EXCURSIONES DE BALMASEDA

EXCURSIONES DE BALMASEDA

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El 21 de Agosto de 1838 marchó con el escuadrón de húsares de Ontoria y las fuerzas de Carrión y Celis á Oña, sorprendiendo á su milicia nacional; de allí pasó á Roa, cuyo pueblo fue asaltado, rompiendo unos las puertas y trepando otros por diferentes puntos. Los nacionales y la pequeña guarnición se refugiaron en la casa fuerte y torre de la iglesia.

Para rendirlos se apeló al acostumbrado é inhumano medio de las armas; prendióse fuego á la iglesia y casas inmediatas; pero la noche se acercaba, y no daba á Balmaseda los resultados que se prometía; avivó más el fuego, y temiendo permanecer en aquella villa, se retiró, dejando terribles é inolvidables recuerdos de su presencia en un pueblo que casi era el suyo. Se dirigió á Arévalo; aprehendió bastantes nacionales, á quienes desarmó y dio libertad después de juramentarles; fusiló á un corneta porque hizo fuego, y después de descansar en Riaza y pasar por Santa María de Nieva y Carboneros, salvó el Duero por el puente de Gormaz, se dirigió á San Leonardo, y de aquí al cantón de Covaleda á dar á la tropa el descanso que necesitaba.

La persecución no había dejado de ser activa por las columnas de Albuin, Valderrama y Coba; pero eran más ligeras las piernas de los carlistas, y con sus bandos ó con sus simpatías en algunos puntos, imposibilitaban dar á los liberales noticias exactas de las marchas. Hasta llegó á temer Carondelet por Valladolid y pidió auxilio.

Acosado se veía, sin embargo, Balmaseda, y al comenzar Setiembre le andaban cerca Albuin, que operaba por la parte de Casarejos, y Coba por la de Quintanar; pero los buenos espías que ayudaban al jefe carlista y su audacia, le indujeron á tomar la ofensiva y preparar una sorpresa á Coba. Salió de Cobaleda á las cuatro de la tarde del 2, y marchando por la fragosidad de los montes acompañado de Celis, se hallaba á las siete sobre Quintanar de la Sierra; ocupó las avenidas; ofreció un premio si se conseguía la destrucción de la columna liberal, y cuando la creyó descansando, preparó la invasión. Dueños de una parte del pueblo, rompieron el fuego á las diez de la noche, á la voz de viva el rey, y empezaron á incendiar casas: se hizo resistencia en algunas, y á las ocho y media de la mañana continuaba el fuego desde la única donde se hallaban once caballos y veinticinco infantes. No pudiendo Balmaseda resistir tanta temeridad y el fuego mortífero que hacían, aceptó la oferta que le hicieron algunos prisioneros de prestarse á cuanto pudiese contribuir al triunfo, y dispuso que mientras estos se acercaban á las puertas para incendiarlas, sus voluntarios rompiesen un vivo fuego contra las troneras. Pero aquellos soldados se quedaron sin jefe; ó le asesinaron ó se suicidó, y se rindieron. En otras casas prefirieron morir abrasados, y unos doscientos cuarenta y seis hombres sucumbieron valientes entre las llamas, ó batiéndose con heroísmo. Coba, sustraído de la muerte por un rasgo de generosidad, fue prisionero, habiendo recibido antes once heridas de gravedad. Unos diecinueve jefes y oficiales, y más de trescientos de la clase de tropa fueron los prisioneros, pertenecientes al primero de ligeros de caballería y regimiento de Borbón 17 de línea, muchos de los cuales fueron fusilados por pelotones en el mismo día[1].

A Coba y demás soldados heridos los mandó conducir á Canicosa. Espartero envió en seguida refuerzos á Albuin, é instrucciones tan terminantes como terribles para exterminar á los que tan sangrienta guerra hacían.

Aunque no compensara el desastre de Quintanar, no dejó de tener alguna importancia para los liberales las ventajas que obtuvieron estos el 5 en el Campo de Lara, quedando prisioneros cerca de trescientos carlistas entre jefes, oficiales y tropa, rescatándose cincuenta y tres de los sorprendidos en Ontoria.

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[1] En la sumaria que se formó declara como testigo Ambrosio Álvarez, soldado de la 6ª compañía del 3º batallón del 17 de línea, que llevado en un pelotón á ser fusilado, quedó ileso en la descarga y se hizo el muerto hasta que pudo escapar.

Para perpetuar la memoria de este hecho se expidió esta orden:

«Excmo. Sr.: Para señalar de un modo especial la gloriosa acción dada en Quintanar de la Sierra el día 3 del corriente por el brigadier don Juan Manuel Balmaseda, en la que fue totalmente destruida la columna del rebelde Coba, se ha dignado S. M. conceder, a propuesta del mismo brigadier, una medalla á todos los individuos que concurrieron á dicha acción. Será de forma cuadrangular: de oro para los jefes y oficiales, y de plata para la tropa; tendrá en el anverso la inscripción siguiente: “EL REY C. V, 1838 … Y en el reverso: «A los vencedores de Quintanar.» Y la llevarán pendiente de una cinta negra en su centro y encarnada en los costados.

Lo digo á V. E. de real orden para su inteligencia y efectos consiguientes. -Dios, etc.- Real de Valmaseda, 21 de Setiembre de 1838. Valde-Espina.- Al G. de E. M. G. de ejército.”

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