ATLAS FORESTAL DE CASTILLA Y LEÓN – XXXIV

Los «niveles de madurez»

El Nivel de Madurez es un número que indica en cierta forma el estado de desarrollo de la vegetación dentro de la dinámica propia de cada territorio, evaluada por su estructura y valor protector. En este mapa, va del 0 al 7. Los niveles más altos corresponden a los bosques más desarrollados y estructurados. En el MFE200, la asignación del Nivel se realiza en campo, a la vista de la estructura y composición de la vegetación, y no está exenta de subjetividad en su definición y en su uso porque sintetiza en un único índice diferentes aspectos relativos a la dinámica y a la estructura de la vegetación. El nivel de madurez no refleja valor ecológico ni diversidad ecológica ni singularidad florística, ya que éstos pueden encontrarse en todos los Niveles de Madurez y dependen no sólo de la composición y estructura de la vegetación sino también de otros elementos del ecosistema y del entorno. La significación de los distintos Niveles de Madurez se puede resumir de la siguiente forma:

Nivel 7. Corresponde a los bosques con buen desarrollo y bien estructurados, dominados normalmente por una especie, con cierta diferenciación de estratos y subpiso nemoral.

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Por su buen estado de conservación, Monte Hijedo tiene asignado el máximo nivel de madurez del MFE en Castilla y León (nivel 7).

Nivel 6. Este nivel se utiliza para bosques menos maduros o más degradados que los anteriores, habitualmente con espesura no completa, montes bajos de frondosas que no alcanzan el porte de los montes altos, pinares naturales de montaña cuando tienen carácter serial —etapa transitoria—, pinares naturales mediterráneos sin espesura completa, abedulares, acerales, acebedas, sabinares y enebrales bien desarrollados y formaciones arbustivas pluriespecíficas bien desarrolladas, como puede ser la mancha alta y densa.

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Quejigal en Astudillo (Palencia). Nivel 6.

Nivel 5. Indicativo de formaciones de arbolado abierto, sabinares y enebrales típicos, formaciones arbustivas de desarrollo normal, repoblaciones bien integradas y pastizales de montaña de origen natural.

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Formación arbustiva de enebros en Valdeteja (Burgos). Nivel 5.

Nivel 4. Se utiliza para formaciones arbustivas degradadas, formaciones de matorral o pastizal con arbolado disperso, repoblaciones poco integradas y matorrales bien desarrollados

Nivel 3. Corresponde a formaciones de matorral, repoblaciones muy jóvenes o bastante pobres, pasto-matorrales y pastizales bien conservados.

Nivel 2. Representa pastizales y matorrales con poca talla y cubierta —p. ej. tomillares—, o indicativos de degradación —jaguarzales, carpazales, brezales de Calluna vulgaris y/o Erica umbellata y/o E. cinerea, especialmente si van acompañadas por cistáceas, etc.—, o de las primeras etapas de la sucesión — especies ruderales leñosas de terrenos de cultivo abandonados, etc.—.

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Matorral de Erica australis regenerándose tras un incendio. Riocamba (León). Nivel de madurez 2.

Nivel 1. Indica matorrales y pastizales muy degradados con cubierta muy escasa y bastante suelo o roca desnudos. Incluye herbazales en cultivos abandonados: cardales, jaramagales, cenizares, espiguillares, etc.

Nivel 0. Corresponde a suelos o rocas sin apenas cubierta vegetal (<5%).

Los pinares procedentes de repoblación suelen estar acompañados durante algunos años por matorrales heliófilos, propios de las formaciones de Niveles de Madurez bajos (2-4). Estos pinares, cuando cierran su cubierta, tienden a eliminar progresivamente a este matorral que no tolera la sombra excesiva del arbolado, por lo que evolucionan hacia bosques con un subpiso muy escaso y, por lo tanto, estructura diferente de los bosques más maduros. Por estas razones, en estas repoblaciones, aún cuando su talla y cubierta son equiparables a las de otros bosques no plantados, se les asigna un Nivel de Madurez inferior a aquellos en uno a tres grados, de forma que el nivel de madurez más habitual para las repoblaciones es el 4 en las adultas y el 3 en las repoblaciones jóvenes o en las que tienen un subpiso más pobre. La evolución habitual de estas repoblaciones pasa por la apertura ligera de la cubierta mediante intervenciones selvícolas —claras y, acaso, clareos—, lo que permite un mejor desarrollo de los árboles que, de esta forma, tienen más espacio para su crecimiento. Esto también posibilita el desarrollo de un subpiso más o menos nemoral, compuesto por especies propias de los bosques, lo que hace que progresivamente las repoblaciones evolucionen hacia la composición y estructura típicas de otros bosques más integrados.

Además de los niveles enumerados (0-7), el sistema de Niveles de Madurez considera otros dos (8 y 9) que corresponden a bosques más maduros, con varias especies y estratos, prácticamente inexistentes en la Península Ibérica, salvo contados ejemplos que no tienen representación cartográfica a escala 1:200.000. Debe tenerse en cuenta que la larga historia de presión sobre el medio natural ha dado lugar a una adulteración de los ecosistemas naturales, simplificando con frecuencia su estructura y composición florística.

Todo ello ha impedido que los bosques lleguen a las etapas de plena madurez con diversificación de las especies dominantes, ni a las de senectud y renovación de la cubierta. Son estas etapas las que se corresponden con los niveles 8 y 9, ausentes en este mapa.

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Las superficies forestales en 1861

Uno de los primeros trabajos de la Sección de Avance Forestal de la Comisión de Estadística General del Reino fue recopilar los datos existentes sobre las superficies forestales con objeto de elaborar la clasificación de montes que debían exceptuarse de la desamortización (1859). A partir de estos trabajos, García Martino elaboró una estadística de superficies ocupadas por las principales especies forestales en los montes públicos, distinguiendo entre los pertenecientes a los pueblos, los del Estado, y los de corporaciones civiles. En esta fecha los montes no estaban deslindados y amojonados, por lo que únicamente se disponía de estimaciones aproximativas de las superficies; no obstante el valor de esta estadística es indudable. En la siguiente tabla se resumen algunos datos correspondientes a Castilla y León (superficies en hectáreas).

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La cifra de casi un millón y medio de hectáreas arboladas en montes públicos es bastante apreciable, aunque desde entonces la superficie de bosques se ha incrementado notablemente: hoy en día contamos con cerca de tres millones de hectáreas arboladas en Castilla y León. No es posible hacer una comparativa rigurosa de estas cifras con los datos actuales, porque las de 1861 son sólo aproximativas y además no incluyen los montes de propiedad privada de entonces; una parte de estos montes pasaron posteriormente a propiedad privada durante la desamortización. En la actualidad disponemos de buenas estimaciones de nuestras superficies forestales gracias al Mapa Forestal de España, pero no contamos con una adecuada cartografía de la propiedad forestal —salvo la referente a los montes catalogados de Utilidad Pública— que nos permita desglosar las superficies forestales por sus diferentes formas de propiedad.

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Una parte apreciable de nuestro arbolado actual —cerca de un millón de hectáreas— corresponde a arbolado abierto, que tiene su origen principal en la reducción de la presión del ganado y de la extracción de leñas en las últimas cuatro décadas. Con toda probabilidad, a mediados del siglo XIX, estas superficies debían estar totalmente desarboladas, cubiertas por pastizales, matorrales o cultivos.

Las técnicas de representación cartográfica

En los mapas más antiguos, los elementos que componían los mapas se representaban mediante símbolos ideográficos, que intentaban parecerse al aspecto real de los objetos representados. En las zonas montañosas se dibujaban varios picos, los pueblos aparecían como un conjunto de casitas pequeñas y, para los bosques, se utilizaban pequeños arbolitos agrupados, con la particularidad de que todos estos elementos se dibujaban en perspectiva.

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«Mapa de términos situados entre las villas de Pancorvo,Villanueva de Teba, Encio, Obarenes y otras».Autor: José Rizi y Rey. 1716. Referencia: Pleito entre el concejo de Pancorvo, Gregorio Varona y el concejo de Villanueva de Teba, por talas en montes de Pancorvo. Pleitos civiles. Fernando Alonso (F) C. 2313-3 a 2315-1 (Leg. 467). Real Chancillería de Valladolid. Este curioso mapa, elaborado por un conflicto forestal, recoge elementos de gran interés, como el convento situado junto a la localidad de Obarenes, hoy en día en estado ruinoso, a pesar de ser uno de los más antiguos de Burgos (data inicialmente del año 867).

De esta forma los mapas se convertían en verdaderas composiciones artísticas, admirables hoy en día, pero que, dejando aparte la precisión cartográfica del momento, no permitían dar una idea precisa de todos los elementos a representar.

Hasta mediado el siglo XIX no se aborda de forma específica la cartografía de nuestros montes arbolados. Sin embargo, contamos con mapas bastante más antiguos que representaban las masas forestales mejor conocidas y de mayor entidad, como un elemento más de la geografía. Tal es el caso del mapa de Tomas López realizado en la segunda mitad del siglo XVIII, y que constituye, hoy en día, un interesante documento gráfico sobre el pasado de nuestro paisaje.

A comienzos del siglo XIX empezaron a utilizarse las nuevas técnicas de representación cartográfica, en las que los elementos singulares a representar, por ejemplo los montes arbolados, se delimitaban mediante recintos coloreados, utilizando, según los casos, distintos colores para las diferentes especies. Normalmente los colores se acompañaban por pequeños rótulos, como las iniciales de la especie arbórea o la información que se quisiera recoger en el mapa.

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Plano de la Montaña de Santa Engracia (Castillete de Pancorbo, Burgos) con representación del fuerte de campaña situado en ella. Este mapa, realizado en 1795, tiene una cuidada representación del relieve de este importante paso de montaña que comunica la meseta castellana con el valle del Ebro. Obsérvese la escasa o casi nula vegetación arbórea, eliminada no sólo para su sustitución por cultivos, sino también porque los bosques dificultaban la defensa militar en áreas estratégicas como ésta. Fuente: Servicio Geográfico del Ejército.

Estas técnicas son, básicamente, las que se utilizan hoy en día en los mapas temáticos. También ha cambiado la forma de representar el relieve, para lo que actualmente se utilizan las curvas de nivel o, en mapas más divulgativos, un sombreado que crea un efecto aparente de relieve.

Mapa de Tomás López (1783) a la izquierda, mapa forestal de Ceballos (1966) y mapa forestal de Ruiz de la Torre (1998). Estos tres fragmentos representan un mismo territorio —Bayubas – Berlanga (Soria)— con distintas técnicas de representación cartográfica. Como puede comprobarse, las actuales masas boscosas del entorno de Bayubas ya aparecen en el mapa de 1783, mientras que los montes de Tierra de Berlanga, desnudos en 1783, están siendo colonizados por la vegetación forestal, como se refleja en el Mapa Forestal de 1998.

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El Mapa de Vegetación de Álava (Catón & Uribe- Echebarría, 1980) fue un trabajo pionero en la cartografía forestal de detalle (1:50.000) que destacó por su claridad en la forma de representar y explicar la vegetación sin perder el rigor botánico.

La Comisión de la flora forestal de España

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_093_Imagen_0001Poco antes de la Comisión del Mapa Forestal también se creó la Comisión de la Flora Forestal Española, el 5 de noviembre de 1866, fruto de cuyos trabajos fue la publicación de la «Flora forestal española» en 1883 y 1890 —1ª y 2ª parte— de Máximo Laguna y Pedro de Ávila, con ilustraciones de Justo Salinas. Esta magnífica obra reúne en sus 433 páginas datos de gran interés acerca de 553 especies leñosas de España. Su contenido va más allá de lo que indica su título, ya que recoge una amplia información de cada especie, que incluye los nombres vernáculos, distribución y hábitat, y anotaciones diversas sobre su cultivo y aprovechamiento. No en vano recibió un merecido reconocimiento en su época.

Máximo Laguna (1826-1902) fue, junto con Miguel Colmeiro, uno de los más ilustres botánicos de la época, como también lo fue en nuestro país el alemán Moritz Willkomm, gran estudioso de nuestra flora y vegetación, y a quien profesó una rendida admiración. Laguna destacó ya como alumno de la primera promoción de ingenieros de montes, amplió su formación en Alemania, fue catedrático de Botánica y miembro desde 1877 de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Entre 1882 y 1893 fue presidente de la Sociedad Española de Historia Natural. Autor de diversas publicaciones entre las que destaca la mencionada «Flora Forestal española» (1883,1890), es también autor de algunas memorias de reconocimiento de montes como la de Sierra Bullones (1861) y la de la Sierra de Guadarrama (1864) (editada facsímil en 2005 por la Comunidad de Madrid y la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara) y de numerosos artículos entre los que cabe citar uno dedicado al Valle de Iruelas (1879). Laguna, que compartía su pasión por la botánica con su afición por la literatura, fue un fecundo y excelente escritor científico y divulgador, colaborando de forma habitual en diversas revistas científicas y técnicas de la época.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_093_Imagen_0003Pedro de Ávila (1842-1924) fue discípulo predilecto de Laguna, y sucesor suyo en el sillón nº 14 de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1902). También fue catedrático de botánica y naturalista infatigable que herborizó por todos los rincones de España para recolectar los materiales necesarios para su Flora Forestal. A pesar de su valiosa participación en esta obra y de su categoría como científico, el nombre de este ilustre riojano siempre ha estado en cierta forma eclipsado por el de Laguna, con quien le unía un particular vínculo y a quien consideraba su maestro (Martínez Garrido, 1997).

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Croquis de la memoria de reconocimiento de la Sierra de Guadarrama, elaborado por Máximo Laguna en 1864. Presenta las principales masas de pinar del Sistema Central (Pinus sylvestris, P. pinaster, P. nigra y P. pinea), desde San Martín de Valdeiglesias (Madrid) hasta Riaza (Segovia).También recoge el hayedo de la Quesera, en las proximidades de Riaza.

¿Cómo se hace un mapa de vegetación?

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Fotografía aérea de Riocavado de la Sierra (Burgos).Año 1956.

La lectura de los resúmenes de los trabajos de la Comisión de la Flora Forestal o las memorias que escribían los encargados de cartografiar las masas forestales en el siglo XIX, dan una idea de cómo se hacían estos mapas. El trabajo de campo consistía en recorrer, normalmente a caballo, las principales zonas forestales, con objeto de recoger muestras de flora y tomar nota de las características de las masas forestales. En aquella época se estaba elaborando el mapa topográfico de Francisco Coello, que servía para planificar los itinerarios y, lo que resulta especialmente importante, como base cartográfica para dibujar las masas forestales que se iban visitando.

Con ligeros cambios y con mejor cartografía básica, estas técnicas se mantuvieron hasta que se empezaron a utilizar los vuelos fotogramétricos. En España, el denominado «vuelo americano» cubrió todo el territorio nacional en 1956 a una escala aproximada de 1:33.000. Con anterioridad a este vuelo existe otro realizado en los años cuarenta (fechado según algunas citas en 1947) con una escala aproximada 1:44.000, probablemente realizado por los alemanes, y cuyo original está depositado en la biblioteca del Senado de Estados Unidos (actualmente hay una copia, en mal estado, en el Centro Cartográfico y Fotográfico del Ejército del Aire).

Las fotografías aéreas permitían tener una perspectiva del paisaje inédita hasta entonces. Anteriormente debía subirse a los altos para contar con la necesaria vista global del territorio, cosa que las fotografías aéreas ponían al alcance de la mano, incluso en la mesa del despacho. Además, el trazado de los límites de las masas forestales podía hacerse directamente sobre la fotografía aérea, proceso denominado fotointerpretación, con lo que el trabajo de campo se reducía a la identificación del contenido de cada uno de los recintos delimitados en la fotografía (teselas). Para el trazado del mapa, se trasladaban los recintos obtenidos sobre la fotografía aérea al plano o mapa con las oportunas correcciones geométricas.

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Ortofotografía de Riocavado de la Sierra (Burgos).Año 2002.

La utilización sistemática de las fotografías aéreas permitió dar al Mapa Forestal de España de Ruiz de la Torre un detalle y una precisión con la que no contaba su antecesor, el Primer Mapa Forestal de España de Ceballos (1966), que únicamente utilizó fotografías aéreas en algunas zonas.

En los últimos años esta técnica se ha mantenido en lo sustancial, aunque con mejoras que hacen el trabajo más preciso y sencillo: las fotografías aéreas, que son una proyección cónica del terreno, se han sustituido por ortofotos, que equivalen geométricamente a un plano —proyección ortogonal—, con lo cual se eliminan las deformaciones provocadas por el relieve y su proyección en la cámara fotográfica. Además, hoy en día se suele trabajar con ortofotos en color a escalas relativamente grandes (1:10.000 o 1:5.000), cuando antes se trabajaba en blanco y negro, y con escalas algo menores (1:18.000 a 1:30.000), lo que nos permite actualmente visualizar con gran detalle las formaciones vegetales. Otro cambio producido en la última década es la difusión de los sistemas de información geográfica, lo que permite fotointerpretar en la pantalla del ordenador, visualizando la ortofoto a la escala que se necesite en cada momento y enlazar las teselas que se van trazando en el mapa con una base de datos que almacena ordenadamente la información.

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Ortofotografía fotointerpretada. Riocavado de la Sierra (Burgos).Año 2002.

De hecho, hoy en día los Sistemas de Información Geográfica (SIG) se han incorporado al trabajo diario de los técnicos relacionados con la gestión del medio natural, y las ortofotos están sustituyendo a los planos en numerosas tareas de gestión. Con frecuencia se trabaja directamente con su versión digital en la pantalla del ordenador, el PDA (ordenador de bolsillo) o el Tablet PC (ordenador portátil pequeño con pantalla táctil), y cada vez es menos necesario obtener copias en papel. Al visualizar el mapa en pantalla, ya no se habla tanto de escala de la ortofoto, que es variable, como de resolución o tamaño de pixel. Para trabajar con escalas cercanas a 1:10.000 es normal que la resolución sea inferior a un metro. En la actualidad, el Plan Nacional de Ortofotografía Aérea (PNOA) contempla la renovación de los vuelos fotogramétricos cada dos años en todo el territorio nacional con un tamaño de píxel de 0,5 m. Castilla y León cuenta, además, con ortofotografías de 0,25 m de pixel de todo el territorio (2005-2006).

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