DE COVALEDA Y PARA COVALEDA.- Ángel Terrel Cuevas (XII)

DE COVALEDA Y PARA COVALEDA.- Ángel Terrel Cuevas (XII)

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Vulpes vulgario.- Zorro.- Es uno de los animales que desde la más remota antigüedad se citan como el tipo del engaño, de la astucia y de la perfidia. Entre los hebreos fue símbolo de los hombres falsos y cautelosos. San Lucas Evangelista compara a Herodes, con el zorro astuto, hipócrita y cruel. Los griegos y latinos tuvieron por adagio común “Cum vulpe vulpinares”, que quiere decir sé astuto con los astutos.

El zorro presenta la cabeza ancha, la frente aplastada, y el hocico que se adelgaza bruscamente es largo y puntiagudo: los ojos son pequeños y oblicuos, las orejas derechas, anchas en la base y terminadas en punta, el pelo muy áspero y largo, las patas son delgadas y cortas y la cola larga, caída, muy poblada en la extremidad; en la cola hay una glándula que segrega una sustancia de olor muy desagradable.

El color del pelo es rojo aleonado que tira a gris, pero que varía según los climas y las localidades.

Es famoso por sus astucias. No menos astuto que cauto, ingenioso y prudente, hasta el extremo de la paciencia, sabe variar de conducta y tiene como de reserva ciertos arbitrios que emplea muy oportunamente.

Atiende con suma vigilancia a su conservación, y aunque infatigable y ligero, no se fía de la velocidad de su carrera, antes bien, provee a su seguridad, fabricándose un asilo, donde se retira en los peligros urgentes, en el que establece su morada y cría a sus hijos, no es vagabundo sino domiciliado.

Se establece en las orillas de los bosques, a distancia proporcionada de los caseríos, oye el canto de los gallos y el grito de las aves; se saborea con ellas desde lejos; elige sagazmente en tiempo oportuno, ocultando su designio y su marcha: se acerca arrastrándose, llega y rara vez le salen vanas sus tentativas. Si puede saltar las cercas o introducirse por debajo de las puertas, no pierde un momento; asola y mata todo lo que encuentra en el corral; se retira después ligeramente, llevándose alguna presa, la cual oculta o la conduce a su guarida; vuelve poco después en busca de otra y así continúa hasta que el día o el ruido de la casa le advierte que conviene retirarse. Como todos los desconfiados y egoístas, vive y merodea sólo, o cuando más con la hembra.

Toussonel compara al zorro con el timador, que valiéndose de todas las buenas artes y empleando la dulzura del lenguaje, el recuerdo de las personas queridas, y aprovechando para su objeto la ambición, la vanidad o la codicia de la víctima, le deja una pulsera de similar o un cartucho de perdigones, en cambio de los retratos que de Quevedo y Calderón hace el Banco de España, por lo tanto al zorro hay que agradecerle las buenas formas y se le debe pagar con la misma moneda, hay que cazarle con zorrerías superiores a las suyas, “cum vulpes vulpinare”.

El zorro se casa, pero no es monógamo; sólo hace vida común con la hembra, mientras duran los cuidados de educación de la familia, y esta unión, que comienza a fin de invierno, dura hasta Agosto. Fuera del tiempo de matrimonio, apenas tienen que comunicarse nada zorros y zorras, y al verse rodeado de nueva familia, padre y madre despliegan un lujo admirable en instintos de pillaje y robo. Al padre toca de derecho el oficio de dirigir las expediciones diurnas y nocturnas, y a la madre el cuidado de repartir entre sus pequeñuelos el producto de la caza.

Donde desarrolla el zorro toda su habilidad es para robar una colmena y apoderarse del rico panal de miel, teniendo que librar una batalla al enjambre que lo defiende.

Antes que soñara el colmenero proveerse de careta para recoger el producto de su industria habla descubierto ya el zorro el enlodarse los hocicos y la cara; con las patas pone en huida al enjambre, y una vez arrancado el panal le vuelve cincuenta veces antes de hincarle el diente, hasta que convencido de que no hay enemigos que temer, engulle miel y cera sin miedo a indigestiones y ardores de estómago. En todas sus expediciones la seguridad personal es lo primero y de aquí nace su astucia; pero si llega la hora del peligro sabe también desplegar condiciones de serenidad y valor.

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Mostela foina.- Garduña.- Según Buffón, la garduña tiene la fisonomía finísima, los ojos vivos, el salto ligero, los miembros ágiles, el cuerpo flexible y todos los movimientos muy prontos; más bien se puede decir que salta y brinca y no que anda; trepa con mucha facilitad por las paredes, entra en los palomares, en los gallineros, etcétera y come huevos, los pichones, las gallinas, etc., mata, a veces, gran número de estas aves y las lleva a sus hijos, y coge los ratones, topos y pájaros en sus nidos. Tienen un olor de almizcle que no es desagradable y su piel es poco estimada.

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Putorios vulgaris.- Comadreja.- En Egipto, donde se conocen desde la más remota antigüedad, creían que concebían por las orejas y parían por la boca; absurdo que tiene por origen en que se les ve mudar sus hijos de un punto a otro suspendidos por la boca. Jerónimo de Huerta dice: «A los hebreos estaba prohibido el comerlas, dando a entender que era dañosísimo para los hombres tener esta naturaleza, porque muchas veces hace daño echar por la boca lo que entró por los oídos.

La comadreja es uno de los ladrones más descarados y crueles de nuestros campos; su cuerpo aparece muy alto por la poca altura de las patas y por lo delgado y flexible, la cola es corta y afilada en la punta, las plantas de los pies se, hallan cubiertas de pelo y los dedos provistos de uñas robustas, el hocico obtuso, la nariz dividida por un surco longitudinal, las orejas muy posteriores, anchas y redondeadas, ojos pequeños y oblicuos y dientes fuertes y acerados. El color es pardo rojizo por el lomo y la parte inferior blanca así como la garganta.

Este animal habita en los terrenos llanos como en las montañas, en lugares desiertos y en los habitados, pues lo mismo se encuentra en lo más escondido del bosque que en los huertos y jardines y hasta en las alquerías y casas de los pueblos; pero donde se desarrolla más libremente es en los escondidos valles, como los Pirineos y los Alpes. Acomete a las culebras, ratas  acuáticas, topos y turones, recorre los prados y devora las codornices y sus huevos. La comadreja es más útil que perjudicial, destruye multitud de animales gramívoros.

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Melea taxus.- Tejón.- De cuerpo robusto y poco prolongado; las orejas cortas y redondeadas; escondidas en los pelos de las partes laterales de la cabeza; los ojos pequeños, la lengua lisa y los pies terminados por cinco dedos, provistos de uñas muy robustas, de las que las anteriores son cavadoras, las extremidades son cortas, así como la cota. Los tejones presentan una bolsa o folículo situado sobre el ano, abierto al exterior y arrojando una materia grasa muy fétida; las mamas son seis, dos pectorales y cuatro ventrales, y los pelos largos y ásperos, generalmente de tres colores. Las costumbres de estos animales son muy difíciles de determinar, pues siendo animales nocturnos abandonan sus madrigueras ya entrada la noche para volver a ella a los primeros albores del día. Las madrigueras las construyen siempre en una pendiente o quebrada del terreno y las entradas las ocultan de tal modo que cuesta gran trabajo descubrirlas. Son animales muy inofensivos y nada de perjudiciales a la agricultura.

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Soiurus vulgaris L.- Ardilla común.- Tienen próximamente un pie de largo; el color del pelaje es de un rojo obscuro por encima y blanquecino por debajo, este color varía con las estaciones, con los climas y según los individuos; en el estío la parte superior del cuerpo ofrece un color rojo, mezclado de gris en la cabeza; la garganta, el pecho y el abdomen son blancos. La cola es tan larga como el cuerpo, muy poblada de pelo; las orejas terminan en pinceles y las plantas de los pies están desprovistas de pelo. Abunda muchísimo en los pinares, de cuyos frutos se alimenta. Los poetas de la antigüedad le dedicaron su estro; los griegos le conocían con el nombre de Esciuridos, el que hace sombra con su cola; figurase uno, desde luego, ver a este animalillo tan ligero y vivaz, sentado en la cima de un árbol o saltando de rama en rama. La ardilla, dice Buffon, es un animal muy lindo, y que por su gentileza y docilidad, y por la inocencia de sus hábitos merecía no ser inquietado; es un animal limpio, diligente, vivo, muy avisado, sagaz e industrioso; sus ojos parecen llenos de fuego y su fisonomía es muy fina; su bella figura recibe mucho realce del adorno de su preciosa cola en forma de penacho, la cual levanta hasta encima de la cabeza y con ella se hace sombra. En las noches serenas del verano se les oye gritar, saltando de unos árboles a otros. Se establecen en la horcajadura de un árbol; primero conducen a él pelillos que mezclan y entretejen con el musgo, después aprietan éste, le macizan y dan la suficiente capacidad y solidez a su obra, para vivir a su placer y en seguridad con sus hijuelos; la vivienda no tiene más que una abertura por lo alto, estrecha que apenas basta para pasar, y encima de la abertura hay una especie de cobertizo en forma de cono que defiende la obra y hace que la lluvia se deslice por los lados y no penetre dentro. La ardilla se domestica muy pronto, y su carne es muy apreciada.

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Arvicola amphibius.- Rata acuática.- Es un animal pequeño, tiene la cabeza más corta, el hocico más grueso, el pelo más erizado y la cola mucho menos larga que la rata. Frecuenta las aguas dulces y se halla en las márgenes de los ríos, de los arroyos y de los estanques. Se alimenta de peces, come ranas, insectos acuáticos y a veces raíces y hierbas. No tienen membranas entre los dedos de los pies, pues todos los dedos están separados; a pesar de esto nada con mucha facilidad; permanece largo tiempo debajo del agua y saca su presa fuera para comérsela en tierra, sobre la hierba o en su madriguera.

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Arvicola arvalis.- Ratón campesino.- Pelaje de las partes superiores de un leonado amarillento mezclado de gris parduzco, especialmente en las hembras; los costados de amarillo claro, el vientre de un blanco sucio. Orejas grandes, más largas que el pelo, ojos salientes, abultados, cota cubierta de pelos cortos. Se encuentra en todas partes, en los bosques, en las praderas y en los jardines. Construye su madriguera debajo de tierra, donde amontona semillas, avellanas y bellotas, pero prefiere el trigo a todos los alimentos. Son muy perjudiciales por lo muy numerosos y se han ensayado muchos procedimientos para destruirlos.

Del género mus, entre las que se encuentra la rata y el ratón, no lo exponemos por ser conocidísimas.

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Lepus timidus.- Liebre.- Cabeza bastante abultada, ojos grandes, salientes, orejas una décima parte más largas que la cabeza; extremidades abdominales muy prolongadas, cota de la longitud del muslo; pelaje compuesto de pelos lanosos, de un gris leonado o rojizo, debajo de la mandíbula inferior y el vientre blancos; extremidad de la oreja negra. Estos animales se multiplican extraordinariamente y se hallan en estado de engendrar en todo tiempo desde el primer año de su vida; su gestación solo dura de treinta y treinta y un día, y paren de tres a cuatro lebratillos. En estos animales es muy frecuente la superfetación. De esto resulta, pues, que las liebres pueden estar en celo y preñadas a un mismo tiempo. Los lebratillos nacen con los ojos abiertos y la madre les da de mamar por espacio de veinte días, al cabo de los cuales se separan y buscan por sí mismo su alimento. Durante el día duermen en sus camas, y no viven sino por de noche que es cuando se pasean, comen y se reúnen; entones se les ve a la claridad de la luna, saltar y correr unas tras otras, pero el menor ruido las turba y huyen cada una por su lado. Este animal, tan apreciado en las mesas de Europa, no tienen mérito ninguno entre los orientales. Las leyes de Mahoma y la de los judíos, prohíben el uso de la carne de liebre. La caza de la liebre es la distracción y a veces la única ocupación de las gentes ociosas del campo. Por la mañana temprano y cuando se ha puesto el sol por la tarde, se va a esperar a las liebres a orillas de los bosques al tiempo que entran o salen, y durante el día la buscan en los sitios donde se guarecen. Durante el verano le gusta vivir en el campo, en el otoño, en las viñas y cuando se aproxima el invierno en los bosques y matorrales. También se la puede coger con aves de rapiña, los buhos, los alfaneques, las águilas, etc.

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Lepua cuniculus.- Conejo.- Pelaje fino y suave, parte superior de la cabeza, espalda y región lumbar ofrece una coloración agrisada, orejas grises, sin negro en la punta, garganta y vientre blanquecinos, cola parda por encima y blanca por debajo. La fecundidad del conejo es mucho mayor que la de la liebre. Destruyen las hierbas, las raíces, los granos, las legumbres y también los arbustos y tos árboles, y si no tuviesen en contra los perros y los hurones, obligarían a los habitantes de aquellos campos a una emigración inevitable. Las madrigueras que excava en la tierra, donde habita de día y da a luz a sus hijuelos, le ponen a cubierto de la rapacidad del lobo, la zorra y las aves de rapiña. Cría a sus hijos hasta que tienen próximamente dos meses, sin hacerles salir del vivar hasta que están completamente criados. Su carne es muy estimada.

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Sus scropha.- Jabalí.- Tienen cuatro dedos, talla mediana, piernas proporcionadas y delgadas, el tercero y cuarto dedo más prolongados que los dos externos, no tocan a tierra y se encuentran situados hacia atrás; mamas abdominales e inguinales; machos provistos de escroto; piel de mediano espesor y cubierta de pelos o mejor dicho cerdas, mandíbula superior terminada en trompa corta (geta), formada por tejido fibroso muy denso y sostenida por un hueso particular; el borde superior tiene un ribete consistente que le sirve para hozar. Dientes: incisos 3-3/3-3 caninos 1-1/1-1, premo1ares 4-4/4-4, mo1ares 3-3/3-3, 1os caninos muy largos y triangulares, están muy desarrollados en los machos y son armas de defensa poderosas y temibles. El corazón carece de válvula de Eustaquio. Entre la piel y los músculos existe una espesa capa de grasa que recibe el nombre de tocino, cola mediana, doce mamas, estómago membranoso.

El jabalí se conoce desde los tiempos más antiguos. En los monumentos de los asirios no se han encontrado; pero en los bajos relieves que se han hallado en Persípolis se han observado grupos que figuran cazas de jabalíes. En los libros chinos se cita mucho el jabalí. En los hebreos estaba prohibido comer carne de jabalí, sin duda porque la carne de este animal (lo mismo que la del cerdo), empleada como alimento cuotidiano, era una de las causas productoras de la enfermedad denominada «lepra». El nuevo Testamento babla de una manada de puercos, en la que Jesucristo hizo penetrar el espíritu maligno que atormentaba a un poseído, siendo toda ella arrojada a las aguas del Jordán. Los mahometanos y muchos habitantes del Egipto, sea cualquiera su religión, le consideran como animal impuro. La mitología, al hablar de los doce trabajos de Hércules, cita un monstruoso jabalí que habitaba el monte Erimantho, desolando toda la Arcadia; Hércules, por mandato de Euristeo, le cogió vivo y se lo llevó a su hermano. Son de un natural feroz y muy valientes ante el peligro. Son medio nocturnos, viven por lo común en los bosques y salen de noche de sus madrigueras en busca de alimento. Durante el día se echa la manada en su escarbadero.

Los jabalíes permanecen al principio en la espesura y en los claros del bosque; escarban la tierra o corren a un estanque, en el cual se bañan; esto parece serles muy preciso, pues muchas veces recorren varias leguas para tomar el baño. Se alimentan de bellotas, avellanas, patatas y rábanos; comen también restos de animales muertos y hasta los cadáveres de sus semejantes. Mientras no le hostigan, es manso y tranquilo, pero cuando se ve perseguido por los perros se enfurece y defiende valerosamente. Si el hombre pasa tranquilo al lado de un jabalí, éste no hace caso de él, sino más bien huye, pero si le hostiga, se enfurece inmediatamente y se precipita ciego sobre el agresor. Se le persigue con gran encarnizamiento y su carne es muy apreciada. La piel sirve para hacer cribas y con las cerdas se fabrican brochas, cepillos y bruzas.

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Cervus caprecolus.- Corzo.- Carece de caninos, siendo casi nulas las glándulas lagrimales y la cola, su tamaño viene a ser como el de una cabra; sus formas son elegantes, y el color rojo obscuro, blanco por debajo y en la rabadilla. El macho está provisto de cuernas bifurcadas en la punta, con una sola apófisis y toda la superficie llena de tubérculos. El corzo habita en los grandes bosques, establece su morada en lugares secos y en los sitios en donde existen árboles de espeso follaje. Tiene mucho instinto, pues aun cuando tiene la contra de dejar tras de si impresiones fuertes y que dar a los perros más ardor de apetito que el olor de ciervo, no deja por esto de saber sustraerse a su persecución por la rapidez de su carrera, no menos que por sus múltiples rodeos. Lejos de esperar a que le falten las fuerzas para poner en práctica sus ardides, no bien percibe que los primeros esfuerzos de una fuga veloz han sido infructuosos, hele aquí que desanda el camino, vuelve y revuelve, y cuando con sus movimientos opuestos ha confundido la dirección de la ida con la de la venida, cuando ha mezclado las emanaciones presentes con las pasadas, se separa del suelo dando un brinco y desviándose a un lado, se echa a tierra, se agacha y sin moverse deja pasar por su inmediación toda la tropa de sus enemigos. No forma sociedades, sino que vive generalmente con la madre y los hijos. La preñez les dura cinco meses y medio y pare ordinariamente dos hijuelos, macho y hembra. Cuando llega la época del parto se separa la hembra del macho y se oculta en lo más espeso del bosque para ocultarse de las fieras. Se alimenta de retamas, jaras y zarzas; comen con preferencia retoños de pinos. La carne de corzo es muy apreciada lo mismo que sus fieles.

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