LA ESTIRPE DEL APELLIDO MADERO – IV

LA ESTIRPE DEL APELLIDO MADERO – IV

IX A.- Don JUAN NEPOMUCENO MADERO, nacido —como se asentó— en Cadiz el 15 junio 1806 (fecha que indica en su testamento), vino de seis años a Buenos Aires. Su madre doña Carmen Viaña elevó una solicitud el 11 julio 1818 para que el Director Supremo, que era el general Pueyrredón, le concediera una beca para incorporarse al Colegio de la Unión, en mérito a los servicios que hacía a la Patria don Juan de Bernabé y Madero, su padre, Intendente del Ejército del Norte, lo que le fue acordado[1]. Cuando el general Belgrano dejó su mando y llegó gravemente enfermo en 1820, su amigo don Juan en las visitas que le hacía llevaba frecuentemente a su hijo, quien rememoraba setenta años después: “El General me hacía sentar a su lado, me extendía una de sus manos, que estaban hinchadas y frías, y con esa dulce expresión que le era propia, me pedía la pasara la mía sobre el dorso de la suya, porque le consolaba el calor que le transmitía” (véase nota 28).

Juan Nepomuceno acompañó a su padre a Bolivia, ocupándose de los negocios mineros que éste debió abandonar cuando fue designado Ministro por Sucre, en 1826. A su retorno asistió a la caída del Presidente Rivadavia (julio 1827) con quien aquél estaba vinculado, y luego a la deposición del Gobernador Dorrego que lo sucedió, hechos que llevaron al poder al general Juan M. de Rosas. Las ideas liberales de Juan Nepomuceno Madero y su estrecha amistad con varios de los opositores del nuevo mandatario lo tornarían en tenaz adversario del futuro tirano. En septiembre de 1829 emigró al Uruguay la familia Várela, con la cual se enlazaría por su matrimonio.

En la catedral de Montevideo el 26 octubre 1831 se casó con doña Paula Várela, por poder otorgado desde Buenos Aires diecinueve días antes —firmó en esta ocasión como “Nepomuceno B. Madero”—, representándolo el propio hermano de la novia, don Florencio. Esta unión fue ratificada por los contrayentes el 12 de noviembre, en Buenos Aires, al viajar la desposada de regreso a la Patria[2] (ella era hija de don Jacobo Adrián Várela, nacido en La Coruña el 25 julio 1758, llegado al Río de la Plata en 1787. Comerciante en Buenos Aires, sirvió en la defensa de Buenos Aires en 1807 como capitán de granaderos del Tercio de Galicia, cabiéndole destacada actuación durante el ataque británico a la plaza de toros del Retiro, siendo luego herido. Fue miembro del Real Consulado de Comercio y en 1808 el Cabildo lo designó administrador del alumbrado y empedrado, falleciendo el 20 junio 1818. Había casado en Buenos Aires el 16 julio 1792 con la porteña doña Encarnación Sanginés, nacida el 27 marzo 1773 y fallecida casi nonagenaria el 5 agosto 1860 en casa de su yerno Juan N. Madero[3].

Cuando en el año 1834 quiso Rivadavia volver a Buenos Aires y el Gobierno le prohibió desembarcar, don Juan de Bernabé y Madero encargó a su hijo mayor que le escribiese reiterándole su aprecio, a lo cual el ex magistrado respondió desde la rada exterior del puerto, a bordo de L’Herminie, el 26 mayo: “Mi estimado compatriota: Acabo de recibir su favorecida de la fecha de hoy, y con ella nuevas muestras de la estimación con que el señor su padre y Vm., y el señor Lezica, me honran. Yo estoy tanto más convencido de sus generosos sentimientos de Vms. a mi favor, cuanto me hallo apercibido del noble principio de que provienen, y de la elevación de alma que ellos muestran. Por lo tanto sus demostraciones es una compensación. En estos momentos en que un temporal amenaza inminentemente no puedo extenderse más que a dar a Vm. las gracias por sus benévolas disposiciones, por el servicio de la carta de mi esposa que me ha incluido; y ruego a Vm. y al señor su padre que acepten los votos que por su bien y el de su familia haré siempre”[4].

Investido Rosas en 1835 con la suma del Poder público, y exonerado su padre don Juan de Bernabé y Madero, tocóle emigrar también a Juan Nepomuceno Madero con su esposa, haciéndolo en compañía del doctor Valentín Alsina el 11 de abril de ese año. En Montevideo se vinculará estrechamente a los trabajos opositores al Dictador que tenían como cabeza a su cuñado el doctor Florencio Várela. Al comenzar la campaña militar contra la tiranía en 1839. don Juan N. Madero se ocupó de equipar a la “Legión Libertadora” que mandó el general Lavalle, en carácter de Comisario de ella[5].

Su mujer doña Paula Várela se hizo notar por el brío característico de su familia. El 27 febrero 1840 escribía a don Juan Thompson —hijo de doña Mariquita Sánchez— que se hallaba en Corrientes con Lavalle, con motivo de la muerte, en su propia casa, de Manuel Belgrano, también emigrado y sobrino del General, diciéndole: “¿ Nos veremos pronto en nuestra cara Buenos Aires? ¡Qué placer habrá comparable al de vernos reunidos en nuestra patria después de tantos años! No dudo que el Papa, a pesar de sus injusticias, nos canonizará a todos después de este destierro; si no lo hace, no será porque nos falte mérito. ¿Y qué me dice Ud. de quedarme yo ahora viuda? Ya sabe Ud. que Juan sube al Paraná por llamado del General ¡cómo ha de ser, amigo! Esta es la época de que todos los patriotas se sacrifiquen, y de que nosotras con nuestros consejos contribuyamos a que lo hagan si queremos tener patria[6]. Pero a las zozobras y penurias de la emigración se sumó en este hogar un golpe tremendo, que don Florencio Várela anotó en 1843 en sus memorias privadas: “Hoy 18 de marzo ha muerto mi hermana Paula, mujer de don Nepomuceno Madero y madre de cuatro hijos, el mayor de once años y el último de pocos días. Murió de una inflamación cerebral combinada con un antiguo mal en el corazón. Era una mujer sumamente capaz, prudente, amable y hacendosa. Su casa toda hallará un vacío que no se llenará nunca. Mi hermano Madero está fuera de sí”[7].

Las actividades comerciales de don Juan Nepomuceno se vieron perturbadas cuando comenzó el sitio a Montevideo puesto en ese año 43 por las tropas rosistas a órdenes del general Oribe: aquél se enroló en la Legión Argentina como sargento. Un par de años después cumplió otra actividad, que anunció Vareta a Félix Frías el 16 septiembre 1854: “El 1º de octubre aparecerá aquí un diario con el título de Comercio del Plata, publicado por mí como redactor principal, Madero encargado de la parte mercantil y marítima, y Luis L. Domínguez traductor y colaborador literario”. Este periódico de nivel elevado costó la vida a su fundador, pues para acallar su prédica liberal fue asesinado Florencio Várela el 20 marzo 1848 por instigación de Oribe: murió en brazos de Juan N. Madero víctima de una tremenda puñalada. Pero el Comercio del Plata prosiguió su obra dirigido por Alsina y la estrecha colaboración de Madero, hasta la caída de Rosas en la batalla de Caseros. En 1852 don Juan Nepomuceno Madero retornaba a Buenos Aires, aunque por poco tiempo.

Ligado por sus intereses a Montevideo, continuó residiendo en la capital oriental, prosiguiendo la redacción del Comercio del Plata, de cuya imprenta y empresa ya era único dueño, luego de la partida de Alsina y Domínguez. Hasta que el 11 agosto 1855 debió denunciar amenazas contra su salida efectuadas por el Presidente de la República, a causa de su tratamiento de los asuntos públicos. En 1857 su local fue atacado por una turba, y en diciembre de este año el Gobierno Oriental desterró a Madero[8].

Radicado definitivamente en Buenos Aires, don Juan se vinculó con el grupo literario integrado por Sarmiento, Avellaneda, Cañé y otros prohombres, manteniendo su actividad periodística. Después redactaría interesantes relatos con destino a los historiadores Mitre y Carranza. Su último servicio a la comunidad lo brindó en San Fernando, el pueblo del norte cercano al delta del Paraná, del cual fue entusiasta propulsor y cronista de su pasado: a Madero se le debe la fundación en 1874 de la biblioteca que actualmente lleva su nombre y a cuyo frente se levanta su estatua, siendo su obra más difundida; pero además se preocupó por el dragado de los canales próximos, de la urbanización de la villa, del progreso del puerto local; al punto que puede afirmarse que San Fernando le debió su impulso de civilización. De él diría Sarmiento: “El espíritu público encarnado en la figura más simpática y sonriente, buscando con ojos brillantes dónde poder hacer el bien”[9].

En su testamento redactado el 15 junio 1886, declaró don Juan N. Madero: “He tenido muchas comisiones honoríficas oficiales, y en todas ellas he procurado el bien de la Patria; pero nunca he desempeñado puesto ni cargo rentado alguno”. Falleció en su amado San Fernando el 25 agosto 1893.

Los hijos del matrimonio de don Juan Nepomuceno Madero y de doña Paula Várela fueron, además de otros tres fallecidos de corta edad (Enriqueta, Rufino y Paula) :

l.- Don EDUARDO MADERO, nacido el 6 febrero 1833 en Buenos Aires (parroquia de Ntra. Sra, de Montserrat) y bautizado el 27 del mismo mes con los nombres de Eduardo Doroteo Lutgardo, que sigue en XA 1.

2.- Doña CORINA MADERO, nacida el 21 mayo 1836 en Montevideo y bautizada en su matriz el 26 del mes siguiente como Indalecia Corina. Residió en la “Nueva Troya” hasta sus veinte años de edad, en que se radicó con su padre en Buenos Aires, donde había estado fugazmente apenas producida la batalla de Caseros; su debut en sociedad —gustaba recordar— había sido en el baile ofrecido a Urquiza en el teatro Colón: “Tuve el honor de bailar con el General una contradanza. Era un tipo de facciones finas, buen mozo, arrogante”[10]. Casó en Buenos Aires el 20 septiembre 1871 con don Augusto Baltar, nacido en Montevideo (hijo del coronel don José Joaquín Baltar, quien combatió a órdenes de Rivera en el Estado Oriental contra Oribe, y luego participó en la campaña libertadora contra Rosas con Lavalle primero, luego con La Madrid y finalmente con Madariaga. Después sirvió con Mitre, siendo su última actuación durante la guerra del Paraguay; habiendo casado con doña Petrona Hornos). Con sucesión.

3.- Don FLORENCIO MADERO, nació en Montevideo el 11 mayo 1839 y fue bautizado en su catedral el 3 del mes siguiente imponiéndosele los nombres de Florencio Juan Nepomuceno, quien sigue en X A 2.

4.- Otra hija de don Juan Nepomuceno fue doña ANGELA MADERO, nacida en Montevideo el 8 abril 1866.

IX B.- Don FRANCISCO BERNABÉ MADERO, nacido —como se dijo— en Buenos Aires el 15 octubre 1815 y bautizado con los nombres de Francisco de Paula Fortunato Estanislao Manuel de la Concepción, quien firmaba “Francisco B. Madero”, obviamente por el antiguo apellido ya que entre sus numerosos nombres no figuraba el patronímico Bernabé, siendo el único de su generación y las sucesivas que lo mantuvo (hasta el actual Fernando Bernabé Madero).

Dedicado a tareas rurales, figura su nombre entre los entusiastas patriotas conocidos por “libres del Sur” que en octubre de 1839 se levantaron contra el Dictador Rosas en el pueblo de Dolores. Vencido el movimiento, Madero se incorporó al Ejército Libertador del general Lavalle, quien lo designó su ayudante de campo, al igual que a su futuro doble cuñado Matías Ramos Mejía[11]. Participó en toda la campaña contra la Tiranía, batiéndose desde Sauce Grande hasta Quebracho Herrado. Luego de esta batalla, retirado Lavalle a Tucumán, Pancho Madero fue incorporado como ayudante del coronel Juan Elias en la misión confiada a éste para lograr auxilios de Bolivia, contándose sin duda con la oriundez altoperuana de ambos. Allí supieron de la derrota final de Lavalle y su posterior muerte, reuniéndose con los restos del Ejército Libertador que pudieron emigrar.

Permaneció en Bolivia hasta fines de 1845, año en que pasó a Chile con la intención de proseguir hasta Montevideo y luego a Corrientes, a fin de alistarse en el nuevo Ejército que el general Paz organizaba contra Rosas; pero no pudo realizarlo y como se descubrieran yacimientos de oro en California, Francisco B. Madero y un numeroso conjunto de compañeros de exilio partieron hacia allá, donde quedaron algún tiempo. Madero hubo de ser linchado al confundírselo con un ladrón mejicano, por hablar en castellano. El canadiense Perkins alude en sus recuerdos al grupo de argentinos, que se destacaba por su caballerosidad, destreza en el caballo y artistas con la guitarra.

Buscando mejorar su destino, Francisco Madero se dirigió a Paranagua en Brasil, asociándose con su amigo Isaías de Elía en actividades comerciales, con la idea de que su flamante esposa se le uniría allí. En efecto, Madero contrajo enlace el 19 octubre 1848. en Buenos Aires y por poder, con doña Marta Ramos Mejía, porteña, nacida el 8 agosto 1823 (hija de los citados don Francisco Ramos Mejía y doña María Antonia de Seguróla). Pero las dificultades del traslado de ella lo forzaron a decidir su retorno, que se efectuó —contra lo que se afirma comúnmente— antes de caer el régimen rosista, al igual que lo hicieron muchos compañeros de causa, al aquietarse las persecuciones cuando cesó la lucha civil, y debido a la penuria en que estaban.

Llegó a Buenos Aires el 3 julio 1849, aún en plena Dictadura de Rosas, estableciendo una casa de comisiones bajo el rubro de Madero y Compañía, asociando en ella a don Adam Altgelt. En la capital porteña apadrinó en enero del año siguiente a su sobrino José María Ramos Mejía (futuro médico psiquiatra e historiador), hijo de su camarada de antiguas empresas bélicas don Matías; y el 17 abril 1850 le nació a su turno su primera hija Elena. Luego de este suceso íntimo volvió a partir hacia Río Grande do Sul, el 27 junio 1851, con su mujer, hija, y una sirvienta, a fin de levantar su negocio en Brasil. Poco después regresó a radicarse definitivamente en Buenos Aires, donde se hallaba al producirse la batalla redentora de Caseros.

La familia Madero residió en el Partido de Monsalvo, en campos heredados por doña Marta Ramos Mejía de su padre, donde don Pancho fundó la estancia “Chacabuco”. y otra en “El Vecino”, que éste adquirió: aquí fundaría años más tarde la actual ciudad de Maipú. Sirvió en esa zona durante largos años como Juez de Paz.

Don Francisco comenzó su vida pública después que Mitre asumiera la Presidencia —habiendo celebrado la victoria porteña en Pavón—, al ser electo para integrar la Legislatura Provincial entre 1862-66, y luego el Senado de Buenos Aires en el período 1869-72, tras lo cual fue Ministro de Hacienda del Gobernador don Mariano Acosta. Paralelamente desempeñó otras funciones relevantes: director del Banco de la Provincia y director del Ferrocarril Oeste, distinguiéndose por sus progresistas medidas en tales cargos. En 1876 presidió el Banco Hipotecario de la Provincia; y entre 1877-79 fue presidente de la Sociedad Rural, entidad a la que había contribuido a fundar en 1866 junto con Martínez de Hoz, Pereyra, Olivera, Casares, Stegmann, Newton y otros caballeros, desde la cual contribuyó eficazmente a la seguridad de la frontera y luego a la Conquista del Desierto, equipando con caballada al Ejército Nacional.

Proclamada la candidatura del general Roca para suceder al Presidente Avellaneda, don Francisco E. Madero la sostuvo con entusiasmo, enfrentándose a Tejedor y Mitre[12]. Vencida en 1880 la resistencia armada de estos últimos al triunfar aquél. Madero fue llamado por lima a conferenciar en Rosario por haber declinado don Bernardo de Roca a conferenciar en Rosario por haber declinado don Bernardo de Irigoyen a integrar su fórmula como vicepresidente, tras lo cual Roca telegrafía a Juárez Celman, eje de la Liga de Gobernadores: “Es necesario nombrar a Francisco Madero, viejo unitario y de los pocos amigos de Buenos Aires que no ha desmayado ni fallado un solo instante”. En consecuencia, el Congreso Nacional proclamó al general Roca y a don Francisco B. Madero como Presidente y Vicepresidente para regir a la República Argentina en 1880-86.

Después de ese periodo, Madero integró la Comisión de Salubridad de la Capital Federal. Cuando en 1890 se levantó en armas la Unión Cívica contra el Presidente Juárez Celman, don Pancho se unió a Luis Saenz Peña, Benjamín Victorica y Ernesto Tornquist para poner fin a la insurrección, firmándose el acuerdo en su residencia. Sus últimas funciones las desempeñó como director del recién fundado Banco de la Nación, y liquidador del Banco Nacional, en cuyas tareas falleció Francisca Remallé Madero en Buenos Aires el 3 septiembre 1896. Al ser enterrado, el ex Presidente Pellegrini dijo de él: “Su figura erguida, pura, simpática, ríe elegancia nativa y fácil, tenía la flexibilidad del acero, se mostraba ágil y joven aún después de ochenta años de una existencia azarosa que conoció las más extremas fatigas. Animaba a ese cuerpo varonil un alma sana, infinitamente buena y noble, abierta a los grandes sentimientos, siempre dispuesta a todos los sacrificios y a todas las abnegaciones si lo exigían la Patria, la familia o la amistad”.

El 26 diciembre 1873 había muerto en la misma ciudad su esposa doña Marta Ramos Mejía. Los restos de ambos fueron inhumados en 1873 en el atrio de la iglesia de Ntra. Sra. del Rosario, en Maipú. ciudad que fundaron al donar su terreno y fomentar su construcción.

Fueron hijos de este matrimonio:

l.- Doña ELENA MADERO, casada con don Bernabe Artuela Castes.

2.- Don ERNESTO MADERO, casado con doña Sara de Arteaga.

3.- Doña MARIA LUISA MADERO, casada con don José María Bustillo;

4.- Don FRANCISCO MADERO, casado con doña Cayetana de Alaya;

5.- Don ALEJANDRO MADERO, soltero;

6.- Doña FRANCISCA MADERO, casada con don Julián Lynch:

7.- Don CARLOS MADERO, Casado con doña Sara Unzué.

XA1.- EDUARDO MADERO, nacido como se asentó en Buenos Aires el 6 febrero 1838, retornó al país después que en la batalla de Caseros el general Urquiza concluyera con la tiranía de Rosas, habiendo vivido sus primeros años en Montevideo. En su ciudad natal se dedicó al comercio, pudiendo apreciar los inconvenientes surgidos de la falta de un puerto, pues sólo contaba con un par de muelles que salían de la costa; a su construcción destinó su vida y dedicó sus bienes. Presentó su primer proyecto al Gobierno de la Provincia al comentar el año 1861, pero no obstante el dictamen favorable de la comisión de Obras Públicas, no prosperó. Desde esta época, en que contaba veintiocho años de edad, hasta su muerte, no cejó en impulsar su idea.

Mientras la República Argentina, durante la Presidencia de Mitre, vivía agitada por enfrentamientos internos y librando la larga guerra contra Paraguay, Madero prosiguió sus estudios de ingeniería hidráulica, viajando a Londres para vincularse con técnicos y empresarios. En esta época fue presidente del Crédito Público, y de la Bolsa de Comercio.

Al asumir Sarmiento la Presidencia, don Eduardo Madero presentó otra iniciativa para dotar a la ciudad de un puerto. Auspiciada por el Gobierno y aprobada por la Cámara de Diputados, fracasó en la de Senadores por la tenaz oposición de Mitre, pese a la defensa del proyecto que efectuó el Ministro Vélez Sársfield, en septiembre de 1869.

En 1872 Madero resultó electo Diputado Provincial, y dos años después reemplazó a su tío Francisco como Director del Banco de la Provincia: comisionado por esta institución realizó un viaje a Inglaterra para gestionar créditos, lográndose la apertura de la oficina de Giros. Fue Diputado Nacional en 1875, siendo elegido vicepresidente de la Cámara; y entre 1876-77 presidió el Club del Progreso. En los sucesos del 80 tentó mediar entre el Gobierno Nacional de Avellaneda y la oposición mitrista, para evitar el levantamiento armado de quienes apoyaban al mandatario bonaerense Tejedor, pero sin éxito. Durante los combates del mes de junio permaneció en la capital porteña, bien que simpatizando con la causa de la Nación encarnada en el general Roca, aunque a veces lamentando íntimamente esa dualidad[13].

El 26 junio 1882 don Eduardo presentó su tercer proyecto al Congreso para construir el puerto, que tras intenso debate fue aprobado. El contrato final se celebró dos años después —estaba logrado el concurso de técnicos británicos—, representando a la Nación el Presidente Roca y a la empresa contratista Madero; como testigos fueron requeridos los ex primeros magistrados Mitre, Sarmiento y Avellaneda. La primera sección del puerto fue inaugurada el 23 enero 1889 por el Vicepresidente Pellegrini, quien propuso el nombre de aquél para designarlo, y a pesar de la resistencia de Madero así quedó.

Cuando luego de la revolución del 90 asumió el poder Pellegrini, éste le ofreció el Ministerio de Hacienda, pero Eduardo Madero no lo aceptó por ser concesionario de aquella obra de gran magnitud y evitar suspicacias. Era entonces presidente del Ferrocarril Pacífico.

Para terminar aquella empresa Madero comprometió su fortuna, pues la crisis financiera de 1890 había repercutido también sobre ella. Cuando cinco años después el Congreso hubo de acordar un crédito extraordinario para culminar los trabajos de canales, diques, muelles y galpones, Carlos Pellegrini apoyó su concesión diciendo: “Ha de llegar un día en que se diga que la obra del Puerto Madero fue la más grande, la más fecunda, la más barata, y la más honestamente construida de todas las obras que ha realizado la Nación”. Don Eduardo dispuso donar al Estado una Oficina Hidrográfica completamente equipada, para complemento del puerto, lo que sus hijos cumplieron después de su muerte levantándola en el espigón de entrada a la dársena norte.

Madero dejó como última contribución una Historia del puerto de Buenos Aires, en base a documentos hallados aquí y en España, libro novedoso y de gran valor sobre la exploración del Río de la Plata, cuyo primer tomo se publicó en 1892 y cuya continuación truncó el fallecimiento de su autor.

Hallándose en Italia murió don Eduardo Madero en Genova el 31 mayo 1894, siendo repatriados sus restos en el mes de agosto.

Había casado en Montevideo el 8 agosto 1857 con doña Marcelina Buján, nacida en esa ciudad el 4 marzo 1838 y fallecida en Buenos Aires el 17 diciembre 1900 (hija de José Buján y Esteves —como firmaba—, natural de Santiago de Compostela, comerciante en la Banda Oriental donde era propietario de las goletas Dolores y Libertad del Sud en agosto de 1824; casado en Montevideo el 19 enero 1834 con doña Marcelina de Ellauri, montevideana, nacida el 1 junio 1801, viuda de Pascual Blanco; y fallecido en Paso del Molino el 18 octubre 1880 a la avanzada edad de ochenta y seis años).

Los hijos del matrimonio Madero Buján fueron:

l.-Doña PAULA MADERO, casada con don Miguel Berro;

2.- Don EDUARDO B. MADERO, casado con doña Guillermina Irigoyen[14].

3.- Don JUAN JOSÉ MADERO, casado con doña Florentina Molina,

4.- Doña MARCELINA MADERO, casada con don Jorge Castro;

5.- Doña ISABEL MADERO, casada con don Emilio Fernández;

6.- Don ENRIQUE MADERO, casado con doña Celina Campos Urquiza;

7.- Doña CORINA MADERO, casada con don Pablo Gregorio Olivera;

8.- Doña BLANCA MADERO, casada primero con don José Francisco Acosta. y en segundas nupcias con don Mariano Pinedo;

9.- Doña AURELIA MADERO, casada con el general don José Félix Uriburu, Presidente de la Nación en 1930-31;

10.- Don CARLOS A. MADERO, casado con doña Dolores Velarde.

[1] A.G.N., Div. Nacional, Sección Gobierno, leg. Colegio de la Unión.

[2] En la partida de la ceremonia religiosa (L. VII, f. 186 v.) se indicó a la contrayente “que de ningún modo pase a cohabitar con el esposo sin que éste ratifique su consentimiento ante legítimo párroco”. Ello se cumplió cuando queda dicho en el texto, en la iglesia de Montserrat (L. III, f. 194). El poder de Madero a Várela quedó asentado en el Registra 4, f. 228 (A.G.N.), habiendo sido conferido el 7 octubre 1831.

[3] La genealogía de la familia Várela, con sus árboles “de costado”, ha sido exhaustivamente desarrollada por  FERNANDO M. MADERO, LOS Várela y su ascendencia materna, en la revista “Genealogía” m? 21, del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas (Buenos Aires, 1986).

[4] Fue expuesta esta carta en 1982 en la muestra organizada por el Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades (n° 160 del catálogo). ANDRÉS LAMAS, en su libro Bernardino Rivadavia (ed. Buenos Aires, 1934, pág. 28/9), ha relatado un episodio derivado: la entrevista de don Juan Madero con el general Quiroga, en que este último —conociendo la relación que mantenía aquél con el ex-Presidente— se le ofreció por su intermedio como fiador, lamentando su “error” de haberse opuesto a la Constitución de 1826.

[5] La lista de revista pasada por Juan N. Madero a la Legión en la isla Martín García el 30 agosto 1839 —el día previo a embarcarse para marchar sobre Entre Ríos— fue publicada por ÁNGEL JVJSTTNIANO CARRANZA, La revolución del 39 en el sur de Buenos Aires, págs. 146 y 377 (Buenos Aires, 1880). La correspondencia cambiada entre el general Lavalle y Madero, con su tratamiento mutuo de “querido tocayo”, se incluye en el volumen La campaña libertadora del general Lavalle, con introducción de Enrique M. Barba, publicado por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires (La Plata, 1944). El 5 febrero 1842 desde Montevideo, Madero escribió al vencedor en Caá-guazú, general Paz, comandante del Ejército de Corrientes: “La señora esposa del señor general Lavalle, doña Dolores Correas, impulsada de su patriotismo, emprendió la obra de una bandera destinada al valiente Ejército que V.E. dirige tan dignamente, y de la que es conductor mi hermano político don Toribio Várela. Aquella señora, por todos aspectos recomendable y meritoria, aunque no conoce todavía toda la extensión de su desgracia la presume fundadamente, y casi ae considera viuda. En tales circunstancias, las aflicciones que aquejan su espíritu, la privan del placer de dirigirse personalmente a V.E.; y es por esto que me encarga lo ejecute yo a su nombre, con la sincera expresión de sus deseos de que ella sea cubierta de la gloria que aguarda a las armas de V.E.” (A.G.N,, sección Documentación Donada, archivo de Paz).

[6] Archivo de la familia Lezica. Atención de don Jorge Zavalia Lagos.

[7] LEONCIO GIANELLO, Florencio Várela (Buenos Aires, 1948), pág. 280.

[8] En mis investigaciones sobre la historia diplomática hallé la protesta elevada por Madero desde a bordo del vapor porteño Constitución, en la rada de Montevideo, el 16 diciembre 1857, denunciando el hecho ante el ministro plenipotenciario de España. Luego de efectuar su defensa, aludiendo haber siempre cumplido con las leyes, solicitaba la protección diplomática debida a su nacionalidad, como nacido en Cádiz que era (Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, leg. 1790: “Correspondencia de Embajadas y Legaciones. Uruguay, 1855-58”). El agente hispano, señor Jacinto Albistur, presentó un enérgico reclamo, mas sin éxito.

[9] DOMINGO F. SARMIENTO, Obras, t, XIV (Buenos Aires, 1887), “Los -emigrados”.

[10] EBte y otros recuerdos suyos fueron recogidos en el libro de JOSUÉ QUESADA, Oro viejo (Buenos Aires, 1916).

[11] Cuando en 1880 publicó ÁNGEL JUSTINIANO CARRANZA SU libro El general Lavalle ante la justicia postuma, lo inició con esta dedicatoria:

“A los ciudadanos Matías Ramos Mejía y Francisco Bernabé Madero, soldados beneméritos de la cruzada libertadora de 1840”, “como testimonio del desprendimiento con que abandonaron su hogar y su fortuna para asociarse al gran designio de libertar la Patria, y en memoria de la fidelidad con que acompañaron al Héroe en su gloriosa jornada”. Igualmente CARRANZA les dedicó su siguiente obra La revolución del 39 en el sur de Buenos Aires, con expresivos términos.

[12] Para la historia pormenorizada de este proceso, véase FERNANDO M. MADERO, Roca y las candidaturas del 80, en “Revista Histórica” n^ 10 y 11, del Instituto Histórico de la Organización Nacional (Buenos Aires, 1982).

[13] En carta a un amigo del 23 junio, Eduardo Madero condenaba la resistencia “insensata y criminar” de las autoridades porteñas ante el triunfo de la candidatura de Roca en el Interior, exponiendo a la muerte a miles de hombres; y al aludir al fanatismo del espíritu local, “que apasiona tanto”, agregaba: “que aún los que ya no somos jóvenes y nos creemos tan imparciales como es posible serlo, perdemos las cabezas, y hay momento en que sentimientos que es difícil dominar nos impelen a veces a echar mano de las armas para defender la ciudad querida en que uno ha nacido, y defenderla hasta contra pretensiones injustas de ella”… (FERNANDO M. MADERO, Vicente Fidel López en el 80, en “Revista Histórica” nº 3, Buenos Aires, 1978). Como se deja constancia en las biografías pertinentes, los Madero militaron en las filas del Partido Autonomista Nacional: Eduardo fue Diputado por esa agrupación, Florencio estuvo en el pueblo de Belgrano, residencia del Gobierno de Avellaneda, y Francisco se convertiría en el Vicepresidente de Roca.

También cabe asentar que todos ellos se incorporaron a la Masonería: Juan en la logia Asilo de la Virtud de  Montevideo y Francisco en la logia Confraternidad Argentina de Buenos Aires, lo mismo que sus sobrinos Eduardo y Florencio (ALCIBÍADES LAPPAS, La Masonería Argentina a través de sus hombres, págs. 268/9, Buenos Aires, 1966).

[14] Su biografía en CUTOLO, Nuevo Diccionario cit., t. IV, pág. 343.

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