CRISIS Y CAMBIO EN LA MONTAÑA IBÉRICA CASTELLANA. ESTUDIO DE DOS COMARCAS CON MARCADOS CONTRASTES GEOGRÁFICOS: PINARES Y TIERRAS ALTAS – II

CRISIS Y CAMBIO EN LA MONTAÑA IBÉRICA CASTELLANA. ESTUDIO DE DOS COMARCAS CON MARCADOS CONTRASTES GEOGRÁFICOS: PINARES Y TIERRAS ALTAS – II

III. UNA TRAYECTORIA DEMOGRÁFICA CONTRASTADA: EL AGOTAMIENTO DE TIERRAS ALTAS FRENTE A LA ESTABILIDAD DE LA COMARCA DE PINARES

La evolución demográfica en las dos comarcas objeto de estudio muestra algunos datos relevantes para entender las relaciones entre población y recursos, y sus implicaciones geográficas. La comarca de Tierras Altas, por un lado, constituye todo un referente de la despoblación en los espacios de montaña españoles, una especie de punta de lanza de los procesos de abandono económico y demográfico que sufren muchas áreas de montaña de nuestro país (MARTÍN JIMÉNEZ, 2008). Por eso, tomarle el pulso y hacer un análisis de los nuevos conceptos de población que deben manejarse para este tipo de comarcas, así como las consecuencias que todo ello plantea está plenamente justificado. La comarca de Pinares, por el contrario, destaca por el mantenimiento de los niveles de población de principios del siglo XX, algo bastante infrecuente en los espacios de montaña del interior peninsular.

III.1. El debate sobre la despoblación y la situación en Tierras Altas

En Tierras Altas el fenómeno de la despoblación se inició ya a principios del siglo XX, como ocurrió también en otros espacios de la montaña soriana, sobre todo del sur y suroeste (BACHILLER MARTÍNEZ, 1996). El frágil equilibrio población/recursos comenzó a romperse en la segunda década del siglo, cuando la emigración empezó a superar el crecimiento natural de la población. De este modo, en 1950, la población de hecho de Tierras Altas ya se había recortado más de un 8% respecto a la de 1910, a pesar de las especiales circunstancias que se dieron en España después de la guerra civil, razón por la cual muchos municipios españoles lograron en ese censo el techo demográfico del siglo XX. En los años 50 se acelera el proceso y en los 60 y 70 el nuevo contexto socioeconómico hundió la población dejando sumida la comarca en un círculo vicioso de difícil salida. La crisis de la ganadería tradicional, principal recurso de la comarca, está detrás de este derrumbe. La agonía se ha prolongado prácticamente hasta la actualidad ante la falta de alternativas económicas. Actualmente sólo están censados 18 de cada 100 vecinos de 1950. La comarca cuenta con una población según el padrón de 2009, de 2048 habitantes, distribuidos en 57 núcleos de población, lo que supone una media de 36 habitantes por cada pueblo, con índices de envejecimiento altísimos. La densidad media es de 2,3 hab/km2.

El fenómeno de la despoblación se ha convertido en una preocupación que ha emergido en el debate político de la comunidad de Castilla y León en los últimos años. El gobierno regional presentó en las cortes regionales, en febrero de 2009, la Agenda de la Población, con 108 actuaciones en distintos ámbitos. Hay que reconocer que este debate llega tarde y se ha topado con una realidad profundamente alterada y difícil de recuperar. La despoblación es un fenómeno complejo en el que interviene una multiplicidad de factores y debe valorarse teniendo en cuenta una gran diversidad de elementos, y no solo la evolución demográfica global de una comarca. Influye el tamaño de las poblaciones, y no de los municipios, su grado de relación interna y de integración con el exterior, su nivel de infraestructuras y servicios, el comportamiento a escala comarcal, su dinamismo económico y social, el grado de correspondencia entre despoblación y abandono, etc.

Aunque ha irrumpido en los últimos años, la despoblación es un fenómeno que se ha fraguado a lo largo de muchas décadas, aunque ahora asistamos a su desenlace en muchas comarcas. El fuerte ajuste de población que habían experimentado las áreas rurales en el tercer cuarto del siglo XX, con sus  profundas secuelas, llevó a principios de los años 80 a plantear un debate sobre la existencia de un umbral mínimo de población para poder conseguir una situación de equilibrio demográfico. La dotación de infraestructuras y servicios necesaria para satisfacer las demandas sociales de la población y la consecución de un mínimo de calidad de vida precisan una determinada escala de población. La despoblación es el resultado de un proceso de ajuste en el que las poblaciones rurales han llegado a su punto de equilibrio en relación a sus recursos.

En la actualidad, los conceptos de población están cambiando, en la medida que ha cambiado el entorno en que se mueven las relaciones entre los espacios rurales y urbanos, que ha favorecido una mayor vinculación y movilidad de la población entre ambos. Todo ello matiza los conceptos de despoblación, en función de nuevos parámetros como el nivel de integración de los espacios rurales o el tamaño de población alcanzado en distintas partes del año. En cualquier caso, parece claro que la consecución de un cierto pulso económico y social no puede alcanzarse de una forma individualizada, tan recurrente en el medio rural y con consecuencias tan negativas, sino con una visión comarcal y con nuevas bases para la ordenación del territorio.

Figura 1. Evolución demográfica en los distintos censos y padrones.POLIGONOS-pinares-y-tierras-altas-8

El caso de Tierras Altas constituye un ejemplo extremo de despoblación y de aislamiento dentro de las zonas de montaña interior, hasta el punto de erigirse en todo un referente de la espiral en la que están inmersas muchas áreas de montaña. No solo la población es escasa, poco más de 2000 habitantes, sino  que se reparte en 57 núcleos, dos tercios de los cuales tiene menos de 25 vecinos censados. Solo dos núcleos de población superan los 100 habitantes, San Pedro Manrique, que es la cabecera de comarca, con 542, y Yanguas con 120. Un 35% de la población tiene más de 65 años y solo un 6% menos de 15. Las relaciones internas siguen siendo difíciles y las comunicaciones con la capital soriana han mejorado, pero aún así se tarda unos 45 minutos de viaje. La evolución del fenómeno de la despoblación en Tierras Altas llega a tal punto que puede diseñarse una taxonomía de núcleos de población en función de su grado de ocupación. Podemos establecer 5 categorías de pueblos: Los que están habitados permanentemente, los que cobran vida los fines de semana, los que se abren en temporada de verano, los que limitan su vida a las fechas de celebración de las fiestas patronales y los deshabitados.INCIDENCIA DE LAS SUERTES DE PINOrevista_17

En toda la comarca se observa, por lo general, una resistencia de todos los núcleos a la despoblación definitiva y para ello se utilizan todos los medios posibles, incluidos programas de repoblación rural o el recurso a programas televisivos para introducir familias. En esta lucha contra el abandono se implican muchas familias emigrantes, que no quieren perder el vínculo con su tierra. Se han arreglado casas, con las consiguientes medidas de protección, se han formado asociaciones y se intenta mantener un mínimo de infraestructura en el casco urbano. También se ha generado un tipo de movimiento turístico en torno a los pueblos abandonados, que podría aprovecharse para aumentar el atractivo de la comarca. En conjunto, la distribución de poblaciones en las distintas categorías, según las informaciones locales, quedaría como sigue:

􀀹 Poblaciones habitadas permanentemente: Son 32 en total, con al menos un vecino residiendo en el pueblo.

􀀹 Pueblos habitados los fines de semana: Diustes, Camporredondo, Malla, Cecilia, Valduérteles, Taniñe.

􀀹 Pueblos de temporada de verano: Sarnago, Las Fuentes, Armejún,  Castillejo, La Vega, Navabellida (en la temporada de la trashumancia).

􀀹 Pueblos habitados solo en las fiestas patronales: Valdecantos, Villarijo, La Mata.

􀀹 Deshabitados: Torretarrancho, El Vallejo, Bea, Acrijos, Funtebella,  Valdemoro, Aldealcardo, Lería, Bellosillo, Villaseca Bajera.

El alcance de la despoblación y el envejecimiento demográfico justifican que la comarca haya experimentado una importante corriente inmigratoria procedente del exterior, para cubrir los puestos de trabajo que no quieren los nacionales, sobre todo en el sector agrario y en el de servicio doméstico. Ello explica que la proporción de población extranjera sea muy alta en algunos municipios (18% en San Pedro Manrique o Yanguas). La llegada de población extranjera contrarresta la salida de población joven y se ha convertido en un factor de estabilidad demográfica en los últimos años, no sin problemas por la falta de viviendas y algunos equipamientos y servicios. Todo ello repercute positivamente en otros indicadores demográficos, como la natalidad, y afecta a algunos servicios básicos, como la educación, que recibe un número creciente de alumnos. Resulta llamativo comprobar cómo el centro agrupado de Tierras Altas, ubicado en San Pedro Manrique, se ha quedado pequeño durante este curso 2009-2010 para acoger el espectacular aumento del número de alumnos.

III.2. La estabilidad demográfica de la comarca de Pinares

A diferencia de Tierras Altas, la comarca de Pinares representa una de las pocas excepciones dentro de la trayectoria demográfica de la montaña interior. Su evolución contrasta asimismo con la que han experimentado muchas áreas de las llanuras cerealistas. La población pinariega prolongó su crecimiento hasta los años 60, al tiempo que se hundía en la mayoría de espacios de montaña. La población creció más de un 60% ente 1900 y 1960. Los años 60 y 70, que fueron los más críticos en las áreas de montaña españolas, en el caso de la comarca pinariega tuvieron un efecto mucho más amortiguado debido a la creación de empresas dedicadas al aprovechamiento de los recursos locales. De gran importancia fue la industria de aserrío y de segunda transformación para la creación de empleo en la comarca (PINILLOS ET AL., 2005). El aprovechamiento de los recursos forestales autóctonos fue el núcleo en torno al cual se forjó el tejido empresarial de la comarca, factor esencial para el mantenimiento de la población en las últimas décadas del siglo XX. Frente al modelo de poblamiento de Tierras Altas, Pinares se basa en la presencia de pocos núcleos, pero de cierto tamaño, con una mejor dotación de equipamientos y servicios. Los 15.131 habitantes censados en el padrón de 2009 se distribuyen en 27 núcleos de población, con una media de 561 habitantes. La densidad media asciende a 15,6 hab/km2, casi el doble que la media provincial.

La comarca de Pinares presenta una gran singularidad dentro de la montaña ibérica. Su paisaje forestal sorprende por su extensión y continuidad. Las cumbres de Urbión, nevadas gran parte del año, son conocidas por el nacimiento de uno de los ríos más importantes de la península, el Duero, que articula en sus primeros kilómetros este espacio. La claridad del cielo que disfrutamos en esta provincia convierte este punto en un mirador privilegiado para otear uno de los territorios más vastos de la península, el que se extiende desde los Pirineos hasta la Cordillera Central. Estos paisajes se identifican también con su historia y con su cultura, hasta conformar un modelo de organización y un sentimiento de comunidad que se refleja en sus costumbres y tradiciones, en sus actividades económicas y hasta en su forma de entender la vida. Los montes tienen un aprovechamiento comunal. Cada vecino, por el solo hecho de cumplir una serie de requisitos, recogidos en las ordenanzas de cada ayuntamiento, recibe lo que se llama una “suerte de pinos”.INCIDENCIA DE LAS SUERTES DE PINOrevista_16

El elevado precio de la madera en los años 50 y 60 proporcionó una gran prosperidad a la comarca, cuyas familias podían vivir, prácticamente, de las suertes de pinos, de los trabajos forestales y de la recogida y venta de los hongos que se recolectaban durante el otoño. Las suertes de pinos llegaron a desempeñar una función social de complemento de ingresos en personas mayores con bajas rentas. Surgieron entonces las primeras cooperativas dedicadas a la primera transformación de la madera; estas se fueron extendiendo por los distintos municipios y en algunos, como Duruelo de la Sierra, Covaleda o San Leonado de Yagüe, aparecieron otras empresas de segunda transformación, que aportaban mayor VAB a la comarca. A su vez, los hongos han proporcionado también materia prima a varias fábricas conserveras, algunas de ellas con gran tradición exportadora.

Este proceso de transformación, basado en el aprovechamiento de los recursos endógenos, ha sido un factor de estabilidad demográfica. Frente a otras comarcas de montaña como Tierras Altas, al norte, o Sierra de Pela, al sur, que han perdido más del 80% de sus efectivos en el último medio siglo, Pinares mantiene una población más estable, con un sistema de poblamiento consolidado, que goza de una gran estabilidad.

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