DE COVALEDA Y PARA COVALEDA.- Ángel Terrel Cuevas (VIII)

DE COVALEDA Y PARA COVALEDA.- Ángel Terrel Cuevas (VIII)

COVALEDA EN 1930

REVISTA-SUEÑO EN UN ACTO Y EN PROSA

Covaleda, procesión de San Lorenzo, 10/8/1913, 14:00, entrada a la Iglesia.

PERSONAJES

Covaleda del año 30 del siglo XIX.

Covaleda del año 30 del siglo XX.

La Tea.

Luz eléctrica.

Avenida de Buenos Aires.

Avenida de Duruelo.

La fuente.

El arroyo.

Dos obreros.

ACTO ÚNICO

La escena representa un bosque, a la derecha un asiento rústico de madera. ·

ESCENA PRIMERA

Covaleda en el año 1830.- Estará representado por un anciano con el traje de su época. (Dirigiéndose al público).

¿Que quién soy yo? … ¿Que, a qué vengo aquí? … No; es inútil que se calienten los cascos porque no me han de conocer… ¡Es claro, con esta ancianidad, con esta facha y con esta presentación no es fácil adivinen quién soy yo!… ¿Quién me ha traído? … Lo ignoro… Sé que dejé este suelo el año 30 del siglo XIX … Luego, hace que dejé este suelo cien años … cien años que me separé de tus hermosos pinares!… ¡cien años que no los contemplo!… ¡qué bellezas encierras!… ¡qué de recuerdos sacuden a mi mente!… ¡cuántas veces a la sombra de tus pinos habré soñado amores!…

¿Pero esto es un sueño? … ¡Un siglo, señores, no es un grano de anís, que son cien años!… ¡Cien años que no te veo!… Yo, siempre muy amante de tu suelo, no pasaba momento que no te recordase, y allá en mis soledades ¡cuántas veces me decía!… si yo pudiera darme una vueltecita por aquella bendita tierra ¿cuál no sería mi gozo? … Porque he de advertir a ustedes que aquí donde me ven, soy nada menos que Covaleda del año 1830 … ¿Se ríen? … ¿No lo creen? … Pues es lo cierto. Pues bien, señores, cátate que hace poco recibo no sé porqué artes una lacónica invitación concebida en estos términos. “Planeta Júpiter (porque ahora habito el Planeta Júpiter), B. L. M. al Señor Covaleda de 1830 del siglo XIX y le ruega baje a su perdido suelo. Su compatriota. Covaleda de 1930 del siglo XX”.

Y aquí me tienen acudiendo a la cita … ¿Que por qué antes he venido? … No lo sé, pero es lo cierto que aquí me encuentro con mi misma figura y el mismo traje de hace cien años. Ahora comprenderán el por qué de mi ancianidad y el por qué de mi facha.

Casa de Leandro Lázaro

ESCENA II

DICHOS y COVALEDA DE 1930 DEL SIOLO XX.- (Este vestirá elegantemente.)

Covaleda de 1930.- Aquél debe de ser. Su ancianidad, su traje, su figura… (aproximándose). ¡Caballero! ¿Estoy hablando con Covaleda de 1830?

Covaleda de 1830.- ¿Es usted el caballero de la invitación?

Covaleda de 1930.- El mismo. Temí no llegase mi invitación a sus manos, pero al encontrarle aquí, veo se ha cumplido mi encargo. Rara le parecerá mi invitación, pero queriendo dar a conocer lo mucho que me he esforzado por colocarme a la altura que en el presente siglo me corresponde, y creyendo (para gozar más de mi triunfo) que nadie mejor que mi compatriota del siglo XIX es el que podría observar mejor mi progreso, no he perdonado medio para hacerle volver a la tierra para que después que vea el estado en que hoy se encuentra Covaleda, me dé usted su opinión, creyendo que ella será la verdadera; y puesto ya aquí y las figuras las puedo poner en movimiento, hágame el favor de sentarse conmigo en este banco y observe bien, pues en este momento va a empezar mi presentación. (Se sientan).

ESCENA III

DICHOS Y LA TEA.- La Tea estará representada por un anciano. El traje el propio del país. Llevará colgado un hacecito de teas).

La Tea.- (Con desesperación). ¡Maldita sea mi suerte!… ¡Pensar que después de tantos siglos tengo que dejar el paso libre a esa señoritilla! ¡Yo me pego con mi sombra!… ¡y le doy de patás a cualquiera!… ¡aquí no hay vergüenza! y ¡maldita sea mi estampa si no hago una cosa que se vea! ….

Covaleda de 1830.- (Levantándose). ¿Qué le pasa que está tan enfurecido?

La Tea. Que ¿qué me pasa? … ¡Pues no es nada! (Dirigiéndose a Covaleda de 1930). Pero óigame caballero … ¿quiere hacer el favor de encender una cerilla y prenderme fuego?

Covaleda de 1830.- ¡Si llevo Teas!… (Covaleda de 1930 se levanta y se coloca al lado de la Tea).

Tea. ¿Pues no me han reconocido? … Sr. soy la tea … ¡una desgraciada!… Escúchenme. Hace siglos que vivía tranquilo y feliz en este pueblo suministrando la luz, ¡y qué luz, caballeros! … yo era la alegría de las cocinas. Cuando alrededor de la lumbre se colocaban los que acudían a la tertulia, lucia con orgullo, siendo mi placer mayor cuando alguna niña bonita me atrapaba con sus manitas para colocarme en el moro… con qué placer ardía!… ¡cuántas conversaciones no habré yo escuchado! ¡cuántas miradas amorosas no habré sorprendido!… Era feliz, completamente feliz. Conmigo no podían ni el candil ni el quinqué: en la cocina yo era la reina de las luces. Cuantas veces oía que me iban a sustituir por el señor petróleo, yo me reía y decía … ¿quién podrá con la Tea? y miren ustedes lo que son las cosas, cuando más tranquilo vivía, llega esa señorita que llaman luz eléctrica y adiós tranquilidad, adiós ilusiones. Antes todo era alabanzas y mimo para La Tea; ahora todas son quejas … que doy mucho humo … que a cada paso tienen que colocarme en el moro, y en fin, miles de picardías, como si en los siglos que llevaba luciendo no se hubieran acostumbrado a mi humo y a mi manejo … ¿Y dónde voy yo? … ¡Si esa señorita es mi sombra!… ¡Maldita sea!… Ya no me queda otro recurso que sudar la gota negra.

Covaleda de 1930.- Puede dedicarse a otra industria.

Tea.- ¡Otra industria!… No señor. Hago una hoguera y ¡pez!… ¡que no se hubiese hecho pedazos antes de llegar aquí! … ¡Yo me doy de puñetazos!… ¡y me mato con cualquiera! … ¡maldita sea! (Váse).

Covaleda de 1830.- ¡Pobrecillo! Es una lástima … ¡y que era buena luz la Tea!

Covaleda de 1930.- Si, no era mala, pero en este siglo es muy cursi alumbrarse con la Tea.

Covaleda de 1830.- Esa señorita de luz eléctrica ¿qué luz es esa?

Covaleda de 1930.- Ella se lo dirá.

Covaleda, camino de Saldureo 1913

Covaleda, camino de Saldureo 1913

ESCENA IV

DICHOS’ Y LUZ ELÉCTRICA.- (Representada por una joven).

Luz eléctrica.- Aquí está la envidiosa de todos, caballeros. Donde yo me presento no hay competencia posible. Yo soy la claridad, la baratura, la elegancia. Conmigo no hay que asegurarse de incendios porque llevo el seguro. Yo ostento las tres bes: buena, bonita y barata. Yo soy la luz verdad. Me río del aceite, de la tea, del petróleo y del gas. ¿Quién puede compararse conmigo? El candil… ¡bonito artefacto de luz!… ¡es insoportable!.., y ¡qué sucio! La tea: solo nombrarla me dan ganas de toser … ¡qué humo!. .. El petróleo … ¡qué olor tan insoportable! … y además, ¡si se inflama!… ¡Jesús qué miedo!… ¿Y el gas? … Vaya un señor de buen olor … ¿Y si hace explosión? … ¡Horror al gas! … En cambio yo doy la luz clara, brillante, soy la limpieza personificada. Ni mancho, ni doy humo, ni olor, ni me inflamo, ni doy explosión. ¿Quién puede compararse conmigo? … ¡Y que me traigo un fluido!… ¿No es verdad, caballeros?

Covaleda de 1930.- (Acercándose). ¡Quién lo duda! … ¡quién la desprecia! … ¡quién la falta!

Luz eléctrica.- No hay que asustarse. Quiero decir que conmigo no puede igualarse nadie.

Covaleda de 1830.- ¡Y es guapa!… ¡ya lo creo!… (Aparte).

Covaleda de 1930.- Dígame, princesa. Quien quiera que le falte, aquí estoy yo … (Aparte). ¡Y qué fluido se me trae la niña! (Acercándose mucho a ella). ¡Bonita, resalá!…

Luz eléctrica.- Tenga cuidado el señorito, que mi fluido algunas veces mata.

Covaleda de 1930.- ¿Que mata? … Pues que mate. Guapa, bonita salerosa … No me mire usted así, que esos ojos acumulan tanta electricidad que, vamos … que está todo mi cuerpo cargado de fluido.

Covaleda de 1830.- (A luz eléctrica). ¿Y cómo produce usted esa luz?

Luz eléctrica.- Pues muy sencillo. (Dirigiéndose a 1830). Figuremos que usted es la pila.

Covaleda de 1830.- ¡Yo la pila!

Luz eléctrica.- Sí, hombre, sí. Una pila eléctrica. (Dirigiéndose a 1930). Y usted es un hilo.

Covaleda de 1930.- ¡Yo hilo!

Luz eléctrica.- Sí, un hilo, en el sentido figurado. Usted es el hilo negativo y yo el positivo.

Covaleda de 1930.- ¡Señorita! Positivo también.

Luz eléctrica.- No, señor, negativo. ¡Pues no ve, hombre de Dios, que si los dos somos positivos no podemos funcionar! … ¡No sabe que electricidades del mismo nombre se repelen!

Covaleda de 1930.- No, que no se repelan, que se atraigan.

Luz eléctrica.- Pues bien. Usted, el hilo negativo, yo, el positivo, nos ponemos en comunicación con la pila y con el hilo de platino de la bombilla, se desarrolla electricidad y la luz es hecha. La cosa es bien sencilla.

Covaleda de 1830.- Sencillita será, pero ni palabra de esto entiendo.

Luz eléctrica.- Usted qué ha de entender, si debe ser antidiluviano.

Covaleda de 1830.- No tanto, señorita; yo soy del año 30 del siglo XIX.

Luz eléctrica.- ¡Jesús!… y ¡Qué embustero!… Vaya, pues, caballeros, yo tengo mucha prisa. Me voy y no se olviden que soy la luz eléctrica, lo bueno, lo bonito y lo barato. (Dirigiéndose a 1930) . . ¡Y que me traigo un fluido! … (Váse corriendo).

Covaleda de 1930.- ¡Qué fluido!

Covaleda de 1830.- Pues señor, no sé lo que será eso de electricidad, pero lo cierto es que desde que vi a esa buena moza, siento un cosquilleo en todo mi cuerpo… que, ¡eso si que será fluido eléctrico!

Covaleda de 1930.- ¡Qué tal! … ¿Le gusta esa sandunga?

Covaleda de 1830.- Me ha dejado hecho una pila eléctrica.

Frontón 1923 anverso

ESCENA V

DICHOS Y EL ARROYO Y LA FUENTE.- (El arroyo estará representado por una mujer en traje de viuda, y La fuente un caballero.)

Arroyo.- ¡Es usted un miserable!… ¡Es uc canalla!

Fuente.- ¡Señora!… teng1t mucho cuidada con la lengua.

Arroyo.- ¿Cuidado yo? … ¡pues bueno fuera!… ¿por quién salgo del pueblo?

Fuente.- Por la Higiene.

Arroyo.- No mala higiene. Porque usted me echa.

Fuente.- ¡Echarlo yo!… Véngase usted a razones. Ya sabe las dificultades que tuve que vencer hasta instalar mis fuentes en el pueblo. Buenas fatigas pasé, créalo usted, señora Arroyo. Buenas cuchufletas oía por el pueblo. Unos decían que mejor que fuentes se instalasen buenas aceras, porque en cayendo cuatro gotas no se puede transitar, que esto de las fuentes costaría un capital. Otros, que en el agua de mis fuentes nadie se había de ahogar. Y cuando dieron una concesión de pinos para con su producto hacer las obras para instalarme, pusieron el grito en el cielo. ¡Diez pesetas cada pino! ¡Dónde vamos a parar!… ¡esto es una atrocidad! ¿A qué precio, se decía, el agua nos va a costar. Hasta sacaron unos cuplets con música de “Las Bribonas”, que decían así:

El pueblo de Covaleda

unas fuentes quiere hacer,

tanto, que los ingenieros

ya vinieron, para ver

el camino que las aguas

hasta el pueblo han de traer.

Pero creo y no me engaño

¡Vaya calor!

que el agua no ha de correr.

Y en fin, señora, después de muchos apuros y enormes disgustos triunfé. Ya estoy contento, ya mis fuentes surten de agua al pueblo[1], y cada vez que contemplo que una niña bonita se acerca con el cántaro, aprieta la llave y sale el chorro[2] (2) de agua, se me salta el corazón de gozo.

Arroyo.- ¡Pobre de mí!… ¡qué desgraciada! Después de tantos tiempos mis cristalinas aguas ya no correrán por el pueblo … ¡cambian mi cauce!

Fuente.- Es verdad, pero no es la cosa para apurarse. Usted gana en el cambio, pues ya no le molestarán con ciertos olores que ¡vamos! no tenían nada de agradables, ni empañarán la limpidez de sus aguas con el jabón.

Arroyo.- El jabón, los olores, todas las picardías que me hacían lo daba por bien empleado, por los ratos de distracción que me proporcionaban cuando iban a lavar … ¡Qué días más divertidos pasaba cuando a mis orillas se arrodillaba gente moza! No pasaba cosa en el pueblo que yo no lo supiera. Si Fulana se casaba, si a Citana le había dado una solfa su marido, si la hija del Citano gastaba las enaguas con picos, si la hija de Citano se peinaba con crepé, en fin, nada ignoraba.

Fuente.- Sí que era divertido, pero ¡la Higiene!

Arroyo.- ¡La Higiene!… Sí, ya sé que la junta de Sanidad clamaba contra mí diciendo que en mis aguas se ocultaban millones de bacillus origen de no sé cuantas enfermedades, y tanto llegaron a atemorizar al vecindario hablándoles de microbios y de higiene, que por fin y a pesar de mi antigüedad me hacen saltar … ¿no es esto una desgracia?

Fuente.- Pues hay que consolarse, y para mitigar en algún tanto su pena, véngase conmigo que hoy celebro mi instalación en este pueblo. (Vánse.)

Covaleda da 1830.- ¿ Y por qué quitan los arroyos del pueblo?

Covaleda de 1930.- Ya lo ha oído, por la Higiene. Eran muy perjudiciales, pues en sus aguas se alojaban millones de microbios.

Covaleda de 1830.- ¿Y qué es eso de microbios?

Covaleda de 1930.- Animalillos infinitamente pequeños, tan pequeños que no se ven.

Covaleda de 1830.- Pues si no se ven, ¿cómo dicen que los hay?

Covaleda de 1930.- Quiero decir que no se ven a simple vista, pero si con un aparato que se llama microscopio.

Covaleda da 1830.- Música celestial. No entiendo este lenguaje, pero creo, caballero, que en mis tiempos sólo temíamos a los animales infinitamente grandes, de los pequeños, ni hacer caso de ellos, y vivíamos tan bien y sin saber que en las aguas pudiera haber estos bichillos que hacen tanto daño … ¡vamos, el mundo al revés! Antes, los animales que hacían tanto daño eran los grandes y ahora resulta que son los que no se ven… ¡vamos, que no creo en esos bichillos! (Se sientan.)

en la parte derecha se puede ver la entrada al cementerio antiguo.

ESCENA VI

DICHOS y LA A VENIDA DE BUENOS AIRES y LA DE DURUELO.- (Estarán representadas por dos jóvenes en traje de serranas.)

Avenida da Duruelo.- ¡Pues vaya, la orgullosa!… ¡Paso a la gran Avenida de Buenos Aires!

Aveinida de B. A.- ¡Y que lo digas!… ¿Quieres compararte conmigo? Mis hoteles, mis preciosos jardines, mis aceras, los grandes foros de luz eléctrica que alumbran mi Avenida, lo tienes tú?

Avenida da Duruelo.- No, yo no tengo eso, pero en mi Avenida se encuentra la justicia y la Ciencia, cosa que en tu Avenida no lo tienes.

Avenida de B. A.- Allí está lo mejor, allí está el dinero.

Avenida de Duruelo.- ¿Y en la mia no le hay? … ¡Y tengo yo un comercio!… ¡Vamos que ni el X de Madrid le iguala!

Avenida de B. A.- ¡Valiente presumida!

Avenida de Duruelo.- No por cierto. ¿No conoces al amo del comercio? ¿Un viejo de noventa y tantos años pero ¡con más salero que un joven de diez y ocho? … Tan solo por oír la cháchara del viejo se puede ir a comprar.

Avenida de B. A.- ¿Cómo se llama?

Avenida de Duruelo.- Se llama Sr. Leandro, pero allí en mi avenida lo mismo que en todo el pueblo, le llaman … ¡no me atrevo!… ¡si acaso me oyese!…

Avenida de B. A.- Pues dilo, ¿qué te apura?

Avenida de Duruelo.- Nada … pero ¿si lo oyese y se enfadara?

Avenida de B. A.- ¡Enfadarse! No tal, si es tan sandunguero como dices … ¿qué se ha de enfadar?

Avenida de Duruelo.- Pues le llaman “tío Villegas”.

Avenida de B. A.- Le conozco … y ¡vaya una sandunga que se trae el vejete! El otro día fui a comprar tela para un delantal y en cuanto me vio entrar … ¡vaya una niña hermosa!, me dijo: ¡Para ti tengo yo unos cortes de ligas superiores, y si tú me dejases ponerte una siquiera, de balde te las daba!… Yo le dije: es usted ya muy viejo y se alegra muy pronto, se alegra, se alegra y después … ¿después qué? -me dijo- … pues después … ¡vamos! … que se le cae la baba y puede usted manchar alguna tela y sería una lástima.

Avenida de Duruelo.- Te digo que es un viejo verde, ¡con un salero y una sandunga!… ¿quieres que vayamos al comercio? y al ver nuestro garbo y nuestro cuerpo, puede que se alegre, nosotras lo animamos, se le cae la baba, nos convida a una copa de lo bueno y después …

Avenida de B. A.- Después le damos las gracias y a paseo … Andando, pues, y si la tiene, ¡vaya si nos la da!

Las dos.- (Dirigiéndose al público).- ¿No es verdad, caballeros, que nos la da? (Vánse corriendo).

Covaleda de 1830.- (Levantándose). – Pues señor, estas serranas acumulan más electricidad que la luz eléctrica.

Covaleda de 1930.- Son dos serranas de lo bueno. (Se habrá levantado cuando 1830).

Covaleda de 1830.- ¡De Jo mejor!… La señorita de la luz eléctrica producía cosquilleo, pero éstas … éstas hacen bailar. ¿Y éstas niñas qué representan?

Covaleda de 1930.- Estas representan dos Avenidas, dos calles que se han construido nuevas. La hondonada que existía desde Nuestra Señora de las Angustias hasta San Matías y por el camino de Duruelo hasta Cabañares, todo se ha nivelado, y en su llanura se han construido dos hermosas Avenidas. La de Buenos Aires, cuyo nombre lo debe a que ha sido construida por los naturales de este pueblo pues han hecho su fortuna en América, es una hermosa y amplia calle; se han construido hermosos hoteles rodeados de preciosos jardines. Tiene unan aceras de tres metros de anchas, y el centro de la calle está asfaltado, y de cinco en cinco metros se alzan bonitas columnas que sostienen grandes focos de luz eléctrica. La de Duruelo no es tan ancha, pero todas las casas son de un piso e iguales, las aceras son de metro y medio y el centro de la calle es la carretera de Soria a Burgos. Es muy alegre, pues no dejan de transitar toda clase de vehículos y muchos automóviles.

Covaleda de 1830.- ¡Qué transformación, Dios mío! (Se oye el pito del tren.) ¿Qué se oye?

Covaleda de 1930.- ¡Ah!… Et ferrocarril… ¡venga!… ¡fíjese usted caballero, ya llega! (Se van hacia los bastidores de la izquierda.)

Casa de Antolín García Lázaro

ESCENA VII

DICHOS Y LA ESCENA QUE SE DESARROLLA ENTRE BASTIDORES.

Una voz.- (Cantando.) ¡Covaleda dos minutos!

Covaleda de 1830.- ¡Cielos! … ¡qué es esto!… ¡no atino a comprender!

Covaleda da 1930.- Imposible, no se canse … fíjese bien …

Una voz.– (Cantando.).- Señores viajeros para Logroño, al tren. (Da tres campanadas. Se oye el pito del jefe de Estación. Pita el tren. Con fuelles soplando en una tabla muy fina puesta de lado, se asemeja el resoplido del tren. Dan tres toques de bocina.

ESCENA VIII

COVALEDA DE 1830 Y COVALEDA DE 1930.

Covaleda de 1830.- ¿Qué monstruo es ese?

Covaleda de 1930.- EI monstruo del vapor. Ese es el tren. Una fila de coches enlazados unos en otros, arrastrados por una máquina donde se produce et vapor, que es el que produce la fuerza. Las ruedas encajan en unas barras de hierro que se llaman raíles, por donde resbalan.

Covaleda de 1830.- ¡Yo me vuelvo loco! ¡Qué transformación, Dios mío!

Covaleda de 1930.- La estación se ha construido en donde antes era San Matías, y este tren atraviesa la sierra de Urbión, para lo cual se ha construido un hermoso túnel que tendrá unos cuatro kilómetros de largo.

Covaleda de 1830.- Este lenguaje es nuevo para mi. Electricidad, microbios, ferrocarriles, avenidas, túneles … ¿Estoy soñando?

Covaleda de 1930.- Ya que ha visto y escuchado las principales figuras y lo más saliente de mis progresos, pasaremos a dar una vueltecita por el pueblo. Es claro que para usted será todo nuevo, pues tanto se ha reformado que ni por lo más remoto conocerá usted nada.

Covaleda de 1830.- ¿No he de reconocer ni aun la Ermita de Nuestra Señora del Campo?

Covaleda de 1930.- ¡Voto va! ¡Si ya no hay tal Ermita! En su lugar se ha construido un salón-teatro donde se dan secciones de cinematógrafo y cupletistas francesas que hacen las delicias de los espectadores, sobre todo en tiempo de feria[3]. Porque he de advertirle que en la hermosa pradera del campo se pone el ferial y se ve muy concurrida de ganado. La celebramos del 8 al 14 de Septiembre.

Covaleda de 1830.- ¿También feria? ¡Nuestra Señora del Campo nos ampare!… ¿Y la Ermita de las Angustias?

Covaleda de 1930.- Nada de ella existe ya.

Covaleda da 1830.- ¡Dios santo!… ¡qué impiedad!

ESCENA IX

DICHOS Y DOS OBREROS.

Obrero 1º.- ¡Chiquillo!-¡Vaya una Avenida!

Obrero 2º.- De buten. ¡Y qué serrana atravesaba la calle!

Obrero 1º.- Superior … Le dije: ¿oiga usted, serrana? … ¡deje usted que la miren estos ojos y espere usted que tienda mi tapamorros pa que lo pise usted … que es una lástima que esos piececitos pisen el asfalto!

Obrero 2º.- ¿Y qué te contestó?

Obrero 1º.- Me llamó escarcha.

Obrero 2º.- Superior contestación.

Obrero 1º.- ¿Y qué mantón se llevaba la niña?

Obrero 2º.- ¡Archisuperior!

Obrero 1º.- ¡Y qué postura! Te digo que hay que telefonear al propio Sr. Presidente de Ministros y pedir que desde hoy que la capital de los pinares sea Covaleda.

Obrero 2º.- ¡De verdad que si! ( Vánse.)

Casa de Francisco Garcia, por entonces alcalde de Covaleda,

Casa de Francisco Garcia, por entonces alcalde de Covaleda,

ESCENA ÚLTIMA

DICHOS MENOS LOS OBREROS.

Covaleda de 1830.- ¿Y éstos que representan?

Covaleda en 1930.- Nada, son dos obreros entusiastas de Covaleda.

Covaleda de 1830.- Caballero, si le parece vamos a dar un paseíto, pues mi cabeza arde, me parece que estoy soñando, en fin, vamos a ver si con el paseo se refresca mi cabeza.

Covaleda da 1930.- Andando, pero antes. (Al público.)

Aquí señores, termina

la revista que soñó,

una noche que morfina

el autor de ella tomó.

Que Covaleda muy pronto

vea su transformación,

y que de propios y extraños

sea, pues, la admiración.

Y por último, señores,

una cosa he de pedir,

que un aplauso resuene,

¿no lo he de conseguir?

TELÓN

[1] Se Inauguraron el 1º de Octubre de 1911.

[2] Hay tres fuentes. Dos de agua corriente y una de llave.

[3] Cuando di a luz esta Revista-sueño, muchos se hacían cruces y decían que cómo se iba a consentir que Nuestra Señora del Campo desapareciese. Hoy creo que ya no dirán eso, pues por desgracia es ya un hecho la ruina de su Ermita.

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