REVISTA NORMA NEWS Nº 13 – Marzo 2001

REVISTA NORMA NEWS Nº 13 – Marzo 2001

Nuestros montes: Las «suertes de pinos» y las ordenaciones de montes, bases del desarrollo rural de la comarca de pinares.

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José Antonio Lucas Santolaya

Ingeniero de Montes

Jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente de Soria

En primer lugar quería decir que es para mi un orgullo escribir un artículo en esta revista y poder colaborar para que salga adelante. El año que permanecí en NORMA (1990), trabajando en la Sección de bloc-port y ayudando a Paco Herrero, siempre ha sido un orgullo para mí, aprendí mucho y sirvió para dejarme bien claro que mi verdadera vocación era trabajar en los montes de la provincia. En aquellos tiempos me fui de casa y afortunadamente la suerte me ha acompañado estos años, haciéndose realidad mi sueño.

La Comarca de Pinares Burgos-Soria cubre una extensión próxima a las 120.000 Has. De masas forestales naturales autóctonas, principalmente de pino silvestre o albar (Pinus sylvestris) y pino negral o resinero (Pinus pinaster),

con enclaves importantes de especies tan notables como el haya (Fagus sylvatica), el pino laricio o pudio (Pinus nigra) o el roble rebollo (Quercus pyrenaica).

Está integrada por 23 términos municipales pertenecientes a las provincias de Soria (16 ayuntamientos) y Burgos (7 ayuntamientos)

Se trata de una comarca que sobrepasa el ámbito administrativo provincial, pero que presenta como uno de los rasgos más característicos su unidad y singularidad geográfica, expresada no sólo por sus aspectos físicos, sino también históricos y demográficos (costumbres de la gente), y por la organización y aprovechamiento del espacio. Integrada además en las Reservas Regionales de Caza de Urbión y Demanda, y una parte de ella componente también del Parque Natural del Cañón del Río Lobos, puede presumir de que, en estas últimas décadas, es la única zona rural, no sólo de la provincia, sino de toda Castilla y León y posiblemente de las pocas de toda España que no ha disminuido de población (como así han manifestado los censos de población) e incluso, en muchos pueblos, ha aumentado ligeramente.

El motivo fundamental es que sus habitantes han sabido vivir del y para el monte, fundamentalmente de la madera, con repuntes importantes en los últimos años de la micología y el turismo rural pero, sobre todo, se ha sabido crear una pequeña industria, principalmente a través de pequeñas asociaciones y cooperativas ligadas a la transformación de la madera y sus derivados, que ha hecho mantener a la población joven en los pueblos. Esto no ha sido una casualidad, sino fruto de una conciencia de protección del monte y de arraigo a la tierra que hacen que la gente joven de los pueblos de pinares siempre haya sido muy reacia a marcharse fuera de su pueblo, fundamentalmente por los ingresos que han recibido de ella, de «sus» montes, a través de las «suertes de pinos» y que se han visto acrecentados a mediados de este siglo con motivo de la ordenación de sus montes y la posibilidad de cortar más madera de la que se venía cortando tradicionalmente.

Cuadro nº 1

Cuadro nº 1

Según podemos observar en el cuadro 2 de los anexos, por ejemplo, en el monte de San Leonardo se ha pasado de cortar 1.262 pinos de privilegio (1.400 m3cc) antes de la ordenación, a poder cortar 10.816 m3cc, por lo tanto casi 10 veces más; en Navaleno se ha pasado de cortar 900 pinos de privilegio (1.000 m3cc) antes de la ordenación, a poder cortar 9.576 m3cc, por lo tanto también casi 10 veces más; en Talveila 11 veces más, en Muriel Viejo 13, y en Cabrejas hasta 18 veces más.

A la luz de todo esto, los pueblos de la zona de pinares y la Comunidad Autónoma de Castilla y León han marcado las bases del desarrollo rural, de la conservación de sus bosques y un modelo de gestión sostenible de su patrimonio natural. Los vecinos de los pueblos siguen viviendo de la madera, recurso natural renovable, y del resto de los productos que provienen del monte pero, sobre todo, sin ningún tipo de conflictos de intereses. No hay masas forestales autóctonas mejor conservadas y cuidadas en toda España, ni con tan bajo índice de incendios forestales.

El estudio de la sociología e historia de los pueblos y el origen de las «suertes de pinos», van unidos a la alta cultura de la gente de estos pueblos. Sus curiosas tradiciones, como la fiesta de «la pinochada» (símbolo del poder de la mujer, aunque sólo se refleje en un día simbólico), las «danzas del paloteo» «(danzas religioso-pastoriles-guerreras), o la «pingada del mayo» (símbolo fálico), están basadas en el monte y en costumbres antiquísimas.

En la Comarca de Pinares de Soria existen 99 empresas relacionadas con el sector, siendo un ejemplo a exportar a todas las provincias de la Comunidad y a toda España en general. Ninguna comarca de montaña española, si exceptuamos tal vez al Valle de Arán, (Mariano Torre, 1.999) ha registrado una evolución tan positiva y tan equilibrada en los tres componentes de lo que es hoy el paradigma de conservación de la naturaleza, conocido como desarrollo sostenible, integrando de forma equilibrada los componentes social, ambiental y económico del desarrollo sostenible. La comarca de pinares está demográficamente sana y apenas conoce el paro laboral. La calidad de los bosques no ha hecho sino aumentar en este siglo; no sólo se produce una elevada cantidad de madera y hongos sino que el ganado, tan hostil a los bosques en muchos lugares, aquí está perfectamente integrado; los incendios intencionados ya no se conocen a pesar de lo accesibles y visitados que son sus bosques. El turismo es cada vez más importante.

La industria de transformación de la madera se ha desarrollado notablemente, en especial en los últimos 15 años, y actualmente es el motor económico comarcal.

Como consecuencia el nivel de vida es notablemente alto y los habitantes se identifican con sus bosques como en ningún otro lugar.

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Origen de las suertes de pinos

Al parecer, el privilegio por el que los reyes concedieron, por medio de «Cartas Pueblas » y «Cartas de Privilegio», el derecho a los aprovechamientos forestales que se obtuvieran de los montes, data de varios siglos (a finales del siglo XIII ya se tiene conocimiento de ello). Por ejemplo, en Duruelo en 1.288, Fernando III el Santo concede estos derechos a los que fuesen a poblar el valle del río Gomiel. Estos derechos fueron confirmados por Fernando IV en 1.342, por Alfonso XI en 1.356, por Pedro I en 1.390, por Enrique II en 1.409, por Enrique III, por Juan II, por Enrique IV, por los Reyes Católicos y por Felipe II.

En principio se concedía un cierto número de pinos llamados de «privilegio», elegidos entre los mejores de la zona. Existía la costumbre de que comisiones municipales, compuestas por algunos habitantes, eligiesen en el monte estos pinos para el pueblo – los mejores pies a huroneo -, pero cuando se empezaron a ordenar los montes, se limitó a los tramos de corta la superficie para poder llevar a cabo dicha elección.

Como consecuencia, la evolución para el monte ha sido totalmente positiva, pues se pasó de no cortar los pies dominados, por ser los peores y no elegirse nunca, a hacer verdaderas cortas de regeneración.

Cuadro nº 2

Cuadro nº 2

Evolución demográfica de la comarca

Al efectuar el estudio demográfico de la Comarca de Pinares, salta a la vista que se trata de un escenario inserto en una inmensa masa boscosa, con un clima de montaña difícil y unos medios precarios de subsistencia.

Esta afirmación queda patente al analizar las cifras poblacionales anteriores al siglo XX, años en los que predomina la industria carreteril (el pinar, con su abundante pasto es un medio ideal para la cría de ganado vacuno propio de la carretería), y los censos del siglo XX, en los que el epicentro se sitúa en la industria maderera derivada de los pinares.

En el cuadro 1 podemos ver la evolución demográfica anterior al siglo XX, con datos basados en el Catastro; Loperráez, Miñado, Madoz, 1.855, 1.887 y 1.900 respectivamente (datos elaborados por Pedro Gil Abad), y la del siglo XX (datos del Instituto Nacional de Estadística – provincia de Soria -).

El privilegio de la «suerte» o corta de pinos que disfrutaron todos los pueblos de la Comarca, supuso en el siglo XVIII una revitalización económica que incidió positivamente en el aumento de población, como se puede observar en el gráfico. El dinero corre con fluidez a causa de la carretería. Antes de coronar el siglo XVIII, la carretería comienza su deflación y ese hecho incide en la disminución demográfica.

Los pueblos dedicados el 90% al transporte, disminuyen drásticamente su población; Duruelo, Covaleda, Salduero, Navaleno, Casarejos, Vadillo; y los que tienen algo de agricultura y ganadería ovina se mantienen; San Leonardo …

El hundimiento de los transportes trajo consigo el de 1ª población. La emigración serrana se deja sentir. De pueblos de inmigración se convierten en pueblos de emigrantes. La década del 30 al 40 fue la época peor para los pueblos carreteros. El epicentro industrial pasa ya con claridad a 1a madera que, desde este siglo, va a marcar las cotas poblacionales.

En el siglo XX el crecimiento general es de signo positivo ascendente en todos los pueblos.

Las dos excepciones son la mortalidad de 1.918 y la guerra del 36, con repercusiones indudables.

A principios del siglo XX los precios de la madera experimentaron cierta alza, entre otras cosas debido a la Primera Guerra Mundial, de manera que las «suertes de pinos» proporcionaban una mayor utilidad a los vecinos.

A pesar de esta mejora económica la mayoría de los pueblos siguió siendo bastante pobre hasta la Guerra Civil. Después de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial la perspectiva económico-social cambió. Los precios de la madera, que habían experimentado un alza desde comienzos de siglo, subieron hasta un nivel desconocido. Según cálculos realizados por el Distrito Forestal de Burgos, el precio del la madera subió en la época de 1936-1956 cuatro veces más que el coste de la vida, las leñas 3 veces más y las resinas dos veces más (gráfico 1): Uno de los factores clave fue el éxodo rural, que hizo que al crecer las ciudades se incrementase la demanda maderera para la construcción de viviendas y mobiliario.

La puesta en marcha de las Ordenaciones supuso, en este sentido, un hito trascendental. Lo verdaderamente revolucionario fue la comprobación por parte de los vecinos de los pueblos de que en los montes ordenados se aumentaba la producción y que el futuro de la zona pasaba por una buena explotación de sus recursos forestales.

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