ATLAS FORESTAL DE CASTILLA Y LEÓN – XXIV

Los espacios protegidos

La conservación de la naturaleza y los Espacios Naturales

AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_219_Imagen_0001Hoy en día, la necesidad de conservar los valores y los recursos naturales y el medio ambiente se ha convertido en algo muy aceptado y asumido por la sociedad y los poderes públicos. Sin embargo, las medidas que deben adoptarse para garantizar esta conservación, los medios que han de dedicarse, las restricciones que han de imponerse a las actuaciones humanas y la forma de armonizar la conservación y el desarrollo siguen siendo objeto de análisis y debate.

Las ideas y los principios que actualmente se encuentran en pleno análisis y discusión no coinciden con aquellos que guiaron las primeras iniciativas destinadas a la conservación de la naturaleza. De hecho, el modelo de conservación impulsado por la primera Ley de Parques Nacionales de 1916, en el que predominaba la idea de no intervención reservándose ciertas áreas de la explotación humana para su contemplación como verdaderos museos de la naturaleza, ha sido ampliamente superado por la necesidad de medidas de conservación que permitan la integración de las actividades humanas en un medio natural vivo, donde la conservación no sea una carga para la población local, con la conflictividad que ello conlleva, sino una oportunidad de desarrollo y de progreso para la nueva sociedad del siglo XXI.

El término «desarrollo sostenible», convertido ya en un tópico desgastado por el uso, no ha perdido su fundamento y es el hilo argumental de las actuales estrategias de conservación. Éste conlleva conceptos como el de compromiso con las generaciones futuras, la equidad social o, incluso, la visión global del planeta Tierra y la necesaria solidaridad internacional.

La conservación de nuestros valores naturales debe ser una responsabilidad compartida por la sociedad y los poderes públicos. Para ello, tan necesarios son un marco legal coherente como los medios económicos y humanos para su aplicación, la implicación de la población más afectada por las medidas de conservación, y la labor responsable de los grupos ecologistas, importantes vectores de las ideas de conservación.

El marco legal de la conservación de los espacios naturales en España queda establecido en la «Ley 4/89 de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y la Fauna Silvestre», en la que se inspiran todas las leyes de conservación elaboradas por las comunidades autónomas, entre ellas Castilla y León. Esta ley recoge el artículo 45 de la Constitución Española, por el que se reconoce el derecho de todos los españoles a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, y el deber de conservarlo. Igualmente, establece los Espacios Naturales Protegidos —ENP— como instrumentos básicos para la protección y la mejora de la diversidad biológica y paisajística así como de los recursos naturales y culturales asociados, ya que constituyen un marco territorial jurídico, administrativo y presupuestario dirigido explícitamente hacia la conservación, con objetivos concretos expresados en planes de gestión. Se establece una zonificación que abarca desde áreas con un mayor valor ecológico, en las que está muy regulada la realización de actividades, hasta aquellas de uso más general donde la limitación de actuaciones es escasa. Entre ambos extremos existe una graduación que permite, a través de unos planes de gestión, la conservación de los valores naturales que han motivado la declaración de un Espacio Natural, de forma compatible con el desarrollo socioeconómico de estos territorios.

Al amparo de las competencias medioambientales de la Comunidad Autónoma, y como constatación de toda esta realidad territorial, se crea la «Red de Espacios Naturales de Castilla y León» —REN— con la promulgación de la «Ley 8/91 de Espacios Naturales de la Comunidad de Castilla y León». La articulación de la REN y su posterior gestión tienen por objeto proteger y conservar los valores naturales y el patrimonio cultural de los territorios que engloba, y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes mediante el uso racional y sostenible de sus recursos.

La necesaria coordinación en la conservación de la naturaleza a escalas cada vez mayores movió a la Unión Europea a crear una red de espacios naturales que abarcara toda Europa, lo que va a permitir coordinar las políticas e iniciativas de conservación. Con este objetivo fueron aprobadas la «Directiva 79/409/CEE», relativa a la Conservación de las Aves Silvestres y la «Directiva 92/43/CEE», relativa a la Conservación de los Hábitats Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres, principales pilares normativos sobre los que se asienta la futura «Red Natura 2000», que constituye la iniciativa más importante para la conservación de la naturaleza a escala europea.

Estas dos redes, REN y Natura 2000, proceden de instancias administrativas diferentes, pero confluyen en un mismo objetivo: conservar los espacios más valiosos y representativos de la biodiversidad autonómica y europea.

En 2006 se ha puesto en marcha otra iniciativa de protección legal en Castilla y León, destinada específicamente a la flora, que se plasmará en la aprobación de un decreto por el que se crea el catálogo de flora protegida y la figura de protección denominada «Microrreserva».

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La Red de Espacios Naturales de Castilla y León

Con la palabra «Red» se ha querido resaltar la interconexión o interdependencia de las distintas áreas: los espacios naturales protegidos no son islas inconexas, sino zonas con especiales valores naturales que se integran en un territorio que las conecta y complementa, para lo que éste debe mantener unos mínimos de calidad.

Más aún, muchas áreas no declaradas como espacios protegidos constituyen la base territorial para la conservación de numerosas especies de flora y fauna, de forma compatible con los usos y los aprovechamientos de los recursos naturales.

AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_222_Imagen_0002La REN no sólo está formada por los Espacios Naturales Protegidos, a los que se asigna una de las figuras de protección contempladas en la Ley 8/91 —Parques Regionales y Naturales, Reservas Naturales, Monumentos Naturales y Paisajes Protegidos—, sino también por otras áreas denominadas «Zonas Naturales de Interés Especial» que engloban territorios tan diversos como riberas, vías pecuarias, humedales catalogados, en cuyo respectivo Catálogo se hayan inscritas 297 zonas húmedas, Especimenes Vegetales de singular relevancia en cuyo Catálogo se han incluido 145 árboles notables o zonas naturales de esparcimiento, como las cuatro ya declaradas: Pinar de Antequera (Valladolid), Monte El Viejo (Palencia), Valonsadero (Soria) y Monte de Miranda (Burgos). Los espacios protegidos, ya sea por las especies emblemáticas que albergan o por sus espectaculares paisajes, constituyen un referente en la política de protección de la naturaleza, razón por la cual son objeto de especial atención por parte de los poderes públicos.

En la actualidad, los espacios naturales protegidos están integrados en la REN de Castilla y León bajo diferentes figuras de protección. Así, cuenta con un Parque Nacional, dos Parques Regionales, ocho Parques Naturales, cuatro Reservas Naturales y seis Monumentos Naturales, pero aún no se ha declarado ningún espacio como Paisaje Protegido.

El Plan de Espacios Naturales de Castilla y León, establecido con carácter meramente indicativo en la Ley 8/91, comprende aquellos espacios cuya declaración se encuentra en diferentes etapas de tramitación. El paso previo a la declaración de un Espacio Natural Protegido es la aprobación del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN).

La Red Natura 2000

La Directiva 79/409/CEE, conocida como «Directiva Aves», por centrarse exclusivamente en la protección de las especies orníticas silvestres europeas, supuso un giro importante en la estrategia de protección legal de las especies al otorgar al hábitat la importancia que le corresponde para la conservación de la fauna.

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Por un lado, estableció la obligación de los Estados miembros de proteger y conservar las áreas más adecuadas, en número y superficie suficiente, con el fin de asegurar la supervivencia de las especies de aves incluidas en su Anexo I, así como de las especies de aves migratorias no contempladas en dicho anexo pero cuya llegada sea regular.

Por otro lado, promulgó una protección genérica sobre todas las especies, convirtiéndose el aprovechamiento de las aves en una excepción regulada dentro de su articulado.

El desarrollo de esta Directiva ha tenido como consecuencia la creación de una «Red de Zonas de Especial Protección para las Aves» —ZEPA—. La declaración de un territorio como ZEPA se sustenta en el cumplimiento de unos criterios ornitológicos, básicamente numéricos o de importancia relativa, referidos a las especies de aves que presenten problemas de conservación o que sean emblemáticas en su entorno.

La Comunidad Autónoma de Castilla y León han declarado ZEPA todos aquellos territorios que técnicamente se han considerado necesarios para el cumplimiento de la Directiva 79/409/CEE y las primeras datan de 1989. En la actualidad existen setenta ZEPA cuya superficie, 1.997.971 ha, representa aproximadamente el 21 % del territorio de la región.

La declaración de un área como ZEPA comporta la elaboración de un Plan de Gestión que asegure la conservación de los hábitats de las especies que dieron lugar a su declaración o a su restauración, si éstos estuviesen deteriorados.

La Directiva 92/43/CEE o Directiva Hábitats ha supuesto un gran avance en la protección del medio ambiente, ya que continúa la línea iniciada por la Directiva Aves y extiende el objetivo de protección al resto de las especies animales y vegetales silvestres, así como a los hábitats naturales de la Unión Europea; para lograrlo, propone la creación de una red ecológica europea —Red Natura 2000—, constituida por las zonas más representativas de hábitats y las especies prioritarias incluidos en la propia Directiva.AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_223_Imagen_0002

El proceso declarativo se inicia con la propuesta, por parte de los Estados miembros, de los llamados «Lugares de Interés Comunitario» —LIC—, formados por las zonas que presenten las poblaciones de especies y hábitats prioritarios mejor conservados. Esta propuesta se evalúa en la Comisión Europea al objeto de asegurar que, tanto taxones como hábitats, estén suficientemente representados numérica y espacialmente, de forma que la red de áreas protegidas resultante sea coherente. Aquellas áreas que superen esta evaluación pasarán a denominarse «Zonas de Especial Conservación» —ZEC—. Castilla y León propuso como LIC 120 áreas, representativas de las dos regiones biogeográficas presentes en la Comunidad —atlántica y mediterránea— iniciativa aceptada recientemente por la Comisión de las Comunidades Europeas.

Las ZEC y las ZEPA constituirán la futura Red Natura 2000, cuya superficie protegida supondrá más del 25% del territorio de Castilla y León.

El proceso declarativo de la Red Natura 2000 se resume en el siguiente esquema:

Un recorrido por los Espacios Naturales

Castilla y León, por su amplia extensión territorial y su privilegiada localización entre dos regiones biogeográficas —atlántica y mediterránea—, presenta un relieve y un clima muy variados que se traducen en una gran diversidad ecológica y en importantes contrastes paisajísticos.

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El Parque Natural del cañón del río Lobos (Soria-Burgos), declarado en 1985, fue una de las primeras zonas protegidas por la Junta de Castilla y León. La protección abarca más de 20 kilómetros de cañón y sus alrededores.

Desde los Ancares Leoneses hasta el Parque Natural Fuentes Carrionas y Fuente Cobre–Montaña Palentina se encuentra el área natural de distribución de dos de nuestras especies más emblemáticas, el oso pardo cantábrico y el urogallo cantábrico, que han visto restringidas sus zonas de ocupación a áreas de la Cordillera Cantábrica con escasa influencia antrópica y poco alteradas en su morfología. El hábitat de ambas especies está formado principalmente por bosques autóctonos maduros de frondosas —hayedos, robledales, abedulares— y bosques mixtos en los que se entremezclan estas frondosas con el pino silvestre; además abundan especies arbóreas o arbustivas productoras de fruto, sobre todo arandaneras y acebedas, siendo frecuente la presencia de extensas masas de matorral —piornal, brezal, enebral— y áreas de pastizales que, en determinadas épocas del año en las que la disposición trófica es escasa, proporcionan un inapreciable aporte alimenticio.

En la actualidad, la población de oso pardo se encuentra dividida en dos núcleos aislados entre sí: el occidental, con un mayor número de ejemplares, entre los Espacios Naturales Sierra de Ancares-Alto Sil y Valle de San Emiliano (Valles de Babia y Luna), y el oriental situado en los Parques de Picos de Europa y de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina. La misma pauta de distribución se repite con el hábitat del urogallo cantábrico ya que su área comienza a dividirse en dos núcleos de población aislados, prácticamente coincidentes con los de oso pardo.

Entre estos espacios naturales, en la provincia de León, se ubica otro cuyo principal valor es geológico: Hoces de Vegacervera. Este enclave posee un complejo kárstico con numerosas cuevas y hoces labradas por el río Torio, en cuyas proximidades habitan especies como la nutria, el desmán y el mirlo acuático.

Retomando el recorrido por la montaña palentina, y una vez atravesado el Parque Natural Fuentes Carrionas y Fuente Cobre–Montaña Palentina, se encuentran dos nuevos espacios naturales previstos como futuros monumentos naturales por su interés geomorfológico, Las Tuerces y Covalagua.

Ya en la provincia de Burgos, se halla el Espacio Natural Hoces de Alto Ebro y Rudrón, en cuyos sorprendentes cañones anida el águila perdicera, especie que ha experimentado un importante retroceso poblacional en los últimos años y cuyo Plan de Conservación en Castilla y León ha sido aprobado en fechas recientes (Decreto 83/2006, de 23 de noviembre).

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Los cañones del Ebro constituyen uno de los enclaves de mayor valor paisajístico del norte de Burgos. En el corazón de estos cañones se sitúa la localidad de Orbaneja del Castillo, que cuenta con una surgencia de agua procedente del complejo kárstico, que da a esta localidad una peculiar personalidad.

Algo más al norte se localizan los Monumentos Naturales Ojo Guareña y Monte Santiago. El primero alberga uno de los conjuntos de cuevas más extenso de la península mientras que el segundo acoge, entre otros valores, el nacimiento del río Nervión, en un salto de trescientos metros que forma una de las cascadas más grandes y hermosas de toda Europa.

Por último, en esta zona del norte burgalés se arriba al Parque Natural Montes Obarenes–San Zadornil, un lugar de majestuosos bosques en el que se observa con nitidez la transición entre las dos regiones biogeográficas que se dan cita en Castilla y León sobre un relieve en hoces, modeladas por los ríos Sobrón y Purón, en cuyos cortados anida una significativa población de buitre leonado y de alimoche.

AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_228_Imagen_0001En el tramo burgalés del Sistema Ibérico se encuentran los Espacios Naturales Sierra de la Demanda y Lagunas Glaciares de Neila que junto a la Sierra de Urbión y a la Laguna Negra y Circos Glaciares de Urbión en la provincia de Soria forman una unidad natural continua dominada por grandes extensiones de pino silvestre, en las que habita una gran representación de la fauna cinegética castellano leonesa, en especial ciervo, jabalí y corzo.

En sus proximidades se emplazan otros dos espacios de menor superficie: al suroeste, La Yecla-Sabinares del Arlanza en Burgos, una de las mayores masas ibéricas de sabina y al sureste, el Cañón del Río Lobos, Parque Natural de Soria que protege un desfiladero calizo de gran belleza formado por los ríos Lobos y Ucero.

Muy cerca de estos lugares, existen otros cuatro enclaves en Soria de gran interés: la Reserva Natural Sabinar de Calatañazor, el nacimiento del río Avión en el Monumento Natural La Fuentona, el Acebal de Garagüeta y el sitio paleontológico de Cerro Pelado.

Continuando con rumbo sur en la provincia de Segovia, se hallan dos parques naturales representativos de zonas calizas modeladas por ríos, Hoces del Río Riaza y Hoces del Río Duratón, que cuentan con importantes colonias de buitre leonado.AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_225_Imagen_0002

Cercano a estos dos lugares se sitúa el Hayedo de Riofrío de Riaza, paraje de gran valor paisajístico y botánico en el que convive un nutrido grupo de especies vegetales relícticas en el Sistema Central. En este sistema montañoso sobresale la Sierra de Guadarrama, enorme macizo granítico sobre el que se asientan extensas masas arboladas, entre las que destacan los bosques de pino silvestre.

Éstos constituyen un hábitat de cría idóneo para especies como el águila imperial ibérica y el buitre negro, que encuentran en estas sierras el límite septentrional de su distribución en la Península Ibérica.

Ya en el sector occidental del Sistema Central, que comprende las provincias de Ávila y Salamanca, existen ocho espacios naturales. El primero, la Reserva Natural Valle de Iruelas, en Ávila que destaca por albergar la colonia de buitre negro más importante de nuestra Comunidad, además de por sus excelsas masas forestales.

Desde este valle se accede a las Sierras de La Paramera y Serrota, no sin antes mencionar un enclave de máximo interés por su gran diversidad florística, el Pinar de Hoyocasero, con más de 500 especies de plantas superiores en una superficie de 370 hectáreas. Paramera y Serrota se constituye como un macizo de cumbres elevadas en el que habitan ricas comunidades de aves de alta montaña, además de otras especies de rapaces como el halcón peregrino o el elanio azul.

El recorrido continúa en el imponente macizo granítico del Parque Regional Sierra de Gredos, con su relevante paisaje de altas cumbres, circos y valles en U típicos del modelado glaciar, roquedos, lagos y ríos de montaña. Entre su rica fauna sobresalen mamíferos como la cabra montés, la especie más emblemática de esta sierra, anfibios endémicos como la salamandra del Almanzor y el sapo de Gredos, y aves como el águila imperial ibérica, el águila real y la cigüeña negra.

AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_229_Imagen_0004Ya en la provincia de Salamanca se llega al Espacio Natural de Candelario, territorio con una importante biodiversidad tanto faunística como florística, en el que caben citar como especies más características los anfibios de sus lagunas endorréicas y los reptiles típicos de los roquedos de alta montaña. Siguiendo camino hacia el oeste se accede al de Quilamas, en el que conviven comunidades de flora y de fauna típicamente mediterráneas en alternancia con densos rebollares y castañares. Entre la fauna que habita este paraje destaca la cigüeña negra, que encuentra en las zonas más recónditas de sus barrancos un lugar idóneo para anidar y completar sus ciclos vitales.

Algo más al sur se sitúa el Parque Natural Las Batuecas-Sierra de Francia, espacio con distintas influencias atlánticas y mediterráneas en su vegetación, en el que habitan nutrias, ginetas, buitres negros y una población introducida de cabra montés, que cuenta en la actualidad con ejemplares de alta calidad cinegética.

En el límite sur de la comunidad autónoma, en su esquina suroeste, se puede visitar el Espacio Natural El Rebollar caracterizado, como su propio nombre indica, por sus enormes extensiones de roble melojo o rebollo, y por abrigar en su territorio a una de las especies de fauna en mayor peligro de extinción: el lince ibérico.

La ruta por el oeste castellano y leonés comienza en un parque natural situado a caballo entre las provincias de Salamanca y Zamora, Arribes del Duero. Espacio de relieve escarpado, con grandes cañones formados por el río Duero y sus afluentes, y cuya topografía ha permitido que persista una valiosa fauna como el alimoche, la cigüeña negra y el águila perdicera.

Siguiendo con rumbo norte se halla la Sierra de la Culebra en Zamora cuyo relieve, caracterizado por sus de formas geológicas serpenteantes, ha dado nombre a la zona, en la que habita la población más importante de lobo ibérico de toda Europa occidental.

AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_220_Imagen_0002Muy cercanos a esta sierra aparecen tres espacios naturales representativos de lagos de origen glaciar. El primero, el Parque Natural Lago de Sanabria y alrededores, perteneciente a la provincia de Zamora, que cuenta con el mayor lago natural de la Península Ibérica; los otros dos espacios, en la provincia de León, son los Monumentos Naturales Lago de la Baña y Lago de Truchillas.

Antes de finalizar el recorrido por la orla perimetral de Castilla y León, citar un espacio situado en la comarca leonesa del Bierzo: el Monumento Natural de Las Médulas que presenta un paisaje modelado por la explotación minera durante la época romana y hoy se encuentra recubierto por viejos castaños, madroños y encinas.

Por último, para cerrar la espiral del recorrido, visitar tres espacios del interior de la comunidad: La Nava y Campos de Palencia, Riberas de Castronuño-Vega del Duero y Lagunas de Villafáfila.

La Nava y Campos de Palencia, importante reducto para las comunidades de aves esteparias como la avutarda, el sison y el aguilucho pálido, alberga un elevado número de zonas húmedas entre las que destaca la Laguna de la Nava, lugar de invernada de numerosas especies de patos y punto de paso en la migración primaveral de multitud de aves limícolas. La Reserva Natural Riberas de Castronuño-Vega del Duero en Valladolid muestra una destacada representación de bosques de galería donde se refugian aves acuáticas como garzas reales e imperiales, martinetes y, ocasionalmente, avetorillos y espátulas. Y como colofón, debe hacerse referencia a otra Reserva Natural las Lagunas de Villafáfila en Zamora, conjunto de humedales de carácter salino que goza de una excepcional singularidad de vegetación y flora. Punto de reunión de espectaculares bandos de anátidas y de otras especies migratorias e inmejorable hábitat de cría de gran número de aves esteparias como la avutarda, que aquí mantiene la mayor población de toda Europa y es, al igual que el ánsar campestre, una especie emblemática de este privilegiado espacio natural.

La gestión de los Espacios Protegidos

Entre las labores administrativas de la futura Red Natura 2000 destaca la elaboración de los instrumentos de planificación de los espacios incluidos en ella que ayudarán tanto a cumplir los objetivos de conservación como a clarificar la situación jurídica de estas áreas, al existir actualmente cierta incertidumbre en la aplicación de algunos artículos contenidos en las directivas.

Un aspecto fundamental e importante para el desarrollo de la Red Natura 2000 es su financiación, ya que en la actualidad no existe un apoyo económico claro por parte de la Unión Europea que permita una gestión más cuidadosa y encaminada a proteger e incrementar los valores naturales que motivaron su protección.

La creación de la Red Natura 2000 constituye la apuesta más importante para la conservación del Medio Ambiente en Europa y, con una adecuada gestión, permitirá el desarrollo socioeconómico de gran parte del territorio regional, al compatibilizar la conservación de los recursos naturales con su aprovechamiento racional.

Desarollo socioeconómico y conservación: Programa Parques

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En pocos años, «La Nava y Campos de Palencia» se ha convertido en una zona húmeda de elevado valor ornitológico. Destacan las 221 especies de aves que alberga, los 20.000 ejemplares de anátidas que llega a haber algunos inviernos, con un elevado número de ánsares comunes.También son importantes sus poblaciones de avutarda —800 ejemplares—, sisón, aguilucho pálido y cernícalo primilla.

Los Espacios Naturales Protegidos de Castilla y León se corresponden mayoritariamente con áreas en las que su población ha utilizado los recursos territoriales procurando preservar y generar los valores naturales que han motivado su protección.

Se trata, por tanto, de hábitats seminaturales alterados por sistemas de explotación extensivos que han mantenido o incluso aumentado su biodiversidad. La menor industrialización de estos territorios, que ha permitido su conservación, lleva como contrapartida su escaso desarrollo económico. De ahí la importancia de abrir perspectivas de desarrollo alternativas mediante una planificación racional del aprovechamiento de sus recursos que aseguren la conservación de los valores naturales.

Como respuesta a esta problemática y con el fin de paliar su efecto en gran parte de las áreas, concretamente las que ocupan los Espacios Naturales Protegidos y su entorno, la Comunidad Autónoma ha puesto en marcha el «Programa Parques Naturales de Castilla y León». El objetivo prioritario de este programa es elaborar y acometer un modelo de desarrollo socioeconómico compatible con la conservación de sus valores naturales, culturales y patrimoniales.

El Programa Parques se fundamenta en una serie de soportes físicos, jurídicos y sociales. El soporte físico lo constituye la Red de Espacios Naturales Protegidos de Castilla y León. El conjunto de estos espacios aporta importantes valores ambientales, que representan un gran atractivo para el auge de la actividad turística, así como un rico patrimonio artístico y cultural, que amplía el abanico de posibles visitantes y, a través de una planificación adecuada, puede paliar en parte la estacionalidad del turismo de naturaleza. El principal soporte jurídico es la Ley 8/91 de Espacios Naturales de la Comunidad de Castilla y León, que incorpora planteamientos socioeconómicos junto a los propios de conservación de la naturaleza y propone la obligación de establecer las ayudas técnicas, administrativas y económicas necesarias para impulsar la economía y el bienestar social en estas zonas.

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Los bosques albergan diferentes microhábitats que se organizan en estratos, según su diferente acceso a la luz del sol y a otros recursos limitantes como el agua y los nutrientes. La heterogeneidad en la cubierta arbolada y la presencia de árboles viejos constituyen dos elementos clave en la biodiversidad de estos ecosistemas (Parque Nacional de Picos de Europa).

Esta obligación se concreta en los denominados Planes de Mejoras, contemplados en la citada ley. En cuanto al soporte social, es cierto que algunos de los espacios naturales se  ubican en zonas de Castilla y León con una evolución demográfica negativa pero, en general, estas áreas poseen una evolución relativamente positiva, dentro de esta tendencia demográfica regional.

La progresiva implantación de la sociedad de la información y de las nuevas tecnologías ofrece un amplio abanico de posibilidades. En primer lugar, permite a los visitantes potenciales obtener una información clara y amplia de los valores, servicios e instalaciones de los espacios naturales y de las localidades de su entorno; en segundo lugar, dota a sus gestores de una herramienta muy potente en las labores de conservación y gestión.

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El Parque Natural de las Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina , declarado en el año 2000, es un espacio de 78.360 ha, en el que se compatibiliza la coexistencia del hombre y sus actividades con el proceso dinámico de la naturaleza. Esta figura de protección supone un reclamo adicional para el turismo de interior, que se suma al atractivo que tradicionalmente han tenido sus cumbres entre los más montañeros. En la imagen, el embalse de Compuerto (Palencia).

También son de destacar las posibilidades que estas nuevas herramientas dan a la comercialización de los productos generados en el medio rural, al favorecer su distribución en mercados a los que hasta ahora tenían muy difícil acceso. Posibilita una interesante opción de vida para profesionales que, huyendo del ajetreo y de las prisas de la ciudad, se instalan en el medio rural buscando la tranquilidad y la calidad de vida que un entorno natural bien conservado ofrece. La Red de Espacios Naturales de Castilla y León muestra un escenario muy atractivo para esta población a la que la implantación y la mejora de los modernos sistemas de comunicación permitirá dinamizar estas localidades y detener el proceso de despoblamiento al que están sometidas.

El objetivo es, por tanto, desarrollar de forma integrada este mandato legal. Actualmente, la aplicación de medidas ha sido parcial y se ha canalizado mediante la concesión de ayudas a entidades locales y a particulares a través de distintas líneas de subvención.

Uso y conservación de los recursos genéticos forestales

Introducción

AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_235_Imagen_0001La incorporación de criterios genéticos en la gestión de los bosques naturales está adquiriendo gran importancia en las políticas forestales europeas. De una situación inicial, en la que el uso y la conservación de los recursos genéticos se planeaban a escala específica, se ha pasado a otorgar gran valor al conocimiento de la distribución de la diversidad genética entre las diferentes poblaciones del rango de distribución de cada especie considerada. Dicho cambio viene marcado por la influencia de las Conferencias Ministeriales de Estrasburgo —1990—, Helsinki— 1993— y Lisboa —1998—, cuyos principios rectores han sido recogidos en las Estrategias Nacionales Forestal y de Conservación y Uso Sostenible de la Diversidad Biológica (Dirección General para la Conservación de la Naturaleza, Ministerio de Medio Ambiente, 2000). Por otra parte, la utilización de parámetros genéticos en especies forestales se plantea como una de las herramientas de gestión sostenible más potente (Boyle, 2000).

El aprovechamiento óptimo y la conservación efectiva de los recursos genéticos forestales requieren el conocimiento de los procesos evolutivos que determinan los niveles y la distribución de la diversidad genética de las distintas especies. Se ha observado que la variación genética entre las poblaciones de las especies forestales es, en la mayoría de los casos, abundante, y que la distribución geográfica de esta variación muestra patrones no aleatorios, hecho conocido en genética de poblaciones como presencia de «estructura genética». La selección natural, favoreciendo la adaptación a gradientes ecológicos o a distintos hábitats, puede generar diferenciación genética entre poblaciones.

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Mapa de las regiones de procedencia de Quercus faginea. Las regiones de procedencia se basan en la relación entre variación genética y la variación ecológica y geográfica. En una primera aproximación, nos indican de forma efectiva el número y variedad de recursos genéticos existentes en una zona. Una vez definidas para cada especie, la publicación de una serie técnica sobre las mismas ha supuesto un gran esfuerzo divulgativo para ponerlas al alcance de todos sus usuarios.

La deriva genética, término que se refiere a la variación aleatoria de la constitución genética de una población a lo largo de sucesivas generaciones, puede también tener importancia en la diferenciación genética interpoblacional, especialmente cuando las poblaciones cuentan con un número reducido de individuos. Por otra parte, la mutación es una fuente lenta pero constante de variación genética; su incidencia sobre la diversificación genética, al igual que la de los procesos anteriormente citados, será mayor cuanto más lo sea el aislamiento entre las poblaciones de la especie.

Castilla y León es una región de gran riqueza forestal; riqueza que se manifiesta, también, en la originalidad de la composición genética de muchas de sus poblaciones. A partir de 1991 se definieron en España las «regiones de procedencia» de las principales especies forestales. Las regiones de procedencia se basan en la relación entre variación genética y variación ecológica y geográfica y, en una primera aproximación, nos indican de forma efectiva el número y variedad de recursos genéticos existentes en una zona. En la Tabla I se presenta, para cada especie, el número de regiones de procedencia definidas en el ámbito territorial de Castilla y León (Martín et al., 1998). La representación de más de un 31,25 %, como media, en nuestra Comunidad, de las regiones de procedencia definidas en la totalidad del territorio nacional, muestra la variedad de los recursos genéticos forestales de esta región.AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_235_Imagen_0002

Otra herramienta de gran utilidad en la gestión forestal son las regiones de identificación y utilización del material forestal de reproducción —RIU—, definidas como «una parte del territorio, ecológicamente homogéneo, donde el material de reproducción presenta un crecimiento y adaptación similar» (Alía et al., 1999). La delimitación de las RIUs se ha basado en cuatro criterios principales: la continuidad geográfica, la homogeneidad ecológica, la comarcalización de las Comunidades Autónomas y el ajuste a los términos municipales. La mayor parte del territorio castellano y leonés se incluye en las regiones 5 —vertiente meridional cantábrica-Lomas de la Maragatería—, 15 — Sistema Ibérico septentrional-Macizo del Moncayo—, 16 —Páramos del Duero-Fosa de Almazán—, 17 —Tierras del Pan y del Vino—, 18 —Sierra de Gata—, 19 —Sierra de Gredos— y 20 —Sierra de Guadarrama-Ayllón—, aunque también existen montes pertenecientes a las regiones 2 —montañas y mesetas interiores de Galicia—, 4 —vertiente septentrional cantábrica–, 7 —montes vasco-navarros— y 13 —orla meridional de la Depresión del Ebro—.

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Distribución de la diversidad genética en Castilla y León

La existencia de variabilidad en las especies vegetales es un hecho fácilmente perceptible. Las diferencias entre individuos o entre poblaciones son debidas a efectos ambientales, genéticos, o a la conjunción de ambos. Los estudios de diversidad genética tratan de cuantificar la variación debida únicamente al material hereditario, determinando las distintas variantes existentes para un determinado carácter, sea éste morfológico o molecular, y la frecuencia de cada una de ellas. A partir de estos datos se obtiene una serie de parámetros que nos indica un valor de diversidad para la especie y para cada población, así como las diferencias entre poblaciones.

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La estructura genética de una especie responde a unos factores conocidos: selección, migración, deriva genética.

Se admite que los marcadores moleculares utilizados en los estudios de diversidad no se ven afectados por la selección natural, por lo que la información que estas técnicas dan sobre los niveles y relaciones entre las poblaciones se debe principalmente a factores históricos. En las especies forestales europeas, la configuración genética es consecuencia, principalmente, del último periodo glaciar y de los procesos de recolonización posteriores. Las áreas refugio donde permanecieron las especies forestales suelen presentar los mayores niveles de diversidad, disminuyendo ésta, en términos generales, en las zonas colonizadas a partir de las áreas refugio.

Para el territorio castellano-leonés se cuenta en la actualidad con datos sobre varias especies, especialmente coníferas

Pinus sylvestris, Pinus pinaster, Pinus nigra, Pinus pinea,Juniperus thurifera— y frondosas como Quercus suber, Quercus ilex y Populus tremula (ver mapas contiguos). Las investigaciones existentes evidencian que las características de las especies —requisitos ecológicos, características reproductivas y modo de dispersión—, junto con los rasgos del territorio, son determinantes en la distribución de la diversidad forestal. En este sentido, el factor orográfico más significativo en Castilla y León es la existencia de sistemas montañosos periféricos y de una meseta interior. Las especies forestales persistieron en distintas zonas según sus exigencias ecológicas. Los Sistemas Ibérico y Central son un área de alta diversidad para especies adaptadas a condiciones continentales, como Pinus sylvestris, Pinus nigra, Pinus pinaster y Juniperus thurifera.

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Pinus sylvestris, especie bien adaptada a condiciones frías y de cierta xericidad, mantiene altos niveles de diversidad en la región, atestiguando la antigüedad de sus poblaciones.

Esta alta diversidad genética se habría mantenido debido a la posibilidad de migraciones altitudinales, que habrían permitido la persistencia a largo plazo de sus poblaciones en los sucesivos períodos glaciares e interglaciares.

Su hábitat actual representa la distribución bajo un período cálido interglaciar, pero se sabe por los restos fósiles que, durante las épocas más frías, ocupó zonas de la meseta a baja altitud (Franco Múgica et al., 2001). Pinus pinaster, en cambio, muestra baja diversidad genética en la región debido a una colonización tardía de la misma tras el último período glaciar. Dicha colonización tuvo lugar, posiblemente, a partir de poblaciones situadas en el Este —Serranía de Cuenca— y Sur —Sistemas Béticos— de la Península Ibérica, donde se dan las condiciones requeridas por la especie para su supervivencia en los periodos más fríos de la última glaciación (Salvador et al., 2000).

Las especies mediterráneas de frondosas probablemente permanecieron durante las glaciaciones en las áreas más térmicas de la región: suroeste de la cuenca —Arribes del Duero y otros valles térmicos—, en zonas con influencia oceánica y en enclaves protegidos en las áreas montañosas. Las poblaciones de alcornoque salmantinas poseen unos altos niveles de diversidad en el conjunto peninsular. La encina, especie más continental, presenta mayores niveles de diversidad que el alcornoque, si bien en Castilla y León estos valores son menores que en el Sur, donde los refugios debieron ser más importantes. Un estudio realizado en robles (Olalde et al., 2002) muestra una alta riqueza en linajes maternos en el oeste de la Comunidad —indicio de refugios—, desde donde habrían avanzado hacia el norte y el interior.

En general, podemos asumir que las especies mediterráneas presentes en Castilla y León habrían colonizado el interior de la Cuenca del Duero desde la periferia, bien desde refugios situados cerca de la costa mediterránea, como en el caso de Pinus pinaster, o remontando el valle del Duero: es el caso de Quercus suber, como atestiguan presencias aisladas cerca de Tordesillas, mientras que las especies eurosiberianas como Pinus sylvestris o Pinus nigra, estuvieron bien representadas en la región incluso durante los periodos glaciares.

Fagus sylvatica presenta un patrón particular, que responde a una migración este-oeste tras la última glaciación (Comps et al., 2001; Demesure et al., 1996). Aunque no es descartable la persistencia durante el último periodo glaciar de pequeñas masas de haya en la región, estos posibles refugios no parecen haber dejado señales genéticas.

Las poblaciones actuales habrían comenzado a llegar a Castilla y León hace 3.000 años, aproximadamente.

Por último, cabe señalar que no todas las especies responden a estos patrones históricos. Un estudio realizado en Populus tremula (López de Heredia, 2001) muestra la importancia de las características de la especie. Frente a la amplia distribución en masas extensas de pinos o robles, el álamo temblón se distribuye en bosquetes de pequeño tamaño aislados entre sí, con gran importancia de la reproducción vegetativa. En este caso, los niveles de diversidad responden sobre todo a las características del rodal, principalmente la edad, el tamaño o la densidad.

Tras el último periodo glaciar son numerosas las especies que han recolonizado el interior de la meseta desde refugios situados en la periferia, mientras que otras especies ya
contaban con una importante representación en nuestro territorio. En los mapas adjuntos se muestran las principales vías de migración ocurridas después del último periodo
glacial, basadas principalmente en información molecular.
Además de las indicadas pueden existir otras vías de entrada u otros refugios en el interior de la región.

La Comunidad de Castilla y León presenta poblaciones de especies forestales de gran interés fitogeográfico. En este sentido destacan los pinares de Pinus pinaster de la Sierra del Teleno, en León, donde la adaptación a los incendios forestales de gran intensidad causa floración precoz, porcentajes medios de piñas serótinas superiores al 80 % y un banco aéreo mayor de 1.000.000 de semillas por hectárea (Tapias, 1998). Dicha población mantiene combinaciones alélicas particulares y diferenciadas del resto de las poblaciones castellano-leonesas, incluyendo alelos únicos en el rango de distribución de la especie.

También cabe destacar las poblaciones relictas de alcornoque en Valladolid, y las de Pinus nigra y Pinus sylvestris en la Meseta Castellana, en el río Cega.

Estas últimas se mantienen allí gracias al elevado nivel de la capa freática y han mostrado niveles de diversidad genética muy inferiores a los de las poblaciones situadas en localizaciones típicas de la especie en el Sistema Central.

Estos singulares testigos de vegetación eurosiberiana en los arenales de la Meseta complementan la información histórica proporcionada por los registros fósiles, representando, junto con otros enclaves relictos como las pequeñas poblaciones de pino silvestre en Puebla de Lillo —León— y Velilla del Río Carrión —Palencia—, valiosos elementos para el estudio de las migraciones y los procesos demográficos y genéticos de las especies.

AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_241_Imagen_0001Los parámetros de variación obtenidos con marcadores moleculares, como se indicó anteriormente, son útiles para obtener información sobre factores históricos, pero no están generalmente correlacionados con la variación genética adaptativa. Ésta es fundamental para el uso y conservación de los recursos genéticos forestales, ya que, por una parte, responde a la selección realizada en los programas de mejora y, por otra, permite la adaptación y supervivencia de las especies/poblaciones a las condiciones locales de crecimiento y desarrollo. En general, la variación molecular y la variación cuantitativa están sólo débilmente correlacionadas entre sí (Lagerkrantz & Ryman, 1990).

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Las piñas serótinas contienen semillas viables y significan una adaptación a los repetidos incendios forestales de gran intensidad, permaneciendo cerradas durante muchos años a la espera del fuego para abrirse.Así ocurre en los pinares de Pinus pinaster de la Sierra del Teleno (León), con porcentajes medios de piñas serótinas superiores al 80 % y un banco aéreo mayor de 1.000.000 semillas/ha y que además manifiestan una floración precoz.

En conjunto, existe poca información sobre variación adaptativa en especies forestales, ya que los ensayos establecidos para su estudio son demasiado jóvenes para su análisis genético. En la actualidad, se dispone de información para dos especies con gran importancia forestal: Pinus sylvestris y Pinus pinaster, aunque existen ensayos instalados para muchas otras especies como Quercus suber o Pinus pinea. Destaca, también, la existencia de tres parcelas de seguimiento de progenies de olmos situadas en Valsaín —Segovia, 33 progenies españolas—, Villamarciel — Valladolid, 65 progenies españolas y 7 holandesas— y Palencia —11 progenies españolas—.

Las procedencias de Pinus pinaster de la región Meseta castellana tienen un crecimiento medio y la peor calidad de fuste de la Península Ibérica. En cambio, algunas poblaciones de los Sistemas Central e Ibérico, como Arenas de San Pedro en Ávila o San Leonardo de Yagüe en Soria, son líderes tanto en crecimiento como en forma (Alía et al., 2001a).

Con respecto a Pinus sylvestris, las procedencias castellanoleonesas parecen muy bien adaptadas a las condiciones de crecimiento locales (Alía et al., 2001b). Por ejemplo, algunas procedencias de mayor crecimiento como Valsaín — Segovia—, San Zadornil —Burgos— y Puebla de Lillo — León—, son líderes en crecimiento en los ensayos de campo de Curueño —León— y Navafría –Segovia–, pero presentan crecimientos deficientes en Aragüés —Huesca— y Baza —Granada—. La población de Covaleda —Soria— está mejor adaptada que estas últimas a las condiciones de crecimiento en los ensayos situados fuera de la Comunidad Autónoma. La procedencia de Valsaín, en concreto, es la de mejor crecimiento en el conjunto de las procedencias ensayadas y se recomienda su uso en los programas de mejora de la especie en Castilla y León. Para un conocimiento detallado de la idoneidad de una procedencia en una determinada zona se recomienda la lectura de Alía et al. (1999), que incluye cinco especies forestales de importancia ecológica y económica: Pinus sylvestris, Pinus nigra, Pinus pinaster, Pinus halepensis y Pinus pinea.

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Ejemplares de Pinus sylvestris en una masa de Pinus pinaster y aspecto que presentan las ramas de un pino cubiertas de líquenes de los géneros Evernia y Usnea. En los arenales de la meseta castellana próximos a la villa de Coca, a una altitud de 790 m y alejados 80 km de las poblaciones de esta especie —típicas de la alta montaña—, existe un grupo formado por sólo 36 individuos de pino silvestre, un relicto de cuando la especie colonizaba la meseta durante las glaciaciones. Las Ordenanzas de Coca de 1563 atestiguaban que el denominado «pinar de Valsaín» tenía una mayor superficie; su población se redujo al desaparecer la capa freática que justificaba su presencia y que se evidencia puntualmente por la colonización de líquenes demandantes de una elevada humedad ambiental. La total ausencia de regeneración de la masa requiere de medidas de conservación ex situ para asegurar el mantenimiento del potencial adaptativo que representa esta población.

Bosque y sociedad rural

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Si consideramos que durante las últimas décadas se han abandonado más de 400.000 hectáreas de cultivos marginales en Castilla y León, bien puede colegirse que la recuperación de sus montes y espacios forestales se contrapone ahora en el paisaje como imagen más visible y positiva frente a la grave despoblación y al fracaso demográfico de la región. En efecto, los procesos de sucesión progresiva de los dominios forestales se observan por doquier y conquistan tierras altas y laderas antaño cultivadas, ocultándonos bajo matorrales cada vez más densos las tierras centeneras que ayer contribuyeron, a duras penas, al mantenimiento de la población. En el pasado inmediato, las necesidades de pan, la presión ganadera, la extracción de maderas y leñas o el carboneo, como es bien sabido, redujeron las masas forestales en muchas partes a su mínima presencia, refugiándose en lugares fragosos y poco accesibles.

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En el pasado inmediato, las necesidades de pan, la presión ganadera, la extracción de maderas y leñas o el carboneo redujeron frecuentemente las masas forestales a su mínima presencia, refugiándose en lugares fragosos y poco accesibles. Yanguas (Soria), en 1999.

Las estrategias de supervivencia y de autoabastecimiento dejaron entonces profundas huellas en nuestros paisajes en forma de «rozas, rozadas, bouzas, suertes, quiñones, novales, arrotos o senaras», particularmente en los bordes más difíciles y accidentados de la comunidad.

De este modo nos lo recuerdan las costumbres de la comarca de Aliste: «Los terrenos de aprovechamiento comunal, donde se produce con gran abundancia la jara y el roble, se rozan periódicamente por lotes o cuarteles cuando los arbustos van muy crecidos, y los terrenos que se descubren con la roza o desmate los dedican al cultivo en común, de igual modo que se verifica la roza y la recolección de los frutos que se producen » (Méndez Plaza, 1900).

Para la cabal comprensión de aquellas circunstancias, es recomendable descender aquí y allá a una lectura atenta de la toponimia mayor y menor, pues nos descubre y enseña a través de bellas palabras y expresiones la historia de nuestros montes y de los usos tradicionales, o su reducción a cenizas y tierras de cultivo y, en ocasiones, a desolados

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La recuperación de los espacios forestales tras el abandono de los cultivos marginales en Castilla y León constituye uno de los cambios más significativos del paisaje de nuestra región. Ágreda (Soria).

calveros. Todo un rosario de topónimos de los que recogemos una pequeña muestra: Avidular, Agavanzal, Brañuelas, Brañosera, Bustarga, Bustillo, Montejo, Valdevacas de Montejo, Encinas, Encinilla, Encinasola, Encinedo, Carrascal, Carrascosa, Cuzcurrita, Robledo, Rebolledo de Traspeña, Rebolleda, Quintanilla del Rebollar, Fuenterroble, Carballeda, Carbajal, Carbajales, Carbajosa, Castañeda, Castañeiras, Cepeda, Dehesas, Debesa, Faeda, Fasgar, Haya (La), Haedo, Hedroso, Fresno, Fresnedo, Fuentenebro, Madroñal, Nogar, Noceda, Olmillos, Castrillejo de la Olma, Fuente El Olmo, Poveda, Pinilla, Pineda, Hontoria del Pinar, Sotillo, Sotosalbos, Ciervos, Cervatos, Villadeciervos, Matalobos, Silván, Saceda, Salceda, Salce, Salgueiro, Zufreiral y tantos otros, nos aproximan directa o indirectamente al devenir de nuestros montes y al mejor entendimiento de la interacción hombre-medio.

Secuencia temporal comparativa de la repoblación con pino silvestre del monte de U.P.
número 343 «Vacariza y Vallejo y Solana y Rincón» de Yanguas (Soria) como ejemplo
de transformación del paisaje. Las fotografías corresponden a marzo de 1969, antes de
iniciarse la preparación del terreno; a noviembre de 1969, una vez preparado el terreno; a agosto de 1991, en la que se observa el éxito de la plantación ya en estado de latizal; y a septiembre de 2002, donde se aprecia su integración en el paisaje.

Si retornamos la mirada al inmediato pasado, en las tierras de Soria encontramos abundantes testimonios acerca de los usos tradicionales y de la inserción de los montes en las economías rurales y domésticas, cuya imagen más común y secular reseñamos: «Raro es el pueblo del territorio que no cuente con un monte de mayor o menor extensión, poblado de encina, roble, estepa, sabina, enebro, romero u otras matas bajas que proporcionan leñas de combustible y carboneo; en los partidos de Soria, Burgo de Osma, Almazán y Ágreda los hay de buenos pinares, y aún en el último se ven robustas hayas; el arbolado en lo general se halla bastante destruido; en todas las direcciones abundan los exquisitos pastos y las yerbas aromáticas y medicinales (entre ellas la finísima salvia del Moncayo) con las que se mantiene ganado lanar fino (merino) y churro, vacuno, de cerda y mular, caballar y asnal para la agricultura, que también se hace con bueyes; en varios puntos se dedican a la colmenería que proporciona excelente miel y cera» (Madoz, 1846, voz «Soria»). Son referencias expresivas que pueden trasladarse con distintos matices comarcales al resto de Castilla y León. La dialéctica entre la necesidad de ampliar el espacio cultivado y la conservación de los montes se resolvió mediante acuerdos concejiles o mancomunales, que protegían montes enteros o partes de los mismos —cotos, dehesas— como reservas y lugares vitales para ganados y gentes, sobre todo en tiempos de nieves y fríos, o también en épocas de calor, como las acebedas, que por su intensa sombra proporcionan un buen refugio al ganado en los cálidos meses de verano en el Sistema Central. En el Páramo leonés, antes de la llegada de los canales y de la modernización de los regadíos, los olmares y prados comunales constituían recursos y espacios vitales en la vida de los pueblos. Hoy, han sido borrados del paisaje y de la toponimia, y su imagen apenas queda en la memoria de las gentes.

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En los siglos XVIII, XIX, y parte del XX las leñas de los montes de la vertiente norte de la Sierra del Guadarrama se destinaron a la Real Fábrica de Cristal de La Granja (Segovia), cuyos hornos precisaban de un gran consumo de energía. Desde la llegada del ferrocarril a la Sierra del Guadarrama en 1888, y hasta mediados del siglo XX, las leñas recogidas por los gabarreros serían transportadas hacia Madrid, principal centro consumidor de las mismas. La imagen es del año 1945.

Muchas ordenanzas se hacían eco de estas necesidades y establecían turnos rigurosos entre los vecinos en el cuidado del ganado o delimitaban con criterios empíricos las sucesivas zonas de pastos, de aprovechamientos forestales o de roturación y siembra, unas veces con carácter concejil y otras a escala territorial más amplia: mancomunal, de valle o de comunidad de villa y tierra. Aunque las reglas no siempre se cumpliesen con exactitud y se generasen algunos pleitos y conflictos de usos e intereses, constituyeron la base de una relación que los pueblos y los hombres mantuvieron secularmente con su medio y con sus recursos naturales, configurando paisajes rurales de gran entidad cargados de esfuerzos, de dignidad, y también de penurias. La fisonomía de nuestros paisajes forestales está en deuda, a modo de herencia ecocultural y antrópica, con aquellas formas de relación y de aprovechamiento, cuyas características de manejo cambiarían con la llegada de la ordenación de los montes y la selvicultura a finales del siglo XIX y, más tarde, con la modernización agrícola y ganadera, y con los procesos de vaciamiento demográfico y éxodo rural. Los pinares de Valsaín y Navafría, en la Sierra de Guadarrama, son dos buenos modelos de gestión forestal en los que se ha unido con prudencia y sabiduría la tradición en los usos del monte y la incorporación de una adecuada economía de la conservación forestal ligada a la selvicultura moderna.

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En las tierras de Soria se encuentran abundantes testimonios acerca de los usos tradicionales y de la inserción de los montes en las economías rurales y domésticas, cuya imagen más común y secular se reseña: «Raro es el pueblo del territorio que no cuente con un monte de mayor o menor extensión, poblado de encina, roble, estepa, sabina, enebro, romero u otras matas bajas que proporcionan leñas de combustible y carboneo; en los partidos de Soria, Burgo de Osma,Almazán y Ágreda los hay de buenos pinares…» (Madoz, 1846, voz «Soria»). Mapa Geográfico de la Provincia de Soria, por Tomás López (1783).

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