VIDA Y GANADERÍA EN LA COVALEDA DEL SIGLO XX (y II) – IV

VIDA Y GANADERÍA EN LA COVALEDA DEL SIGLO XX (y II) – IV

Comentábamos el año pasado el importante brote de brucelosis o fiebre de Malta que se diagnosticó en Covaleda en 1917 y que afectó a más de 60 personas, con alguna defunción incluida. Algunos de los vecinos afectados en aquella ocasión lo fueron, Timoteo Herrero, Julia Abad, Julián Rubio y el mencionado Julián Abad, el tío Canicosito.

Este año hemos sabido que aquel brote de brucelosis al parecer fue transmitido a partir de ganado cabrío que dos pastores del pueblo compraron en la localidad burgalesa de Canicosa de la Sierra. Dichos pastores enfermaron al poco con un cuadro semejante el observado luego en 1917. Trabajaron para atajar la enfermedad el médico del pueblo, D. Alfonso Hernández, quien diagnosticó el brote, el Inspector provincial de Sanidad y el Inspector provincial veterinario, D. Enrique Arciniega Cerrada. Como medidas adoptadas se desinfectaron las casas y las calles con lechada de cal; se instaló un matadero provisional; dos lavaderos, uno para sanos y otro para enfermos etc., todo ello en plena temporada de hierba, tan importante para aquellas gentes y sus ganados.

1964 fue un año trascendental para el ganado cabrío puesto que una orden de la Dirección General de Montes limitaba desde entonces su acceso a los aprovechamientos de pastos en los montes de utilidad pública.

Esta norma ponía en jaque al ganado caprino y a una forma de vida desarrollada en la comarca de Pinares durante siglos. De forma desesperada y por parte de 37 ganaderos de caprino de Covaleda encabezados por Domitilo Herrero, el tío Jijo, el 1 de diciembre de 1964 se elevó una instancia a diversos organismos de ámbito local, provincial y nacional en petición de la anulación de aquella orden o bien una moratoria para el disfrute de los pastos del monte de la localidad. Se acompañaba dicha solicitud de una pormenorizada memoria técnica sobre los beneficios económicos, sociales e incluso forestales de la producción caprina en el pueblo de Covaleda y que debió ser elaborada por el veterinario D. Alfonso Gaspar Barraqueta.

Según se indicaba en aquel informe hasta el otoño de 1964 había en Covaleda un censo caprino cercano a las 2500 cabezas, lo que al cabo de un mes disminuyó a las 1500. En ese momento vivían del ganado caprino cerca de 40 familias y como curiosidad decir que el valor de una cabra estaba entonces en torno a las 800 pesetas, el de un cabrito entre 400 y 450 pesetas y la leche de cabra se pagaba a 6 pesetas el litro.

Finalmente el censo caprino quedó reducido a una cifra testimonial. Como último pastor cabrero de Covaleda quedó el vecino Leopoldo Llorente Cámara, el Polo, quien continuó con cabras hasta mediados de los años 70. Hoy en día y después de cerca de medio siglo, las cabras de nuevo pueden pastar legalmente en el monte que siempre ocuparon.

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El ganado ovino no ha tenido tradicionalmente en Covaleda la importancia numérica del cabrío, no obstante a principios del siglo XX el número de cabezas lanares autorizadas para el aprovechamiento forestal de pastos era muy superior al cabrío, 2506 cabezas frente a 706 en el año 1904. Esto no quiere decir que en ese momento el censo lanar fuese tan elevado sino que posiblemente se contemplaran los ganados merinos trashumantes que venían a aprovechar los pastos de los quintos agostaderos de la sierra durante el verano. Aun quedan restos de los corrales empleados por aquellos ganados en Los Majadales de Llanos de Sierra. Incluso se establecía cierta disputa por la calidad de la lana entre los ganados merinos que agostaban en la zona del Hornillo y los que lo hacían en Llanos de Sierra.

     Dijimos el año pasado que durante el siglo XIX no se conocía la existencia de ganados merinos propios de Covaleda, sin embargo ahora sabemos que en junio de 1903 los vecinos Francisco García y Leandro Lázaro eran propietarios de cierto número de reses merinas que precisamente se encontraban cojas.  Ignorándose la enfermedad que padecían, el Ayuntamiento acordó preventivamente para evitar perjuicios a los demás ganados que por parte de dos prácticos se reconocieran las reses sospechosas. Al final y según certificación del profesor veterinario D. Narciso Arciniega Díez resultó que la cojera afortunadamente no fuera contagiosa.

Con el tiempo, dejaron de venir rebaños trashumantes a los pastos serranos de Covaleda, sin embargo algunos rebaños merinos trashumantes pasaban en los años 50 y 60 por el pueblo a comienzos del verano camino de la Sierra de la Demanda y a comienzos  del otoño hacia la estación del tren de retorno a los invernaderos del sur peninsular.

A diferencia del ganado cabrío, el ganado lanar habitualmente no se cerraba en corrales  sino bajo techo en teinas como la de La Paul.

La época de esquileo del ganado lanar ha sido tradicionalmente en Covaleda a finales de junio, por San Pedro. A principios del siglo XX era la Junta Municipal en unión de los ganaderos de ovino los que determinaban las fechas y duración del mismo. Así por ejemplo en 1912 se calculó terminar el esquileo en tres días.

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A comienzos de julio de 1941 los propietarios de ganado ovino de Covaleda declararon en el Ayuntamiento haber esquilado un total de 411 reses con una producción de 357 kilos de lana.  El color de la misma era toda ella blanca y de fibra basta.  Los ganaderos declararon que el destino de la lana era en su casi totalidad para uso y servicio propios, esto es para hacer colchones, y en algún caso se indicaba que la lana ya se había lavado, operación que se efectuaba en el río Duero o en los arroyos. De los 24 propietarios el que mayor número declaró fue Valentín Jimeno García con 100 reses esquiladas, seguido por Isaac de Vicente Llorente con 95, pasando entre otros por las 19 de mi tío Julián Tejedor Durán, el Madruga, y finalmente Vicente Santorum Herrero con tan solo una oveja esquilada, lo que daba un total de 411 ovinos esquilados.

No pensemos que el uso generalizado de los colchones de lana viene desde muy antiguo ya que al menos durante las dos primeras décadas del siglo XX en Covaleda se empleaban jergones rellenos, no de lana como se pudiera pensar sino de hierba. Y esto lo sabemos ya que en 1914 estaba multado desocupar en las calles y callejas del pueblo la hierba de los jergones de dormir.

La carne de ovino es la base de la típica caldereta, plato que tradicionalmente comían los carreteros y trabajadores del monte pero también el vecindario en fechas o fiestas señaladas.

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A finales del verano de 1924 y dentro de una fiesta dedicada a la Virgen del Campo estuvo anunciada en el pinar una comida vecinal de la clásica caldereta.

El día 9 de agosto de 1926 y coincidiendo con la víspera de San Lorenzo se rindió  homenaje a tres ilustres hijos del pueblo: Fermín Llorente, maestro que fue de Covaleda en la segunda mitad del siglo XIX; Hermógenes Llorente, benefactor del pueblo residente en La Argentina y al ingeniero Antolín García Lázaro, a quienes se les dedicó una calle. Luego y en el monte los vecinos en grupos de diez comieron la típica caldereta rodeando la mesa presidencial.

En una interesante nota de cuentas del Ayuntamiento de Covaleda fechada en julio de 1940 se detallan los ingredientes que se utilizaron al parecer durante dos días para hacer caldereta con destino a un grupo de 22 trabajadores dedicados al arreglo de los pinos en el paraje de El Hornillo. Como curiosidad decir que aparte de los ingredientes habituales que se emplean hoy en día para hacer caldereta, viene incluida media arroba de patatas. Aparte de las cantidades e importe de los géneros, esta nota nos indica a Victoriano de Vicente como el carnicero que sirvió los 25 kilos de carne así como el resto de tenderos, que lo fueron: Pablo Muñoz, Mariano Abad, Teodoro Gómez, Vicente Altelarrea, Clemente Cámara y el Barbero.

La carne hecha a la piedra no es un invento moderno. Los pastores de ganado lanar de Covaleda practicaban esta técnica culinaria sobre una losa calentada por debajo con biércol de la sierra.

La instalación del Campamento del Frente de Juventudes en la dehesa de La Nava supuso desde un principio un cierto revulsivo económico para Covaleda y en particular para los ganaderos, entre otros los de ovino, puesto que el abasto de carne se hacía con corderos sacrificados por los carniceros del pueblo. Así por ejemplo Daniel Abad abasteció con 36 corderos a los flechas del Campamento instalado en La Nava los meses de julio y agosto de 1941. Por entonces, en pleno racionamiento, la  ración individual de carne de ovino y caprino era de 100 gramos por persona, para una población en Covaleda de 1526 habitantes. En los últimos 9 días de mayo de 1941 se sacrificaron en el pueblo 20 lanares  y 16 cabríos.

A partir de un censo de poco más de 400 cabezas ovinas a comienzos de los años cuarenta poco a poco dicha cabaña fue aumentando y así el censo ovino de Covaleda ascendía en 1964 hasta las 1459 cabezas, efectivo que fue vacunado por el veterinario D. Alfonso Gaspar frente a la glosopeda en el otoño de ese año junto con las 777 reses vacunas de la localidad.

Una vez extinguidos los lobos a finales de los años 50 o principios de los 60 la mayor preocupación de los ganaderos de ovino eran entonces las enfermedades epidémicas, pero sobre todo los perros descontrolados, y no les faltaban motivos para ello. En octubre de 1974 los rebaños de ovejas de Aquilino García Herrero y Teodoro de Vicente García fueron atacados por perros causando 30 bajas al primero y 70 al segundo. Otros rebaños de ovejas atacados por perros fueron los de Rubén Herrero, Marciano Llorente en La Umbría y Vicente Pascual, a quien unos perros le mataron once ovejas, una de ellas dentro de la Laguna Helada, siendo rescatado el cadáver de las aguas por Eusebio Herrero Rubio, el Usebito. Precisamente en 1982 a Eusebio Herrero Rubio los perros le mataron un total de 57 ovejas en El Hornillo y en El Muchachón, lo que hizo decidirse para quitar las ovejas definitivamente a finales de septiembre de aquel mismo año. Cuando sucedía algún ataque siempre solía ocurrir lo mismo, nunca aparecía el amo de los perros, y si lo hacía decía que no habían sido los suyos. Llegaron a ser más letales los ataques de los perros que los de los propios lobos.

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Sobre la existencia de gallinas en Covaleda decir que ya se mencionaba en las ordenanzas concejiles del siglo XVI y que eran las mujeres las encargadas de cuidar y sacarlas de casa.

Las gallinas se sacaban a la calle después de poner el huevo y ellas mismas se buscaban la vida escarbando en los muladares de las calles y por los alrededores del pueblo, para retornar a casa al anochecer. Existía la costumbre entre las mujeres de Covaleda de poner unas determinadas anillas de tela en las patas de sus gallinas para distinguirlas de las demás.

Todos hemos oído hablar del incendio ocurrido en el pueblo de Covaleda en 1923 y en el que se quemaron casi cien casas.  Afortunadamente no murió en el acto ninguna persona pero sin embargo perecieron quemadas muchas gallinas y cochinos a los que no dio tiempo desalojar.

Durante el mes de agosto de 1936 y como aportación en especies del vecindario de Covaleda para el frente de guerra, se enviaron entre otros 36 pollos, 20 gallinas, 16 gallos y 79 huevos. Un censo ganadero de 1941 nos indica que en Covaleda había entonces la considerable cifra 1.459 aves de corral, en la que se supone entraran gallinas, pollos, gallos e incluso palomas.

Hay que tener en cuenta que las gallinas de entonces no ponían tantos huevos como las razas actuales, por lo que un huevo frito era a veces un artículo de lujo que se tenía que compartir entre dos personas. Aparte de producir huevos, se criaban pollos y gallos, alimento que se reservaba para la fiesta y en ocasiones señaladas, e incluso se regalaban a algún vecino indiano como era D. Manuel Cámara, quien al final de su veraneo en Covaleda se llevaba en el coche para Madrid una buena partida de los mismos.

A partir de los años 50 y 60 la avicultura, tanto de puesta como de carne, experimentó un gran desarrollo en España impulsada por la industria de los piensos compuestos. En Covaleda y al margen de los corrales domésticos tradicionales también se notó aquel fenómeno, de manera que se instalaron varios gallineros como fueron por ejemplo el que Justo Altelarrea Llorente construyó por Chabarril en el año 1960 o el de Aureliano Mediavilla González, el Pollero, en el paraje de El Pasto. Otros gallineros lo fueron el de Cirilo Herrero en Fuente Blanca, que contaba con 600 gallinas; el de mi abuelo Aurelio Poza en el Barrio Chino con 150; el de Gonzalo Terrel Lamela, el Zalito, en La Parada con 500 gallinas y el de Teodoro Gómez, el Chalequito.

A lo largo del siglo XX y como método de compraventa de los ganados se ha practicado el trato directo dentro y fuera de la propia localidad, ya fuera entre vecinos o con forasteros.

También algunos ganaderos de nuestro pueblo anunciaban sus ganados en la prensa mediante anuncios particulares, como por ejemplo Francisco García, Fernando Romero, Julián del Olmo e incluso parece que también el cura de Covaleda D. Francisco García Rupérez tenía ganado.

Pero sin duda el procedimiento más extendido para efectuar la compraventa han sido las ferias de ganado, entre las cuales las más frecuentadas por los ganaderos de Covaleda eran las de Soria, donde en tiempos tenían cierta fama los ganados de nuestra localidad.

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Dentro de la provincia había otras ferias ganaderas a las que concurrían vecinos de Covaleda como eran las de Almazán, Berlanga, San Esteban de Gormáz o El Burgo de Osma, a la cual acudía sola y a caballo Leonila Rioja, mujer de Gregorio Martínez, el tío Juez.

Fuera de la provincia de Soria era la feria de Burgos la más concurrida por ganaderos y carreteros de Covaleda. Durante las primeras décadas del siglo XX se iba andando desde Covaleda hasta la capital burgalesa con partidas de entre 30 a 50 vacunos para vender. Se trataba en ocasiones de ganado cerril y cuando se veía reflejado en los escaparates de la ciudad se asustaba de sí mismo. Todo esto según contaba Eusebio Herrero Llorente, el Pelines, quien iba de criado con ganado del tío Juez.  Sabemos que en los años 30 el vecino Vicente Altelarrea adquirió en Burgos dos bueyes de raza tudanca, según una guía de sanidad pecuaria emitida por el veterinario Jerónimo Rodríguez.

Más adelante algunos ganaderos de Covaleda asistían en autobús a las ferias y el mercado de ganados de los viernes en Burgos, desde donde si compraban algún animal se venían andando con él hasta el pueblo haciendo noche en Salas de los Infantes. Este fue el caso de un buey negro, de nombre Moro, que compró Eusebio Herrero y formó pareja en yunta con otro buey llamado Arrogante.

Durante los primeros lustros del siglo XX acudían a Covaleda y otros pueblos de la Sierra de Soria y Burgos tratantes de ganado procedentes sobre todo de la comarca de El Valle de Soria, de pueblos como Valdeavellano de Tera y Sotillo del Rincón, para comprar vacunos que luego llevaban a vender a su comarca natal y a la capital soriana. Tenían la costumbre en los pueblos de mandar al pregonero echar bando, avisando así de su presencia a los ganaderos del lugar.

En la charla del año pasado descubrimos la celebración de una feria ganadera y de maderas anunciada en Covaleda en el paraje de El Campo del 14 al 16 de septiembre de 1914.

Este anuncio, junto con unas fotografías de la época, obra de Antolín García Lázaro, sirvieron el año pasado para confeccionar el cartel anunciador de la feria ganadera de 2014 celebrada en El Lomo, justo un siglo después de aquella.   Sin embargo hemos encontrado que la primera edición de dicha feria no fue en 1914, sino que en sesión de 13 de agosto de 1913 el Ayuntamiento de Covaleda en vista de lo tratado y acordado por el vecindario en varias reuniones habidas con anterioridad acordó el establecimiento de una feria de ganados y maderas en la localidad durante los días 11, 12 y 13 de septiembre de cada año comenzando por aquel de 1913.

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           Con el fin de amenizar la feria se anunció una colección de fuegos artificiales y baile público por los dulzaineros que tocaron en San Lorenzo. El desarrollo de aquella primera feria quedó deslucido en parte por la presencia de lluvias durante la celebración.

Del 14 al 16 de septiembre de 1915 se celebró la tercera edición de la feria de ganados y de nuevo con anuncios en la prensa, con fuegos de artificio, bailes y partidos de pelota. En esta ocasión se puso a la venta el toro semental del pueblo pero no se consiguió vender, por lo que el concejal  Lorenzo Romero lo llevó andando unos días después a la feria de Soria.

Aquella feria de ganados de 1915 fue la tercera y última que se celebró en Covaleda sin que al parecer tuviera ya continuidad en años sucesivos.

Si una feria resultaba todo un acontecimiento festivo por encima de las demás esa era la Feria Internacional del Campo celebrada en Madrid y a la que en numerosas ocasiones asistieron ganaderos de Covaleda consiguiendo varios premios con sus ganados. Y así una yunta formada por una vaca de Martín Jimeno Hernando, llamada Marquesa y otra de Tomás Romero Abad llamada Valerosa consiguieron el segundo premio en la Feria del Campo de 1956. Otros premiados lo fueron Bruno Rioja Llorente y Fidel Herrero de Pablo, con una vaca de leche.

Pero si hubo una edición de la Feria Internacional del Campo inolvidable para el pueblo de Covaleda esa fue la celebrada en 1959. En aquella ocasión el Ayuntamiento acordó enviar diez metros cúbicos de madera especial en rollo para exponer y dar a conocer en representación del pabellón de Soria la riqueza maderera provincial. Con el fin de mostrar las diferentes tareas propias de los trabajos del monte y la madera se contó con la participación de una yunta. El carretero elegido fue Martín Jimeno Hernando, quien con sus vacas negras Rubia y Castellana demostró al público las maniobras de carga, descarga del carro y el arrastre de los pinos con la yunta a un aserradero allí instalado, con todo lo cual levantó los aplausos del respetable.

La Hermandad Sindical de Agricultores y Ganaderos de Covaleda concurrió en aquella feria de 1959 al IV concurso de ganado selecto con los dos toros sementales del pueblo, el uno de raza avileña y nombre Arrogante, al cual se llevó con la intención de subastarlo en el certamen con un precio de salida de 35.000 pesetas, y el otro, de raza pardo alpino, llamado Brillante, a cuyo cargo y cuidado estuvieron durante la feria los mellizos Anastasio y Julio Herrero Sanz.

El concurso dio como resultado que el toro negro avileño Arrogante se alzara con el primer premio de la categoría de razas cárnicas obteniendo por ello 4000 pesetas, copa y medalla de plata. Pero no quedó ahí la cosa, sino que además el toro pardo Brillante logró el segundo premio en la categoría de razas lecheras, lo que supuso 3.500 pesetas y medalla de plata.

El Cabildo de la Hermandad Local de Agricultores y Ganaderos de Covaleda acordó ofrecer dichos premios al Ayuntamiento de la localidad en vista de la colaboración y apoyo que dicho Ayuntamiento había prestado en aquella ocasión y siempre a la Hermandad de Ganaderos de Covaleda.

Pues bien, con esta conferencia y la del año pasado creo que hemos puesto de manifiesto hasta qué punto la vida cotidiana y la economía de los habitantes de Covaleda han venido condicionadas por la actividad ganadera, sobre todo hasta los años setenta del pasado siglo, fecha que marcó un antes y un después, puesto que en ese momento desapareció casi por completo el ganado cabrío y del todo la carretería, y con ello dos actividades ganaderas seculares de la comarca de Pinares.

Como comenté el año pasado y margen de lo que os haya contado hoy aquí, no cabe duda que sois vosotros y los más mayores quienes mejor podéis completar el relato reciente de nuestro pueblo con vuestros recuerdos, vivencias y el testimonio oral. Yo por mi parte estoy abierto a todo lo que me queráis contar y os animo a ello.

Por supuesto agradecer a todas aquellas personas que han colaborado conmigo para preparar esta presentación que es también vuestra, bien con su testimonio, sus fotos, su paciencia y predisposición.

Para mí ha sido todo un placer.

Muchas gracias.

Pedro Poza Tejedor

pedropoza@yahoo.es

Covaleda, 16/abril/2015.

 

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