MERINO NUEVAMENTE EN CAMPAÑA – I

Dado el interés que despiertan los artículos publicados sobre las guerras carlistas y su influencia en nuestra zona de pinares, aquí os comparto otra publicación encontrada que nos habla de las hazañas de Merino (resumido a lo que atañe a la zona de pinares de Soria y Burgos principalmente).

Lo he dividido en tres partes para facilitar su lectura.

MERINO NUEVAMENTE EN CAMPAÑA.

Galeria militar contemporánea, 1

En uno de los primeros pueblos de España cogieron prisioneros en la casa posada donde fueron a alojarse, a unos siete carabineros que se hallaban bailando, y a quienes MERINO quiso fusilar al momento, pero Cuevillas se opuso a tal determinación por no haber motivo alguno para derramar esta sangre inocente. Continuando su camino hacia la sierra de Burgos tuvieron que hacer alto en un pueblo de tierra de Campos a causa de habérsele bajado a MERINO las tripas como frecuentemente le acontecía; al verse el CURA, en tal estado deseó que su compañero le dejase y continuara su marcha para no exponerle a caer prisionero; pero quiso Cuevillas sufrir su suerte cualquiera que ella fuese antes que abandonarle, consiguiendo volver a emprender la marcha por la noche notablemente mejorado MERINO.

Al llegar a Castro, pueblo inmedíato a Benavente, se vieron sorprendidos por las tropas liberales pereciendo en este encuentro el coronel carlista Castro, cogiendo también a un capitán francés que les seguía[1]. Entre Mansilla y León fueron igualmente sorprendidos por los del resguardo, y aunque hubo algunos tiros fue insignificante la pérdida de ambas partes. Al llegar a las inmedíaciones de Lerma fue mas formal el encuentro; allí se les presentó el coronel don Saturnino Albuin con ciento y cinco caballos y unos cuatrocientos infantes que dejó ocultos; pero aunque cargó impetuosamente a los carlistas fue contestado con extraordinario arrojo obligándole a replegarse a las masas de la infantería estacionadas en una grande altura desde donde se contentaron con ver marchar a sus enemigos. Llegaron estos finalmente a la sierra de Burgos, y descansando en Salas de los Infantes permanecieron en él unos días decidiéndose entonces Cuevillas a pasar a Navarra como así lo ejecutó, porque nada ventajoso se prometía en Castilla donde se bailaba continuamente rodeado de numerosas faenas contrarias. MERINO emprendio una nueva excursión hasta las inmedíaciones de Villafranca de Montes de Oca, y aquí comenzó a reunir gente para empezar la campana ya que era entrada la primavera.

Confiado volvía MERINO al antiguo teatro de sus hechos de armas; y no creía en verdad tener que abandonarle tan precipitadamente como en el año último. La guerra que más y más se encarnizaba cada día, no se presentaba tan desfavorable a la causa carlista, cuyas más continuamente engrosaban, teniendo a su cabeza entendidos jefes que organizando aquellas masas de paisanos, iban presentando cuerpos disciplinados, capaces de hacer frente a los bien ordenados del ejército de la reina Isabel.

En el próximo abril, recorría MERINO y sus demás compañeros, las montañas y los bosques que dan nacimiento a los ríos Arlanzón, Arlanza y Duero que riegan a Burgos , Lerma y Aranda, reclutando gentes de refresco, aunque sin conseguir todas las ventajas que se prometían. Organizaron sin embargo una partida respetable que en 13 de este mes tuvo un encuentro en Paubles de Agua con la que mandaba el capitán D. José Herrera, quedando en poder de este siete prisioneros, un muerto, dos malos jacos, nueve fusiles medio inútiles y una maleta llena de proclamas y papeles curiosos. El 17 marchaba MERINO con su partida compuesta de unos 180 hombres de infantería con dirección a Palacios: en el camino presentóse Albuin en su seguimiento, si bien a larga distancia, pero acelerando el paso le dio alcance hacia los cerros de Valdecanales, causándole sobre 20 muertos y 33 prisioneros, contándose en aquellos un oficial llamado Huerta, y entre los segundos un tal Monzó y Blas jefes ambos de los infantes, sin que Albuin contase la menor pérdida. A los seis días del anterior descalabro, sufrió otro MERINO más funesto y de mas importantes consecuencias. A las nueve de la mañana del 23 salía Albuin de Herrera de Pisuerga, cuando se halló con su enemigo el CURA, a quien acampanaban 450 caballos: cargóles con tan extraordinario arrojo, que no pudieron resistir el choque y fueron batidos durante tres leguas de camino, dejando de sus resultas en el campo sobre 40 muertos y recogiendo unos 30 caballos y varias armas de distintas clases. Hallábanse entre los cadáveres un sobrino de MERINO y el padre de Balmaseda, sin contar otros varios jefes que en el momento de pelear ocupaban el puesto de soldados. Albuin tuvo dos de estos heridos y perdió dos caballos que escaparon tirando a sus jinetes.

Galeria militar contemporánea, 1

MERINO se dirigió hacia Osorno y reuniendo allí a los dispersos volvióse a la Sierra, su sagrado asilo en sus infortunios.- En esta precedente acción se distinguieron notablemente el teniente Amnistiado, D. Cayo Muro y el sargento de húsares D. Rafael Perez Vento, como así mismo varios meros soldados de las armas liberales.

Oculto MERINO en la sierra hacia inútiles cuantas pesquisas se practicaban a fin de capturarle; varias eran las partidas que con esta comisión pululaban, pasando hasta junto al mismo a quien iban a prender; y sin embargo, diariamente dirigían partes al gobierno diciendo que creían habría ya desaparecido, porque ni el CURA ni el mas mínimo resto de sus tropas se hallaba en toda la sierra. Se supuso que estaría oculto en el monasterio de San Juan de Ortega; le registraron escrupulosamente y nada se halló; hasta que en los primeros días de mayo apareció con unos 70 a 100 hombres hacia Ontoria y San Leonardo, teniendo en su persecución más de 1000 infantes y 200 caballos.

En el 10 de mayo se dirigió a San Leonardo el subteniente del regimiento de infantería de la Princesa, D. Vicente Vargas, comandante del destacamento, con el de igual clase D. Severiano Cobian y 34 infantes del propio cuerpo y ocho caballos del 1ª de línea, con el objeto de atacar a una partida de 40 ó mas realistas que existían en las inmediaciones no hallando a sus enemigos salieron con dirección a Ontoria del Pinar, y apenas estuvieron a mil pasos fuera del pueblo, fueron atacados repentinamente por la retaguardia por las fuerzas de MERINO, que ascendían a 100 infantes y mas de 80 caballos. Al notar Vargas tan impensado ataque, conoció la critica posición en que se hallaba, y conservando su imperturbable serenidad se dirigió a tomar posición en una pequeña altura a la izquierda del camino de Ontoria del Pinar, donde hizo frente a los carlistas disparándoles una descarga a quemarropa que les obligó a retroceder; preparóse a hacer mayor resistencia, empellándose con mas ardor de una y otra parte esta escaramuza que produjo a los de MERINO la pérdida de cuatro muertos y algunos heridos, contándose en el número de los primeros Gervasío del Castrillo, capitán y confidente del CURA en todas épocas; siendo igualmente insignificante la experimentada por los liberales.

El 15 mandó MERINO a varios de sus soldados fuesen a Rivilla a fin de conducir de este pueblo para los montes Ausines, cuatro fanegas de cebada, dos carneros y ochenta libras de pan, que lo llevaron algunos vecinos, los que vieron en aquel sitio al jefe con unos 70 ú 80 caballos. Estaban ya disponiendo este rancho cuando la voz del centinela de “ahí estan” les hizo montar a caballo precipitadamente é internarse en las espesuras del monte, abandonando las reses muertas en el campo. Tan activa y constante persecución le obligó nuevamente a guarecerse en lo mas intrincado de la sierra, apareciendo en el siguiente mes de junio en el día 17 en Duruelo con 20 hombres escasos, entre los que se bailaban su segundo D. Lucio Nieto y su hermano Briones, el Rojo de Puentedura y algunos otros jefes.

Permanecieron como cosa de una hora en el pueblo, herrando en tanto los caballos que estaban arrogantes y lucidos, y después de este pequeño descanso marcharon por el camino de Bilbiestre.

Dispuso MERINO bajar a la ribera del Duero, con ánimo de aumentar su gente y sacar nuevos recursos de que se hallaba tan necesitado, pero la infatigable persecución que experimentaba le frustró este proyecto, teniendo la desgracia de ser batido el día 22 en Alcázar por 20 caballos del regimiento del rey, 1º de línea, al mando del teniente D. Francisco Villoldo, haciéndole sufrir la considerable pérdida, atendida la escasa fuerza que llevaba, de cinco hombres y 10 caballos muertos, con varios heridos y un prisionero, aprehendiéndoles varios efectos de equipo y armamento, teniendo únicamente, según participó Villoldo, un soldado herido de su partida con un balazo en un muslo.

MERINO ya no podía medrar en Castilla, y tratando de probar nueva fortuna salió de ella dirigiéndose a Soria por Meniel para entrar en Aragón; siendo este el único camino que podía tomar a causa de los enemigos que por todas partes le asediaban. Acompañaban al CURA las fuerzas de Cuevillas, Basílio y otros, reuniendo un total de mas de ochocientos hombres que pernoctaron en san Pedro de Manrique en los primeros días de julio, donde se dividieron, si bien operando combinadas. El 6 entró MERINO en Soria siguiendo su marcha por Ciria, Torre la Paja, Deza, Bordalla, Ariza y Monteagudo continuando en su persecución el coronel Albuin. Este les dio alcance en Huerta a las cuatro de la madrugada del día 10 causándoles ocho muertos y siguiendo su ruta con decidido ánimo de derrotarlos.

Brevísima fue la estancia de MERINO en Aragón, pues a fines del propio mes de julio se hallaba en los Pinares de Soria, comisionando el general Manso al brigadier Aznar para que ocupase todos los pueblos limítrofes a dichos Pinares, sin perjuicio de las operaciones de los infatigables coroneles Albuin y Obregón. Estas fuerzas tenían a MERINO sitiado en medio de aquellas malezas donde se contaba seguro por grande y decidido que fuese el empeño de capturarle, como así era en efecto; pero ni una sola vez lograron con tan numerosas tropas sorprender sus guaridas, sino después que las había abandonado.

Mas de dos meses permaneció en la sierra aprovechando esta paralización de sus armas para aumentar el número de su gente que en fines de septiembre ascendía ya a cerca de mil hombres armados todos, decidiéndose entonces a presentar la cara a sus enemigos. En cuanto fue sabedor Albuin de este movimiento salió al amanecer del día 16 del referido mes de Huerta del Rey, dirigiéndose a Espejón en la creencia de que allí ó en el monte inmediato se hallaba MERINO; allí estuvo efectivamente, pero evacuó el pueblo en la noche anterior y marchó hacia Pinilla de los Barruecos, Silos y Contreras siguiendo a Hortiguela, en cuyo punto desde la cumbre de la sierra avistaron a las tropas liberales que iban en su seguimiento. Hicieron alto presentando la frente los carlistas y admitiendo aquellos el reto ordenó Albuin su caballería atravesando el río que la dividía de sus contrarios y disponiendo luego el modo de atacarles con regular orden de batalla; mandó anunciase el clarín el toque de degüello y al punto cargaron sobre los carlistas que les esperaban con valerosa tranquilidad; pero eran bisoños y al arrojo de los liberales se deshicieron sus líneas declarándose en precipitada huida y dispersándose por la espesura del monte a la que debieron su salvación, haciéndola mas espesa la oscuridad de la noche que ya comenzó a reinar é impidió el destrozo que naturalmente les hubiesen causado en el tenaz seguimiento que emprendieron los vencedores. Algunos muertos, varios caballos, armas y otros efectos aprehendidos fue el resultado de esta acción, en donde no se encontró la infantería carlista, que se hallaba a bastante distancia del teatro de estos acontecimientos.

Galeria militar contemporánea, 1

En los primeros días de octubre llegó MERINO a Castro Ceniza, atravesando los montes de Orá, Dehesa de Cabreros, Carrascal de Tejada y se dirigió luego por las tinadas de Valdecocero adelante, en cuyo término le cogió Albuin dos prisioneros y varias armas, dándose luego la cara ambos partidarios, si bien a MERINO acompañaban solamente cuatro hombres, los cuales lograron burlar los planes de sus constantes perseguidores escapando de sus manos, merced a su serenidad é intrepidez y a la extraordinaria velocidad de sus caballos.

La infantería de MERINO que obraba independiente de su jefe, aunque sujeta a sus órdenes, era vivamente perseguida por las fuerzas que mandaba el brigadier Obregón,  las que no dejaron de causarles alguna pérdida, ya por el estado de continua alarma en que siempre les tenia, ya por las privaciones que experimentaban, sin permitirles a veces ni un momento de descanso para recuperarse de tan abrumantes y extraordinarias fatigas; llegando hasta el caso de interceptar los víveres con que únicamente contaban para hacer mas llevadera su penosa vida. MERINO que nada de esto ignoraba recorría las poblaciones de Covarrubias hasta Lerma, a fin de aumentar sus fuerzas para que no se resintiesen de las bajas que experimentaran.

Respecto a la caballería de MERINO estaba la mayor parte al mando de D. Lucio Nieto, merodeando por la Sierra, los Pinares y pueblos limítrofes; para ella no había terreno malo por escabroso y escarpado que fuese; sobre todos operaban, no estando menos acostumbrada la caballería de la Reina; así se les ve batirse en las sierras y en los montés como sucedió el 21 de este en el de Castrillo de Solarana, en donde 60 caballos y 70 infantes que llevaba a sus órdenes el coronel: D. Narciso Clavería, dio alcance a la referida caballería del CURA, trabándose entre ambas fuerzas beligerantes una pequeña escaramuza, en la que no se supo quien salió vencedor; pues las pérdidas fueron tan insignificantes, como la utilidad que a una y otra parte reportó el encuentro. Los carlistas sin embargo continuaron su ruta y las tropas liberales su persecución. Esta se empeñó tenazmente y MERINO se vio precisado a mandar que la fuerza toda se dividiese en grupos y partiesen por distintas, direcciones, lo cual fue notado por Clavería que dispuso otro tanto, dando mayor número de gente a sus partidas que el que llevaban las contrarias, si bien parte de ella era poco menos que inútil por ser de infantería, a causa de que solo tenían los carlistas caballería, y esta en excelente estado. No dio a las armas del CURA los mas lisonjeros frutos esta determinación; porque eran tantas las fuerzas que le perseguían, que por do quiera se encontraban atacados y batidos, y aunque jamás fueron derrotados, siempre tenían que lamentar alguna leve é insignificante pérdida, que dejaba de serlo al sumar la de todas las partidas.

Extraña parecerá indudablemente la conducta de MERINO en estas circunstancias: todos se preguntaban qué ventajas podía redundarle esta clase de lucha en continua alarma siempre perseguido y paulatinamente derrotado; pero aunque esto parezca a primera vista cierto no hay razón para hacerle cargo alguno; cumplía fielmente superiores órdenes; él no hostilizaba tampoco tenia fuerzas para ello; mas estaba continuamente a la defensiva y en movimiento; con tan ingenioso medio tuvo constantemente entretenida una buena parte del ejército, y así lograba con arreglo a las instrucciones que tenia; este era el plan y principal objeto de D. Carlos, el que sabia poner en cumplida ejecución con tanta exactitud; Así se vio que en 22 de este mes de octubre, le dirigió D. Carlos desde, Oñate una carta escrita toda de su puño y letra, en que le decía que ya era noticioso con grande satisfacción por el confidente que le había enviado de su valor y constancia, prendas que jamás puso en duda; que conocía la necesidad de dar protección a Castilla, sobre lo que estaba tratando con Zumalacárregui, para lo que seria útil se pusiese de acuerdo con él, que esperaba tener pronto plomo y dinero de que carecía bastante, para empezar a dar un nuevo giro a la guerra, habla además de la retirada de Rodil, de lo boyante que por allí iba su causa; y que aunque a la venida de Portugal fueron engañados, no encontrando los auxilios que se creían y fueron prometidos, no había por eso que desmayar pues contaba con la protección de Dios que conservaba, decía, prodigiosamente su salud, a pesar de los malos ratos, lluvias, nieves y hielos que tenia que sufrir.

En vista de tales antecedentes, todos debemos admirar la constancia de MERINO en vez de acriminarle: la comodidad de una tranquila vida, su salud, su sangre lo daba en holocausto de su fidelidad, y esto es noble en cualquiera partido que se halle.

El día 23 de octubre, estaba nuevamente reunida toda la caballería de MERINO en el pueblo de Mecereyes, en número de 200 caballos, bajo el inmediato mando del segundo del CURA, don Lucio Nieto: Clavería presentó su caballería que ascendía a unos 70 caballos, dejando a la espalda la infantería, rompióse un vivísimo fuego de carabinas por ambas partes; pero cargó al punto la fuerza de la reina y desbaratando la línea carlista, puso a estos en dispersión, sin grave pérdida, diseminándose en grupos, lo cual impidió el que sufriesen mayor descalabro.

El día 25 se hallaba MERINO con su infantería en la umbría llamada del Robledillo, donde la alcanzó la partida que mandaba don Francisco Fernandez Texta, en número de 70 cazadores del provincial de Ciudad Rodrigo y 25 lanceros del escuadrón de Isabel II, recibióle MERINO con su gente en orden y al cabo de un breve rato de fuego, mandó se dividiese la fuerza dispersándose en varias direcciones, por lo que se creyó Texta vencedor, anunciando el total exterminio de la fuerza de MERINO, a la cual mató cuatro hombres, hirió a varios, y cogió dos prisioneros, una yegua y algunos fusiles, sin tener la mas leve desgracia por su parte. En estas acordadas dispersiones, muchos al pasar cerca de sus casas arrojaban las armas y se volvían a disfrutar de su tranquila y anterior vida, renunciando a las esperanzas que su caudillo les infundiera del triunfo que por seguro le tenia, contando con el auxilio que de un momento a otro esperaban; más esto eran ilusiones para ellos, que solo palpaban una triste realidad; así que puede calcularse que en poco mas de un mes se volvieron a sus casas mas de 400 mozos.

MERINO tuvo un encuentro el 16 de noviembre con las fuerzas que mandaba el coronel don Julian Pablos, y después de un pequeño tiroteo se retiraron unos y otros sin ocasionarse la más leve baja. No sucedió así en el día 18 en que fue alcanzado por la columna de Guadalajara, en el pueblo de Brias, que aquí experimentaron los carlistas la pérdida de 5 muertos y 4 heridos. Al siguiente día se presentó el Cura en las inmediaciones de Barcones con 150 caballos y duplicada infantería, haciendo varias prisiones en algunos pueblecillos, fusilando en uno al cura párroco, cuya suerte hubieran sufrido otros dos individuos a no haber comprado a buen precio su vida.

A pocos días fueron acometidas las anteriores fuerzas entre Brias y Paredes por un destacamento de coraceros de la guardia real, obligándolos a guarecerse en los pinares de Soria. MERINO permaneció en este sitio todo lo que restaba del año de 1834; mandando únicamente a algunos pequeños grupos que distrajesen y tuvieran en continua alarma por distintas direcciones a las tropas de la Reina, siendo batido uno de aquellos en las inmediaciones de Cojobar, donde dejaron 6 muertos, sus respectivos caballos abandonados con una valija de correos y otros efectos.

Acabó en esto el referido año de 34: las tropas liberales se hallaban en el mismo ser y estado que al principio de la campaña; consiguieron, si, el llevar felizmente a cabo la quinta; pero los carlistas contaban mas ventajas; sus fuerzas se habían aumentado notablemente; las pérdidas que sufrieran poca ó ninguna trascendencia tuvieron y en último resultado tenían entretenidas respetables divisiones, estropeándose y trabajando sin fruto y sin gloria; porque se ha estimado generalmente bien poco la heroica lucha entre montes y sierras, donde no se baten los hombres, sino que mutuamente se cazan.

En este tiempo escribió Zumalacárregui desde Lumbier una carta a MERINO contestándole a otra, y en ella le expresaba conocía la imposibilidad de que se sostuviera en una provincia tan vasta, y con una persecución tan activa como de la que era objeto: que para aliviar su situación había dispuesto una expedición al mando de Cuevillas y Sanz; pero que no correspondiendo esta a lo que se había propuesto cuyos resultados habían sido tristes, se dedicaba a robustecer su causa en las provincias, para que después de exterminados los cristinos, decía, pudiese hacer una invasión irresistible en Castilla. Le habla de la acción que ganó en los campos de Álava; que estaba trabajando para otra igual, la que si se lograba nada podría impedir su entrada en el suelo castellano: dícele luego que si las fuerzas que manda le sirven de obstáculo para sostenerse por su número excesivo, le envíe cien caballos y divida las demás en partidas; y que si aun así no se puede sostener, se retire a las provincias donde seria recibido como merecía su valor, su respetable carácter y sus venerables canas. El 29 de diciembre le dirige otra desde Marieta, en la que le habla primeramente de la acción dada sobre el puente de Arquijas el día 15, en la que pesar de la superioridad de las fuerzas liberales fueron rechazadas, dice, con pérdida de 1500 hombres: poniéndose en precipitada fuga, etc. etc… con Córdoba que las mandaba… insiste en que le envíe 100 ó 150 caballos para reforzar la columna que tenía en Aragón, que no podía operar tan resueltamente por falla de caballería; concluyendo con decir que la causa de don, Carlos presentaba un aspecto lisonjero; por lo que esperaba dentro de poder ir a estrecharle entre sus brazos como verdadero amigo.

[1] Cuando fusilaron a este desgraciado en Valladolid iba diciendo por el camino del suplicio enseñando el Cristo que llevaba en la mano: ¡hé viva!, yo tener Carlos V y morir por él.

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