ATLAS FORESTAL DE CASTILLA Y LEÓN – XXI

LA CAZA

AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_129_Imagen_0002Castilla y León reúne inmejorables condiciones para el desarrollo de la fauna cinegética, además de ofrecer posibilidades únicas para la práctica de las actividades recreativas a ella ligadas. Estas particularidades son el reflejo de su propia identidad como espacio natural, lo suficientemente diferenciado del resto del territorio peninsular, al tiempo que diversificado. La variedad del medio físico ha motivado una diferenciación cultural y, por ende, de la concepción de la práctica cinegética.

Una parte de los ciudadanos tiende a considerar la caza como una actividad marginal, pese a lo cual existen múltiples razones que le confieren una gran trascendencia en esta Comunidad Autónoma. La caza proporciona evidentes beneficios de tipo económico, cultural, y social, y suele ser más segura que los recursos tradicionales de la tierra.

En primer lugar, los ingresos y rentas de ella derivados, así como los puestos de trabajo que genera, son ciertamente importantes. Su valoración económica resulta de difícil cuantificación, pudiendo alcanzar los 180 millones de euros. Estos ingresos provienen fundamentalmente de los gastos que a los cazadores les supone el coste del arrendamiento o cesión de los terrenos, el material y los desplazamientos, las tasas, licencias, seguros, etc.AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_129_Imagen_0003

En segundo lugar, la caza mantiene una clara territorialidad. La importancia geográfica de la caza se ve realzada porque buena parte del territorio castellano y leonés está dedicado exclusiva o secundariamente a esta actividad.

Algo mas del 90% de la superficie de nuestra región son terrenos cinegéticos, y la gran mayoría están declarados con la figura de cotos privados de caza.

Por último, la trascendencia social derivada esencialmente del alto número de aficionados, provoca en la apertura de la temporada que la vida regional, tanto rural como urbana, se impregne con esta actividad de ocio. El número de licencias expedidas para practicar este deporte en Castilla y León supera las 140.000, lo que demuestra el potencial de este sector y el arraigo que esta práctica tiene en nuestra sociedad, y a su vez indica la necesidad de mantener estas actividades dentro del interés general de conservación y mejora del común patrimonio ambiental. La situación de las diferentes especies cinegéticas siempre ha estado ligada a la suerte del mundo rural. Gran parte del territorio castellano y leonés puede considerarse como zona de agricultura de montaña, según los criterios utilizados en Europa, y ha soportado una importante evolución social definida por un proceso de «ida y vuelta» del que ha participado, de forma determinante, la política forestal.

AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_130_Imagen_0003Durante un tiempo se produjo una intensificación de la presencia humana en las áreas rurales, y ello indujo a una perentoria necesidad de tierras de labrantío para la producción de alimentos que transformó profundamente el paisaje porque «no debemos ignorar un hecho tan notto y público como el de que (en) aldeas tan montañosas próximas a Sierra y Puerto sobra montte y pastto quantto de labradas falta» (Pleito por mancomunidad de pastos y leñas entre los Concejos de Corporales y Saceda en León, 1779), y que las «faceras o pagos de los lugares son cortos para la sustentación de sus habitantes» (Compromiso del Concejo leonés de Encinedo con el de Santa Eulalia, 1789). Este uso introdujo elementos que favorecieron la presencia y abundancia de las especies de caza menor; sin embargo, las especies de caza mayor escaseaban, y se vieron obligadas a acantonarse en los lugares más abruptos y apartados.

La política desamortizadora del siglo XIX supuso la parcelación, descuaje y roturación de una parte significativa del patrimonio público regional. Este panorama no cambiaría de forma radical hasta entrado el siglo XX. El paulatino empobrecimiento de los suelos impuso serias limitaciones a la agricultura y su rentabilidad menguó drásticamente. Ante esta situación los aprovechamientos forestales se erigieron en una actividad creciente a medida que las explotaciones agropecuarias en crisis se abandonaban.AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_130_Imagen_0004

Grandes extensiones de nuestras zonas de sierra y su entorno fueron ocupadas por el matorral y por las repoblaciones forestales de iniciativa estatal.

Por la misma época, el interés del Estado también se dirigió hacia la protección de ciertas especies de fauna, iniciándose la creación de una serie de Reservas Nacionales de Caza, hoy Regionales, en aquellas comarcas con «excepcionales posibilidades cinegéticas» y con «reconocidos valores agrestes». La finalidad de estos espacios cinegéticos era la de «promover, fomentar, conservar y proteger determinadas especies, subordinando a esta finalidad el aprovechamiento de su caza». Las especies a que se referían eran fundamentalmente de caza mayor, y las comarcas, en el caso de Castilla y León, se encontraban repartidas a lo largo de la orla montañosa, las mismas comarcas en las que el esfuerzo de creación y conservación de la cubierta forestal era más intenso. La suma de actuaciones forestales y cinegéticas propició que nuestras especies de caza mayor mostraran una clara y rápida expansión, al tiempo que la caza menor experimentó una importante regresión.

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Venados (Cervus elaphus) en la Tierra de la Reina (Reserva Regional de Caza de Riaño, Picos de Europa, León). Fue la pieza de caza predilecta de los grupos humanos del paleolítico cantábrico; sin embargo, la especie llegó a desaparecer de estas montañas, que hoy vuelven a albergar poblaciones tan abundantes que requieren de mecanismos específicos de control.

En definitiva, los mismos factores que auspiciaron el aumento de las especies de caza mayor son los responsables de la disminución de la caza menor. Estos factores siguen vigentes hoy en día, lo que unido a la variedad, calidad y cantidad de especies de caza mayor, a los beneficios económicos que generan a los titulares de los derechos cinegéticos, a su perfecta adecuación a la situación socioeconómica de la región, y a la posibilidad de admirar el patrimonio cultural y natural de Castilla y León, hace pensar que la tendencia anteriormente expuesta no hará más que agudizarse en el futuro.

RÍOS, RIBERAS Y PESCA

Los pescadores son lo que es su pesca. La pesca es lo que son sus ríos. Los ríos son en parte lo que son sus montes y riberas. Por otra parte, ¿de qué modo podría un pescador apreciar su jornada de pesca sin un entorno arbolado y sin unas riberas pobladas y diversas?

Por todas estas razones, Castilla y León es, y probablemente seguirá siendo, uno de los destinos principales de la pesca en España. Tradicionalmente es la región española con mayor atractivo para el pescador recreativo, expidiendo un 20% del total de licencias de pesca recreativa del país; de éstas, en torno a 40.000 corresponden a pescadores de fuera de la región. Además, la asistencia de pescadores a Castilla y León es cada vez mayor: así, en el año 1950 se tramitaron cerca de 27.000 licencias, ascendiendo en el año 2001 a 180.000.AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_133_Imagen_0001

Es variada la oferta de pesca. Se han descrito ya en la Comunidad Autónoma un total de treinta y cuatro especies de peces, de los cuales actualmente se permite la pesca de veinticinco. Así mismo, se pescan dos de las tres especies de cangrejo existentes y también está autorizada la pesca de la rana común. Al igual que ocurre en el ámbito nacional, esta región no es ajena al negativo fenómeno de la introducción de especies foráneas; de hecho, catorce de las treinta y cuatro especies de peces han sido introducidas por el hombre, así como dos de las tres especies de cangrejo.

Posee Castilla y León una enorme variedad de medios de pesca, fruto de su variedad fisiográfica y, por tanto, con diversidad de ecosistemas acuáticos. Además, la distribución de sus aguas en varias cuencas hidrográficas —Duero, Ebro, Tajo, Norte-Sil y otras pequeñas cuencas vertientes al Cantábrico— ofrecen nuevas posibilidades al pescador. Puede éste practicar su afición o deporte, según cómo se lo plantee, en variados hábitats: aguas corrientes de alta montaña, lagunas y lagos de montaña, tramos medios de ríos, embalses y charcas y también en tramos bajos, careciendo de tramos de desembocadura. La oferta es con todo variada y sugerente.

La alta calidad de pesca se manifiesta especialmente en los cotos de pesca, donde la concurrencia está específicamente regulada, sobre todo en cuanto al número máximo de pescadores. Estos tramos atraen anualmente la atención de aproximadamente 52.000 pescadores. Debe señalarse que, de los pescadores que asisten a los cotos de pesca de cada provincia, sólo una tercera parte son pescadores de la misma provincia; otra tercera parte proviene de otras provincias de la Comunidad Autónoma y el tercio restante de fuera de la región.

Esta circunstancia da fe de la importancia turística de este recurso natural y recreativo, la cual, indudablemente, crecerá en su proyección exterior dada la evolución demográfica de la población en Castilla y León.

Quizá sea la pesca de la trucha la que más pescadores atrae a esta Comunidad. Ávila, Burgos, León y Palencia albergan en su conjunto cerca del 70% de los cotos de pesca. Los estudios genéticos de la trucha común autóctona realizados en los últimos años han demostrado la variedad de linajes autóctonos de esta especie y la singularidad de algunos de ellos. Esto puede convertirse, por tanto, en un nuevo atractivo para los pescadores de allende nuestras fronteras, que tendrán la oportunidad de capturar truchas que no encontrarán en ninguna otra parte del mundo.

El esfuerzo que se viene realizando en el conocimiento de nuestros ecosistemas acuáticos y en los problemas que les afectan está permitiendo realizar una gestión apoyada en el conocimiento científico de esos medios. Más de cuarenta sub-cuencas trucheras cuentan ya con estudios hidrobiológicos, y en muchas de ellas se están abordando planes de gestión específicamente concebidos para mantener o recuperar, si es el caso, los ecosistemas acuáticos y, de paso, las poblaciones trucheras. Estos planes de gestión incluyen planes de mejora del medio en los cuales tiene un papel trascendente la mejora o restauración de la vegetación de ribera.AtlasForestal_CastillayLeon_Bloque3_Página_136_Imagen_0002

El monte y los bosques de galería tienen un papel primordial en el mantenimiento de los ecosistemas piscícolas.

Son esenciales estas formaciones en la regulación del ciclo hídrico; en la captura de nutrientes excedentarios, que de otro modo irían directamente a las aguas provocando fenómenos de eutrofización; en el aporte de residuos vegetales imprescindibles como alimento en la base de la cadena trófica; en la cobertura que da la vegetación de ribera dando sombra y regulando con ello la temperatura de las aguas, sobre todo en el estío; y en el refugio en forma de encueves y solapas que proporcionan a las poblaciones de peces las raíces, ramas sumergidas y troncos caídos. Son éstos beneficios directos o indirectos para las poblaciones piscícolas y, en consecuencia, para el pescador. Las laderas pobladas de arbolado dan también su impronta a los ríos que fluyen valle abajo. ¿De qué otra forma habría pues aguas en los veranos? Su conservación es, así, esencial. Las laderas sobreexplotadas posibilitan los fenómenos erosivos con el consiguiente aterramiento de las zonas de freza y colmatación de fondos con pérdida de la fauna macroinvertebrada, alimento imprescindible para muchos peces.

Cuando el fenómeno de los incendios forestales afecta a una zona, sufren también los ríos. El aporte inmediato de cenizas supone cambios drásticos en el pH de las aguas, perjudicando sobre todo a los salmónidos, muy exigentes en este aspecto. La erosión tras los fuegos, al margen de lo ya mencionado, aumenta la turbidez de las aguas y, si ésta es extrema, puede provocar alteraciones branquiales y la muerte de los peces. La conservación de la cubierta vegetal próxima y lejana se convierte así en un objetivo prioritario, y así lo contemplan los planes de mejoras ya mencionados.

Desde la Junta de Castilla y León se vienen realizando en los últimos años importantes trabajos de restauración vegetal. Las defensas con empalizadas verdes, a base de estaquillas de especies de sauces de las mismas cuencas afectadas, se extienden ya por muchos kilómetros de riberas. Se consigue con ello estabilizar las orillas, evitar la erosión y la colmatación de frezaderos aguas abajo y proporcionar la sombra necesaria en muchos tramos.

Se han plantado también muchos miles de estaquillas de forma directa, ya sea sobre las márgenes naturales o entreveradas sobre escolleras realizadas por otras administraciones.

Se han consolidado así caballones provenientes de dragados y se han naturalizado orillas que de otra forma tendrían poco atractivo para los peces. Son también frecuentes las plantaciones realizadas con otras especies de ribera: alisos, álamos blancos, chopos, sauces, etc. Reconoce la importancia de la vegetación de ribera la vigente Ley 6/1992 de Protección de los Ecosistemas Acuáticos y de regulación de la Pesca en Castilla y León. Así, en el artículo decimocuarto, declara de interés público la restauración de la vegetación natural en los cauces y márgenes de las masas de agua. No es ajeno tampoco el Plan Forestal de Castilla y León a esta necesidad, y en su Programa de Gestión Piscícola contempla estas actuaciones, promoviendo su implantación en todas las provincias de la región a lo largo de toda la duración del Plan. Se está pues trabajando para mantener ríos equilibrados y lo más íntegros posibles.

Como pescar no es sólo sacar peces, los pescadores que acuden cada vez en mayor número a Castilla y León aprecian no sólo la cantidad de ejemplares que capturan sino su pureza y calidad. Y también valoran altamente el entorno: riberas diversas y bien conservadas, paisajes sobresalientes cubiertos de vegetación variada que aporta en las diferentes épocas del año coloridos y texturas llamativos, así como la presencia continua de fauna que, cobijada en estos medios, alegra la vista al pescador con sus evoluciones en torno al agua y las riberas. ¿Qué pescador no ha levantado la caña y ha suspendido momentáneamente su actividad para presenciar extasiado el ir y venir de los mirlos acuáticos, las evoluciones de piedra en piedra de las lavanderas, o la zambullida de ese pequeño y vistoso rival en el pescar que es el martín pescador?

Todos estos elementos confieren a la pesca nuevas perspectivas de calidad, en la que los momentos de contemplación del entorno la ensalzan y revalorizan. Así, entendiendo la pesca como un compendio de peces, aguas en movimiento, paisajes, vegetación y fauna, esta actividad relajante puede desarrollarse en armonía con el medio, configurándose como uno de los mayores atractivos del medio natural de esta región.

LAS SETAS

Introducción

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Las sabrosas colmenillas o piñuelas son típicas especies vernales que viven en setales muy concretos, con frecuencia asociadas a bosques de ribera (alamedas, fresnedas, olmedas, abedulares, alisedas…).

De un tiempo a esta parte, los hongos silvestres comestibles están adquiriendo una gran importancia dentro del sector forestal. Fue a primeros de los años ochenta cuando surgió un creciente interés por la recolección de setas, fruto del aumento cultural y económico que experimentó España. En apenas veinte años se ha pasado de una recolección minoritaria de setas para autoconsumo a la actual búsqueda masiva de níscalos, migueles, rebozuelos, negrillas, oronjas, llenegas, mansarones o colmenillas, por citar sólo algunas de las especies más populares —véase la tabla III—. En cada temporada lluviosa, los montes nos seducen con una amplísima y generosa oferta de setas, de la que no debemos sustraernos.

La recolección de hongos es una actividad natural, sana, relajante y divertida que permite disfrutar de la naturaleza y, además, puede resultar bastante lucrativa. Así, cabe diferenciar dos claras vertientes: por un lado, el micoturismo, y por otro, la recolección de setas con fines económicos.

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La oronja (Amanita caesarea) es una seta muy grande y vistosa de sabor exquisito que abunda en los extensos rebollares degradados de Castilla y León.

Ambas actividades son perfectamente compatibles entre sí y deben integrarse de forma armónica con el resto de aprovechamientos forestales previstos en la ordenación de nuestros montes: caza, pesca, madera, corcho, resina, pasto, etc.

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La popular y abundante nícola (Lactarius deliciosus) supone una referencia obligada en este capítulo.

Los hongos habitan en toda clase de sustratos. Algunas setas, poco apetecibles, crecen sobre deyecciones: son los hongos coprófilos. Pero las especies que van a centrar nuestro interés crecen sobre distintas maderas —especies lignícolas— o en el suelo —especies terrícolas—. Algunos hongos son parásitos y provocan enfermedades en plantas o animales; otros son saprofitos y viven descomponiendo diferentes residuos orgánicos, como la pinocha, la hojarasca, raíces, piñas, plumas, etc.; por último, un amplio elenco de especies vive en simbiosis con plantas vasculares, formando las conocidas micorrizas. Aunque todos los ecosistemas sean productores de setas comestibles, son los bosques los que albergan mayor cantidad de especies, es decir: los que poseen una mayor biodiversidad micológica.

Para hacerse una idea de las excelencias y el interés de las setas forestales de Castilla y León, véanse los datos orientativos que aparecen en la tabla inferior.

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La negrilla (Tricholoma terreum) es un hongo abundantísimo en casi todos nuestros pinares. Crece al final del otoño y hasta bien entrado el invierno.

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Boletus aereus, es un hongo micorrizógeno; facilita al árbol la abosrción de agua y nutrientes y se beneficia de los azúcares, vitaminas y factores de crecimiento que le proporciona éste.

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La recolección de hongos es una actividad natural, sana, relajante y divertida que permite disfrutar de la naturaleza en plena libertad. Además, puede resultar bastante lucrativa. Cabe diferenciar dos claras vertientes: por un lado el micoturismo y por otro la recolección de setas con fines económicos. Ambas actividades son perfectamente compatibles entre sí y deben integrarse de forma armónica con el resto de aprovechamientos forestales previstos en la ordenación de nuestros montes (caza, pesca, madera, corcho, resina, pasto, etc.).

 

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Selvicultura fúngica y micoturismo

Es de esperar que, en breve, las setas propicien un importante cambio de miras y prioridades dentro del sector forestal de Castilla y León. No en vano, los hongos silvestres suponen una considerable fuente de ingresos en muchos montes si las lluvias y temperaturas otoñales acompañan. De hecho, en numerosas ocasiones generan una renta superior a la madera, la resina, el corcho, los pastos o la montanera (Álvarez et al., 2001). En la tabla inferior se ofrecen unas sencillas cuentas ilustrativas.

Los hongos silvestres constituyen un recurso económico potencial de primer orden para la mayoría de los montes de Castilla y León. Mediante este recurso pueden reactivarse economías rurales deprimidas en casi todas las comarcas boscosas de nuestra geografía. Este mensaje optimista se fundamenta en varios puntos (Martínez de Azagra et al., 1998 a, 1998 b): Todos los ecosistemas forestales son productores de hongos comestibles —comercializables.

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La recogida de setas con fines comerciales tiene su destino final en la industria agroalimentaria, dando valor añadido al producto. Las setas son un producto gastronómico muy apreciado, y requieren de una delicada manipulación hasta llegar al consumidor en las mejores condiciones de conservación y bajo una cuidada presentación. (Frutobos,Toral de los Guzmanes, León).

Un 90% de los hongos comercializables que producen los bosques no se recolecta en la actualidad.

Los ingresos que se obtienen de la recolección de hongos forestales pueden ser incrementados en gran medida recolectando más especies, mejorando la comercialización y creando pequeñas industrias conserveras.

La iniciativa privada se puede acomodar a esta nueva realidad ofertando guías locales especializados, monitores, guardas forestales, hosteleros expertos en micogastronomía, etc.

El aprovechamiento micológico supone una interesantísima reconversión y puesta en valor de los extensos montes descapitalizados que se asientan sobre terrenos particularmente pobres y marginales con sustratos pedregosos «casi improductivos»: es el caso de muchos montes bajos —rebollares, carrascales, robledales, castañares, etc.— y de los pinares jóvenes sobre suelos someros. Estas circunstancias adversas para encontrar nutrientes en los suelos son las que propician las simbiosis más activas entre las raíces de los árboles y los hongos micorrizógenos.

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Tuber nigrum, es la trufa más apreciada de las que crecen en Castilla y León.

Ello explica la sorprendente paradoja de que montes de aspecto paupérrimo sean los más productivos en setas simbiontes. Los hongos están contribuyendo a crear un nuevo vínculo afectivo del hombre con el bosque que, a la postre, redundará en un beneficio mutuo: menos incendios forestales, más cuidados selvícolas, repoblaciones con árboles micorrizados, economía rural más saneada y ciudadanos más próximos al medio forestal.

Con estos objetivos, la Junta de Castilla y León tiene un importante reto que asumir: desarrollar una legislación y una política forestal que incentiven el aprovechamiento racional de tan valioso recurso, que compatibilice el micoturismo con la recolección profesional de setas, así como acudir a fórmulas flexibles, que no permisivas, para que el recurso se aproveche de manera ordenada y sostenible.

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Las criadillas de tierra (Terfezia arenaria) viven en interesada amistad, formando micorrizas con pequeñas hierbas turmeras (Tuberaria guttata) que también pueden apreciarse en la foto.

Cabe concebir muchas alternativas, debiéndose adoptar en cada caso el conjunto de medidas más apropiadas para el monte y para la demanda social existente: expedir licencias o permisos para la recolección comercial a precios ajustados y distinguiendo entre lugareños y foráneos; autorizar la recolección familiar de setas sin ánimo de lucro; limitar la cantidad de setas que cabe recolectar en una jornada, tanto para la actividad lucrativa como para la lúdica en distinta cuantía; permitir la recolección durante la semana a los lugareños dejando libre la búsqueda de setas en días festivos; señalar días inhábiles; fijar zonas de recolección restringida; impedir la recolección durante cacerías; concretar calibres mínimos; prohibir prácticas de recolección inadecuadas o agresivas; definir el número máximo de buscadores por hectárea y día; establecer vedas o prohibiciones temporales si alguna especie se rarifica; incentivar la venta de las setas a determinadas fábricas o intermediarios locales; sacar a subasta el aprovechamiento a unos precios y por una duración asequibles; incorporar una ecotasa —micotasa—, etc.

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La angula de monte (Cantharellus lutescens) es un excelente comestible que se deseca con facilidad recobrando su incomparable sabor al ser rehidratado con agua o con leche.

Por lo que se refiere a cuestiones mucho más pragmáticas, tales como aprender a reconocer las principales setas comestibles que habitan en nuestros bosques, poco se puede decir en espacio tan reducido. Tan sólo aconsejar tres cosas —prudencia, cultura, y atención—, y pedir una: mucho respeto al monte que se visita. La prudencia es obligada por los hongos venenosos existentes: antes de probar una seta hay que tener total certeza de su correcta identificación botánica y de la comestibilidad del hongo recolectado. La cultura es siempre muy saludable: conviene manejar una buena guía de identificación de setas (Bastardo et al., 2001; García Rollán, 2002; etc.). Además, hay que prestar mucha atención, ya que las características distintivas de las setas suelen ser claras pero se refieren a pequeños detalles, por lo que cada ejemplar debe ser observado y clasificado con todo rigor dos veces: la primera en el campo, y la segunda en la cocina.

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El tentullo (Boletus aereus) vive en terrenos silíceos formando micorrizas con robles, encinas, alcornoques, estepas y chaguazos. El color oscuro -casi negro- de su sombrero lo distingue de otros migueles.

Por último, conviene desmentir una opinión muy extendida que presupone a las setas en declive desde que vienen siendo recolectadas por el hombre. Casi todos los hongos forestales con aprovechamiento comercial —véase la tabla de la siguiente página — son simbiontes hegemónicos en los bosques donde se recolectan. Tienen, además, una estrategia de camuflaje infalible que los hacen prácticamente invulnerables frente al hombre. Los hongos marcan sus vedas con suma eficacia, permaneciendo ocultos en el suelo hasta que, de forma súbita y en escasas horas, producen infinidad de setas que emiten muchos millones de esporas diarios al viento; semejante potencial reproductivo no precisa de leyes protectoras.

Otra cosa bien distinta es que convenga regular el aprovechamiento micológico mediante leyes y reglamentos que favorezcan la explotación racional de este interesante recurso. Pese a esta realidad, son numerosos los libros de setas y las normativas que se afanan en plantear infundadas alarmas y que aconsejan técnicas de recolección contrarias a lo que la propia naturaleza tiene proyectado.

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Suillus luteus, un mocosín de pinares que posee anillo por lo que es muy fácil de distinguir.

Así, y si exceptuamos a unas pocas especies saprofitas, como por ejemplo la seta de cardo o el mansarón, es mejor extraer las setas completas en vez de cortarlas por la base de su pie, estimulando así su producción y evitando la entrada de enfermedades en su micelio.

A modo de resumen, podemos concluir que la selvicultura debe orientarse en muchos de nuestros bosques y matorrales hacia la producción de «madera comestible de calidad», favoreciendo así la recolección y comercialización de las cosechas de hongos. Surge de esta manera el concepto de selvicultura y de repoblaciones fúngicas ligado al micoturismo y a la recolección comercial de hongos (Oria de Rueda, 1988; Martínez de Azagra et al., 1996).

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EL USO PÚBLICO

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La dehesa de Garagüeta (Soria) guarda tras sus muros el mayor acebal puro de origen natural que se conoce. Esta singularidad y el hecho de que el acebo ya sea un símbolo navideño en todo el mundo occidental ha propiciado su explotación turística y la comercialización controlada de sus ramas con frutos. Actualmente, el dinero que mueven estas actividades económicas supera con creces al generado por su explotación ganadera tradicional.

La progresiva evolución de la población española hacia una distribución preferentemente urbana y su mayor nivel de vida han motivado una demanda creciente de las actividades de ocio en contacto con la naturaleza. En Castilla y León, esta situación permite el desarrollo de un sector terciario de servicios turísticos de naturaleza.

Las actividades recreativas en nuestro medio agrario tienen un amplio campo de actuación porque según los datos del Plan Forestal de Castilla y León (2002), aproximadamente el 98% de los municipios de la Comunidad pueden considerarse rurales, siendo dos tercios forestales y el resto agrícola. Además, este sector de servicios puede ser, y en algunos casos es, un complemento económico a las tradicionales actividades agrícolas, ganaderas y forestales locales. A todo ello ayuda el hecho de que, según el Estudio del Turismo de Naturaleza en España realizado por la Secretaría General de Turismo, evidencia un sector en alza y con usuarios de un nivel socioeconómico medio alto, con una formación académica media o superior y que genera un gasto significativo.

El turismo de naturaleza se caracteriza, en líneas generales, por ser una actividad integradora donde el visitante consume tanto recursos de naturaleza como otros asociados a esas áreas (culturales, etnográficos, gastronómicos, etc.). Esto motiva que la gestión global del recurso ha de ser necesariamente participada entre las diferentes administraciones y los sectores implicados —alojamientos, restauración, empresas de turismo activo, promoción, etc.— y, por supuesto, ha de contar con unos equipamientos de uso público asociados al medio que permitan disfrutar, con calidad y seguridad, de un contacto directo con la naturaleza.

Para que esta actividad se desarrolle adecuadamente y se consolide como un sector que colabora en el mantenimiento y la mejora de las economías locales se deben cumplir tres requisitos básicos.

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La demanda de turismo en la naturaleza está generando una oferta de servicios acorde con las exigencias del usuario potencial: instalaciones de bajo impacto, respetuosas con el entorno, en las que prevalece la calidad sobre la cantidad.

En primer lugar, se realizará una planificación participada con todos los sectores interesados e implicados en el desarrollo de las actividades de naturaleza, de manera que se concrete un modelo de desarrollo territorial que garantice la preservación de los recursos.

En segundo lugar, los servicios suministrados se ajustarán a las expectativas de los visitantes. El éxito de que un destino de ocio en la naturaleza progrese y capte de manera permanente una cuota adecuada de mercado, que permita su pervivencia, depende de que la percepción final del visitante sea en su conjunto positiva, y para ello, han de funcionar adecuadamente todos los agentes participantes en su desarrollo, cumpliendo con unos estándares satisfactorios de calidad. Esta calidad es determinante en el sector porque aunque es un turismo en alza, sus numerosos destinos deben competir para captar la demanda.

Considerando que el usuario medio posee un nivel sociocultural medio-alto, sus expectativas de calidad también lo son, asociadas a su vez a un territorio que subjetivamente le proporciona calidad (medio forestal y natural).

En tercer lugar, es fundamental que las poblaciones locales perciban positivamente este nuevo uso que se desarrolla en su territorio, donde van a compartir actividad. Es necesario que los sectores no directamente ligados a este uso público del territorio no lo consideren como una dificultad sobrevenida a su actividad económica. No son raros los ejemplos donde las comunidades locales, mayoritariamente agrarias, se han opuesto en sus orígenes a la declaración de un Espacio Natural por pensar subjetivamente que este proceso iba a dificultar el desarrollo de sus actividades productivas. Además, y de manera más específica, la administración forestal deberá utilizar, dentro de los instrumentos de gestión de montes, aquellos métodos que técnicamente sean viables para su manejo según las condiciones específicas de cada monte y que se adapten a las demandas de los visitantes relativas a la percepción paisajística, la preservación de los valores naturales ligados a los terrenos forestales y de uso del territorio. Igualmente, en las zonas de especial uso social se han de programar los trabajos del monte de manera que sean compatibles con el uso público que sustentan. La capacidad de intervención sobre el paisaje de las actuaciones forestales, así como su repercusión en la conciencia de la colectividad, son en algunas circunstancias muy importantes.

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La progresiva evolución de la población española hacia una distribución preferentemente urbana y su mayor nivel de vida han motivado una demanda creciente de las actividades de ocio en contacto con la naturaleza.

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El senderismo es una actividad de bajo impacto sobre el medio y que requiere una inversión muy reducida (mantenimiento de sendas, señalización y recursos informativos).Además, conlleva grandes beneficios indirectos para el monte: la conservación de los caminos tradicionales que son parte del patrimonio cultural de una comarca, y el acercamiento de la realidad forestal al usuario —generalmente urbano— que favorecerá su comprensión y respeto. La foto corresponde al camino entre Villabáscones y Quintanilla Sotoscueva, dos pueblos incluídos en el espacio protegido de Ojo Guareña (Burgos).

En cuanto a las actuaciones específicas desarrolladas por la Consejería de Medio Ambiente cabe destacar las que tradicionalmente, y desde hace años, se han realizado en los montes de utilidad pública y que básicamente se centran en los equipamientos constituidos por merenderos, áreas recreativas, senderos, refugios, etc. Estas infraestructuras tienen un carácter valioso porque son el soporte físico de actividades de ocio que redundan en las poblaciones locales tanto en beneficios directos (utilización de senderos por empresas de guías, etc) como indirectos (alojamientos, restaurantes, etc). Así, según los datos del último inventario, el número de equipamientos de uso público en Castilla y León asciende a 1.000 y que en la tabla inferior se desglosan por provincias y categorías. Estos equipamientos son muy demandados por los visitantes y por los habitantes locales, y en su gestión y diseño se deben cuidar tanto los aspectos de comodidad y seguridad de los visitantes como el de protección del entorno natural en el que se ubican.

Los equipamientos de uso público que han alcanzado un mayor desarrollo y una amplia promoción son los de la Red de Espacios Naturales —REN— ya que la Consejería de Medio Ambiente lleva a cabo actuaciones de impulso y crecimiento de las actividades de uso público dentro de los Espacios Naturales y que se plasma en la planificación, la ejecución de equipamientos y la prestación de servicios para el auge de las actividades recreativas.

Se entiende por uso público «el conjunto de programas, servicios, actividades y equipamientos que, independientemente de quien los gestione, se ejecutan con la finalidad de acercar a los visitantes a los valores naturales y culturales de éste, de una forma ordenada, segura y que garantice la conservación, la comprensión y el aprecio de tales valores a través de la información, la educación y la interpretación del patrimonio» (Europarc-España).

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Con los Programas de Uso Público de la Red de Espacios Naturales de Castilla y León se persiguen tres objetivos básicos que han de ser complementarios en su ejecución y que son la conservación de los valores naturales, la promoción de las actividades de educación ambiental y el desarrollo socioeconómico de los Espacios Naturales donde se ubican.

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Tanto el Camino Francés —principal ruta jacobea— como muchas de sus variantes hacia Santiago de Compostela, cruzan los montes y valles de nuestra región, acercando al viajero todo nuestro patrimonio cultural y natural.

Como primer objetivo, para la conservación de un Espacio Natural es imprescindible que en su gestión se regule el uso público del mismo. La declaración de un Espacio Natural lleva con frecuencia asociado un incremento de visitantes. La adecuada ordenación de este flujo de visitas es una necesidad básica para asegurar la pervivencia de los valores que han motivado la protección de ese territorio.

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Los Montes de Oca, principal barrera entre Santo Domingo de la Calzada y Burgos, fueron temidos por los peregrinos jacobeos por «los bandidos y las fieras que los poblaban». En la primera mitad del siglo XII, San Juan de Ortega edifica un monasterio donde ofrece ayuda a los caminantes que llegan exhaustos tras cruzar los bosques de Oca. Hoy es una de las etapas más bellas del Camino.

Así, ha de realizarse un análisis del potencial y de la preferencia y la fragilidad del entorno para el uso público, asignando unos usos de forma que se elabore una planificación que, en la medida de lo posible, compatibilice estos usos, dé satisfacción a la demanda y no cree recelos y molestias a la población local. Esta planificación se plasmará en un diseño espacial y temporal adecuado de equipamientos, actividades y servicios que permita dirigir a los visitantes hacia las zonas aptas y en las épocas adecuadas para el uso público, y reservar el resto del territorio para otras actividades así como para el desarrollo de los procesos ecológicos propios de estos territorios.

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Mapa de la Real Chancillería de Valladolid de 1767, donde se reflejan los lugares y términos pertenecientes a la jurisdicción de Carrión de los Condes (Palencia) y donde el llamado «Camino de los franceses para Santiago de Galicia» figura resaltado.

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Sendero de La Fuentona, en Muriel de la Fuente (Soria).

De las diferentes actuaciones recogidas en los Programas de Uso Público, la creación de equipamientos es, quizás, la más fácilmente identificable por los usuarios. Éstos han de estar convenientemente señalizados y cumplir con unos criterios de calidad, seguridad y, en la medida de lo posible, accesibilidad. Dentro de los Espacios Naturales destacan las Casas del Parque ya que se convierten en un instrumento importante para el desarrollo adecuado de las actividades de uso público, al ofrecer una información gratuita y personalizada sobre todos los recursos de ocio que ese territorio les ofrece. La eficacia de este equipamiento, y por lo tanto su rentabilidad, está supeditada al número de visitantes que acude al Espacio Natural y quiera acercarse a la Casa del Parque. Por ello, es fundamental elegir una ubicación adecuada para esta infraestructura, teniendo en cuenta que no es un recurso turístico lo suficientemente atractivo, por lo que conviene situarla en una localidad de los accesos principales al territorio protegido y desde allí, mediante una información personalizada, derivar la mayor cantidad de visitantes hacia otros equipamientos del Espacio Natural; así se compatibiliza la afluencia de turistas con la conservación de los recursos naturales y se redistribuyen los beneficios generados entre los municipios que integran esta figura de protección. Además, esa atención personalizada permite informar más fácilmente y sensibilizar al visitante para que su actitud en la visita sea respetuosa con el entorno, haciéndole corresponsable de su conservación.

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Señalización del sendero de las antiguas queserías de Guisando en el Parque Regional de la Sierra de Gredos (Ávila). En su rehabilitación se ha creado un lugar de interpretación donde «se elabora el queso y se conserva fresco», como indica la señal del puesto de cabreros «Vega de Barbellido».

En los servicios que ofrece la Casa del Parque se incluyen unas exposiciones que dan a conocer a los visitantes los valores naturales del Espacio, el diseño de la visita y la información sobre la normativa a cumplir, unos talleres para el desarrollo de las acciones de educación ambiental y unos espacios físicos para la celebración de actividades que dinamicen socialmente estos territorios protegidos.

Las Casas del Parque están abiertas a la participación y al disfrute de la población local. Así, cuando no hay actividades programadas se utilizan como lugares de reunión y para el desarrollo de talleres, teatro, cuentacuentos, etc., llenando de vida y sentido estas instalaciones y siendo un punto de encuentro entre el Espacio Natural y sus habitantes.

En el mapa siguiente se recoge la distribución provincial de Casas del Parque en Castilla y León.

Otro equipamiento de gran interés son los senderos, que deben estar adecuadamente diseñados y balizados y además recogidos en un folleto de fácil compresión para su seguimiento en campo al objeto de permitir al visitante un contacto directo y seguro con el Espacio Natural.

Estos equipamientos también ofrecen la oportunidad de transitar por el territorio y cumplir con sus expectativas de andar, tocar, oler, en definitiva, sentir el medio natural que han elegido conocer. En la amplia red de senderos deberá existir un número cuyo trazado sea fácil y posea una buena señalización para que las personas no habituadas a transitar por el medio rural no tengan la percepción de estar perdidas. Este equipamiento es el lugar idóneo para transmitir a través de carteles la información relativa a los recursos naturales, históricos, etnográficos, etc. ligados a su trazado.

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El segundo objetivo incluido en los Programas de Uso Público es la educación ambiental de los visitantes, tanto locales como foráneos. Se pretende lograr que cada grupo de destinatarios conozca los valores naturales del territorio protegido a través de unos cauces específicos de comunicación, de manera que llegue a valorar, apreciar y disfrutar responsablemente de los recursos que el entorno ofrece. Además, con estas actividades se quiere ir más allá del mero conocimiento del Espacio Natural visitado y se tratan también asuntos de interés general que tienen que ver con el comportamiento responsable como ciudadanos para con el medio ambiente. Para conseguir estos objetivos se crean unos equipamientos aptos y ejemplarizantes, como el uso de energías renovables, y se cuenta con un equipo de monitores formados en estas materias.

Este proceso de formación y perfeccionamiento continuo del personal del Espacio Natural es otra de las herramientas fundamentales para lograr el éxito de estas actividades.

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Baliza indicativa del «Camino de la Glorieta» que accede a la Casa del Parque de Sepúlveda en el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón (Segovia). Este sendero está diseñado para ser recorrido por visitantes con movilidad reducida.

Además, se elaboran programas con materiales educativos con el fin de consolidar una oferta constante y especializada para los diferentes usuarios (escolares, asociaciones, etc). Esta labor de educación ambiental se complementa con la edición de materiales divulgativos específicos y con la panelería explicativa de los distintos equipamientos (senderos, miradores, etc) y permite al visitante conocer y entender in situ dichos valores.

Por último, y no menos importante, hacer referencia al tercer objetivo de los Programas de Uso Público, el desarrollo socioeconómico de las poblaciones locales de los territorios protegidos; en este sentido, las actividades de naturaleza tienen gran importancia en las economías locales. Según la Organización Mundial del Turismo el crecimiento anual del sector es superior al 20% y supone en la actualidad un 15% del turismo mundial. En Castilla y León destaca el número de visitantes de la Sierra de Guadarrama, compartida con Madrid, que supera los 3.000.000 de turistas al año. En el gráfico inferior se compara la evolución demográfica desde el año 1900 de la población de los municipios de la Red de Espacios Naturales y los municipios de Castilla y León de menos de 5.000 habitantes (se excluyen los grandes municipios que pueden distorsionar la evolución demográfica); se aprecia que hasta 1950 la evolución fue favorable en ambos casos, si bien la progresión fue mejor en los municipios agrarios. A partir de esta fecha, los dos grupos entran en una etapa de fuerte regresión poblacional, siendo en los últimos años la tendencia negativa mucho más acusada en los municipios agrarios que en los de la REN que, por primera vez en más de 100 años, tienen un indicador poblacional mejor que el resto de los municipios rurales al ver atenuada su pérdida de población.

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Variación demográfica de los municipios con menos de 5.000 habitantes que pertenecen a la REN respecto al conjunto de municipios de Castillas y León. Fuente: INE.

Como ya se ha indicado, para que el turismo de naturaleza se consolide debe realizarse un esfuerzo por ofertar calidad al usuario en el conjunto de productos que consume. En este sentido, y en los Espacios Naturales protegidos de Castilla y León, destaca la puesta en marcha de varios sistemas de calidad. El proceso se ha iniciado con la implantación de un sistema de calidad asociado a los equipamientos, los productos y los servicios que el Espacio Natural oferta y que se plasma con la «Q» de calidad turística que la Secretaría General de Turismo, a través del Instituto para la Calidad Turística Española, ha elaborado para diferentes sectores turísticos, entre ellos el uso público en Espacios Naturales Protegidos. Una vez acreditada la calidad propia, se desarrolla otro sistema de calidad regulado por la Carta Europea del Turismo Sostenible, en el que los objetivos de calidad y compromiso de desarrollo de actividades compatibles con la conservación de los recursos del territorio se extienden, comparten, participan y concretan con todos los sectores implicados en su crecimiento. La consecución de estas distinciones no sólo ayuda a una adecuada gestión de los recursos sino que mejora el entendimiento entre los diferentes agentes participantes y favorece la consolidación y la promoción, a través de campañas institucionales, de estas áreas como un destino de naturaleza de calidad a nivel nacional y europeo.

Otra medida complementaria para el apoyo a las economías locales es el desarrollo de una marca de calidad propia asociada a los productos y a los servicios prestados o elaborados en la Red de Espacios Naturales y que dota a los productores interesados que acrediten una calidad adecuada de una estrategia propia de comercialización que asocia a la imagen de calidad del Espacio Natural protegido con la de su producto.

En definitiva, el uso social del monte o el uso público del mismo están llamados a convertirse en unas actividades respetuosas con el territorio, que complementen a las economías locales y que aporten no sólo riqueza, sino también trabajos de calidad y conocimiento de los recursos y las vivencias que la población local y los visitantes foráneos pueden compartir.

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Variación demográfica de los municipios con menos de 5.000 habitantes que pertenecen a la REN respecto al conjunto de municipios de Castillas y León. Fuente: INE.

 Ocio en el medio natural

Cuenta la leyenda que aquel día D. Enrique III rey de Castilla fue de caza. Anduvo por el monte acompañado de algunos nobles ricamente ataviados, otros enfundados en sus brillantes armaduras (…). La jornada fue dura y cuando llegó la hora de regresar a palacio ya había asomado la luna por los espesos y oscuros montes castellanos (…).

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Las posibilidades de ocio en el medio natural son muy variadas. Una de sus curiosas manifestaciones queda reflejada en esta imagen en la que los gabarreros —antiguo oficio de los que vivían del monte— hacían alarde de sus mañas con el hacha. En la actualidad se han recuperado estas exhibiciones: el 8 de marzo se celebra en El Espinar (Segovia) la «Fiesta de los gabarreros», recientemente declarada de Interés Turístico Regional.

Durante siglos, el disfrute relacionado con el medio natural ha estado ligado con la pertenencia a alguna de las clases privilegiadas.

Reyes y nobles de todos los tiempos encontraron en los montes no sólo la materia prima que les permitía construir los barcos con los que conquistar nuevos mundos, sino también el medio adecuado para las cacerías, el solaz y el recreo.

De ese tiempo a esta parte profundos cambios se han producido en nuestros montes y en nuestra cultura, y hoy es el conjunto de nuestra sociedad, mayoritariamente urbana, quien mira los espacios forestales como un escenario privilegiado en el que desarrollar múltiples actividades relacionadas con el tiempo libre.

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La vinculación del hombre con el monte ha experimentado un fuerte cambio en los últimos cuarenta años, pasando de ser una fuente de recursos necesaria para la subsistencia dentro del medio rural, a ser objeto de demandas más relacionadas con el ocio y el tiempo libre.

Los reinos de Castilla y de León desempeñaron un papel histórico de gran relevancia en la Edad Media y en la Reconquista.

Desde esa época hasta nuestros días el hombre dejó muestras de su arte y de su cultura a lo largo del territorio. Es preciso destacar la importancia que antaño tenían las distintas rutas que cruzaban nuestra tierra y que ahora se han convertido en posibles itinerarios de gran interés, como el Camino de Santiago, que atraviesa nuestra comunidad de este a oeste, dibujando en las tierras castellanas y leonesas casi la mitad de los 750 km que separan Roncesvalles, en Navarra, de Santiago de Compostela, en La Coruña; entre Belorado, en Burgos, y Cebreiro, en Lugo.

Aymerico Picaud, clérigo francés que escribió hacia 1130 la primera guía del peregrino a Compostela, dedica a los reinos de Castilla y de León una parte considerable de su obra. La Vía de la Plata, histórico trazado romano que vertebraba el occidente peninsular uniendo Italica e Hispalis, en Sevilla, con Asturica Augusta, en Astorga; el Canal de Castilla, que rememora aquél viejo empeño de llevar el mar a Castilla; las vías pecuarias, que enlazan los pastos de verano de nuestras montañas con las zonas de invernada de Extremadura y La Mancha; la ruta del Duero, que cruza la mayor parte de la región siguiendo la fértil ribera; o la Red de Senderos, especialmente los de gran recorrido o GR, son caminos que nos invitan a recorrerlos de la mano de nuestra naturaleza, historia, arte y cultura.

La demanda de las denominadas actividades de ocio y tiempo libre se ha incrementado considerablemente en los últimos años. Tanto es así que muchas zonas de Castilla y León pueden encontrar en el turismo uno de los sectores de actividad con más expectativas de crecimiento en los próximos años, aprovechando los valores naturales y la diversidad de oportunidades de recreo que ofrece el territorio de la Comunidad. Un impresionante Patrimonio Histórico-Artístico, caza mayor y menor, pesca, esquí de travesía, deportes naúticos, senderismo, escalada, acampada, micoturismo, ciclismo, paseos a caballo o a pie, aderezado todo ello con una reconocida gastronomía, son sólo  un ejemplo de lo que se ofrece en esta tierra además de la belleza del entorno en el que se practican.

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«Excursión a Siete Picos,Valsaín (Segovia), 8 de agosto de 1890». La infanta Isabel, hija de Isabel II —sentada en la primera fila— gustaba de organizar y disfrutar de excursiones en el entorno de los montes de La Granja de San Ildefonso, residencia veraniega de la familia real.

Las demandas de contacto con la naturaleza son también una exigencia de calidad de vida para la población, pues existe una relación directa entre el nivel de renta y la demanda de espacios de ocio. Los ciudadanos de hoy disponen de más tiempo libre para su esparcimiento del que disponían sus pluriempleados predecesores, criados en el seno de una sociedad que vivía para trabajar. Así, la alternativa de turismo responsable se presenta hoy como una de las apuestas de futuro, capaz de dinamizar la vida y la economía rural y contribuir a frenar el despoblamiento que sufre nuestro medio rural.

Sin embargo, no podemos olvidar que el medio natural cuenta con elementos valiosos y atractivos que por sus propias características resultan frágiles. Un aumento de las actividades recreativas en contacto con la naturaleza sin la ordenación adecuada puede aumentar la presión sobre los recursos naturales, poniendo en peligro la conservación de los espacios afectados.

Saber conjugar estos dos efectos a través del establecimiento de los oportunos programas de uso público es vital para el progreso de nuestra sociedad y para la conservación de nuestro valioso patrimonio natural.

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