ATLAS FORESTAL DE CASTILLA Y LEÓN – XXXI

La prevención activa, indispensable para la lucha contra los incendios forestales.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_066_Imagen_0002Un programa de prevención debe buscar dos objetivos. Por una parte, reducir el número de incendios —prevención activa— y por otra conseguir que los daños sean menores —prevención indirecta o clásica—.

Como en España eran «evidentes» causas ficticias, nos hemos dedicado sólo a apagar. Pocas comunidades han comprendido la importancia de la prevención indirecta. En cuanto a la prevención activa, se han ido dando algunos pasos en la medida que se iba reconociendo el fondo del problema.

La prevención activa trata de modificar las bases socioeconómicas, estructurales y culturales sobre las que descansa la motivación del uso incontrolado del fuego para gestión del medio, que es el principal origen de los incendios forestales. Sobre este aspecto de la prevención, tan ligado al desarrollo forestal, apenas se ha trabajado ni en España ni en el mundo Mediterráneo, salvo acciones puntuales inconexas.Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_066_Imagen_0001

Nuestra Comunidad Autónoma ha dado un paso importante con la puesta en marcha del Plan 42, en 104 municipios. Este es el primer plan integral de estas características en España, y a él se dedica la cantidad de 54,5 millones de euros en 8 años. Mediante este plan vamos a intentar poner las bases del desarrollo forestal en aquellas comarcas más alejadas de él, hacer un programa de implantación acelerado y, conscientes de que el logro de efectos visibles por la población requiere tiempo, buscar que la población sea capaz de entender que puede ser posible, que es una posibilidad de futuro básica para su comarca y que el fuego la está impidiendo.

Se trata de comarcas en donde para la población es natural usar el fuego como forma de desbroce, y donde la estructura socioeconómica favorece la perpetuación de esta ancestral práctica: el minifundismo, la indeterminación de la propiedad o la inadecuación del modelo de la ganadería extensiva a las circunstancias ambientales y sociales actuales. Para cambiar estas circunstancias se requiere un trabajo combinado en diferentes áreas, como la determinación de causas —Brigadas de Investigación de Incendios Forestales—, iniciativas de desarrollo rural, modificación de dificultades estructurales, modelos alternativos de ganadería extensiva, acciones demostrativas de modificación de formas de manejo del medio, planificación forestal comarcal y educación ambiental, entre otras acciones.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_066_Imagen_0003Una de las cuestiones capitales es lograr la evolución del pastoreo extensivo. Los incendios forestales no son sino la expresión del mantenimiento residual de un sistema obsoleto en un momento de transición, que conlleva una enorme carga de combustible muy inflamable.

En el sistema agrario tradicional, el terreno no agrícola se usaba de forma colectiva y en una proporción de ganado parecida por la mayoría de las familias. Actualmente una o dos personas utilizan el terreno público y el privado abandonado, en ocasiones sin una mínima contrapartida, con la excusa de una «comunalidad» que ya no es tal, y que ya no vale como modelo de organización de la gestión del territorio, lo que constituye un ejemplo de la sacralización nostálgica de la tradición. La carga ganadera suele ser baja por lo que no controla el matorral salvo con quemas, y en muchas ocasiones se mantiene sólo para cobrar la subvención PAC que se recibe sin contrapartidas de gestión. Al no existir vinculación entre el propietario del terreno y su usuario esporádico, es imposible concebir un plan de manejo adecuado sin fuego.

Este sistema de gestión no es acorde con la realidad física del terreno ni con el tiempo actual. Más bien responde a las formas que eran adecuadas para hace 100 años y que hoy perviven de forma residual sin perspectiva de futuro.

La necesidad de un nuevo modelo de ganadería extensiva empieza a ser entendido por todos los implicados como paso necesario, ya que se necesita la colaboración de las organizaciones agrarias y las administraciones del ramo.

Una gestión intensa

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_069_Imagen_0003El hecho de que no se haya entendido que la gestión no es incompatible con la conservación sino que contribuye a ella de las maneras expuestas, pero sobre todo a través del aprecio de los habitantes rurales por sus montes, ha dificultado que la gestión haya encontrado las condiciones adecuadas para hacerse realidad. No obstante, la gestión es la palabra clave en el desarrollo forestal.

El requisito básico de la acumulación de cultura forestal es el nivel mínimo de técnicos que supere un umbral a partir del cual se pueda realmente hablar de que la utilización del territorio responda a criterios técnicos, lo que conlleva que la población local haya superado también un cierto nivel. De la experiencia de décadas de gestión de montes ordenados se deduce que el nivel alcanzado por la gestión depende realmente de la capacidad de la población local de comprender lo que se hace. Si no se superan estos requerimientos no podemos hablar propiamente de gestión forestal.

El requisito básico de la acumulación de capital biológico aprovechable no sólo es el tiempo, sino que exige un nivel mínimo de inversión económica y de gestión técnica. Lo mismo sucede para articular un sector productivo; los trabajadores y las empresas no se improvisan. Necesitan de niveles mínimos de actividad.

Por lo tanto, el desarrollo forestal requiere superar umbrales de inversión y de gestión, que se derivan en buena medida de que existan unos presupuestos suficientes y unas plantillas adecuadas. Está claro que en el mundo forestal el dinero es escaso y los medios humanos también. Esto es consecuencia del poco conocimiento que se tiene de la potencialidad de las actividades forestales y de conservación de la naturaleza para crear desarrollo rural. La compensación de los efectos no económicos de los bosques —externalidades—, podría ser una fuente importante de financiación si no se opta por la imitación mimética de un fracaso, con la excusa de la poca productividad mediterránea.Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_069_Imagen_0001

Que los montes proporcionan grandes beneficios a la sociedad es algo que no se cuestiona. Que la sociedad deba compensar por estos beneficios es algo que cada día es más admitido. Este es el principio por el cual la administración ha invertido y debe seguir invirtiendo sumas no despreciables en los montes de utilidad pública.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_069_Imagen_0002Con todo, se ha caído frecuentemente en el error de solicitar compensaciones en renta: un propietario de un monte recibiría un pago por sus productos no comerciales. Ya conocemos la aplicación de una política de este estilo: las ayudas a la renta PAC, y sabemos bien su efecto sobre el mundo rural: el dinero no permanece en él.

Las compensaciones deben ser para financiar la actividad que genere empleo, no en premio a la pasividad. El trabajo vincula al territorio. Tenemos la dolorosa experiencia de que las rentas desvinculan. La inversión debe sobre todo incidir en actividades que permitan la posterior puesta en valor de los montes, multiplicando de esta manera sus efectos sobre el empleo.

Un empleo de calidad

El empleo es la piedra angular del desarrollo rural, pero no vale cualquier empleo.

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El sector forestal puede crear suficientes puestos de trabajo directos e indirectos como para convertirse en la alternativa económica de nuestro maltrecho medio rural.

Se necesita un empleo que sea la semilla de una renovación, no sólo económica. sino que impulse la iniciativa; que no cree perpetuos subsidiados. Un empleo profesionalizado, estable, y bien remunerado, que debe ser impulsado.

Uno de los efectos perversos de una mala elección de la estrategia de extinción de incendios es su falta de conexión con la gestión de los montes.

La consideración de la extinción de incendios como un servicio, impide en primer lugar que los fondos vayan a capitalizar los montes para que puedan generar empleo de forma autónoma. Es decir, se mantiene el empleo derivado de la inversión directa de la administración, que es la primera fuente de empleo forestal, pero no se invierten las cantidades necesarias para la puesta en valor de los montes mediante el aprovechamiento, que es la segunda gran fuente de empleo forestal y, por lo tanto, tampoco se fomenta la posibilidad de que haya una industria de transformación de estos productos.

El gran yacimiento de empleo rural de montaña que es la transformación de los productos forestales se resiente, por tanto, de la ausencia de trabajos en los montes. Además, en ocasiones la industria se ha desarrollado al margen de los productos de los montes del entorno, porque sin cuidados selvícolas no se logra que los productos de los montes alcancen la calidad requerida y es más fácil transformar productos foráneos.Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_070_Imagen_0003

La segunda consecuencia es que los trabajadores en este esquema son contratados por la administración, por empresas públicas, o por grandes empresas intermediarias en una relación laboral de semifuncionariado. Como no existe ninguna producción por medio, el trabajador forestal recibe un salario no ligado a ésta. La consideración de los trabajos de tratamiento selvícola como obras en vez de servicios es la base para promover el estímulo de la mentalidad emprendedora de la que tanto carece el mundo rural de las zonas forestales.

Un tejido empresarial de empresas de obra con tres niveles: local —cooperativas, sociedades limitadas, etc.—, regional, y nacional, bien conectado permitiría enfrentar el desafío del desarrollo forestal.

El papel de la actividad forestal de la administración como estimulante de la iniciativa rural, o como anestesiante, es clave en el mundo rural. Los modelos cercanos al trabajo «por administración» no son adecuados.

La organización administrativa. La participación como requisito de futuro

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_070_Imagen_0002El actual estado de implantación de la cultura forestal exige una acción coordinada en un ámbito territorial extenso. Desde la liquidación del sistema agrario tradicional, el mundo rural de montaña ha carecido de un modelo claro al tiempo que esta ausencia ni siquiera ha sido percibida. Por lo tanto estamos en el momento de establecer las bases de la participación de las actividades forestales en un nuevo modelo rural. Esta década va a ser importante para la determinación de las características del modelo.

Para ello hemos de buscar fórmulas de equilibrio a la hora de conciliar los intereses de los propietarios y de la sociedad en general en los efectos de los bosques y, como consecuencia, articular la participación equilibrada de cada cual, pues tan legítimos son los de unos como los de otros.

En nuestra ya centenaria tradición forestal, los bosques que por la calidad y amplitud de sus efectos han sido considerados importantes para toda la sociedad, han sido declarados de Utilidad Pública. Este principio es parte de su esencia, por eso son de «Utilidad Pública» desde que se empezaron a catalogar hace más de cien años. Estos montes cumplen un papel que en otros estados europeos recae en los montes estatales heredados de sus coronas. En realidad, la mayoría de nuestros montes de UP provienen también de realengos que a lo largo de la historia se municipalizaron, mientras en Francia o Alemania fueron mantenidos en la esfera de la propiedad estatal.

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Una buena gestión de las zonas de montaña permitiría simultanear la recuperación del bosque con los usos tradicionales.

Como consecuencia de su interés general, la administración ha invertido en ellos cantidades considerables desde antiguo para obtener producciones con valor económico que son importantes para el propietario, pues en ellas fundamenta su capacidad de desarrollo. No es otra cosa que la compensación de sus efectos externos, hoy en primera línea de debate.

La gestión técnica de estos montes ha recaído en la administración Central, y luego en la Autonómica, como representantes más adecuados del interés colectivo. La gestión económica en la administración titular de los terrenos, normalmente municipal.

Esta forma de reparto de papeles ha sido, sin embargo, una cogestión. Aunque las administraciones gestoras han tenido la competencia técnica, la han ejercido mediante la obtención de acuerdos constantes con la administración local propietaria, incluso en cuestiones estrictamente técnico-científicas.

La gran mayoría de los entes locales propietarios percibe este reparto como un servicio de la administración forestal, y su nivel de satisfacción es creciente. Sólo así se puede explicar que en los últimos diez años se hayan incluido en el catálogo 155 montes con 49.439 hectáreas de superficie en nuestra Comunidad.

En algún caso se ha dado la reclamación de la gestión técnica municipal. Más por cuestiones de lucha política, y en concreto en pueblos con un gran nivel de tensión social interno. Pese a todo, esta reclamación es muy sugestiva porque incluye ideas de modernidad —autonomía municipal—, eficacia —cercanía al terreno—, o justicia —la propiedad es suya—.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_071_Imagen_0003El ejemplo de Soria de cómo se ha desarrollado la implantación de la cultura forestal en los lugares con mayor nivel de desarrollo nos indica que el papel de una administración de tamaño suficientemente grande, que le permita una perspectiva que la cercanía impide, es decisivo. Los ejemplos más claros de lo que es la gestión sostenible y la mejor calidad biológica se encuentran en montes gestionados de esta manera.

Este tipo de gestión compartida ha sido adecuado para lograr el desarrollo rural y es un buen modelo para otras zonas. Más, si cabe, pensando en su debilidad social actual.

La aplicación de una política forestal coherente a la escala territorial adecuada requiere la gestión supramunicipal de una superficie representativa. Como ejemplo, baste citar la observancia de criterios homogéneos en asuntos tan importantes como la conservación de especies.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_072_Imagen_0002Cuando el máximo responsable federal americano en oso pardo, C. Sheerveen, fue requerido, hace algo más de diez años, para analizar las posibilidades de supervivencia de las poblaciones de oso en el Pirineo francés, el mayor obstáculo que encontró no fue el escasísimo número de ejemplares, sino la imposibilidad de poner de acuerdo a cientos de propietarios municipales.

Esta distribución de papeles no impide la participación de todos los actores forestales en muy diversos niveles.

En la planificación comarcal es deseable que participen grupos de acción local, ayuntamientos, asociaciones, empresas, trabajadores, propietarios, etc. Es bueno que los habitantes adquieran conocimientos básicos de gestión y sean partícipes de lo que se puede hacer en el territorio, de la importancia socioeconómica del desarrollo forestal y de que se pueden organizar las cosas para producir desarrollo.

En la planificación de cada monte, aún incluso cuando sea administrado por el gobierno autonómico, la opinión de los propietarios es importante en la fijación de los objetivos de gestión y en los detalles de planificación. Sin embargo, las decisiones técnicas cotidianas, conocidas por las corporaciones y sopesadas por éstas, deben ser finalmente tomadas por profesionales en ese marco en los montes de UP.

La participación puede ser un valor añadido o una barrera para el desarrollo si no se plantea con rigor. En el mundo forestal hay demasiados huecos sin cubrir para que todos tengan un papel sin estorbarse.

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Un equipo técnico hace el seguimiento de un hayedo que durante décadas sufrió la típica explotación tradicional: talas de los mejores pies y trasmochado de las copas. La investigación es una parte importante en el apasionate empeño de recuperar nuestros bosques, un recurso renovable para las generaciones venideras.

Las oportunidades que nos brinda el futuro

Hasta el momento se han descrito, además del gran objetivo de la política forestal, es decir la generación de empleo a través de la puesta en valor de los montes mediante una gestión multifuncional, las circunstancias actuales o potenciales que dificultan su consecución, intercaladas con circunstancias positivas ya presentes y direcciones hacia las que hay que caminar.

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Los restos de podas, descortezados, talas de árboles enfermos, etc. proporcionan un buen combustible para generar energía.

El momento actual obliga no sólo a una reflexión sobre como superar las dificultades. Muchas oportunidades ya están presentes y otras están llamando a nuestra puerta. El trabajo que se ha realizad o en Castilla y León en las dos últimas décadas ha abonado el terreno para que estas nuevas posibilidades puedan germinar.

El Plan Forestal regional de 2002 ha sido el marco de definición de la política forestal de la comunidad. El Plan fijó para un cuarto de siglo sus objetivos y los plasmó en un programa de ejecución planificada, partiendo de una reflexión de la situación física de los montes, de las actividades forestales, de su sector productivo y de su relación con la política general de conservación y analizando también las circunstancias geográficas, culturales y sociales alrededor de los bosques con las limitaciones y oportunidades que conllevan. Seis años después se comprueba que está siendo ejecutado sin grandes desviaciones y la política que en él se concreta está más nítida que nunca. Una política que ha sido definida de abajo hacia arriba, por toda una generación de profesionales entregados a su labor y que el gobierno regional ha tenido la inteligencia de hacer propia.

Los montes arbolados están aumentado notablemente su superficie. En Castilla y León en más de ¡un millón de hectáreas! desde el primer inventario forestal nacional al tercero. Además se van densificando y el crecimiento anual ha pasado de 3,7 a 7,2 millones de metros cúbicos, desde el segundo al tercer inventario nacional, mientras las cortas rondan 1,5 (sobre un 20 % del crecimiento), con lo que la posibilidad de incrementarlas hasta los porcentajes normales en el resto de Europa es muy amplia.

Tenemos una sólida infraestructura de transformación industrial. Esta base es muy importante ya que sin ella que no podría generarse una demanda sobre los aprovechamientos forestales. Castilla y León posee un valioso tejido industrial de aserraderos, fábricas de tableros, carpinterías, fábricas de muebles, envasadoras de setas, piñones o castañas etc. Nuestra industria es la segunda en importancia en el país, tras la gallega, pero tiene la ventaja de estar más equilibrada entre la primera y segunda transformación. Se trata de industrias ubicadas mayoritariamente en el medio rural, cuyo empleo ha permitido mantener el dinamismo excepcional de ciertas comarcas. El crecimiento reciente en el sector de la madera se ha basado sobre todo en el consumo de madera de importación, que en buena medida podría ser sustituida por producción regional, si se activan los aprovechamientos y las producciones se adaptan a las demandas del mercado. Además, la realización de los trabajos de selvicultura preventiva a través de contratos con empresas privadas, no sólo es eficaz de cara a la lucha contra incendios; también crea una base de personas con iniciativa empresarial que no abunda en el mundo rural.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_074_Imagen_0001La lucha contra el efecto invernadero, el elevado precio del petróleo y la reflexión estratégica sobre seguridad de abastecimiento energético, empiezan a propiciar una oportunidad económica real para la bioenergía de origen forestal. La oportunidad que se abre, puede ser decisiva si damos los pasos adecuados para que se materialice. La puesta en valor de muchos montes arbolados con especies sin valor comercial y pequeños diámetros, dependen de este nueva manera de enfocar el uso secular energético. Nuestro tejido industrial tiene ante si una oportunidad y un desafío.

Existe también una demanda de uso por parte de la población urbana que puede desarrollar un sector de servicios importante que complemente, aunque sólo sea estacionalmente, los empleos de los trabajos en monte y los derivados de las industrias de transformación, como son el turismo ambiental —micología, espacios protegidos, senderismo, etc.— y la caza. Aunque también tiene el peligro de la visión neocolonialista urbana: el paisaje rural debe adaptarse a mi «paisaje mito».

Están surgiendo nuevas oportunidades entorno al cumplimiento del protocolo de Kyoto por el efecto sumidero de los bosques (que apenas los contempla actualmente), que en Castilla y León, en un cálculo conservador, alcanza 12,5 millones de toneladas equivalentes de CO2 anuales; lo que constituye el 75 % de los derechos de emisión asignados. Por primera vez uno de los servicios que los montes están proporcionando a la sociedad tiene un valor de mercado. El valor en el mercado el CO2 secuestrado anualmente en España por los bosques se acerca a 2.000 millones de euros.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_074_Imagen_0002Los efectos ambientales que el propietario forestal está entregando a la sociedad por el hecho de la existencia del bosque, son la justificación para que la sociedad cargue con los gastos económicos necesarios de su mantenimiento. Los tratamientos selvícolas preventivos son imprescindibles para la conservación de los montes porque el riesgo de destrucción por incendios es muy alto en España y el propietario aún cuando tuviera recursos no los invertiría en cuidados, por su falta de rentabilidad y por la incertidumbre que representan los incendios. Cuanto más riesgo inherente presenta un bosque más difícil suele ser ponerlo en valor: un verdadero círculo vicioso que sólo se rompe con los tratamientos.

Es de justicia que se dote al Fondo para el Patrimonio Natural previsto en la Ley de Montes (Disposición Adicional Primera. Ley 10/2006) con una cantidad de al menos 1.000 millones de euros anuales, a repartir proporcionalmente al número de hectáreas forestales de las C.C.A.A. Sólo la mitad de lo que aportan a la sociedad, por sólo un concepto, sería suficiente para pagar los gastos de conservación y cambiaría considerablemente el problema de los incendios forestales.

Tenemos modelos de gestión ya consolidados. Ya se han citado los casos de evolución forestal en el último medio siglo ligadas a la ordenación de pinares, de Urbión o Coca, que nos posibilita el análisis de las circunstancias que lo han hecho posible como fuente de información aplicable en la transformación forestal de otras comarcas. Algunos montes llevan ordenados más de un siglo. En este momento hay medio millón de hectáreas ordenadas (unos 1.300 montes) y otras 250.000 ha en redacción, de las que la mitad tienen certificado de Gestión Forestal Sostenible (el 46 % de toda la superficie certificada de España), a las que antes del verano (2007) esperamos añadir las restantes.

En estas zonas de gestión consolidada no sólo se supera el problema de los incendios, sino que la situación demográfica y económica es mejor, como en la comarca de pinares de Soria-Burgos y por ello los bosques son apreciados y su conservación está asegurada. Este hecho local empieza a tener un valor de modelo reconocido internacionalmente. Esta comarca acaba se ser considerada como «Monte Modelo» de la Red Mundial de Montes Modelo de la que hasta ahora sólo formaba parte una comarca en Suecia llamada Vilhelmina, en la provincia de Vasterbotten, en toda la Unión Europea.

El camino de la gestión sostenible de los montes no es fácil pero es apasionante.

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