ATLAS FORESTAL DE CASTILLA Y LEÓN – XXVIII

El «Plan Forestal», garantía de futuro

Introducción

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_028_Imagen_0001A lo largo de los apartados anteriores se ha realizado un profundo análisis de la evolución experimentada por nuestros montes a través de los distintos periodos históricos.

Sin duda los cambios han sido numerosos e intensos, pues la especie humana no ha dejado ni un solo momento de modificar el entorno que le rodea, y con una capacidad para ello que no tiene parangón con ninguna otra especie de las millares con las que comparte el planeta.

El estado que actualmente presenta nuestro medio natural es el resultado de muchas generaciones de intensa actividad agrícola, ganadera y forestal, bajo unos condicionantes y necesidades sociales significativamente cambiantes y diferentes de las actuales. Muchos terrenos que hace milenios eran bosques, hoy son cultivos agrícolas, pastizales o matorrales. Es prácticamente imposible encontrar un metro cuadrado de nuestra superficie regional cuya situación no sea el resultado de la acción antrópica —roturaciones, incendios, pastoreo, plantaciones, cortas, etc.— en distintos niveles de intensidad.

La variedad de ecosistemas y de paisajes que caracteriza a nuestra Comunidad Autónoma, marcada por la profunda huella de la actividad humana, lejos de constituir una barrera para su gestión aporta una pluralidad que permite la diversificación de oportunidades, necesaria para garantizar su futuro. Pero, al igual que se constata la evolución ecológica experimentada, y en muchos casos sufrida, por nuestros sistemas forestales, se evidencian también los cambios acaecidos en la consideración social de los mismos.

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La caza mayor, durante siglos fue reservada a los reyes y nobles, que acotaban grandes bosques como reservas cinegéticas, cediendo su pertenencia a los monasterios para evitar su fragmentación. Códice del Libro de la Montería de Gaston Phoebus (siglo XIV) que escribe con lujo de detalles la vida y captura de este plantígrado.

Durante milenios, los montes fueron considerados como lugares apartados, inhóspitos y hostiles para el hombre, siendo apreciados únicamente como cazaderos y fuentes de materias primas, generalmente de carácter local, para el autoconsumo o para abastecimiento de una modesta industria. Sólo a mediados del siglo XIX se abre paso una nueva concepción, derivada de la incipiente ciencia forestal, y se comienza a tener conciencia de la posibilidad del agotamiento, por prácticas de uso abusivas, de los recursos que los montes proporcionaban.

El siglo XX ha significado una verdadera revolución para los habitantes del medio rural, con la incorporación de los nuevos medios de producción agraria, el cambio de la tracción animal por otras fuentes de energía, la incorporación de la maquinaria y la utilización de fertilizantes y fitosanitarios. Sin embargo, las zonas de montaña, más ligadas a la ganadería extensiva o a otros aprovechamientos forestales, no han incorporado en la misma medida esos inputs de energía y de elementos vitales, por lo que, consecuentemente, no han evolucionado de la misma forma, dando lugar a que, con frecuencia, las antiguas y tradicionales estructuras sociales y económicas no hayan encontrado un sistema alternativo adecuado.

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En las últimas décadas se ha producido el abandono de muchos usos y costumbres tradicionales que respondían a una situación socioeconómica anterior y que en esas circunstancias tenían como consecuencia una ordenación del territorio bien articulada, estable y que respondía a las demandas y necesidades de la población rural de entonces. Dos usos tradicionales que han cambiado de forma notable y lo seguirán haciendo en los próximos años, para adaptarse a la nueva situación, son los aprovechamientos de leñas y la ganadería extensiva de montaña.

Durante la segunda mitad del siglo, el desarrollo de la industria y los servicios ha concentrado a gran parte de la población en los núcleos urbanos. La cifra es significativa: en los últimos cuarenta años un millón de castellanos y leoneses ha abandonado el medio rural para irse a vivir a las ciudades. Hemos dejado de ser, en gran medida, una región rural y muchas comarcas han envejecido mientras se despoblaban. Esta migración de la energía social y de la vitalidad cultural a las urbes ha tenido notables repercusiones en el paisaje y en la sociedad rural.

Conviene decir que esta situación no es exclusiva de Castilla y León, sino que, por el contrario, en numerosas comarcas de montaña europeas el proceso ha sido similar; afortunadamente, origina como consecuencia el nacimiento de un giro conceptual de envergadura. En la nueva política de desarrollo rural de la Unión Europea las actividades forestales y de conservación de la naturaleza, aunque con un peso financiero menor, aparecen ya como esenciales. Verdaderamente, el mundo rural necesita integrar todas las actividades posibles, agrícolas, ganaderas, transformadoras y turísticas, pero en las zonas de montaña las medidas de desarrollo forestal y protección de la naturaleza deben dejar de ser una actividad marginal o una carga y convertirse en un recurso de primer orden para el desarrollo rural.

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En el paisaje nos encontramos los vestigios de un pasado que no va a volver. Es momento de mirar hacia delante y diseñar cómo queremos que sea la sociedad rural del futuro.

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En estos mapas se visualiza el proceso de migración de los municipios rurales a los urbanos, que tuvo lugar fundamentalmente en la segunda mitad del siglo XX. Tanto en 1900 como en 1950 apenas había 15 municipios con una densidad inferior 5 habitantes por km2 y los municipios con menos de 10 habitantes por km2 apenas superaban el centenar. En cambio, en 1996 había 597 municipios con menos de 5 habitantes por km2 y otros 773 con 5 a 10 habitantes por km2. En definitiva, hoy en día, en más de la mitad de los municipios de Castilla y León, la densidad de población puede considerarse muy baja (

Las oportunidades

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La inversión pública en las actividades forestales pueden contribuir de forma significativa al desarrollo rural por el empleo que conlleva y, sobre todo, porque contribuyen a la puesta en valor de los recursos naturales que deben convertirse en el verdadero motor del desarrollo rural en las zonas de montaña.

Cada una de las teselas del mosaico que constituyen el medio natural de Castilla y León puede ser fuente de materias primas y escenario de actividades que colaboren con el desarrollo rural. De hecho, el carácter complementario y sinérgico de estas actividades obliga a considerarlas conjuntamente, máxime si se tiene en cuenta que ninguna actividad, por sí sola, es suficiente para sostener y garantizar el mantenimiento de una sociedad rural de montaña económicamente viable. Sólo con la integración armónica de todas las actividades posibles se estará en el camino correcto.

Castilla y León es un territorio de casi tres millones de hectáreas arboladas que sólo en contadas comarcas de nuestra geografía constituyen la base de su actividad socioeconómica.

Un dato significativo sobre la posibilidad potencial de los recursos forestales castellano-leoneses es que las cortas representan menos de la mitad de esta posibilidad anual, mientras el crecimiento anual de la madera es de 3,75 millones de metros cúbicos. Paradójicamente, tiene montes en proceso de densificación, que no serán aprovechables hasta dentro de algunas décadas, al lado de bosques muy densos, en los que un bajo nivel de aprovechamiento supone un riesgo para el mantenimiento de su calidad e, incluso, para su propia pervivencia.

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Algunas zonas de Castilla y León en las que se viene aplicando desde hace muchos años un aprovechamiento sostenible de los bosques son la mejor muestra de que estas actividades forestales contribuyen positivamente, no sólo a la producción de madera, sino también al conjunto de los valores naturales. Pinar de Valsaín (Segovia).

La puesta en valor es el desencadenante de mejoras en la calidad de los bosques y con ellas el aumento de valores estéticos. Además, abre la puerta a la industria de transformación, que constituye el verdadero yacimiento de empleo en el sector.

En Castilla y León existen ejemplos palpables de los efectos de una adecuada gestión forestal durante un periodo de tiempo. Así, hoy puede constatarse cómo en las comarcas de las Sierras de Segovia o de Urbión —Soria y Burgos—, los frecuentes e intensos incendios de finales del siglo XIX y principios del XX han dado paso a que los bosques se hayan convertido en el soporte de la vida social y económica, inicialmente a través de su aprovechamiento —madera o pastos—, posteriormente mediante la industria de transformación y, más recientemente, a través de las actividades ligadas al turismo de naturaleza. Estos ejemplos son, sin duda, un buen modelo de cómo obtener beneficios económicos y ambientales garantizando la perpetuación y mejora de los bosques, y una expresión práctica de la filosofía que el Plan Forestal de Castilla y León ha pretendido plasmar.

Concepción del Plan Forestal de Castilla y León

Se podría hablar de dos dinámicas paralelas experimentadas por el sector forestal de nuestra región: una, medida en parámetros ecológicos, y la otra en términos de cambio social, pero ambas indefectiblemente relacionadas.

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La aplicación ordenada de los aprovechamientos forestales contribuyen a la mejora de los bosques y que la riqueza biológica de los mismos constituye en sí un recurso natural de gran valor.Velilla del Río Carrión (Palencia).

La toma de conciencia del carácter dinámico de los ecosistemas forestales y de la sociedad que los habita, los aprovecha y, en definitiva, tiene la capacidad de su conservación o destrucción, resulta de importancia determinante para alcanzar una adecuada comprensión de los sistemas forestales de Castilla y León y, consecuentemente, para establecer las líneas que deben regir su correcta gestión.

Paradójicamente, al menos en apariencia, resulta imprescindible acompañar la aceptación del concepto de dinamismo forestal con la observancia de dos principios básicos, inalterables e irrenunciables que, con las lógicas excepciones puntuales, se han mantenido y aplicado desde la aparición de las ciencias forestales: la conservación de la biodiversidad —mucho antes incluso de que se hubiera acuñado dicho término— y la optimización del beneficio social de los montes. La consideración conjunta y equilibrada de ambos principios rectores ha marcado desde sus primeros pasos la elaboración del Plan Forestal de Castilla y León.

Desde otro punto de vista, se pueden subrayar algunos de los enunciados inspiradores que han impregnado la definición del Plan Forestal. Entre ellos cabe destacar los fundamentos ecológicos, porque las actividades forestales deben apoyarse en la dinámica natural de los ecosistemas; la transtemporalidad, porque no se puede olvidar que este Plan se elabora hoy para ejecutar mañana y conformar así los bosques de pasado mañana; la gestión sostenible, porque no puede ser de otra forma, si no queremos comprometer el futuro de nuestros montes; la equidad social, porque las acciones económicas derivadas de la gestión forestal deben contribuir a mejorar la calidad de vida de los habitantes de las áreas forestales; la multifuncionalidad, porque de esta forma obtendremos el máximo de beneficios para la sociedad; la gestión rentable al propietario, porque es la mejor garantía para la conservación de los recursos; y la información y participación pública, porque así se enriquece el proceso y se alcanza un mayor consenso, que es el principal garante de continuidad en la planificación.

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Es necesario seguir avanzando en la mejora de la comunicación, de forma que se haga llegar con claridad los principios de la gestión forestal a la población en general. Esto contribuirá de forma positiva a la valoración de estas actividades y permitirá consolidar los cauces de participación de la sociedad en los distintos foros y órganos destinados a ello. Navafría (Segovia).

Pero sin duda, es un elemento constituyente y novedoso del Plan Forestal de Castilla y León el papel preponderante que se ha querido dar a la concepción de los montes como elementos dinamizadores del medio rural, contribuyendo a través de su adecuada conservación y aprovechamiento a la generación de rentas, de trabajo y de materias primas que contribuyan al desarrollo rural precisamente en las zonas más deprimidas de nuestra geografía.

El Plan culmina el proceso de definición de la política forestal de la Junta de Castilla y León iniciado en 1997 por el Libro Verde del Medio Ambiente Regional, la Agenda 21 y la Estrategia Forestal de Castilla y León, y desarrolla la política de ordenación del territorio reflejada en la Ley 10/98 de la Comunidad Autónoma.

El Plan Forestal de Castilla y León se aprobó mediante Decreto 55/2002 de 11 de abril, de la Junta de Castilla y León, como culminación de un amplio proceso de consultas a los organismos y entidades relacionados con el mundo rural y la ordenación del territorio en general, y con el sector forestal en particular, y la realización de un importante debate público, que se inició con la publicación y distribución de más de 6.000 ejemplares de un documento de síntesis para fomentar el debate social sobre sus contenidos.

Objetivos

  • Los principios anteriormente referidos que han inspirado y guiado la redacción del Plan Forestal de Castilla y León, se traducen en la búsqueda de una serie de objetivos: Favorecer la mejora del medio natural, sus recursos y su diversidad biológica y paisajística.
  • Contribuir al desarrollo rural sostenible.
  • Potenciar la gran variedad de usos y funciones de los montes.
  • Fomentar la participación de los protagonistas del sector y su vertebración.

 

Su contenido

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El Plan Forestal de Castilla y León aprobado en abril de 2002 consta de veinte documentos que pueden consultarse íntegramente en la página web de la Junta de Castilla y Léon (www.jcyl.es) dando de esta forma la máxima difusión a este documento público.

El Plan Forestal se propone para veintisiete años, desde el año 2001 hasta el año 2027, y se articula en cuatro períodos de programación correlativos con los de financiación de la Unión Europea. Para el primer periodo, comprendido entre 2001 y 2006, se ha establecido una planificación anual de las actuaciones, teniendo los restantes periodos un carácter fundamentalmente orientador como expresión de su proyección a medio o largo plazo. Finalizado cada periodo de planificación se procederá a una revisión, y se elaborará y aprobará una nueva programación anual para el siguiente periodo, y una previsión de su proyección para los sucesivos. Esto permitirá incorporar la nueva realidad externa, especialmente en lo que se refiere a la Unión Europea, así como analizar el grado de satisfacción de los objetivos e introducir las correcciones que se deduzcan de su evaluación.

El Plan se ha articulado en diecinueve programas, de los cuales once se denominan verticales, porque tratan de una materia concreta o sectorial —la recuperación de la cubierta vegetal, la conservación y mejora de los bosques, los espacios protegidos, las industrias de transformación, etc.—, mientras que los ocho programas llamados transversales se refieren a aspectos que afectan al conjunto de las actividades a realizar en el medio natural, como la formación, el empleo, la conservación del paisaje, etc.

Programas que componen este Plan Forestal:

PROGRAMAS VERTICALES

V1 La propiedad forestal
V2 Recuperación de la cubierta vegetal
V3 Conservación y mejora de los bosques
V4 Gestión silvopastoral
V5 Defensa del monte
V6 Creación y mejora de la infraestructura viaria
V7 Espacios protegidos
V8 Uso recreativo y social
V9 Gestión cinegética
V10 Gestión piscícola
V11 Generación y articulación de un tejido empresarial

PROGRAMAS TRANSVERSALES

T1 Desarrollo de la gestión
T2 Desarrollo de la planificación
T3 Formación
T4 Investigación
T5 Comunicación y participación
T6 Conservación y mejora del paisaje
T7 Conservación y mejora de la biodiversidad
T8 Empleo, seguridad y salud

Cada programa contiene una propuesta concreta de actuaciones, que constituye su núcleo central y que se articula en tres niveles: líneas de actuación, acciones y medidas.

Totalizando el conjunto del Plan, se reúnen 72 líneas de actuación, 223 acciones y 780 medidas concretas.

En definitiva, los diecinueve programas que componen el Plan Forestal recogen las líneas maestras de la gestión del medio natural para los próximos veintisiete años, en un proceso que ha pretendido ser riguroso y detallado, como evidencia el elevado número de propuestas concretas que encierra, pero sin perder nunca la perspectiva estratégica que un plan regional debe entrañar.

Sus cifras

El presupuesto del Plan Forestal de Castilla y León supera los 180 millones de euros anuales, lo que supone una inversión próxima a los 36 euros por hectárea forestal. Si se considera únicamente la parte financiada por la Consejería de Medio Ambiente, se obtiene una inversión media cercana a los 27 euros por hectárea forestal, notablemente superior a los 17 euros por hectárea de media invertidos durante el período 1991-2000.

Se ha considerado una inversión de la Consejería de Medio Ambiente muy próxima a la actual, por lo que el horizonte financiero del Plan se considera perfectamente viable. Sólo a partir de un presupuesto de este nivel cobra significado la palabra planificación. Es evidente que con un mayor presupuesto se pueden alcanzar más objetivos o los mismos en menor tiempo, pero se ha querido huir de las pretensiones económicas irreales que caracterizaban los planes forestales más antiguos, adaptándose al nivel de gasto de nuestra Comunidad.

En la siguiente tabla se describe la distribución del presupuesto medio anual y total del Plan Forestal durante el periodo 2001-2027, por programa y fuente de financiación, en miles de euros constantes de 2001.

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Los programas verticales presentan una dotación presupuestaria media durante el período 2001-2027 de 171,30 millones de euros anuales, cifra notablemente superior a los 12,71 millones de euros anuales destinados a los programas transversales. Este hecho se debe al carácter netamente inversor de los primeros frente a la orientación organizativa de los segundos.

Como se observa en los gráficos siguientes, la mayor dotación presupuestaria corresponde a los programas de naturaleza más inversora, como es el caso de «V2 Recuperación de la cubierta vegetal» y «V3 Conservación y mejora de masas arboladas». Por el contrario, los programas de menor dotación económica son aquellos cuyas actuaciones corresponden a medidas propias del ejercicio de la administración.

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En casi todos los programas, la mayor parte del presupuesto corresponde a la Consejería de Medio Ambiente, con la excepción del programa «V11 Creación y articulación del tejido empresarial», en el que destaca la inversión de otros agentes de financiación, como son los departamentos competentes en la promoción industrial y el empresariado privado.

Sus efectos

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El empleo forestal necesita mayor profesionalización, lo que permitirá una mejor valoración social del mismo. Nocedo de Curueño (León).

A medida que se vayan desarrollando las actuaciones previstas en el Plan Forestal de Castilla y León, se espera obtener una serie de efectos significativos y variados. Así, la correcta gestión de nuestro medio natural generará efectos relacionados con la conservación, junto a otros sociales y económicos, en respuesta a la filosofía del desarrollo sostenible.

Se espera que el sector forestal se integre de forma efectiva en la economía regional como motor del desarrollo rural en las zonas de montaña. El principal resultado socioeconómico de la aplicación del Plan Forestal se presume que sea el asentamiento de la población rural, a través de la mejora de la calidad de los puestos de trabajo forestales básicos y la creación de nuevo empleo, especialmente a través de la transformación de los productos forestales regionales.

El empleo generado por las actividades forestales será más estable y estará socialmente mejor considerado, lo que se conseguirá con el fomento de la continuidad y la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores, en especial en materia de seguridad y salud. Los trabajadores forestales deben convertirse en auténticos profesionales del sector. Si bien el empleo directo es importante por su localización y rapidez de creación, el número de empleos inducidos mediante la transformación de los productos de los bosques será notablemente mayor.

Igualmente esencial deberá ser la extensión de una cultura forestal, inexistente en muchas comarcas, que integre las actividades agrícolas y ganaderas con la gestión y conservación de los bosques, es decir, la instalación de un modelo cultural agro-silvo-pastoral. También se espera una mayor implicación de los propietarios, tanto públicos —entidades locales, juntas vecinales, etc.— como privados —muy desligados actualmente del desarrollo forestal—, que deben convertirse en los principales protagonistas del Plan Forestal.

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El tradicional aprovechamiento vecinal de los pastos en terrenos pertenecientes a las entidades locales o al común de los vecinos debe adaptarse a la nueva situación social de nuestros pueblos de montaña. Es por lo tanto necesaria una reconversión del sistema actual de la ganadería extensiva que corrija la actual desestructuración del sector y favorezca la mejora técnica y la inversión en las explotaciones ganaderas.

Con el desarrollo del Plan se afianzará una política forestal regional de carácter continuo, acorde con la política de la Unión Europea y con los compromisos internacionales de conservación. Así mismo, la implantación y desarrollo del Plan establecerá un marco técnico y una adecuada estabilidad presupuestaria.

A continuación se detallan con mayor precisión los efectos esperados para el periodo de aplicación del Plan en el periodo de 27 años:

  • Consolidación de la propiedad forestal pública a través de su caracterización y deslinde.
  • Estructuración de la propiedad forestal de carácter particular mediante los procesos de concentración y asociación.
  • Aumento de la superficie arbolada en 400.000 ha.
  • Conservación de recursos genéticos de las especies forestales, fomento de las actuaciones de mejora genética y obtención de material forestal de reproducción con diferentes requisitos, más o menos severos, dependiendo de su destino de uso.
  • Persistencia y gestión racional de los bosques mediante la extensión de la ordenación forestal.
  • Mejora selvícola y ecológica de las masas arboladas mediante la aplicación de tratamientos selvícolas en 1.500.000 ha.
  • Incremento de la producción tanto de madera, que se espera aumentar en un 75%, como de otros productos forestales, lo que contribuirá a paliar el déficit actual de recursos forestales de la Comunidad, avanzando en la sustitución de recursos externos por propios y revalorizando nuestros montes.
  • Integración del pastoreo extensivo en una gestión agrosilvo-pastoral del aprovechamiento de los montes, mediante la ordenación pastoral, la mejora de las infraestructuras de las explotaciones ganaderas y el fomento de los productos de calidad.
  • Disminución del número de incendios a través de la prevención activa, y reducción de la superficie afectada gracias a la mejora de la eficacia de la extinción, especialmente en el caso de los grandes incendios.
  • Mejora del estado fitosanitario de los bosques mediante el establecimiento de una red regional de seguimiento preventivo y la realización de tratamientos fitosanitarios de bajo impacto.
  • Mejora de la vertebración del territorio forestal mediante la implantación de una red viaria basada en una planificación de usos múltiple: defensa del patrimonio natural, aprovechamientos forestales, ganaderos, uso recreativo, etc.
  • Establecimiento de un conjunto de áreas protegidas coherente y representativo de la diversidad ecológica de la región, cumpliendo con los objetivos de conservación de la Unión Europea, mediante la culminación del proceso de declaración de la REN
  • Inclusión de algo más del 20% de la superficie regional en la red Natura 2000.
  • Mejora de los estándares de vida de la población de las zonas de influencia socioeconómica de los espacios naturales protegidos, de forma que se consiga un mayor nivel de bienestar que repercuta favorablemente en la conservación del medio natural a través de los instrumentos de planificación.
  • Establecimiento de las condiciones adecuadas para que la población pueda contactar con la naturaleza e interpretarla, generando así actitudes respetuosas con el medio ambiente.
  • Incremento y mejora del número de instalaciones recreativas y desarrollo de la red de senderos de la Comunidad Autónoma.
  • Desarrollo de una red de bosques periurbanos.
  • Mejora del estado poblacional de las especies y de la planificación de los aprovechamientos cinegéticos, logrando así que la caza se convierta en una renta complementaria para el medio rural.
  • Mejora del estado de los ecosistemas acuáticos de la región, de las poblaciones autóctonas de trucha común y de otras especies de interés deportivo mediante la adecuada planificación y regulación de los aprovechamientos pesqueros.
  • Revalorización de la pesca recreativa como actividad de interés turístico y económico.
  • Mejora del nivel de satisfacción de pescadores y cazadores.
  • Asentamiento de la población rural mediante la implantación de industrias que empleen como materia prima los recursos forestales regionales.
  • Desarrollo apropiado del tejido empresarial, incrementando el aprovechamiento de los recursos forestales regionales sin comprometer su persistencia en el tiempo.
  • Mejora de la cualificación profesional de forma que se atienda la demanda de los sectores productivos.
  • Aumento del conocimiento en el manejo de los ecosistemas forestales y el desarrollo de nuevas líneas de investigación tecnológica que favorezcan el uso de recursos hasta ahora ociosos o infrautilizados.
  • Integración de los agentes sociales y propietarios, ya sean públicos o privados, en el desarrollo forestal, consolidando una nueva cultura agro-silvo-pastoral en el medio rural.
  • Conservación de la diversidad y riqueza paisajística de Castilla y León, basándose en el principio de prevención y en la integración de este recurso en todas las políticas sectoriales, en particular en la política forestal.
  • Protección y recuperación de los taxones de flora y fauna amenazados de la Comunidad, en especial mediante la protección de sus hábitats, la integración de criterios de conservación de biodiversidad en los procesos de toma de decisiones y la planificación de las políticas sectoriales.
  • Consecución de un mercado laboral estable que permita la dignificación del trabajador forestal con unos niveles de seguridad equiparables al resto de los sectores productivos.
  • En definitiva, se confía en que el Plan Forestal contribuya a introducir un rumbo adecuado en el cambio que las zonas forestales de nuestra región deben experimentar, tanto en los aspectos sociales como ambientales, coadyuvando a la implantación de una cultura forestal acorde con la relevancia superficial que reclaman los más de cinco millones de hectáreas forestales de Castilla y León.

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    En Castilla y León no existe un entramado suficientemente estructurado de propietarios y gestores forestales privados. Esto es debido, sin duda, a la baja renta de los terrenos forestales, lo que hace que las asociaciones de propietarios deban apoyarse, en gran medida, en los fondos públicos. Una excepción a esta regla la constituyen las choperas de producción, que sí pueden generar las rentas suficientes para justificar, por sí solas, la inversión en su mejora. San Pedro de Arlanza (Burgos).

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