LA TIERRA PINARIEGA DE BURGOS Y SORIA – José Luis MORENO PEÑA II

LA TIERRA PINARIEGA DE BURGOS Y SORIA – José Luis MORENO PEÑA II

El carácter forestal de la economía.

Desde principios de este siglo, el pinar se convirtió en columna vertebral de la economía de los pueblos pinariegos. La subida de los precios de la madera, impulsada por situaciones coyunturales nacionales e internacionales, hizo de la explotación forestal una fuente substanciosa de ingresos hasta la década de los setenta. La construcción del ferrocarril Santander-Mediterráneo en 1929 contribuyó a unas mayores posibilidades de comercialización. El descenso relativo experimentado en su valor en fechas recientes no se ha traducido en una paralela pérdida de interés por el monte, pues también proporciona otras ganancias en forma de salarios por trabajos de silvicultura, aportando pastos para la ganadería, siendo soporte para la apicultura, y, últimamente, con la superposición a los aprovechamientos tradicionales de otros nuevos, como la recolección de setas y el inicio, en algunos encinares, de la producción de trufas. Constituye, además, la base para un conjunto de pequeñas industrias cuya materia prima es la madera, al tiempo que se ha comenzado a dirigir la atención a la remuneración económica de que se puede hacer acreedor, tras una adecuada promoción, el rico patrimonio natural y paisajístico.

La abundante producción de hongos y setas de estos montes ha pasado a ser desde los años ochenta fuente no desdeñable de ingresos económicos. Desde los centros de recogida, en Navaleno y Abejar, “hongos” (Boletus edulis) y níscalos (Lactarius deliciosus) y, en menor medida, otra docena de especies se dirigen hacia diferentes lugares de España, a varios países europeos y a Estados Unidos. A los recolectores autóctonos se han incorporado últimamente numerosos buscadores foráneos. Preocupa su afluencia excesiva no sólo por la merma que les origina en las ganancias obtenidas por la venta y transformación de estos frutos silvestres, lo que para bastantes familias constituye la base fundamental de sus rentas anuales, sino sobre todo por el temor al deterioro que tan masiva presencia de personas ajenas puede causar en el monte y en la preservación de la riqueza micológica.

El pinar interviene también en la vida económica como origen de beneficios a través de los puestos de trabajo que posibilita en las serrerías y por los salarios percibidos por tareas de silvicultura. El 15 por 100 del valor que alcanzan los productos de la madera y de la leña en las subastas se ha venido reservando para incrementar el fondo destinado al pago de labores de conservación de las masas arbóreas. Dados los cambios experimentados en el tipo de contratación, antes directamente efectuada por ICONA, hoy realizada a través de empresas privadas, que se sirven de trabajadores forasteros, se deberá potenciar desde los municipios la constitución de sociedades de origen local orientadas a la prestación de este tipo de servicios.

También en el pasado los bosques eran fuente de rentas a través de las diversas utilidades que proporcionaban. Aportaban artículos para su venta directa, madera y vigas, productos elaborados, que comprendían menaje doméstico y aperos agrícolas, así como teas y pez para calafatear los barcos que se armaban en los astilleros del Cantábrico. Ofrecían, además, la materia prima necesaria para la construcción de carretas, tarea en las que estaban especializados algunos lugares -Rabanera del Pinar, Palacios de la Sierra, Pinilla de los Barruecos, La Gallega-, con lo que se hacía posible la que durante siglos fue la actividad principal de varias de estas poblaciones, el transporte a larga distancia de productos voluminosos y pesados. Se basaba en una poderosa organización profesional, la Real Cabaña de Carreteros, integrada por los transportistas de Canicosa de la Sierra, Casarejos, Covaleda, Duruelo, Hontoria del Pinar y sus aldeas de Navas del Pinar y La Aldea del Pinar, Molinos de Duero, Navaleno, Palacios de la Sierra, Quintanar de la Sierra, Regumiel de la Sierra, San Leonardo, Vadillo y Vilviestre del Pinar, que llegaron a reunir cerca de 6.500 carretas y más de 17.000 bueyes a su servicio. Favorecida por los monarcas en atención a la consideración de su carácter estratégico y por su gran valor como soporte para la economía, la carretería recibió el estímulo de numerosas exenciones y privilegios. La abolición de sus prerrogativas, en 1834, juntamente con la sucesiva implantación y expansión de otros sistemas de transporte, marcó el comienzo de una etapa de paulatino deterioro de la actividad carreteril y, con ello, de pérdida de vitalidad económica y demográfica en la comarca.

Aunque algunas de las ocupaciones y producciones enumeradas han desaparecido por completo, la explotación del pinar mantiene un valor fundamental y contribuye de manera significativa a las rentas de sus habitantes, hoy no tanto a través de la venta de los pinos como por los citados trabajos de silvicultura y de una primera transformación en las numerosas serrerías. Por ello la comarca se sigue definiendo principalmente por su carácter forestal, que implica, además, unas formas peculiares de reparto de los beneficios del monte entre los miembros de las comunidades rurales.

73La propiedad comunal y los “pinos de privilegio” como base del aprovechamiento forestal.

En la base de la organización de la producción forestal de la Tierra Pinariega aparece un esquema de la propiedad territorial dominado por el neto predominio de las tierras de titularidad concejil, sobre todo de carácter comunal. Los predios pertenecientes a los ayuntamientos ocupan el 80 por 100 de la superficie total. En algunos municipios los porcentajes son muy superiores. Una parte significativa de esas propiedades corresponde a sociedades integradas por varios pueblos. Algunas tienen carácter interprovincial. También se enclava en la comarca el Pinar Grande -12.010 has.-, poseído en comunidad por la ciudad de Soria y los pueblos de su tierra, lo mismo que los montes El Verdugal y Santa Inés-8.177 has-, situados en el confín oriental.

Una parte considerable de las propiedades municipales se encuentra cubierta de robustas masas arboladas. El 73 por 100 de la superficie corresponde a espacio forestal, y el 61 por 100 es monte maderable. Predomina el pino silvestre (P. sylvestris) -en fase de expansión natural a costa de antiguos sembradíos, eriales y pastizales-, al que se suma en la parte meridional el pino negral (P. pinaster), y hay asimismo una pequeña participación de pino pudio (P. laricio), adaptado a los suelos calizos. A su lado, el enebro traslada a expresión visual, con su cromatismo de oscuro plomo verdoso y sus formas desgarradas en el aire impregnado con sus aromas fuertes, las variedades del roquedo. De madera antaño muy apreciada para la construcción, por su consistencia y resistencia y por su larga duración derivada de su cualidad de ser difícilmente atacable por los xilófagos, y utilizada también para mobiliario y para la marina, se encuentra ahora, tras cientos de años de fuerte castigo, en etapa de tan esplendorosa progresión que constituye un hermoso y lujurioso canto de la fuerza de la naturaleza, que, libre de perezas, se apresta con diligencia a rebrotar ante la más pequeña señal de tregua percibida en la presión humana. Lo más característico es, no obstante, tanto por la amplitud de su cobertera, dominadora del espacio y definidora del paisaje, como por su interés económico, la gran masa de coníferas, que desde antiguo se tradujo fielmente por la percepción popular a representación verbal con el nombre de Tierra Pinariega.

Todos los años se acuerda la corta de un determinado número de árboles, que se agrupan en tantos lotes como vecinos con derecho a disfrute hay en cada pueblo. La costumbre de hacer repartos vecinales, gozne en torno al que se organiza el aprovechamiento forestal, se remonta a tiempos inmemoriales. Un serio contratiempo se produjo a partir de la promulgación por Fernando VI, en 1748, de la Ordenanza Real para la conservación de montes y nuevos plantíos. Concebida para fomento de los bosques de España, suscitó reacciones de protesta entre los vecindarios de los municipios pinariegos, que se veían privados de sus formas tradicionales de vida.

De las dificultades iniciales derivaron, no obstante, consecuencias duraderamente favorables, pues los reyes concedieron exenciones y privilegios para que los pueblos carreteros burgaleses y sorianos pudieran seguir con los disfrutes tradicionales de sus bosques. Carlos IV concedió en 1792 a Canicosa de la Sierra, Palacios de la Sierra, Quintanar de la Sierra, Regumiel de la Sierra y Vilviestre del Pinar el Real Privilegio de que en cada uno de ellos se pudieran cortar anualmente 2.500 pinos -los “pinos de privilegio”- para reparto vecinal. Otros pueblos sorianos-San Leonardo, Arganza, Casarejos, Navaleno y Vadillo- habían obtenido autorizaciones similares algunos años antes, en 1760.

El reconocimiento de lo que hasta entonces habían sido aprovechamientos habituales, mantenido hasta nuestros días, afianzó la relación con el monte, el amor alárbol, el celo por salvaguardar en toda su integridad el patrimonio forestal recibido de sus mayores. Este sentimiento generalizado de identificación con el bosque, que es coherente con los beneficios que desde hace varias generaciones les ha proporcionado a través de los repartos comunales, constituye la nota más destacada de las señas de identidad de las poblaciones de la Tierra Pinariega, que se han dirigido nuevamente a la Corona, en 1992, con ocasión de la celebración del 2o centenario de la concesión carolina, solicitando del Rey de España su apoyo para la adopción de nuevas disposiciones, adaptadas a las circunstancias presentes, en pro de la potenciación del monte como soporte para el desarrollo de la vida de las comunidades rurales con orientación forestal. También demandan de la Unión Europea la concesión de incentivos para el medro de esta actividad y la promulgación de un cuerpo legislativo tendente a la definición de una política forestal comunitaria.

Junto a algunas cortas, excepcionales, de robles y hayas, y de algunos pies de J. thurifera -muy escasos, pues es especie protegida-, la explotación forestal se centra de manera primordial en los pinares. Los aprovechamientos son de dos tipos, ordinarios y extraordinarios.

4904980777_0fac08bda3_o         A los ordinarios, constituidos por pinos verdes, corresponden los antiguos “pinos de privilegio”, en aquellos pueblos que tienen este derecho, así como otros que se pueden asignar a los municipios tanto por adjudicación directa como por subasta. El proceso de reparto se inicia con la identificación por los agentes forestales de los árboles que van a ser cortados mediante una marca y por la asignación de un número, operaciones que se completan con la realización de los cálculos precisos para determinar su cubicación. Seguidamente una comisión municipal procederá a agruparlos en tantos lotes como vecinos hay con derecho a reparto, procurando la mayor homogeneidad posible en relación con su volumen de madera. Por último, se adjudican mediante sorteo-de ahí que se les dé el nombre de “suerte”- a los beneficiarios, cada uno de los cuales dispone plenamente de la parte que le ha correspondido para su utilización y venta, que se hace bien de forma particular o bien asociándose con otros. En los municipios con orientación forestal iniciada más tardíamente se venden en bloque por las comisiones municipales encargadas de su administración, procediéndose después al reparto de su importe entre los vecinos.

Destaca el afán conservacionista de que hacen gala los vecindarios de la Tierra Pinariega. Fieles a la tradición de sus antepasados, siguen concibiendo sus extensas y bien pobladas forestas no sólo como una fuente directa de rentas inmediatas, sino también, con mentalidad de ahorro y de manera muy especial, como precioso legado que hay que conservar para que sus hijos lo reciban sin detrimentos. La preservación hasta hoy de su denso patrimonio natural y paisajístico se vislumbra ahora como posible fuente de recursos turísticos y de beneficios ligados al ocio de las poblaciones urbanas si se llega a diseñar un sistema de gestión adecuada, que mantenga la compatibilidad tanto con los tradicionales aprovechamientos madereros como con los usos ganaderos.

El volumen de extracciones ascendió en la campaña del año 1994 a 207.638 m3 de madera y 41.060 estéreos de leña. De ellos corresponden 146.062 m3 a los pinares sorianos y 61.576 m3 a los burgaleses. Aunque se producen las lógicas variaciones de un año a otro, no son muy significativas, pues los aprovechamientos están previamente determinados de acuerdo con una serie de planes establecidos a largo plazo, con turnos superiores a cien años, desglosables en otros decenales, y éstos, a su vez, divisibles en anuales.

La cantidad de madera obtenida ha aumentado en fechas recientes en relación con lo que suponían las cortas tradicionales. Ha sido posible por un cambio en el modo de gestión y en el sistema de explotación, sin que ello suponga deterioro para los bosques, que, más robustos y organizados en función de sus períodos de máximo crecimiento, han mejorado su capacidad de producción. Nos encontramos ante un sistema de aprovechamiento de la naturaleza bien fundamentado, que, tras la aportación continuada durante siglos de un gran volumen de recursos renovables, se afirman como plasmación de la meta de una forma bien lograda de desarrollo sostenible.

Los aprovechamientos ordinarios se complementan con los extraordinarios, formados por pinos que han de ser talados o arrancados por razones circunstanciales y por consiguiente no previstas en los planes generales. Frente a la regularidad de los primeros, cuyo volumen aproximado de extracciones se puede prever con antelación de años, las cortas de carácter extraordinario presentan una gran variedad interanual, al venir determinadas, en parte, por causas inesperadas, con una especial incidencia de las climáticas. Comprenden pinos secos, desarraigados, tronzados por el viento o por la nieve, atacados por parásitos, aunque también hay pinos verdes, como los procedentes de cortas por apertura de caminos, tendidos eléctricos o por otro tipo de acondicionamientos que se hacen en el monte, así como los eliminados por clareos. Sucede esto especialmente en aquellos lugares en los que tras la corta a matarrasa, dejandoárboles-padres, se prepara el suelo para una repoblación en tiempo breve mediante un laboreo superficial de la tierra. El nacimiento y crecimiento, que se realiza con gran rapidez de forma natural, produce una red muy tupida de pinochos, llegándose a densidades de 30.000 pies por hectárea. El elevado coste de los trabajos de entresaca y el mínimo valor del producto suscitan dudas acerca de la viabilidad futura de esta práctica silvícola. Tanto los árboles verdes como los pinos secos o desarraigados se enajenan mediante subasta.

Hasta mediados de los años ochenta hubo otras utilidades, como la resinación de las masas de pino negral y pudio que se extienden sobre todo por la parte meridional de la comarca, aprovechando, el primero, las aptitudes de ciertos suelos calizos, y ocupando, ambos, sectores situados a menor altitud o en los que el pino silvestre no cuenta con las condiciones más idóneas para su desarrollo.

11960207_10206549280802725_9087491024155745267_nLa doble reglamentación técnica y municipal de los montes.

La explotación de los montes está minuciosamente reglamentada mediante un conjunto de normas emanadas de la administración forestal y de preceptos recogidos en ordenanzas municipales.

Hasta hace no muchos años, la base del sistema forestal de la Tierra Pinariega estaba constituida por el número de árboles a que se tenía derecho en virtud del privilegio real, o por éste más las concesiones que se hacían por el Distrito Forestal de cierta cantidad de pies, entre los que las comisiones vecinales de cada municipio elegían los más corpulentos y valiosos. Actualmente viene determinada por el volumen de extracción, que se fija con criterios técnicos de acuerdo con las evaluaciones de la potencia y productividad de cada monte. A ello se añaden los árboles que, como acabamos de indicar en líneas anteriores, son abatidos por su carácter decrépito y para mejora de la masa forestal.

Los pinares de la Tierra Pinariega están sometidos a proyectos de ordenación desde los años cincuenta. Las operaciones emprendidas con carácter previo por los Ingenieros de Montes de las Jefaturas de Soria y de Burgos comenzaron, no obstante, mucho antes, a principios de este siglo, primero en los pinares sorianos -la ordenación del Pinar Grande se inició en 1907- y después en los de Burgos.

La actual oferta de pastos, en terrenos comunales y en los montes gestionados por la Sección de Medio Natural de la Junta de Castilla y León supera a la demanda. Se toma como base para hacer el cálculo del ganado que puede pastar el consumo teórico de hierba estimado por animal, tomando como referencia para hacer la evaluación el número de ovejas, extrapolable al cabrío y al vacuno, computándose la cabeza caprina como dos de lanar y la de vacuno como cinco.

El turno adoptado en estos pinares se ha establecido en torno a los 120-140 años. Con esa referencia, se divide el monte en cuarteles, yéstos en rodales, que permiten escalonar a lo largo de ese período las cortas de aprovechamientos ordinarios. En el proceso de ordenación, que, dado el tiempo transcurrido desde su implantación, no está totalmente concluso, se comienza con cortas por clareos sucesivos -fase en la que actualmente se encuentra buena parte de los montes-, antes de llegar a las cortas a matarrasa, consideradas como método más eficiente, aunque, a veces, causan recelo entre los vecinos.

En cada pueblo hay una Ordenanza para el reparto de los aprovechamientos forestales. Se pueden señalar como condiciones de carácter general, que se repiten con algunas pequeñas diferencias, la de ser vecino del lugar, haber nacido en él y ser descendiente de padres y abuelos que ya hubieran tenido este derecho, aunque en algunos casos se puede adquirir por otros medios. Es preciso haber cumplido los veinticinco años para empezar a participar en los repartos. Sólo los casados tienen derecho a suerte completa, dándose a los solteros media. También se reconoce a los viudos que lo hayan adquirido por casamiento, mientras no contraigan segundas nupcias, y a los huérfanos, que conservan el que tenían sus padres. Hay que vivir permanentemente en el pueblo. En algunos sitios se exige la firma en un libro depositado en el ayuntamiento para acreditar la residencia efectiva. Se pierde el disfrute por ausencias largas, aunque se puede recuperar. Generalmente se requiere una presencia mínima continuada de ocho o nueve meses.

La administración de estos bienes de titularidad municipal no la hacen directamente los ayuntamientos, sino unas comisiones vecinales constituidas para ello. Propiedad y disfrute de los montes aparecen, así, en cierto modo, disociados, con lo que se afirma su carácter de uso comunal y se evita su adscripción a la categoría de bienes de propios.

06Las actividades industriales vinculadas a la explotación de los montes.

Los aprovechamientos forestales propiciaron la aparición temprana de una industria maderera, que cuenta hoy con un centenar y medio establecimientos repartidos entre veintitrés pueblos. La mayor parte corresponde a serrerías, que, en número próximo a cien, se distribuyen entre veinte localidades. Son de pequeñas dimensiones, sin que alcancen generalmente a la decena de trabajadores. Se suele suspender o, al menos, ralentizar su actividad en los meses centrales del invierno, a causa de las dificultades provocadas por las bajas temperaturas para la manipulación de la madera, aunque hay aserraderos que funcionan de manera ininterrumpida todo el año. A pesar del predominio de fábricas de reducido tamaño, su elevado número determina que tengan una incidencia importante en la generación de empleo y en la economía comarcal. En algunos casos, dan ocupación casi exclusivamente a diferentes miembros de las familias propietarias. Otras, organizadas como cooperativas, funcionan con el trabajo que aportan los socios. Se recurre, sobre todo en ciertas épocas del año, a la contratación temporal de asalariados. No faltan instalaciones de más envergadura, en las que trabajan varias decenas de personas. Las mayores se sitúan en Quintanar de la Sierra, en Duruelo y en Covaleda.

La capacidad de transformación de las serrerías establecidas en la Tierra pinariega es superior a la producción de sus pinares -algo más de 200.000 m3/año-. Por ello utilizan también un volumen creciente de madera procedente de otros lugares, principalmente de pino de Monterrey (P. radiata insignis) -cerca de 200.000 m3/año- del País Vasco. Es de peor calidad que la del pino Soria, pero igualmente válida para lo que es el destino de la mayor parte de la producción, tabla, tablilla y tablón, utilizados en la construcción, embalajes y plataformas para carga, “palets”, aunque también se ha iniciado su empleo en fábricas de muebles.

Hay otras empresas que realizan una segunda elaboración de la madera, como varias carpinterías y algunas fábricas de puertas y ventanas, molduras, marcos, parquet, muebles y juguetes -suman cerca de medio centenar de establecimientos-, constituidas algunas como cooperativas, sobre todo en Duruelo, adonde se mira desde otros pueblos como ejemplo digno de imitación. Junto a este modo de organización, destaca como fórmula predominante la sociedad de índole familiar. A partir de ambas se ha propiciado un tipo de empresa pequeña, adecuada a unas iniciativas individuales de carácter local y génesis endógena. No faltan, sin embargo, algunas más potentes y de naturaleza foránea.

La factoría de mayores dimensiones, que ocupa a más de trescientas personas, es la fábrica Norma, de San Leonardo de Yagüe, dedicada a la construcción de puertas. En sus orígenes tiene una empresa cooperativa, creada en los años cuarenta, que desde 1953 concertó con la sociedad “Construcciones y Aplicaciones de Madera, S.A.” la utilización de sus instalaciones. Su nacimiento, a partir de la capitalización para este objeto de una parte de los ingresos procedentes de los repartos comunales de pinos se ve algunos pueblos como modelo a seguir para impulsar el desarrollo de pequeños proyectos industriales. Se trataría de sustituir las ventas individuales de los pinos en pie por la constitución de un cártel para comercialización de la madera clasificada según las normas que se habrín de adoptar por la Unión Europea.

Al servicio de la actividad forestal se ha desarrollado una importante flota de camiones, que recuerda aquella dedicación tradicional de los pueblos pinariegos a la carretería hasta muy avanzado el siglo XIX. Son necesarios para el traslado de los pinos desde los montes hasta las serrerías, cuyo funcionamiento más eficiente garantizan, además, con el aprovisionamiento de la materia prima que se trae desde otras regiones. Dan asimismo salida a los productos de la comarca.

El aprovechamiento a través de la resinación de extensas masas de pino negral propició el desarrollo de una industria dedicada al tratamiento de la miera. Desde los primeros años de este siglo se instalaron destilerías en Arauzo de Miel, Cubilla, San Leonardo de Yagüe, Cabrejas del Pinar, Hontoria del Pinar. El descenso de los precios determinó desde comienzos de los años ochenta un deterioro progresivo de las operaciones de sangrado de los pinos para extracción de la resina, hasta llegar a su desaparición en esta comarca. Se mantiene la presencia de esta actividad en la fábrica de Hontoria del Pinar, laúnica que subsiste, aunque con ritmo ralentizado.

Otros productos que proporciona el monte han incidido en el comienzo de una industria agroalimentaria, que, al tiempo que constituye novedad, se proyecta como opción de futuro. En Navaleno, la fábrica Arotz ocupa en el envasado y preparación de productos vegetales un contingente de operarios superior a la veintena de personas. Su número se incrementa en las épocas de mayor actividad, hasta alcanzar a 150 ó 200 trabajadores, fundamentalmente mujeres. Hay grandes diferencias interanuales, dependiendo de los resultados de la campaña de recolección de setas y níscalos. Manipula principalmente “hongos” (Boletus edulis) y níscalos (Lactarius deliciosus), pero también trufas (Tuber melanosporum) y otros productos vegetales, dedicando a la exportación la mayor parte de su producción. Su interés desde el punto de vista de los puestos de trabajo que genera es, sobre todo, indirecto, por los ingresos que proporciona a los recolectores. La existencia de una plantación de varios centenares de hectáreas de encina trufera, en Cabrejas del Pinar, a la que se han sumado posteriormente otras más pequeñas en este mismo municipio y en Abejar, favoreció el inicio de esta nueva orientación productiva, también con base forestal, que cuenta en esta última localidad con otra conservera -TOHERSA-, de carácter familiar y dimensiones más reducidas.

A partir de la experiencia adquirida con las trufas, los objetivos se dirigen ahora a potenciar las producciones de hongos en los pinares. Los ensayos, que, a partir del Centro de Investigación de Valonsadero, se hacen por el INIA en parcelas de pinar dispersas en varios pueblos, pretenden implantar el micorrizo del B. edulis en las raíces del pino silvestre. Este proyecto suscita grandes expectativas, pues supondría un cambio cualitativo en lo que ha sido hasta hoy la explotación forestal.

Otro aspecto de desarrollo de la actividad basada en el monte se orienta hacia la fabricación de productos nuevos en el sector maderero, que se agreguen a los tradicionales, poco variados y con escaso valor añadido, constituidos hasta ahora fundamentalmente por la primera preparación que se hace en las serrerías. A este objeto, desde la “Asociación de Silvicultores Comunales Urbión-Demanda” -ASCUD-, que agrupa a una veintena de municipios forestales de Burgos y Soria, se ha impulsado el estudio, que ejecuta desde 1992 el INIA, para determinar las características físico-mecánicas de la madera del pino Soria, con vistas a la normalización de tipos y a la adecuación de la producción a los requerimientos de los mercados actuales, de modo que se hagan susceptibles de nuevos usos. La “Asociación Pinares-El Valle” -ASOPIVA-, en la que se integran treinta ayuntamientos de las dos provincias, dirige sus esfuerzos a dinamizar la mentalidad empresarial tanto hacia la diversificación de actividades industriales, como, partiendo del gran valor ambiental y de la calidad paisajística de los frondosos espacios de la Tierra Pinariega, a la potenciación de las actividades de ocio.

midiendo la madera

Declive demográfico con renovación del poblamiento.

La existencia de una relativamente amplia actividad industrial ligada al rico patrimonio forestal, así como los trabajos demandados a partir de unas prácticas silvícolas muy cuidadosas no han sido suficientes para retener a la población, que, lo mismo que en otros ámbitos rurales ha entrado en una etapa de declive a partir de los años sesenta. La crisis económica general se ha combinado en la Tierra Pinariega con los efectos de la coyuntura desfavorable de los precios de la madera.

El éxodo rural que ha afectado a la comarca en los últimos treinta años ha desembocado en una importante pérdida de efectivos humanos, que han descendido desde los 30.667 habitantes -población de hecho- que sumaba en 1960 hasta los 19.054 que registra el Censo de 1991. A pesar de este vaciamiento efectuado por la emigración y de la subsiguiente crisis demográfica, ligada también a los cambios operados en las pautas reproductoras, de lo que es expresión la reducida densidad actual, 11’3 h/km2, la base poblacional ha mantenido mayor consistencia que en otras áreas rurales.

Dado el neto predominio del carácter agrupado de la organización municipal -treinta y cuatro municipios y cincuenta y dos entidades de población-, el nivel de concentración de la población -560 habitantes por municipio y 370 por núcleo- supera a lo que es común en el espacio rural de ambas provincias. Los núcleos que ahora tienen mayores efectivos vivieron en la primera mitad del presente siglo una fase expansiva relativamente importante, relacionada con el creciente valor de la madera y con el desarrollo de algunas instalaciones industriales o talleres para su preparación. En los otros se produjo un proceso de pérdida de efectivos poblacionales. Con posterioridad se han producido cambios significativos en esas pautas. Desde 1960 casi todos los pueblos se deslizaron por la pendiente de retroceso demográfico. Desde 1960 hasta 1991 se produjo en la comarca una merma de 11.613 personas -el 38 por 100 del total de su población al comienzo del período- y de 3.260 personas -el 25 por 100- en el grupo de pueblos que hoy superan los 1.000 habitantes, que hasta 1960 vivieron una etapa especialmente expansiva, y que pasaron de 12.956 a 9.696 habitantes, siendo San Leonardo de Yagüe el único que ha seguido creciendo. En los últimos años el ritmo de pérdidas se ha ralentizado, pero sin frenarse totalmente, pasándose de 20.735 habitantes en 1981 a 9.054 de 1991, lo que supone un descenso del 8 por 100 en la década.

Esta evolución reciente y diferenciada se ha acompañado por otra, que ha afectado al aspecto del poblamiento. A través de los cambios acaecidos en su caserío, que ha experimentado remodelaciones importantes, se ha producido una mutación notable en su fisonomía. Se puede señalar una etapa con nuevas construcciones hasta los años sesenta, simultánea al crecimiento de la población y a la buena coyuntura económica de los pueblos que fueron beneficiados por los elevados precios de la madera. A ella ha seguido otro período de renovación de las antiguas casas rurales o de construcción de otras de nueva planta. Así como las transformaciones del primer período se debieron fundamentalmente a la acción de los propios vecinos, las de los últimos años se vinculan, además de al deseo de los residentes habituales de hacer más confortables sus viviendas, a intereses foráneos, de génesis urbana, ya se trate de emigrantes que fueron abandonando sus lares desde hace unas decenas de años, ya de otras personas que acuden aquí en períodos de vacaciones. El fenómeno, que es común en todos nuestros espacios rurales, y no exclusivo de la Tierra Pinariega, tiene entre sus consecuencias la de una alteración importante del aspecto tradicional de su hermoso caserío mermado progresivamente por la ruina o sustituido por nuevas construcciones.

Aunque los pueblos de la comarca pinariega no se han visto libres de los efectos de la crisis económica general, que ha sumado sus dificultades a las derivadas del descenso relativo del precio de la madera de los pinos, en una parte de ellos se ha resistido a la coyuntura negativa mejor que en otros lugares. Su potencial productivo parece, además, capaz para remontar su última etapa de recesión. No faltan en este momento diferentes iniciativas de génesis endógena, con las que se busca la dinamización a partir de la adopción de acciones potenciadoras tanto de las tradicionales industrias de las serrerías, que se deben complementar con las del mueble y aplicaciones innovadoras de la madera, como de otras dirigidas a la promoción de nuevas actividades agroalimentarias, fundamentadas ambas en la base forestal, prestando también atención al impulso de los recursos turísticos, acciones en las que se han centrado los programasLeader del CEDER Urbión.

Desde asociaciones como ASCUD y ASOPIVA, en Quintanar de la Sierra y en Abejar, se indaga tanto en sus contornos próximos como en ejemplos más lejanos, de otros países de la Unión Europea, con vistas a afirmarse en una forma nueva de generación de recursos ligándose más directamente a los intereses urbanos y pensando en formas nuevas de producción en los espacios rurales, cada vez menos dependientes con carácter de exclusividad de las actividades agrícolas y pecuarias. Se parte de la idea de dar participación en la promoción y gestión del desarrollo rural a los agentes locales, haciéndolos sus principales protagonistas, con la confianza puesta en la bondad de las iniciativas surgidas de la trama social y de la base humana de cada lugar, siguiendo la tradición fuertemente implantada en la Tierra Pinariega de las pequeñas empresas familiares y cooperativas, con la vista puesta en crear mecanismos que fijen población y eviten el éxodo.
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El Urbión y la Demanda Forestal.órgano de difusión de ASCUD. Quintanar de la Sierra (Burgos). ASCUD. Nos 1-2, año 1995.

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