido era muy diferente, siendo la Tierra de Soria la que contaba con mayor número, ascendiendo a 150 y siendo pequeñas aldeas muchos de ellos. Medinaceli contaba con 86 lugares, alejándose ambas de la media general, que era mucho más reducida. Por contrapunto, los partidos de Monteagudo, Suellacabras, Cobeta, Aguilar y Fuentes de Magaña contaban solamente con 2 lugares cada uno.

Algunos de estos lugares fueron desapareciendo poco a poco, contabilizándose en 1787 alrededor de 76 despoblados. Existían también 28 granjas, de las que 13 estaban enclavadas en la Tierra de Soria y las 15 restantes en la provincia en general, siendo realengas 13 de ellas, 11 de señorío secular, 3 de abandengo y una de señorío eclesiástico.

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Provincia de Soria en el año 1783

Hasta aquí hemos centrado nuestra atención en la descripción del marco territorial, profundizando en las distintas formas organizativas de las gentes sorianas. Pero los poderes públicos trataton de organizar a su manera estas tierras para exigir de ellas prestaciones de todo tipo (de índole fiscal, sobre todo). Ello justificará las diferentes “divisiones provinciales” de alcance nacional, que repercutirán en la provincia de Soria, al igual que en todas las demás. Estas delimitaciones provinciales fueron las siguientes: el llamado “Arreglo fiscal” de 1802, las prefecturas bonapartistas de 1810 y las divisiones constitucionales de 1814 y 1822, para terminar con la división que en 1833 efectuó Javier de Burgos (Secretario de Estado de Fomento).

Los “Arreglos provinciales” de 1802 fueron llevados a cabo a instancias del Consejo Supremo de Hacienda, tenían como principal finalidad agilizar la percepción de rentas, y así, el imperativo determinante de las agregaciones y segregaciones territoriales que se hicieron fue el de la “Distancia” a la capital recaudadora. A la provincia de Soria se le adjudicaron un total de 582 pueblos, quedando dividida en dos grandes partidos: el “Partido de Soria”, con 477 pueblos, y el partido de Logroño, con 105. Se diseñaba una provincia diferente en cuanto que de ella se segregaba la totalidad del partido de Medinaceli, de Atienza y de Cobeta (112 pueblos, que se integraban en el partido de Sigüenza) y la Tierra de San Esteban (11 localidades y 9 Villas exentas), que se integraba en el partido de Aranda de Duero. Teniendo en cuenta siempre la menor distancia a la capital recaudadora, se le agregaban 10 localidades pertenecientes al partido de Aranda, una perteneciente al partido de Burgos y 2 al de Cuenca. Esta división administrativa suponía para el partido de Logroño su desvinculación de la provincia de Burgos y su inclusión en la de Soria, consiguiendo continuidad en su espacio geográfico al desaparecer el enclave burgalés de Arnedo, que se introducía en el partido soriano. Esta nueva ordenación fiscal tuvo su aplicación práctica y así, durante la ocupación francesa, se repartieron las contribuciones extraordinarias en función de los dos partidos: el de Soria y el de Logroño, constitutivos de la Provincia de Soria como tal.

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Detalle del mapa de 1783

La “División Prefectural” de España, diseñada por el riojano Juan Antonio Llorente, pretendía desterrar la organización borbónica imperante, imponiendo la josefinista. La Prefectura de Soria, llamada del “Alto Duero”, reducía su extensión a 10.400,80 kilómetros cuadrados, en beneficio de la Prefectura de Burgos (a la que se asignaban la mayor parte de los territorios riojanos) y de la Prefectura de Guadalajara (a la que se asignaba una buena parte del partido de Medinaceli y los de Atienza y Cobeta). En compensación, se le agregaban un pequeño número de localidades pertenecientes mayoritariamente a la provincia de Burgos y, en menor medida, a las de Segovia, Guadalajara y Zaragoza. Se establecían tres Subprefecturas: las de Soria, Osma y Medinaceli. Pero esta división bonapartista careció de todo tipo de validez, ya que no tuvo aplicación práctica alguna.

La ordenación territorial josefinista (para la mayoría de los españoles, a excepción de los afrancesados) tenía como patrocinador a un “rey intruso”, y ello la hacía rechazable de por sí. Es, por tanto, en las Cortes de Cádiz donde se sugiere (en 1813) la necesidad imperiosa de abordar con urgencia la reforma territorial del país. El nuevo intento de estructuración territorial (diseñado por el balear Felipe Bauzá) no tuvo naturaleza oficial, dad la coyuntura política del momento. La provincia de Soria quedaría ampliada y favorecida, y se le atribuían 228.107 habitantes, en lugar de los 198.107 que venía teniendo, a base de incorporar algunos parajes riojanos más. El 23 de junio de 1813, a propuesta hecho por la Diputación provincial soriana, las Cortes aprobaron el 24 de abril de 1814 la división de esta provincia en 7 partidos judiciales: Soria, Calahorra, Logroño, Arnedo, Villoslada, Ágreda y Berlanga.

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Mapa de 1846 donde se aprecia la nueva división provincial

En el Trienio Liberal volvió a abordarse con urgencia el asunto de la división territorial de España, encargándose a Felipe Bauzá la elaboración del proyecto. Especialmente perjudicada saldría en él la provincia de Soria que, incluso, perdía su secular capitalidad, ya que la diseñada por el mencionado diputado liberal recibió el nombre de “provincia de El Burgo de Osma”, reducida a 123.155 habitantes. Podría decirse que la provincia de Soria perdía su verticalidad, al ceder los territorios riojanos que engrosaban la nueva provincia de Logroño (que se creaba ahora, ampliada con los territorios sorianos de la Tierra de Yanguas y parte de los de San Pedro Manrique e, incluso, algunas localidades de la Tierra de Ágreda). Sensible era la pérdida de territorios por su parte oriental (que se integraban en la novedosa provincia de Calatayud) y por el Sur (segregándose de ella la mayor parte del partido de Medinaceli). Como compensación, se le incorporó a la nueva provincia de El Burgo de Osma una gran extensión de tierras pertenecientes a la provincia de Burgos, una estimable parte de la de Segovia y una pequeña extensión de la de Guadalajara.

Pero el descabellado proyecto de Bauzá con respecto a la provincia de Soria no salió adelante…

Aunque igualmente perjudicada siguió siéndolo en el proyecto provincial definitivo, sancionado por el Rey el 30 de enro de 1822. En él recuperaba su nombre y la tradicional capitalidad, pero se rebajaba la población asignada a 105.108 habitantes. La Diputación soriana acordó proponer a las Cortes, el 3 de agosto de 1822, la división en 5 partidos judiciales: Soria, Ágreda, Almazán, Burgo de Osma y Berlanga. Al derogarse (el 1 de octubre de 1823) la obra constitucional, esta delimitación territorial quedó en suspenso, volviendo a la situación de 1785.

El año 1833 marcó el final del proceso, confirmándose el empequeñecimiento de la provincia, que aún tuvo que agradecer a su autor (Javier de Burgos) la recuperación de algunos territorios perdidos en 1822, como la Tierra de Yanguas y una parte de la de San Pedro Manrique. Los 5 partidos judiciales que se le asignaban fueron (y por mucho tiempo, al estabilizarse esta división provincial) los de Soria, Almazán, Ágreda, El Burgo de Osma y Medinaceli.

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Detalle del mapa de 1846

El marco jurisdiccional: territorios “realengos”, de “señorío” y “abadengo”

Hemos de decir, en primer lugar, que en Soria fue muy anticipada en el tiempo la cesión del “realengo”, que alcanzó ya proporciones muy significativas en el siglo XII. A partir de aquí se vive un proceso creciente e imparable, multiplicándose las donaciones reales a los magnates y a la Iglesia durante los siglos siguientes, acrecentándose éstas con los reyes Trastámara. Sirvan algunos ejemplos:  en el año 1366, el rey Pedro I donaba a Juan Ramírez de Arellano la Villa y Tierra de Yanguas; en el 1368, el mismo soberano hacía concesión del título de conde de Medinaceli a Bernardo de Bearne; en el 1395, el rey Enrique III concedía las localidades de Ágreda, Vozmediano, Ciria y Borobia a Juan Hurtado de Mendoza; en el 1423, el rey Juan II donaba San Esteban de Gormaz a don Álvaro de Luna con el título de conde; en el 1430, concedía el mismo rey el señorío de Almenar a Hernán Bravo de Laguna; en el 1475 el condado de Medinaceli era ascendido a Ducado…

Esta situación se incrementó con los Reyes Católicos y los Austrias: en 1482, los primeros concedían a los señores de San Pedro Manrique el título de duques de Nájera; en 1529, Carlos I concedía el título de primer marqués de Berlanga a Juan de Tovar y Velasco; hijo del segundo duque de Frías; en 1575, Felipe II elevaba a Marquesado el señorío de Almazán, siendo Francisco Hurtado de Mendoza su primer marqués. Durante el año de 1675 el rey Carlos II concedía el Marquesado de Velamazán a Martín Pedro de Castejón, y en 1690, el condado de Gómara a Luis de Salcedo; por citar algunos casos.

Con el advenimiento de los Borbones se vive, en principio, una situación de retraimiento de las donaciones, pero (a pesar de ello) continúan, aunque no con la misma magnanimidad de los Austrias.

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Mapa de la provincia de Soria del año 1860

En 1703, Felipe V concedió el título de marqués de Zafra a Lucas Francisco Yáñez de Barnuevo, y en 1712, el título de marqués de Vadillo a Francisco Antonio de Salcedo; en 1771, Carlos III otorgó el marquesado de Ciria a José Pedro de Luna… Y así muchos otros ejemplos.

A finales del siglo XVIII, la situación que presentaba la provincia de Soria era la que refleja el mapa adjunto, correspondiendo (según el Censo de 1787) a los territorios realengos el 35,49%; a los de señorío secular el 61,13%; a los de señorío eclesiástico el 1,88%; a los de abadengo el 1,48%.

El “realengo” había quedado limitado a: la Tierra de Soria, incluidas las Villas eximidas de Noviercas y Vinuesa; partido de Ágreda, incluida la Villa eximida de Ólvega; partido de Atienza; Villas eximidas de Cervera e Hinestrillas del partido de Aguilar; partido de Calahorra (reducido a las dos ciudades de Calahorra y Alfaro; a las villas de Murillo, Rincón de Soto y Aldeanueva; a los lugares de Terroba y Velilla); partido de Solpeña (en las villas de Abejar y Cabrejas del Pinar); partido de El Burgo de Osma (en los lugares de Barceval, Bóos, Sotos, Valverde y Valdelubiel) y las Villas eximidas de Torralba y Santiuste.

El resto de los territorios sorianos eran tierra de “señorío secular”, con la excepción del señorío eclesiástico del obispo de Osma (que se limitaba a la Villa de El Burgo de Osma, y a la Villa de Ucero con 10 lugares de su Tierra); a la Villa de Quintanas Rubias de Arriba, eximida del partido de San Esteban de Gormaz. También el obispo de Sigüenza contaba con la granja del Castillejo de Jubera. La segunda excepción sería la de las entidades de abadengo, limitadas a las Villas de Herce, Hornillos, la Santa y Torremuña y al lugar de Buenafuente (de monjas bernardas) y a la Abadía de Villanueva y su granja de San Prudencio (partido de Villanueva de Cameros) y al Real Monasterio de Santa María de Huerta (partido de Medinaceli) con las granjas de Albalate, Arandilla y Cantabós, de monjes bernardos. También existía un monasterio de premostratenses en la Vid y Zuzones. Los bernardos o cistercienses (seguidores de la obra benedictina) situaban sus monasterios en parajes retirados de la ciudad, en pleno campo, siendo frecuente la explotación directa de granjas, lo que les valió el nombre de “monjes granjeros”.

Si hubiera que destacar entre estos monasterios aquel que de manera más influyente hubiera dejado su impronta en esta provincia, nos inclinaríamos sin duda por el Real Monasterio de bernardos de Santa María de Huerta, que todavía hoy conserva plena vitalidad y grandeza artística. De algunos de los otros monasterios hoy sólo se conservan sus edificaciones semiderruidas y parte de esa historia documental que nunca muere del todo.

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Detalle del mapa de 1860

Un rápido recorrido por los distintos territorios tratando de reseñar esa “Soria señorial” en la que los terrenos realengos eran casi una excepción, nos llevaría a verla en esta forma: en La Rioja soriana sólo permanecían realengas 10 entidades, a las que se añadían 4 de abandengo, siendo el resto de “señorío secular”. El conde de Aguilar, el de San Román, el de Munilla, la mayor parte del de Villanueva de Cameros y la Villa de Muro de Ambas Aguas del partido de Calahorra formaban parte del mismo.

Comparativamente, la presencia de otros “señores” era irrelevante y limitada sólo a alguna localidad en concreto. Las ciudades de Calahorra y Alfaro se mantenían realengas y con un elevado número de población.

En las “Tierras Altas” de Soria se imponía el conde de Aguilar como “señor” del partido de Yanguas; el duque de Arcos, como “señor” del partido de San Pedro Manrique; el marqués de Vadillo, como señor del partido de Magaña. Casonas solariegas, blasonadas de egregios escudos, recuerdan el pasado ilustre de aquel tiempo, en el que eran habitadas por acomodados linajes.

Los Marquesados de Berlanga, Almazán y Caracena eran tierras señoriales por excelencia, en las que el duque de Uceda, marqués de Berlanga, era “señor” de la Villa de su nombre y de los 18 lugares de su Tierra; también de la Villa y lugares del partido de Caracena. El conde de Altamira, marqués de Almazán, era “señor” de la Villa de Almazán y de todos los lugares de su Tierra, al igual que de las Villas de Barca, Moñux y Villasaya. Berlanga alcanzó el título de “Ducado de Frías” en 1492 y el de “Marquesado” en 1529, al conceder el título de primer marqués a Juan de Tovar y Velasco, hijo del segundo duque de Frías. Todavía hoy se advierte el mecenazgo de la familia en la Villa, y muy especialmente en su fastuosa Colegiata, cuya consagración tuvo lugar en 1530 y a expensas de la ilustre familia nobiliaria. El castillo, la muralla, el palacio de los Frías, la Colegiata, sus seculares calles medievales con soportales portificados con postes de madera… Hacen de Berlanga de Duero una Villa inigualable.

También en Almazán se conserva hoy el soberbio palacio de los condes de Altamira, centro neurálgico de la Villa y su Tierra en aquellos momentos. En las Villas eximidas de Morón de Almazán y Puebla de Eca ejercía su señorío el conde de Ribadavia, en tanto que en la de Fresno de Caracena mandaban los marqueses de Fresno. En todas ellas se advierten sus respectivos mecenazgos, y muy especialmente en Almazán, cuya Plaza es uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos de la provincia de Soria.

El partido de Medinaceli era casi en su totalidad el “señorío” del duque homónimo, ya que ejercía su jurisdicción señorial en la Villa y los lugares de su Tierra; también en la mayoría de las Villas eximidas a sus expensas, así en Arcos de Jalón, Barahona, Ciruelos, Imón, Luzón, Maranchón, Somaén, Utrilla… El duque de Medinaceli pertenecía a una de las más linajudas familias de España, teniendo un inmenso patrimonio repartido por todo el país. Soria se alegraba de que en ella se encontrara su Casa Ducal, magnífico palacio, residencia familiar y centro administrativo de su importante señorío. La presencia de la Colegiata y de numerosos conventos nos hablan del papel benefactor del duque.

La Soria del interior se dispersaba en diferentes señoríos: partido de Calatañazor, señorío del duque de Medinaceli; partido de Fuentes de Magaña, del marqués de San Miguel; partido de Gormaz, del conde de Ribadavia; partido de Monteagudo, del conde de Altamira; partido de Osma, del conde de Uceda; partido de Serón, del duque de Sesa; partido de Suellacabras, del duque de Alba; partido de Fuentepinilla, del conde de Aguilar; partido de Ucero y Villa de El Burgo, del obispo de Osma.

Rompían esta tónica general de unidad administrativa los partidos de Solpeña y San Esteban de Gormaz, cuyas entidades de población dependían singularizadamente de varios señores.

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Mapa actual provincia de Soria

La Tierra de Soria se mantenía realenga, siendo únicamente de soñorío algunas Villas eximidas y granjas. La mayor parte de ellas pertenecían a los nobles titulados de la ciudad de Soria, siendo éste el caso del conde de Gómara; del marqués de Vadillo, “señor” de la Villa de Albocabe; del marqués de la Vilueña, “señor” de la Villa de Tejado; de José Hurtado de Mendoza, “señor” de la villa de Hinojosa de la Sierra… Las granjas de San Gregorio y Texadillo y la Mata pertenecían al conde de Torrubia, y la de Valderde, al conde de Gómara. Algunas de aquellas casas solariegas han llegado hasta nuestra época.

La Tierra de Ágreda, por su parte, se mantuvo realenga. El rey Enrique IV concedió (en 1461) a la Villa el singular privilegio del realengo perpetuo: “… aseguro e prometo por mi fe e palabra real como Rey e Señor que de aquí en adelante no faré merced de la villa e su tierra ni de cosa alguna della, ni la enajenaré, ni apartaré de mi corona real por causa de razón alguna…”. A pesar de su carácter jurisdiccional realengo, la presencia en la Villa de Ágreda de importantes fabricantes de paños y grandes propietarios de ganado lanar trashumante (tales como el marqués de Velamazán, los condes de La Coruña, el marqués de Paredes, los condes de Fuerteventura o el marqués de Camarena; entre otros) dejó su impronta nobiliaria en ella. Ágreda conserva hoy buena parte de su insigne pasado, siendo (sin duda) la primera y principal CasaPalacio la de Antonio de Castejón, marqués de Velamazán, que impresiona por su grandiosidad arquitectónica. Su condición de Aduana principal hizo también que Ágreda fuera especialmente importante.

Unas últimas reflexiones sobre la población hidalga de Soria nos llevarían a los siguientes puntos:

1) Que su más elevado número residía en La Rioja soriana, aunque aquí la hidalguía no suponía necesariamente nobleza de vida, y no se diferenciara notablemente de las gentes del pueblo llano.

2) Que en las Tierras Altas de Yanguas, San Pedro Manrique y Magaña existía un número más reducido de hidalgos, pero de nobleza más acreditada y de más reconocida consideración social, muy en relación con la ganadería trashumante.

3) Que en los partidos del interior (integrados en el obispado de Osma) la presencia hidalga era totalmente irrelevante y de ningún significado.

4) Que los hidalgos de la Tierra de Soria estaban muy relacionados con la agricultura y, en algunos casos, la ganadería.

5) Que en el partido de Ágreda guardaban relación con la ganadería trashumante y churra, y consecuentemente con la industria de los paños.

6) Que su presencia era mínima en los marquesados de Almazán, Berlanga y Caracerna, e igualmente en el Ducado de Medinaceli.

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http://foroscastilla.org/foros/index.php?topic=15411.0;wap2

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