LA ESTIRPE DEL APELLIDO MADERO – III

LA ESTIRPE DEL APELLIDO MADERO – III

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VIII.- Don JUAN DE BERNABÉ Y MADERO, nacido en Potosí y bautizado de doce días de edad el 27 mayo 1778 con los nombres de Juan Nepomuceno José, como arriba se asienta. Llevado al Puerto de Santa María, quedó bajo el amparo de su tío José, quien en el testamento de su hermano Manuel había sido declarado su tutor. Años más tarde ironizaba el hijo de aquél, don Juan N. Madero, en carta ya recordada (nota 6), sobre el equivocado sentido que a su juicio había dado a la manda su tío-abuelo don José: “Este buen señor no le hizo hacer los estudios que mi abuelo encargó, pero tomó empeño en hacerlo reconocer como hijo mayor de mi abuelo, heredero de su sangre azul y de un Marquesado de Haro que en La Paz (Bolivia) hicieron repeluz otros parientes de la madre de papá[1]. Bastante de cierto hubo, por lo menos en algo, por cuanto don José mantuvo una constante preocupación para que el jovencito a su cargo gozara de las prerrogativas propias de su clase social: se desprende de entre su correspondencia con los apoderados que en Potosí velaban por los bienes de aquél, un par de cartas a la Marquesa de Haro solicitándole una detenida relación de su ascendencia materna y agradeciendo su envío (la manera de identificarlo al niño en la carátula del libro copiador es otra muestra elocuente de la puntillosidad de don José en esta materia).  Había ventajas prácticas en ello: cuando se publicaron bandos para la presentación de los jóvenes solteros al servicio militar por “quintas” en 1795. don José de Bernabé y Madero se presentó ante la autoridad invocando la hidalguía de su propio padre don José, la suya y la de su hermano don Manuel —acompañando los documentos probatorios respectivos—, para liberar del servicio a su sobrino Juan, quien fue eximido de prestarlo y de lo cual se tomó asiento en el libro II de Alistamientos, el 1 octubre de aquel año[2].

Ya mayor, el mismo don Juan de Bernabé y Madero afirmó su condición de noble: contando veinticinco años de edad —y posiblemente por instigación de su futuro suegro— solicitó el ingreso a la Real Maestranza de Caballería de Ronda, una de las cuatro existentes, corporaciones similares a las más antiguas Ordenes Militares, y de exigentes requisitos genealógicos para su admisión. Despachado favorablemente el pedido, el joven altopemano cumplió el procedimiento final al prestar el juramento de pleito homenaje en el Puerto de Santa María, el 30 noviembre 1801, ante un comisionado de la Maestranza[3].

No mucho después, el 12 de noviembre de 1803, don Juan contrajo matrimonio en la parroquia de San Lorenzo de la vecina Cádiz, con doña María del Carmen Viaña, natural de esta ciudad (“hija de don Lutgardo Viaña, gaditano bautizado el 17 enero 1752, caballero maestrante de Ronda, difunto, casado en Cádiz el 25 julio 1774 con doña Ana García Peñuela)[4].

Bernabé y Madero se había dedicado al comercio, “asociado con sus tíos en el negocio de importación-exportación a América: y adquiere con éstos un barco para hacer el corso contra los ingleses, por entonces en guerra contra España”, nos refiere Fernando Madero en sus apuntes. Celebrada la paz (1802), años después se produjo el levantamiento español contra Napoleón (1808), comenzando la guerra contra los invasores franceses, quienes pronto dominaron toda la península y sitiaron el último punto de resistencia en tierra firme: Cádiz. “Al quedar la ciudad cercada —prosigue F. Madero— Juan de Bernabé y Madero decide salir de allí rumbo a su patria de origen; y junto a su mujer y sus dos hijos, más su suegra y el fiel esclavo José, se embarcan en mayo de 1810 para América del Sur”.

Cuando la familia llegó al Río de la Plata, se había producido la Revolución de Mayo, por lo cual no pudieron seguir más allá de Montevideo, debiendo permanecer en la ciudad sitiada. Aquí nació otra hija del matrimonio. Por fin, en 1812 se celebró un armisticio con el Triunvirato, y don Juan de Bernabé y Madero arribó con los suyos a Buenos Aires. La guerra de Independencia librada contra las tropas realistas en el Alto Perú le impidió proseguir el viaje hacia allá, para ocuparse personalmente de los bienes que había heredado de su madre en Potosí.

Según referencias de su hijo mayor, Bernabé y Madero se había vinculado estrechamente a don Manuel Belgrano en España, y esta relación habrá de fortalecerse en Buenos Aires. A poco de arribar a la capital de las Provincias Unidas, don Juan hizo pública su identificación con la causa americana, como que su nombre integra la “Lista de los ciudadanos que han contribuido con donativos para la compra de caballos que necesita el escuadrón de Granaderos Montados”, según informaba la Gaceta del 18 de septiembre (entregó 8 pesos). En este año se lo designó juez de la Comisión de Bienes Extraños e intervino en las asambleas electorales. En enero de 1813, don Juan resultó nombrado Regidor del Cabildo de Buenos Aires, desempeñándose como Fiel Ejecutor, encargado de vigilar la correcta práctica del comercio; asimismo, fue encargado de redactar un “catecismo” para las escuelas. A fin del mismo año integraría el tribunal de Concordia. Por indicación del Cabildo se ocupó Bernabé Madero de dirigir la fabricación de un bastón de lujo para obsequiar al general Belgrano[5]. En 1814 fue vocal de la comisión de contribución inmobiliaria. Es de destacar que en el desempeño de su cargo como Regidor Fiel Ejecutor, abogó por una política contraria a los precios máximos, por la higiene en las ferias, y a la protección de la agricultura. En una de sus presentaciones al Cabildo exponía: “El beneficio público está tan ligado con el individual, que no se puede atacar a éste sin perjudicar a aquél, pues el bien común no es otra cosa que la suma de los particulares”[6].

En 1816 marchó a Tucumán en carácter de Intendente del Ejército del Norte mandado por Belgrano, quien con fecha 26 de octubre informaba al Director Supremo Pueyrredón de su llegada. Se desempeñó allí durante dos años, prosiguiendo en la capital sus servicios por la Independencia como Comisario General de Guerra y Marina en 1819. Del año 1820 es esta referencia de su hijo Juan Nepomuceno: “Desde que el general Belgrano llegó a Buenos Aires moribundo y sin un real, mi padre le visitaba diariamente”. Esa amistad —refiere la misma fuente— fue “íntima y afectuosa”.hist_ant_04_minia

Caído el Gobierno Central, la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires integró una comisión de Hacienda para ocuparse del crédito público, con los señores Antonio Dorna, Juan de Bernabé y Madero, Manuel José de Lavalle. Santiago Wilde y Sebastián Lezica, para “investigar y remediar los desórdenes que existen en este ramo, proponer reformas tanto en la naturaleza y recaudación de los impuestos como en los gastos, y con el fin también de discurrir un modo de sacarlo del caos en que lo han sumergido las mutaciones políticas, y sobre todo la falta absoluta de un sistema”: tal estampaba El Argos del 19 de mayo de 1821. En esta época el Ministro Rivadavia lo eligió nuevamente para Comisario General de Guerra, según informa la Gaceta el 22 agosto 1821. El oficio dirigido a Bernabé y Madero por el Gobierno de la Provincia, decía: “Habiendo acordado conveniente al mejor sistema y arreglo en la administración de la Provincia nombrar un Comisario General con garantía en ella, que además de lo concurrente a su cargo, tenga cuanto corresponde a los ramos de artillería, marina y antiguas factorías, y convencido el Gobierno como lo está de las recomendables calidades que concurren en la persona de Ud. para el desempeño de tan importante destino”, etc. Formó parte de la Sociedad Literaria, donde presentó un ensayo sobre comercio.

Concluida la victoriosa guerra de emancipación contra España, don Juan pudo por fin regresar a su Alto Perú natal, para imponerse del estado de sus bienes heredados. Enterado de su llegada, el flamante Presidente de la nueva República de Bolivia, mariscal Sucre, escribió a Bolívar el 9 marzo 1826: “Trato de arreglar el sistema de Hacienda y para ello pienso que vaya de aquí para Chuquisaca un señor Madero (don Bernabé), hijo de Potosí, y que dicen que es el que más lo entiende; con eso hará sus proyectos al Congreso en calidad de Secretario de Hacienda. Infante no entiende nada de Hacienda ni yo tampoco. Madero dicen que es bueno, y me parece muy honrado y de juicio”[7]. Sucre confirmó el ofrecimiento dos días después al propio candidato, ofreciendo interesantes consideraciones: “Siendo Ud. un boliviano y constante yo en el deseo de entregar este país a la dirección de sus propios hijos, he pensado desde antemano confiar a Ud. la Secretaría de Hacienda, pues que todos los informes que he recibido justifican su capacidad para desempeñarla. No solamente tiene Ud. Justicia en los reparos que me hace en su carta, sino que ellos son títulos a la estimación que debe tener todo Gobierno por los hombres que consagran sus trabajos a la mejor suerte de su familia, después de llenar sus obligaciones con la Patria. Así pues, aplaudo que Ud. procure arreglar sus negocios en Potosí, para dedicarse luego más libremente al servicio de su país. No menos es bien su delicadeza sobre rendir sus cuentas en Buenos Aires, tanto para satisfacer sus deberes como un empleado justificado, como para mostrar su gratitud a aquel Gobierno que lo ha tratado con atención”.hist_ant_12_minia

Don Juan de Bernabé y Madero se convirtió, pues, en el único civil del primer Gabinete elegido por el vencedor de Ayacucho, y en el único Ministro nacido en suelo de la nueva República. Retornó a Buenos Aires a buscar a su familia y arreglar su situación, aprovechando Sucre para ofrecer la concertación de los límites con las Provincias argentinas. Don Juan aceptó el Ministerio temporariamente ante la insistencia de Sucre, con la idea de volver a atender sus propiedades abandonadas. De su desempeño allá informó un observador inglés: “La larga residencia del señor Madero en Buenos Aires ha causado naturalmente una decidida parcialidad de su parte por las instituciones de la República Argentina, y ha creado un deseo en él de introducir las reformas financieras de ese Estado en Bolivia. Posee ideas muy liberales sobre libre comercio y de los principios que deberían regular el intercambio comercial de la República; es enemigo declarado de privilegios y sistemas de exclusión en lo referente a la industria nacional y comercio, así como también al establecimiento de impuestos excluyentes sobre importaciones extranjeras. Es un abogado tenaz estimulando a los extranjeros a quedarse en Bolivia con sus artes e industrias. El señor Madero es el autor principal de las leyes y reformas adoptadas por el Congreso Constituyente sobre el sistema financiero y de la nueva tarifa boliviana”[8].

Al año, en abril de 1827, Bernabé y Madero significó al Presidente Sucre su intención de renunciar, habiendo cumplido su compromiso, para arreglar sus propios intereses en minería y dedicarse a su familia en Buenos Aires. Vencida la resistencia de aquél, don Juan elevó su dimisión el 25 agosto 1827 desde Chuquisaca, donde aludió a su pensamiento y medidas para que se “restableciese la confianza, atrajese hombres y capitales de todas partes, hiciese salir a la circulación las riquezas escondidas; para que produciendo la abundancia y prosperidad, se observase en todos puntos un mejor estar progresivo a todas las clases de la sociedad, que hallándose en este estado, satisfacen con gusto y exactitud las contribuciones que necesita la Administración que las protege, convencidos sus individuos que ellas refluyen en su beneficio”. El decreto del Gobierno declaró: “Debiendo la República al ciudadano Juan de Bernabé y Madero todas las reformas del sistema de Hacienda, tanto por los proyectos presentados al Congreso Constituyente, cuanto por los medios dictados para llevarlos a cabo, se le manifestará el reconocimiento del Gobierno a sus servicios”[9]

hist_ant_09_miniaVuelto a Buenos Aires fue designado Administrador de la Caja de Ahorros. Cuando a principios del año 1834 regresó al país don Bernardino Rivadavia, sin que el Gobierno desempeñado por sus antiguos adversarios le permitiese desembarcar, Bernabé y Madero encargó a su hijo Juan Nepomuceno que le dirigiera una carta de saludo, que aquel amigo en desgracia agradeció en expresivos términos. Cuando al año siguiente asumió la Dictadura el general Rosas, su familia entera sintió el peso de la persecución. Este nuevo mandatario comenzó a separar de sus cargos a todos los funcionarios públicos desafectos o sospechosos de tales, y enseguida tocó el turno a Bernabé y Madero, dejado cesante el 1 mayo 1835 en su empleo de Administrador de la Caja de Ahorros.

Don Juan fue al exilio en Uruguay con todos los suyos, participando activamente sus hijos en la oposición al régimen despótico instaurado. En Montevideo residió largos años, y durante el Sitio Grande, el Gobierno de la Defensa lo nombró Inspector de la Casa de Moneda, participando en otras funciones públicas. Duró su emigración hasta la batalla de Caseros, luego de la cual volvió a la Argentina.

En 1853 fue designado en el último cargo que desempeñó: Director del Departamento de Estadística, hasta su muerte dos años después, a poco de desaparecer su esposa.

Falleció doña María del Carmen Viaña el 11 enero 1855, sobreviviéndole su marido escaso tiempo, pues don Juan de Bernabé y Madero murió en la misma ciudad de Buenos Aires el 7 junio de ese año. Escribe Manuel Bilbao en su libro Buenos Aires desde su fundación hasta nuestros días (1902): “En la iglesia de San Miguel hay dos panteones, uno debajo del altar mayor y otro a la entrada, los que no se abren en los días de difuntos. Los únicos restos que se sabe están ahí pertenecen a la familia Madero” (pág. 94). Posiblemente correspondan a don Juan y doña Carmen, quienes vivían en Potosí esquina Tacuarí. En 1866 sus hijos otorgaron poder a un vecino de Bolivia para que reclamara allá todas las propiedades familiares.

Fueron los hijos de aquel matrimonio:

l.- Doña MARÍA DEL CARMEN MADERO, nacida en Cádiz por octubre 1804, y muerta en Buenos Aires el 10 agosto 1884. Había casado en esta ciudad el 26 agosto 1830 con don Miguel de Luca, nacido en Montevideo el 2 junio 1794, “empleado de la Nación” según el censo de 1869, quien falleció aquí el 16 diciembre 1874 (hijo de Miguel de Luca, natural de Genova, Administrador interino de la Aduana de Montevideo en 1789, comerciante fallecido en Buenos Aires el 28 septiembre 1805, casado en Buenos Aires el 27 junio 1774 con doña Juana Patrón). Con sucesión.

2.- Don JUAN NEPOMUCENO MADERO, nacido en Cádiz el 15 junio 1806, que sigue en IX A (letra con que identificaré a la rama mayor).

3.- Doña FRANCISCA DE PAULA MADERO, nacida en Montevideo el 21 marzo 1811 y fallecida en Buenos Aires el 30 julio 1888, casada en esta ciudad el 18 marzo 1833 con don Matías Ramos Mejía, porteño, nacido el 24 febrero 1810 (hijo de don Francisco Ramos Mejía, nacido en Buenos Aires el 20 noviembre 1773, Subdelegado de Hacienda en La Paz, donde casó el 5 mayo 1804 con doña María Antonia de Seguróla y el cual tuvo su chacra “Tapiales” en Morón y la estancia “Miraflores” que estableció en 1817 del otro lado del río Salado, en tierra de indios, luego Partido de Monsalvo. Don Francisco se hizo célebre por su trato con los indígenas y la doctrina religiosa pseudo cristiana que ideó, por ambas causas confinado en “Tapiales”, falleciendo el 5 marzo 1828). Don Matías Ramos Mejia participó en el levantamiento contra Rosas en 1839, derrotado en Chascomús, luego del cual se incorporó al Ejército Libertador de Lavalle siendo su ayudante de campo. Actuó en el Escuadrón Mayo durante toda la campaña hasta su fracaso en la batalla de Famaillá en Tucumán (1841), por cuya causa emigró a Bolivia. Allá el Presidente Ballivián lo nombró segundo jefe del Escuadrón Escolta. Retornó al país en 1849; y después de Caseros comandó las fuerzas de caballería de Monsalvo. Ostentaba el grado de coronel cuando en 1874 se alistó en las fuerzas revolucionarias de Mitre y fue herido en el combate de La Verde. Murió en Buenos Aires el 11 junio 1885. Con sucesión.

4.- Doña ENRIQUETA MADERO, nacida en Buenos Aires el 15 julio 1813 y fallecida en la misma ciudad el 2 julio 1892. Casó aquí con Henry Janrrin, Esquire, natural de la isla de Jersey (Inglaterra)[10] quien murió en Montevideo el 1 mayo 1837, “after a short illness” informaba The British Packet cinco días después, añadiendo que era “son of mister Daniel Janvrin”. Sin descendencia.

5.- Don FRANCISCO BERNABÉ MADERO, nacido en Buenos Aires el 15 octubre 1815, que sigue en IX B (letra que distingue a la rama menor).

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[1] Don Juan Nepomuceno se equivocaba: el título no seguía la línea de los Madero, pues al fallecer la II Marquesa doña Rosa Agustina Díaz de Ceballos, instituyó por testamento como tal a su hija mayor María Bartolina Fernández Pacheco —hermana de doña Ignacia, esposa de Bernabé Madero—, casada con el coronel don Joaquín Bilbao la Vieja, con sucesión. Pero sólo hasta la hija de éstos subsistió en suelo americano: al triunfar la causa de la Independencia, Fernando VII lo consideró vacante y la propia familia con derecho a él —los Pinedo, descendientes de Bilbao la Vieja— no hicieron las gestiones sucesivas para disfrutar de su uso (MADERO, El marquesado de Haro cit., pág. 47). El título fue nuevamente otorgado en la familia AIós; y cabe indicar que en abril de 1852 fue acreditado como segundo Encargado de Negocios español en el Plata don José María de Alós y López de Haro, hermano del agraciado con aquél (ISIDORO T. Ruiz MORENO, Relaciones hispano-argentinas, pág. 38 y sigtes., Buenos Aires, 1981).

[2] Archivo Municipal del Puerto de Santa María, Papeles antiguos, tomo 59, n° 29.

[3] Archivo de la Real Maestranza de Caballería de Ronda.

[4] F. Madero pudo remontar el árbol de don Lutgardo Viaña hasta sus dieciséis tatarabuelos. Poseía la certificación de nobleza y escudos de los Viaña y los Terán expedida en 1764 por los Cronistas Reyes de Armas don Julián y don Manuel Antonio Brochero expedida al padre de aquél, don Francisco Víctores Viaña y Terán, quien ganó ejecutoria de hidalguía en Valladolid en 1742. Su hijo don Francisco —hermano de Lutgardo— fue caballero de la Orden de Carlos III en 1791. En cuanto a don Lutgardo, figura como clérigo de menores en el padrón de hidalgos de Cádiz de 1773. un año antes de su casamiento (artículo de José MARÍA MILLÁN en “Hidalguía” nº 166/7, t. XXIX, pág. 777, Madrid, 1981).

Las dos certificaciones de nobleza que trajo a América don Juan de Bernabé y Madero (una correspondiente a estos dos apellidos paternos, y la otra de Viaña y de Terán de los abuelos de su mujer) son los “cuatro libros” a que aludía don Juan N. Madero en la carta citada en nota 6. Para esta familia Terán véase ISIDORO J. Ruiz MORENO, El blasón de Terán, en el “Boletín” nº 154, t. XI, pág. 312. del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas (Buenos Aires, 1987).

Doña Carmen Viaña de Madero era prima-hermana de doña Francisca Viaña, casada con don Ramón Topete, después almirante y Ministro de Marina en 1868, quien estuvo destacado en el Río de la Plata entre 1850-52 y casó en Montevideo: su hija Josefina Topete de Spottorno fue madre de doña Rosa S. de Ortega y Gasset, esposa del célebre pensador español. La hija de éstos, Soledad Ortega de Várela, mantuvo trato amistoso con Fernando Madero; al igual que los Topete y los Madero lo habían hecho a fines del siglo pasado cuando los últimos visitaron Madrid.

También el escritor español don Juan Valera casó con otra Viaña, y —dígase como curiosidad— su hija fue la esposa del mariscal Aimable Pelissier, conquistador de Sebastopol durante la guerra de Crimea, condecorado con el título de duque de Malakoff.

[5] Al respecto, su hijo don Juan N. Madero brindó interesantes pormenores al general Mitre, que fueron publicados en La Nación del 7 septiembre 1889.

[6] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Acuerdos del extinguido Cabildo, t. V, pág. 630 (Buenos Aires, 19).

[7] Memorias del general O’Leary, t. I, pág. 302 (Caracas, 1879). Ponderando la importancia de la economía para el progreso, Sucre ratificó su impresión a Bolívar el 27 del mismo mes: “He buscado un hombre que entienda este ramo, y hasta ahora el mejor es don Bernabé Madero. Es un hombre de bien, con juicio, instruido bastantemente”.

[8] JOSEPH BARCLAY PENTLAND, Informe sobre Bolivia, pág. 138 (Potosí, 1975). Este agente califica a Bernabé y Madero de “integridad conocida”.

[9] Renuncia y aceptación en La Gaceta Mercantil de Buenos Aires, 2 noviembre 1827. El Gobierno de Bolivia requirió a don Juan que dejara instrucciones para aplicar sus medidas, y un proyecto de las que fuere preciso modificar.

[10] Este matrimonio tuvo inconvenientes para celebrarse, pues el novio era protestante y las Partidas de Alfonso X de Castilla, aún vigentes, prohibían el casamiento entre católicos y herejes (Partida IV, ley 15, tít. I I ) . Han aludido a este caso JOSÉ M. MARILUZ URQUIJO, LOS matrimonios entre personas de diferente religión ante el Derecho Patrio Argentino, págs. 25/6 (Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, 1948), y AMÉ- Rtco A. TONDA, La Iglesia argentina incomunicada con Roma, págs. 205-7 (Santa Fe, 1965).

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