DE COVALEDA Y PARA COVALEDA.- Angel Terrel Cuevas (III)

DE COVALEDA Y PARA COVALEDA.- Angel Terrel Cuevas (III)

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Contiendas entre Duruelo y Covaleda por motivos de pastos.

Con motivo de los pastos entre los pueblos de Duruelo y Covaleda han existido y en el día existen, cuestiones sobre las infracciones que los vecinos han podido cometer. A fines del siglo XVI el Ayuntamiento de Covaleda tuvo que solicitar protección de su Autoridad Superior para que su dehesa “La Nava”, lindante con el término de Duruelo, fuese respetada, pues utilizaban sus beneficios y no solo los utilizaban, sino que a su vez causaban daños y destrozos que perjudicaban a los de Covaleda, siendo que ellos la poseían y tenían, por lo tanto, el más perfecto derecho para disfrutarla.

Esta queja del Ayuntamiento de Covaleda provocó Real cédula dictada por el rey D. Felipe II en 22 de Mayo de 1592, en la cual se ordenaba se respetasen los legítimos derechos de los propietarios de la dehesa, marcando las penalidades de los contraventores. Y para que estas disposiciones tuviesen cumplimiento debido se llevaron a cabo por el Ayuntamiento de Covaleda las gestiones para que se aprobasen unas Ordenanzas Municipales que rigieran su término, que al fin consiguió, siendo sancionadas por Felipe II en el año 1601. En estas ordenanzas se fijaban los límites de la dehesa boyal perteneciente a Covaleda, limites que habían de evitar el que ningún extraño traspasase sus ganados a ella.

En el año 1613 hubo una concordia entre los municipios de Duruelo y Covaleda, cuyo pacto abarcaba no solo el pastoreo sino a la corta de pinos y demás arbustos. En dicho convenio se establecieron las penalidades mutuas en que habían de incurrir los infractores, penalidades que variaban según el periodo del año en que se hiciese la infracción y según si ésta se cometiese por la noche. En el año l717, entablado pleito entre Duruelo y Covaleda sobre renovación de mojones, el representante de Duruelo hizo la manifestación de que no existía comunidad de pastos entre ambos pueblos. En 1752 se dieron tres certificaciones que obran en el Archivo de la Delegación de Hacienda de Suria, en dos de las cuales se determinan los linderos de la dehesa «La Nava», propiedad de Covaleda, y de la del “Espaladario”, propiedad de Duruelo, y afirmándose en la tercera que no hay mancomunidad de pastos entre los predios de ambos Concejos.

En 1789 el Ayuntamiento de Covaleda, que tenía ya aprobadas unas nuevas Ordenanzas municipales, quiso evitar los continuos casos de contienda que por su aplicación surgían con Duruelo, y con objeto de que estas nuevas Ordenanzas tuviesen más fuerza, se elevaron a la Real Cámara, siendo aprobadas por el Rey D. Carlos IV. En 1793 se hizo un nuevo deslinde en el terreno llamado “Arbitrarlas” por peritos nombrados por los dos pueblos, y en dicho deslinde y amojonamiento se consiguió que exista un mojón que divide a las dehesas privativas de uno y otro pueblo.

Tales intromisiones llevaban a cabo los vecinos de Duruelo, que en 1801 el Municipio de Covaleda hubo de promover litigio a fin de que se le conservase en la posesión pacifica de sus propiedades, sin que los vecinos del pueblo colindante aprovechase sus beneficios. En 1850 Duruelo promovió pleito y lo elevó hasta el Consejo Real en grado de apelación, en el cual, Duruelo quería hacer valer derechos, según decía, nacidos de la concordia de 1613, referentes a mancomunidad y pastos, y a pesar de que Covaleda alegó en contra de la existencia de dicha mancomunidad el convenio de 1610, que no destruyó la concordia del 13, en el que se pactaron las sumas que por concepto de multas habían de satisfacer los vecinos de uno y otro pueblo cuando sus reses entrasen a pastar en las dehesas del contrario, recayó Real decreto con fecha 15 de Junio de aquel año, por el que no habiéndose probado que Duruelo había cesado en la posesión de la mancomunidad, había de estimarse subsistente, ateniéndose al convenio de 1610. A pesar de esta resolución, estando Covaleda en la convicción de que el convenio de 1610 alejaba toda la idea de mancomunidad, castigó en juicios de faltas a los vecinos de Duruelo que eran denunciados de haber llevado a pastar el ganado a la dehesa de Covaleda y dichos vecinos reconocieron la justicia del fallo desde el momento que se conformaron al mismo. En 1853 se reunieron los Concejos de Duruelo y Covaleda y acordaron que los vecinos de los mismos que llevasen a pastar sus ganados al terreno del otro incurrían en multa que variaba, según fuese de noche o de día, estando o no vedadas las dehesas. Se determinan las fechas en que había de empezar y terminar la veda. Y estas obligaciones mutuas se convinieron por seis años.

En 1860 se reunieron de nuevo y sin modificar en nada el anterior convenio, lo prorrogaron por otros cuatro años. Transcurrido este plazo y en una nueva reunión se hicieron ver los graves perjuicios que la intromisión de los ganados de Duruelo producían en los predios de Covaleda, perjuicios que no estaban suficientemente compensados con la multa hasta entonces convenida, y con este motivo el Alcalde de Covaleda indicó la necesidad de aumentar dicho importe. No se llegó a ningún acuerdo, y se declaró quedar en libertad cada pueblo para imponer las multas que estimase oportunas, con arreglo a cada infracción.

En 1899 promovió expediente el Ayuntamiento de Duruelo, que elevó hasta el ministerio de Gobernación, solicitando se mantuviese a dicho pueblo en la posesión de mancomunidad de pastos con el de Covaleda, invocando el convenio de 1613, en cuyo expediente formuló oposición el Ayuntamiento de Covaleda, manifestando que no existía mancomunidad alguna, ni Duruelo había ostentado nunca tal posesión, etc. No obstante los razonamientos del pueblo de Covaleda, recayó resolución afirmando la existencia de mancomunidad de pastos a favor del Municipio de Duruelo, por desprenderse así de la concordia de 1613. En Agosto de 1904, al Alcalde del Ayuntamiento de Covaleda fue denunciado por el guarda del pueblo que varios vecinos de Duruelo habían sido sorprendidos pastando sus ganados en las dehesas de Covaleda. Viendo en los actos denunciados una infracción, no solo a los bandos de buen gobierno, sino a la vigente ley de policía de Montes, y habiendo comprobado el hecho denunciado, el Alcalde impuso a dos vecinos de Duruelo la multa de 10 pesetas. Los multados recurrieron al Gobernador civil, solicitando dejase sin efecto la providencia del Alcalde de Covaleda, pero este recurso fue desestimado por el Gobernador, confirmando la providencia del Alcalde de Covaleda.

Los de Duruelo recurrieron en alzada al Ministerio de la Gobernación.

En Diciembre de 1907, se dictó Real orden por el Ministerio de la Gobernación, revocando el acuerdo de Gobernador de Soria. Al Ayuntamiento de Covaleda se le notificó esta Real orden con fecha 9 de Diciembre de 1907 y contra ella y dentro del término de tres meses, interpuso recurso contencioso-administrativo, a fin de que se deje sin efecto la expresada resolución, y hasta hoy no se ha resuello nada.

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Caza.

Como el término de Covaleda es un inmerso bosque donde a más del gigantesco pino crecen el roble, la copuda haya, el matorro, el tejo y el brezo, al abrigo de estos espesos matorrales se multiplican los animales de caza menor y sirven de guarida a los animales mayores que el hombre persigue con avidez, más que por los daños que pueden causar por su fiereza, por la delicadeza de sus carnes.

En el pinar de Covaleda subsiste hoy el jabalí y el corzo, y hay quien asegura que también el venado, aun cuando en estos tiempos no se ha logrado dar caza a ninguno.

Curiosos e interesantes son los datos que el rey Alfonso XI en el libro 3º, capítulo 4º de montería[1] dan sobre esta materia, y se citan como sitios excelentes para la caza los montes de Urbión y la garganta de Covaleda.

Industrias.

Las industrias de Covaleda son las propias de la clase de producción, la madera.

Ahora bien, tienen varias clases de elaborar el pino, pues unos elaboran gamellas, otros aros y la mayor parte hacen tabla. Es curioso ver elaborar los aros, pues además de las operaciones de quemar el tajón y mojarlo para rasgarlo, es muy entretenido hasta dejarlo en la última fase, el aro.

Hay, sin embargo, una industria en Covaleda, que si se hiciese en grande escala, rendiría mucho producto.

Me refiero a la leche, que en este país es tan abundante que podría transformarse en en venero de riqueza utilizándola debidamente y en grande escala.

Es verdad que hoy ya se fabrican muchos quesos, y por cierto que pueden competir con los mejores, pero aún se podría llevar más adelante su elaboración y perfeccionamiento, siendo tan extensa como lo es en este país la ganadería de cabrio.

Importación y exportación.

Claro está que siendo este un país donde su riqueza está basada únicamente en la producción de sus pinos, no podrá explotar más que madera, y con solo esta importación el pueblo de Covaleda puede decirse que tiene vida propia y además ser un pueblo rico. En cambio todo lo que consume tiene que importarse, pues ya hemos dicho anteriormente que en Covaleda nada se produce.

Covaleda, camino de Saldureo 1913

Vías de comunicación.

Hasta hoy puede decirse que Covaleda estaba aislado de la Península, pues carecía de vías de comunicación.

Hoy, con la carretera que parte de Cidones al valle de Regumiel, ya está en comunicación con Soria y Burgos.

Es verdad que no se encuentra terminada en la actualidad, pero dentro de poco verá realizadas sus ilusiones.

También hoy día se encuentra en estudio el ferrocarril secundario de Burgos, Soria, Calatayud, cuyos estudios se han hecho también por el término de Covaleda, pero su realización ofrece muchos inconvenientes y dificultades, siendo, pues, aún muy dudosa su construcción.

Yo, aunque muy amante de los progresos, sin embargo, pronostico que, si el ferrocarril fuese un hecho, tengo para mi que seria la ruina del pueblo de Covaleda, y no se me tenga por profeta, (Díos me libre), pero con la venida del ferrocarril verían los habitantes de Covaleda, no solo la desaparición de sus leñas muertas, sino los incendios de sus hermosos pinares, las subastas, (acaso), y por último la ruina. Dios quiera que estos pronósticos no se cumplan.

Correos.- La Administración está en Molinos de Duero, pero hay un peatón desde Molinos a Covaleda y Duruelo.

Adquiriendo cada día más importancia el pueblo de Covaleda ¿no se podría lograr hacer Administración de correos en vez de peatón?. Poco costaría.

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Población.

Covaleda está sentada en una extensa meseta de roca, en medio de frondosos prados y rodeada por todas partes de espesos y sombríos bosques. Los vallados son de piedra y dividen el terreno en formas geométricas.

El bosque. ¿Quién no se ha sentido poseído alguna vez como de cierto sagrado terror al cruzar la espesura de un bosque, cuando avanzan las sombras de la noche? Si aun en nuestro siglo del vapor y electricidad subsiste esta sensibilidad, ¿qué no sería en los primitivos tiempos? ¿Qué no seria cuando los romanos, siempre supersticiosos, cruzaban por la selva Hercinia o se internaban por las selvas de la Galia?

El bosque es siempre misterioso. Tiene sus cantos, exhala sus quejas, profiere sus amenazas, prorrumpe en acentos de cólera, como pudiera hacerlo un ejército de hombres. Posee el atractivo del misterio, es el lugar indicado para el culto religioso de los pueblos dotados del sentimiento de la Naturaleza. Por poco fácil que uno sea a dejarse llevar de la fantasía (y ¿quién no lo es?), cree ver y oír allí mil cosas extrañas, singulares. Los objetos se agrandan, los ecos se alteran, reina por doquier como el inefable imperio de lo desconocido y lo sublime.

Llenas están las historias de hechos extraños ocurridos en los bosques, testigos de tantos crímenes, de tantos amores y de tantos encuentros sobrenaturales. El bosque, teatro de la caza; el bosque, teatro de las horripilantes historias de bandidos; el bosque poblado de hadas y brujas, de peregrinos pájaros y de pérfidas alimañas; el bosque, grande, profundo, oscuro, imponente, ha sido y será siempre un elemento principalísimo en la historia de la vida humana.

Un árbol es un ser animado, un bosque es una legión de seres inteligentes que hablan, gesticulan, piensan y aun puede que anden. El griego, necesitado de dar forma a las creaciones de su mente, elevó un templo en el bosque, y el romano cree distinguir por entre la espesura la sombra de Diana cazadora, seguida de su jauría. El sacerdote gentil cuida de rodear de bosques el templo de su Dios. Y el cristianismo, como el paganismo, primero se oculta en las catacumbas y después se oculta en Los bosques. La leyenda registra muchos ejemplos de bosques protectores que cierran el paso a los perseguidores de inocencia. Tal sucede con la leyenda de Toscana relativa a la huida de Egipto: “Huía la Madona con el niño Jesús, perseguida por los soldados del rey Herodes. Mientras andaba la retama crujía, y aquel ruido iba a ser su delator. El lino se erizó. Dichosamente para ella, la Madona llegó cerca de un enebro. Entonces esta planta abrió sus ramas a guisa de brazos y se cerró sobre ella, ocultando así a la Virgen con el niño”. En el bosque es donde se libra con mayor encarnizamiento la batalla de la vida. ¿Cómo no han de exhalar mil rumores del seno de las selvas si son el feroz campo de batalla donde pugnan y combaten todos cuantos en él se encuentran, desde el águila al conejo, desde el corzo al erizo, desde el topo a la culebra, desde la mariposa a la hormiga, desde el bandolero que asesina, al leñador y al ladrón de árboles que burla la vigilancia del guardamontes?

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Tipo.

Por su origen y raza, son humildes, afables, leales en sus tratos, pero muy amigos de su libertad e independencia; la mujer conserva el espíritu y el genio varonil de los tiempos remotos, y sin desatender un punto las labores domésticas, ayuda al hombre en sus faenas, trabajando tanto como él y cargándose pesos considerables que casi son incompatibles con su delicado sexo. Instintivamente son económicos, no por la pobreza de su suelo, (pues hemos dicho que lo consideramos pueblo rico), sino por lo riguroso del clima. Son laboriosos y vividores dándose el extraño fenómeno de que las clases pobres gozan un bienestar que no disfrutan los de su clase en los pueblos más ricos. Al abandonar su pueblo manifiestan aptitudes asombrosas para el comercio. De toda la provincia los aldeanos de los Pinares parece ser más bien los que conservan los caracteres de descendencia de los habitantes primitivos. Sin embargo en Covaleda ha habido una revolución tal en cuanto a su tipo, que hoy todo el pueblo viste ya a la moderna y solo por excepción aún se conservan en el día el tío Cleto y sus hermanos que gasten el traje primitivo.

Covaleda tiene su pinar colindante con el de Vinuesa. Entre el vecindario de ambos pueblos se disputaron un trozo de pinar que ambos creían tener derecho y se lo disputaron con las armas en la mano, originándose una refriega sangrienta. Los de Covaleda ya estaban a punto de vencer y arrollar a los de Vinuesa, cuando las mujeres de éstos, entrando de repente y por sorpresa en ayuda de los suyos, rechazaron a los de Covaleda y obtuvieron la victoria. Desde entonces, Covaleda perdió un trozo de pinar y los de Vinuesa, en memoria de esa acción heroica de las mujeres, en la fiesta anual de San Roque, se repite entre otros festejos el simulacro de la pinochada. Conocidísimo de todos es la ceremonia de la pinochada por lo que no nos ocuparemos de ella.

Tiene una población de 1.200 habitantes próximamente.

En lo civil corresponde a Soria. En lo eclesiástico al Burgo de Osma y en lo criminal al juzgado de instrucción de Soria.

Su Ayuntamiento está constituido por el Alcalde y siete concejales.

Hay Cura párroco, Médico, Farmacéutico, Maestro de niños, Maestra de niñas, Secretario, que es a la vez del Juzgado municipal y puesto de la Guardia civil, constituido por un cabo y cuatro guardias.

[1] En el capitulo 4.º del libro de montería del rey Alfonso XI, dice: “La garganta de Covalleda es buen monte de oso et de puerco en verano. Et son las vocerias la una desde la Covertera por cima de la cumbre de la Sierra fasta Cañada bermejo, et la otra desde la Cañada bermejo fasta el Orellar de Caplona arriba fasta el Collado de los Canales: et la otra desde el Collado de los canales fasta el Pinar de Matalobos, etc.”

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