APORTACIONES HÍDRICAS EN LA CABECERA FLUVIAL DEL RÍO DUERO: RELACIÓN CON LA VARIABILIDAD CLIMÁTICA Y CAMBIOS EN LA CUBIERTA VEGETAL – II

APORTACIONES HÍDRICAS EN LA CABECERA FLUVIAL DEL RÍO DUERO: RELACIÓN CON LA VARIABILIDAD CLIMÁTICA Y CAMBIOS EN LA CUBIERTA VEGETAL – II

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  1. Discusión y Conclusiones

Los resultados del análisis de la evolución de las variables climáticas consideradas en este trabajo (temperaturas medias y precipitaciones) se adecúan a las tendencias observadas y publicadas por varios estudios realizados a distintas escalas, pero con algunos matices respecto a la magnitud y estacionalidad de los cambios.

Con independencia de la escala de análisis (planetaria, europea, nacional o regional), todos los estudios de anomalías térmicas observadas durante el siglo XX y comienzos del XXI coinciden en describir un período de estabilidad e incluso descenso de las temperaturas entre mediados de los 40 y comienzos de los 70 del siglo pasado, para posteriormente iniciar un ascenso claro, con el registro de los años más cálidos a finales de los 90 y comienzos del siglo XXI (JONES et al., 2006; KLEIN TANK et al., 2002; BRUNET et al., 2007; MORALES et al., 2005). En este sentido, la serie analizada ha mostrado un incremento significativo de las temperaturas durante el período estudiado, siendo especialmente llamativo a partir de 1972 con un ritmo de + 0,53º C por década. Este incremento es notablemente superior al observado por JONES et al. (2006) para el mismo período (+ 0,17º C) a escala mundial y muy parejo al detectado por DE CASTRO et al. (2005) y MORALES et al. (2005) para España (+ 0,58º C) y Castilla y León (+ 0,49º C) respectivamente. Si a nivel mundial el calentamiento ha sido más evidente en los meses invernales, en el área estudiada los meses primaverales y estivales han sido los que han experimentando los mayores incrementos, coincidiendo con los análisis de BRUNET et al. (2007) y MORALES et al. (2005) a escalas nacional y regional. El comportamiento de las temperaturas observado en la cabecera del río Duero en la provincia de Soria es similar al detectado en un estudio realizado en la cabecera del río Tormes, afluente directo del río en el sector más suroccidental de la cuenca en territorio español (CEBALLOS & MORÁN, 2006), y se ajusta al patrón regional descrito por MORALES et al. (2005) y CEBALLOS et al. (en prensa).

La consustancial variabilidad espacio-temporal de las precipitaciones no hace posible el diseño de patrones de comportamiento como en el caso de las temperaturas. En el territorio español, y nuestros resultados no son una excepción, una serie de trabajos desarrollados a distintas escalas concluyen mayoritariamente que las precipitaciones anuales no presentan ninguna tendencia estadísticamente significativa y en caso de haberla suele ser negativa. El decrecimiento marcado de las precipitaciones en los meses de febrero y marzo coincide con el observado por PAREDES et al. (2006) para el conjunto de la Península Ibérica o con los análisis de CEBALLOS & MORÁN (2006) y NUNES (2007) realizados en otras cuencas incluidas en la red hidrográfica del Duero. Integrando la dinámica observada en las dos principales variables climáticas estudiadas, podemos concluir que la disminución de la lluvia en los meses invernales más el aumento de las temperaturas primaverales y estivales con toda probabilidad esté repercutiendo en una mayor capacidad del bosque para fijar y consumir agua, debido a la prevalecencia de los procesos de infiltración y evapotranspiración sobre los de escorrentía.

La evolución interanual de las aportaciones medidas en la estación de aforos de Molinos de Duero muestra un descenso apreciable de las mismas significativo al 99 %, coincidiendo con la tendencia registrada en otras cuencas comparables de la misma red hidrográfica: por ejemplo, río Coa (NUNES, 2007) en Portugal, río Arlanza en España (MACHÍN et al, 2005) o el propio sistema fluvial integrado por los ríos Tormes, Huebra y Águeda también en España (CEBALLOS et al, 2008). El ajuste lineal de la serie estudiada apunta que en la actualidad la producción de agua de la cabecera del río Duero es un 59 % menor que la registrada en los años iniciales de medición. Este significativo descenso desde un punto de vista cuantitativo coincide con el máximo de la horquilla establecida por GALLART y LLORENS (2003), quienes apuntan que las aportaciones de los principales ríos españoles han decrecido entre un 37 y un 59 % en los últimos 50-60 años. Si lo contrastamos con datos de cuencas de tamaño medio pertenecientes a la red hidrográfica del Duero es comparable al observado en el sistema de cuencas suroccidentales (el denominado sector E por la propia Confederación Hidrográfica del Duero), en donde el descenso de las aportaciones ha oscilado entre un 32 y un 66 % (CEBALLOS et al., 2008) e inferior al 80 % estimado en el río Arlanza por MACHÍN et al. (2005).

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Los resultados del análisis estadístico de evolución temporal de las series mensuales de aportaciones apuntan un descenso marcado entre febrero y septiembre, siendo los meses más críticos marzo, junio, julio, agosto y septiembre. Este resultado coincide con otros previamente publicados correspondientes a cuencas como la propia del Duero o el Ebro. BEGUERÍA et al (2003), en el caso del Ebro, señalan un descenso de las aportaciones marcado en los meses primaverales y estivales, destacando el caso de marzo. ADÉLIA NUNES (2007) en su análisis de la cuenca portuguesa del río Coa (cuenca del Duero) señala que los meses de febrero, marzo y abril fueron los que experimentaron las mayores reducciones, y la misma conclusión encontramos en los análisis de las cuencas del Arlanza (MACHÍN et al., 2005) y suroccidentales del Duero (CEBALLOS et al., 2008). El descenso de las aportaciones registradas, sobre todo en los meses primaverales, ha tenido una importante repercusión: por un lado, en la producción anual de agua en la cuenca debido a que son meses con coeficientes mensuales de caudales superiores a 1 (1 representa la media anual) y, por otro, en la modificación detectada del régimen fluvial. Este hecho queda claramente reflejado en la figura 10 en donde es perceptible la transición de un régimen con un máximo de carácter pluvial a finales del invierno a un régimen bimodal.

Las aportaciones de la cuenca estudiada son de gran importancia para abastecer al primer gran embalse construido en el cauce del río Duero. La presa de la Cuerda del Pozo fue construida en 1941 con una capacidad para embalsar 249 Hm3. Dicho embalse tiene actualmente diversas funciones que podemos resumir en producción de energía eléctrica, abastecimiento de agua potable, abastecimiento de agua de riego, regulación hídrica y actividades de recreo. El decrecimiento de los caudales y el cambio de régimen fluvial, observados en nuestro análisis, deberían ser considerados en la gestión del embalse, según ha sido estudiado en otras zonas como el Pirineo Aragonés (LÓPEZ MORENO et al., 2004). El carácter bimodal del régimen plantea la duda de si rellenar el embalse con las aportaciones estrictamente invernales, asegurando la disponibilidad de agua durante los meses más críticos pero perdiendo su capacidad de regulación ante eventuales crecidas en primavera; o bien dejar un margen de regulación, dependiendo la recuperación total del agua embalsada de las aportaciones primaverales, que en el caso de una primavera seca puede hipotecar la reserva de agua para riego o producción eléctrica. También es probable que este decrecimiento de las aportaciones magnifique el efecto del propio embalse sobre los caudales medidos aguas debajo de la presa, ya que se traduce en un incremento del denominado Impoundment Runoff (IR) index (o índice de retención de escorrentía) resultado de dividir la capacidad total del embalse por las aportaciones del conjunto de cuencas vertientes al mismo (BATALLA et al, 2004). Este cambio observado en el régimen fluvial en la cabecera del río Duero, pasando de un único pico de carácter pluvial a dos, se añade a la lista de cambios detectados en otros ríos de la misma cuenca en donde en algunos casos las cabeceras han perdido su carácter nival y en otros el estiaje se ha adelantado a la primavera temprana (CEBALLOS et al., 2008).

Los cambios del bosque ocurridos en la zona de estudio en los últimos años no han sido significativos desde un punto de vista cuantitativo con un aumento superficial de sólo un 5 %. No obstante, sí hemos detectado un cierto cambio cualitativo en la configuración del bosque, con un incremento de la superficie de bosque maduro y por tanto del volumen de biomasa vegetal. A pesar de ello, el análisis de la evolución temporal de temperaturas, precipitaciones y aportaciones normalizadas (figura 15) no manifiesta una señal del bosque clara, como por ejemplo sí concluyen BEGUERÍA et al. (2003) en su análisis del Pirineo Aragonés, debido a que la línea correspondiente a las aportaciones no muestra sistemáticamente valores inferiores a la de las precipitaciones a partir de un determinado momento. Igualmente, la falta de relación entre el tiempo y los residuos de la correlación entre precipitaciones y aportaciones confirma la ausencia de una señal perceptible del bosque. No obstante hay dos hechos que quisiéramos subrayar y que sugieren una posible influencia del bosque en las aportaciones de la cuenca estudiada que probablemente sea perceptible a medio plazo: i) Los análisis de las tendencias temporales de las precipitaciones y aportaciones anuales (figuras 4 y 7) apuntan que el descenso de las aportaciones es más significativo que el de las precipitaciones. ii) Los análisis de las tendencias temporales de las series mensuales de ambas variables (figuras 5 y 8) no muestran una correspondencia clara entre ambas, ya que en el caso de las aportaciones el descenso es significativo entre los meses de febrero y octubre, mientras que en el caso de las precipitaciones sólo febrero registra un descenso significativo y meses como abril, mayo y agosto reflejan una tendencia positiva aunque no significativa. Estas diferencias en los valores mensuales entre dos variables que sí muestran una muy buena correlación entre sus series de datos anuales es posible que se deba a un aumento del consumo de agua del bosque en relación con el aumento de las temperaturas. La especie forestal predominante en la cuenca estudiada es el Pinus sylvestris, adaptada a inviernos fríos y veranos frescos (temperatura media del mes más cálido inferior a 20º C). Si observamos la figura 3, en las tres últimas décadas el aumento de las temperaturas ha sido muy significativo entre los meses de marzo y agosto lo que ha supuesto que se adelante de manera brusca el inicio del período de actividad vegetal al mes de marzo y que actualmente se supere el umbral de los 20º C en los meses de julio y agosto. En este nuevo escenario bioclimático, es lógico pensar que el consumo de agua por parte de los pinares de P. sylvestris esté aumentando de forma notable.

No obstante, de momento los resultados obtenidos en este trabajo corroboran los publicados en análisis previos que detectan una reducción de las aportaciones atribuible en gran medida a un decrecimiento de las precipitaciones en el tiempo (el análisis de correlación entre precipitaciones y aportaciones es de R = 0,72; valor-p < 0,001), y no a cambios en la cubierta vegetal; y además parecen confirmar las conclusiones de TRIGO et al. (2004) cuando afirman que a escala de la Península Ibérica, el decrecimiento de las aportaciones en las grandes cuencas hidrográficas que desembocan en el Atlántico (Duero, Tajo y Guadiana) se atribuye a la disminución de las precipitaciones en los meses de invernales asociadas a fases negativas del índice NAO (North Atlantic Oscillation) durante los meses previos.

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Otra evidencia de la dependencia de la respuesta hidrológica de la cuenca de la evolución de las precipitaciones, y de que las señales de la influencia del bosque sobre la producción de escorrentía superficial no son perceptibles de forma nítida en la actualidad, la tenemos en el comportamiento observado en los caudales medios diarios máximos anuales (Qc), los máximos instantáneos anuales (Qci) y en los distintos tipos de crecidas (Qx3, Qx5 y Qx10). La ausencia de correlación significativa entre el tiempo y las variables Qc, Qci, Qx5 y Qx10 muestra que el leve crecimiento del bosque detectado no ha sido suficiente para incrementar la capacidad reguladora de la cuenca sobre las crecidas de baja frecuencia y alta intensidad. Nuestros resultados no coinciden con los publicados, en referencia a los afluentes pirenaicos del Ebro, por LÓPEZ MORENO et al. (2006) que sí han observado una tendencia temporal negativa en la magnitud de las crecidas que atribuyen al avance de la cobertura forestal tras el  abandono de muchos campos en la montaña pirenaica, ya que no han detectado cambios en la frecuencia e intensidad de eventos pluviométricos extremos. Nosotros sólo hemos detectado una relación negativa estadísticamente significativa entre el tiempo y los días de crecida moderada (Qx3), con un consecuente aumento del número de días con aguas bajas, que atribuimos al descenso de lluvias en los meses invernales que hipoteca la recarga hídrica del suelo y que necesariamente afecta al flujo base del río.

El patrón observado en Molinos de Duero, que podríamos resumir en que existe una muy buena correlación entre precipitaciones y aportaciones y que la superficie forestal cambia poco en varias décadas y por tanto no repercute de manera clara en la evolución de las aportaciones, es comparable al observado en estudios realizados, a distintas escalas, en otras cabeceras fluviales y redes hidrográficas dentro de la misma cuenca del Duero. En la cabecera del río Tormes (83 km2), CEBALLOS & MORÁN (2006) apuntan una correlación altamente significativa entre precipitaciones y aportaciones (r2 = 0,71; valor-p < 0,001), no encontrando una señal evidente del tímido avance experimentado por el bosque (en 1957 ocupaba el 12 % de la cuenca y en 2001 el 15,2 %). En la cabecera del río Arlanza (349 km2), MACHÍN et al. (2005) también hallan un buen ajuste entre precipitaciones y aportaciones (r2 = 0,52; valor-p < 0,001), no demostrando el efecto de la señal del bosque para explicar el descenso de los caudales. En una cuenca de mayor tamaño, como es el caso del río Coa en Portugal con 2521 km2 de superficie, el trabajo de NUNES (2007) muestra una muy buena correlación entre precipitaciones y aportaciones (r2 = 0,82; valor-p < 0,001), pero no demuestra el posible efecto del tímido avance del bosque sobre la evolución de las aportaciones. Finalmente, el análisis integrado de las cuencas de los ríos Águeda, Huebra y Tormes por parte de CEBALLOS et al. (2008), ocupando una superficie superior a los 13.000 km2, muestra de nuevo que el crecimiento del bosque ha sido muy tímido, siendo los cambios cualitativos más importantes que los cuantitativos, y que la tendencia decreciente de las aportaciones de los ríos está muy correlacionada con la experimentada por las propias precipitaciones (r2 = 0,72; valor-p < 0,001).

Estas conclusiones difieren significativamente respecto a los resultados publicados en referencia a otros territorios de la Península Ibérica. Por ejemplo, en el Pre-Pirineo Catalán (POYATOS et al., 2003) detectan cambios sustanciales en la cobertura del bosque en las cuencas analizadas que pasa de un 39 % en 1957 a un 64 % en 1996, con un notable efecto de este hecho sobre la producción de agua en la cuenca debido a una mayor demanda evapotranspirativa, aumento de la interceptación e incremento de la discontinuidad espacial de la escorrentía superficial al haber más obstáculos en forma de manchas de vegetación (LLORENs et al., 2005). BEGUERÍA et al. (2003), en el Pirineo Aragonés, señalan que el descenso de los caudales de los ríos estudiados coincide con un cambio importante en el uso del suelo, relacionando la colonización por parte del bosque del 22 % correspondiente de las tierras cultivadas de las cuencas con una reducción del 30 % de las aportaciones a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

Por lo tanto, un aspecto clave, que debe ser resuelto en futuros trabajos con el estudio de nuevos casos, es conocer de manera más detallada a partir de qué umbral de cobertura vegetal comienza a ser clara y evidente la señal del avance del bosque sobre la cantidad de agua que circula superficialmente y la dependencia de esta interacción de la escala del análisis (tamaño de la cuenca y/o valores anuales o mensuales). Además, con independencia del crecimiento del bosque, deberán ser considerados los cambios fisiológicos de la vegetación, con un aumento de la transpiración, como respuesta al aumento del estrés hídrico debido al incremento de las temperaturas y descenso de las precipitaciones, y sus consecuencias sobre la producción de agua en las cuencas fluviales de cabecera.

Stitched Panorama

Agradecimientos

Esta investigación ha sido posible gracias al apoyo financiero de la Junta de Castilla y León (Proyecto SA099A06).

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