ATLAS FORESTAL DE CASTILLA Y LEÓN – XXIX

Las propuestas del Plan General de Repoblaciones de 1938

José L. Bengoa Martínez

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_034_Imagen_0001

El Sistema Ibérico castellano fue intensamente repoblado a raiz del Plan de 1938.

En 1938, el Ministerio de Agricultura retomó con fuerza la empresa de repoblar los terrenos desarbolados de España. Para ello, encomendó en junio de ese año el «Plan General de Repoblación Forestal de España» a Joaquín Jiménez de Embún y Luis Ceballos, que por entonces trabajaban en los Distritos Forestales de Soria y Ávila, y para lo cual se les dio un plazo de tan sólo seis meses. La urgencia impuesta por el Ministerio, justificada por los problemas asociados a la deforestación, impidió a los autores disponer de un conocimiento preciso de las superficies y necesidades de repoblación de las distintas regiones. No obstante, en enero de 1939 estos dos Ingenieros de Montes hicieron entrega de un Plan que serviría de base para la labor repobladora de cuatro décadas.

Este Plan es, además, una buena recopilación de los textos existentes hasta esa fecha acerca de las masas forestales de España, entre los que destacan el «Resumen de Trabajos de la Comisión de la Flora Forestal» y los informes no publicados de la Comisión del Mapa Forestal de Máximo Laguna y Pedro de Ávila. También son referencia constante el «Diccionario Geográfico» de Madoz publicado en 1849, la «Geografía de España» de Dantín Cereceda, así como la dirigida por Martín Echevarría y publicada en 1928. Para determinadas provincias se consultaron obras más locales, como «La provincia de Burgos» de Teófilo López del año 1888, «El pino piñonero en la provincia de Valladolid» de Felipe Romero Gilsanz, editada en 1886, o la descripción de Palencia de Ambrosio Garranchón. Los datos de superficies para la elaboración del Plan los obtuvieron de un análisis de los datos disponibles para cada región o provincia, utilizando como fuentes la Estadística Agrícola, los Catálogos de montes de Utilidad Pública y diversos informes de carácter principalmente provincial.

Este Plan proponía la repoblación de 6 millones de hectáreas en cien años, de las cuales debían llevarse a cabo 3,1 millones de hectáreas dentro del período previsto para la vigencia del Plan, de 55 años —entre 1938 y 1993—. Los ritmos previstos debían ser inicialmente bajos —entre 4.000 y 14.000 ha por año durante el primer quinquenio—, con ritmos crecientes hasta llegar a las 90.000 ha por año en la quinta etapa decenal. Los autores del Plan consideraron que las restantes 2,9 millones de hectáreas deberían repoblarse tras una revisión y análisis profundo de sus propuestas y la elaboración de una nueva planificación a la luz de los avances técnicos y cambios sociales que tuvieran lugar con el transcurso de los años.

Para Castilla y León, las propuestas de repoblación durante la vigencia del Plan se estimaron en unas 350.000 ha en 55 años y 675.000 ha a largo plazo —100 años—, de las cuales 450.000 tenían vocación principalmente protectora y 225.000 tenían carácter predominantemente productor aunque, en su mayor parte, con especies de crecimiento lento. El ritmo medio de repoblación resultante para Castilla y León sería, por tanto, de 6.000 a 7.000 ha al año.

En repetidas ocasiones los autores del Plan destacaron el carácter orientativo de sus estimaciones sobre las superficies forestales existentes, así como la relatividad de las propuestas de superficies a repoblar, especialmente para las zonas peor conocidas por ellos. No obstante, la necesidad de llegar a unas cifras globales y unas consignaciones presupuestarias determinadas les obligó a completar las lagunas existentes mediante su estimación.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_034_Imagen_0002

La «Selva de Hijedo», en el norte de Burgos, era un espacio deforestado a principios del siglo XX.

Transcurridos casi 65 años desde la redacción del Plan podemos hacer balance de lo ocurrido desde entonces. Las estadísticas históricas de repoblaciones realizadas en Castilla y León arrojan una superficie total cercana a las 900.000 hectáreas. Por su parte, la cartografía forestal muestra que la superficie actual de repoblaciones es próxima a las 600.000 ha, incluidas las plantaciones de chopos. La diferencia entre una y otra cifra se debe en buena medida al fracaso en la instalación de algunas repoblaciones, a que una parte de lo repoblado correspondía a reposición de marras, y a las pérdidas por incendios a lo largo de todas estas décadas. En cualquier caso, se han superado ampliamente las propuestas de 1938. En concreto, en el periodo comprendido entre 1938 y 1993, dejando de lado el impulso que, mediante la Política Agraria Común, ha tenido la forestación de las tierras agrarias con el apoyo económico de los Fondos Europeos, la superficie repoblada resultante se acerca a las 700.000 ha, y la superficie conseguida a las 420.000 ha, incluidas las choperas de producción. La superficie de bosques procedentes de repoblación se aproxima bastante a la previsión de superficie a repoblar en Castilla y León a lo largo de los 55 años de vigencia del Plan General de Repoblaciones.

Sin duda, el desarrollo tecnológico y la reducción del pastoreo extensivo en los montes ha permitido esta mejora en los ritmos de repoblación que, en Castilla y León, podemos situar en la actualidad entre las 10.000 y las 20.000 ha por año. De hecho, los autores del Plan de Repoblaciones indican expresamente que prefieren pecar de modestia y realismo en sus previsiones, presionados principalmente por la intensa explotación del territorio que caracterizaba a los años de la post-guerra y los conflictos sociales que podría generar en el mundo rural una iniciativa excesivamente ambiciosa.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_035_Imagen_0001

La Sierra de La Demanda (Burgos) ha transformado su paisaje en algo más de medio siglo tras las repoblaciones del Plan de 1938. Los pinos silvestres cubrieron los suelos desnudos de este histórico agostadero trashumante.

Aunque el Plan de Repoblaciones se centró fundamentalmente en la reforestación de terrenos desarbolados, también dedicó una cierta atención al cuidado de las masas arboladas existentes, muchas de las cuales estaban en un estado ruinoso, especialmente los montes bajos, sometidos a la intensa presión del pastoreo. En concreto, dentro las propuestas correspondientes a la zona noroccidental de la Comunidad Autónoma —Zamora y noroeste de León— el Plan recoge las propuestas de la Comisión Forestal acerca de la necesidad de mejorar el estado de los abundantes montes bajos de rebollo, defendiéndolos de la intensa presión del ganado. Hoy en día esta cuestión ha dejado de ser preocupante, debido a la importante reducción de la carga ganadera que pasta en nuestros montes, pero se ha visto sustituida por otra amenaza igualmente grave, como son los incendios forestales, de particular incidencia en el noroeste de la región.

Bases para una política forestal

Introducción

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_043_Imagen_0002Vivimos un tiempo de profunda transformación en el mundo rural. El proceso de urbanización desarrollado en la última mitad del siglo XX, de forma paralela a la intensificación de la agricultura en las zonas más productivas, ha tenido consecuencias notables tanto en las sociedades de las comarcas de montaña como en su paisaje. Los efectos demográficos son bien conocidos: despoblación, envejecimiento, escasez de nacimientos, etc. Por el contrario, los efectos positivos sobre la recuperación de los bosques y su capitalización biológica, mucho menos divulgados, son ya apreciables.

Desde el abandono del sistema agrario tradicional en el que se fundamentaba la vida de estas comunidades, la sociedad rural ha navegado a la deriva sin otro modelo de recambio. La imitación de los valores urbanos ha sido el único modelo cultural posible, y sus efectos han sido perniciosos en numerosos aspectos.

Estamos llegando a un punto de inflexión, en el que cada día se hace más patente la necesidad de desarrollar en los próximos años los fundamentos de un nuevo modelo de mundo rural.

La redefinición del mundo rural es compleja porque requiere transformar estructuras básicas como el sistema de poblamiento, la estructura de la propiedad, o las formas tradicionales de gestión del medio, e incluso la asociación mental de rural con agrario, que están ancladas en el pasado y que no son adecuadas para favorecer el asentamiento de actividades económicas de futuro.

Además, el nuevo modelo rural no sólo debe contener elementos económicos, sino toda la gama de aspectos que conducen a una vida plena con los parámetros de nuestro tiempo. Una sociedad rural vital debe ofrecer suficientes alicientes a los habitantes para que quieran permanecer en el mundo rural: acceso a la cultura, a la educación de los hijos, a un ocio diverso, a un papel igualitario para la mujer, a disponer de tiempo libre o a una redefinición de oficios, hoy despreciados en la escala social, que posibilite su percepción positiva.

En este contexto debemos interrogarnos sobre el papel del bosque en esta futura sociedad que vivirá cerca de ellos. Al mismo tiempo, la parte de la sociedad que vive en las ciudades también es receptora del efecto de la existencia de los bosques y, por lo tanto, debemos preguntarnos cuál será su papel a una escala más amplia que la local.

En esencia, la demanda de la sociedad urbana se centra preferentemente en las funciones «no económicas» de los montes: reservas de diversidad biológica, regulación de climas locales y de los regímenes hídricos, protección de los suelos, regulación de los ciclos del carbono, o capacidad de acogida para el ocio. Sin desdeñar estas funciones, en la sociedad rural cobra importancia el aspecto económico derivado de la producción de materias primas comercializables, y en especial los efectos sociales de esta producción, como la generación de empleo, que posibilita la fijación de la población.Por tanto, la gestión de los montes debe tender a armonizar todas estas demandas. Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_044_Imagen_0001

La naturaleza como metáfora

Cuando se habla de naturaleza y de su uso, se acaba planteando cuáles son los límites de este uso como consecuencia de la forma en que la sociedad, básicamente la urbana, interpreta esta naturaleza y el papel del hombre en ella.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_045_Imagen_0001

Sauceda «no intervenida» en un cauce estacional. Grandes ejemplares de sauce blanco, viejos, decrépitos y colonizados por el muérdago, abonan con sus restos a chopos y álamos blancos, especies con menor exigencia hídrica que sustituyen a los sauces.

Para comprender el mundo tendemos a asimilar su funcionamiento a modelos que remiten a ideas sencillas bien asentadas, que normalmente responden a su vez a metáforas inconscientes sobre otra realidad bien conocida. Como consecuencia, en cada sociedad, en cada época, y en cada parcela de pensamiento, hay una serie de ideas que son aceptadas como verdades evidentes por sí mismas, aunque a pesar de su «evidencia» sean sustituidas al cabo de unas décadas.

Es preciso, por tanto, identificar cuáles son los componentes clave del modelo metafórico de interpretación de la naturaleza establecido en el momento.

En ecología, la metáfora de la naturaleza como máquina perfecta que refleja un orden absoluto ha sido la predominante en el último siglo. Según esto, hay una tendencia natural a alcanzar un estado de estabilidad —teoría del clímax— y la acción del hombre supone una desviación de su funcionamiento normal. Aunque los avances en el terreno científico están evidenciando el escaso fundamento de tales teorías, éstas han calado en la sociedad de forma rotunda y subyacen en los fundamentos de organizaciones que promueven la conservación de la naturaleza.

La «no intervención», o como mucho una leve intervención, era o es la consecuencia lógica de esta forma religiosomecanicista de entender la naturaleza. Según esto, las actividades humanas, en concreto las forestales, significarían, como poco, una dificultad para la conservación. Esta manera de ver las cosas todavía nutre de lugares comunes al pensamiento de muchos líderes de opinión ambiental. La idea de que, por ejemplo, basta con apartarse para que una especie en dificultades se recupere, aún es la dominante.

Actualmente, el desarrollo de los estudios sobre la evolución histórica de la vegetación —paleoecología—, nos presenta un paisaje en perpetuo cambio, con un comportamiento en nada adaptado a los patrones de dinámica vegetal preconizados por la teoría fitosociológica en la interpretación del paisaje, en el que la estabilidad no aparece por ninguna parte. La vegetación en Europa se ha «movido» desde la última glaciación en un contacto estrecho con las actividades humanas, en el que éstas son parte de los procesos históricos causales de la composición de los bosques. Sabemos que la velocidad de cambio del clima es elevada, y que a lo largo de la vida de un ejemplar de una especie arbórea de longevidad media se producen modificaciones de importancia.

Parcelas de investigación en el acebal de Garagüeta (Soria).

La interpretación del funcionamiento de la naturaleza está en un momento de revisión desde modelos deterministas hacia otros probabilísticos. El papel de las perturbaciones (entre ellas las de origen antrópico) en los procesos naturales, y los cambios que desencadenan, a veces poco predecibles, violentos y de gran extensión, empiezan a ser tenidos en cuenta en los ámbitos científicos. Se abre paso una manera de ver la naturaleza más pragmática y alejada del mito del Edén, que no considera antagónica la conservación de los bosques con su utilización, con cierta fuerza ya en el mundo académico pero todavía con escasa repercusión en el resto de los ciudadanos, imbuidos en una percepción simplificada e idealizada de los procesos naturales.

En el actual estadio cultural, la utilización de los montes como fuente de recursos económicos puede ser éticamente aceptable, si no se superan los umbrales que lleven a modificaciones que impliquen cambios florísticos y estructurales de relieve, lo que sería la traducción actual de la palabra «conservación». Estos cambios son políticamente correctos a una escala de percepción todavía de pequeño tamaño, en consonancia con la relativa novedad de la toma de conciencia de la importancia de las perturbaciones, y de los bruscos cambios que pueden desencadenar, en el funcionamiento de los ecosistemas de las zonas templadas del planeta.

Al margen de cómo se interpretan las cosas, es evidente que en general nuestros bosques van a seguir expandiéndose, densificándose y ganando en madurez y complejidad porque la presión sobre sus recursos está muy por debajo de su capacidad de crecimiento para renovarlos.

Al mismo tiempo, existe un cuerpo de conocimientos sobre el funcionamiento de los bosques, y de técnicas de gestión derivadas, que ha probado su utilidad para aunar la obtención de productos y la mejora de los bosques europeos a lo largo de los dos últimos siglos.

La primera consecuencia es que podemos aprovechar los recursos económicos de nuestros bosques y al mismo tiempo mejorar su calidad biológica.

La segunda consecuencia es considerar socialmente aceptable el aprovechamiento económico de nuestros bosques si las intervenciones no modifican la idea prefijada de cómo se comporta la naturaleza.

Madera importada infectada por xilófagos que se vende en centros comerciales como combustible para «barbacoas» (parrillas). La globalización comercial está favoreciendo la libre circulación de plagas y enfermedades por todo el planeta, con efectos lamentables. La facilidad con la que hoy se pueden «mover» los organismos vivos modificará —voluntaria e involuntariamente— nuestros ecosistemas.

 Conservación de la biodiversidad: una tarea activa

Es preciso que la sociedad entienda que «debemos» gestionar los bosques para generar efectos positivos, tanto a escala local como a escala regional o incluso planetaria.

Vivimos en un espacio intensamente humanizado, que ha sido modelado en buena medida por el hombre. A partir de que los usos que han moldeado estos ecosistemas desaparecen en algunos lugares o disminuyen notablemente de intensidad, se podría postular su evolución libre, pero esto no es más que un sueño. La composición genética de estos paisajes deriva de su selección adaptativa —muchas especies son verdaderas especialistas en resistir— y, por lo tanto, su modificación está garantizada. Además, es imposible aislar un territorio, una especie, o un paisaje, y los efectos de la utilización de los territorios aledaños no podrían ser evitados.

Nuestro entorno mediterráneo propicia periodos largos de sequedad. La vegetación es susceptible de arder de forma violenta; en consecuencia, la posibilidad física de incendios forestales naturales es elevada. El condicionante climático está, además, estrechamente ligado a la utilización cultural del fuego como herramienta agroganadera.

El asunto es universal e intemporal, incluso fuera de un ámbito tan propicio como el nuestro del sur de Europa.

Veinte mil incendios anuales en España dan una idea de la todavía intensa utilización de esta herramienta.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_047_Imagen_0003

La finca de «Las Mijaradas», a menos de 15 km de la ciudad de Burgos y con menos de 11 ha, preserva un bosque que presenta una biodiversidad excepcional, refugio de especies animales y vegetales cada vez menos frecuentes en nuestra región. Bajo estas líneas, un regenerado joven y homogéneo de roble en Hijedo, monte considerado como «relicto» con frecuencia, que a principios del siglo XX estaba prácticamente arrasado por el carboneo y el uso ganadero.

La gran extensión de terrenos tradicionalmente usados para ganadería extensiva ha propiciado, tras la crisis del sistema agrario tradicional, una gran abundancia de superficie ocupada por matorral, que agrava el problema de los incendios. En nuestra comunidad autónoma, de dos millones de hectáreas forestales desarboladas, más de millón y medio están cubiertas de matorral, y de ellas un millón carece de uso. También existe una gran cantidad de montes arbolados poco densos —1,3 millones ha— en un proceso rápido de densificación, pero con una gran carga de matorral. Gran número de montes arbolados más densos posee cargas notables de matorral o su arbolado es de pequeñas dimensiones. En resumen, más del 80 % de nuestro terreno forestal tiene una estructura que propicia una alta combustibilidad en caso de incendio.

La probabilidad de incendios catastróficos que modifiquen violentamente el paisaje es creciente y elevada en su contexto actual de evolución. Esta circunstancia requiere que se propicien, lo más rápidamente posible, estructuras de vegetación más favorables para evitar grandes siniestros.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_047_Imagen_0004Por otra parte, esta situación exige mantener un operativo de extinción de incendios muy costoso y con un elevado número de personal, que debe ser aprovechado para realizar trabajos de prevención con objeto de disminuir en lo posible los riesgos que las actuales fases de evolución de nuestros ecosistemas generan. Además, está comprobado que en las zonas donde existe tradición de obtener recursos económicos de los bosques, los incendios antrópicos son casi inexistentes, con lo que los trabajos deben perseguir igualmente este propósito.

De no existir el operativo de extinción citado y no intervenir sobre la estructura de nuestros montes, propiciando una evolución libre, cada verano sufriríamos incendios de enormes dimensiones, por lo que la naturaleza nunca llegaría al modelo al cual supuestamente conduciría la no intervención, aun suponiendo que sólo existieran incendios de origen natural. Recuérdese que en la interpretación de la naturaleza todavía dominante, el papel de las perturbaciones, incluso las naturales, ha sido omitido o demonizado.

Existen otros motivos que obligan a la gestión detallada de nuestros bosques. El mantenimiento de niveles de calidad biológica requiere en muchas ocasiones la intervención para la conservación de paisajes antrópicos ricos y diversos en trance de modificación por la desaparición de las actividades que los habían conformado. La conservación de especies animales a veces también exige acciones decididas, ya que las transformaciones del paisaje que se dan indirectamente, como consecuencia de los procesos sociales humanos, favorecen en ocasiones la mejora del hábitat de una determinada especie y a veces el empobrecimiento de otra. El hecho de que el abandono de las zonas de montaña haya conducido al cierre de muchos biotopos abiertos ha sido una ayuda para algunas especies: el lobo, por ejemplo, está en expansión; el oso pardo  presenta una mejoría poblacional, una vez limitada su máxima amenaza, el furtivismo, lo que permite abrigar una prudente esperanza después de las cuatro últimas temporadas de cría; qué decir de ciervos, corzos o del omnipresente jabalí. Sin embargo, para otras especies, que necesitan de cierta apertura, como la perdiz pardilla, o estructuras menos cerradas de las que hoy abundan, como el urogallo, esta evolución ha supuesto un influjo negativo.

Mantener bosques irregulares, paradigma a primera vista de la naturalidad para los conservacionistas, que tienen un nivel de complejidad mayor que los regulares —árboles coetáneos—, requiere también una intervención decidida, pues existe una tendencia natural a la regularidad por procesos de regeneración inducidos de forma instantánea por la apertura de huecos derivada de las perturbaciones, más aún si se quieren mantener varias especies mezcladas con diferentes temperamentos.Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_029_Imagen_0001

Más allá de los motivos locales, los efectos ambientales que la gestión de los bosques  ienen sobre el efecto invernadero son especialmente destacables. En nuestro país estamos muy lejos de tener toda la superficie forestal arbolada y de que ésta tenga un grado de madurez en el que los procesos metabólicos equilibren la fijación de carbono, con lo que tenemos una gran capacidad para su almacenamiento. Además, la sustitución por la madera de materiales no renovables, como los derivados del petróleo, o de los que requieren el consumo de grandes cantidades de materiales no renovables para su transformación, puede suponer una disminución de emisión de carbono en nada despreciable.

Como consecuencia, las actividades forestales están conceptualmente imbricadas en la conservación de la naturaleza y viceversa.

El empleo como clave del desarrollo rural

El papel de los bosques como generadores de empleo es fundamental para poder desarrollar una sociedad rural sostenible en las zonas de montaña.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_048_Imagen_0001

Repoblación en San Feliz de las Lavanderas, León.

La conservación de los bosques, y con ella la satisfacción de las múltiples demandas sociales sobre ellos, no es posible si, como premisa, no se tienen en cuenta las necesidades de la gente que vive en el entorno de los bosques. Las aspiraciones de la población urbana no pueden secuestrar las utilidades básicas que los montes pueden aportar al mantenimiento de sociedades rurales, que es el objetivo de cualquier política de desarrollo rural, especialmente si se tiene en cuenta que el aprovechamiento racional de los montes es la garantía de su perpetuación y de su mejora.

La manera más directa y de más calado para conseguir la contribución del monte al bienestar de las poblaciones rurales es que éste pueda ofrecer empleo estable y de calidad, en cantidad suficiente.

El primer componente de cualquier proyecto de futuro rural que se pueda plantear es, de forma necesaria, el empleo. Sabemos que unas rentas elevadas no evitan la emigración. Las subvenciones directas de la PAC, no ligadas a programas de futuro, han ido paralelas a la desarticulación de muchas sociedades rurales. La renta no se ha utilizado para invertir en el medio rural, sino que se ha trasvasado a las ciudades, sobre todo al sector de la construcción, y una buena parte de dinero ni siquiera se ha acercado al medio rural, pues lo han cobrado los propietarios que viven en las ciudades.

La ausencia de empleo ha provocado la emigración de los jóvenes —especialmente mujeres— por lo que es difícil fundar una familia. La falta de conexión de las subvenciones PAC con la inversión en programas de futuro también ha propiciado que la consideración social de las actividades agrarias (con un futuro tan incierto que los propios receptores de rentas sacan su dinero del sector) sea realmente baja, salvo en las zonas de agricultura intensiva. Estos factores emocionales receban el proceso, acelerándolo.

El empleo, en cambio, vincula al territorio. La política forestal debe, por tanto, dar una importancia decisiva a la generación de empleo suficientemente atractivo, es decir: estable, profesionalizado, y con una remuneración media-alta con relación a los empleos del entorno, para que sea valorado socialmente. Este tipo de empleo es, además, útil para la indispensable generación de núcleos viables, que en la España interior es una condición necesaria para la supervivencia del mundo rural, pues responde a la utilización de un territorio de escala comarcal.

Es patente que la demanda de un nuevo modelo rural sobrepasa la capacidad de la política forestal para proporcionar soluciones integrales, pero una política forestal que pretenda ser realista debe contemplarlas. Por otro lado, hay que considerar que las zonas montañosas ocupan una enorme superficie en nuestra comunidad, casi la mitad, y en buena medida no hay otra alternativa de uso para muchos de estos territorios. No se puede imaginar el progreso social en la mayoría de estos territorios sin una contribución importante de las actividades forestales y de conservación de la naturaleza, que deben constituir una oportunidad para el desarrollo.

Galería | Esta entrada fue publicada en DOCUMENTOS, FOTOS, LIBROS, Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s