ATLAS FORESTAL DE CASTILLA Y LEÓN – XX

Los recursos del bosque

LA MADERA

Introducción

Los bosques de Castilla y León constituyen un valioso patrimonio natural y un importante recurso económico que es clave para revitalizar el tejido socioeconómico y crear empleo en el medio rural, evitando que extensas comarcas forestales lleguen a convertirse en desiertos humanos.

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El estudio del sector de la madera es complejo, debido a la falta de estadísticas fiables en el ámbito de la industria forestal, fenómeno que también ocurre a escala nacional.

Al analizar los datos del Anuario de Estadística Agraria de 1996 (MAPA, 2002), en España se cortaron 14.739.303 m3 de madera cc (con corteza), pero en las mismas estadísticas se indica que el destino de esta producción al consumo industrial fue de 5.948.604 m3 de madera sc (sin corteza). Aunque el paso de la madera con corteza a sin corteza suponga una cierta reducción, ¿qué ha ocurrido con el resto de la madera? No figura que se haya exportado.

La ausencia de estadísticas precisas no quiere decir que se desconozcan los rasgos generales del sector; sin embargo, al descender a las cifras, éstas son aproximadas y poseen un carácter indicativo. En algunos casos se cita sólo la fuente estimada como más coherente y en otros los valores se modifican para adaptarlos a fechas actuales. En definitiva, se pretende presentar las condiciones del sector, sus debilidades y fortalezas, para dar una visión de hacia dónde se encamina y cuáles son sus mayores desafíos.

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La estructura general de la industria forestal es la típica de una región rica en recursos forestales pero con escaso desarrollo fabril. La industria de primera transformación es muy relevante —empresas que elaboran la madera en rollo para obtener un producto intermedio, no dirigido al consumidor último—, mientras que las empresas de segunda transformación, —aquellas que elaboran el producto intermedio, incrementando su valor hasta obtener un producto final—, aunque importantes, tienen menor implantación.

Mientras que la producción maderera de la región supone alrededor del 9% del total nacional, la industria de primera transformación procesa casi el 12% (MAPA, 2002), por lo que consume madera de otras comunidades autónomas.

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Los árboles cortados —como los pinos de la imagen en la Tierra de Pinares vallisoletana— son el testimonio de la constante demanda de un recurso natural renovable por parte de la sociedad. El selvicultor corta los bosques garantizando los principios de persistencia y regeneración, a la vez que genera un importante recurso económico, y contribuye al mantenimiento del tejido socioeconómico y el empleo rural.

Se introduce pino insignis para sierra del País Vasco, y pino negral o resinero para sierra y tableros de desintegración de Portugal; en menor porcentaje llega madera de otras zonas limítrofes, como Extremadura, Galicia, Asturias y Cantabria. Además, exporta fundamentalmente chopo a Castilla la Mancha, Valencia y Murcia, y algo de pino de distintas especies al País Vasco y Galicia.

En cambio, cuando nos referimos a la industria del mueble, como paradigma de la segunda transformación, la producción supone en valor el 3,5% de la producción de muebles en España (Lecuona et al., 2000), y para ello utiliza maderas de especies y calidades que no se ofertan en esta comunidad. La razón de esta diferencia radica en que, para evitar los importantes costes de transporte, la materia prima se elabora en las proximidades de su localización y, tras esa primera transformación, se traslada a los centros de consumo, donde la industria de segunda transformación completa el producto.

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En la actualidad, los aserraderos conjugan la artesanía tradicional y la tecnología más avanzada, con el fin de conseguir una óptima utilización de la madera.

Las empresas dedicadas al sector de la madera y sus derivados ocupa a unas 18.000 personas, cifra que supone más del 12% de los empleos industriales, y factura alrededor de 1.700 millones de euros/año, más del 10% del total de ventas de productos industriales (INE, 1998).

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Los bosques de Castilla y León como fuente del recurso madera

A los bosques de Castilla y León se les atribuye más de la mitad del territorio regional, el 52%, porcentaje que supera a la superficie agrícola, a la que se le asigna el 44%. Como la distribución de usos es similar a la nacional y europea, el alto porcentaje permite suponer una gran importancia del mundo forestal como sector económico, productivo y ambiental. Pero la calificación de forestal se aplica en defecto de cualquier otro empleo y se refiere fundamentalmente al espacio no labrado, a un terreno inculto en el que se incluyen gran cantidad de eriales. La superficie cubierta de árboles desciende al 31,6% de la superficie total, y apenas un 18,9% posee un arbolado denso, lo que constituye un valor escaso para la potencialidad del territorio.

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En relación con las especies, las frondosas representan el 54% de las masas arboladas —encina, roble, haya, chopo, etc.—, mientras que las coníferas cubren el 38% —sabinas y pinos—. El 8% restante está ocupado por mezclas de ambos grupos de especies.

Entre las frondosas, la más extendida es la encina, a la que sigue de cerca el rebollo. Su congénere, el quejigo, ocupa una superficie muy inferior. Sus maderas no poseen buenas cualidades «tecnológicas»; en el pasado sus bosques se destinaron a pastos y a leñas, siendo importante la fabricación de carbón vegetal. En zonas de montaña, el haya puebla las zonas más húmedas y proporciona una madera de buena calidad, sus bosques están acompañados a veces por otras frondosas, como el álamo temblón o el abedul. Los robledales se localizan en áreas reducidas de montaña. Otras frondosas presentes son los castaños, los alcornoques y las formaciones de galería: chopos, fresnos o alisos. Destacan los chopos por ser especies de crecimiento rápido muy utilizadas para cajerío.

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Determinados aserraderos —industrias de primera transformación que elaboran la madera para obtener un producto intermedio— se han especializado en el tratamiento de troncos de dimensiones reducidas, para obtener piezas destinadas a las empresas de carpintería y construcción.

Entre las coníferas, la de mayor superficie es el pino negral, también conocido como pino resinero por su producción de resina, hoy de uso testimonial. Este pino está presente de forma natural en la mayoría de las provincias, ocupando extensas áreas en la meseta y la media montaña.

En segundo lugar por extensión se sitúa el pino silvestre, pino de montaña de distribución fundamentalmente eurosiberiana que proporciona fustes rectos y de gran calidad para su empleo como madera de sierra. El pino piñonero también ocupa áreas importantes en la meseta; su uso en la industria de la madera es sobre todo para trituración. Los pinares de pino laricio y pino carrasco son reducidos, ya que sus principales áreas naturales se sitúan en la mitad oriental de la península ibérica. Otra importante conífera autóctona es la sabina, que presenta en la meseta las mejores y más extensas formaciones del continente, pero cuya corta está muy limitada.

De acuerdo con la propiedad, corresponden a montes privados 2.486.478 ha, el 51 %; a montes catalogados de entidades locales 1.664.206 ha, el 34 %; a montes no catalogados de entidades locales 650.000 ha, el 13 %; y a montes de la comunidad autónoma y del Estado, 95.474 ha, el 2 % restante.

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Las empresas de segunda transformación —aquellas que elaboran el producto intermedio, incrementando su valor hasta obtener un producto final—, aunque importantes en la región, tienen menor implantación. (Industria de aserrado en Íscar (Valladolid) especializada en la elaboración de puertas y ventanas castellanas).

La superficie catalogada de utilidad pública supera 1,7 millones ha, que equivale a un tercio del total nacional, con más de 3.300 montes y un tamaño medio de 525 ha/monte. Con esta base y según datos del Plan Forestal de Castilla y León, el aprovechamiento directo de estas masas proporciona unas producciones cuya valoración en pie suponen 64 millones de euros.

De estos valores se deduce que la producción directa más importante, en términos económicos, corresponde a la madera. Además de estos aprovechamientos existen otros de difícil o más compleja valoración que pueden superar la producción económica de madera, tales como la caza, la pesca, los pastos, así como las llamadas producciones indirectas o externalidades. Las labores de extracción y saca de la madera, transformación y otros procesos proporcionarán un importante valor añadido a los productos. El beneficio debería repercutir sobre la industria castellano leonesa con objeto de mantener un mínimo tejido industrial.

La base de un correcto aprovechamiento pasa por la previa planificación de los mismos. La Ordenación de montes es la disciplina que organiza en el tiempo y en el espacio la selvicultura a desarrollar en una masa forestal para la consecución de unos objetivos productivos y estructurales, garantizando así la persistencia y el rendimiento sostenido de los recursos forestales. Castilla y León puede considerarse, con toda justicia, como una de las pioneras en la aplicación de las técnicas de ordenación forestal tras su aparición en España a mediados del siglo XIX.

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Industrias de la madera

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Troncos de pino silvestre apilados en un parque de madera de Iscar (Valladolid). Esta especie, junto al pino resinero y al chopo, representan en volumen de corta cerca del 90 % del total de la madera que anualmente se apea en la región.

Las empresas de primera transformación agrupan a las dedicadas al aprovechamiento forestal, a las industrias de aserrado, fábricas de chapa y tablero contrachapado, industrias de tablero de fibras y partículas, y la industria de pasta celulósica. Se encuadran dentro de las industrias de segunda transformación las fábricas de muebles, las industrias de carpintería y componentes de construcción y la industria del papel. Las empresas o entidades con actividad económica vinculadas a la madera no se ubican necesariamente en las provincias poseedoras del recurso (Casado, 1997). La presencia de estas empresas se relaciona más con parámetros como la distribución de la actividad industrial general o con los desequilibrios poblacionales de la región.

La industria de la madera está caracterizada por la magnitud de las cortas de mejora en los distintos tratamientos selvícolas y las cortas de regeneración. Tanto en coníferas como en frondosas la tendencia de los últimos años en las cortas de madera ha sido creciente, aunque con oscilaciones debidas básicamente a razones de mercado.

Como se refleja en el gráfico, desde 1965 las cortas se han incrementado en un 88 %, porcentaje similar al de la estadística nacional.

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Piezas denominadas «uñas de gato». Se utilizan en las industrias de carpintería —empresas de segunda transformación— para facilitar el encolado de la madera y su posterior prensado.

De acuerdo con el Plan Forestal de Castilla y León, el nivel actual de los aprovechamientos de madera es de 1.400.000 m3 cc/año, procedentes el 78 % de coníferas y el 22 % de frondosas, valorados en 45,3 millones de euros en pie, que equivale a un precio medio de 32,36 euros/m3. Las tres principales especies en volumen de corta son el pino resinero, el pino silvestre y el chopo, con cerca del 90 % del total de la madera que anualmente se corta. Todas ellas presentan un ritmo de corta creciente en las últimas décadas.

Aunque los aprovechamientos forestales de madera han crecido, las extracciones actuales suponen el 38 % del crecimiento en volumen de las masas; en Europa alcanzan el 65 %, y en España el 57 %. El porcentaje se considera un límite orientativo a efectos de sostenibilidad en la cantidad del aprovechamiento. El valor es inferior en esta región por las siguientes razones:

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Rollizos de madera ya descortezada en un aserradero familiar, ejemplo de empresa de primera transformación (Chañe, Segovia).

Abundan las especies sin utilización industrial de su madera, por ejemplo las del género Quercus, cuyo principal destino es la leña. Como se trata de montes de gran valor ecológico, protector y estético, es un reto tecnológico y social encontrar un aprovechamiento a estos bosques, para evitar su pérdida de valor ante la población y que derive en su abandono y, a veces, en su destrucción.

Un porcentaje importante de la superficie arbolada está compuesta por repoblaciones recientes con especies de crecimiento lento, principalmente pinos mediterráneos. La gran mayoría no ha entrado en producción o se encuentra en sus primeras cortas selectivas de mejora, que proporcionan pequeñas cantidades de madera por hectárea.

Se dispone de un presupuesto limitado para cortas de mejora y otras intervenciones selvícolas. Si se realizasen las claras y los clareos en la medida en que fuesen necesarias, darían lugar a un aumento significativo en la extracción de madera. Las dificultades en el cuidado y la mejora de los montes se deben a varias causas:

Estos tipos de corta no proporcionan beneficios económicos patentes a la propiedad, que incluso pierde dinero, por lo que el propietario no las realiza salvo que cuente con ayudas.

La falta histórica de una cultura forestal en el medio rural, que comprenda los indudables beneficios de estas cortas de mejora.

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Serie histórica de volúmenes de cortas de madera. La industria de la madera está caracterizada por la magnitud de las cortas de mejora en los distintos tratamientos selvícolas y las cortas de regeneración.Tanto en coníferas como en frondosas la tendencia de los últimos años en las cortas de madera ha sido creciente. Fuente:Anuarios de Estadística Agraria (MAPA y Junta de Castilla y León) y Memoria anual de la Consejería de Medio Ambiente (2005).

Un cierto rechazo social, especialmente en el medio urbano, contrario a cualquier tipo de corta; aspecto propiciado por algunos movimientos ecologistas, o por su utilización política en conflictos locales u otros de tipo social.

Este ambiente dificulta la valoración de su necesidad en los niveles de toma de decisión y retrae al gestor de proyectar y ejecutar estos trabajos.

La abundancia de masas en montaña, con difícil acceso, y una creciente protección por causas ambientales.

En este último caso, se podría hablar en ocasiones de un conservacionismo mal entendido que identifica la no intervención con la preservación y mejora de los espacios singulares o protegidos.

El Plan Forestal de Castilla y León tiene previsto una evolución creciente del aporte de madera a la industria. En las próximas décadas las cortas han de incrementar su volumen en 50.000 m3 cc al año hasta alcanzar 2,8 millones de m3 cc anuales en el 2027, momento en el que concluirá su aplicación. Este volumen de madera procederá de la ejecución, a lo largo de los cuatro septenios de vigencia del Plan Forestal, de las siguientes actuaciones:

370.000 ha de labores culturales de mejora en montes gestionados por la Consejería de Medio Ambiente, y 160.000 ha de gestión privada por medio de subvenciones, principalmente clareos con poda baja.

380.000 ha de cortas de mejora en montes gestionados por la Consejería de Medio Ambiente, y 80.000 ha en terrenos de gestión privada, claras fundamentalmente.

170.000 ha de cortas de regeneración en masas adultas, tanto en montes gestionados por la Consejería de Medio Ambiente como en montes de gestión privada.

La mayor parte de los aprovechamientos provienen de la superficie pública gestionada por la Consejería de Medio Ambiente: montes de utilidad pública, propios de la Junta Castilla y León, y los vinculados por consorcio o convenio.

Las cortas en montes de régimen privado, fundamentalmente choperas de producción, suponen la cuarta parte del total. Esta distribución de las cortas por tipos de propiedad es casi inversa en el conjunto del país, debido a la diferente estructura de la propiedad forestal con relación al norte español, donde se concentra la producción de madera.

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Evolución, por grupos de especies, de la relación entre el incremento anual de volumen con corteza (IAVCC) y las cortas totales para el período 1965-2002. Desde 1965, las cortas totales se han duplicado, pero el ritmo de cortas comparado con el crecimiento de madera ha disminuido ligeramente en las coníferas y aumentado en las frondosas. En la actualidad se continúa capitalizando existencias de madera y se garantiza la sostenibilidad del recurso. Fuente:Anuarios de Estadística Agraria (MAPA y Junta de Castilla y León); Primer Inventario Forestal Nacional (1965-1970), Segundo Inventario Forestal Nacional (1986-1996) y Tercer Inventario Forestal Nacional (2002-2004).

Empresas de aprovechamiento forestal

Este subsector está integrado por los empresarios denominados rematantes. Su función es comercial, compran la madera al propietario forestal y, sin apenas transformación del producto, se la sirven a la industria de primera transformación. Estas empresas son difíciles de caracterizar como algo independiente, pues en su mayor parte están ligadas a las industrias de primera transformación, sobre todo pequeñas serrerías, o son unipersonales y sirven a otra empresa del subsector, a veces simultaneando actividades forestales con otras agrícolas o de obra civil. Las operaciones que realizan son el apeo y procesado del árbol, la saca y el transporte de la madera.

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Las técnicas implicadas en el aprovechamiento forestal de la madera cuentan con medios o formas de organización del trabajo muy diversos. Las fases principales de un aprovechamiento son las siguientes:

Operaciones de preparación: planificación de los trabajos, apertura de pistas cuando es necesario, señalamiento de los pies a cortar en la masa, etc.

Apeo del árbol y preparación de los rollizos de madera.

Desembosque o extracción desde el monte hasta un punto de carga para su habitual transporte por carretera.

Transporte a fábrica.

El señalamiento físico de los pies a cortar se realiza mediante un chaspe o marca en la corteza del árbol que llega hasta la madera, y constituye la forma más visual de identificación. La motosierra es el útil empleado para el apeo y la elaboración, es decir, el desramado y el tronzado del fuste en unidades de menor tamaño para facilitar su movimiento y transporte. Posteriormente se desplazan hasta el cargadero donde se apila a pie de carretera o de caminos accesibles.

Cada vez con mayor frecuencia se emplean máquinas automóviles dotadas de aperos especializados que, según la función que realizan, se clasifican en:

Cortadora apiladora, si sólo corta.

Procesadora, sólo elabora árboles previamente apeados.

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Procesadora.

Cosechadora, cuando es capaz de cortar y procesar la madera.

Estas máquinas tienen el inconveniente de requerir condiciones de movilidad favorables que no siempre son posibles en los montes de nuestra comunidad, sobre todo en los de montaña.

Para realizar el desembosque en terrenos abruptos se precisa un tractor de arrastre o «skidder», con un cable de más de 50 m. Estos vehículos son capaces de entrar en la masa, acercarse a la madera apeada y arrastrarla semisuspendida en fustes enteros o en paquetes de trozas cortas.

Para montes situados en terrenos más favorables se utiliza el tractor autocargador que va equipado con una pinza y un remolque, moviendo la madera en suspensión. Tras la extracción de la madera, el rematante está obligado a eliminar los restos de la corta, operación destinada a disminuir riesgos de incendios y plagas. No es, por tanto, un proceso esencial del aprovechamiento, sino una consecuencia del mismo, para lo cual se suelen utilizar máquinas ligeras acoplables a un tractor, como las trituradoras de cadenas o de martillos.

El estudio LIGMA (Rodríguez Nevado et al., 2001) cifra en 285 las empresas de selvicultura y de explotación forestal que operan en Castilla y León; sin embargo, a pesar de incluir 25 viveros y cerca de 100 empresas dedicadas a los tratamientos selvícolas, su evaluación está por debajo del número real de empresas. Las industrias de primera transformación duplican las 285, y es sabido que la mayor parte de ellas practican el aprovechamiento para su propio suministro, ya sea parcial o total.

Las características generales de estas empresas son su pequeño tamaño y escaso grado de tecnificación. La maquinaria forestal se puede estimar en 15-20 cosechadoras y 80-100 tractores de saca, apoyados por otros 150 no específicamente forestales pero adaptados a este ámbito.

La mano de obra se evalúa en 150 maquinistas que, de forma exclusiva, conducen las cosechadoras y los tractores de saca, y otros 50 de forma eventual. Los operarios manuales carecen de especialización, siendo un personal que complementa su actividad agrícola y/o ganadera principal, con una forestal ocasional. Se puede cifrar en 100.000 los jornales anuales destinados a trabajos de motoserrista-apilador, que equivaldría al trabajo exclusivo de 400 personas.

La dureza de estos trabajos manuales dificulta la contratación de mano de obra local, por lo que se recurre, desde hace unos años, a mano de obra inmigrante.

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Este empleo sectorial sufre un fenómeno muy extendido en los países desarrollados, que acusa especialmente el sector forestal: la falta de personal especializado. Las causas son sencillas, los trabajos manuales de aprovechamiento forestal implican esfuerzos de entre 5.000 y 6.000 kcal/día (Sunberg & Silversides, 1988), un medio de trabajo abrupto, una climatología dura tanto en invierno como en verano, molestias causadas por insectos, manejo de maquinaria peligrosa, ruidosa y con vibraciones, como la motosierra, y unos niveles salariales que, aunque han mejorado, no alcanzan los de sectores competidores como la construcción; por todo ello no es una profesión demandada, a lo que hay que añadir, por la falta de cultura forestal, que sea un empleo poco valorado y sin programas de formación profesional adecuados. Los actuales profesionales son personas altamente vocacionales, muy arraigados al medio rural y especialistas valiosos que realizan una tarea imprescindible para los bosques y la sociedad.

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La contratación de inmigrantes, que permanecen poco tiempo en estos empleos, es una solución parcial a la escasez de personal. Incrementar el grado de mecanización no es fácil por la limitada capacidad de inversión de las pequeñas empresas. La modernización del sector hasta el nivel de los países forestalmente más avanzados es una exigencia, posible con la bajada de los costes relativos de las máquinas que cortan y elaboran in situ la madera «cosechadoras», y cuyo logro permitiría tanto sustituir a unos trabajadores que sencillamente no existen, como hacer los trabajos forestales más dignos, cómodos y, sobre todo, seguros.

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Autocargador en aprovechamiento comercial de un robledal de Quercus petraea. M.U.P. nº 303 «Hijedo», en Alfoz de Santa Gadea (Burgos).

El déficit acusado de profesionales, especialmente jóvenes, origina los siguientes problemas:

La escasa formación y entrenamiento reduce la productividad y no posibilita el aumento de los salarios; a ello ha contribuido también la extensión en el sector de la retribución por el Régimen Especial Agrario de la Seguridad Social.

Los aspectos ambientales del trabajo de los operarios forestales requieren un alto grado de conocimientos y motivación que permita evitar los efectos negativos puntuales sobre fauna y flora, así como la reducción o la reparación de daños producidos por la maquinaria u otros. La profesionalización del empleo favorecería la consecución de estos objetivos.

La falta de motivación y de formación adecuada acarrea un mayor riesgo de accidentes laborales. Un reciente estudio sobre seguridad y salud, realizado fundamentalmente en Castilla y León, sobre el grado de cumplimiento de las medidas de protección personal obligatorias (Ambrosio et al., 2000), cita que de 77 trabajadores sólo un 4% llevaba casco, un 2% visera de protección facial, un 5% protectores auditivos, un 60% guantes, un 32% botas homologadas, y un 15% pantalones anticorte.

El resultado de este estudio revela un índice de frecuencia de accidentes de 1.581, es decir: aproximadamente tres accidentes por cada 2.000 horas de trabajo, casi cien veces más que el índice de frecuencia media en el sector agrario, por lo que es obligada la compleja incorporación de medidas de seguridad y salud.

Esta actividad ocupa a 250 camioneros que cotidianamente transportan troncos o trozas de madera hacia las fábricas. Se trata de un trabajo duro: los camiones deben acceder a los montes por pistas de tierra, cargar en condiciones meteorológicas adversas, y recorrer centenares de kilómetros hasta las industrias de destino. El valor del transporte se estima en 30 millones de euros/año, cantidad que representa dos terceras partes del valor de la compra de la madera a sus propietarios.

La revalorización social de la actividad forestal como base de la modernización del sector permitiría desarrollar la economía forestal local y fijar la población al entorno. La profesionalización del trabajador forestal exige iniciativas de formación continua y medidas de fomento de la contratación estable, así como acciones de comunicación social, y extensión forestal.

También es necesario que, a corto plazo, se produzcan cambios profundos hacia una mayor profesionalización empresarial, que posibilitaría una mayor mecanización, casi global, de los aprovechamientos, y la necesaria responsabilidad empresarial sobre los potenciales impactos ambientales desfavorables de estos trabajos.

De acuerdo con estas nuevas exigencias, la región debería contar con alguna gran empresa con fuerte soporte técnico y de gestión, es decir, con personal técnico en sus plantillas, hoy prácticamente inexistente en el subsector, auxiliada por pequeñas empresas que ejecuten los trabajos directos. Esta estructura de empresas, con las correspondientes ayudas a la mecanización avanzada, permitiría llegar a 80 cosechadoras, capaces de elaborar 1,5 millones de m3 de madera cc, dejando las operaciones manuales a un reducido número de empresas, de carácter más o menos artesanal, ligadas a las extracciones problemáticas:  especies o ejemplares para determinados usos,  áreas muy accidentadas, o con condicionantes de protección estricta. Asimismo, para modernizar los equipos y reducir las dificultades de los trabajos, se debería incorporar a los actuales equipos de saca otros apoyados en cables aéreos, teleféricos de uso forestal que faciliten una saca de madera altamente respetuosa con el medio ambiente, destinada a lugares con mayor pendiente o mayores exigencias medioambientales.

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Los camiones que transportan la madera deben acceder a los montes por pistas de tierra, cargar en condiciones meteorológicas adversas y recorrer centenares de kilómetros hasta las industrias de destino. M.U.P. nº 18 «Pinar y Dehesa de Abajo» de Alcazarén (Valladolid).

La necesaria reestructuración requiere ayudas de la Administración y cambios en los procedimientos de gestión de las subastas —fomento de empresas más tecnificadas, posibilidades de continuidad y, con ellas, de planificación a medio plazo, medidas para potenciar la transparencia, etc.— que ayudarán a la estabilidad de este entramado empresarial.

Cuando los aprovechamientos alcanzan cierta extensión relevante, sería conveniente exigir un proyecto o plan de aprovechamiento, elaborado por un especialista cualificado y valorado por la Administración. La redacción del documento optimaría los aspectos técnicos, económicos, ambientales y laborales, más allá de lo que permiten los actuales sistemas de control.

Empresas de aserrado

En este subsector se incluyen los aserraderos tradicionales: industrias que procesan la madera en rollo y la transforman en tabla y tablón, como aquellas empresas que además realizan alguna pequeña elaboración, como paletas de carga o bobinas para cables. También recoge las que fabrican vigas, pilares, y otros elementos básicos para la construcción. Según el estudio LIGMA, en Castilla y León operan 376 aserraderos —estimaciones recientes reducen la cifra a 250—, a los que se deben añadir 64 empresas de embalajes. La actividad ocupa a 1.600 trabajadores, que elaboran 1 millón de m3 de madera en rollo y producen 0,5 millón de m3 de madera aserrada, facturando algo más de 100 millones de euros/año.

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Sierra vertical automatizada. Cuando un tronco ya descortezado llega a la sierra para su despiece primero se obtiene una pieza denominada costero, con los cortes siguientes de la cara más externa del tronco se consiguen piezas menos nudosas llamadas tabla y tablón pero de espesor variable. A continuación, el aserrador da un giro de 90º o 180º al tronco y vuelve a obtener piezas de la misma calidad. En el centro del tronco la madera es más nudosa y de él se extraen los tablones más gruesos, así como vigas de estructura.

El aserrado es realizado por empresas relativamente bien estructuradas, pues un 10% de las mismas elabora el 85% de la madera y cuenta con el 60% de los trabajadores.

Fabrican productos muy especializados, destinados al sector del envase, la producción de palets, la madera para la construcción u otros destinos muy específicos.

Una única empresa, ubicada en Cuellar (Segovia), elabora, con apenas el 3% de los trabajadores, el 20% de la producción. Están adaptadas, o en fase de adaptación, a un mercado muy competitivo que exige una especialización en la elaboración de la materia prima. Disponen de sistemas de transformación con un alto nivel tecnológico y de automatización de procesos para un elevado nivel de producción y calidad del producto. Un problema latente es el incremento y la estabilización en el tiempo del volumen de madera regional dedicado al aserrío.

La atomización del sector se debe a las 300 empresas que apenas ocupan a uno o dos empleados. Elaboran como media menos de 1.000 m3 de madera en rollo al año y producen piezas poco especializadas, sin secar ni clasificar, en un formato escasamente adaptado a los requisitos exigidos por el mercado. Son empresas poco competitivas con un carácter familiar de subsistencia, que permanecen por la demanda actual de un mercado artesanal y a la medida, con destino a carpintería y mobiliario de vivienda rural, rehabilitación, etc.

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Los aserraderos principales se están adaptando a factores como la clasificación de la madera en rollo, la adopción de medidas de largos fijos, la inserción de sistemas de optimización del despiece de la madera, la clasificación automática de las tablas y tablones, y la implantación de las normas ISO 9.000 y 14.000. El éxito y la celeridad en adoptar estas medidas permitirán la supervivencia a medio plazo de estas empresas. Asimismo, es una gran oportunidad para potenciar los mercados que utilicen los materiales de las gamas inferiores de calidad, la fabricación de tableros alistonados, el aprovechamiento de maderas de pequeñas dimensiones o el empleo de especies regionales con escasa salida comercial en la actualidad, como el rebollo.

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Empresas de chapa y tablero contrachapado

La obtención de la chapa de desenrollo es un aprovechamiento que requiere maderas de gran calidad, con fustes muy rectos y cilíndricos, que exige una selvicultura especial por los altos precios que se pagan. El proceso se efectúa en el torno de desenrollo o desenrolladora, que es un torno automático en el que la troza, sujeta entre dos puntos motrices provistos de garras, gira contra una cuchilla, que corta la chapa según una generatriz del tronco.

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El producto típico es el tablero contrachapado. Su fabricación consiste en superponer y encolar un número de chapas impares, dispuestas entre sí formando un ángulo de 90º respecto de la dirección de la fibra. La industria del tablero contrachapado y de la chapa decorativa plana comenzó, de una forma muy artesanal, con fábricas de reducida capacidad de producción y muy poco automatizadas.

En 1920 inició su actividad La Aeronáutica de Bilbao, fabricando tablero contrachapado. La crisis de los años 70 obligaría a estas industrias a realizar una reestructuración, dando lugar al cierre de algunas empresas.

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La evolución tecnológica más significativa se debe a la necesidad de nuevos equipos para adaptar los procesos a la calidad de las nuevas materias primas y a la automatización de los mismos.

El sector de la chapa y el tablero contrachapado en Castilla y León abarca 12 fábricas en producción. Ocupa en empleo directo a 210 personas, consume unos 600 m3/día de madera de chopo procedente de cultivo, que prácticamente es la única madera consumida —el 80 % del clon I- 214, con un consumo anual de 132.000 m3/año. Se distinguen tres subsectores según el tipo de producto:

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Chapa seca de gran formato para tablero industrial de grandes dimensiones. Existe una fábrica en Valencia de Don Juan (León), con tecnología punta; ocupa a 50 personas y consume 300 m3 de madera de chopo/día.

Tablero contrachapado de pequeñas dimensiones para envase, lamas o industria en pequeño formato. Existen tres fábricas anticuadas, una de ellas en fase de cierre. Ocupa unas 110 personas en empleo directo y consume 120 m3 de madera de chopo/día.

Chapa verde. En general, sus instalaciones poseen tornos de pequeña dimensión y la chapa va destinada fundamentalmente a la fabricación de envases para frutas y hortalizas de la huerta de Murcia y Valencia.

Su futuro es muy incierto, ya que el envase de tablas está siendo sustituido por otros productos —MDF, cartón, plástico— y cada vez tiene menor mercado y precios más bajos. Reúne a 8 fábricas que ocupan a unas 50 personas en empleo directo y consumen 180 m3 de madera de chopo/día.

En general, el sector está en proceso de cambio. Hace cinco años sólo se procesaba localmente el 25 % de la madera regional; el resto se desviaba a los centros habituales de producción de tablero contrachapado de Valencia, Murcia, y La Rioja. Hoy consume el 55 % tras la puesta en marcha, hace cuatro años, de la fábrica de León, cuya demanda de madera ocasionó un aumento del 25% del precio de la madera de chopo en pie; situación que ha llevado a los pequeños fabricantes ha soportar una fuerte presión en la compra de la madera, producto que constituye el 50 % de los costes de producción y cuyo incremento no ha podido trasladar al precio final del tablero contrachapado, que sólo subió un 5% en este periodo. Las empresas poco competitivas abandonan paulatinamente y las que continúan necesitan producir más y mejor para reducir sus costes de producción y acceder a unos mercados que exigen alta calidad.

El sector precisa mayor disponibilidad de madera y a precios más bajos y estables; mejor procesado, hasta llegar a terminar el tablero contrachapado; inversiones en tecnología, para elaborar productos de futuro; y un proceso de concentración que, incrementando notablemente el tamaño de los centros de producción, permita la reducción de costes y la gestión empresarial más profesionalizada.

Empresas de tablero de partículas y fibras

Los tableros constituyen un producto relativamente reciente que ha sustituido, por su bajo coste, a la madera maciza en la industria del mueble; se utilizan maderas de baja calidad que son transformadas en planchas que imitan a la madera, poseyendo buenas cualidades estructurales.

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La obtención de la chapa de desenrollo es un aprovechamiento que requiere maderas de gran calidad, con fustes muy rectos y cilíndricos, y exige una selvicultura especial por los elevados precios del mercado. Secuencia de obtención de tablero contrachapado en la fábrica de Valencia de Don Juan, León. a- Abastecimiento del torno con trozas de madera en la línea de desenrollo y detalles del proceso de transformación. b- Troza de 2,5 metros de longitud una vez cilindrada en el torno; de ésta se extraerá la chapa con la que se formarán las caras y las almas (también llamadas largueras) del tablero. c- Chapa sin nudos, procedente de la parte podada del tronco, desenrollada en largos de 2,5 metros y 1 milímetro de espesor, para ser utilizada como caras en la superficie del tablero. d- Línea de composición del tablero y prensas. Normalmente, los tableros tiene un número impar de chapas. Las contras se encolan por las dos caras agregando, a ambos lados, almas o caras hasta alcanzar el espesor necesario. Es muy habitual que se realicen de 5 chapas, llevando en este caso, dos caras en la superficie, dos contras pegadas a éstas por el interior y un alma central. e- Final de línea de fabricación y apilado para almacenamiento.

El tablero de partículas está formado por trozos de madera u otro material leñoso procedente de trituración, aglomerado entre sí mediante adhesivo y presión. En el tablero de fibras los componentes son de menor tamaño, pues se emplean las células que componen la madera u otros vegetales, refinadas parcialmente y apelmazadas mediante su sedimentación y/o presión en caliente.

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En España la producción del tablero de desintegración se inició en Valladolid, con la fabricación del tablero de fibras duro. En 1951 comenzó la fabricación del tablero de partículas en Quart de Poblet, en Valencia, aunque el tablero era diferente al que hoy se utiliza pues, más que partículas, su composición era de virutas. A finales de esta década se instaló en Burgos una fábrica cuyo tablero era similar al de partículas actual. A partir de la década de los años 60, se empezó a desarrollar esta industria, de tal forma que en el año 1976 existían 30 fábricas, con una capacidad de producción de 2 millones de m3. Ese mismo año, se instaló en Cella (Teruel), la primera fábrica de Europa de tablero de fibras de densidad media, y se inició una crisis generalizada que obligó a la reestructuración en el mercado. Las empresas con mayores dificultades de financiación para la modernización de las instalaciones cerraron; permanecen aquellas que incorporaron la tecnología electrónica y la informática para el control de los procesos de producción y el desarrollo de nueva maquinaria.

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Hoy día la industria está formada por 24 líneas de fabricación distribuidas en 16 plantas industriales.

En Castilla y León funcionan 4 empresas ubicadas en Castañares (Burgos), Soria, Valladolid y Villabrázaro (Zamora); cuyas factorías poseen niveles tecnológicos elevados, con líneas automatizadas de control informatizado de la producción, con distintos tipos de acabado del producto, ya sea lacado o con recubrimiento melamínico, adaptándose a los requisitos de calidad y de acabado que exige el mercado. En conjunto, disponen de 2 líneas de tableros de fibras y 5 de tableros de partículas.

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Detalle de tablero OSB —tablero de virutas orientadas— en la imagen superior, no producido en España pero muy utilizado en la fabricación de tableros «sandwich». En Soria existe una moderna fábrica de estos tableros, en los que se emplean diversos tipos de tablero y madera aserrada machiembrada en las caras exteriores y como núcleo fibras vegetales o poliestireno extraído o expandido.

Todas ellas alcanzaron plena producción durante el año 2000, logrando rendimientos próximos al 100 % de su capacidad instalada. La producción diaria total asciende a 2.800 m3, lo que representa el 23% de la producción española, de la cual 2.050 m3 corresponden al tablero aglomerado —21 % de la producción nacional—, y 750 m3 al de fibra —27 % de la producción nacional—.

Este subsector se complementa con 20 empresas de tamaño medio que realizan acabados alternativos a los tableros, fundamentalmente rechapados, y sirven directamente a las empresas del mueble. El número de operarios empleados en esta industria se sitúa en torno a 1.000, facturando casi 400 millones de euros/año.

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La importancia de la industria de tableros en el sector forestal es elevada, tanto por aprovechar madera procedente de claras que, por sus dimensiones, no tiene utilidad en otros empleos, como por abastecerse de residuos de aserraderos y de otras industrias forestales, o utilizar madera de reciclaje. Su presencia contribuye a revalorizar el sector, sobre todo los aserraderos.

Según un estudio de Arthur Andersen en 2000, citado en ANFTA, 2001, las fábricas de tableros de partículas utilizaron como materia prima la siguiente:

26 % madera en rollo, fundamentalmente de coníferas.

26 % residuos astillables.

22 % astillas procedentes de restos del monte, ramas, etc.

20 % serrín y viruta de aserraderos o carpinterías.

6 % reciclado.

Estas empresas muestran un gran interés por el suministro de materia prima procedente de bosques certificados, y se ven amenazadas por la competitividad de las plantas de biomasa para el abastecimiento de los subproductos o residuos de la madera.

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El pueblo de Íscar (Valladolid), en reconocimiento al noble trabajo del carpintero que ha generado en sus gentes una tradición histórica de prosperidad.

Empresas de pasta y papel

El papel es uno más de los derivados de la madera, que se obtiene mediante un proceso físico, químico o físico-químico que la descompone en sus unidades elementales, dando lugar a una pasta celulósica con diversas aplicaciones.

En Castilla y León destaca de manera significativa una fábrica de pasta en Miranda de Ebro, en Burgos, de tecnología antigua, que consume más de 300.000 m3 de madera de eucalipto procedente de comunidades vecinas, como Cantabria, Asturias y Galicia. Produce 100.000 t de pasta, emplea a más de 300 trabajadores y su facturación supera los 60 millones de euros/año. Además, existen otras 22 pequeñas y medianas empresas, la mayoría basadas en el aprovechamiento y reciclado del papelote, que ocupan a 300 trabajadores y facturan alrededor de 60 millones de euros/año.

Este subsector se completa con otras 24 empresas de manufacturados del papel y cartón, destacando 3 de tamaño mediano o grande. La mano de obra asciende a 700 personas y sus productos tienen una valoración cercana a los 250 millones de euros/año.

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Empresas de carpintería y construcción

Son empresas que fabrican componentes de carpintería, suelos, frisos, puertas, mamparas, escaleras, materiales de decoración —en menor medida—, elementos estructurales para construcción fija y casas prefabricadas; su número supera las 800 (LIGMA, 2001) y ocupan alrededor de 6.000 empleados, siendo la mayor parte de carácter artesanal. De ellas, sólo 62 empresas poseen cierta tecnología (González Álvarez et al., 1997) y, pese a representar el 6% de las empresas, emplean a 2.143 trabajadores, un 35% respecto del total. Facturan alrededor de 500 millones de euros/año, algo más del 16% del total nacional, cifra que da idea de su importancia económica.

La carpintería está claramente desarrollada en Castilla y León, gracias a uno de esos efectos curiosos que acumulan en el espacio un mismo tipo de empresas, por el simple fenómeno de la «imitación»; así, existe una llamativa concentración de empresas industrializadas en Iscar (Valladolid), dedicadas fundamentalmente a la fabricación de puertas, cercos, y molduras. Fuera de este entorno destaca la existente en el norte de la provincia de Soria, en los municipios de Duruelo y Covaleda, que aprovecha los recursos de los pinares que cubren sus sierras. El número total de empresas apenas supone el 7,5 % de las nacionales.

 Las empresas industrializadas presentan un grado de competitividad muy elevado en el conjunto nacional, particularmente en el desarrollo del producto y en el grado de mecanización de la empresa. Sin embargo, poseen carencias en aspectos como el diseño industrial, la innovación o la integración empresarial para afrontar la comercialización o el aprovisionamiento. La implantación de procedimientos actualizados de control de la calidad puede considerarse como relativamente deficitaria. Representan más del 11% del total nacional y ocupan un 16 % de los operarios.

En cuanto a las empresas no industrializadas, su labor es complementaria a las anteriores pues, como se indica en el esquema de comercialización de la madera, sirven de unión entre las carpinterías industrializadas y el consumidor, instalando los productos industrializados en obra y complementando estos materiales con otros más sencillos y específicos, que ellos mismos producen, o con la fabricación de elementos de carpintería a medida del consumidor.

Así, los carpinteros artesanales compran los cercos, las hojas de las puertas y las ventanas a empresas industrializadas, las colocan en obra pero también realizan pequeños detalles que les pide el constructor que, al no ser normalizados, ellos mismos tienen que manufacturar.

Empresa del mueble

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Mesa de televisión del diseñador Cul de Sac para una empresa de Soria especializada en la fabricación de mueble de hogar.

En el ámbito nacional, este subsector es el que proporciona un mayor valor añadido a la madera, situando su cifra de facturación por encima del conjunto de los subsectores.

En Castilla y León su cifra global de negocio apenas supera los 250 millones de euros/año, es decir, la mitad que en el sector de la carpintería y la construcción, a pesar de ser un subsector importante en sí, pues en esta comunidad se ubica el 10% de las empresas nacionales del mueble, unas 1.000 de las 10.000 existentes (LIGMA, 2001); sin embargo, sólo emplea a un 4,5% de la mano de obra, unos 5.200 operarios de los 111.000 existentes (Lecuona et al., 2000). Si se analiza la cifra de facturación, ésta representa el 3,5% del total nacional (Lecuona et al.,2000), lo que da una idea de su menor competitividad.

Una quinta parte de la materia prima que utilizan las empresas procede de la región, que se emplea sólo para aspectos de baja calidad, debido a la falta de uniformidad y de una estabilidad en los catálogos de precios y de características: dimensiones, humedad, etc. Sin embargo, se puede afirmar que el uso de las especies regionales supone una oportunidad tanto para los propios recursos madereros —si es posible ponerlos en el mercado con valores añadidos como madera certificada y su calidad— como para un amplio segmento de estas empresas. Tal sinergia tendría, presumiblemente, efectos beneficiosos en la percepción por la población castellano leonesa de la riqueza de su patrimonio forestal.

También se da el fenómeno de la «imitación», concentrándose en Almazán (Soria) y en el norte de esta provincia, donde se elaboran muebles a partir de madera maciza de pino en estilo rústico provenzal o rústico moderno. En el sur de la comunidad (Medina del Campo e Iscar, en Valladolid, y Cuellar, en Segovia) el mueble se diseña a base de tablero en estilo moderno funcional. Sin embargo, esta vecindad de empresas no ha servido para incrementar su nivel de desarrollo, como ocurrió en el subsector de la carpintería.

Tampoco existe, salvo excepciones, integración vertical u horizontal de empresas que permita complementar las capacidades de cada una de ellas. Individualmente intentan introducirse en el mercado con unos productos con carencias muy generalizadas en diseño, productividad, rigidez de fabricación y técnicas comerciales.

Aunque un cierto número de empresas tienen un buen nivel tecnológico, en cuanto a maquinaria se refiere, presentan problemas de gestión, que van desde el enfoque de la estrategia empresarial con el que competir en el mercado hasta la organización de la producción, la calidad del producto, etc. Como indicativo del escaso estado tecnológico del sector, de las 170 empresas que disponen de distintivo de calidad del producto de la Asociación de Investigación y Desarrollo de la Madera y Afines, AIDIMA, sólo tres pertenecen a Castilla y León.

Este subsector necesita una reconversión profunda que permita convertir los talleres y fábricas en empresas, y eso sólo se puede acometer a través del propio sector con ayuda de la Administración, que debería empezar con la necesaria concienciación de las asociaciones empresariales y concluir con el estudio individualizado de cada fábrica, de sus fortalezas y sus debilidades, y de la definición de la estrategia empresarial.

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