La comarca como entidad natural, histórica y administrativa – Manuel Arias López (2001)

La comarca como entidad natural, histórica y administrativa

 Escrito por Manuel Arias López 2001

 B) La tierra de Alvargonzález en la comarca del Alto Duero

 Un tributo inigualable de las letras castellanas a la hora de evidenciar el concepto cultural de la comarca nos lo ofrece la entrañable creación de La Tierra de Alvargonzález configurada en una doble versión en prosa y verso de A. Machado. Nada nos aclara el poeta sobre si el texto en romance fue anterior a la prosa. Sabemos que el modelo en prosa fue escrito16-01 en París en 1911 y publicado también en París por Rubén Dario en la revista Mondial Magazine en enero de 1912 y posteriormente en junio en Campos de Castilla. Si nos atenemos a la fecha de su aparición enero de 1912, tampoco nos lo aclara; de todos modos el asunto deviene intrascendente para nuestro propósito, como irrelevantes resultan las pequeñas diferencias del texto en cada uno de ellos. El paralelismo entre ambas versiones resulta tan cercano que a veces, digamos que se complementan y de todos modos la vena poética de Antonio Machado no deja de manifestarse en ambas versiones e incluso más de un crítico encuentra mayor contenido poético en el texto en prosa, poniendo en entredicho las fronteras entre una y otra forma literaria.

Nuestro interés lo constituye la concurrencia de una leyenda que enlaza con la presencia cultural del concepto de la comarca objetivada en La tierra de Alvargonzález, ubicada en la comarca soriana de Pinares en el Alto Duero, y con un específico desarrollo desde la época alto-medieval, en la que los ricos hacendados castellanos devienen hidalgos del conde García Fernández. La leyenda es contada a Machado por el sagaz campesino, acompañante ocasional de viaje, “pienso en lo mucho que ellos saben y nosotros ignoramos, y en lo poco que a ellos importa conocer de cuanto nosotros sabemos”[1]. “El campesino cabalgaba delante de mi, silencioso. El hombre de aquellas tierras, serio, y taciturno, habla cuando se le interroga, y es sobrio en la respuesta. Cuando la pregunta es tal que pudiera excusarse, apenas se digna contestar. Sólo se extiende en advertencias inútiles sobre las cosas que conoce bien, o cuando narra historias de la tierra”.

Después de cabalgar dos horas cruzamos un puente de madera sobre el Duero, “por aquel sendero, me dijo el campesino, señalando a la diestra, se va a las tierras de Alvargonzález; campos malditos hoy; los mejores antaño, de esta comarca”. Y a mi pregunta, al respecto respondió, “Alvargonzález fue un rico labrador más nadie lleva ese nombre por estos contornos. La aldea donde vivió se llama como él se llamaba, y las tierras de Alvargonzález los páramos que la rodean”. De este modo tan sutil nos introduce Antonio Machado en la comarca soriana de Pinares. El campesino añade que siendo niño “oí contar a un pastor la historia de Alvargonzález y sé que anda inscrita en papeles y que los ciegos la cantan por tierras de Berlanga con singular connotación de la épica castellana. De la comarca que riega el Duero, desde Urbión donde nace, hasta que se aleja por tierras de Burgos, se habla de las bodas de Alvargonzález rico labrador de este territorio”.

Como es tradicional en las acaudaladas gentes de Castilla mientras el primogénito hereda y asegura la estirpe el resto de los descendientes se reparten entre la Iglesia y las armas aunque en este caso únicamente Miguel, el menor de los hijos es el destinado al seminario pero “prefería las lindas mozas a los rezos” y dispuesto a no vestirse más por la cabeza manifiesta a su padre la intención de embarcarse para las Américas. “Mucho lloró la madre pero Alvargonzález vendió el encinar y entregó a su hijo cuanto había de heredar: toma lo tuyo, hijo mío y que Dios te acompañe“.

Los páramos que rodeaban la aldea de Alvargonzález formaban parte de la floreciente comarca en la que se había asentado el solicito labrador, en una tierra a la que prodigaba sus generosos esfuerzos sin desdeñar su íntimo agradecimiento, “Dios mi señor, que colmaste las tierras que labran mis manos a quien debo pan en mi mesa, mujer en mi lecho y por quien crecieron robustos los hijos que engendré, por quien también mis majadas rebosan de blancas merinas y se cargan de fruto los árboles de mi huerto y tienen miel las colmenas de mi abejar; sabe Dios mío, que se cuanto me has dado, antes de que me lo quites”. Así de este modo, al pie de una fuente que un olmo gigantesco sombreaba, después de refrescarse con unos sorbos de agua, recostado en la tierra, plácidamente se quedó dormido.

V-30-10_P

Y prosigue la descripción, “como si las hadas que hilan los sueños hubiesen puesto en sus ruecas un mechón de negra lana, ensombrecióse el sueño de Alvargonzález”. Un hachazo en el cuello y cuatro puñaladas en el pecho pusieron fin a sus sueños. Mala muerte le dieron al labrador los malos hijos, a la vera de la fuente. El hacha que tenían de sus abuelos y que tanta leña cortó para el hogar tajó el robusto cuello y el cuchillo con el que el buen padre cortaba el pan que repartía a los suyos en torno a la mesa, se hundió en el más noble corazón de aquella tierra“…

“En su avariciosa ofuscación, los hijos de Alvargonzález no saben lo que han hecho. Al padre muerto arrastran hacia un barranco y en la Laguna Negra que no tiene fondo, arrojan su cadáver con una piedra atada a los pies.

La laguna está rodeada de una muralla gigantesca de rocas grises, donde anidan las águilas. Las gentes de la tierra en aquellos tiempos no osaban acercarse a la laguna ni aun en los días claros. Los viajeros que, como usted, visitan hoy estos lugares, han hecho que se le pierda el miedo. Consumado el parricidio los hijos de Alvargonzález tomaban por el valle. Dos lobos asomaron al verles pasar, pero los lobos huyeron espantados. Así heredaron los malos hijos la hacienda del buen labrador y turbaron la paz de la comarca, pero nadie osó acusar del crimen a los hijos de Alvargonzález, porque el hombre del campo teme al poderoso y la laguna jamás devuelve lo que se traga”.

Hasta aquí los detalles más significativos de la leyenda con las inigualables palabras de Antonio Machado. No cabe duda que en la mentalidad de los habitantes de una región está muy presente el concepto de comarca traducido en el prototipo cultural de la misma. Físicamente se trata de una comarca con una clara unidad geográfica que comprende buen número de aldeas y lugares, pequeños y dispersos, y que se identifica totalmente con el modelo comarcal descrito a lo largo de nuestro estudio e indudablemente inspirada en el contexto natural geográfico de las fuentes del Duero. En numerosos topónimos comarcales se alude a la población que constituye el núcleo fundamental como ocurre en la leyenda, con la aldea de Alvargonzález que extiende su influencia a las colectividades agrícolas de los páramos que la rodean y que constituyen un territorio caracterizado por cierta uniformidad en los rasgos físicos, que incluso resulta extensible al inmanente contexto cultural que pone de manifiesto el valor afectivo de sus moradores destacado por la abundancia de aquellos campos y la hermosura con que recompensa a sus cultivadores, “el sol de primavera iluminaba el campo verde y las cigüeñas sacaban a volar a sus hijuelos en el azul de los primeros días de mayo.

Crotoraban las codornices entre los trigos; verdeaban los álamos y los ciruelos del huerto se llenaban de flores, sonreían las tierras de Alvargonzález”.

Una connotación precisa en la configuración de una comarca lo constituye el sentimiento colectivo de unidad y pertenencia en común de sus habitantes; sentimiento que pone de manifiesto la leyenda, en cambio el parricidio personifica la ruptura de la misma. “La codicia tiene garras para coger pero no tiene manos para labrar”. La ruptura de esa cohesión afectiva con la comarca, la leyenda se encarga de resaltar los maleficios, cuando llegó el verano la tierra empobrecida parecía fruncir el ceño. Entre los trigos había más amapolas y hierbajos que rubias espigas. Heladas tardes habían secado en flor los frutos del huerto y las ovejas morían por docenas víctimas de ignorada hechicería. Aquellos campos estaban malditos y los dos hermanos y sus mujeres rodeaban un hogar mezquino, querellas y enconos frecuentes surgían entre las familias; cada uno de ellos tuvo dos hijos que no pudieron lograrse porque el odio había envenenado la leche de las madres”.

La leyenda reitera la simbiosis de los habitantes con “la afectividad comarcal” que destacamos en todo momento como valor cultural intrínseco en la constitución de la misma. Vincula la desaparición de ese valor afectivo en la perpetración de un segundo crimen, en el fratricidio de Miguel, convirtiendo en decrépita la pervivencia de la misma. Una fría noche de invierno Miguel el hermano menor regresa de las Américas convertido en un acaudalado caballero indiano; ignorando que sus propios hermanos con el crimen cometido en su padre resultaban los causantes de las desgracias sobrevenidas; generosamente, se ofrece para aliviar la penosa situación en que se encuentran, simbolizado por el decrépito fuego de un hogar sin leña, y decide comprarles parte de la herencia por más oro del que nunca había valido. Mientras los hermanos mayores dilapidaban la fortuna sobrevenida, el entusiasmo y el esfuerzo de Miguel devuelven todo su esplendor a la parte de los campos que cultivaba con cariño, en contraposición a los desmedrados campos desdeñosamente labrados por sus hermanos.

La indiscutible sabiduría práctica del campesino que sagazmente pone de manifiesto el trasfondo cultural de la leyenda, corrobora que el complemento indispensable para la configuración de una comarca se basa en la conciencia de esa unidad común. La comarca natural pertenece al que la habita e indefectiblemente es del que la siente. Este sentimiento configurador intrínseco del propio concepto de comarca resulta sabiamente definido por Machado en la leyenda de La tierra de Alvargonzález. Los demás componentes extrínsecos de la trama literaria decaen ante la magistralidad que incorpora el concepto tradicional de la comarca. En este sentido es de destacar la opinión de Moreno y Moreno[2], “evidentemente el poeta utilizó para el relato sucesos ocurridos en la región; el crimen de Duruelo ocurrido en julio de 1910; y las estimaciones que el campesino narrador formula sobre la tierra y su gente, la razón que condiciona la emigración de los pinariegos a ultramar y la ilusión acariciada del regreso del indiano enriquecido; la psicosis que por crímenes impresionantes sufría la provincia aquellos años; era irrelevante que el pueblo de Alvargonzález estuviera a la derecha de La Muedra o que pudiera haber sido sugerido por Villálvaro, en las proximidades de San Esteban de Gormaz, que pueden estimarse como anotaciones accesorias fruto de la fantasía de Machado”.

Una veintena de cumbres por encima de los dos mil metros destacan el majestuoso Pico de Urbión (2.228 m.) y configuran con sus lagunas de origen glaciar las Sierras de Urbión “entre dos ríos” en euskera y cuyas vertientes meridionales integran la comarca soriana de Tierra de Pinares, que constituye la mayor superficie continua de coníferas de la Península y es precisamente el omnipresente pino silvestre el que ha forjado a través de los siglos, junto a la ganadería de la trashumancia de merinas, la ingente riqueza de una comarca de transportistas, pastores e hilanderas.

Recuerda lan Gibson que Machado hace el viaje a la Sierra de Urbión en la ingente cordillera que divide las provincias de Soria, Burgos y Logroño atraído por el nacimiento del Duero y la Laguna Negra: “una mañana de los primeros días de octubre decidí visitar la fuente del Duero”. Quizá resultara deslumbrado por el relato que pudo hacerle Pío Baroja de su ajetreado recorrido montañoso que un duro mes de noviembre, a principios de siglo, había realizado con su hermano Ricardo y el montañero suizo Paul Schmitz a los Picos de Urbión en los que la nieve anticipándose al invierno resultó abundante. “Llegamos al Pico del Urbión; al norte se ven las estribaciones de los Pirineos y el Moncayo, como una pirámide blanca; a la izquierda, los montes de Oca, las sierras de Burgos; mirando hacia Castilla se divisan los montes de Toledo. Y al fondo de un barranco nos muestran la Laguna Negra…

4499081213_f01c11759f_b

Se dice que de la de Urbión toma nacimiento el Duero; sin embargo ninguna de ellas tiene salida; el rio debe nacer de sus filtraciones y de los muchos regatos que corren por la hondonada. (Covaleda, noviembre[3]). Para Antonio Machado, igualmente su objetivo es el mítico nacimiento del Duero.

Toda comarca que se precie, como reiteradamente anotaba Caro Baroja, además de su cultura privativa también debe compartir algún hecho o actividad singular que sirva de unión a sus habitantes. Mientras de la cultura prehistórica de la zona nos restan necrópolis singulares que nos ponen de manifiesto la existencia de un tipo de pueblo asentado en la comarca, en cambio del desarrollo de los vestigios de su vida económica tenemos constancia de largos siglos de la existencia inédita de la Carretería, una sorprendente empresa institucional de transportes “cuya vida oficial comienza, como nos dicen R. Ganuza y A. Sanz, en 1497 cuando los Reyes Católicos instituyen la Cabaña Real de Carreteros”[4]. Este singular modelo de transporte, en cuanto empresa oficial, como nos relatan los antedichos investigadores, “ocupaba a la mayor parte de la población de la comarca pinariega, ya fuera en la cría de bueyes, en la fabricación de las carretas o viajando en el transporte durante ocho meses al año. El acarreo se articulaba en grupos de 30 carretas donde viajaban el mayoral, ayudantes, gañanes, pasteros, conductores y reparadores. Junto a ellos circulaban los bueyes de refresco y algunas vacas con sus terneros…

La Ruta del Norte transportaba lana a los puertos del Cantábrico y a Madrid madera de pino, y cereales. Todo ello sumado a otras rutas a Extremadura, La Mancha, Aragón y Cataluña que alcanzaron a contabilizar 6.500 carretas y 17.000 bueyes que representó una ingente actividad localizada en gran parte en la comarca y que perdura hasta la llegada del ferrocarril”. Pío Baroja en el citado relato a los Picos de Urbión de principios del siglo XX, nos deja constancia igualmente de esta actividad cuando en su desorientado descenso del Urbión dice: “empezó a desfilar por el camino una interminable fila de carros de bueyes cargados de madera aserrada y ramaje de roble; por delante de cada yunta con la aguijada al hombro iban mujeres negruzcas con la cabeza cubierta por el refajo”.

El nacimiento del Duero, los Picos de Urbión y la comarca de Pinares, con la Tierra de Alvargonzález, quizá con ubicación geográfica en Mallaumbre, se instituyen en patrimonio de renombre de Antonio Machado y su espíritu poético impregna cada lugar trascendiendo su peculiar difusión.

laguna negra - 1

[1] ANTONIO MACHADO, La Tierra de Alvargonzález (Madrid), Almacenes Generales de Papel, 1978, p. 47.

[2] M. MORENO MORENO, Apuntes y ocurrencias sobre “La tierra de Alvargonzález” y “Campos de Castilla” (Madrid. imprenta Ferreira, 1975). p. 16 y 17.

[3] PÍO BAROJA. “A orillas del Duero”, en Obras Completas. t. Vll [Madrid. Bibl. Nueva, l951]. p. 807.

[4] RUFO GANUZA y ALICIA SANZ, Las sierras de Urbión. Neila y Cebollera, 2ª ed. (Madrid, El Senderista, 2008), p. 49.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en DOCUMENTOS, FOTOS, LIBROS, Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s