VIDA Y GANADERÍA EN LA COVALEDA DEL SIGLO XX (y II) – II

VIDA Y GANADERÍA EN LA COVALEDA DEL SIGLO XX (y II) – II

Otra plaza habitual donde concurrían los carreteros de Pinares con maderas, incluidos los de Covaleda, era la ciudad de Burgos. Ya de vuelta a casa venían cargados de harina, camas de hierro y diversos artículos adquiridos en el comercio burgalés.

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Con la llegada del tren a Soria, el transporte de madera fuera de la provincia pasó poco  a poco de ser con carretas a efectuarse mayoritariamente en ferrocarril.

Pero además de la carretería y como ganado de trabajo, el vacuno también se empleaba en tareas agrícolas y como motor en las guadañadoras de tracción animal, de las cuales en Covaleda en el año 1960 había 12 unidades a la vez que 32 prensas empacadoras de hierba.

En los trabajos de la hierba, salvo quizás la siega, solía participar toda la familia, incluidos los niños, revolviendo, empacando, transportando y guardando la hierba en cuadras y pajares. Había mujeres de Covaleda que se dedicaban al acarreo de hierba como la Chiripita, la Petrina o la tía Sastra, que transportaban haces a cuestas incluso desde Mancerías. Precisamente los pajares atiborrados de hierba fueron elemento combustible que contribuyó en gran medida a la rapidísima propagación del fuego en el incendio que sufrió el pueblo en septiembre de 1923.

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           En la Covaleda de los años 50 llegó a haber incluso alguna cuadrilla de segadores a dalle empleados durante la temporada de hierba. Estaba compuesta por los Hermanos Juan, Félix y Nazario García, junto con Fermín Blasco, Raimundo Martínez y Eugenio LLorente, quienes una vez terminada la campaña de la hierba cambiaban el dalle por el hacho y se dedicaban a hacer pinos.

El ganado vacuno y la carreta han sido elementos presentes en la vida de los habitantes de Covaleda desde la niñez y lo que en la edad infantil era un juego pasaba muy pronto a ser ocupación de los adolescentes y medio de vida de muchas casas de la localidad.

El arrastre de madera con yunta y la conducción de carretas no estaban exentos de peligros y accidentes, con graves consecuencias en ocasiones para personas y animales. En octubre de 1915 la niña de cuatro años Leandra Rubio Herrero resultó muerta tras ser atropellada por una carreta guiada por Secundino Romero y Lorenzo Rubio, padre de la criatura.

El día 14 de agosto de 1923 en la carretera de Soria volcó la carreta de Timoteo Herrero Pascual, vecino de Covaleda y en la que iban montados los niños Beatriz, Aurora y Víctor Lázaro, que resultaron con lesiones leves.

El descomunal trabajo que los ganados vacunos carreteros tenían que desarrollar requería una alimentación muy especial, de la que eran componente clave los yeros, una leguminosa grano de la que también se aprovechaba la paja como forraje. Hasta tal punto era así que el rendimiento de los animales en la yunta estaba en relación directa con la cantidad de yeros que se les suministraba.

Durante los años 40 y parte de los 50 no solo las personas sufrieron el llamado racionamiento sino que también los ganados se vieron afectados por la escasez de alimento animal. Testimonio de ello nos queda la petición urgente de pienso que hizo en febrero de 1947 el jefe de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Covaleda, Teodoro Romero, a la Cámara Oficial Sindical Agraria, la cual ofreció enviar a los ganaderos del pueblo cebada desde el almacén de Soria y alfalfa desde Abejar. También en abril de 1949 se adquirieron procedentes de Langa de Duero 4000 kilos de yeros para repartir entre los ganaderos de la Hermandad.

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Entre 1947 y 1950 sabemos de varios ganaderos y carreteros que compraron cantidades considerables de guijas, yeros, almortas y cebada para sus animales en varios pueblos de la provincia de Soria como Castilruiz, Gómara, Noviercas, Almenar, Deza, Aldealpozo, Candilichera o  Nafría la Llana, localidad muy frecuentada por carreteros de Covaleda y Duruelo.

Aquellos ganaderos a los que hago referencia a muchos os sonarán: Pedro González Llorente, el Melón; Juan Mediavilla Abad; Rufino Sanz Herrero; Bruno y Miguel Rioja Llorente, Alejandro de Miguel Pascual; Alberto de Miguel Santorum; Lorenzo Sanz Santorum; Fidel Herrero de Pablo; Juan Llorente Herrero; Faustino Pascual Herrero; José Abad Jimeno y Nicolás Tejedor Herrero, el Becerrero.

En un principio las ruedas de las carretas eran en su totalidad de madera pero más adelante se incorporó una llanta de hierro alrededor. La operación de introducir los aros en las ruedas de las carretas se efectuaba con ayuda de fuego, lo que en febrero de 1904 se prohibió hacer dentro de la población por los perjuicios y el riesgo de incendio que suponía. Sin embargo y debido al impacto de la llanta metálica en los caminos forestales y las carreteras se dictó en 1953 una norma de ámbito nacional por la cual debían ser sustituidas por otras de naturaleza elástica. En el caso de Covaleda y en julio de 1956 el Ayuntamiento se brindó a conceder un anticipo de 7.500 pesetas a cada vecino propietario de carro para efectuar la sustitución.

Pese a la oposición y recelo iniciales, los cerca de 70 carreteros que en ese momento circulaban en Covaleda, pudieron comprobar como con las nuevas ruedas de caucho los carros eran capaces de soportar más carga, se mejoraba el agarre e incluso llevaban incorporado freno.

A pesar de estos adelantos, el transporte de madera y otras mercancías por carretera se realizaba ya en los años 50 cada vez más mediante camiones, lo que fue relegando poco a poco la carretería al ámbito local y los trabajos del monte. En el caso de Covaleda fue a comienzos de los años 70 cuando prácticamente dejaron de circular carros de bueyes.

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El empleo de yuntas de vacas o bueyes para el arrastre de madera en el monte tuvo su final con la mecanización de estos trabajos forestales mediante el uso de tractores, de lo que en Covaleda fueron pioneros los hermanos Juan Pablo y Vicente Molina en el año 1971 una vez que regresaron definitivamente del Canadá. Acababa así la andadura de las yuntas y la carretería, una forma de vida secular desarrollada en Covaleda y la comarca de Pinares que debió iniciarse quizás en algún momento de la Edad Media.

Pero ¿Cómo eran aquellos ganados vacunos que han acompañado al hombre de Pinares en el largo  periplo de la carretería?   A principios del siglo XX, la práctica totalidad de los ganados vacunos existentes en Covaleda, en torno a unas 700 cabezas, eran del tipo serrano negro ibérico. Se trataba de animales de capa negra, cornalones y de aspecto huesudo pero muy rústicos y adaptados a las duras condiciones del terreno y del trabajo, con la cualidad añadida de mantenerse con una escasa ración.

El principal uso o aptitud de los ganados vacunos negros era como animales de trabajo empleándose mayoritariamente como yuntas de carretería y en los trabajos del monte.

Una segunda aptitud de las vacas serranas era el proporcionar crías para vida o bien para carnicería, sacrificadas antiguamente con muy pocos meses de vida como excelente ternera de leche. Como tercera utilidad decir que algunas vacas serranas se ordeñaban para el gasto familiar de leche, con cuya nata las mujeres elaboraban la famosa manteca o mantequilla.

            Si aún era poco todo lo que nos daban aquellos bovinos, ahora os puedo confirmar que el 23 de agosto de 1891 fueron lidiados en la plaza de toros de Burgos novillos de la ganadería de D. José Blázquez, vecino de Covaleda. Pero además hemos encontrado que en la corrida de toros del día 3 de octubre de 1901, durante las fiestas de San Saturio de Soria, se lidiaron cuatro toros pinariegos de la ganadería de D. Norberto Romero, vecino de Covaleda y de nombres Cuervo, Ciervo, Rojillo y Lumbrero, el cual debía tener gran porte, pelo fino y bonita lámina.

El 16 de julio de 1911 y otra vez en la plaza de toros de Soria se lidiaron cuatro novillos toros, dos de ellos de D. Francisco García, de Covaleda. El primero de los pinariegos, de nombre Currito, abrió plaza y pronto saltó al callejón, acción que repitió hasta en 24 ocasiones. Ante tal comportamiento fue condenado a banderillas negras por manso perdido. Cerró plaza otro toro pinariego de capa negra y encornadura corniveleta.

En la tarde del Viernes de Toros de las fiestas de San Juan de Soria de 1912 se lidió un toro de nombre Lumbrero correspondiente a la Cuadrilla de la Blanca que fue comprado al ganadero y alcalde de Covaleda Francisco García por 95 duros. La crónica taurina lo describió como un toro de bandera, bravo, corpulento, fino de agujas y con hechuras de toro de lidia.

Sobre la acometividad de aquellos vacunos negros recuerdo haber presenciado de pequeño cómo una vaca pegosa persiguió a la niña Henar González Llorente, llegando a sentir los pitones en la espalda y salvándose al final de milagro por piernas.

MASTIN Y VACAS SERRANAS

Pese a que en las primeras décadas del siglo XX se introdujeron en Covaleda vacunos de razas holandesa y suiza, fueron los bovinos negros los que predominaron hasta comienzos de los años 60. Al declive de la carretería le acompañó también el de los ganados negros, los cuales se fueron cruzando con otros bovinos de mayor producción cárnica y lechera. El cruce de toro pardo alpino o suizo con vacas negras daba como producto unos vacunos llamados piñanos, muy apreciados por los carreteros por sus buenas prestaciones en la carreta y como animales de cría.

El último ganado completo de vacuno negro que hubo en Covaleda descendiente de los antiguos fue el de Faustino Pascual, el Zopo, cuyas vacas tenían los nombres de Cierva, Pachona, Melliza, Piñana, Avileña, Mestiza, Muina, Mosca, Curra, Rubia, Mansita, Gacha y Lumbrera.

Por ser conveniente para el fomento de la ganadería vacuna, una de las principales y grandes riquezas de la población, era tradición antigua en Covaleda el contar con un toro semental propio del Concejo para cubrir las vacas de la localidad.

Tanto la adquisición de los toros sementales como su manutención corrían a cargo del presupuesto municipal. Normalmente los encargados de la compra o adquisición de los mismos eran concejales del Ayuntamiento junto con cierto número de ganaderos, lo que en ocasiones coincidía. Así ocurría ya a principios del siglo XX.

En 1934 estuvo comisionado para la compra del toro el concejal Rafael Herrero Rioja, el cual viajó para ello hasta Salamanca.  A mediados de septiembre de 1945 se encargó a Alejandro Rioja Cámara llevar para su venta a la feria de Soria el toro semental del pueblo. Acto seguido, dicho concejal junto con dos ganaderos fueron comisionados para la compra un nuevo toro para el municipio. Sin embargo y para evitar disgustos, aquel animal se debió vender en menos de un año por resultar bravo y peligroso para los habitantes de la localidad.

En noviembre de 1950 el Ayuntamiento nombró para la compra del toro a los concejales Fructuoso Herrero Llorente y Eugenio Rubio Romero, los cuales quedaron facultados para adquirir el animal de referencia en Ávila o Salamanca.

En septiembre de 1952, siendo presidente de la Hermandad Local de Labradores y Ganaderos Julián del Olmo, el toro semental negro de Covaleda se llevó a la feria de Soria con el ganado del pueblo por no reunir condiciones, además de ser pegoso y no poderse sujetar.

Ya en septiembre de 1957 la Junta Provincial de Fomento Pecuario ofreció a la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Covaleda un nuevo semental vacuno suizo que sustituía al anterior, de la misma raza y nombre Príncipe. Poco más tarde se compró un segundo semental de capa negra a Lázaro Sanz de la Mata, vecino y tratante de Hontoria del Pinar, para lo que el Ayuntamiento aprobó conceder a la Hermandad un préstamo de 21.000 pesetas con las que se abonaría la compra, el transporte y la suscripción de un seguro para el semoviente.

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 La hierba destinada al toro del pueblo procedía del Prado Castejón y en tiempos era acarreada en haces por mozas y mujeres del pueblo como la tía Paulina, Modesta Herrero etc.

Los encargados de cuidar el toro del concejo fueron tradicionalmente los guardas y empleados del Ayuntamiento. El primero del que tenemos conocimiento expreso fue Fermín Hernández San Quirico, El Chiquinín, en 1942. Otros cuidadores de los toros fueron los guardas municipales Bonifacio de Miguel Rioja; Julián Mediavilla, el Mendoza; Toribio Bartolomé, que también ejercían de acorraladores de las praderas etc.

La tradición del toro del concejo se mantuvo en Covaleda hasta el año 1972, en cuyo día de San Quíliz se adquirió en León un semental de raza pardo alpino de nombre Limonero como último toro del pueblo. Al final y por no poderse hacer cargo la Hermandad, el semental quedó adjudicado y al cargo del vecino ganadero Pedro Herrero Santorum, el Pedrín.

El proceso de mestizaje y sustitución de los vacunos negros por otras razas iniciado en los años 50, sobre todo con la parda alpina y la frisona, se vio acelerado con la inseminación artificial bovina, técnica introducida en Covaleda por el veterinario D. Alfonso Gaspar Barraqueta y que efectuada normalmente en la Parada de Sementales de Las Losas. Estas instalaciones fueron terminadas en 1962 y en ellas se alojaban la clínica veterinaria de D. Alfonso, la nueva fragua herradero regentada por Alfonso Herrero Llorente y las dependencias para los caballos sementales del Estado que venían de parada durante la primavera.

           El ganado vacuno de leche cobró mucha importancia a partir de los años 60 para abastecer a una población de unos 2.300 habitantes. A los niños de la época nos resultaba muy familiar cuando nuestras madres nos mandaban ir a por la leche o cuando hacían queso de calostros.

           Tenemos que mencionar a Agropecuaria San Matías, una explotación lechera de la que eran socios los hermanos Jiménez Morales: Cesar, Antonio y Susín; Francisco Cámara, el Quisco, y su sobrino José, además de varios socios de Madrid entre los que se encontraba el famoso locutor Matías Prats padre.  La peculiaridad de aquella explotación era que las vacas de raza frisona y en número de 60 se trajeron en 1972 en tren procedentes de Dinamarca hasta la estación de Soria.  Una de aquellas vacas de gran producción lechera se llamaba Santa.

A partir de los años 90, bien por jubilación o por retirada se fueron quitando poco a poco las vacas de leche, con lo que la mayoría del ganado vacuno existente desde entonces en Covaleda es de producción cárnica con predominio hoy de la raza limusina. En la actualidad la única explotación lechera que queda en Covaleda es la de los hermanos Mediavilla Llorente.

  De principios de los años 90 recuerdo entre otros ganaderos de leche y a los que en algunas ocasiones atendí de veterinario a Felipe de Miguel Jiménez, David Martínez Llorente, Saturio Herrero Herrero, el Caparranas, y como no a Lázaro Llorente Jimeno quien sentía verdadera pasión por el ganado.

Jean-Laurent[1].Descanso-de-los-bueyes.Toledo

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