APORTACIONES HÍDRICAS EN LA CABECERA FLUVIAL DEL RÍO DUERO: RELACIÓN CON LA VARIABILIDAD CLIMÁTICA Y CAMBIOS EN LA CUBIERTA VEGETAL – I

APORTACIONES HÍDRICAS EN LA CABECERA FLUVIAL DEL RÍO DUERO: RELACIÓN CON LA VARIABILIDAD CLIMÁTICA Y CAMBIOS EN LA CUBIERTA VEGETAL – I

Antonio Ceballos, Enrique Morán Tejeda & José Manuel Llorente Pinto: Departamento de Geografía. Universidad de Salamanca (España)

RESUMEN

En este trabajo se analizan los cambios ocurridos en la evolución temporal de los caudales y del régimen hídrico en la cabecera fluvial del río Duero y su relación con la tendencia de las temperaturas, las precipitaciones y la superficie ocupada por el bosque. Los resultados muestran un decrecimiento significativo en las aportaciones hídricas anuales debido a la marcada reducción de las aportaciones entre los meses de febrero y septiembre, con un aumento sustancial del número de días al año con un caudal inferior a la tercera parte del caudal diario medio anual (“régimen de aguas bajas”). La buena correlación entre precipitaciones y aportaciones anuales (R = 0,72, valor-p < 0,001) y la ausencia de tendencia alguna en el análisis de los residuales prueban que el moderado avance de la superficie forestal durante las últimas décadas de momento no es suficiente para influir de manera determinante en la reducción de las aportaciones registrada. No obstante, la falta de correspondencia entre las tendencias mensuales de precipitaciones y aportaciones y la destacable subida de las temperaturas sugieren un aumento del consumo de agua por parte del bosque que muy probablemente afecte de forma claramente perceptible a las aportaciones anuales de la cuenca a corto-medio plazo. Finalmente, la disminución de las precipitaciones y los cambios ocurridos en su reparto intraanual han afectado al régimen del río, que ha pasado de tener un máximo invernal de carácter pluvial a un régimen bimodal con un pico principal en invierno y otro secundario en primavera. Esta circunstancia sin duda debe considerarse en la gestión de los embalses situados aguas abajo.

art03

  1. Introducción

El déficit de lluvias sufrido durante los años 2004, 2005 y 2007 ha reabierto el debate social sobre la disponibilidad de los recursos hídricos en la Península Ibérica. El almacenamiento de agua en los embalses depende directamente de las escorrentías generadas en las cuencas de cabecera, a su vez determinadas por la evolución de variables climáticas como temperaturas y precipitaciones, así como por la dinámica de la propia cobertura del suelo.

La evolución temporal de las temperaturas en España durante los últimos 150 años ha mostrado un incremento generalizado de 0,1º C por década (BRUNET et al., 2007), mientras que en el caso de las precipitaciones no se ha observado una tendencia clara extrapolable al conjunto del territorio (FONT TULLOT, 2000). Uno de los cambios ambientales más notables que ha experimentado el continente europeo en las últimas décadas, y la Península Ibérica no representa excepción alguna, ha sido el abandono de las actividades en el medio rural, debido al éxodo poblacional, y el consecuente avance del bosque, con las implicaciones que ello conlleva respecto a la reducción de escorrentías superficiales (BROWN et al, 2005; VERBURG et al., 2006).

En relación con la evolución temporal de las aportaciones de los ríos, en España sólo existen estudios de diagnóstico regional, con una especial incidencia en la cuenca del Ebro. En este sentido, el trabajo de BEGUERÍA et al. (2003), realizado a partir de los datos pertenecientes a una red de cuencas de cabecera en la cuenca hidrográfica del Ebro, relacionó el efecto de las oscilaciones climáticas y de los cambios de uso del suelo en los caudales, durante el período 1945-1995, observando una reducción de los mismos, estimada en un 30 %, como consecuencia de la recuperación de las masas forestales. Estos resultados fueron posteriormente confirmados por GALLART & LLORENS (2004), dentro de la misma unidad de estudio, pero analizando cuencas diferentes, señalando una tendencia decreciente en la aportación de estos ríos (disminución anual de un 0,68 % del caudal medio), más relacionada con cambios en el uso del suelo que con cambios registrados en las precipitaciones y evapotranspiración potencial como consecuencia de un aumento de las temperaturas. Sin embargo estos resultados contrastan en parte con los publicados por el Ministerio de Medio Ambiente (MIMAM, 2000) para el conjunto de la cuenca del Ebro. Según este documento, el caudal medio del río Ebro en su desembocadura ha decrecido en un 40 % en los últimos 50 años como consecuencia de una disminución de las precipitaciones y del incremento de la demanda de agua para riego.

En relación con la cuenca del Duero existen estudios realizados en pequeñas cuencas como los de MACHÍN et al (2005) en el río Almarza (España), CEBALLOS & MORÁN TEJEDA (2006) en la cabecera del Tormes (España), NUNES (2007) en el río Côa (Portugal) o CEBALLOS et al. (2008) en las cuencas del Tormes, Huebra y Águeda que apuntan una reducción de los caudales relacionada con un descenso de las precipitaciones, pero sin concretar el papel real del avance del bosque sobre los cambios observados en las aportaciones hídricas.

El presente estudio tiene como principal objetivo analizar los cambios en la evolución temporal de las aportaciones hídricas, caudales de diversa magnitud y del régimen hídrico en la cabecera fluvial del río Duero y su relación con la tendencia observada en temperaturas, precipitaciones y área de superficie forestal. La discusión de los resultados obtenidos comparándolos con los publicados en estudios previos en la misma red hidrográfica tratará de definir los factores claves para entender la naturaleza de los cambios ante los cuales habrá que estar muy pendientes en las próximas décadas.

El territorio soriano  excursiones geográficas (1915) - García Rey-27 copia

  1. Área de estudio

La primera estación de aforos instalada en el cauce del río Duero corresponde a Molinos  de Duero, provincia de Soria, y está localizada a 41º53’18″N y 2º47’05″ O. Este punto permite delimitar una cuenca de cabecera con una superficie de 135 km2 y una altitud que oscila entre los 2.230 m en la Sierra de Urbión y los 1.101 m del propio aforo (Figura 1).

Las litologías predominantes son de origen detrítico con matriz silícea, abundando las alternancias de calcoarenitas con limolitas y de cuarzoarenitas con arcilloitas y en menor medida los conglomerados (IGME, 1986 y 1988).

La precipitación anual promedio de las estaciones meteorológicas ubicadas en la vertiente sur de la Sierra de Urbión oscila entre los 695 mm del Embalse de la Cuerda del Pozo y los 941 mm de Vinuesa, con dos meses secos (julio y agosto), aunque con precipitaciones siempre por encima de los 25 mm. La temperatura media anual ronda los 10,5º C, siendo enero el mes más frío con 3º C y julio el más cálido con 20º C. Debido al efecto combinado de altitud y longitud, el clima característico del espacio geográfico estudiado puede definirse como mediterráneo continental.

La cubierta vegetal consiste en una mancha forestal continua y madura de pino albar (Pinus sylvestris) con intercalaciones de roble melojo (Quercus pyrenaica) en las zonas más bajas y la presencia puntual de hayas (Fagus sylvatica) en los enclaves más húmedos. La cobertura de arbustos (generalmente ericáceas –Erica sp.-, con la presencia de algunas leguminosas de los géneros Genista y Cytisus) y herbáceas se reduce a las zonas más clareadas. Este bosque de pinos ha sido históricamente aprovechado por el hombre con la extracción de madera, lo cual ha repercutido en su mantenimiento mediante repoblaciones forestales y favoreciendo al pino frente a otras especies competidoras (RUIZ DE LA TORRE, 1995).

Ceballos-aportaciones-hidricas_Página_04_Imagen_0001

  1. Métodos y técnicas

Para el estudio de las temperaturas se han utilizado las series mensuales y anual del observatorio meteorológico de la ciudad de Soria (perteneciente al Instituto Nacional de Meteorología, Ministerio de Medio Ambiente) debido a que presenta una situación geográfica comparable y cercana respecto a la zona de estudio (41º46’00″N; 2º28’00″O; 1.082 m) y ofrece una serie de datos larga y continua en el tiempo (1959-2003, n = 45). Para determinar las anomalías térmicas se calculó la diferencia en ºC entre la temperatura media correspondiente a cada año y/o mes, y la media del último periodo climático normal (CLINO 1961-90). El resultado se expresó gráficamente observando la tendencia mediante la representación de la media móvil de 5 años (IPCC, 2001). Para constatar el grado de significación de la tendencia (positiva, negativa o nula), con un determinado nivel de confianza, se aplicó un test no parámetrico como la correlación de rangos de Spearman –Rs- (SNEYERS, 1992; YUE et al., 2002).

La única estación pluviométrica ubicada dentro del perímetro de la cuenca de cabecera del Duero es la de Covaleda. Sin embargo su serie de datos es corta (los registros comienzan en 1968) y sobre todo presenta numerosas lagunas. Por este motivo, se ha analizado la serie correspondiente al Embalse de la Cuerda del Pozo situado en las proximidades de Molinos de Duero (41º52’17″N; 2º42’17″O; 1.150 m), ya que ofrece una serie de datos larga y continua (1959-2003, n = 45) y mantiene una correlación altamente significativa con la serie de Covaleda (r2 = 0,64; valor-p < 0,001). El análisis consistió en determinar la dispersión de la muestra observando la frecuencia de años secos y húmedos según proponen SCIAN & DONNARI (1997), para quienes año seco es aquel con valores inferiores a la precipitación media anual menos la desviación estándar (SD) y año húmedo es aquel con un registro superior a la media más la desviación estándar. Para examinar la tendencia temporal de las series mensuales y anual, así como su grado de significación, también se aplicó el test de Spearman. Para definir el grado de variabilidad intra-anual de la precipitación y su evolución temporal a lo largo del período de estudio, se aplicó el índice de concentración de lluvia (Precipitation Concentration Index, PCI) según la propuesta de varios autores (OLIVER, 1980; DE LUIS et  al., 2001).

Ceballos-aportaciones-hidricas-4

Donde pi es la cantidad de precipitación de un determinado número de meses i. Valores inferiores a 10 indican una distribución uniforme de la precipitación mensual a lo largo del año, valores comprendidos entre 11 y 20 denotan una cierta estacionalidad, y valores superiores a 20 son indicadores de una apreciable variabilidad en el reparto mensual de las precipitaciones anuales.

Respecto al análisis hidrológico, se ha procedido al estudio de la evolución temporal de las aportaciones mensuales y anuales (Hm3), caudales medios diarios máximos anuales, caudales máximos instantáneos anuales, así como el de las crecidas medidas en la estación de aforos de Molinos de Duero entre los años hidrológicos 1959-60 y 2003-04, aplicando los tests estadísticos mencionados previamente para valorar la tendencia de las series. Se trata de una cuenca de cabecera no afectada por ningún embalse y por tanto representativa del régimen natural del río. En el estudio de la variabilidad de la frecuencia de las crecidas se han considerado los siguientes criterios para definir su magnitud (GARCÍA RUIZ et al., 2001): I) Días de crecidas moderadas o días en que se supera en 3 veces el caudal medio anual (Qx3). II) Días de avenidas o días en que supera en 5 veces el caudal medio anual (Qx5). III) Días de avenidas de baja frecuencia y alta intensidad o días en que se supera en 10 veces el caudal medio anual (Qx10).

Con objeto de comparar, de forma estandarizada, la evolución a lo largo del tiempo de precipitaciones y temperaturas con la observada en las aportaciones hídricas, este conjunto de variables se han normalizado aplicando el índice F propuesto por SHORTHOUSE & ARNELL (1999) y adoptado por BEGUERÍA et al. (2003) de acuerdo a la siguiente formulación:

Ceballos-aportaciones-hidricas-5

donde Fij es el resultado del índice para el año i y el mes j, Xij es el valor mensual del año i y el mes j, Avj es el valor medio mensual del mes j y Sj es la desviación estándar de los valores mensuales del mes j. El resultado de esta operación es un índice sintético cuyo valor 0 corresponderá a aquellos años con un registro similar a Avj y el valor ±1 corresponderá a aquellos años con un registro igual a Avj ± Sj. Por medio de la representación gráfica de las series temporales normalizadas se podrá apreciar el paralelismo, o no, entre el comportamiento de las variables climáticas y el de las propias aportaciones a través del tiempo.

Los cambios habidos en la cubierta forestal de la cuenca han sido estimados cartografiando la cubierta vegetal mediante la fotointerpretación de las fotografías aéreas correspondientes al vuelo americano de 1957 y de ortofotos tomadas en 2002. Las fotografías aéreas fueron previamente ortorrectificadas para adaptar su geometría a la de las fotos, convirtiendo la perspectiva cónica de la foto en una proyección ortogonal asignando a cada punto de la imagen coordenadas x, y, z, mediante un SIG especializado y un modelo digital del terreno.

La relación entre las distintas variables hidroclimáticas ha sido establecida mediante modelos de regresión lineal y múltiple, analizándose también la tendencia temporal de los residuales. El hecho de que los residuales muestren algún tipo de tendencia o salto brusco puede ser interpretado como una señal de la influencia del bosque sobre las aportaciones hídricas.

  1. Resultados

4.1. Variables climáticas: temperaturas y precipitaciones

Considerando la serie de temperaturas del último período climático normal (CLINO 1961-90), la temperatura media anual correspondiente al observatorio de Soria ha sido 10,5º C, con enero como mes más frío (2,9º C) y julio como el más cálido (19,9º C). Durante la totalidad del período analizado (1959-2003) las temperaturas medias anuales han mostrado una evolución positiva con un incremento significativo al 99 % (Rs = 0,52) de 1,2º C en 45 años. No obstante, la figura 2 refleja dos períodos muy contrastados: entre 1959 y 1971 es clara la tendencia negativa de las temperaturas medias anuales respecto al período de referencia (1961-90), mientras que entre 1972 y 2003 el aumento de las temperaturas es muy acusado y significativo: 1,70º C en 32 años (Rs = 0,72; valor-p < 0,001).

Figura 2: Anomalías térmicas anuales respecto al período de referencia 1961-90 (media móvil de 5 años). Observatorio Meteorológico de Soria, 1959-2003.

Figura 2: Anomalías térmicas anuales respecto al período de referencia 1961-90 (media móvil de 5 años). Observatorio
Meteorológico de Soria, 1959-2003.

La evolución de las anomalías térmicas analizando las series mensuales (figura 3) muestra que durante la totalidad del periodo (1959-2003) solamente en tres meses el incremento de las temperaturas ha sido significativo (marzo, agosto y diciembre), mientras que si consideramos las mismas series a partir de 1972, el número de meses con un calentamiento significativo se eleva a 5, concentrándose en las estaciones primaveral y estival.

Figura 3: Análisis de las series mensuales de temperaturas correspondientes al Observatorio Meteorológico de Soria, mediante la correlación de rangos de Spearman. Trama blanca: sin correlación. Trama naranja: correlación significativa a un nivel de confianza del 95 %. Trama roja: correlación significativa a un nivel de confianza del 99 %. Izquierda: período 1959-2003. Derecha: período 1972-2003.

Figura 3: Análisis de las series mensuales de temperaturas correspondientes al Observatorio Meteorológico de Soria, mediante la correlación de rangos de Spearman. Trama blanca: sin correlación. Trama naranja: correlación significativa a un nivel de confianza del 95 %. Trama roja: correlación significativa a un nivel de confianza del 99 %. Izquierda: período 1959-2003. Derecha: período 1972-2003.

La precipitación media anual correspondiente al Embalse de Cuerda del Pozo durante el período 1959-2003 ha sido de 695 mm, con una desviación estándar igual a 162 mm y un coeficiente de variación del 23,5%. El ajuste lineal de la serie refleja un descenso estimado en 150 mm a lo largo del tiempo (figura 4), pero sin ser significativo desde un punto de vista estadístico. Este descenso de las precipitaciones no se ha visto acompañado de un aumento de la variabilidad interanual de las mismas, destacando el número de años con registros que podrían considerarse normales (precipitación comprendida entre la media ± SD). El análisis de la tendencia temporal de las series mensuales de precipitación (figura 5) muestra el predominio de los meses con tendencia negativa, concentrados especialmente en las estaciones otoñal e invernal, aunque siendo sólo estadísticamente significativa en febrero.

Figura 4: Evolución interanual de las precipitaciones en la estación pluviométrica del Embalse de Cuerda del Pozo, 1959-2003 (líneas discontinuas: precipitación media ± STD; 695 ± 162 mm).

Figura 4: Evolución interanual de las precipitaciones en la estación pluviométrica del Embalse de Cuerda del Pozo, 1959-2003 (líneas discontinuas: precipitación media ± STD; 695 ± 162 mm).

Figura 5: Análisis de las series mensuales de precipitaciones (Observatorio Meteorológico del Embalse de Cuerda del Pozo, 1959-2003) mediante la correlación de rangos de Spearman. Trama blanca: sin correlación. Trama azul: correlación significativa a un nivel de confianza del 95 %.

Figura 5: Análisis de las series mensuales de precipitaciones (Observatorio Meteorológico del Embalse de Cuerda del Pozo,
1959-2003) mediante la correlación de rangos de Spearman. Trama blanca: sin correlación. Trama azul: correlación significativa a un nivel de confianza del 95 %.

El análisis de la evolución temporal de la distribución intranual de las precipitaciones, expresada mediante el PCI, no muestra ningún tipo de tendencia estadísticamente significativa, predominando además los valores por debajo de 15, lo cual sugiere un reparto relativamente uniforme de las precipitaciones a lo largo del año (figura 6).

Figura 6: Evolución interanual del PCI (Precipitation Concentration Index) en la estación pluviométrica del Embalse de Cuerda del Pozo, 1959-2003.

Figura 6: Evolución interanual del PCI (Precipitation Concentration Index) en la estación pluviométrica del Embalse
de Cuerda del Pozo, 1959-2003.

4.2. Caudales: Aportaciones fluviales y avenidas

La aportación media anual medida en la estación de aforos de Molinos de Duero durante el período 1959-60/2003-04 ha sido de 95,5 ± 51,7 Hm3, con un coeficiente de variación igual a 54 %. El análisis de la serie interanual de los totales anuales de dicha variable (figura 7) muestra una tendencia negativa en el tiempo (Rs = -0,39), significativa al 99 %, y que mediante un ajuste lineal podemos estimar en un 59 %. El análisis de la tendencia temporal de las series mensuales de aportaciones muestra un descenso muy marcado y continuo entre febrero y septiembre, siendo especialmente significativo en marzo, junio, julio, agosto y septiembre (figura 8).

Figura 7: Evolución interanual de las aportaciones en la estación de aforos de Molinos de Duero, 1959-60/2003-04.

Figura 7: Evolución interanual de las aportaciones en la estación de aforos de Molinos de Duero, 1959-60/2003-04.

Figura 8: Análisis de las series mensuales de aportaciones (Estación de aforos de Molinos de Duero, 1959-2003) mediante la correlación de rangos de Spearman. Trama blanca: sin correlación. Trama azul claro: correlación significativa a un nivel de confianza del 95 %. Trama azul oscuro: correlación significativa a un nivel de confianza del 99 %.

Figura 8: Análisis de las series mensuales de aportaciones (Estación de aforos de Molinos de Duero, 1959-2003) mediante
la correlación de rangos de Spearman. Trama blanca: sin correlación. Trama azul claro: correlación significativa a un
nivel de confianza del 95 %. Trama azul oscuro: correlación significativa a un nivel de confianza del 99 %.

Considerando la totalidad de la serie de datos, la distribución mensual de las aportaciones es la propia de un régimen pluvial, con un pico claro en el mes de enero tras la acumulación de lluvia en noviembre, diciembre y enero (figura 9). No obstante, si comparamos los datos medios correspondientes a las dos primeras décadas de la serie con los de las dos últimas (figura 10), el máximo invernal de carácter pluvial era muy claro en la primera mitad de la serie, mientras que el apreciable descenso de las precipitaciones en enero, febrero y marzo, y el leve ascenso en abril, han derivado en la modificación del régimen fluvial, que pasa a tener un carácter bimodal, con un pico principal invernal y uno secundario en primavera.

Figura 9: Distribución mensual de las aportaciones (línea) y precipitaciones (barras) en la cabecera del río Duero (1959- 60/2003-04)

Figura 9: Distribución mensual de las aportaciones (línea) y precipitaciones (barras) en la cabecera del río Duero (1959-
60/2003-04)

Junto al análisis de las aportaciones fluviales, que determinan la disponibilidad de recursos hídricos en un determinado territorio, también resulta de notable interés estudiar la evolución de avenidas debido a sus drásticas consecuencias sobre las infraestructuras y poblaciones ribereñas. La figura 11 representa la evolución de los caudales medios diarios máximos anuales (Qc) y de los máximos instantáneos anuales (Qci) durante el período de estudio. Ambas variables están correlacionadas y no muestran ningún tipo de tendencia positiva o negativa en el tiempo. Los valores medios de Qc y Qci son de 49 y 89 m3/s respectivamente, y en contadas ocasiones superan el valor doble del promedio.

Figura 10: Comparación entre la distribución mensual de las aportaciones (A) y precipitaciones (P) en el curso alto del río Duero en los períodos comprendidos entre 1959-60/1979-80 y 1983-84/2003-04.

Figura 10: Comparación entre la distribución mensual de las aportaciones (A) y precipitaciones (P) en el curso alto del río
Duero en los períodos comprendidos entre 1959-60/1979-80 y 1983-84/2003-04.

Figura 11: Evolución interanual de los caudales medios diarios máximos anuales (Qc) y caudales máximos instantáneos anuales (Qci) en la estación de aforos de Molinos de Duero, 1959-60/2003-04.

Figura 11: Evolución interanual de los caudales medios diarios máximos anuales (Qc) y caudales máximos instantáneos anuales (Qci) en la estación de aforos de Molinos de Duero, 1959-60/2003-04.

Respecto a las crecidas, de acuerdo con los criterios expuestos en el apartado 3, consideramos crecida moderada (Qx3), avenida moderada (Qx5) y avenida de baja frecuencia y alta intensidad (Qx10) cuando el caudal medio diario supera 9,1 m3 s-1, 15,2 m3 s-1 y 30,3 m3 s-1 respectivamente (figura 12). En todos los casos, la tendencia temporal de las tres clases determinadas es negativa, siendo significativa en el caso de las crecidas moderadas (Qx3), con un Rs = – 0,41; significativo al 99 %, en concordancia con la disminución de las aportaciones anuales señalada anteriormente. Si las avenidas decrecen es lógico pensar que el número de días en los que el río presente un estado de aguas bajas haya aumentado en el tiempo. Para ello, basándonos en el trabajo de MACHÍN et al. (2005), hemos cuantificado el número de días en el que el caudal del río es inferior al caudal diario medio anual dividido por tres y analizado cuál ha sido la tendencia de esta variable. De acuerdo con ello, durante el período 1959 y 2003 el 41,8 % de los días no han superado el umbral de 1 m3 s-1 y el número de días al año con aguas bajas ha crecido de forma significativa (Rs = 0,31; valor-p = 0,041), pasando de menos de 130 al inicio del período a más de 180 a finales del mismo (figura 13).

Figura 12: Evolución interanual de los caudales diarios y umbrales correspondientes a 3, 5 y 10 veces el caudal medio anual en la estación de aforos de Molinos de Duero, 1959-60/2003-04.

Figura 12: Evolución interanual de los caudales diarios y umbrales correspondientes a 3, 5 y 10 veces el caudal medio anual en la estación de aforos de Molinos de Duero, 1959-60/2003-04.

Figura 13: Evolución interanual del número de días anuales con régimen de aguas bajas o por debajo de la tercera parte del caudal medio anual en la estación de aforos de Molinos de Duero, 1959-60/2003-04.

Figura 13: Evolución interanual del número de días anuales con régimen de aguas bajas o por debajo de la tercera parte
del caudal medio anual en la estación de aforos de Molinos de Duero, 1959-60/2003-04.

4.3. Cambios en el bosque

A mediados del siglo XX, el bosque ocupaba una extensión de 98,3 km2 (equivalente al 72,8 % de la superficie de la cuenca) de los cuales 19,3 km2 correspondían a formaciones jóvenes y de baja densidad de arbolado (Pinus sylvestris). El límite altitudinal del bosque se encontraba a 1.820 m, a partir del cual tan sólo se desarrollaban formaciones arbustivas y pastizales de montaña. A comienzos del siglo XXI, el bosque había crecido ligeramente en superficie y en densidad: La superficie cubierta de bosque había ascendido a 104,9 km2 (77,7 % del área de la cuenca) y el límite forestal alcanzaba la isohipsa de los 1.900 m (figura 14).

Figura 14: Distribución de la superficie forestal en 1957 y 2002 en la cabecera fluvial del río Duero.

Figura 14: Distribución de la superficie forestal en 1957 y 2002 en la cabecera fluvial del río Duero.

4.4. Interacciones entre las variables hidroclimáticas y el posible efecto del bosque

La figura 15 muestra la evolución durante el período de estudio de las temperaturas, precipitaciones y aportaciones anuales, una vez normalizadas con la aplicación del índice F, destacando el acusado paralelismo entre precipitaciones y aportaciones. El coeficiente de correlación entre ambas variables es marcadamente significativo (R = 0,72; valor-p < 0,001), y el grado de explicación de la variable dependiente (aportaciones) no aumenta de manera apreciable si introducimos en un análisis de regresión múltiple variables como la temperatura o el tiempo (R = 0,78; valor-p < 0,001).

La siguiente variable de carácter dinámico que puede explicar la respuesta hidrológica de la cuenca son los cambios operados en su cobertura forestal. En este sentido, la figura 15 muestra que la relación entre precipitaciones y aportaciones no ha variado a lo largo del tiempo, ya que no existe un intervalo en el cual de forma sistemática la línea de las aportaciones haya estado por encima o por debajo de la correspondiente a las precipitaciones, acorde con la ausencia de cambios significativos habidos en la superficie del bosque (apartado 4.3.). Esta apreciación es confirmada además por el hecho de que no exista ninguna tendencia significativa en la correlación entre los residuales producto de la correlación entre precipitación y aportación año a año y el tiempo (Rs = -0,28; valor-p = 0,059).

Figura 15: Evolución temporal de las temperaturas, precipitaciones y aportaciones normalizadas (1959-60/2003-04).

Figura 15: Evolución temporal de las temperaturas, precipitaciones y aportaciones normalizadas (1959-60/2003-04).

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en DOCUMENTOS, FOTOS, LIBROS, PRENSA y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a APORTACIONES HÍDRICAS EN LA CABECERA FLUVIAL DEL RÍO DUERO: RELACIÓN CON LA VARIABILIDAD CLIMÁTICA Y CAMBIOS EN LA CUBIERTA VEGETAL – I

  1. Pingback: HISTORIA DE COVALEDA CUMPLE 3 AÑOS | HISTORIA DE COVALEDA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s