DESCUBRE COVALEDA: LEYENDAS

Leyendas

Recogemos a continuación algunas leyendas que están relacionadas con Covaleda

El Tío Melintón

Todos, mayores y pequeños de Covaleda, hemos oído hablar del Tío Melitón. Pero, ¿era un mito?, ¿fue un personaje real?.

17-01Se desconocían sus datos históricos, hasta que, entre otros D. Víctor Algarabel Lallana el que fuera párroco de Covaleda en su libro titulado “Covaleda, entre pinos y rocas” aporta un poco de luz en el tema: en el Libro de los Índices de Libros de Bautizados, al folio 115 consta el nombre de Melitón Llorente Rioja, en segundo lugar en el año 1838, concretamente el 18 de marzo. Hijo legítimo de Pascual Llorente y Martina de Rioja.

Después de una vida llena de robos, correría, amenazas, líos, …, nuestro protagonista acaba en la cárcel de Soria.

No se sabe bien si burla a su carcelero o concierta con él su salida, pero lo cierto es que al caer el día sale de Soria andando. Llega a Covaleda. Quema la taina de un vecino, dicen que hermano del Tío Lerín, con todos sus enseres y regresa a prisión. (La familia del Tío Lerín le hacía frente, al contrario que la mayoría de las familias de Covaleda, que se sentían aterrorizadas por este personaje y procuraban evitarlo, y si lo encontraban huían. Sirva como ejemplo el episodio de la vida de Melitón en el que un joven, dicen que de la familia de los Tolvas, que lo contempló a él y a su esposa desollando una ternera robada, huyó aterrorizado y a consecuencia del terror, murió después). La vida de nuestro protagonista se desarrolló a caballo entre la cárcel y las cuevas escondidas en el monte en las que habitaba junto a su esposa La Cabrejana.

Cuenta la tradición, que en su regreso, al pasar por Salduero sintió hambre y advirtió que en una panadería estaban haciendo pan y entró en ella a pedir hogaza. Por este detalle se le descubre.

En el libro IV de Difuntos de la Parroquia de Covaleda, en la partida 608, reza que el 18 de julio de 1870, el párroco Cándido Domínguez sepulta en el camposanto de la misma localidad el cadáver de Cipriano García Llorente (el Tío Lerín) a la edad de 32 años, consorte de Juana Rubio de Miguel, y con tres hijas Tecla, Francisca y Eugenia.

Encontrado, después de buscarlo cinco días, en el paraje denominado Cuerda de Cuevamugeres, en el término de Covaleda colindante con Vinuesa.

Allí en el paraje de Cuevamujeres, cuenta la leyenda que Melitón mató al Tío Lerín. Muestra de la historia es la llamada “Cruz de Lerín” (foto), situada en el paraje. Junto a ella había (hoy en día ya se han talado) dos pinos corpulentos, que están muy juntos, tienen el mismo tocón, y allí el asesino en silencio calculado, a su víctima acechó. Corre a sus pies un diminuto arroyuelo que canta una siniestra canción: “al Tío Lerín han matado aquí con mala traición, eternamente lo lloro, su sangre me salpicó.17-02

El que mal anda mal acaba. Y así, como no podía ser de otra forma, el que a hierro mata a hierro muere. En el Libro IV de Difuntos de la Parroquia de Covaleda, al folio 92, se halla inscrita una partida que dice que el día 8 de enero de 1878 fue sepultado en el camposanto del pueblo de Covaleda, un vecino del mismo, Melitón Llorente, legítimo consorte de Francisca García, natural de Cabrejas del Pinar.

Fue hallado su cadáver el día 5 de enero a las ocho de la tarde, en la calleja de los Bolicios, a la edad de 39 años, fruto de muerte a mano airada, pues recibió tres impactos de bala (uno en la cabeza y dos en la espalda). Probablemente venía de su taina situada en el paraje denominado La Paúl.

Se hace constar también que hijo.

Se atribuye la muerte del Tío Melitón al tío Simón, que fue cartero. Para justificar el hecho se hizo acompañar de la Guardia Civil. Lo mató tras identificarse, se cuenta que de este modo:

España, ¿quien vive?
España, ¿qué gente?
Melitón Llorente.
Un tiro en la frente.

En el lugar de la muerte hay una cruz grabada en la roca del suelo. De unos 15 cm de larga, y de poco relieve. El cuerpo sin vida de Melitón, estuvo depositado hasta su enterramiento en la ermita de San Miguel, ubicada al norte de la población. (Foto de los bolicios y de las cuevas)

La Cabrejana

Las leyendas se nutren de datos en los que intervienen realidad y fantasía, sucesos y comentarios que se van cimentando con el paso del tiempo.

La leyenda de la Tía Cabrejana nació a la par que la del Tío Melitón. Era su esposa, Francisca García, natural de Cabreras. Juntos tuvieron un hijo: en el Libro 6º de Difuntos de esta Parroquia, al Folio 47, nº 342 hay inscrita una partida de dice:

“párvulo sin nombre. Parroquia de Covaleda, nació ayer”. En el cuerpo de la partida dice que el 22 de enero de 1862 fue sepultado en el camposanto de Covaleda, un niño, bautizado por necesidad, hijo legítimo de Melitón Llorente y Francisca García.

(Estos datos de inscripción han sido sacados del libro sobre Covaleda, escrito por D. Víctor Algarabel.)

La pregunta que nos hacemos todos los que hemos leído la leyenda del Tío Melitón, es qué ocurrió con su viuda al fallecer éste. Sabido es que si su marido era considerado como una mala persona por sus vecinos, lo mismo ocurría con su esposa a la que catalogaban como una” perversa mujer que llevaba la voz de mando en la pareja.”

Ello unido a que vivía alejada del pueblo (no sólo de las casas, sino también de la gente), hizo que se quedase completamente sola al morir su marido Melitón, y aunque era fuerte la hembra no era adecuada para ella la vida en una cueva.

Todo ello unido, fue la causa de que buscase refugio fuera del pueblo. Se cree que la dirección que tomó fue la de Montenegro, pueblo soriano situado en la Tierra de Cameros, al otro lado de la Sierra de Urbión.

Allí trabajó de lavandera durante dos años, pasó luego a Logroño, huyendo de las amenazas de sus anteriores vecinos por las fechorías que hiciera su marido en Covaleda. Allí en Logroño entró a prestar sus servicios en una casa de mala reputación, donde conoció a un cliente, llamado D. Gervasio Montes, de profesión carnicero y vecino del pueblo de Abejar. Al poco de conocerse se casaron y se fueron a vivir a Abejar (Soria). Llevaban una vida de buena vecindad, hasta que todo cambió en el momento en el que La Cabrejana no podía darle hijos a su marido, que los anhelaba.

Eso empezó a ser un muro entre la pareja y las desavenencias llegaron una detrás de la otra, la bebido también hizo acto de presencia y la perversidad de La Cabrejana, parece ser que afloró de nuevo.

El desenlace final fue la muerte a machetazos de La Cabrejana, a manos de su marido, “de un golpe seco en el pescuezo”, como declaró el homicida Gervasio Montes ante la autoridad competente de Abejar, en el año 1884, tras asesinar a su esposa Doña Francisca García “La Cabrejana”. Como moraleja a esta leyenda, se podría decir que el que mal anda, mal acaba.

Leyenda de la Virgen de Covaleda

Su culto, según Janariz se remonta más allá de la invasión agarena.

Por eso al llegar los árabes la ocultaron cuidadosamente en la hendidura de una roca, no 17-03lejos del pueblo de Covaleda o Covalleda entonces. Pasaron los años y tres siglos de horror y persecución religiosa, y, al ser conquistada Soria, la Virgen señaló milagrosamente el sitio en el que se encontraba. Bajaba de la montaña con dirección a la ciudad un sencillo y piadoso pastor: de pronto, reparó en un espino que brillaba con suave resplandor; acercose pues, divisó atónito una imagen de la Virgen circundada de luz. Cariñoso y reverente tomó en sus manos la sagrada imagen y poniéndola en su zurrón, partíó veloz para el pueblo, afanoso de divulgar entre sus vecinos el prodigio que acababa de presenciar. Al querer mostrar la imagen, con gran sorpresa halló que había desaparecido. Volvió al espino y allí la encontró envuelta en majestuosa sencillez. Colocó nuevamente en su zurrón tan preciado tesoro, pero se volvió a repetir la vuelta de la imagen al espino. Corrida la extraordinaria noticia de la aparición en la ciudad, la multitud acudió a honrar a la Virgen y la llevaron a la Iglesia de la ciudad, pero volvió a repetirse la escapada de la Imagen al lugar de su predilección, donde, por fin la dejaron. Entonces erigieron una ermita en su honor para su culto.

Esta versión sobre la aparición la he tomado del Manuscrito que poseo, del Pader Damián Janáriz: Historia de las Imágenes y Santuarios de la Santísima Virgen María en la Diócesis de Osma. En Aranda de Duero, fechado en 1940. El Reverendo Argáiz, escribía en su Manuscrito en 1659-1660:

“Es imagen milagrosa esta de Nuestra Señora del Espino de Soria, y su primer asiento fue Covaleda, lugar de los Pelendones, y cuando se perdió España los cristianos la escondieron entre unas peñas, para que los moros no la encontrasen….

La Tierra de Alvargonzález

Siendo mozo Alvargonzález, dueño de mediana hacienda en la feria de Berlanga se enamoró de una doncella, y se casó con ella.

Feliz vivieron los dos. Tuvo tres varones que en el campo son riqueza. Uno se encargaba de cultivar las tierras, otro de cuidar el ganado y el pequeño, se hizo cura. Se casaron los mayores y tuvo Alvargonzález nueras que sembraron cizaña antes que nietos le dieran. Y la envidia sembró la pelea. El cura, colgó la sotana y partió a tierras lejanas, y los padres le dieron bendición y herencia. Los mayores, codiciosos, ven tras la muerte la herencia.

Un día Alvargonzález salió de casa sólo, sin sus canes y a la orilla de una fuente clara, se puso a echar una cabezadita. En el sueño vio Alvargonzález que sus hijos lo mataban. Cuando Alvargonzález despierta ve que era cierto lo que soñaba y a la vera de la fuente queda Alvargonzález muerto. Tiene cuatro puñaladas en el costado y 17-04un hachazo en el cuello. Hasta la Laguna Negra, bajo las fuentes del Duero llevan sus hijos al padre muerto, y en la laguna sin fondo, que guarda bien los secretos, con una piedra amarrada a los pies, tumba de dan.

Pero de aquel asesinato quedaron los hijos libres, puesto que un buhonero que cruzaba aquellas tierras, fue echo preso y acusado, muerto en garrote infame. Quedaron libre de la justicia humana, pero no de su conciencia. Pasados algunos meses la madre murió de pena, según se cuenta, por saber en qué se habían convertido sus dos hijos mayores, por la envidia y la codicia. Tras la muerte de los padres, ya tienen los dos hijos mayores majada y huerta, campos de trigo y centeno y pardos de fina hierba, en el olmo viejo, hendido por el rayo, la colmena, dos yuntas para el arado, un mastín y mil ovejas. Los hijos de Alvargonzález, por una empinada senda, van a tomar el camino de Salduero a Covaleda. Cabalgan en pardas mulas.

A la orilla del Duero, canta una voz lastimera: “La tierra de Alvargonzález se colmará de riqueza, pero el que la tierra ha labrado no duerme bajo la tierra”.

Pero después de días de riqueza, llegan otros días de pena. Así, a un año de abundancia siguió otro de pobreza: en los sembrados nacieron las amapolas sangrientas, pudrió el tizón las espigas de trigales y avenas; hielos tardíos mataron la flor en la huerta y una mala hechizería hizo enfermar las ovejas. A los dos Alvargonzález maldijo Dios en sus tierras, y al año pobre siguieron años de larga miseria.

La conciencia se abre paso entre los dos hermanos: ¡hermano, que mal hicimos!, el otro le responde: ¡hermano, demos lo viejo al olvido!.

Una noche de invierno regresó el hermano menor que partió a lejanas tierras. En brazos de sus hermanos lloró algún rato en silencio, al ver con sus propios ojos en lo que se había convertido la hacienda de Alvargonzález. El hermano menor, el indiano, compró a sus hermanos parte de aquellos campos malditos. Y con sorpresa vió como sus tierras pronto se preñaron de rubios granos de trigo, y volvió el fecundo verano a ellas. De aldea en aldea, ya se cuenta como un milagro que los asesinos tienen la maldición en sus campos.

El pueblo canta una copla que narra el crimen pasado:

“A la orilla de la fuente lo asesinaron. ¡Qué mala muerte le dieron los hijos malos! En la laguna sin fondo Al padre muerto arrojaron. No duerme bajo la tierra El que la tierra ha labrado.” La hacienda de Alvargonzález, ya es del hijo indiano, ya que sus hermanos le vendieron casa, huerto, colmenar y campo. Los asesinos emprenden un día, pesada marcha, con el alba Duero arriba. Se acercaron a la fuente de sus malos recuerdos, y al pasar los hermanos relata el agua limpia: “A la vera de la fuente Alvargonzález dormía”.

Tras recorrer un largo camino, llegaron los asesinos hasta la Laguna Negra, agua transparente y muda, agua clara donde beben las águilas de la sierra, donde el jabalí del monte y el ciervo y el corzo abrevan; agua pura y silenciosa que copia cosas eternas; agua impasible que guarda en su seno las estrellas. Los dos, en el borde de la laguna serena gritaron: ¡padre!.

Y mientras los dos caían en ella, el eco (¡padre!) repetía de peña en peña.

La Pinochada

Sobre ella se han tejido más de una hipótesis, sin olvidar las explicaciones historicistas. Lo que no se sabe bien si es un hecho histórico o una leyenda. Aquí se va a incluir en el apartado de las leyendas, puesto que es algo que siempre han contado los padres a sus hijos, ello se ha ido transmitiendo de generación en generación, y se le ha ido revistiendo de” eso” que tienen las leyendas, y que no es otra cosa que sucesos que tienen más de maravillosos o tradicionales, que de históricos o verdaderos.

No es excesiva la bibliografía que puede consultarse. Por poner un ejemplo, hay un libro de Nicolás Rabal titulado “Soria”, en el que se hace referencia a ella. El origen puedo estar en la posesión de una imagen sagrada de la Virgen María aparecida sobre un pino sito en terreno de Vinuesa, pero cuyas ramas se adentraban en tierra de los “bretos”, que así se llama, cariñosa o despectivamente, a los habitantes de Covaleda.

Otra versión es la de que Vinuesa tiene un monte pinar que adquirió por donación de Juan II, pero además tiene otro que linda con Covaleda. Y éste pueblo pretendía tener más derecho sobre ese monte. Fuera una u otra la causa, el caso es que los dos pueblos vecinos se enzarzaron en una refriega, en la que parece ser, iban ganando los hombres de Covaleda y parecía que la Virgen habría de caer en sus manos.

Pero cual no fue la sorpresa para los covaledenses, cuando vieron a todo un ejército de mujeres armadas con ramas de pinocho (de ahí viene el nombre de La Pinochada). Eran las mujeres de Vinuesa que venían a ayudar a los suyos. Y lo consiguieron. Así, de este modo, parece ser que los visontinos derrotaron a los covaledense y tomaron posesión de la pequeña pero valiosa imagen de la Virgen que, desde aquel día, se llamaría “del Pino” y que se conserva y se venera en la parroquia de Vinuesa.

La Piedra Andadera

17-05

En la sierra de la Umbría o Resomo, sobre la cuerda divisoria de estos montes se alza una pesada piedra en peculiar equilibrio, de tal manera que parece que al ejercer presión sobre cualquier punto de la misma se desplaza. Esta virtud le concede al peñasco el nombre de Piedra Andadera. Hay quienes dicen que sólo con tocarla con un dedo se mueve, y otros, que las ráfagas fuertes de viento también consiguen moverla. No es este el único caso conocido de piedra oscilante. Los vascos denominan Arri-kilinka a un peñasco similar en la línea divisoria entre los valles de Baztan y Aldude. En Muxia (Galicia) también hay una piedra en el santuario de Nuestra Señora de la Barca, a la que se atribuye movimiento y propiedades curativas.

La piedra andadera se apoya sobre un resalte rocoso muy cerca del punto culminante de la montaña. Posee una altura que supera los dos metros y una anchura de tal vez cuatro, por lo que podría tener un volumen cercano a los diez metros cúbicos.

La sierra de la Umbría es eminentemente pinariega. Posee su máxima altitud en Cabeza Alta (1.543 m) sobre Duruelo de la Sierra (1.201 m), desde donde se prolonga en dirección Este por las cimas de Marañón (1.474 m) y Piedra Andadera (1.499 m) para perder su altura en Molinos de Duero (1.138 m), al borde ya del embalse de la Cuerda del Pozo o de la Muedra (1.077 m). Paralela a la sierra corre la carretera que une los pueblos del piedemonte del macizo de Urbión: Duruelo de la Sierra, Covaleda, Salduero, Molinos de Duero y Vinuesa.

En Covaleda (1.212 m) vamos a tomar las marcas rojiblancas del sendero ibérico Soriano (G.R.-86) y que cruzando el Duero por puente de la Aremilla toma la pista a la derecha en dirección al área de los Apretaderos. A este lugar se llega también desde el Puente de Soria, en la carretera de Covaleda a Vinuesa. Se sigue por la amplia pista hasta encontrar una bifurcación a la izquierda por la cual seguimos (1.204 m). Discurrimos por la amplia pista durante un par de kilómetros y vamos a tomar un camino forestal a la derecha más sugerente. Este se interna más decididamente en los pinos (S.) y va a ganar un poco marcado collado que lleva el curioso nombre de Portillo de las Putas (1.445 m). Sin restos de posible “Bareto de Alterne” en la zona, seguimos las marcas que nos llevan hacia las Peñas de El Juego de Pelota (1.465 m) o El Frontón. En la parte superior encontramos una antecima más o menos llana cubierta de pinos desde donde se inicia un pequeño descenso (1.448 m) antes de coronar el punto culminante de Piedra Andadera (1.499 m), donde no hay señal ni nada que la identifique, ni siquiera sensación de haber ganado el punto más alto. Posiblemente seguiremos un poco más adelante en busca de algún punto más característico y a los pocos metros, a la derecha del camino, descubriremos la Piedra Andadera.

Las marcas del G.R. siguen por toda la cuerda por el Alto de Ventosino (1.481 m), frente al cual se halla el repetidor de Peña Rubia (1.435 m), Piedra Moruna (1.341 m) y las antenas del Pico del Aguila (1.328 m) bajando después a Salduero (1.099 m).

Accesos: Covaleda (1h 45 m); Salduero (2h 45 m).

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