Introducción al estudio del comercio entre las coronas de Aragón y Castilla durante el siglo XIV: las mercancías objeto de intercambio

Introducción al estudio del comercio entre lascoronas de Aragón y Castilla durante el siglo XIV: las mercancías objeto de intercambio

Máximo Diago HERNANDO

Instituto de Historia. CSIC. Madrid

A pesar de que durante el siglo XIV las relaciones políticas y diplomáticas entre las coronas de Castilla y Aragón fueron en muchos momentos muy difíciles, y de que la guerra que a mediados de siglo enfrentó durante muchos años a los dos reinos fue sin duda la más cruel y devastadora de cuantas tuvieron por escenario la Península en época bajomedieval, lo cierto es que en este mismo siglo los contactos comerciales entre las dos coronas experimentaron un fuerte impulso, tanto los de corto radio en las comarcas fronterizas, como los que se desarrollaron a más larga distancia, por tierra y por mar Y aunque no cabe duda de que la guerra impuso un fuerte freno a este proceso a mediados de siglo, una vez acabada ésta, a partir de la década de 1370 el mismo continuó con renovado ímpetu, de manera que las tres últimas décadas del siglo se pueden considerar como de clara expansión de las relaciones comerciales castellano-aragonesas.

Ciertamente las fuentes documentales disponibles no permiten llevar a cabo una evaluación cuantificada de este proceso, puesto que no se conservan registros del pago de impuestos en las aduanas fronterizas. Pero al menos sí ofrecen bastantes referencias indirectas que confirman que las relaciones comerciales fueron muy intensas en tiempos de paz, e incluso se continuaron manteniendo en los difíciles tiempos de guerra, aprovechando cuantas oportunidades ofrecían las treguas, lo cual sugiere que en algunos terrenos la complementariedad de las economías castellana y aragonesa era tal, que los intercambios comerciales entre ambos espacios políticos resultaban imprescindibles.

En efecto, el hecho de que en condiciones tan difíciles como las que se dieron durante gran parte del siglo XIV se comerciase con tanta intensidad entre las coronas de Castilla y Aragón, apunta a hacer pensar que no resultaba en la época fácil prescindir de estas relaciones comerciales para asegurar el normal aprovisionamiento de ciertos productos y dar salida a los excedentes existentes de otros. Y por ello consideramos que está justificado hablar de una cierta complementariedad de las economías de ambos espacios políticos durante época bajomedieval, aunque a lo largo del presente trabajo tendremos ocasión de comprobarlo de forma más precisa al dar cuenta de los productos que fueron objeto de intercambio entre ellos durante el siglo XIV.

foto-21

No cabe duda de que la situación con que nos encontramos en el siglo XIV ya se fue gestando durante la segunda mitad del siglo XIII, y el hecho de que fuese en el reinado de Alfonso X cuando en Castilla se estableció por primera vez el impuesto general que gravaba los flujos comerciales a través de las fronteras del reino, conocido con el nombre de «diezmos y aduanas», ya proporciona un buen indicio de que para entonces habían alcanzado cierto desarrollo estos flujos[1]. Para esta época la documentación susceptible de aportar informaciones sobre las relaciones comerciales castellano-aragonesas resulta, sin embargo, bastante más escasa que para el siglo XIV, y además no cabe duda de que en algunos terrenos los intercambios comerciales debieron responder entonces a unas pautas bastante distintas de las que se impusieron en la siguiente centuria, puesto que en el siglo XIII todavía no se había desarrollado en los territorios de la Corona de Aragón la pujante industria textil que durante el siglo XIV proporcionó uno de los principales productos de los que este espacio dispuso para exportar a Castilla, los paños.

Consiguientemente, a la hora de delimitar el marco cronológico para nuestro trabajo de investigación, hemos preferido centrarnos en el siglo XIV, a partir del momento de la firma del tratado de paz de Torrellas, cuando la normalización de las relaciones políticas y diplomáticas propició que se diesen de nuevo condiciones favorables para un normal desenvolvimiento de las relaciones comerciales entre ambos territorios. Pero somos conscientes de que en el futuro será necesario dedicar también un esfuerzo a tratar de reconstruir el proceso de establecimiento de relaciones comerciales regulares entre las coronas de Castilla y Aragón durante el siglo XIII.

Con todo, el análisis de estas relaciones comerciales durante todo el siglo XIV representa ya de por sí una tarea de gran envergadura, que difícilmente se puede abordar en un breve trabajo de investigación, máxime cuando no se dispone de muchos estudios monográficos previos. Por ello resulta imprescindible acotar algo más el terreno de investigación, y en consecuencia hemos optado por centrar nuestra atención en el presente trabajo en las relaciones comerciales que tenían lugar a través de las rutas terrestres, y en muy menor medida fluviales, dejando el análisis de las relaciones por mar para otro momento.

Más en concreto dedicaremos nuestra atención en primer lugar a dar cuenta de algunas de las principales líneas de intervención de la autoridad monárquica en la regulación del comercio entre Castilla y la Corona de Aragón. Y para ello nos basaremos preferentemente en las noticias que aportan los registros de cancillería del Archivo de la Corona de Aragón, que hasta ahora han sido poco tenidos en cuenta para el análisis de esta problemática, si hacemos excepción de algunos trabajos de la profesora Ferrer Mallol.

Pero la mayor parte del presente estudio la vamos a dedicar a identificar los principales productos que fueron objeto preferente de intercambio por tierra entre las Coronas de Castilla y Aragón, y a tratar de determinar en qué sentido preferente circuló cada uno de ellos, con el propósito de comprobar hasta qué punto fueron complementarias las economías de ambos espacios políticos durante el siglo XIV.

44279s0c

  1. PRODUCTOS EXPORTADOS DESDE CASTILLA HACIA ARAGÓN
  2. Madera

La ciudad de Valencia fue un importante centro consumidor de madera, y aunque mucha de la que llegaba allí procedía de las serranías ibéricas del reino de Aragón, también una parte importante era de procedencia castellana, concretamente de las comarcas de Cuenca y Moya. Según ya se ha puesto repetidamente de manifiesto esta madera era transportada en su mayor parte a través de los cursos fluviales[2], y por ello mucha de la cortada en territorio aragonés que tenía por destino Valencia debía atravesar obligatoriamente territorio castellano. Esta circunstancia dio lugar a muchos pleitos entre Castilla y Valencia, debido a que en más de una ocasión las autoridades castellanas aprovecharon el que parte del curso de los ríos por los que circulaban las maderas atravesaba territorio castellano, para cargar sobre este tráfico ciertos impuestos.

Así por ejemplo en 1333 los dueños de la madera cortada en el término de Teruel que se llevaba a Valencia por el río Guadalaviar denunciaron que los castellanos estaban cargando gravámenes sobre la misma[3]. Y este mismo problema seguía planteado a comienzos del siglo XV, cuando los castellanos seguían intentando obligar a quienes transportaban madera cortada en Aragón por el río Guadalaviar a pagar aduana, diezmos y otros derechos[4]. Del mismo modo también se denunciaron en más de una ocasión los intentos de los castellanos de cobrar el impuesto de la «quema» a los súbditos del rey de Aragón cuando hacían pasar por los ríos que atravesaban territorio castellano madera que había sido cortada en el reino de Aragón[5]. Y en ocasiones incluso los abusos cometidos por los castellanos llegaron hasta el extremo de confiscar partidas de madera por las que se habían pagado los impuestos correspondientes a los oficiales del rey de Castilla, alegando que dicha madera no era de procedencia aragonesa, sino que había sido cortada en territorio castellano[6].

Pero, aunque mucha de la madera que por vía fluvial llegaba a Valencia en el siglo XIV procedía de territorio aragonés, no cabe duda de que también una parte importante era de procedencia castellana, de manera que cuando no estaba garantizada la llegada de esta última el problema de la escasez de madera podía llegar a hacerse sentir en la Corona de Aragón y forzar al monarca aragonés a propiciar una explotación más intensiva de los recursos madereros de sus propios reinos, sobre todo del de Aragón[7].

La exportación indiscriminada de madera no siempre fue vista con buenos ojos en Castilla, como bien pone de manifiesto una denuncia presentada en las Cortes de Valladolid de 1351, en que se responsabilizaba a la misma de la degradación del paisaje rural castellano. Pero no cabe duda de que para quienes efectuaban las operaciones de venta se trataba de un lucrativo negocio, y por ello se continuaron llevando a cabo a gran escala, aunque se tendió a reservar el derecho a realizarlas a quienes el rey quería favorecer mediante privilegio.

En concreto sabemos que Enrique III hizo merced a su hermano el infante Fernando de Antequera de poder cortar hasta 5.000 pinos en pinares castellanos y sacarlos a territorio de la Corona de Aragón[8]. Y en uso de tal privilegio ya en 1401 este infante solicitó al monarca aragonés Martín I que le concediese licencia para poder transportar por los ríos Guadalaviar, Cabriel y Júcar hasta 15.000 piezas de madera[9]. Pero no deja de sorprender que, muchos años más tarde, cuando ya Fernando se había convertido en rey de Aragón, continuase todavía acogiéndose a dicho privilegio, por ejemplo para vender 6.000 cargas de madera en diciembre de 1414 a unos mercaderes valencianos[10].

Pero no fue el infante Fernando el único miembro destacado de la familia real que obtuvo este tipo de privilegios, pues nos consta por ejemplo que en 1449 la propia reina de Castilla consiguió de su marido la gracia de poder sacar al reino de Valencia hasta 2.000 cargas de madera de las sierras de Cuenca y Requena[11]. Y por otra parte consta que los monarcas aragoneses tanto en el siglo XIV como en el siglo XV en repetidas ocasiones solicitaron a sus colegas castellanos que diesen licencia a algunos de sus súbditos para sacar importantes cantidades de madera a territorio de la Corona de Aragón, preferentemente a Valencia[12] con frecuencia para atender necesidades de la propia monarquía[13].

Pero no cabe duda de que junto a estas operaciones de exportación de madera castellana de carácter privilegiado también se debieron realizar otras muchas de menor envergadura por parte de castellanos avecindados en comarcas de producción maderera. En concreto sabemos que estas operaciones alcanzaron notable desarrollo en la comarca de Moya, como lo atestigua por ejemplo el hecho de que en 1317 los representantes políticos de esta villa castellana ya se quejaron ante el rey de Aragón porque se les exigía pagar peaje en el reino de Valencia por la madera que llevaban a vender a su capital[14]. Pocos años después, en 1322, fue el propio monarca aragonés el que trató de incentivar las exportaciones de madera a Valencia desde Moya concediendo a los vecinos de esta villa que las realizasen una carta de seguro y guiaje, en virtud de la cual no podían ser prendados por causa de cartas de marca concedidas contra castellanos[15].

Al amparo de esta carta de guiaje y de otras posteriores que la confirmaron[16], los vecinos de Moya estuvieron llevando a vender madera a Valencia durante las siguientes décadas, como testimonian algunos documentos, en los que se recogen denuncias del incumplimiento de las referidas cartas de seguro o guiaje, como por ejemplo uno del año 1347 que refiere la queja de varios vecinos de Moya a los que les fue tomada cierta cantidad de madera en la ciudad de Valencia[17].

Pero, aunque Moya y su Tierra destacó por ser la principal comarca castellana exportadora de madera a Valencia, también desde otros puntos de la región conquense se realizaron exportaciones de este producto con el mismo destino. Y como ejemplo podemos citar el lugar de Enguidamos, donde estaba avecindado Marco Pérez, quien efectuó ventas de madera a vecinos de Valencia a comienzos del siglo XIV[18].

En cualquier caso, además de este flujo exportador a Valencia de maderas de las serranías ibéricas de la submeseta sur castellana a través de los cursos fluviales, también alcanzó notable desarrollo otra corriente exportadora de maderas procedentes de los pinares sorianos y burgaleses hacia Zaragoza, que se realizó por medio de carretas durante la segunda mitad del siglo XIV por multitud de vecinos de las aldeas pinariegas de la Tierra de Soria, y otros lugares de su entorno.

La dedicación de gran parte de la población de estas aldeas al transporte con carretas era ya un hecho bien conocido, sobre todo para los siglos XVI, XVII y XVIII, pero varios documentos del Archivo de la Corona de Aragón nos han permitido comprobar que dicha actividad ya se encontraba plenamente desarrollada en la segunda mitad del siglo XIV, y que la mercancía principal que estos carreteros entonces exportaban a Aragón en sus carretas era precisamente la madera. A este respecto hay que destacar la información que proporciona el registro del pago de «quema» en la tabla de Zaragoza de 1386, que pone de manifiesto que durante los meses de mayo, junio, julio y agosto de dicho año tuvieron lugar más de veinte entradas de carretas en las que vecinos de varios lugares pinariegos de la comarca soriana llevaron a vender madera a Zaragoza. La gran mayoría de estos carreteros procedían de Covaleda, aldea entonces ya perteneciente a la Tierra de Soria, y los demás de otras aldeas de esta misma jurisdicción, como Duruelo, Herreros y Cidones, o de otros lugares de la misma comarca, pertenecientes al señorío del obispo de Osma, como era el caso de Cabrejas del Pinar y Abejar. Y entre todos ellos metieron en Aragón en este breve período de tiempo algo más de 250 carretas cargadas de madera[19].

Otros documentos de esta misma época nos confirman por otra parte que la exportación de madera castellana al reino de Aragón a través de carretas alcanzó entonces gran desarrollo[20], y fue una actividad que los monarcas aragoneses trataron de fomentar, mediante la concesión de privilegios a los carreteros castellanos que la practicaban. En efecto, nos consta que en 1381 Gil Fernández, vecino de Duruelo, aldea de la Tierra de Soria bien conocida por su dedicación a la carretería durante los siglos modernos, al regresar hacia Castilla desde Zaragoza, a donde había llevado madera con bueyes y carretas, fue detenido en término de Tarazona por Juan Martín Navarro, guarda del puerto de dicha ciudad, quien le tomó 16 florines de oro y 24 reales de plata. Y entonces Gil Fernández le mostró una carta sellada del rey de Aragón, en la que se ordenaba que se permitiese a cualquier carretero castellano que llevase de Castilla a Aragón madera u otra mercancía, que pudiese transitar libremente y sacar monedas de oro y de plata, a pesar de las disposiciones que lo prohibían[21].

foto 13

Aquí os dejo un ejemplo de como quedaba constancia de la venta y transporte de madera por porte de carreteros de Covaleda en Aragón:

1507, febrero 19 Tarazona (Zaragoza)

El librero Gaspar Creher compra dos carretadas de tablas de madera de haya a Martín Hernández y Pedro Diego, vecinos de Covaleda (Castilla).

AHPT, Fernando Villarreal, Bastardelo del año 1507, f. 5.

[Al margen: Vendicion].

Martin Hernandez et Pedro Diego vezinos del lugar de Covaleda de sus ciertas sciencias etc. vendieron al honorable maestre Gaspar de Creer librero vezino de la ciudat de Caragoca et habitant de present en la ciudat de Taracona dos carretadas de tablas de faya de tres maneras:

La primera de marqua mayor, la segunda de plego, la tercera de quarto de fulla a precio la primera a .VIII. sueldos, la segunda a .Vº. [sic], la tercera a .II. sueldos, buena fusta mercadera puesta a sus despensas d’ellos en las casas de su habitacion o si aqui en Taracona scargaran que la despensa que farian de aqui a Caragoca se aya de quitar y difalcar del precio de la dicha fusta a conocimiento de dos personas etc.

[Cláusulas de escatocolo y consignación de dos testigos].

img_53781

[1] Vid. el capítulo dedicado a las aduanas en M. A. Ladero Quesada, La Hacienda Real de Castilla en el siglo XV, La Laguna, 1973, También de este autor «Aspectos de la política económica de Alfonso X», Revisla de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense (¡985), pp. 69-82, y Fiscalidad y poder real en Castilla (1252-1369), Editorial Complutense, Madrid, 1993. Una visión muy general del comercio exterior castellano en época bajomedieval se puede encontrar en J. Mt Sánchez Benito, La Corono de Castillo y el comercio exterior, Editorial Ciencia. 3, Madrid, 1993.

[2] Algunas referencias a esta cuestión en Mª T. Ferrer, «Boscos i deveses a la Corona catalano-aragonesa. S. XIV-XV», AEM, 20(1990), Pp. 485-539, en particular pp. 518 y ss.

[3] ACÁ, C, reg. 568-226, Zaragoza, 22-IV-1333. El infante Pedro ordena por ello al justicia civil de Valencia que en represalia se tome de la madera que los hombres de Moya o de otros lugares de Castilla lleven al reino de Valencia toda la necesaria para indemnizar a los madereros del reino de Aragón damnificados,

[4] Según las instrucciones que se dieron a Gabriel de Palomar, doctor en leyes, enviado como embajador al rey de Castilla para negociar diversos asuntos en 22-1-1417, debía denunciar el que se obligase a pagar diezmo, aduana y otros derechos a los súbditos del rey de Aragón que cortaban madera y la lanzaban por el Guadalaviar para transportarla a Valencia, cuando dicha madera pasaba por el término de Santa Cruz, que pertenecía a Castilla. ACÁ, C, reg. 2665-129. Otra referencia a esta misma cuestión en reg. 2564-79v, Pertilí, 24-VIII-1418.

[5] Sobre denuncia presentada por mercaderes valencianos que habían cortado madera en Arcos, lugar del reino de Aragón, y a quienes el arrendador de la «quema» en Moya había tomado parte de dicha madera Vid. ACÁ, C, reg. 1486-144, Barcelona, 12-VII-1380.

[6] ACÁ, C, reg. 2975-133, Valencia, 30-VI-1435. Varios vasallos del rey de Aragón habían denunciado que habían hecho cortar gran cantidad de madera en Aragón, para transportarla por el río Guadalaviar hasta Valencia, y que, para evitar debates con los oficiales castellanos, pagaron por ella el quinto y otros impuestos establecidos por el rey de Castilla, a pesar de lo cual la madera les fue retenida en el término de Santa Cruz por orden del alcalde de sacas, alegando que había sido cortada en término de Castilla.

[7] Así por ejemplo en 1406, al estar prohibido el comercio con Castilla, Martin I tuvo que escribir una carta al concejo de Teruel manifestándole que tenía proyectado construir un monasterio en Barcelona para el cual necesitaba mucha madera, «la cuat conviene que hayamos de nuestra señoría, pues de las partidas de Castilla no entra ni sale como solía». ACA,C, reg. 2248-206, Valídaura, 29-IV-1406.

[8] Noticia en ACA, C, reg. 2567-89, Valencia, 16-IX-1419. La fecha del privilegio de Enrique III no se hace constar, pero si que fue confirmado por su hijo y sucesor Juan II en Sevilla 12-III-1411.

[9] Vid. ACÁ, C, reg. 221 l-130v, Altera, l5-XI-1401. En este documento se hace constar que las maderas que se quería transportar le habían sido concedidas graciosamente al infante Femando de Antequera por el rey de Castilla de los montes de Tierra de Moya.

[10] Carta solicitando al rey de Castilla licencia para sacar 1.200 cargas de madera que restabao por sacar de las 6.000 que Fernando de Antequera había vendido a unos mercaderes valencianos por contrato notarial en Almenara, 18-XII-1414, en ACÁ, C, reg. 2567-89, Valencia, 16-IX-1419. En esta misma carta también se solicita licencia para sacar 1.000 cargas que se necesitaban para realizar obras en el real de Valencia

[11] Vid. ACÁ, C, reg. 3206-55, Perpiñán, 21-VIII-1449. La reina de Aragón solicita a varios mercaderes valencianos que otorguen una fianza por valor de 1.000 florines que la reina de Castilla necesita para poder sacar al reino de Valencia las referidas 2.000 cargas de madera.

[12] ACA.C, reg. 1279-41v, Valencia, 30-VIII-1382. El monarca aragonés intercede ante el rey de Castilla por Juan Martín, notario de Valencia, para que se le dé licencia para cortaren los montes de Moya 5.000 «fustas», y sacarlas a Valencia sin pagar derechos. Vid, también reg. 2952-59v, Tortosa, 8-IV-1421. La reina de Aragón solicita a su hermano el rey de Castilla licencia para Pere Juglar, pellejero de casa de la reina, para poder sacar de Castilla sin pagar derechos hasta 500 maderos.

[13] ACÁ, C, reg. 1260-132, Barcelona, 1O-VtII-1377. El monarca aragonés envía a un ciudadano de Valencia al reino de Castilla a adquirir madera que necesita para obrar en el real de Valencia.

[14] ACÁ, C, reg. 244-97, Valencia, l5-XI-1317.

[15] ACÁ, C, reg. 247-38, Tortosa, 23-111-1322.

[16] Maria Teresa Ferrer, cita dos privilegios de Pedro IV, uno de 1336 y otro de 1346, por los que concedió guiaje a todos los castellanos que llevasen madera a Valencia. «Dehesas, bovalar,.,», p. 521.

[17] Vid, carta de Alfonso XI a Pedro IV, de Ciudad Real 20-1-1347, en E de Moxó y Montoliu, «Notas sobre la economía fronteriza castellano-aragonesa en la Baja Edad Media», Anales de la Universidad de Alicante, Historia Medieval», 6 (1987), pp. 335-6

[18] Vid. ACA, C, reg. 171-195v, Valencia, 4-ll1-1321. Varios vecinos de Valencia debían a Marco Pérez, vecino de Enguidanos, 963 sueldos reales de Valencia por razón de fusta que le habían comprado.

[19] ACÁ, MR, 2908-2. Los vecinos de Covaleda efectuaron trece entradas. Los de Duruelo dos, los de Cidones una, los de Herreros una, los de Cabrejas tres, y los de Abejar una. Hay que hacer constar igualmente que aparecen dos individuos identificados como procedentes de la propia ciudad de Soria. Algunos de ellos efectuaron más de una entrada durante estos cuatro meses, como por ejemplo Juan Domingo de Covaleda

[20] Resulta sintomático que en los documentos al hablar de los productos que se llevaban de la Tierra de Soria al reino de Aragón se emplee habitualmente la expresión «maderas y otras mercanelas ». Vid. Por ejemplo ACÁ, C, reg. 2117-43, Zaragoza, 11-III-1398. Se hace constar que había sido concedida una carta de marca contra sorianos a petición de Berenguer de Campgali, maestre en medicina, por razón de una cantidad de dinero que le debía a éste el concejo de Soria. Y por ello estaban siendo pignorados muchos vecinos de aldeas de Soria «ad civitatem Zaragoza cum fustibus et aliis eorum mercimoniis venientes».

[21] ACÁ, C, reg. 820-171, Zaragoza, 31-V-1381.

Galería | Esta entrada fue publicada en DOCUMENTOS, FOTOS, LIBROS, Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s