VIAJE DEL ALTO DUERO – ABC 09-12-1962

ABC 09-12-1962

VIAJE DEL ALTO DUERO

Por PEDRO DE LORENZO

Me he asomado, en Soria, a las aguas del Duero. Mirándolas, como nacimiento en Urbión, los cuatro espejos de las Lagunas, los serraniegos pueblecitos; la tierra quemada, heroica, de Numancia; la roja piedra, cárdena, de Soria capital. He tomado unas apuntaciones, unas letras, para la nueva Canción del Duero; con el río, de Urbión a Soria, arrancan estas notas que iluminan y ordenan la emoción viajera.

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EN LA CUMBRE

Cuando en julio de 1927 Gerardo Diego alcanza el manantío y junto al Pico de Urbión, contempla un Duero infante, advierte que el verso es poco; acude a la prosa y titula su relato periodístico de este modo: “Cima y Sima”. Es un artículo inmediato a la escalada: se publica aquel mismo verano de 1927. cinco años después, en Madrid, compone este soneto cimero, “Cumbre de Urbión”: “Es la cumbre, por fin, la última cumbre…”

Ha subido los barrancos, profundos de pinares, y el espinazo de la cordillera, entre dos cuencas; en cuatro horas ha salvado 1200 metros de áspero desnivel. Más difícil que la ascensión misma le parece la contemplación, desde aquella altura, de la sierra; con sus bosques, sus neveros, su oleaje petrificado, al Este; por el Oeste y el Sur, la tierra extensa, uniforme y llana; las montañas al Norte, despeñándose hacia el Ebro en una ondulación suave y grandiosa; lejanías azules y blancas de las cumbres gemelas de Peñalara; los Pirineos aragoneses y cántabros. Paisaje puro, cósmico.

La “Sima” era ésta: la Laguna Negra del romance de Antonio Machado, leyendas de los Infantes de Lara, consejas y supersticiones en muchas leguas a la redonda.

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AÑOS ANTES

Poeta mayor, asimismo catedrático en Soria, Antonio Machado había hecho estos caminos; había tomado en septiembre de 1910 el coche correo y se apeaba en Bidones.

Sigue a pie, hasta Vinuesa. Unos amigos le acompañan. Desde Vinuesa, a caballo, se adentran por los pinares de Covaleda. Les coge una tormenta; calados escalan el Urbión.

Descienden por la romanceada Laguna Negra; andan el valle del Revinuesa; Antonio Machado contempla la tierra adusta y fina; lo cuenta:

Castilla, de largos ríos,

tiene un puñado de sierras

entre Soria y Burgos como

reductos de fortaleza,

como yelmos crestonados,

y Urbión es una cimera.

Pico Zurraquin

ZORRAQUIN, 2.259 METROS

La altitud de estas crestas se mide sobre el nivel del mar latino: Duero niño ha irrumpido en un paisaje bronco; taja en Urbión gargantas; da espejos al pinar. Baja del hueco de una roca; de un costado manadero, a Mediodía y a 2.259 metros del Zorraquin; un pico Zorraquin, articulado en la sierra.

Obeso del destierro, de la magia de ese vocablo, del descontento, rastreaba Miguel de Unamuno la ruta del Cid; había seguido la carretera de Burgos a Soria; entraba en Vinuesa; mirando las alturas, Urbión se le aparece “como repujado en un cielo desnudo pelado de nubes”.

Merodean Urbión el pastoreo de verano y los sacadores de madera; aquí están las más altas llanas de la patria; quemadas de tanta luz; en la túnica de un aire sequísimo; pintan recios colores sobre el campo; un vivo de azul perfila el cerco de las montañas. Los estíos son breves y las lejanías nítidas.

En el terreno, quebrado, se recortan maravillantes los detalles: la figura, las tintas, el ruido, los aromas. Hay densos pinares, de bosque nórdico; vegetación serrana (salvia, té, árnica, lirio blanco, espino blanco, tréboles) esmalta las cimas. Y hay cazaderos, trasuntados a regios libros de montería en prosas como ésta, siglo XIV, cuando Alfonso XI sitúa en la garganta de Covaleda las palabras precisas: “Et es la vocería por cima la cumbre catante a Duero”.

Laguna Negra de Soria

LAS LAGUNAS

Cuatro lagunas (Larga, Helada, Verde, Negra) dan contraste de horizontalidad, reposo, a las agujas de Urbión. Entre las cuatro, la que más, es la llamada Laguna Negra: la más cimera; escenario del romance de Alvargonzález, se acaudala de nieves; le sobran y, desleída en agua, arroja sus torrentes, frenéticos, al río. Cortina de árboles, por un lado, agarra en sus orillas; yergue en el contrario lado cantos pequeños y clarísimos, cortantes.

Voy ahora por la línea del Duero infante; voy viendo pueblos y apuntando nombres (algo más que sus nombres): Duruelo de la Sierra, Covaleda, Molinos de Duero; un pantano, bajo cuyas aguas todavía gimen las cuerdas y las veletas de la aldea náufraga; La Muedra. En Vinuesa voy a detenerme.

No el río; que sigue; mana sus aguas por Langosto, Hinojosa de la Sierra, Garray; en la curva de Garray se empina la calcinada tierra de este heroísmo; Numancia. Y cuando, torrente aún bravo, copie las piedras de San Juan de Duero, me volveré, un momento, para decir adiós a Soria.

El Pico de Urbión...

TOPONIMIA

A 58 kilómetros de la capital, Duruelo censa 1.225 habitantes; se recoge en la vertiente Sur, cerca de las lagunas y como al arrullo de las fuentes del Duero. Con su misma raís (“Dur”, agua) suscita en Unamuno la motivación de sus andanzas, aquí, entre los pinos serraniegos; venía “a soñarle, visto en su cuna, en Duruelo”; y justificando las razones del nombre, agrega; “Duruelo, esto es, Duriolo, Duerillo, el Duero niño”.

Son aldeas madereras. Duruelo albea en matorral inmenso. Avanzo por el camino de Molinos; la tierra toda es fronda pinariega; monte inacabable de albares y negrales, pinos que se alzan en la pradería de los valles y escalan entre helechos las laderas; algún rodal de robles dora el paisaje; alguna clara haya en el pastizal, siempre verde, matizando una fina vegetación toda agua; son las casas, de piedra sillar; castellanía de serrijones cierra los amplios horizontes.

Algo más abajo, Duruelo pasado, surge Covaleda. Las aguas corren a 1.214 metros del nivel. Los pinares se ahondan, se recortan en la sierra los ceniceros del carbonso; carbón de brezo, carbón de forjas para las fraguas aldeanas y las herrerías de alrededor. Rica en pastos, la tierra es cabañera de ovejas. Los 2000 habitantes de Covaleda asientan en la quebrada; un casco blanco, apretado, en verde nidal de pinos.

Paso a paso, ¿entro ahora en Salduero?. A esta altura principia la “Balada del Duero infante”; Gerardo Diego, preguntando:

¿Cuántos años, meses, días?

Horas sólo cumple el Duero

Cuando pasa por Salduero.

Allá arriba, Urbión relumbra.

Nieve en mayo y en enero.

VINUESA 2014 01 (Soria)

PÁGINA PARA VINUESA

A mano derecha queda La Muedra, un pueblo náufrago, sumerso en las aguas del pantano. Gran pantano, cabecero, que regula el fluir del río, torrencial hasta Soria. Toca el embalse en Molinos de Duero y sube a Vinuesa. También yo carreterita arriba hasta Vinuesa, por esta ribera de la Cuerda del Pozo.

Podría en Vinuesa demorarme, capital de los pinos y los veraneantes; pero voy de vuelo; anotaré los cuatro datos precisos: 1300 habitantes, 1105 metros de altitud, laderas de pino silvestres, derechos pinos altísimos.

¿Me dieron noticia de la trashumancia de Vinuesa? Corte de la Real Cabaña de la Carretería, Vinuesa es pueblo carretero. Trenes de carretas subían vino y frutas; bajaban carbón y maderas; libres del yugo, veraneaban en los prados las parejas de rubios boyancones de larga rumia y lentas colas meladas. Esa Real Cabaña de la Carretería porteó el azogue de Almacén hasta los muelles de embarque; azogue para las minas de plata, mares allá en Indias.

En Vinuesa estuvo y de Vinuesa (en publicación periódica, no literaria) ha escrito un experto de nuestra más reciente literatura de viajes; Gaspar Gómez de la Serna. Ha estudiado, en Vinuesa, los movimientos migratorios del indiano en el siglo XVIII. Minuciosamente, amoroso, ha descrito el pueblo. Se ha ido al Duero; lo ha mirado.

Ha oído el rumor del arroyo Remonicio resonante en las piedras frías; y como se crece el murmullo del Revinuesa, alegre, cantarín, brincando hacia el embalse del Duero. El mismo Duero que, muy próximo, destella henchido en la cola de pantano de Cuerda del Pozo; sus aguas nuevas anegando, a la vista de Vinuesa, el puente de la calzada romana de Uxama y, más allá, la torre de La Muedra, sumergida en el corazón del embalse…

Y UN PUÑADO DE TIERRA

Ya se, Numancia espera. Es una curva fastuosa; es la captura del Duero por otro Duero primitivo, que, al toparse con el cerro de Numancia, hendió los trigales de Gómara y Araviana, hacia el surco del Ebro. ¡Que grandeza! Estoy en el solar mismo de Iberia. Arrancaré tierra quemada; con mis manos, tierra heroica; la llevaré conmigo y pediré que no me la separen de mi propia última tierra…. A los pies del Duero, mis ojos, prendido en Numancia.

Pedro de LORENZO

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