JUNTA Y HERMANDAD DE LA CABAÑA REAL DE CARRETEROS BURGOS-SORIA – Pedro Gil Abad – IV

JUNTA Y HERMANDAD DE LA CABAÑA REAL DE CARRETEROS – IV

BURGOS-SORIA

Pedro Gil Abad

Burgos 1983

PRIVILEGIOS DE LOS CARRETEROS

Podíamos encabezar este apartado con unas palabras que se dicen en una Real Provisión promulgada el 9 de julio de 1823:

“... que los privilegios de que la Cabaña disfruta no deberían denominarse así, porque parece que denotan concesiones de gracia y de merced, y no son otra cosa que puras deferencias en pastos y utilidades que los individuos pagan en modo común, porque sin ellas, ni el cuerpo existiría, ni el servicio público podría verificarse; y que esta preferencia estaba fundada en un principio de todo derecho, que enseña que la utilidad común vence a la particular sin ofensa de la justicia …[1].

Los Reyes tenían necesidad de los transportes de carreterías y los carreteros encontraban multitud de dificultades en sus rutas diarias. Para evitar estas dificultades y facilitar al máximo la satisfacción del transporte de la Corona, los Reyes concedieron multitud de privilegios.

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Vamos a intentar hacer una recopilación, pues fueron fundamentales para la buena marcha de la carretería de la zona Burgos-Soria:

  • Que los carreteros puedan andar por todos los términos de los pueblos y los daños que hicieren, las Justicias los moderen de manera que no se les haga vejación ni exacción alguna indebida[2].
  • Que paguen los derechos de portazgos u otros en sitio destinado en el camino sin rodeos; se les lleven conforme a arancel; puedan pedir su visita, y no se les pene por descaminados por no haber ido a buscar a los portazgueros[3].
  • Que puedan apacentar sus bueyes o mulas por los términos permitidos a los mismos vecinos, quedando las cinco cosas vedadas: panes, viñas, huertos, olivares, prados de guadaña y las dehesas dehesadas que los Concejos vedan para los ganados domados[4].
  • Que puedan cortar madera de los montes por donde pasaren para reparo de las carretas, y leña para guisar en los montes públicos y concejiles, pero no en los privados[5] por el buey de remuda de cada yunta[6].
  • Que en observancia de los privilegios de los carreteros, se aprecie el daño que hicieren en cosas vedadas: panes, viñas, huertos, olivares, prados de heno, sea apreciado por dos personas nombradas por las partes, carretero y Concejo y persona dañada, y paguen lo que por ellos fuere apreciado[7].
  • Que no se les impida pastar las rastrojeras, hoja y pámpana de las viñas, alzado el fruto, en los alrededores de la Corte[8].
  • Que no se les impida el paso y suelta de sus ganados por las dehesas donde pastan y estén sueltos los ganados de labor de los vecinos labradores de los pueblos[9].
  • Que las Justicias no vejen ni molesten a los carreteros de bueyes porque vayan prevenidos de madera para reparar sus carretas, no viéndoles cortando madera en los montes o términos de los pueblos, salvo hallándoles “in fraganti”[10].
  • Que las Justicias no les lleven pena alguna por la madera que tengan y se les halle en su posada cortada, ni entren para ello en sus posadas; penándoles sólo si les hallaren cortándola en sus posadas de acuerdo con las ordenanzas[11].
  • Que no se quite a los carreteros, al pasar por los pueblos, el vino y mantenimiento que llevaren para su sustento ni se les veje por ello[12].
  • Que yendo y viniendo de paso las cabañas y carretas en su ordinario trajinamiento por los pueblos, se les deje pastar en los términos y rastrojeras de ellos que sean de pasto común[13].
  • Que yendo y viniendo las carretas cargadas por los pueblos, no se embarguen para la coducción de la sal[14].
  • Que no se les impida a cabañiles ni trajineros la compra y tasa de pan, carne, vino y demás alimentos que necesiten para su manutención, sino que se les suministren a los precios regulares según se vendan entre los naturales, vecinos y domiciliados[15].
  • Que se observen a los carreteros sus privilegios y los cele el Alguacil Procurador General de la Cabaña Real de Carreteros[16].
  • Se extiende en virtud de servicio pecuario (sirvieron con 500 duros para gastos de guerra) a varios cabañiles, trajineros del Reino, los privilegios de la carretería, como si fuese concedido a cada uno de ellos[17].
  • Se creó un Juez Protector Conservador de carreteros y cabañiles de la Cabaña Real; su privativa jurisdicción con las apelaciones al Consejo en la Sala de Mil y Quinientas[18].
  • Que el Juez Protector Conservador tenga facultad para nombrar en comisiones Ministros de las Audiencias, Corregidores o Abogados para desagravio de la Cabaña Real de Carreteros, avocación de causas, etc.[19].
  • Que no se prenda a los dueños, mayorales, mozos o dependientes de la carretería y Cabaña en lo tocante a sus servicios[20].
  • (1731). Los bueyes trashumantes utilizados por los carreteros poseen privilegio migratorio relativo a pastos de invierno no siendo excluidos de los pastos comunes, aunque lo hubieran sido los ganados trashumantes de la Mesta[21].
  • Que las Justicias del Reino guarden y cumplan en todo y por todo, como en cada una se contienen las leyes y privilegios de los carreteros, sin permitir su contravención en agravio de dichos carreteros y cabañiles de la Cabaña Real[22].
  • Que las Justicias celen no se cometan tropelías ni insultos con los carreteros, sus personas, sus haciendas y demás efectos que conduzcan, dejándoles aprovechar con sus ganados todos los pastos y aguas como a los demás vecinos con arreglo a sus privilegios y ordenanzas de los pueblos, cuyo examen se manda hacer[23].
  • Que guarden, cumplan y ejecuten en los respectivos distritos y jurisdicciones en todo y por todo las leyes del Reino, Reales Provisiones, ejecutorias y demás provisiones dadas a favor de la Real Cabaña de Carreteros contenidas en la colección que se insertó en la expedida el 20 de mayo de 1806, sin contravenirlas, permitir ni dar lugar a que se contravenga en manera alguna[24].
  • A principios del siglo XVII podían llevar armas ofensivus y defensivas[25].
  • Si les apresaren bueyes pastando en términos no públicos ni vecinales, paguen dos maravedís por buey, de día y cuatro de noche[26].
  • Que los bueyes de las carreterías pueden pastar en los términos de cien leguas en contorno de Madrid[27].
  • Que en las dehesas arrendadas para pastos de los ganados de los carreteros no se les puede llevar más precio que el que tenían el año 1692, y no se les quite posesión de ellas. Con esto se equiparaban a los ganados de la Mesta[28].
  • Que no se les lleve nada por las “disueltas” o “desyuntas” ni con otro pretexto por los Cuadrilleros, Guardas ni Alcaldes de la Hermandad[29].
  • Que lleven consigo los privilegios impresos con la firma del Escribano de Cámara y, además, la del Escribano del Juez Protector Conservador, con el fin de darles tanta fe como al original[30].
  • Estaban exentos del servicio militar, lo mismo que los pastores de la Mesta[31].
  • Que no haya soldados ni de estada ni de paso en las ciudades carreteriles[32].
  • Que puedan pasar los ganados de todas las especies trashumantes, estantes o riberiegos, por sus cañadas, cordeles, caminos y servidumbres[33].
  • Que puedan pacer en los pastos comunes de los pueblos del tránsito en que se les ha permitido hasta ahora mientras conserven esta cualidad, no entendiéndose por pastos comunes los propios de los pueblos ni los baldíos arbitrados y salvo el derecho de propiedad, sancionado por Decreto de 8 de julio de 1813.
  • Que no se les cobren los impuestos que con varios títulos se cobraban a particulares y corporaciones[34].
  • Que se conserven expeditos los caminos, cordeles y demás servidumbres públicas de los ganaderos y deban subsistir según las disposiciones vigentes[35].
  • Que puedan usar los pastos, abrevaderos y libre tránsito los carreteros por los caminos, cañadas, etc …[36].
  • Privativa jurisdicción del Superintendente de las minas de Almadén en las diez leguas de su contorno en razón de pastos de los bueyes destinados a su trabajo y corte de madera para su uso[37].
  • Exención del pago de derechos de portazgos que manda la Real Orden de 29 de febrero de 1848, a los carros y caballerías que conduzcan exclusivamente carbón, salvado o paja para el pienso del ganado[38].

Las Hermandades o Asociaciones de transportistas de largas distancias tenían también privilegios concedidos antes de la constitución de la Cabaña Real de Carreteros.

La concesión de los privilegios supuso para la Corona el tener a su disposición el transporte necesario, quedando los carreteros supeditados a ella si querían que los pueblos respetaran esos privilegios.

A pesar de las Leyes, Provisiones, Reales Ordenes y Decretos fue difícil mantener los privilegios y la Corona previsora, instituyó a primeros del siglo XVII un aparato judicial suficiente y exclusivo bajo cuya jurisdicción caían todas las infracciones relativas a los carreteros y sus privilegios.

Pero a pesar de todo, quedó demostrado que la conces1on de privilegios no era una solución acertada al problema de los transportes y, quizás, fue también causa de que los carreteros no se superaran.

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[1] Real Provisión de S. M. de 9 de julio de 1823. Ap. Doc. n.° 63.

[2] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 1.

[3] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 2.

[4] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 3.

[5] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 4.

[6] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 4.

[7] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 6.

[8] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 4. Nota 7.

[9] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 4.

[10] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 4. Nota 3.

[11] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 6.

[12] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 4. Nota 5.

[13] N. R. ley 7, tit. 28, ley 4. Nota 4.

[14] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 4. Nota 6.

[15] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 6. Nota 12.

[16] Real Provisión dada en Madrid a 17 de septiembre de 1599.

[17] Provisión del Consejo de 4 de diciembre de 1629.

[18] Real Orden de 18 de abril de 1754

[19] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 5.

[20] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 5.

[21] A. R. CH. V. Seccion Pleitos Civiles. Quevedo, leg. 1079-1, 1080-1. Ap. Doc. Numeros 1 y 2. A. H. N. CAS, tomo Ii. Ap. Doc. n.° 68.

[22] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 5.

[23] N. R. lib. 7, tit. 28, ley 6. Nota 3.

[24] Real Decreto de 23 de mayo de 1815.

[25] A. H. N. Consejo, leg. 51197. Tudela, J.: Op. cit. pag. 24.

[26] A. A. Vilviestre, s. XVIII; A. A. O., s. XVIII.

[27] A. H. N., Cons. leg. 51197.

[28] A. R. CH. V. Secc. Pleitos Civiles. Notaria de Quevedo, leg. 1079-1; 1080-1. Ap. Doc. numeros 1 y 2.

[29] N. R., lib. 7, tit. 28, ley 6. Nota 10.

[30] Real Decreto de 23 de mayo de 1815.

[31] A. P. Q. s. XVII y s. XVIII. Tudela, J.: pag. 31. Op. cit.

[32] A. P. O. s. XVI. Cedula Real (4 .7-1591). Ap. Doc. n.° 7.

[33] Decreto de las Cortes de 25 de septiembre de 1820. Ley de 16 de octubre de 1820.

[34] Real Decreto de 25 de septiembre de 1820 y 23 de septiembre de 1836.

[35] Real Orden de 24 de febrero de 1839.

[36] Real Decreto de 29 de enero de 1844. Real Orden de 13 de noviembre de 1844.

[37] Gascón, Feo.: El Valle de Alcudia durante el siglo XVIII, pag. 217-248.

[38] Circular de 22 de julio de 1851

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