SISTEMAS VECINALES DE EJECUCIÓN DE LOS APROVECHAMIENTOS FORESTALES COMUNALES EN LAS COMARCAS MERIDIONALES DE LAS DISTERCIAS (SORIA Y BURGOS) – I

A lo largo de los próximos días voy a compartir con todos vosotros un excelente trabajo realizado sobre el cuando, como y porqué de las suertes de pinos en la zona de pinares de Burgos y Soria, con especial incidencia en las relativas a Covaleda.

Se trata, sin lugar a dudas, de uno de los mejores y más completos trabajos que se han realizado sobre la materia. Realizado en el año 2001, nos cuenta, con todo lujo de detalles, todo el inframundo que rodea a las suertes de pinos.

SISTEMAS VECINALES DE EJECUCIÓN DE LOS APROVECHAMIENTOS FORESTALES COMUNALES EN LAS COMARCAS MERIDIONALES DE LAS DISTERCIAS (SORIA Y BURGOS)[1]

Por José Miguel García Asensio

SEPARATA DE REVISTA ARAGONESA DE ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

NÚM. 18 – 2001

INTRODUCCIÓN

Con este trabajo se pretende analizar y exponer las causas de un sistema peculiar en el aprovechamiento de ciertos montes comunales, y más concretamente, de su madera, por parte de una agrupación de titulares de derechos reales administrativos. Para ello se partirá de sus antecedentes históricos con el fin de justificar su existencia y adecuación a Derecho.

Aunque a primera vista pudiera parecer una desnaturalización de la relación jurídica de carácter comunal por parte de sus beneficiarios, la existencia de un ente, aparentemente extraño, en el proceso de aprovechamientos resulta una solución original y rentable, tanto económica como jurídicamente hablando, que potencia y acentúa la pureza de lo comunal. Una solución con un origen concreto que ha ido extendiéndose como fórmula práctica y moderna por unas comarcas, a caballo entre las provincias de Soria y Burgos, coincidentes con las estribaciones meridionales de las Distercias, en donde lo comunal ha tenido el mayor protagonismo, y aún lo posee, en la vida económica y social de sus Municipios.

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ANTECEDENTES HISTÓRICOS. CRÓNICA DE UNA EVOLUCIÓN AFORTUNADA

La comarca de Pinares en la provincia de Soria, así como la de La Sierra en la de Burgos, se caracterizan por una geografía montañosa[2], cubierta por una densa masa forestal[3], lo que históricamente ha limitado la actividad económica de sus habitantes a todos los sectores relacionados de una u otra manera con la madera[4], y, en menor medida, con la ganadería.

Dichos montes han tenido de siempre la consideración de bienes de carácter comunal[5], es decir, aquéllos de dominio público cuyo aprovechamiento corresponde al común de los vecinos[6], permaneciendo su propiedad en poder de la propia Entidad Local. Y el meritado aprovechamiento ha tenido lugar siempre conforme a unas reglas consuetudinarias peculiares, que así mismo han sufrido variaciones conforme la localidad y la época de que se trate. En ciertas ocasiones estas reglas se han ido fijando en textos normativos, pero casi siempre a remolque de la práctica vecinal[7]. Esa costumbre, de todos modos, nunca desviaba el aprovechamiento del común de los vecinos, el cual adoptaba habitualmente la forma de distribución por suertes de madera.

Puesto que era el Ayuntamiento el propietario del bien comunal, y el ente por un lado más representativo[8] y por otro el más capacitado y dotado para controlar los requisitos exigidos a los potenciales beneficiarios del aprovechamiento, se encargaba de determinar los vecinos titulares de este derecho[9]. Para localizar la madera en el monte, medirla y confeccionar los lotes, se constituía una agrupación o comisión de vecinos[10], integrada por varios de ellos, debiendo de disfrutar de las debidas aptitudes físicas que les permitiera cumplir con su función: reconocimiento del bosque y señalamiento de los árboles, para lo que debían de recorrer importantes distancias monte a través. Por ello se excluían a los viudos, y cada año se renovaban sus integrantes[11]. Este pequeño grupo vecinal de funciones prácticas y de buen hacedor es el origen más remoto de las actuales Sociedades Vecinales de Maderas, y todavía se encuentran vigentes en alguna localidad[12].

Con el paso de los años en los Municipios más grandes, las funciones de confeccionar los lotes fue asumida por los Ayuntamientos[13], como era el caso de Covaleda, cuando el personal municipal invertía entre cuatro y cinco meses en la operación de puntuar y clasificar los dieciséis mil árboles formando seiscientos lotes uniformes que luego se sorteaban[14]. Sin embargo, esta carga se liberó mediante el señalamiento por rodales tras la ordenación, y cada beneficiario del aprovechamiento debía buscarse el comprador de su lote si deseaba enajenarlo[15].

A finales de la década de los sesenta, con el inicio de la caída de los precios de la madera, en Covaleda se apreció la inviabilidad económica de la existencia de seiscientas suertes individuales, lotes, aunque similares, con pinos dispersos en todo el monte[16], y seiscientos titulares con los que ponerse de acuerdo. Desde hacía ya algunos años la comisión vecinal o Junta de Vecinos venía enajenando los aprovechamientos forestales de los beneficiarios constituyéndose de facto cuatro o cinco lotes multivecinales. Una de las soluciones buscadas por iniciativa vecinal fue la constitución de una Cooperativa de Campo Local, con el nombre de “Alto Duero”, constituida por vecinos con derecho a lote[17]. El objeto de esta mercantil era “el de cortar, transportar, transformar, manufacturar, vender y exportar en común los lotes forestales que a cada socio le correspondan” (art. 2 Estatutos), siendo deber de los asociados el “vender a la Cooperativa el precio fijado por la Junta Rectora de ésta el precio que le corresponda” (art. 10 Estatutos).

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[1] Estudio realizado en el marco del curso de doctorado “Los bienes comunales” (año académico 1999-2000), bajo la dirección del profesor D. Eloy COLOM PIAZUELO, Facultad de Derecho, Universidad de Zaragoza.

Es preciso agradecer la colaboración en el acceso a la documentación manejada al personal y autoridades de los Ayuntamientos citados en el texto, sobre todo los de Vinuesa y Covaleda, destacando especialmente la ayuda y atención de D. Máximo HERRERO ALTELARREA, maestro en montes comunales, y a quien se dedica este estudio.

[2] Téngase en cuenta que se trata de la fachada meridional de parte del Sistema Ibérico septentrional, divisoria de aguas entre el Duero y el Ebro, con la mayoría de sus altos picos: Urbión (2.228 m.s.m.), Castillo de Vinuesa (2.062 m.s.m.) y Neila (2.048 m.s.m.), alcanzando en su parte soriana los 1.196 metros de altitud media, según datos de Luis SANTONJA PERIS (director): Desarrollo de la agricultura y ganadería sorianas. Tomo I. Ed. Caja General de Ahorros y Préstamos de la Provincia de Soria, Soria, 1971. p. 19.

[3] Se trata de la mancha forestal continua más extensa de España, prolongándose no sólo en la provincia de Burgos sino también en la Comunidad Autónoma de La Rioja.

[4] Corno bien explican en su magnífico trabajo mis admirados Enrique DIEZ SANZ y José-Antonio MARTÍN DE MARCO. La Mancomunidad de los 150 Pueblos de la Tierra de Soria. Historia y Patrimonio: Ed. Excma. Diputación Provincial de Soria, Soria, 1998. p. 67, “(…) la negativa influencia del medio físico para la práctica de la agricultura que ( … ) constituía allí una actividad marginal, favoreció el desarrollo de otros sectores económicos, entre los que destaca, por encima de todos, el transporte de carretería. Duruelo, Covaleda, Vinuesa, La Muedra, Salduero, Vilviestre, Langosto. Los Molinos, Herreros, Villaverde, Cidones y Ocenilla, aldeas ubicadas todas ellas en la zona montañosa noroccidental de la Tierra de Soria, formaban parte de la Junta y Hermandad de la Cabaña Real de Carreteros Burgos-Soria, la cual, a su vez, se incluía dentro de la Cabaña Real de Carreteros y sus componentes se podían aprovechar de los beneficios inherentes a esta última, entre los que destacaban el derecho de apacentar los bueyes, de forma gratuita, en los términos comunales de ciudades, villas y aldeas por donde transitaban, como si fueran vecinos de las mismas; la posibilidad de cortar madera en los montes para reparación de sus carretas, cuando marchaban en tránsito; y, en caso de conflicto, ser juzgados en primera instancia por el denominado Juez Protector Conservador de Carreteros, que cumplía en el mundo de la carretería una función similar a la del Alcalde Mayor Entregador en el universo mesteño de la Trashumancia. Por otra parte, y ya dentro del ámbito local, las Ordenanzas de las aldeas protegían a los bueyes de transporte por encima del ganado estante, conscientes las autoridades aldeanas de que la parte más sustancial de la riqueza se generaba en el transporte de carretería”.

[5] En el caso de Covaleda, el fallo de la Sentencia de la Chancillería de Valladolid de fecha 13 de octubre de 1562 en pleito por los límites de su término municipal contra Salduero, Molinos, Vinuesa, Soria, su Tierra y Honrado Concejo de la Mesta, habla de que “(…) el dicho término es suyo propio por haber sido comprado con sus propios dineros y por lo mismo dieron permiso a dichos sus vecinos, que fuesen o hubiesen de ser, pudieran cortar, romper y hacer en él cuanto por bien tuvieren como cosa propia”.

[6] Conforme lo prevenido en el art. 79.3 de la Ley 7/1985, de 2 de abril, de Reguladora de las Bases de Régimen Local; el art. 75 del Texto Refundido de las Disposiciones Legales Vigentes en Materia de Régimen Local, aprobado por Real Decreto Legislativo 781/1986, de 18 de abril; y art. 94 y siguientes del Reglamento de Bienes de las Entidades Locales, aprobado por Real Decreto 1372/1986, de 13 de junio. Véase, a este respecto, la doctrina sobre la evolución legislativa (v .gr. Alejandro NIETO: Los bienes comunales, Madrid , 1964).

[7] Así, por ejemplo, en Covaleda desde la autorización de 1739 en que “solo se les permite cortar dos tres pies a cada vecino al año” (A.H.N. Consejos. leg. 2646, pieza 5ª, f. 66 vto.) hasta las Ordenanzas reguladoras del reparto de pinos de 19 de agosto de 1933 y 19 de mayo de 1949.

[8] Al contrario que en los montes vecinales de mano común, la comunidad de vecinos no posee conciencia jurídica de sí misma, no se considera la agrupación vecinal en su calidad de grupo social. Carece de Estatutos, órganos de representación de administración o de gestión, no disponiendo, en consecuencia, de la cualidad de sujetos en el tráfico jurídico. Por eso, el procedimiento del reparto de los lotes y la formación de los mismos “(…) ha de llevarse por el Ayuntamiento en cuanto gestor de los intereses de la comunidad vecinal y (…), además, por imperativo de la normativa mencionada en cuanto administrador de los bienes de su patrimonio” (STSJ de Castilla y León de 24 de junio de 1992).

[9] El Tribunal Supremo, en su Sentencia de fecha 14 de junio de 1968 (Ar. 3218), y en relación a los montes de la zona de estudio (Cabrejas del Pinar y Abejar), ya establece que se trata de un derecho real administrativo de goce, “a la vez que pertenecen al Municipio los bienes sobre los que recae ( … )”.

[10] Aquellas localidades distércicas que no cuentan con una tradición secular de aprovechamiento forestal comunal pueden identificarse con la inexistencia actual o pasada de estas comisiones o juntas de vecinos (v.gr. Bayubas de Abajo. Bayubas de Arriba, Tajueco, Gormaz, Quintanas de Gormaz, Tardelcuende, Matamala de Almazán y Matute de Almazán, todas ellas en la provincia de Soria).

[11] “Hasta hace poco, en la provincia de Soria, ha existido la costumbre de que comisiones municipales, compuestas por algunos habitantes, eligiesen en el monte los pinos de privilegio para el pueblo. Solían señalar sobre todo pinos de un diámetro no inferior a los 40 cm. y de porte derecho; los mejores y más voluminosos ejemplares pues, localizados frecuentemente en aquellos sitios del monte de donde podían ser transportados con facilidad a las carreteras. Difiriendo las más de las veces de la finalidad perseguida por las ordenaciones que el Distrito Forestal está llevando a cabo, actualmente este derecho ha debido ser suprimido a los pueblos que lo llevaban a la práctica”‘ (Johan Martin Gerard KLEINPENNING. “La región piraniega. Estudio geográfico del noroeste de Soria y sureste de Burgos (España)”‘. Groningen. 1962. p. 87).

[12] Tal es el caso de Molinos de Duero, en donde su regulación sigue siendo completamente consuetudinaria. Así, se forma actualmente con cuatro miembros, excluyéndose viudos y jubilados. Anualmente la Comisión se renueva en su totalidad, siguiendo el estricto orden que impone el Padrón de aprovechamientos forestales de la localidad. También vendía la madera a los empresarios interesados. En la localidad de Salduero ocurre otro tanto, siendo el Ayuntamiento quien lleva las cuentas de la Comisión . Juan SERRANO GóMEZ: “Burgos, Soria, Logroño”, en el vol. col. dirigido por Joaquín COSTA Derecho consuetudinario y economía popular de España, Ed. Manuel Soler, Barcelona, 1902, pp. 353-354, describe que “( … ) el Ayuntamiento nombraba dos ó tres hombres prácticos, generalmente ancianos, para que reconociesen el término é informasen en conciencia si era ó no oportuno y conveniente hacer una poda y fijasen la parte de él en que fuera más necesario. Esta comisión se desempeñaba gratis, en uno ó más días festivos; y con frecuencia se les agregaban otros individuos, ya por afición ó distracción, ya por indicaciones de aquélla, deseosa del mejor acierto. El informe era verbal ante el Ayuntamiento y gran parte del vecindario ( … ) y puestos de acuerdo, se designaba el todo ó la parte del monte donde había que practicarse la operación ( … ). Para llevarla á cabo, se elegían ocho ó diez hombres que, además de prácticos, fuesen también ágiles y robustos. ( … ) Los días invertidos en la poda, se les anotaban en el libro del municipio, para eximirles de otros tantos en las obras de concejo. Además, se les abonaba una gratificación, siempre insignificante, y se les proveía de vino, en atención al mayor trabajo é inteligencia que requiere este género de faena. Concluida la poda, se nombraba otra comisión para que , en el primer día festivo, procediese, con uno ó más regidores, á dividir en lotes ó zonas la leña cortada y dejada en el suelo del monte. Procuraba la Comisión repartidora incluir en cada lote unos quince ó veinte vecinos, á fin de acercarse lo más posible á una distribución equitativa. Para el acto del sorteo acudía el vecindario á son de campana, unas veces en la Casa de Ayuntamiento, otras al aire libre. ( … ) Cada vecino iba, dentro de su respectivo grupo, representado por la persona más útil de cada casa. Si el jefe de la familia estaba enfermo ó ausente, iba en lugar suyo una mujer ó un muchacho.( … ) Reunida así la leña, se procedía al sorteo de un modo sencillo: una de las personas presentes se volvía de espaldas, y señalando otra á capricho uno de los montones, decía: ¿quién lleva? respondía la primera ¡fulano! y así con todos los demás hasta terminar”. En los pueblos burgaleses de Rabanera del Pinar, Mamolar y Pinilla de los Barruecos a estas comisiones se las conocen como Junta de Vecinos. A pesar de no estar adscritas al Ayuntamiento correspondiente, cuenta, como en el caso de Salduero, con el apoyo y asistencia del mismo. Su proceso de formación es simple: un domingo, a la salida de misa, un concejal reclama gente para dicha labor, presentándose voluntariamente los interesados, no existiendo impedimento para repetir cargo de un año para otro. La ausencia de formalidades llega al extremo de que la subasta de la madera puede realizarse por vecinos diferentes de los nombrados originariamente . El holandés J. M. G. KLEINPENNING , op. cit.. p. 87, explica a este respecto que “Los municipios burgaleses con derecho a cierto número de pinos de privilegio siguen ejerciendo la prerrogativa de que una comisión municipal los elija libremente, siendo asimismo allí costumbre de escoger los ejemplares de mejor clase. ( … ) El que las comisiones de los cinco pueblos burgaleses puedan elegir todavía los pinos libremente es posible por aplicarse todavía el método de entresaca”. Navaleno, también la denomina Junta Vecinal de la Madera, y se compone de once vecinos derecho-habientes. De una antigüedad que no supera los treinta y cinco años, los cargos, no reelegibles, se renuevan anualmente por mitades.

[13] Independientemente de quién fijara el contenido de los lotes, desde hace más de un siglo se establecía que ningún aprovechamiento pudiera comenzar a ejecutarse “en los casos de subasta ó concesión por el precio de tasación. sin que proceda la entrega del sitio del disfrute al rematante ó al concesionario, hecha por un funcionario de la Inspección ó por la Comisión de Montes respectiva, según que estos sean del Estado ó municipales, en los casos de disfrutes vecinales en montes de la primera clase de pertenencia, y de maderas, leñas, resinas ó cortezas en los de la segunda, sin que anteceda análoga entrega hecha por dicho funcionario á la expresada Comisión; y con respecto a los demás disfrutes en montes municipales, sin que se haya practicado por la mencionada Comisión el correspondiente reconocimiento previo” (Regla Facultativa núm. 52 del Plan de Aprovechamientos para el año forestal de 1901 a 1902 relativo a los montes públicos de la provincia de Soria, a cargo del Ministerio de Hacienda, formado con arreglo a lo dispuesto por Real Decreto de 7 de octubre de 1896, e Instrucciones de 2 de noviembre de 1896, publicado en el Boletín Oficial de la Provincia de Soria núm. 98, de 16 de agosto de 1901).

[14] En palabras de J.M.G. KLEINPENNING , Op. cit., pp. 89 y 90, “El Ayuntamiento fija primeramente el número de habitantes que entran en cuenta para el reparto de los pinos disponibles y esto hecho, se divide el volumen total de pies por el número de vecinos con derecho en manera tal que se sepa de cuantos metros cúbicos de madera debe componerse cada parte. Luego se procede a la división de los pinos en tantas porciones iguales como vecinos con derecho haya, tras lo cual aquéllas son adjudicadas mediante sorteo entre los titulares del derecho a reparto ( … ). El reparto mediante sorteo no carece por completo de utilidad. Aunque el Ayuntamiento trate de componer en lo posible suertes de igual calidad y cantidad, desde luego ello no siempre resulta posible y, aun cuando aparentemente se hayan preparado suertes iguales, puede darse el caso que la consecuente tala de los lotes decepcione a sus poseedores, al comparar la propia suerte con las ajenas. Es además imposible que todas las suertes se compongan de igual número de árboles e igualmente puede ocurrir que los pinos de un lote se hallen más profusamente repartidos por el monte que los de otras suertes ( … ). Una vez sorteados los pinos, el Ayuntamiento hace saber a cada vecino cuál es la suerte que le corresponde, comunicándole los números de los árboles de que su lote se compone y el sitio del monte donde se encuentran ( … ). Se suelen hacer suertes de los pinos verdes y aparte de los ejemplares secos y desarraigados”. En el caso particular de Covaleda, y conforme certificado de fecha 1 de diciembre de 1981 incorporado al Recurso Contencioso-Administrativo núm. 200/1980 seguido en la Audiencia Territorial de Burgos (Archivo Municipal de Covaleda, sin referencia), “Hechos los lotes y cuando el Ayuntamiento lo creía conveniente, acordaba se hiciera el sorteo. Se hacía público el día que se celebraría y acudían muchos vecinos a presenciarlo. El sistema era el de sacar una letra del abecedario y se comenzaba con el primer vecino que figuraba en ella; se sacaba un número, que correspondía al lote de pinos y el que le correspondía se ponía en el padrón y así se seguía hasta terminar con el último vecino. Hecho el sorteo, se hacía público por si había reclamaciones y se hacía saber la fecha en que los vecinos podían hacer uso de los pinos, previo pago de la tasación y verificado éste, los vecinos aserraban los pinos o los vendían a los almacenistas de maderas”.

[15] La adquisición de l lote solía hacerse bien en dinero bien en especie, modalidad ésta última que supuso una cierta explotación del vecindario, pues lo endeudaba frente al comprador de la madera. Como reacción, y para evitar esta dependencia, se pretendió un sistema que no individualizara la enajenación del producto, desembocando en las Comisiones Vecinales.

[16] Con el fin de confeccionar lotes idénticos se veían obligados a adjudicar pinos distantes en varios puntos del monte. En localidades cuyo término municipal es extenso, como en Covaleda, con 11.180 hectáreas, este hecho encarecía enormemente la extracción de los pinos.

[17] Sus Estatutos fueron aprobados por la Dirección General de Previsión del Ministerio de Trabajo en fecha 8 de junio de 1961.

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