JUNTA Y HERMANDAD DE LA CABAÑA REAL DE CARRETEROS BURGOS-SORIA – Pedro Gil Abad – XVI

JUNTA Y HERMANDAD DE LA CABAÑA REAL DE CARRETEROS – XVI

BURGOS-SORIA

Pedro Gil Abad

Burgos 1983

TRANSPORTES Y RUTAS DE LA SAL

La sal fue siempre un artículo de vital importancia para todos los españoles.

Los pueblos, villas y ciudades se veían obligados muchas veces a pagar precios abusivos cobrados por los arrendadores de las fabricas de sal al tener que acudir a determinados lugares a proveerse. Felipe II enterado de estos abusos, dispone que cada uno de los pueblos, ciudades, villas y lugares puedan proveerse libremente donde mas le convenga. Para ello incorpora a la Corona y PatrImónio Real todas las salinas del Reino y prohíbe hacer sal fuera de ellas. También prohíbe meter sal en sus Reinos de las salinas de Andalucía y del Reino de Granada[1]. Legislación sobre sales y salinas, además de la anterior, tenemos las Reales Instrucciones de 4 de marzo de 1716 y 25 de noviembre de 1805; las Reales Cedulas de 11 de marzo de 1716, Real Ejecutoria de 27 de enero de 1721 y Ley de 5 de febrero de 1718.

En resumen, las disposiciones a este respecto tratan de la incorporación a la Corona de las minas y pozos de sal, incluso las de Aragón; y prohibición de labrarla fuera de las de la Real Hacienda[2].

Conceder permiso libre a los pueblos y particulares para surtirse de la que mas les plazca sin estar sujetos a limites ni guías[3].

Sobre prohibición de que un arrendador expenda en un distrito que pertenezca a otro, incurriendo en diversas penas y castigos[4].

La legislación nos habla de las penas y castigos en que incurren los defraudadores de la sal[5].

La sal estaba grabada con una serie de impuestos.

Los acopios de sal fueron suprimidos por R. D. de 3 de agosto de 1834, dejando desde ese momento el surtido a la libre voluntad de los pueblos y de los individuos. Hasta entonces el Gobierno se encargaba de distribuir toda la sal que se consumía, haciendo obligatorio el surtido, pero fueron muchos los abusos a que dio lugar este sistema, por lo cual se hizo odioso y fue abolido.

Vemos, pues, que la distribución de la sal fue supervisada por la Corona, que tenia organizada su distribución por medio de alfolíes o depósitos a los pueblos. Su transporte fue uno de los mas interesantes para los carreteros de la Hermandad Burgos-Soria, por la situación de las fabricas donde cargaban. Poza de la Sal, Salinas de Rosio, Anana, Belinchon, Imón y Olmeda, les señalaban rutas para el Oeste y centro, lugares de fáciles cargas para Madrid y la Corona, por lo que suponían viajes rentables.

Además, el suministro de sal no estaba muy sujeto a fechas determinadas, por lo que muchas veces los carreteros gozaban de cierta flexibilidad en su transporte.

La demanda de sal fue siempre constante y todos los anos se movían muchos miles de toneladas de este articulo, como veremos en las correspondientes reseñas.

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Fábricas y alfolíes

Las fábricas eran los lugares de producción de las sales. Las que mas transportes dieron a los carreteros de la Hermandad fueron las de Poza de la Sal e Imón. En menor cantidad, las de Salinas de Rosio, Olmeda, Anana y Belinchon…

Las fabricas de Poza, Salinas de Rosio y Anana, principalmente Poza, estaban en un lugar estratégico con respecto a las rutas del Norte, según podemos ver en los mapas respectivos. La madera de los montes de la Comarca de Pinares, la lana de Burgos, etc… era llevada al Cantábrico. De allí era fácil tener carga de regreso: canas para las salinas, hierro, etc. Esto hacia que los viajes fueran rentables. Al llegar a las salinas, cargaban con dirección a los alfolíes, distribuidos por ambas Castillas y León. En los puntos de destino tenían un cargamento fácil de trigo, centeno, cebada, carbón lana…, lo que hacia de estas rutas un positivo atractivo para los carreteros.

En los momentos actuales están en producción las salinas de Imón, Olmeda, Anana y Salinas de Rosio. Las de Poza están abandonadas. Las de Imón, Olmeda, Anana y Salinas de Rosio pertenecen a particulares. En las de Imón y Olmeda son 56 socios y el tipo de sociedad es pro indiviso. Se fusionaron en 1873. Las de Imón y Olmeda fueron declaradas en venta por la Ley de 1 de mayo de 1855 y 11 de julio de 1856, pues pertenecieron al Estado y fueron compradas en subasta publica en 1872 en la cantidad de 1.090.001 pesetas. Las demás pasaron a depender de sus propietarios primitivos.

Los datos más antiguos que hemos encontrado de la relación entre estas salinas y la Hermandad datan de 1497. El 23 de diciembre se habla de las salinas de Atienza (Imón y Olmeda) y de Anana y curiosamente en un pleito sobre límites de estas salinas se ponen como testigos a los pueblos de la Hermandad “entre los ríos Duero y Arlanza”[6]. Es lógico que como pueblos que estaban en contacto continuo con dichas salinas fueran conocedores de todos los detalles relativos a las mismas, hasta en los limites. De ahí que se les llevara como testigos.

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Alfolíes

Los alfolíes eran depósitos de sal desde los que se distribuía y vendía a los pueblos. Hemos llegado a comprobar en los diferentes documentos un número de 102. Quizás hubiera más que no hemos detectado. Los carreteros de la Hermandad recorrieron los alfolíes señalados cada ano de modo casi continuo.

AI sacar la sal de las fabricas utilizaban una medida a nivel nacional que era la del Barco de Ávila traída de hierro a hierro, siendo esto general en todo el Reino[7].

Se dice que se cometían grandes fraudes y que a los carreteros para que no se quejaran les echaban un celemin de más[8]. Los carreteros no aceptan eso, porque luego no les salía bien la medida al entregarla en los alfolíes.

Tuvieron complicaciones con unas guías nuevas que les dieron los administradores de las salinas, habiendo un modelo oficial que se utilizaba siempre. Todo esto es claro, que lo hacían dichos administradores para robar. Pero los carreteros no las aceptaron, porque cuando iban a los alfolíes con las nuevas guías no les hacían caso y les vendían los bueyes, los carros y otros ganados, cosa que no sucedía más que en tiempos de guerra.

Si no les daban las guías antiguas amenazaban con ir a otras salinas[9].

Para hacernos una idea de los transportes de sal, del diario de las Salinas de Poza, referimos la venta de un mes en dichas salinas:

Venta de S. M.: 825 fanegas.

Remitidas a los alfolíes: 54.318 f.

De situados: 38.

Sal perdida: 29.

Ventas de herederos: 16.044 f.[10].

En el siglo XVIII y en el XIX tenemos unas series de cargamentos de las carretas de la Hermandad que nos hablan de su importancia en cuanto a los transportes de sal. Eran los carreteros profesionales como los de la Hermandad los que estaban encargados de este transporte prioritariamente.

Durante todos los meses del ano, encontramos a los transportistas serranos cargando en las salinas. Es natural que los meses mas ocupados fueran entre abril-noviembre correspondientes al trajino.

Solamente encontramos a los carreteros de Hontoria porteando sal en los meses de enero y marzo del ano 1851.

En las series de los dos últimos siglos ponemos un resumen significativo del volumen de sal transportado por la Hermandad, de una de las salinas.

De Imón acarrearon sal en similar proporción. Consideramos significativa la documentación que adjuntamos para ver la importancia de la Hermandad en esta faceta.

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Repartimientos de sal entre los pueblos carreteros de la Hermandad

La Hermandad Burgos-Soria enviaba a Madrid, al repartimiento que se efectuaba en el Consejo de Hacienda, dos Comisarios que la representaban.

Cuando regresaban a la Comunidad, el Alcalde Mayor de la Junta convocaba la reunión de dicha Junta de Hermandad. Reunido el Consejo de Junta, se llegaba a un acuerdo para hacer el sorteo.

Preparadas unas cedulas, papeletas o politas, se efectuaba el sorteo de las cargas que corresponderían a cada pueblo que estaba representado por dos comisarios en la Junta. Estos repartimientos se hacían cada año en un pueblo distinto de los que pertenecían a la Hermandad.

Una vez hecho el sorteo y terminada la Junta de Hermandad, regresaban los comisarios a sus respectivos pueblos. Allí tenía lugar una reunión de Concejo convocada por el Alcalde de Cabaña. A ella acudían todos los carreteros dueños de carretas libres en aquel momento. Después de llegar a un acuerdo entre los mismos con respecto a los repartos, se sacaba una cedula o papeleta preparada previamente.

Cada carretero estaba obligado a cumplir con el compromiso del transporte que le había correspondido, en unas determinadas fechas que no solían ser muy apremiantes, sino flexibles. Si el Concejo era sancionado por el incumplimiento de algún carretero se imponía una sanción al culpable.

Creemos interesante traer una muestra de repartimiento hecho en Vilviestre:

En la villa de Vilviestre del Pinar a Diez y ocho días del mes de abril De mill setezientos zinquenta y seis anos. Estando en sus casas de Ayuntamiento, llamados a voz de Campana tañida y voz de Pregonero como lo acostumbran para conferir lo concerniente al seruicio de Dios nuestro Señor, utilidad desta dicha uilla, Conseruacion de ella y en cumplimiento de lo acordado por la comunidad de la Cabaña Real de Carreteros, zelebrada su Junta según costumbre por suerte de Cabaña en la de Quintanar de la Sierra para el cotejo y arreglo de los que por dicha comunidad de Carreteros se trato y confedero en la villa y corte de Madrid por dos comisarios que para este se remitieron a dicha Corte, y dicha Junta se executo en la dicha de Quintanar en los siete y ocho del presente mes, y año, y en ella conforme a lo tratado generalmente en la dirección General de Abales y Real Junta de Abastos, se trato detenidamente porción de carbón, y sales, y teniendo presente la razón e hijuela que por la dicha Cabaña se remitió a esta dicha uilla, y toco conforme a los ganados que contiene, y hallándose presentes los interesados en Carretas, y hauiendose convenido en poner suertes, en proporción y arreglado a ello toco por suerte a cada interesado lo siguiente:

Sal de Imón a Madrid

Manuel Vela a la Villa y corte de Madrid doszientas y zinquenta fanegas 250 f. (Siguen 53 repartimientos mas entre vecinos a diferentes alfolíes), y acaba así:

“En cuya conformidad se concluyo dichos repartimientos y asintieron los interesados que firmaron los que pudieron y se hallaron presentes en inteligencia de que las ziento veintitres fanegas que corresponden a esta villa por el de Buitrago queda de cuenta a los que llaman trilleros desta villa o conducirlas a pagar el exceso del importe de conducción. Y a Francisco hernandez no se incluye en este repartimiento por quanto están entre todos convenidos en que queda de su cuenta la conducción a la sal del escorial, y libertad que se le conzede para que parta al Real sitio de San Ildefonso a la provisión del carbón de la señora Reyna viuda…

Y en esta conformidad se executo y firmaron para su validación…

(firman todos los asistentes)[11].

En estos repartimientos, a veces, sobraban cargas. A los que correspondían cargamentos a lugares mas fáciles, se les daba un complemento mas difícil, “de hueso” llamaban ellos; y a la inversa, a los que había correspondido mas difícil, se les daba un complemento mas cómodo.

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En los mapas de fábricas y alfolíes podemos ver los caminos que seguían los carreteros en sus transportes.

Como llevaban carga completa, no tenían que desviarse de las rutas de carros normales. Se aprecia una red densa de N. a S. y de E. a O. por toda Castilla y León. Un resumen de viajes lo consideramos interesante.

Ponemos también una serie de transportes y transportistas, con los lugares de destino, desde las fábricas de Poza a Imón.

Sabemos que durante los siglos XVI y XVII las carretas de la Hermandad se dedicaban al transporte de la sal de una manera constante como en los siglos posteriores. Pero como no disponemos de series completas, hacemos listas de los siglos XVIII y XIX:

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[1] N. R. lib. 9, tit. 19, ley 1. Felipe II (10-8-1564).

[2] N. R. lib. 9, tit. 19, ley 1.

[3] Idem.

[4] N. R. lib. 9, tit. 19, ley II, num. 3-5. D. Felipe V en el Pardo por cedula de 5 de febrero de 1718.

[5] N. R. lib. 9, tit. 19, ley II, num. 1 al 14.

[6] N. R. lib. 9, tit. 19, ley 1.

[7] A. A. Poza de la Sal. Salinas, leg. num. 8. Ano 1660.

[8] Idem, 1661.

[9] Idem, leg. num. 3, ano 1665.

[10] Idem, leg. 23, ano 1661.

[11] A. A. Vilviestre, s. XVIII (8-4-1756).

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