ATLAS FORESTAL DE CASTILLA Y LEÓN – XXVII

Futuro de los bosques
Luis Gil Sánchez (coordinador)

Montes emblemáticos de Castilla y León
Jesús Gámez Montes

Introducción

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_003_Imagen_0001Uno de los objetivos principales de este Atlas Forestal es el de mostrar, en toda su riqueza y complejidad, la realidad forestal de nuestra Comunidad, desde las causas históricas que fueron el antecedente y el origen de nuestra situación actual hasta la variada problemática que encierra la gestión forestal en nuestros días. Este propósito se enriquece con la presentación de una lista de montes o bosques emblemáticos de la Comunidad, que sitúe en lugar preferente a lo más granado de los montes recibidos de  las generaciones que nos precedieron. Aunque no se trate ahora de dotar a éstos de un estatuto de protección, ni de incluirlos en un catálogo formal, el simple hecho de que figuren en una relación de esta naturaleza hará que sean valorados elogiosamente.

Antes de entrar en el núcleo de la cuestión, acaso convenga detenernos, siquiera sea de forma sucinta, en algunas consideraciones previas respecto a la situación actual y al devenir histórico de los montes de Castilla y León.

Algo más de la mitad de su territorio corresponde a montes o terrenos forestales que, con independencia de su propiedad pública o privada, constituyen la base o esencia de un patrimonio natural de inestimable valor, tanto por su extensión como por su diversidad.

El estado que presenta esa enorme superficie de más de cuatro millones de hectáreas no resulta tan halagüeño como sería deseable, ya que en su mayor parte se encuentra desarbolada o escasamente poblada, como consecuencia de los abusos, de la indiferencia y del desconocimiento, cuando no de la hostilidad que concitaron los bosques hasta épocas relativamente cercanas.

El transcurso del tiempo no ha sido demasiado generoso con el bosque de Castilla y León. La desolación de gran parte de su territorio se remonta a varios siglos atrás, con el resultado de su conversión en un inmenso mar de tierra, sólo cubierto de vegetación arbórea en los bordes montañosos y en pocos lugares más de la Comunidad.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_005_Imagen_0001Las actividades o causas —algunas de ellas permanentes y otras coyunturales— que han conducido a la situación actual son múltiples y variadas. Sin ánimo de establecer ninguna prioridad, debemos recordar entre ellas algunas tan decisivas como la eliminación de la vegetación y la consiguiente roturación de terrenos; la presión ganadera, cuyo máximo exponente se manifiesta en los privilegios concedidos hace siglos a la Mesta; las talas abusivas e incontroladas; la construcción naval y, en general,  el aprovechamiento no sostenible de esos productos genuinos del bosque que son la madera, la leña o el carbón. No puede tampoco olvidarse la incidencia negativa al respecto de algunos fenómenos históricos o sociales: la política desamortizadora, que transfirió propiedades públicas arboladas a manos privadas con el resultado de su tala y descuaje; las continuas guerras, las plagas y la contaminación del aire, el agua y el suelo, elementos esenciales para la vida; el despegue industrial, el desarrollo urbanístico y la construcción de vías de comunicación, actividades que, además de consumir suelo en abundancia, producen otros efectos negativos sobre los bosques y su conservación.

Todos estos factores, junto con el fuego, presente por uno u otro motivo, cual perenne castigo bíblico, completan el cuadro de la maltrecha riqueza boscosa de unos montes que, con su deterioro continuado, han pagado siempre tributo a las circunstancias cambiantes, tanto en épocas de pobreza como en las de desarrollo. El resultado final de este proceso ha sido la abultada pérdida de superficie y de cubierta vegetal que hoy lamentamos.

Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_007_Imagen_0001La línea negativa para nuestros montes se quiebra en buena medida a partir de mediados del siglo XIX, con la aparición de unas incipientes ciencia y política forestales, y la instauración paralela de una Administración Forestal, que asumió el compromiso y la responsabilidad de invertir la tendencia en el proceso secular de disminución de los bosques españoles.

Su mayor logro por entonces consistió, indudablemente, en excluir millones de hectáreas de montes arbolados del nefasto proceso de desamortización imperante, salvándolos así del hacha y del arado de sus compradores.

Poco después, en los albores del siglo XX, la mayor parte de estos terrenos rescatados del frenesí desamortizador fueron incluidos en el llamado «Catálogo de Montes de Utilidad Pública», que constituyó, en España y, por ende, en Castilla y León, el hito más importante y decisivo para la conservación de los bosques y para la preservación de la naturaleza a ellos asociada. No resulta exagerado afirmar que si en la actualidad se puede hablar de conservación de la naturaleza es, en gran medida, gracias a la creación del catálogo del año 1901.

Con carácter general, los montes en él incluidos comenzaron a gestionarse conforme a los principios del aprovechamiento sostenible, entendiendo por tal el que, aplicado a los recursos naturales renovables, obtiene las rentas sin minoración del capital. Era éste un concepto tan desconocido por entonces como habitual y generalizado resulta hoy entre la mayoría de la población, aunque para los forestales no sea algo de hoy, ni de ayer, sino de siempre y, por tanto, consustancial en el marco de sus actuaciones.

Gracias a estos pasos de gigante conservamos hoy algunas auténticas joyas boscosas, a pesar de los numerosos ataques que han sufrido en el pasado.

En el mismo capítulo de actuaciones beneficiosas para nuestro patrimonio forestal hay que mencionar también la promulgación de la primera Ley de Montes, de 1863, que reguló la actividad conservadora y de regeneración de los montes públicos, aunque ignoraba los de propiedad privada, por la consideración sacralizada e intocable que ésta tenía en aquellos tiempos. Tal situación experimentó un cambio sustancial con la nueva Ley de Montes de 1957, que incorporó también a su articulado la atención a los montes privados.

La ingente tarea repobladora llevada a cabo en Castilla y León —con errores, pero en su conjunto con más luces que sombras— durante el siglo que acaba de concluir, y la menor tensión actual entre los usos agrícolas y ganaderos frente a los forestales, con el consiguiente abandono de tierras hasta hace poco cultivadas y parcialmente reforestadas, son factores positivos de los que ha resultado en la actualidad un notable aumento de la superficie forestal, como ponen de relieve los últimos inventarios.

Otro aspecto que incide favorablemente en esta nueva situación que se dibuja ha sido y es la creciente preocupación por las cuestiones ambientales y, de modo especial, las relativas a la conservación de la naturaleza, así como la mayor sensibilización social hacia lo que representan los montes, sobre todo si son arbolados y con espesura adecuada, pues es precisamente entonces cuando adquieren la condición de bosques. De esta forma y en consecuencia con la terminología y las acepciones que venimos empleando, podemos decir con razón que todos los bosques son montes y no a la inversa.

Con todos los numerosos avatares habidos en la larga y, a menudo, dramática historia forestal, la realidad gozosa es que ha podido llegar hasta nuestros días un conjunto muy estimable de montes. Algunos o muchos de ellos destacan en razón de sus especiales características o cualidades, todas de innegable interés, como la diversidad biológica que atesoran, los hábitats que integran, la vegetación que sustentan, la fauna que albergan, la geomorfología sobre la que se asientan, el paisaje que conforman, la estación que ocupan, el suelo que sus árboles defienden, las ordenaciones que los regulan, los bienes que producen, el ocio que satisfacen, los procesos que enseñan, las tradiciones que recuerdan y, en fin, otras muchas que no se añaden para evitar una relación excesivamente prolija.

Tantos y tan variados son, en efecto, los beneficios que nos deparan los montes.

En virtud de las bondades señaladas, muchos de nuestros montes merecen ser calificados como emblemáticos, singulares, notables o especiales, o con cualquier otra adjetivación positiva que se les quiera aplicar. Pueden ser de propiedad pública —cuenten o no con la declaración oficial de Utilidad Pública— o de propiedad privada, ya que en ambos grupos los hay que reúnen cualidades para ser considerados en una fase previa, si bien es razonable admitir que los de Utilidad Pública, por el mero hecho de ostentar este carácter, responden a los valores que propiciaron su declaración como tales. En pura lógica, serán estos últimos montes los más representados en la relación definitiva.

Sobre esta amplísima base —sólo de Utilidad Pública existen más de mil cuatrocientos montes—, se ha preparado una selección de los más relevantes de la Comunidad, con la idea de que su número no supere la centena.

El método utilizado ha sido el de tomar en consideración las propuestas iniciales efectuadas por los responsables directos de la gestión de los montes en cada provincia y, a partir de ellas, el equipo coordinador de la presente publicación ha resuelto fijar el número máximo inicialmente previsto, sin más condicionantes que los de buscar una representación suficiente de todas las áreas forestales y de la gran diversidad de montes existentes en nuestro territorio regional.

El procedimiento podrá tildarse de subjetivo; sin embargo, teniendo presente la historia de cada uno de estos montes y conociendo la experiencia y profesionalidad tanto de los técnicos proponentes, como de los responsables de la decisión definitiva, podemos aventurar que el resultado final no se alejará mucho del que pudiera obtenerse con cualquier otro método de trabajo. Y, en todo caso, se podrá decir con justicia que todos los montes incluidos en la relación son dignos de estar en ella, aunque no estén todos los que igualmente lo son.

Aún así, sabemos que las ausencias no encontrarán fácil explicación para muchas personas, sobre todo para los vecinos de aquellas Entidades Locales con montes en su patrimonio, que siempre los han valorado como los mejores donde los haya. Algo parecido pensarán los propietarios privados que, con gran esfuerzo personal y económico, han mantenido, y en muchos casos mejorado, esos bienes que tantos beneficios producen a la sociedad y tan pocos, salvo acaso los sentimentales, les han reportado a ellos mismos.

Y también los visitantes que también, por una u otra motivación, se acercan a algún monte y no entienden cómo el que ellos prefieren no figura en la relación.

A todos ellos, en nombre de quienes han asumido el compromiso de la selección, pedimos su comprensión generosa, al tiempo que les aseguramos con íntimo convencimiento que el hecho de no haber podido incluir en la lista algunos montes de su especial predilección no resta, como es obvio, ni un ápice de sus cualidades, ni ha de afectar tampoco a las vivencias profundas que estos montes puedan suscitar en cada uno de sus admiradores.

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Mapa de localización de los montes emblemáticos (en azul) y los términos municipales a los que pertenecen (en marrón).

Seguidamente a esta presentación se incorpora, en forma de tabla, la relación definitiva de los montes o bosques emblemáticos seleccionados, con los datos más sobresalientes de cada uno de ellos. Se trata de montes que, al reunir varias de las características o cualidades ya mencionadas, se hacen acreedores de ese reconocimiento. En cualquier caso, quien se detenga a considerar esta nómina con verdadero interés, encontrará en ella la espléndida variedad anunciada. Al avanzar así en la misma, irán apareciendo nombres que, en definitiva, corresponden a lugares donde el magnífico patrimonio natural de la Comunidad adquiere valores destacados.

Llegados a este punto, y antes de concluir esta exposición, permítasenos hacer una breve incursión recopilatoria por los principales tipos de montes que han sido seleccionados. Así, desde una visión compleja y multifuncional, nos proponemos llamar la atención sobre los distintos elementos y los múltiples servicios que configuran la variada y rica realidad boscosa de Castilla y León.

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Bosques de influencia atlántica o mediterránea, de montañas o de llanuras, de escarpes u hondonadas; bosques sobre suelos fértiles o esqueléticos, silíceos o calizos, surgidos en arenales o entre afloramientos rocosos; bosques de resinosas o de frondosas, de masas monoespecíficas o mezcladas, espontáneos o procedentes de actuaciones humanas; bosques, en fin, que extienden su dosel vegetal por diversos rincones de la Comunidad.

Bosques en los que vegeta la casi entera gama de robles de la Península, ya sean los albares de hoja caediza de la Cordillera Cantábrica, o los marcescentes rebollos y quejigos distribuidos por amplias áreas de la Comunidad.

Bosques, cómo no, de pardas y humildes encinas de perennes hojas verdioscuras que cantó Machado, que surgen por doquier a lo largo y ancho de la geografía regional y cuyo máximo exponente nos lo ofrece la dehesa salmantina. Y no podemos olvidar, para completar el elenco, las pequeñas e interesantes manchas de alcornoques, que convierten en su conjunto a Castilla y León en el paraíso de las quercíneas españolas, por su variedad y cantidad.

Bosques poblados de pinos: los enhiestos y asalmonados silvestres, que nos premian con su madera de gran calidad; los aparasolados piñoneros, con sus redondas copas cargadas de piñas, que guardan en su interior el preciado fruto; los torcidos y atormentados resineros, con su secuela de las heridas causadas por la extracción de la miera que fluye en sus vasos.

Bosques de fantásticas hayas, con ese halo mágico en su interior que produce la luz tamizada por su espesura, que se extienden por áreas del norte de León, Palencia y Burgos, sin olvidarnos del singular, por su localización más meridional de la Comunidad, hayedo de Riofrío de Riaza. Bosques de añosos castaños, con ejemplares de porte espectacular y copas cuajadas de erizos que, en torno a los Santos, se abrirán y ofrecerán sus frutos, haciendo posible cada año la celebración de fiestas tradicionales, que tienen como protagonista a las castaña.

Bosques cubiertos con sabinas, enebros, abedules, tilos, serbales, almeces, acebos, arces, álamos, tejos…, en formaciones puras o mezcladas, como especies principales o secundarias, que junto a su cohorte de especies arbustivas, de matorral y herbáceas, con la variedad de helechos, musgos y líquenes que las acompañan, configuran otros espacios de gran valor y contribuyen a enriquecer la diversidad florística de la Comunidad.

Bosques donde aún se refugia el mítico oso, canta el urogallo desafiante y, ensimismado, anida el buitre negro, sobrevuela el águila imperial, o saltan la cabra montés y el rebeco por entre las peñas de las zonas desarboladas.

Montes para el trabajo y para el pastoreo de la cabaña ganadera; bosques que, cuando se respetan sus ciclos vitales, nos regalan con puntualidad y abundancia tantos y tantos recursos necesarios para el hombre y para el mantenimiento de las precarias economías rurales.

Bosques para el recreo y el entretenimiento, para el juego y la actividad deportiva, para la celebración de fiestas o conmemoraciones; bosques para los niños y los mayores, para la familia y, en suma, para el uso y el disfrute públicos.

Bosques para el paseo o el descanso, para la reflexión y para la nostalgia; bosques para escuchar el rumor del agua que fluye por arroyos y manantiales, el gemir del viento que mece sus hojas, el trinar de los pájaros ocultos en la enramada y, acaso también, la berrea, retadora o suplicante, del ciervo en celo.

Bosques desnudos o vestidos de blanco en los duros inviernos de la meseta, donde se ven brotar las nuevas hojas en cada «milagro de la primavera»; bosques en pleno esplendor veraniego, e intérpretes después de la otoñal sinfonía de colores.

Bosques para la educación, para la investigación y el conocimiento de la naturaleza, bosques que son reservas de potenciales genéticos aún no explorados y quién sabe con cuántos valores y utilidades.

Bosques donde se sitúan leyendas sobre cacerías reales, donde se libraron encarnizadas batallas o se produjeron graves afrentas. A lo largo de los siglos, muchos de ellos han visto pasar a peregrinos del Camino y a gentes diversas que perpetúan en el tiempo el recuerdo de tradiciones y oficios hoy perdidos en su mayoría, como los de carreteros, pegueros, carboneros, gabarreros…

Bosques que componen paisajes serenos o agrestes, íntimos o espectaculares, abiertos o recónditos. Bosques recorridos, admirados y sentidos; bosques reales, imaginados o soñados; bosques animados, acaso encantados y siempre misteriosos.

Bosques del pasado, del presente… que serán también del futuro, para hacer realidad la conocida afirmación de que la Tierra —y sus bosques con ella— no nos pertenecen a quienes los disfrutamos, pues los tenemos sólo en préstamo para nuestros hijos.

Bosques para siempre. Bosques para la vida.

PROVINCIA DE BURGOS

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Sierra y Costalago
Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_012_Imagen_0001Nº CUP: 222
TÉRMINO MUNICIPAL: Hontoria del Pinar
ESPECIES PRINCIPALES: Pinus nigra, Juniperus thurifera

OBSERVACIONES: El único monte burgalés con una masa natural de Pinus nigra, localizada en el Cañón del Río Lobos, lo que le concede un alto valor ecológico y paisajístico, al que hay que sumar el interés pascícola y ganadero.

Dehesa o Bercolar
Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_012_Imagen_0003Nº CUP: 245
TÉRMINO MUNICIPAL: Palacios de la Sierra
ESPECIES PRINCIPALES: Quercus petraea, Pinus sylvestris

OBSERVACIONES: En este monte se encuentra, enclavada en la tierra de pinares de pino silvestre, una masa pura natural de roble albar muy bien conservada, con un gran interés ecológico y testigo del aprovechamiento pascícola de las dehesas de roble.

Ahedo-Pinar
Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_012_Imagen_0002Nº CUP: 243
TÉRMINO MUNICIPAL: Neila
ESPECIES PRINCIPALES: Pinus sylvestris, Fagus sylvatica, Quercus petraea

OBSERVACIONES: Destacan los paisajes glaciares característicos que forman las lagunas de Neila y otras, así como su abrupta orografía, tapizada de pinares de pino silvestre en mezcla con haya y otras especies, robledales, etc.

PROVINCIA DE SORIA

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Pinar Grande
Nº CUP: 172
TÉRMINO MUNICIPAL: Soria
ESPECIES PRINCIPALES: Pinus sylvestris, Pinus pinaster

OBSERVACIONES: Son destacables la singularidad histórica de la propiedad, la gran superficie de arbolado continuo, la antigüedad de su ordenación (1907) y la alta calidad de su gestión, además de su Espacio Recreativo de Playa Pita, junto al pantano de La Cuerda del Pozo.

Santa Inés y Verdugal
Tomo+II.+Futuro+de+los+bosques+y+Mapa+Forestal+_Página_023_Imagen_0004Nº CUP: 177-180
TÉRMINO MUNICIPAL:Vinuesa
ESPECIES PRINCIPALES: Pinus sylvestris, Pinus uncinata, Fagus sylvatica,Taxus baccata

OBSERVACIONES: Extenso bosque de pino silvestre con aprovechamiento maderero ordenado de madera de calidad desde los años 20. Alberga la Laguna Negra de Urbión y una masa relicta de pino negro.

 

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