JUNTA Y HERMANDAD DE LA CABAÑA REAL DE CARRETEROS BURGOS-SORIA – Pedro Gil Abad – VIII

JUNTA Y HERMANDAD DE LA CABAÑA REAL DE CARRETEROS – VIII

BURGOS-SORIA

Pedro Gil Abad

Burgos 1983

 ORDENANZAS DE LA JUNTA Y HERMANDAD DE LA CABAÑA REAL DE CARRETEROS BURGOS-SORIA[1]

Siempre la Hermandad Burgos-Soria tuvo unas normas comunes que regían toda su manera de vida. Su organización está reflejada en las Ordenanzas que obligaban a todos.

Para ver el desarrollo y estructura jurídico-administrativa de l Hermandad, vamos a efectuar un análisis de las Ordenanzas de la Real Cabaña de Carreteros del Reino, para uso de la villa de Quintanar de la Sierra hechas el año 1832.

Comienzan con un discurso preliminar:

Por cuanto para el buen gobierno de la Real Cabaña de Carreteros del Reino, se hacía indispensable la formación de unas Ordenanzas que reduciendo a un sistema de legislación breve y metódico la parte gubernativa en las diferentes materias de que se compone …”.

Habla de que no se conserva nada de las ordenanzas antiguas y que las de 1750 son muy diminutas, faltas de orden y de método e inaplicables en la mayor parte de sus disposiciones a los actuales intereses de la Cabaña. Que se hallaban desusadas y sin fuerza alguna obligatoria.

Se acordó en la villa de San Leonardo llevar a efecto el proyecto presentado en la villa de Hontoria del Pinar relativo a la formación de las nuevas ordenanzas. Una Junta de individuos acompañada de un letrado dieron principio a la obra teniendo a la vista las antiguas.

Hicieron las variaciones y reformas necesarias para adaptarlas a las circunstancias, corrigieron los abusos, guardaron conformidad con los privilegios concedidos a la Corporación y a lo que mandaban las provisiones del Real y Supremo Consejo y despacho de los Señores Jueces Protectores de la misma.

Así pensado, pasaron a la formación de las siguientes ordenanzas.

En dicha advertencia preliminar hace referencia a las diez villas y lugares de su antigua dotación por el orden que se expresa a continuación: S. Leonardo y cuatro aldeas de su jurisdicción. Lugar de Molinos de Duero, Cobaleda, Duruelo, Regumiel, Quintanar, Palacios, Bilbestre, Cañicosa, Ontoria del Pinar y dos aldeas de su jurisdicción… las derramas se componen de las villas de Cabrejas del Pinar, Abejar, Herreros y Villarverde.

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Capítulo 1

Trata del Alcalde Mayor, sus circunstancias, elección, jurisdicción contenciosa, facultades gubernativas y responsabilidad. Este capítulo consta de 22 artículos cuyo contenido ya ha sido expuesto anteriormente.

Capítulo 2

De las Juntas de Cabaña, su convocac1on, número de individuos que las han de componer, su nombramiento, circunstancias, obligaciones de éstos, solemnidades que deben de observarse en los asuntos y preceder a su admisión, orden que ha de observarse en los asuntos y atribución especial de la Junta.

El contenido de sus 24 artículos ha sido expuesto al tratar de las Juntas de Cabaña.

Capítulo 3

El nombramiento de comisarios, circunstancias de éstos, orden y método que ha de observarse en su elección, responsabilidad y provisiones que se les impone.

Sus siete artículos han sido resumidos en páginas anteriores.

Capítulo 4

De las contratas que se celebren por los comisionados en nombre de la Cabaña, orden que se ha de observar para el repartimiento, obligación de los individuos a su cumplimiento y prohibiciones sobre este particular.

Se desarrolla en seis artículos.

  • La Hermandad acataba como legítimos los contratos que el Procurador General y los comisarios hacían con la Real Hacienda y con los particulares, en su nombre.
  • La Junta repartía las fanegas y arrobas contratadas.
  • El repartimiento se hacía según el número de bueyes de cada villa o pueblo, declarado por los diputados en Junta General.
  • Cada individuo particular conduciría las fanegas que les correspondía según se estipulaba en las escrituras de contrata.
  • Los que no cumplían sus compromisos podrían ser sancionados por el Alcalde Mayor de Cabaña.
  • Nadie podía hacer contratas de géneros cuya conducción hubiera abrazado la Cabaña o los diputados correspondientes, siendo multados con doscientos ducados por el Alcalde Mayor.

Capítulo 5

De las contratas que se celebren por individuos de Cabaña en particular y prohibición de llevar interés unos a otros.

En un único artículo dice que cuando alguno cediera parte o toda conducción contratada a otro, debía ser preterido el individuo que tuera de Cabaña sin cobrar interés alguno excepción de lo que le hubieran costado los viajes, la celebración del contrato, etc.

Capítulo 6

Cesiones, permutas y traspasos de los géneros que se contratan en común y orden que ha de observarse sobre este particular.

El contenido de sus seis artículos dice:

  • Que se autorizaba libremente el uso de permutas, cesiones y traspasos de las fanegas que correspondían en el repartimiento pero sin que cobraran interés alguno por ello, salvo los gastos de hijuela de Cabaña.
  • Que en las cesiones eran preferidos los vecinos del pueblo a los forasteros.
  • Que estos convenios debían ser firmados por las partes o un testigo y si así no fuera no tendría valor legal.
  • Que ningún cabezalero podía dar un flete a otro sin conocimiento del interesado y, si así lo hiciera, estaría obligado a resarcir los perjuicios que causaba.
  • Que si alguno falsificaba el flete o cometía otro abuso estaba obligado a indemnizar al perjudicado y si se averiguaba antes de hacerse el cargamento estaba sujeto a la multa que le impusiera la Junta de acuerdo con la gravedad del caso.
  • Si alguno sacaba cargamento de arrobas de sal u otro género valiéndose de oficios particulares se le multaba con diez reales por cada una de las fanegas cargadas pudiendo denunciar la Cabaña el abuso a la Dirección General de Rentas y acordar las medidas que considerara oportunas para evitar esos abusos.

Capítulo 7

Cuentas finales, épocas y orden en que deben hacerse y nombramiento de contadores que las han de formar.

Todos los años hacían cuentas finales de los gastos ocasionados tanto de los salarios de los empleados en la Cabaña como de otras atenciones.

  • Dichas cuentas se hacían en los ocho últimos días del año por tres contadores nombrados por el Alcalde Mayor entre los seis diputados que se hallaran presentes de las villas más inmediatas al Alcalde Mayor. Estos diputados, junto con los alcaldes ordinarios donde se celebraban las Juntas, procedían a su formación.
  • Hechas las cuentas las presentaban a la Junta para su aprobación.
  • Una vez aprobadas se entregaba a cada pueblo la hijuela con la cantidad que debía abonar dando de plazo un mes.

Capítulo 8

Cobranza de repartimiento, multas y alcances que resultaren de las cuentas, método, orden y sistema que ha de observarse en su ejecución.

  • La Justicia de cada pueblo efectuaba el repartimiento entre los carreteros dando el plazo de un mes para su pago. Pasado el mes el escribano o fiel de fechos comunicaba al Alcalde Mayor los morosos para que se encargara de utilizar los medios pertinentes para conseguir el pago.
  • Antes de utilizar la vía de apremio, comunicaban de nuevo las Justicias a los interesados que no habían pagado la cuota dándoles un nuevo plazo.

En vía de apremio ejecutivo podían darse tres casos: que la cantidad adeudada fuera menor de 200 reales de vellón, en cuyo caso el Alguacil con la Justicia del pueblo procedía al embargo de bienes suficientes para abonar las deudas y los gastos de Alguacil y Justicia.

Si la suma adeudada pasaba de los 200 reales y no superaba los 500, verificaba el apremio el Escribano, acompañado del Alguacil y de la Justicia del pueblo siguiendo el mismo procedimiento anterior.

Cuando la cantidad excedía de 500 reales de vellón efectuaban la cobranza el Alcalde Mayor, acompañado del Escribano, el Alguacil y la Justicia ordinaria del pueblo, siguiendo el procedimiento antedicho.

  • En los casos de apremio ejecutivo no se admitían más razones para suspenderlo que las de error en el repartimiento y pago, lo que debía demostrarse en tres días. Después le quedaba el derecho de poder reclamar daños y perjuicios si lo justificaba en otra ocasión.
  • Al Alcalde Mayor se le concedía el plazo de un mes para efectuar los cobros y si así no lo hacía tenía que pagar las cantidades adeudadas.
  • Las Justicias de los pueblos estaban obligadas a presentar diligentemente sus actuaciones. Si así no lo hacían eran responsables de los daños y perjuicios que se ocasionaran.
  • La Junta podía utilizar medios a su alcance para poder cobrar las deudas. Entre ellos estaba la retención de los fletes.

Capítulo 9

Arrendamiento de dehesas, contratas de aparcería, sus diversas clases y formas; obligaciones recíprocas entre arrendatarios y aparceros, épocas en que han de entrar y salir los ganados de las dehesas y formalidades que deben observarse en las cuentas de entrada y salida.

  • Se prohibía a los individuos de la Hermandad pujar los precios de las dehesas que disfrutaban otros miembros de la comunidad, ya en pública subasta o con los mismos propietarios. El que así lo hiciera incurría en un multa de 200 ducados impuesta por el Alcalde Mayor de Cabaña.
  • Los que eran arrendatarios de dehesas no podían cobrar a sus aparceros mayor precio que el que a ellos les cobraban.
  • Los contratos de aparcería eran de dos clases: de plazo corto y de plazo largo. El de plazo corto se entendía por uno o dos años. El precio lo arreglaban entre los contratantes.
  • Si los contratos eran a plazo largo, se entendía más de tres años, las condiciones del aparcero se igualaban con las del arrendatario.
  • Si el aparcero se separaba del contrato antes de lo acordado sería responsable con el arrendatario de daños y perjuicios.
  • Si arrendatario y aparcero querían rescindir su contrato debían avisarlo durante el mes de abril! para así poder preparar con tiempo la invernada. En caso de no hacerlo así se consideraba que el contrato seguía en las condiciones establecidas en las escrituras anteriores.
  • Los contratos debían hacerse por escrito.
  • Si por causa de incendios u otras no había pastos en las dehesas arrendadas, se debía pagar los pastos a prorrateo entre las reses de los arrendatarios y aparceros. De esto se descontaba lo que se pudiera sacar de subarriendos a otros ganados.
  • La entrada en las dehesas tenía lugar el uno de noviembre de cada año y la salida el uno de mayo.
  • Todos los arrendatarios y aparceros debían dejar libres las dehesas el 1 de mayo de cada año. El que así no lo hacía estaba obligado a pagar dos reales por res y día que estuviera de más.
  • En las dehesas había un libro en el que se anotaban las cuentas de entradas y salidas y los demás gastos. Este libro podía servir de prueba en muchos conflictos sobre dehesas.
  • Toda sociedad de arrendatarios y aparceros tenía obligación de llevar el libro citado con la debida formalidad y en el caso de no hacerlo podían ser multados por el Alcalde Mayor con la multa de 20 ducados sin perjuicio de los daños que se causara por la negligencia de no cumplir dicha formalidad.
  • Los arrendatarios hacían los contratos con los aparceros firmándolos ante las Justicias del pueblo donde estaba la dehesa o del pueblo más próximo. De esta manera si el aparcero no aparecía a pagar al final de la invernada el arrendatario podía pedir ejecución contra el aparcero.
  • Los bueyes de arrendatarios y aparceros formaban una hipoteca especial para el pago de las hierbas. Contra ellos podía dirigirse la acción ejecutiva y hacer el embargo para el pago de las hierbas.

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Capítulo 10

Demandas o pleitos que se susciten por individuos de esta Cabaña o comunidad que tengan concesión con la observancia de los privilegios de ella y casos de que ésta deberá o no defenderlos.

  • Si algún pueblo o particular moviera pleito contra un individuo de la Cabaña, éste acompañaba todos los documentos del asunto. La Cabaña consultaba a dos letrados de ciencia y conciencia y si éstos decían que el juicio era favorable y justo para el carretero la Hermandad tomaba la defensa por su cuenta.
  • Si la Cabaña ganaba el pleito y la parte contraria tenía que pagar las costas, la Cabaña se reintegraba los gastos. El interesado recibiría los daños y perjuicios.

Capítulo 11

Preferencia y orden que ha de observarse para los cargamentos tanto en las salinas como en los demás puntos donde se reúnan dos o más carreterías. Así mismo en los descargaderos y método que se ha de observar en las disueltas, caminos y apartaderos.

  • Para evitar disputas entre los individuos de la Hermandad con respecto a las preferencias en los cargamentos al concurrir una o más carreterías, había unas normas: en las Salinas de Poza, la medida y el ambase las haría el primero que pusiese las carretas en el sitio llamado el Portillo; con respecto a las salinas de Añana, lmón y Olmeda era preferido el primero que presentara las carretas en el término de dichas salinas; en las salinas de Belinchón se seguía la costumbre de ser preferido el saquero que primero llegara a las salinas.
  • Cuando concurrían dos o más carreterías para cargar o descargar trigo, carbón, lana u otro cualquier efecto, lo hacía primero el que había llegado antes al lugar; si llegaban al mismo tiempo, lo hacían echando a suertes. Cuando se trataba de cargamento de trigo o granos, lo hacía primero el que primero llegaba a la panera o almacén donde había de cargar.
  • El mismo orden guardaban para entrar una o más carreterías en el camino después de acabar de uncir, para lo cual se combinaban los mayorales en evitación de disputas.
  • No se permitía adelantar un número de carretas sin haber terminado de uncir todas pagando daños y perjuicios que se derivaran de ello.
  • Cuando dos carretas se encontraban en un camino en sentido opuesto siendo el camino tan estrecho que no pudieran pasar las dos, se desviaría del camino la que iba de vacío. Si las dos iban cargadas, se desviaría la que tuviera menor volumen y si el ‘volumen fuera el mismo, decidía la suerte. La carreta que no cumplía estas normas podía ser sancionada con la multa de un ducado.

Capítulo 12

Traslación del archivo, orden con que ha de hacerse la entrega y depósito de las llaves en poder del Alcalde Mayor.

  • El Alcalde Mayor estaba encargado de hacer el inventario del archivo que pasaría al nuevo Alcalde Mayor nombrado. La Justicia del pueblo en el que tendrían lugar las Juntas trasladaría el archivo al nuevo Alcalde Mayor.
  • Había un libro de Cabaña donde se reflejaba todo y debidamente autorizado por los Escribanos pasaría al nuevo Alcalde Mayor que tendría las llaves del archivo.

Capítulo 13

Del Agente Procurador General de la Real Cabaña. Su nombramiento, obligaciones, responsabilidad y prohibiciones.

  • El contenido de sus nueve artículos ha quedado reflejado al tratar del cargo de Procurador General de la Cabaña Real.

Capítulo 14

Del Escribano de la Real Cabaña, su nombramiento, obligaciones y responsabilidad.

  • El contenido de sus once artículos ha quedado reflejado al tratar del cargo de Escribano de la Real Cabaña de Carreteros.

Capítulo 15

Salarios y consignaciones de los empleados en el servicio de la Real Cabaña de Carreteros del Reino:

  • El Juez Protector percibía 300 ducados anuales; el Procurador General “los derechos de su dotación según costumbre”; el Escribano 700 reales anuales; el Alcalde Mayor 300 reales anuales; los Comisarios enviados a la Corte un tanto diario; los Comisarios de la provincia 20 reales diarios; el Alguacil de Cabaña una gratificación por la simple asistencia y cuando tenía que citar en pueblos le pagaban los interesados un real por legua de ida y vuelta.

Estas Ordenanzas nos dan a conocer las normas jurídico-administrativas que desde muy antiguo regían en la Hermandad. Descienden hasta los mínimos detalles y dejan todo bien atado.

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RUTAS Y CAMINOS UTILIZADOS POR LOS CARRETEROS DE LA COMARCA DE PINARES

Vamos a referirnos a las rutas más importantes que utilizaron los carreteros de la zona que estudiamos.

Ruta del Norte hacia el Cantábrico

El camino de Santander a Burgos por Reinosa hasta Alar del Rey, fue el de las lanas.

En el siglo XVII, el comercio castellano había derivado preferentemente a Bilbao con mejores caminos. La nueva ruta carreteril quedaría trazada para facilitar el enlace entre esta villa portuaria montañera y Burgos.

Patiño fue el promotor directo de la idea en 1730 colaborando con Campillo y Cossío. Hasta el siglo XVI, Burgos había sido centro del comercio lanero. Patiño quería que el comercio que se hacía por Bilbao con la lana, se hiciera por Santander y que, en Burgos, pagasen los derechos de puertos secos que se pagaban en Vitoria. Este camino quedó concluido en 1753. Se cobraría un portazgo en Reinosa. Cada carro de lana pagaría 4 reales y cada carro que se sacara de hierro del país 4 reales (13-3-1753).

Pero Bilbao se llevaría la supremacía creando el Consulado en un acuerdo independiente con Burgos después de una dura lucha.

El binomio definido por el interior y los puertos cantábricos mantendrá su supremacía hasta el siglo XVIII.

Las montañas de Burgos eran paso obligado en los caminos que conducían, tanto a los pueblos vizcaínos como a los montañeses santanderinos más orientales, desde el interior castellano a través de Burgos, desde Tierra de Campos y desde la Comarca de Pinares Burgos-Soria, en sus rutas lanera, maderera y de la brea.

Desde el siglo XVI, logra Bilbao un papel preponderante que conservará en adelante en el Cantábrico y que afianzó el rol de los caminos de la montaña burgalesa como ruta obligada entre la meseta y el Cantábrico.

Son varios los puertos que deben salvarse en el trayecto que une la Castilla del Duero con la costa del Golfo de Vizcaya. Los más elevados son los montes de Reinosa, del Escudo, de Egaña, Valnera, de la Peña, etcétera, y, junto a ellos, existen otros menores: Pozazal, Páramo de la Lora, montes Obarenes.

Los pasos occidentales son difíciles por su repentina ascensión y descenso. Hay sectores más fáciles, como el puerto de los Tornos, importante para las comunicaciones entre Laredo-Santoña.

También son importantes el boquete de Trueba y el Portillo de Peña Angulo. Por ellos se reducen las dificultades de los pasos hacia el Cantábrico.

En la segunda parte del siglo XVIII, pasaba por Medina de Pomar el Camino Real para los puertos de San Sebastián, Vitoria, Bilbao, Castro Urdiales, Laredo, Santander, Burgos, Navarra y otros puertos de tránsito preciso y necesario para los lugares citados.

Entre los caminos del Norte, se encuentran tres que son los que canalizan las salidas castellanas hacia los puertos cantábricos: los Hocinos, la Horadada y Orduña[2]. Por ellos discurrió el tráfico económico desde el siglo XII entre las ciudades castellanas y los puertos entre el interior y el mar.

El Camino de la Horadada

Fue el más utilizado por la carretería. Partía de Burgos seguía por Villímar, los Rublacedos y Poza; llegaba a Oña, salía de Trespaderne y, vadeando el Nela, seguía por Mijangos y Nofuentes a Medina de Pomar.

Es el camino más cómodo, más liberado de nieves y alturas, el más fácil para la carretería y uno de los más transitados por esas razones.

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El Camino de los Hocinos

Tiene en común con el anterior la parte superior de su trazado. Los dos utilizan el paso del Trueba y el Valle de Mena o el puerto de Los Tornos, y los dos se centran en Medina de Pomar, hasta el siglo XVI, en que se utiliza la variante de Villadiego que es la más directa. Es el camino de las Parameras de la Lora. Por Peñahorada, Hontomín, Cernégula, se llega a las alturas de Villalta-Pesadas. Por el Almiñé se desciende al Valle de Valdivielso, cruza el Ebro por un paso peligroso; salía a Bisjueces Y se llegaba a Medina por Quintarmaza o por el vado a Villarcayo más directamente, desde el siglo XVI. Desde aquí se podía seguir hacia Bilbao por Villasante-Bercedo. Por este ramal había una bifurcación hacia Laredo por Los Tornos y hacia Bilbao por Castro Urdiales.

Por la depresión de Mena y por la vieja calzada romana, el llamado camino de Nava por Leciñana, lrús, Arcea, llegaba a Burceña y Nava de Mena y penetraba por Valmaseda en Vizcaya. Una bifurcación llevaba a Espinosa de los Monteros y los puertos del alto Trueba a Santoña y Santander[3].

El boquete abierto por el río Trueba da origen a una hendidura de varios kilómetros de anchura a menos de 700 metros de altitud, lo que supone un fácil enlace con la costa por el Valle de Mena y por el descenso progresivo y menor de El Cabrío, con un nivel de sólo 200-300 metros, muy cómodo y simple. Por este lugar se penetra al Cantábrico con más facilidad desde el interior.

El camino de Orduña significó un duro golpe para el camino carretero burgalés hacia Bilbao, que discurría por los altos de Lora y Valdivielso, lo mismo que para el de la Horadada[4].

El camino de Orduña, a pesar de su dificultad, era el más rápido para los carros.

Ruta de Castilla la Vieja y León

Las provincias comprendidas por estas dos regiones fueron las más frecuentadas por los carreteros de la Hermandad. Podemos decir que es difícil que pasara un pueblo sin ser visitado por los bueyes serranos. Caminos difíciles, rutas inverosímiles eran recorridas en busca de cargas de todo tipo.

La sal, el grano, la madera, la lana, la harina, vino, bizcocho, etc. fueron materias que llevaron las carretas con su rodar cadencioso.

Ruta de Castilla la Nueva y Madrid

Siempre fue Madrid un centro de atracción de todos los transportistas y también nuestra Hermandad estuvo allí. Más aún desde su espectacular aumento poblacional durante el siglo XVIII. El Norte y Madrid llegaron a acaparar todo el transporte, haciéndolo incluso insuficiente. Desde la Comarca de Pinares Burgos-Soria, desde la comarca de Almodóvar del Pinar, desde Navarredonda, desde todos los pueblos de ambas Castillas, Extremadura y Andalucía, acudían las carretas a la llamada de la Corona ante el apremio de la capital.

Antes de abrir para los carros, el paso por el Guadarrama, que comunicaba las dos Castillas, la ruta de los carreteros pasaba por Aguardenterías, de mala pendiente para los carros. El paso por Guadarrama acortó y facilitó el acercamiento a la capital de España[5].

Guadalajara, Toledo, Ciudad Real fueron provincias traqueteadas por las pesadas carretas de la Hermandad Burgos-Soria.

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Rutas de Burgos-Soria

Desde la Comarca Pinariega, los carreteros de la Hermandad recorrieron palmo a palmo las capitales y los pueblos, llevando madera, leña, gamellas, tauretes, trillos, tabla, tablón, machones, material de construcción para los cuarteles, conventos, iglesias, monasterios, aros de ruedas, etc. Lana desde los lavaderos de Vinuesa, piedra para la catedral de Burgos, material de construcción para la catedral de Burgo de Osma …

Las rutas de Soria y Burgos construyeron con sus carretas toda la estructura urbana de los pueblos y ciudades, bajando el material de la montaña al valle y formando el esqueleto con los pinos multiseculares.

Ruta a Barcelona

Ruta de provisiones de guerra en los años difíciles de crisis bélicas, de transporte de armamento, municiones, grano, vituallas y bagajes de guerra …

Soria, Agreda, Tarazana, Mallén… por allí discurrieron y allí dejaron cientos de bueyes inmolados en la dura lucha diaria.

Ruta hacia Sevilla

Por las rutas de Toledo llegaban a Almadén en momentos de carencia de transportes. Cargaban azogue y seguían hasta Sevilla.

Ruta de Extremadura

Aunque Extremadura estaba abastecida por los carreteros de la comarca de Navarredonda, fueron los de la Comarca Burgos-Soria, desde Castilla la Vieja y León con trigo, y desde Madrid con armamento y munición para los ejércitos en la guerra contra Portugal, hasta Mérida y Badajoz.

Ruta de San Sebastián

En la Guerra de las Comunidades, las carretas de la Sierra transportaron en 1520 los cañones y artillería desde Fuenterrabía. A veces, llegaban los carros a sus tierras portando lana de los lavaderos de Vinuesa por la parte de Agreda.

Rutas de los pastos de invierno

Cuando el invierno se aproximaba, los carreteros calculaban las rutas más adecuadas de acuerdo con las dehesas que arrendaban en invierno. Principalmente estaban en las proximidades del Duero.

Ruta de las provincias limítrofes

Uno o dos viajes durante el verano y alguno durante el invierno, efectuaban a las provincias limítrofes con las llamadas carretas churras o de cortas distancias. En ellos llevaban madera, tau retes, aros, gamellas, leña… y de esas provincias importaban aceite, vino y otras subsistencias necesarias para los pueblos carreteros.

Circuitos o rutas anuales de los carreteros al Norte y Sur del Tajo (Klein)

Cuando salía el ganado de las dehesas, de invernar en Toledo, en Extremadura o en tierras próximas al Duero, al llegar la primavera, cargaban las famosas lanas segovianas rumbo al Norte cantábrico. En Vitoria, añadían hierro a su carga. En Portugalete y Bilbao, embarcaban estos dos productos.

En el viaje de regreso, cargaban cañas y hierro y, en Salinas de Rosío, Añana y principalmente en Poza de la Sal hacían el cargamento de sal que distribuían por toda Castilla la Vieja, León, Castilla la Nueva, parte de Navarra y Zaragoza.

Cuando iban hacia el Sur, llevaban leña para los hornos de Talavera o carbón… cargaban cerámica y la transportaban a Sevilla. De allí, llevaban sal para Extremadura de acuerdo con los de Navarredonda. Desde Almadén cargaban el mercurio camino de Sevilla para embarcar a Méjico[6].

Todas estas rutas nos ayudarán a comprender mejor los mapas que Incluimos en otra parte, con los transportes y caminos.

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[1] Ordenanzas de la Real Cabaña de Carreteros del Reino para el uso de la villa de Quintanar de la Sierra (1832). A. A. Q.

[2] Archivo Municipal de Medina de Pomar, La Horadada y Orduña. Indulto perpetuo de puentes.

[3] Ortega Valcarcel, J.: .Las Montanas de Burgos. La Transformacion de un espacio rural. Universidad de Valladolid. Departamento de Geografia. Valladolid, 1974, pag. 133.

[4] Idem, pag. 133-134.

[5] Idem, pag. 258.

[6] Klein, J.: Op. cit., pags. 35-36; Tudela, J.: Op. cit., pag. 20.

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