RETAZOS DE ANTAÑO – I

Hace poco me regalaron el libro escrito por Miguel Moreno con fotografías de Lafuente Caloto publicado en el año 1985 titulado “Memorial de Soria” y que cuenta dichos y costrumbres de lo que pasaba en los pueblos de la provincia de Soria antiguamente. He seleccionado unos pocos que sucedían, si no de igual si de muy parecida manera también en Covaleda, cosas que hemos escuchado contar muchas veces a nuestros mayores y curiosidades que nos harán retrotraernos a otros tiempos. Seguro que muchos de vosotros tenéis infinidad de anécdotas que nos han contado o que habéis vivido las cuales podéis compartir con todos a través del muro de Historia de Covaleda en el facebook y así poder escribir esos “Retazos de Antaño” relacionados con Covaleda. Os animo a hacerlo.

Sintítulo_Página_01

LA SUERTE

Hasta en doce o quince pueblos de Soria se reparte pinar a los vecinos. Porque tienen parte en el monte Duruelo, Covaleda, Vinuesa, Vadillo, Herrera, Navaleno, San Leonardo … y otros más, que no es mi intento ahora copiar el índice de los pueblos con pinar y los vecinos con suerte.

Y hay vecinos que se llevan sus árboles y hacen con ellos lo que quieren: desde limpiar y pelar los troncos y aprovechar en cuanto tengan de provecho las ramas, hasta arrastrarlos y cargarlos luego en carretas o carros y llevarlos a la sierra para hacerlos tablones, tablas o tabletas y vender la madera limpia a su precio, por cuanto el de la suerte se multiplica con haberla trabajado. Y es que siempre el trabajo enriquece las cosas.

Pues aquí hay dos pinos, cargados ya en el carro -suma de fuerzas en las testuces de las vacas y de habilidad en los brazos del pinariego- y otros dos por cargar, para los que queda sitio en el carro calzado y sujeta la 1anza con un tentemozo.

El pinariego está a lo suyo, que son los pinos, para sacarles el mayor provecho, que, por añadidura, bien lo merece la calidad y limpieza de esta madera que ya se oye llamar ¡¡y ya era hora!! PINO DE SORIA.

El claro del monte -una meseta para las faenas forestales, al pie del cargue- y los pinos que se multiplican a medida que el pinar se aleja, son testigos del trabajo del hombre de los pinares que no es -y que valga de testimonio la fotografía-testigo y su elocuencia aquel hombre escrito o dibujado, mejor, por el poeta en un incomprensible impulso de condena:

El hombre de estos campos que incendia los pinares

y su despojo aguarda como botín de guerra,

antaño hubo raído los negros encinares,

talado los robustos robledos de la sierra.

 Den los pinos y las terrazas -los claros del pinar, a pie de cargue- la respuesta. La fuerza del testuz de las vacas de carga y tiro, y los brazos del hombre pinariego que saca de los pinos todo lo que el PINO DE SORIA puede dar, den su respuesta.

Sintítulo_Página_02

LA SACA DE LOS PINOS

Enrique Escribano y Hernández, firmaba en “Recuerdo de Soria” de 189l un trabajo titulado EL MATUTERO al que corresponden estas líneas: “Ya no se acuerda de la carreta, ni de las vacas que humillada la cerviz parecen agradecer aquel descanso; doblando la vara que le servía para guiar( … ) Volvió a chirriar la carreta, volvieron a ladrar los perros, puso la vara sobre la cerviz de las vacas y pronunció con energía un ¡¡ala!! que sacó de su letargo a los cansados animales … “.

No están escritas, claro, para esta fotografía que es del otro día como quien dice. Escribano y Hernández en su bellísimo trabajo del “Matutero” descubre luego toda una tragedia y algo más grave: la pena que seguía al matutero que era sorprendido con una picota robada en los pinares y el descarado y sucio ladrocinio impune de los montes, a gran escala.

Ni este transportista de troncos, en su moderna carreta, aunque con las mismas vacas duras y cansinas, lentas y seguras, nada tiene que ver con los matuteros de hace un siglo. Pero la escena: carreta, troncos, vacas uncidas a la larga pértiga, perros, vara de guiar y pinariego, en fin, nos ha traído al recuerdo el relato.

La saca de los pinos del monte, siguiente al número del arrastre a pie de cargue, es aún una operación de artesanía pinariega, aunque empiecen a sustituir los Land-rover y sus pequeñas y potentes grúas elevadoras la actividad humana y el tiro del ganado vacuno, tan lento como decisivo y eficiente.

Algunas veces fue la misma corriente del río el vehículo o el medio de transporte hasta los cargaderos. Desde los lotes someros, había que aprovechar los escalones del monte o la barranquera.

Luego la carreta esquemática -casi un esqueleto de carro- de gruesa osamenta de madera; ruedas pequeñas como de carretón romano, perros que marcan el paso y arrastran el rabo, como al son de los trucos de la yunta … y el amo de los pinos de privilegio- la suerte de pinos tiene mucha y larga historia- delante, triunfante, guiando con su vara, a manera de lanza de victoria, o de asta de estandarte: ¡¡Hala, hala, “morita”!!, ¡¡hala! “galana”!!.

Galería | Esta entrada fue publicada en DOCUMENTOS, FOTOS, LIBROS y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a RETAZOS DE ANTAÑO – I

  1. Pingback: HISTORIA DE COVALEDA CUMPLE 3 AÑOS | HISTORIA DE COVALEDA

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s